Había jurado ser el mismo siempre, no cambiar. Y no lo había hecho, era frío y distante con sus enemigos o sospechosos. Torturador al máximo cuando debía. Con temple y realizando todo con su característico tesón. Amable y amistoso con todos sus compañeros y amigos.
Y con ella... su chica... el más romántico. Un soñador, únicamente centrado en que todo con ella fuese genial. Dejó de pensar en todo aquello que había pasado por su mente al acariciar el collar de plata que llevaba, con una "G" y una "N" entrelazadas.
Sonrió, inconscientemente. Se erguió para contemplar que el día ya estaba en su máximo esplendor y comenzaba a dejar paso a la tarde. Se habría quedado dormido. Los últimos días de estudio, revisión de papeles y demás, había sido realmente costoso para él.
Si ya llegaba tarde... ¿para qué darse prisas? Se lo tomó con calma, mientras decidía su atuendo. Optó por vestir mágicamente, como los magos hacían. Una túnica negra, sobre una camisa blanca con una corbata verde esmeralda.
Y los pantalones, de color oscuro, azabache. Sobresalían de las posesiones de la túnica. Los zapatos de piel brillaban elegantemente. Sin más, se fue al baño, a lavarse los dientes y a peinarse. Eso hizo, en unos minutos, según hubo terminado, tomó su vara de la mesilla de noche y desapareció de la mansión Malfoy.
Maldijo sus nervios. Era difícil conseguir en él aquella sensación, es más, ni su primer día de enseñanza había estado así. ¿Por qué? Porque nunca le había tocado escoger el aula dónde se desarrollaría todo, dónde las enseñanzas mágicas a los nuevos magos y brujas, a los héroes y villanos del futuro, se harían realidad.
Se introdujo con cierto aire de tranquilidad, falsa, en los terrenos que pertenecían a aquel enigmático edificio, dónde él, hacía ya un tiempo, había iniciado su vida mágica. Ascendió los escalones que asediaban el lugar y, sin más, comenzó a moverse, conociendo aquel sitio al máximo, para llegar a una de sus aulas favoritas.
Mentalmente había decidido cuál sería el lugar dónde enseñar a todos los muchachos: "Las Mazmorras". Allí dentro había una pequeña habitación, la antigua sala de Pociones, ya abandonada y sustituída por otra más moderna y digitalizada.
La puerta estaba enfrente de él. Olía a cerrado, a viciado a... humedad. Era algo realmente interesante, le encantaba aquel lúgubre sitio, levemente iluminado por un par de antorchas a cada lado de la pared de piedra. Sacó una ennegrecida llave, oxidada.
Dejaba al tacto un tono marrón en sus manos, pero daba igual. Crujió, quejándose, al ser introducida en la cerradura, al parecer, empequeñecida. Giró, depositando mucha fuerza en el momento, no estaba bien engrasada. Empujó hacia dentro y se abrió.
Las telas de araña estaban apoderándose de toda la sala. Dos velas, consumiéndose poco a poco, estaban llegando al fin de su cera, sobre la mesa de madera central. Un par de antorchas en las paredes, siguiendo el mismo patrón que en los pasillos. Los armarios eran lo más sofisticado, había muchos, todos repartidos por el lugar.
En su interior había todo tipo de ingredientes para la preparación de las diferentes pociones y sus variopintos antídotos. Había, alrededor de la mesa, cerca de una docena de sillas. Los que llegasen primero, tendrían sitio para sentarse. Los otros, de pie.
Sin más, se sentó en la mesa central. Ya se las apañarían para llegar y si no, que Elodia hubiese hablado con ellos.
[Off]
¡Hola!
Soy Vicente en Off Rol xD Pues yo soy más amable que Nath xD Soy de España/Galicia y tengo 17 años
Y eso, sean bienvenidos. Elodia terminará dando las demás indicaciones :3

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