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Conoce el nuevo contexto de rol global de la Segunda Temporada de Rol en la CMI. Link

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Mansión Weasley (MM B: 84302)Mortífagos, favor de sacarse los zapatos antes de entrar.

Weasley

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616 respuestas en este tema

#1 Mynerva de Weasley

Mynerva de Weasley

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Escrito 18 enero 2014 - 13:34

*
 

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Reconocimientos 



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Historia Familiar


Nuestra familia Weasley surgió en el Castillo de Hogwarts. Allí, en los salones de clases se conocieron Mynerva y Joseph Weasley**, descendiente directo del mismísimo gemelo sobreviviente, George Weasley**. Casi inmediatamente se enamoraron. Al terminar sus estudios y salir de Hogwarts, no dudaron en contraer matrimonio. Construyeron su hogar en Alemania donde Joseph había sido asignado por el Ministerio de Magia para ayudar a la Orden del Fénix de ese país a combatir las fuerzas del mal. Allí tuvieron varios hijos y vivieron muy felices y en relativa calma hasta un día en que los mortífagos irrumpieron en su hogar para arrasarlo. Joseph**, Mynerva y sus hijos mayores repelieron el ataque, pero al ser superados en número y no recibir ninguna ayuda, tanto el padre como varios hijos cayeron abatidos bajo las maldiciones que los alcanzaron y Mynerva se vio obligada a tomar a sus hijos más pequeños y desaparecer del lugar. Desde entonces vivió en muchos lugares desde el norte hasta el remoto sur y desde el este hasta el oeste; donde pudo hacer su casa, hasta que encontró Ottery St Catchpole. Las reglas del lugar la obligaron a trasladarse a Las Tres Escobas donde fundó un club de descanso para la familia. Pero pronto se volvió a construir una mansión en Ottery por lo que los Weasley tienen ahora hogar en ambos lugares. Aún después de haber enviudado Mynerva adoptó más hijos, aunque sólo unos pocos la acompañan hoy en día Esta familia ha pasado por incontables batallas contra los mortífagos y es por ese motivo quizás, por el que algunos miembros de la misma se unieron clandestinamente a la Orden del Fénix.

** Personajes fuera del rol ministerial
 
 

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 La Madriguera 

 
Entre las vastas extensiones de jardines con las que contaba la lujosa mansión Weasley, quien recorriera por un amplio sendero al que se llegaba vadeando la piscina, en la parte anterior de la residencia, podía encontrar una casa de una forma y aspecto pocos usuales entre los nada modestos presupuestos de las familias de Ottery St Catchpole. Estaba cercada por setos de medio metro, que permitían ver a la perfección todos los detalles de la residencia. Parecía desentonar con el resto de las propiedades de la familia Weasley, pero en realidad constituía una parte fundamental de la historia de aquella familia.

Aparentaba balancearse sobre su peso y mantenerse por arte de magia, sin embargo era sumamente segura y hasta bien estructurada, sino se tomaba en cuenta las varias habitaciones agregadas en cada tramo que los antepasados de los Weasley encontraron posible y que le confería a la casa un aspecto poco estético. Cinco o seis chimeneas se podían distinguir en la parte alta del techo, proporcionando la calidez necesaria en los días fríos que Londres sufría en ciertas temporadas del año. Era, en conjunto, sumamente diferente de lo que las generaciones presentes estaban acostumbradas.

Incluso el jardín que rodaba a esa pequeña residencia necesitaba un arreglo de manera urgente, la maleza se extendía poco a poco,pero sin traspasar el seto divisor y varias plantas exóticas bordeaban las paredes de la fachada. Entre unas piedras apiñadas cerca de la puerta de entrada había un letrero con la leyenda<<La madriguera>>, indicando el nombre con el que se conocía aquel emblemático lugar, testigo de muchas batallas y demás momentos inolvidables. Y un cobertizo, que hasta ese día, permanecía cerrado mediante un encantamiento.

La primera estancia era la cocina, un pequeño salón donde las cosas estaban ordenadas, casi intactas, aunque una fina capa de polvo recubría cada rincón, incluyendo la larga mesa de madera, rodeada por varias sillas del mismo color y antigüedad. En un extremo la primera chimenea ennegrecida por el constante uso esperaba volver a ser encendida, a pocos metros, una pequeña sala de estar compuesta de varios sillones desgastados por el tiempo y una escalera en forma de zigzag permitía acceder a los pisos superiores, seis en total.

En cada rellano habían tres habitaciones diferentes, de pequeño tamaño, a excepción de las ubicadas en el primer piso. Contaba, cada una, con una cama de plaza y media, un velador de madera, un pequeño armario para guardar los objetos personales y una ventana por la cual podían apreciarse los campos que rodeaban la madriguera y que la separaban de la mansión Weasley. En el ático, como no podía faltar, habitaba el ghoul de la familia.


Links importantes

Registro de la Familia
Registro del Club de los Weasley
Club Descansando del Rol con los Weasley

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-Garfield, tigre albino sin poderes mágicos, de Goderic
-Becky, lechuza propiedad de Mynerva
-Blacky, gato negro propiedad de Mynerva
-Jeika, lechuza propiedad de Gitax Weasley
-Un micropuffy y una lechuza. Propiedad de Nathan Weasley
-Thaffy, una pequeña gata blanca. Propiedad de Elizabeth Tonks
-La ave mensajera, Jeika. Propiedad de Gitax Weasley
-Lechuza llamada Emi. Propiedad de Hermione!!!
-Yarly, búho real propiedad de Heko
-Ghoul, propiedad de la familia (*)
-Cachorro raza Akita, propiedad de la familia. (*)
(*) Criaturas adquiridas en la Mall Mágica y certificadas por el Concilio de Mercaderes, Gringotts y Moderación en el post 438 del Registro de la familia.

Elfos de los Weasley
-Toño, elfo propiedad de la familia
-Angh, elfina, propiedad de Goderic
-Kreabby, elfo esposo de Angh, propiedad de Goderic
-Dobcher, elfo joven hijo de Angh y Dreabby, propiedad de Goderic.
-Alsirus, propiedad de Gitax Weasley
-Inugetsu, elfo propiedad de Heko.
-Windy, elfina propiedad de kasssandra.
-Eridion, elfo propiedad de marcelo james
-Copita, propiedad de hermione!!!
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Editado por Mynerva de Weasley, 30 octubre 2015 - 05:21.

Mynerva, matriarca Weasley
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#2 Joa Macnair Crowley

Joa Macnair Crowley

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Escrito 20 enero 2014 - 20:24

El frío invierno aún no cesaba y todavía azotaba al poblado de Ottery., sin embargo, el clima estaba de parte de la joven mortífaga. ¿Quién podría sospechar de ella por caminar por las calles totalmente cubierta en una fría mañana de enero? No, no había motivos evidentes para llamar la atención de cualquier observador.

 

Sin pensar mucho más, se detuvo frente a lo que sería una majestuosa cerca que rodeaba los terrenos de la familia Weasley, si éstos, claro, hubiesen sido capaces de mantener su esplendor. La primera vez que estuvo allí no pudo salir por su propia cuenta, así que tal vez podría aprovechar su “novatada” como venganza. Ya había pasado por mucho para poder pertenecer a la Marca, no retrocedería solo por un estúpido reto, que además le servía como venganza.

 

Decidida y con una sonrisa en su rostro, tocó la campana a su derecha y esperó hasta que un elfo con algunos cuantos años encima, cuyas arrugas no lo disimulaban en lo más mínimo, se acercó a ella.

 

—¿En qué puede ayudar Toño a la señorita? —Preguntó el sirviente, desconfiado y poco cortés.

 

—No en mucho, necesito ver a los patriarcas de la familia.

 

—¿Tiene nombre? ¿A quién debe Tono anunciar? —Seguía el elfo con su interrogatorio, esta vez entreabriendo la verja.

 

—Solo una empleada del Ministerio —respondió vagamente la Macnair con las manos en los bolsillos.

 

—Espere un momen… —Comenzó a decir entrecerrando los ojos, justo antes de darle la espalda a la chica, quien clavó la daga en el instante preciso para interrumpir la voz del anciano ser. Solo una vez en el lugar indicado fue suficiente.

 

Volvió a guardar el objeto filoso en su abrigo y sacó su varita para hacer flotar el cuerpo sin vida del elfo hasta la entrada de la estancia, justo entre los gigantescos guardias. Su misión en sí estaba cumplida, pero no podía solo dejarlo así, sin ninguna Marca, por lo que invocó algunas serpientes alrededor del cadáver, ahora solo le quedaba huir.

 

La entrada le parecía ya muy lejana, así que luego de un suspiro desapareció del lugar, sin dejar más rastro de su visita que el elfo caído. Esperaba que a los Weasleys les gustara realizar sus tareas como muggles.


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#3 Jank Dayne

Jank Dayne

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Escrito 21 enero 2014 - 07:50

— Para
 
 Unas palmadas al hipogrifos sobre su espalda, y éste empezó a planear sobre una mansión. El aire que recorría Ottery era frío aún, y el único quien podía sentirlo era yo. El hipogrifo conservaba un buen repeltorio de plumaje que creaba una corteza contra el clima que acotencía. Bien por él. Mientras tanto, las mejillas de mi rostro se iban entumeciendo a medida que descendíamos, pero el cuerpo se libraba del frío cada vez más alejándose de la otra capa terrestre. 
 
Cuando tocó el piso, estuvo apunto de resbalarse. Frente a la Mansión Weasley, existía un angosto plegaje de hielo sólido. Aún ahora no entiendo por qué. Lo vi con recelo, como si tuviese la culpa de mi posible torpeza. Los murales con enrredaderas ya empezaban a ver luz de nuevo, al parecer, pero la nieve aún cubría la superficie de la mayoría del hogar. Estaba bastante acogedor, y mucho más cuando accedí por entre la verja oxidada.
 
Seguí el camino de piedritas con saltos, sin tocar la nieve que había al rededor. Eché una ojeada atrás, donde reposaba el hipogrifo. Le hice una seña y, a gracias dios, entendió que era de irse. No me afectaba, pues seguramente estaría reposando en el cuartel o montando guardia en la madriguera de aspirantes. 
 
Toqué la puerta con los dedos. Mientras esperaba, ajusté el gorro a mi gran cabeza. No llevaba maletas; todo lo que necesitaba aguardaba en el cuartel general, o estaba oculta dentro de mi varita. Si por mi fuerza se basara, derrumbaría la puerta con tal de tomar un poco de calor de adentro. Pero como me guiaba por la cortesía, tomé el lujo de esperar que algún nuevo familiar se percatara del toque. Uno mágico, claro; había amplificado la onda sonora de modo que cualquier presente a unos treinta y cinco metros a la redoma lo escuchara. No era correcto congelarse afuera, ¿o sí? 

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#4 Nate Weasley

Nate Weasley

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Escrito 22 enero 2014 - 07:00

En los últimos días habían pasado varias cosas, quizás muchas más de las que le gustaría contar. Toño había sido atacado por una desconocida, una profunda laceración en su espalda originada por un elemento cortante, creíamos que un cuchillo, le había provocado un profundo sangrado que apenas llegaron a controlar y sanar cuando lo encontraron rodeados de serpientes. Ahora se encontraba sano y salvo, descansando y con un tiempo de vacaciones, aunque cual elfo doméstico, estaba ansioso por volver a trabajar.

 

Su hijo se había retirado a la Academia de Magia y Hechicería, donde pasaría algo así como tres meses hasta que llegara el momento de su graduación. Habiendo estado distante de el por mucho tiempo antes de que se instalara en la mansión Weasley, no le resultó difícil, aunque enseguida extrañó charlar con el en cuanto se marcho. Varios mortífagos habían tratado de causar problemas dentro de la mansión, por lo cual habían instaurado sendas medidas de seguridad que cada vez se volvían más rigurosas.

 

- Hola Hank, - dijo interrumpiendo sus pensamientos, al abrir la puerta y encontrarse con el Weasley esperando fuera - pasa, ¿qué tal te ha ido?

 

Hacía mucho que no hablaba con él, aunque sí lo había visto de reojo en el cuartel de la Orden. Fuera, el viento soplaba con fuerza y una densa nevada caía sobre los terrenos de la mansión, con una taza de café y algo para comer, quizás ambos magos tendrían tiempo para ponerse al día.


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#5 Felicity

Felicity

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Escrito 11 febrero 2014 - 20:18

El lobo se deslizó por el tejado con una agilidad y rapidez envidiables, tomó el último impulso y saltó justo a la altura calculada para caer en un pequeño balcón ornamentado por alargadas flores azuladas sobre las cuatro patas con una elegancia que parecía insultante. Con la cabeza empujó el cristal y este le dio paso a la habitación. Una vez dentro, ya no tenía forma animal, sino la de una bruja de un metro setenta de altura, de larga cabellera de un rubio tan apagado que parecía ceniza y ojos azules muy intensos. No era morena, pero pecas marrones oscurecían tanto su nariz como mejillas. Cualquiera podría pensar que al pasar de una forma a otra luciera desnuda, pero no, una larga capa roja carmesí envolvía su figura, de exagerado escote que era cubierto por un collar de piedras negras y ovaladas.

 

-Agatha – llamó, sin molestar en alzar el tono de voz. Un crack anunció la aparición de su elfina doméstica que la saludó con pequeña reverencia – que nadie me moleste, cuida a Luthien unas horas, voy a estar ocupada. Debo usar el pensadero antes de que… - dio un intenso suspiro – antes de que suceda cualquier cosa.

 

Agatha asintió con la mirada sin pronunciar palabra alguna. Aun estaba enfadada con ella por haber dejado la Orden, aunque dudaba que fuera simplemente por aquello. Debía de hacerse más cargo de su hija, o cuando quisiera hacerlo ya sería demasiado tarde y apenas la reconocería como una cualquiera de la familia y no como la madre que era. Tomaría cartas en aquel asunto cuanto antes, pero ahora debía de poner en marcha su plan. Cuando Agatha abandonó la estancia, corrió las cortinas con un movimiento de varita y se dirigió al armario. Hizo a un lado todas y cada una de las prendas, dejando al descubierto la madera del fondo. Aseguró que tanto el balcón como la puerta estaban bien cerrados y posó ambas palmas de las manos sobre la madera, poniendo a salvo antes su varita en el escote. Esta cedió ante el tacto de la yema de los dedos y se transformó en un portal que no dudó en cruzar. Nadie más podía hacerlo más que ella, a menos que supieran usar magia avanzada.

 

Aquel portal conducía a una pequeña recámara oculta de altas paredes de madera compuesta por un mullido sillón de piel marrón, estanterías repletas de gruesos tomos acerca de magia oscura, entre pequeños objetos que ornamentaban. Pero lo más característico era un pensadero ubicado el fondo de todo, dentro de un armario de cristal a medida compuesto  de pequeños frascos con diferentes etiquetas con fechas. Algunos de la derecha estaban llenos pero el resto vacíos.

 

Abrió el armario y asomó a la pileta de piedra, viendo difícilmente su reflejo en aquella agua vaporosa. Al contrario de la mayoría decorada por runas y símbolos de antiguas culturas, la suya tenía gravados de animales del mundo mágico. Thestrals, aves fénix, unicornios…

 

Se vio a si misma de pequeña, ardiente de deseos por formar parte de la Orden del Fénix. De mayor poniendo un pie por primera vez dentro de esta, quedar maravillada ante el imponente templo blanco, como por la antigüedad de la torre este que parecía rozar el mismo cielo. Su primer ascenso a legionaria, más tarde a templaría, algún amor de por medio entre fiestas académicas y batallas, y más batallas. Subir a knight con todo lo que ello conllevaba, pero nada comparado a cuando fue nombrada demon hunter ante toda la Orden del Fénix. Aquel momento fue grandioso en su etapa como auror y nunca lo olvidaría, ni nadie podría hacérselo olvidar. Malas pasadas también fueron revividas, peleas, conflictos internos y más muertes que habían oscurecido su alma una tras otras. Personas que iban y venían, como Antara, Gloria, Sagitas… otras que perduraban y cuyos nombres recordaría de por vida. Hasta que llegó el último día, el cierre de una etapa que no consideraba perdida pero si una mentira. La Orden del Fénix no era lo que fue en su día y ya no luchaba por unos ideales sólidos, sino sobre... nada quizás, sobre la absurda excusa de limpiar la sociedad mágica de magos tenebrosos habiéndose convertido ellos mismos en lo que más odiaban. Lamentable, pensó, cuando volvió a la realidad y, desde hacia muchísimo tiempo atrás, una lágrima brotó resbalando por su mejillas hasta perderse en aquel mar líquido soluble.

 

Extrajo un frasco y cerró los ojos apuntándose con la varita en la sien. Un líquido plateado surgió de la frente y abrió los ojos para guardarlo en aquel pequeño brote de cristal. Un movimiento más de varita y sobre la etiqueta blanco roto unas letras negras aparecieron lentamente “Media vida dedicada como auror” y la fecha de la retirada de las filas.

 

Limpió el resto de lágrimas que resbalaban por sus mejillas con la manga de la túnica y cerró el armario. Seguidamente también la sala y al llegar a su habitación volvió a convertirse en lobo para correr con el viento, saltando por la ventana, perdiéndose entre la frondosidad del bosque…

 

Nunca olvidaría pasara lo  que pasara, hicieran lo que le hicieran, sucediera lo que sucediera. Jamás.


Editado por Felicity, 11 febrero 2014 - 20:32.

Mortífaga retirada
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#6 Nate Weasley

Nate Weasley

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Escrito 12 febrero 2014 - 06:17

Aún recordaba con suma exactitud las palabras que Olivia, una ferviente batalladora de un poderoso cáncer, le había dedicado en sus últimos momentos. Habían sido palabras muy profundas, y por ende habían quedado marcadas a fuego en su piel. Todos los días, con al menos una situación, aquellas palabras resurgían para dolorosamente recordarle de un pasado que no volvería y de un futuro que en cierta manera, siempre sería igual.

 

La vida era un ring de batalla, y uno no es más que la marioneta que combate a todos los adversarios en aquel octágono. Cada persona que conocemos, a su manera, resulta un oponente, algunos son más dóciles, otros menos manejables. Algunos se rinden más fácil, otros tienden a suscitar sin importar cuántas veces uno golpee. Y tal y como le había pasado a Olivia, la vida, a través de nuestros oponentes, es capaz de dar derechazos mortales tras los cuales había dos opciones: caerse o levantarse.

 

Olivia no había sido capaz de levantarse cuando el cáncer, el cual la dominaba, se había expandido hacia su corazón, el cual también la dominaba. En ese momento, se sintió como un derechazo triple. La vida no solo le había quitado a su esposa, sino que también había dejado a una familia entera sin una hija y a su hijo Gerard sin su madre. Ahora, unos tantos años después, si bien las cosas habían cambiado completamente y Nathan se encontraba completamente soltero, nuevamente había sido golpeado de nuevo.

 

Su madre llevaba semanas desaparecida, al igual que su elfina doméstica. Los rumores que recorrían los cuarteles del bando no eran otra cosa que los que llevaban torturando su mente por semanas. Su madre, la que lo había inspirado para pertenecer a la Orden del Fénix a posteriori de su graduación, había abandonado las filas de la misma para seguidamente unirse a las de su archienemiga, la Marca Tenebrosa. Nathan no tenía ni idea de cuánto de ese mensaje era verdad, más su madre no ayudaba en lo más mínimo al ignorar las sendas cartas y patronus que el había enviado en los últimos días.

 

Allí, en los jardines de la Mansión Weasley, cuando el sol de una mañana completamente despejada le iluminaba el rostro mientras trataba de concentrarse en su libro. No pudo evitar que una lágrima resbalara por su mejilla, antaño aquellos días donde su madre le explicaba infinidad de cosas sobre la Orden, cuando trataba de instruirlo en artes mágicas de mayor complejidad, cuando se interesaba por cada mérito que conseguía y por cada actividad en la que participaba. Ahora, lo único que le quedaba era la incertidumbre, ¿volvería a ver a su madre otra vez?¿cómo haría para superar el hecho de que todo lo que había estado combatiendo en su vida no era nada más y nada menos que lo que su madre se había convertido?.

 

La decepción lo embriagó, mientras la culpa llenaba su ser a la par que el fresco viento de los últimos días de invierno le secaba las lágrimas. Se secó las lágrimas con la manga de su sweater y continuó su lectura, esperando una vez más verse distraído por la inexorable mezcla de sentimientos que lo volvería a asaltar en un par de segundos.


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#7 Arya Macnair

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Escrito 12 febrero 2014 - 06:50

Rodeando los Jardines Weasley.

 

Aquel día había comenzado bien, su carta había llegado, volvía a pertenecer a la Sexta Planta, pero aun no estaba del todo contenta, repasaba un y otra vez los terribles sucesos que le habían acontecido, Nurmengard la había cambiado para siempre, muy dentro suyo, y a su pesar, sabía que jamás sería la misma.  Caminaba sin rumbo alguno por las bellas calles de Ottery, no quería volver al castillo Lockhart, desde que había logrado salir de su cautiverio lo evitaba, no quería ver aquellos rostros con pena, odiaba que le tuvieran pena, y no quería hablar de lo sucedido, jamás.

 

 

Algo llamo su atención cuando pasaba por una bella casa, tenía un aspecto sumamente hogareño, pero algo que las demás no tenían, su olfato no le mentía, sus límites estaban rodeados de jazmines, se acercó lentamente para apreciar su flor favorita, son una sonrisa en el rostro, debía valorar aquellas cosas, había muerto reiteradas veces de una sola vez, y eso le pesaba en el alma.  Con la yema de los dedos rozaba la cicatriz que le surcaba aquel tatuaje que reposaba en su nuca, un ave fénix, símbolo de su fidelidad hacia la Orden, con su vestido de primavera, superaba los últimos fríos, y su cabello rojizo suelto y jugando a sus espaldas con el viento.

 

 

Levantó la vista, pues algo más allá le había llegado hasta sus sentidos de sacerdotisa, un sentimientos de angustia la abordo, pero no podía diferenciarlo del suyo, aun temía salir, aun temía a la oscuridad, aun temía estar sola.  Sus ojos se encontraron con una figura masculina que parecía estar leyendo en la comodidad de aquel jardín, no quería interrumpir, quería irse sin que la viera apreciar aquellas flores, pero inminente mente sus azules ojos se había quedado prendados al desconocido, estaba congelada, pero no podía quitar la vista de aquella alma en pena. Simplemente, y sin poder evitarlo, su mirada se cruzo con la de aquel hombre, y por inercia, una sonrisa se dibujo en su rostro.


Editado por Arya Lockhart, 12 febrero 2014 - 07:02.

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#8 Nate Weasley

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Escrito 12 febrero 2014 - 07:09

Incluso con la mirada enfrascada en su libro, pudo sentir como una llamativa cabellera roja atravesaba la vereda que rodeaba los jardines de la mansión. Pensó que esta, al igual que cualquier otro transeúnte, seguiría de largo o como mucho se quedaría unos segundos a observar la fachada, la jardinería o algún aspecto arquitectónico. Sin embargo, la dueña de aquella cabellera se quedó varada en el jardín, por el rabillo del ojo observó que estaba oliendo las flores. Y de pronto... corrió la vista hacia él.

 

Nathan enseguida volvió a mirar su libro. ¿Lo había visto observándola? ¿Lo había estado observando por entre las plantas mientras lloraba? ¿Quién era aquella joven, y que quería? Sin más, le correspondió la mirada y en los pocos metros que los separaban pudo notar la multitud de pecas salpicadas en su rostro, aquellos ojos azules como el nacimiento de la noche y su vestido multicoloreado que dejaba entrever unas delgadas piernas y un contorneado torso.

 

Una sonrisa se dibujó en el rostro de la joven, pequeña sin embargo traviesa y en cierta forma cautivante. Le correspondió el juego, sonriéndole ampliamente e invitándola a acercarse. A medida que lo hacía, su cara le sonaba familiar, aunque estaba completamente seguro de que jamás había cruzado una palabra con ella. Probablemente fuera una de las tantas personas que visitaba su local todos los días, o quizás una ex-compañera de la Academia, o de Bando. Existía una gran variedad de lugares de donde podía conocerla, no obstante su curiosidad no hizo más que alimentarse de la apariencia de la muchacha.

 

Hola. - saludó este, tímidamente, mientras con su mano indicaba un lugar junto a él en el cómodo césped.


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#9 Arya Macnair

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Escrito 12 febrero 2014 - 07:33

Sin darse cuenta, la Lockhart había ingresado en aquellos terrenos, no sabía donde estaba, aunque la fachada se le hacía familiar, al igual que aquel rostro que había llamado tanto su atención, su cuerpo había actuado sin permiso, y casi como flotando había llegado hasta el.  Tomó asiento cerca de aquel desconocido, sin pronunciar una palabra, pero a una prudente distancia, ¿Sería lo que le había sucedido?, ya simplemente no le temía a las personas, ¿Que más le podrían hacer?, era imposible sufrir fuera, lo que había sufrido a manos de aquellos Mortífagos.

 

 

-- Hola .. Siento la intromisión, es un jardín muy hermoso -- confesó sintiendo aquel calor familiar en su rostro, estaba sonrojada.

 

 

Era seguro que aquel hombre era mayor que ella, aunque no sabría decir por cuantos años, sus ojos azules eran terriblemente llamativos, Arya se sumergió en ellos buscando las profundidades de su alma, la curiosidad llamaba a su puerta, pero no lo logró, había una barrera allí dentro, y ella la conocía muy bien, había tardado años en construir la suya luego de los reiterados abandonos de su padre.   -- Arya Lockhart -- exclamó extendiendo su delicada mano hacia el desconocido, aun sonriendo, sentada en la verde hierba, al tiempo que con su mano izquierda acomodaba su cabello sobre su pecho, dejando al descubierto su pequeño tatuaje y su fea cicatriz, pero el no la vería, nadie podía hacerlo, pensar en ellos entristeció su rostro, no podía evitar seguir pensando. 

 

 

-- ¿Es la Mansión Weasley, cierto? -- preguntó luego de las presentaciones, había estado analizando el lugar, le resultaba sumamente familiar, pero no había una sola casa en Ottery que emanara esa gran calidez y amor, era significativo, no podía equivocarse. Una vez más clavo sus azules ojos en aquel hombre y luego los desvió hacia el libro que tenía en la mano, intentando descifrar la tapa del mismo. 


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#10 Nate Weasley

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Escrito 12 febrero 2014 - 07:48

Si bien ya había alcanzado su tercera década, y aquella joven denotaba cierta madurez, su complexión inevitablemente la delataba como alguien que apenas sobrepasaba los veinte años de edad. No obstante, mientras ella se sentó, paseó sus ojos por su cuerpo, evaluándolo discretamente. El nunca había sido uno de esos estereotípicos hombres que se pasaban la vida ligando con cual cosa se les posara delante, sin embargo sabía apreciar las delicadezas y artes de la anatomía humana, y aquella jovencita no pasaba desapercibida de su mente.

 

La notó algo reticente a socializar con él, como si tuviera miedo de que él pudiera hacerle algo. Finalmente se presentó y extendió su mano, la cual él correspondió con una sonrisa y un estrechón firme y cálido, con el cual pretendía reafirmar el lazo de confianza que inicialmente había pretendido establecer con la joven. Sus manos, al igual que el resto de su cuerpo aparentaba ser, eran suaves y tibias al tacto, y el apretón que la joven le confirió hablaba de sobremanera sobre la calidad de educación que sus padres le habían otorgado.

 

Mucho gusto Arya, mi nombre es Nathan Weasley, y como dices, este es mi hogar. - dijo él, sin quitar sus ojos de los de ella - Al contrario, es un placer recibir visitas, más si vienen de la mano de una joven como tú.

 

Los movimientos de la joven eran delicados, casi como si estuvieran cronometrados y pensados al segundo. Observó como inclinó su cuello hacia él, con la intención de conocer el título del libro que hacía tan solo unos segundos había estado leyendo y que ahora descansaba en su falda, con su dedo índice marcando la página en la que se encontraba. Amablemente, le tendió el libro para que lo observara y al hacerlo notó un tatuaje en su albino cuello. Era un ave fénix, igual a la que el tenía.

 

- ¡No puede ser! ¿Tienes un fénix tatuado? - le dijo, en voz apenas audible por si algún quisquilloso estaba espiándolos, no quería dejar su posible identidad al descubierto - Yo también tengo uno... ¿lealtad y sacrificio? - le preguntó, esperando que la joven captara la prueba a la que estaba sometiéndola para comprobar sus lealtades.


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