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Burbuja de tiempoRol privado de la familia Macnair


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15 respuestas en este tema

#1 Arya Macnair

Arya Macnair

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Escrito 07 febrero 2019 - 20:52

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Año 2023

Averno.

 

Estaba agotada pero aun así, con marcadas ojeras moradas bajo sus ojos, hundidos cuan pozos, dejaba de verse hermosa. Cuatro arduos años hubieron pasado desde la revolución en los jardines Macnair, ahora todo era diferente. Las amistades menguaban, las rivalidades se pisoteaban por un bien común más algo prevalecía, la sangre. La mujer frotó sus ojos y soltó un profundo bostezo, no le apenaba en lo más mínimo que quienes la rodeaban notasen que estaba aburrida, aburrida de ellos y de calentar un gélido trono de hielo. Arya, madura, curtida y seria, ahora formaba parte consciente del cónclave, pero no ocupaba cualquier lugar, sino el principal. Aquello, claro está, suponía más responsabilidad de la que cualquier mortal siquiera pudiese comprender. 

 

Pasó una mano firme por sobre el lomo de una bola cristalina, suspiró después, tenía que concentrar su magia allí para poder ver lo que deseaba, aunque como vidente ya lo hubiese previsto. Una pequeña imagen se materializó entre nubes blanquecinas. Kalevi, un niño que pisaba una dulce infancia correteaba detrás de una larga melena pelirroja, de pronto el corazón se le encogió ¿Cuatro años no era suficientes para perder la cabeza? echaba de menos a su hija, extrañaba el vínculo que jamás pudo fortalecer con su sobrino, y además, extrañaba el brillo en los ojos de Juliette al pensar en el niño, en su cachorro. 

 

—Aun les falta un año para ingresar como novicios— Habló Teidol, irrumpió sus pensamientos, titubeó. 

 

Se frotaba las manos con nerviosismo, los ojos verdes de la nuevo Isthar estaban fijos en él. Se sabía que jamás nadie le hirió, era el historiador de los siete, una pieza fundamental, pero en días como aquel, de un muy mal humor, la bruja acababa creyéndose capaz de cualquier cosa. 

 

—Explícame por qué estamos haciendo ésto, todo éste circo le costó la vida a mi única hermana— Su voz sonó fría, helada. 

 

Nadie le supo responder. Crood, el guerrero, consideraba que la mujer aun era caprichosa e inestable para gobernar los asuntos que concernían tanto al mundo terrenal como al infierno, Macnair era considerada la mediadora, la protectora de cualquier magia primigenia que pudiese poner en peligro a los humanos o seres mágicos al caer en manos equivocadas. Demonios sin escrúpulos existían muchos, incluso el propio cónclave tenía sus trucos y mañas desalmadas, pero ellos eran el último eslabón de una cadena casi extinta junto con los Guardianes. 

 

—Kalevi es lo único que te queda para recuperar a tu hermana, linda— Alesteir acarició su lacia melena, capturó el mechón plateado que resaltaba entre tantas hebras de fuego y comenzó a jugar con él. El bello, el niño consentido, el único que se atrevía a siquiera respirar cerca de Arya y a quien ella se lo permitía. 

 

Las horas allí debajo, en aquel inmenso y eterno palacio de hielo, se le iba en suspiros. Por ello dejó que sus pulmones se desinflaran, su compañero tenía razón aunque el sonido de la lira le sacara de quicio. Si conseguía domar al cachorro quizás podría recuperar a la madre, si lo mantenía a salvo el tiempo suficiente hasta dar con Bietka, existía esperanzas para recuperar un resquicio de humanidad en Juliette. Ámbar, por el contrario, era tan temperamental como ella lo hubo sido, era posible que no la viese en muchos años más. De repente golpeó el cristal de la bola con el índice, hacía más frío, alguien se acercaba ¡No! era algo, algo la llamaba. 

 

—Kloud, Aleera. Sigan a mi hermana de cerca, quiero que sean su sombra... Y Kloud, no te atrevas a tocarle un pelo otra vez o no te quedarán manos para tocar nada más. Me ausentaré por unos días

 

Había bajado media escalera cuando se despidió de sus "compañeros", aun saboreaba aquella amargura con la lengua, la chasqueaba contra el paladar, algo andaba mal desde hacía un tiempo, se sentía vacía. Castalia aguardaba desesperada en lo alto de una torre negra, erosionada por las llamas de un dragón, siendo custodiada por Sebástian para realizar la conversión de los cuerpos y las almas. Ajustó el cuello de su capa de pieles y desapareció. Aaron, aquel maldito Black, ahora ambos se necesitaban, no podían dar un paso sin que el otro le secundase, era primordial para dar con todas las piedras. 

 

Arya procuraba que el poder de las mismas no consumiera el alma del guardián y, bueno, el guardián cumplía su función. 

 

 

 

 

 

Algún punto perdido

en el Norte

 

El sonido seco de las pieles cayendo sobre un suelo de madera podrida llamó la atención de los habitantes del suelo superior. Sebástian soltaba el humo de un cigarro con media pierna colgando del alfeizar y posiblemente Castialia caminase de un sitio a otro del lugar ¿O no? se suponía que estaba solos, que ella se encontraba inconsciente más alguien se paseaba frenético, soltando polvo del techo y haciendo rechinar los tablones. 

 

Desde fuera se podían ver las luces encendidas, amarillentas, el viaje le costó medio día. La noche pronto caería y las primeras estrellas adornaban el firmamento. Absurdamente el aroma a madera quemándose en la chimenea le causó añoranza, su hogar, la mansión, su hermana. Últimamente todo lo recordaba a ella. Antes de asumir, antes de realizar la ceremonia que le ataría al cónclave de por vida, por herencia de sangre, Hathor había tomado posesión del cuerpo mortal de la castaña y ,embelesada por palabras melosas, huido con Isthar, el antiguo Jefe, quien le prometiera cosas que no podría tener, saciar la sed de sangre, hambre de muerte, poder. 

 

Sorbió por la nariz, maldita sea como la echaba de menos. —¡Soy yo!— Gritó.

 

—Lo haremos hoy— Agregó, necesitaba a su tía. Y aunque no había tenido ningún problema con Castalia, añoraba a Sybilla.

 

 

 

 

 


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#2 Cissy Macnair

Cissy Macnair

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Escrito 12 febrero 2019 - 03:51

En el Norte

 

Estaba cansada, exhausta. Había estado todo el día ultimando los preparativos porque se suponía que al día siguiente íbamos a realizar la ceremonia para devolverle un cuerpo a Sybilla. Por supuesto, la vampira estaba inquieta pero no decía nada, me había dejado tranquila. Todos los años que habíamos pasado juntas la habían hecho comprensiva o, al menos, tolerante. Sabía que podía confiar en mí, que yo no la decepcionaría porque sino me decepcionaría a mí misma, pues era demasiado exigente conmigo como para permitirme un fracaso. Aún así, antes de aquel silencio atronador que me hacía doler la cabeza, Sybilla había estado ansiosa y le había cedido el control de mi cuerpo para que pudiera conversar con Sebástian. Me había retraído cuidadosamente en mi mente y olvidado que pertenecía allí, porque no quería saber ni oír nada de lo que ellos, en su intimidad, fueran a decirse. 

 

Ahora, en el crepúsculo que se había cernido sobre nuestra guarida, alguien hacía acto de presencia en la casa y mi vista fue de Sebástian -tranquilo en apariencia, sentado, con un cigarro a medio consumir- hacia la varita que se encontraba en mi mano, lista. Pero la persona que hizo acto de presencia en la estancia, con su larga cabellera roja ondeando en la fría noche del norte, no fue otra que Arya. Su madurez era evidente a mis ojos, pues no sólo su postura había cambiado drásticamente, sino también su tono de voz. 

 

-¿Por qué la repentina urgencia?- pregunté, cuando mi corazón dio un vuelco ante las palabras de la sobrina de mi co-habitante-. No me malinterpretes, quiero que esto ocurra tanto o más que tú, pero habíamos acordado que lo haríamos mañana por la tarde y no hoy. ¿Ha ocurrido algo?-.

 

Unos pasos se escucharon detrás de Arya y dos personas más ingresaron en la cálida estancia. La sala de estar era la de un castillo, enorme, espaciosa, diseñada no tanto para contener cantidad de personas sino de muebles, que actualmente ocupaban la mayor parte de la estancia: mesas pequeñas distribuidas entre los sofás amplios y cómodos, alfombras hermosas probablemente diseñadas durante el Renacimiento debido a sus intrincados esquemas, espejos que daban la sensación de amplitud (totalmente innecesarios) y un hogar grande que calentaba el lugar en los días más fríos del año y que actualmente se encontraba encendido para salvaguardar mi precaria salud. 

 

-Escuchamos que alguien había llegado, pero no sabía que eras tú tía Arya- dijo una joven Rohana de casi doce años de edad. Era, para la consternación de Castalia, la viva imagen de Sybilla cuando era pequeña y no necesitaba registro fotográfico para comprobarlo, porque la mocosa tenía la misma expresión, voz y pose que la vampira. 

 

La muchacha recorrió el espacio que la separaba de la pelirroja y la abrazó por la cintura, aunque era casi de la misma altura que la mujer. Su melena negra azabache era larga, sostenida a medias por una trenza de la cual salían mechones desprolijos y que acababa en un moño rojo como la sangre. Vestía un delicado vestido ajustado al cuerpo que le llegaba a las rodillas, con puntillas en cuello y mangas, que dejaba ver lo mucho que había crecido, pues sus pechos ya comenzaban a notarse; y la tonalidad crema del mismo le daban una apariencia de niña que contrarrestraba lo mucho mayor que parecía ser. 

 

-Hola Arya. No te esperábamos hasta mañana por la tarde- comentó Aidan, con los musculosos brazos cruzados sobre el pecho. Se había dejado crecer un poco el cabello y conservaba una barba desordenada que lo hacían ver más maduro-. ¿Piensan hacer el ritual hoy?- su mirada fue de mi sobrina hacia mí y me encogí -sí, me encogí- al ver la seriedad en sus facciones.

 

Rohana la soltó y la miró a los ojos. Las esmeraldas en su mirada recorrieron el rostro de su "tía" y luego fueron a parar a la mirada severa de Aidan.

 

-Yo... estoy lista... No hace falta esperar hasta mañana- dijo la niña. 

 

Apreté la mandíbula. Rohana era parte esencial del ritual y lo habíamos descubierto hacía poco. Luego de varios intentos de poner el alma de Sybilla en otro recipiente humano y fracasar, habíamos dado con un hechizo que precisaba algo especial: esencia de la "difunta", pero nosotros no teníamos un sólo pelo de Sybilla, nada. Al destruirse su cuerpo de vampira, todo de ella había convertido en polvo, algo con respecto a la cantidad de años que poseía el cuerpo humano: básicamente se había incinerado todo. Así que, la única forma de conseguir su esencia era aprovechar la maldición (o bendición) que hacía que tuviera dobles desperdigadas por el mundo: Rohana era la clave. Y esa noche, al parecer, íbamos a comprobar si servía. 

 

-Podemos intentar otra cosa, no tienes que ser tú... Todavía está el cuerpo de Bree en los terrenos de la mansión- dije. 

 

-Tiene que ser esencia viva- Rohana giró y me miró con una mezcla de condescendencia y humildad-. Para traer a mamá necesitan de mí, lo sé, no soy tonta. Además de Hogwarts también he leído libros de la mansión y muchos de los de Nigromancia que crees que no puedo tocar- sus ojos brillaron ante la satisfacción de mi expresión seria que decía "más tarde vamos a hablar sobre eso"-. Soy su mejor instrumento para esto... Así que lo harán conmigo- sentenció, más madura de lo que parecía.

 

Me quedé esperando una respuesta de Arya. 


Editado por Cissy Macnair, 10 marzo 2019 - 19:24.

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#3 Aaron Black Lestrange

Aaron Black Lestrange

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Escrito 12 febrero 2019 - 07:00

Aaron Augustine Black Yaxley
 
Habían pasado cuatro años desde el incidente en la mansión de los Macnair, de la pérdida de Juliette, de haber mencionado a Castalia quien seguramente curó parte de las profundas heridas que grabaron cicatrices imborrables en el alma, heridas de magia genuina que transgredían toda ley, incluso para nosotros los magos. La marca en el dorso de mi mano ya no ardía, de hecho con suerte se veía, pero yo sabía que estaba allí, tanto como la condición de guardián que Arya también conocía y el poder que había experimentado aquella noche.
 
-M...¿mi señor?...- la voz de Nius, mi elfo, ya no me sorprendía como antes, más sí su titubeo. Él tenía algo que informar, así como el cielo apagado del crudo invierno- Arya, Nius ha visto ... ha visto a la bruja en las tierras del norte- sostuvo con determinación-... Nius tuvo miedo y vino de inmediato donde el amo, tal como él le ordenó...
 
Me encontraba sentado sobre unas rocas en el pico de una montaña nevada y girando mi cabeza, lentamente hasta reflejar el temor de la criatura en la gélida mirada gris que me precedía como tal, le oí. Mis facciones estaban mas curtidas, maduras, y menos sentimentales. Una barba a medio congelar esculpía el contorno del rostro y una fina línea marcaba una cicatriz que cruzaba la ceja izquierda hasta el pómulo producto de las vivencias en el libro de la sangre; por suerte no habían sido licántropos con quienes nos habíamos enfrentado aquella vez, sin embargo y a pesar de ser un humano prodigio afecto de magia, habían ciertas cosas que seguían marcando la mortalidad en mí, cuestión por la cual deseaba las demás piedras.
 
-¿Y Hathor?...- pregunté a mi criatura mientras me ponía de pie con cierta dificultad. Comenzaba a nevar, por suerte el atuendo, aunque no muy formal (unas pieles y cueros ajustados), me cubría de las tormentas que azotaban una vieja cabaña donde había permanecido el último tiempo- ¿haz sabido algo de esa bruja infame?...
 
-Nius no le ha visto- me contó el elfo con cierto regocijo en su mirada, una que cayó al suelo luego de observar el valle junto a mí en un silencio que duró un par de segundos. Él la quería y yo también- es difícil encontrar a la señorita Jul...
 
-¡No digas su nombre!- chisté con un azote de mi varita en su dirección para callarle, una que últimamente no soltaba ni a sol ni a sombras - sabes que no debes decir su nombre... 
 
-Nius lo siente, Nius lo siente...- se disculpaba el elfo, pues según había averiguado, una de las debilidades del demonio era su verdadero nombre, la ingenuidad con la que yo le había conocido y si ella o alguien lo oía o sentía, pues no queríamos un enfrentamiento de momento- ... es solo que en su condición es muy difícil encontrarle.
 
-¿y al muchacho?..-inferí. 
 
-¿Kalevi?...- intuyó el doméstico. Asentí sereno- Nius le ve a diario con Arya, ella no lo pierde de vista...
 
-Ella lo sabe...
 
Me preguntaba si Castalia también lo sabía, cuestión que deduje de un segundo a otro al recordar que a Macnair se le había visto en tierras norteñas, un lugar no muy lejano a donde yo me encontraba, ¿porqué había vuelto?¿porqué cada vez que venía yo no veía al niño?; cada vez me convencía más que él era la clave para volver a verla. Envolviendo un par de colas del zorro ártico en mi cuello me dispuse a caminar de regreso a la cabaña, a paso firme entre una tormenta que tomaba su propio ritmo.
 
-Te congelarás aquí afuera, ven...
 
Los ojos del elfo se llenaron de lágrimas que se congelaron de inmediato, pues jamás le había invitado a pasar a mi cabaña- lo curioso es que Nius era un elfo libre que sentía tanta devoción por mí, que a pesar de mis tratos para con él, estaba dispuesto a servirme de por vida y yo, me aprovechaba de eso algunas veces-. Si Arya estaba por ésta zona, seguramente pasaría a visitar a su viejo pero no tan buen amigo...


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#4 Juliette Macnair

Juliette Macnair

    Cuarto año

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Escrito 13 febrero 2019 - 06:17

    HATHOR: AÑO 2023

 


 

Tenía la mirada perdida en las profundidades de las montañas, esos pedazos de roca flotando en los cielos negruzcos y a los lejos, el halo de calidez brillando cual rayo de sol en la tierra de los mortales. Mantenía su atención pendiente de ese cambio de colores que sólo en determinada hora del día se dejaba ver, sus brazos se encontraban suavemente acomodados, cruzados a la altura de su pecho mientras su mente divaga en las próximas actividades que haría junto al demonio, quien como era de esperarse, no le perdía de vista. La ventana era lo suficientemente larga como para dejar a la vista, su curvilínea figura cubierta por la tela de un delgado vestido color carmín, que hacía un contraste espectacular con la nívea piel de su anatomía, más las facciones de su rostro, endurecidas con las experiencias vividas tanto dentro como fuera de aquella fortaleza, generaban un miedo entre las criaturas de la noche que habitaban a los alrededores del enorme castillo.

Hathor poseía una belleza bastante angelical, más digo poseía, pues las delgadas venas negras se marcaban con cierta dureza en el comienzo de su cuello y rostro, como si estuviese a punto de quebrarse si su hambre no era correctamente satisfecha, ya no existía el color esmeraldino gobernando en sus iris, lo reemplazaba un carmín, oscuro, feroz y macabro. Hathor no era quien fue o pudo ser, carcomida por el poder que el viejo Isthar le había prometido, se había dejado manipular por sus palabras y por la herencia que se le decía le era correspondida, se estaba convirtiendo en lo que prometió destruir, olvidando con el paso del tiempo a las personas que alguna vez amó; ¿qué era el amor? ¿cuanta importancia podría haber tenido en su vida si en reiteradas ocasiones fue el causante de su muerte? Fuego, ardiendo y quemando cada parte de su piel, del mismo modo como hubo renacido hace cuatros años en los terrenos de la Mansión Macnair. Una vida más, una vida menos, ¿importaba acaso?

 

"Mi adorada princesa de las sombras... ⸺ Se oyó el eco de su pacífica voz entre las penumbras de la gran habitación destinada para ella, la pelinegra no se movió de su lugar, permaneció quieta y prendida del cielo que estaba observando con tanta concentración. El demonio se acercó a ella, acostumbrado a su falta de tacto ante la forma en que él intentaba siempre llamar su atención, y con lentitud, deslizó sus grandes manos por los brazos desnudos de su adorada criatura, siguió el camino frío de su piel hasta agarrar el largo cabello de la mujer, para comenzar a desenredar las hebras que pudiesen estar enredadas y así, volvió a susurrar.⸺  te he estado buscando, ¿quieres ir al jardín para tus lecciones?"

¿Vamos a realizar un nuevo recorrido por las trágicas vidas que me hicieron vivir? ⸺ Murmuró con frialdad al tiempo que ejercía cierto movimiento brusco para desprenderse de las manos del demonio, giró sobre sus talones ante la frustración de no poder seguir con su rutina, y descalza como siempre, caminó hasta las llamaradas que le daban calor a su organismo. Se detuvo frente a un amplio mueble café, estiró su brazo, palpó con sus dedos la madera y en cuanto encontró en el fondo, la botella que tanto buscaba, la arrastró para poder servirse en alguna copa cristalina que pudo haber exigido en el comienzo del día.

"Estás de mal humor". ⸺ Soltó sin más.

Estoy aburrida. ⸺ Corrigió con determinación, mientras vertía el líquido rojizo en dos copas, observando con cierta satisfacción lo espesa que se tornaba cuando se cuidaba bien.⸺  Me obligas a ver el pasado de las vidas humanas a las que me sometieron, ¿para qué? ¿quieres que me quede aquí? ¿que te tema? ⸺ Soltó una risa burlona mientras sacudía sutilmente su cabeza.⸺  No se que esperas de mi, que esperan de mi, pero ya me estoy cansando de esta casa de muñecas.

"Estar consciente de lo que eres, de lo que viviste, es parte importante de la sabiduría...⸺ Murmuró al fin el platinado mientras volvía a despegarse de la pared en la que se hubo apoyado, para admirar la belleza peculiar con la que Hathor solía moverse, y al acercarse, se negó a dar una probada de aquel brebaje que a ella tanto parecía fascinarle.⸺  como también lo es sentir, ahí dentro tienes algo y si no lo ocupas, sólo serás una criatura sanguinaria hueca y sin importancia". ⸺ Sus ojos se fijaron en los de ella, logrando que bajara su escudo y pudiese ver en el interior de estos, los que ardían cual fuego arrasando todo a su paso.

 

¿Acaso no soy inteligente, astuta y tenaz? ⸺ Ella volvió a murmurar mientras deslizaba una de sus piernas por entre las del demonio, y como si todo aquello fuese parte de un juego, rozó la frialdad de sus labios por la piel nívea de su piel hasta detenerse en el borde de su barbilla y antes de que él la apartara, ella agarró la vestimenta de Artemius (Ex-Ishtar) y lo mantuvo ahí.⸺  Si usas lo que tienes dentro, te conviertes en una criatura débil, bajas tus armas y te dejas dominar. 

Sus labios se curvaron con cierta burla y en cuanto hubo logrado su cometido, se apartó del demonio para poder dar un pequeño empujón con su cadera, y así volver a poner en marcha su caminata, dejándose caer en el alfeizar del ventanal que le permitía ver la amplitud de un maravillo paisaje de ensueño. Hathor aprendía rápido, aunque no de la manera adecuada, en vez de tornarse una criatura compasiva, cada vez se volvía más cruel y apasionada por la sangre que corría por sus venas, era hija legítima de dos demonios amantes del placer ajeno, ¿quién podría destruir esa linea si no era ella? 

Hathor parecía un pececillo en medio del mar, a veces parecía ir en la dirección correcta y en otras ocasiones, como esta, tambaleaba y se perdía en el camino que no debía ser tocado. Lo que no sabía Artemius, era que lo que la tenía últimamente con tanto cambio de humor, era la guerra que se enfrentaba en el interior, ese al que supuestamente debía de escuchar y se devota. Su humanidad latente, aún no se había extinguido del todo, más las lecciones y todo el mundo que la estaba rodeando le hacían perder la vista de ese pequeño fuego de esperanza emergiendo en su interior.


"Voy a pasar por alto lo que haces, te espero abajo. ⸺ El demonio exclamó con seriedad, y mientras se daba vuelta, le quebraba la copa que ella tenía entre sus manos, con un sólo movimiento de sus dedos. ⸺ Te doy diez minutos".


 

━━━━ ⌘ ━━━━

 



⸺ Tienes que sacarme de aquí, si sigo viviendo bajo estas cuatro paredes ⸺ Exageró⸺  voy a terminar hecha cenizas, eres mío y tu deber es acatar mis órdenes.
 

Hathor se movía como león enjaulado luego de una lección catastrófica junto a un enfurecido Artemius, que rara vez se le veía perder la paciencia, pero este día y en estos momentos, la demonio estaba insoportable incluso para su sombra protectora. Al ver que el cuervo ni se inmutaba por sus palabras, ella abrió el ventanal y agarrándolo sin cuidado, lo soltó en los aires obligandolo a echar vuelo y dejarla sola.

 

...Señorita Juliette...
 


Retumbaron esas palabras en su mente de forma dolorosa, logrando que ella se agarrara la cabeza con ambas manos y se dejara caer de rodillas en el alfombrado. Su mirada parpadeo, dejando un color negruzco que se iba tornando de verde a rojizo y nuevamente a la oscuridad del negro, podía sentir su nombre y saborear aquello en su paladar, más los latidos del corazón parecían haberse paralizado de tal forma que nada lo hacía temblar en su pecho. Apoyó ambas manos contra el piso, mientras una mueca se formaba en sus facciones al recordar esa vida en principal, quería creer que era un proceso que pudo haber experimentado antes con las otras vividas, más había cierto fuego ardiendo en su organismo que no la dejaba atrás.

Tomó un libro y lo lanzó con agresividad a las flamas del fuego, mientras volvía a depositar una de sus manos en el comienzo de sus costillas, presionando como si de esa manera pudiera detener lo que le estaba sucediendo; Kalevi, Arya, Castalia, Pik...negó bruscamente con su cabeza mientras se arrastraba por la alfombra hasta rodear el pilar de su cama con ambos brazos, abrazándose a el...Isobelle, Armand, Stefan...volvió a negar esta vez cerrando sus ojos con fuerza y soltar un pequeño chillido...Aaron Black. 


¡Ya basta, basta! ⸺Gritó furiosa y sintió como todo nuevamente se apagaba, el silencio volvía a gobernarle y con ello la paz mental que necesitaba. Nada de dolor, tristeza, nostalgia, nada. Sólo unos minutos de tonta debilidad, y como si sus facciones hablaran, comenzó a reír con cierta crudeza, como si se tratara de una desquiciada, arrastrando los dedos largos de sus manos por la piel de porcelana percudida de sus facciones, nada de lágrimas. Es.t.upi.dos.


Editado por Juliette Macnair, 18 marzo 2019 - 04:31.

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#5 Arya Macnair

Arya Macnair

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Escrito 22 febrero 2019 - 18:22

En el Norte

 

—Nada ha pasado, cambié de opinión y lo haremos ésta noche. 

 

No tenía problema alguno con Castalia, entre ambas no existía rencor pero el tono de su voz demostraba otra cosa, hastío. Tenía demasiadas cosas en la cabeza y el ritual que realizarían le estaba pulverizando los nervios, Croft no era la único a la que el corazón le punzaba cuando pensaba el cómo y el con quién se realizaría la base mágica para traer de regreso a Sybilla al mundo de los vivos. El lazo que una vez Macnair hubo hecho con Baleiro, el hijo de Leah, cuando éste nació muerto, entregándole una porción de su alma y esencia sería casi lo mismo que la joven Aiya estaba dispuesta a hacer por su "madre" cosa que le ligaría al estado psíquico, físico y emocional de la misma por siempre. 

 

 En ello pensaba, con severidad, buscando qué más responder a su interlocutora cuando una voz dulce cayó sobre la herida abierta como un bálsamo. Aiya siempre aparecía en el momento menos oportuno y lo volvía maravilloso, quizás era una cualidad Macnair o la niña tenía un don, Arya solo sabía que desde hacía cuatro le guardaba un gran cariño a quien, en algún momento, le tuvo recelo. 

 

—¿A dónde vas?— Abrazó a la morena por los hombros pero sus ojos no perdieron de vista a Sebástian.

 

Cuando Aidan apareció él saltó de la ventana hacia el interior y se enfiló en dirección a la puerta sin mediar palabras. Los dos hombres jamás se hubieron llevado bien pero lo que estaban por hacer era demasiado delicado e importante como para jugar a los infantes. De igual manera, antes de llegar a la puerta el Norteño volteó, gruñó un poco y con un tinte inexpresivo dijo que iría a buscar "los elementos" necesarios para el ritual. A pesar de los años, de haberlo superado, de estar (evidentemente para todos aunque intentase ocultarlo) enamorado de Castalia, el hecho de tener que meter a Emma en la ecuación le removía algo, le tocaba una fibra. 

 

Isthar no tuvo más remedio que conformarse con la respuesta y al girarse cayó de lleno en una conversación entre sus sobrinos y la antes mencionada mujer. Castalia parecía afligida, no quería que Aiya tuviera que ver en el asunto, incluso Aidan parecía concordar con ella. La bruja carraspeó, posó una mano sobre el hombro de la joven morena y acudió en defensa de sus argumentos:

 

—Aiya tiene razón, ella es la pieza fundamental de todo ésto. Y si ella lo acepta, entonces lo haremos sin dar más vueltas— desvió la mirada hacia sus ojos, tan similares a los de Sybilla y aguardó a que asintiera, ella estaba decidida también. Luego estiró una mano en dirección al único hombre ahora presente en la desvencijada habitación y jaló de aquella espantosa y tupida barba que se había dejado crecer. 

 

—Pareces un indigente, Aidan, ve a quitarte eso. Hoy verás a tu madre otra vez y dudo que a ella le agrades así. 

 

Aquel par eran perro y gato, pero en los ojos verdes de la pelirroja se notaba cuanto le quería, después de todo era un miembro de su familia. A continuación y obviando la hostilidad del muchacho, pidió a la joven adolescente que fuese por los libros que e algún momento le pidió guardar y que más tarde se diese un baño, la ropa cómoda estaría sobre su cama, una cama con un profundo aroma a humedad. Aidan simplemente intervendría si algo salía mal, sería él quien sostuviese a la demonio cuando sus fuerzas se viesen quebrantadas o quizás Sebástian, éste parecía perdido cuanto más pasaba el tiempo y se acercaba la hora de devolver una réplica exacta de Emma al mundo. 

 

—Y tú, cálmate por amor a satán. Nerviosa no conseguirás nada, ten.

 

Arremetió contra Castalia sacando de su bolsillo un filtro de paz. 

 

 

Montañas flotantes. 

Artemius

Ex Isthar

 

La oyó gritar. Por primera vez debía de admitir que estaba equivocado. Hathor no era más que una niña caprichosa, una bomba de tiempo con un poder sin igual que no sabía controlar. Toda su vida, desde el nacimiento, cuando su madre lo entregó al antiguo consejo, se hubo entrenado para ceder el trono al verdadero Isthar ¿Y qué pasó cuando el día llegó? se negó a ello. No estaba seguro si habrían sido los años gobernando, cuidando el averno, protegiendo a sus hermanos, a quienes hubo escogido con tanto afán y cuidado, o el simple hecho de que no creía que Arya estuviese lo suficientemente preparada como para asumir tamaña responsabilidad. De un momento a otro había pasado de ser un sabio demonio ancestral, a un adolescente que huía con su primero amor. 

 

Hathor prometía, eso estaba seguro. La joven había sido engendrada de la misma forma que su hermana, por dos demonios con tanto poder que no podían sino germinar la semilla del mal. En su interior, tanto Arya como Juliette albergaban una extraña combinación que, contaba la leyenda, sería lo que marcaría un principio y un final en la historia del cónclave más antiguo y sin incidentes. La castaña era un vampiro, o lo fue, pero a su vez por las venas le corría sangre demoníaca, sangre de una paría para ellos: Bietka, una traidora, y de un demonio original, Reshi. 

 

—Concéntrate— Ordenó, había irrumpido en su habitación y en sus pensamientos más él seguía perdido en los suyos.

 

Su hermana, débil desde el comienzo para Artemius, había sido criada por Sacerdotes, cosa que corrompió su alma y la volvió obsoleta para el puesto que ahora ocupaba en el averno, poseía magia de brujos y el don de cambiar pieles. Arya era un demonio original con la apariencia de un chacal que contaba con el poder y la energía suficiente para adoptar una forma humana. La única diferencia entre una y otra era aquel absurdo hilo de plata que les unía de forma esencial y emocional a los humanos; Macnair había entregado su corazón  a tantas personas, sin saber lo que ésto significaba para el cónclave, que a ellos ahora les resultaría imposible hacerse con su alma, ni bajo juramente. 

 

Eso la volvía el primer Isthar en la historia, desde el consejo, que tenía voz independiente de los otros seis. Nadie la controlaba. Juliette, en cambio, maldita por Eileen, era incapaz de amar, detalle que la colocó a merced de un desesperado Isthar con ínfulas de superioridad. Incluso Teidol se había sorprendido y desilusionado de él cuando huyó de la mansión Macnair junto con Hathor. 

 

—La carencia de sentimientos y emociones es tu arma, úsala Hathor o no podremos recuperar el trono ¿Cómo podría yo dártelo todo sin mi posición como Isthar?— Susurró en su oído, con los labios pegados suavemente, posando una mano sobre su hombro, desde su espalda. Y agregó: 

 

—Ella fue, Arya te quitó la posibilidad de hacer a tus anchas, es la culpable. 

 

 

Otro punto

en medio del Norte

 

Seis eran en total. 

 

La gema del poder había sido la que comenzó todo, despertando un poder escondido en lo más recóndito de su ser, ahora, y bajo un antiguo legado de sangre, Aaron era un guardián. Un hombre ordinario que servía al señor tenebroso y detestaba a los sangre sucia, incapaz de relacionarse con razas externas y ajenas a él, ahora se veía obligado a trabajar codo a codo con Macnair, vocera del averno. Ésta se hubo perdido cuando el castillo vagabundo desapareció, aunque dejó destrozos. Juliette sumida en un profundo sueño, marcas en el cuerpo del hombro y un desequilibrio importante dentro del propio cónclave que llevó a la ubicación de una segunda gema.

 

La gema del alma fue la que la propia magia primigenia utilizó para hechizar a la joven Macnair acabando por despertar a Hathor a costa de todos. Cuando el grupo de magos y brujas, hacía casi seis años ya, dio con una enorme roca que se suponía era un catalizador de magia antigua, nunca creyó que ésta albergaría dentro seis gemas supremas con un poder sin igual. Las otras cuatro se perdieron sin dejar rastros aunque Arya no dejaba de sospechar que Sybilla, su tía, sabía la ubicación exacta de al menos un par de ellas, después de todo quien tuvo la iniciativa sobre la expedición fue Castalia más en ese entonces la mujer solo se movía bajo las órdenes de su co habitante. 

 

Pero esa noche, esa fría noche, en el preciso instante en que Aaron se permitiese cerrar los ojos los ojos un instante, preso de un fuerte dolor de cabeza y ardor por todo su cuerpo, cada músculo, cada centímetro de piel marcado por la tinta del guardián, descubriría que una tercera había sido activada ¿dónde? pues debería investigar solo o pedir ayuda a Arya, él escogería ¿Más podría encontrarla? ¿Llegaría en pleno ritual? ¿Cómo se tomaría Black el resurgir de Cissy Macnair?

 

 

@Juliette Macnair @Cissy Macnair @Aaron Black Lestrange


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#6 Cissy Macnair

Cissy Macnair

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Escrito 23 febrero 2019 - 20:08

Castalia Macnair

En el Norte

 

 

Hice una mueca de costado al ver a Sebástian irse en medio de la conversación e incluso Aidan lo observó de reojo cuando salió por la puerta, pero no dijo nada. La forma en la que Rohana se había puesto todo sobre sus hombros me hacía sentir una mala influencia, pero incluso Sybilla no había dicho nada al respecto sobre utilizarla para el ritual, como si fuera demasiado doloroso hablar. 

 

-Quita- murmuró Aidan cuando Arya le agarró la barba y tiró de ella. Intentó no sonreír con tantas fuerzas que terminó levantando un lado del labio y mostrando los colmillos de una forma tan despreocupada que daba la sensación de estar en presencia de un caniche enojado-. ¿En dónde haremos el ritual?- preguntó. 

 

Sabía que él no tenía participación activa en él, ya que no tenía nada que ofrecer más que su vínculo de chiquillo-sire. Habíamos intentado en algún momento utilizarlo para hacer el ritual pero tampoco había funcionado y su frustración había sido más que evidente. De no ser por Aiya, probablemente Aidan ya se hubiera tirado a una hoguera. La pérdida de Artemis hacía seis años todavía no la había superado y dudaba que en algún momento lo hiciera. Por algún motivo, tenía la esperanza de que quizá Rohana llenara ese vacío que mi prima había dejado dentro del vampiro. 

 

-¿Podemos hablar?- le dije entonces a Arya. Aidan llamó con la mano a Rohana y con un "nos vemos luego" dejaron la habitación, dándonos a mi sobrina y a mi el espacio que necesitaba. Miré a Arya a los ojos-. ¿Has pensado que cuando traigas a Sybilla de vuelta se desatará una tormenta?- hice una pausa, dejando que ella asimilara esas palabras-. Por un lado, hemos perdido a Juliette. Perder a un miembro de la familia ya ha afectado a Sybilla en formas que no imaginas, así que eso la destrozará. Creeme que la he tenido contenida, pero cuando sepa la magnitud del problema...- negué con la cabeza-. En segundo lugar, Arya, tú destruiste su cuerpo. Quizá creas que ella recordará que alguna vez se quisieron o que su relación estos últimos años ha cambiado, pero no es así. Es una mujer que tiene dos mil años y querrá asesinarte- me puse de pie y caminé hacia ella, tomando sus manos en las mías, que estaban frías-. Dime que tienes algún plan para todo esto. 

 

La esperanza era lo último que iba a perder. No quería ver que se mataran frente a mis ojos. Además, cabían otras cosas en las que pensar: el hecho de que iba a ser el cuerpo de Emma que ella iba a habitar, que iba a estar ligada a Rohana de por vida, que muchos miembros de la familia habían desaparecido o muerto... Y que estaba yo en la ecuación, como matriarca legímita como ella. Otra Macnair con la que compartía un lazo que no sabía si iba a ser de su agrado. 

 

 

Otro punto en el globo terráqueo

 

La gema de la mente era la que había encontrado Castalia hacía muchos años atrás, cuando se encontrara explorando el Himalaya. Ahora, escondida por ella en algún punto de la Tierra, esperaba ansiosa mientras su poder conectaba con el de las otras piedras que poco a poco iban apareciendo. Le había costado su cordura, su manejo del poder e, incluso, su propia vida y la de otros que la habían rodeado, pero como guardiana había cumplido con el cometido de esconderla de todos aquellos que quisieran utilizarla para hacer el mal. La gema le había dado el poder de la Videncia que actualmente poseía y con ella podían lograrse cosas grandiosas. ¿Qué sucedería con el que consiguiera reunir las seis? Castalia apenas sabía de la existencia de una, pero ahora, con las otras dos que habían aparecido, su estatus como guardiana volvía a ponerse en acción. 


Editado por Cissy Macnair, 10 marzo 2019 - 19:26.

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#7 Arya Macnair

Arya Macnair

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Escrito 27 febrero 2019 - 20:02

Sus manos estaban frías. Una corriente eléctrica le recorrió la espina dorsal y le hizo estremecer, quizás, tiempo atrás, Sybilla podría haberle roto el cuello como si fuese un mondadientes o someterla a la peor de las torturas pero con el correr de los años, de un tiempo hacia acá, la mujer se encontraría con alguien de su misma calaña. Macnair había renunciado a sus sentimientos después de entregar a la pequeña Ámbar a merced del orác.ulo y solo se permitía unos momentos a la semana cuando compartía con Jank. De resto era la viva imagen de su padre, y muy posiblemente, de su tía Cissy. Castalia muy en el fondo lo sabía y no necesitó decir más luego de ser ella quien cambiase la posición de las manos para tomar las suyas. 

 

Quería darle calor, esperanzas. Más resultaría todo una gran mentira

 

Guió los pasos de ambas hasta las sillas que adornaban una vieja mesa de madera con una extensa fractura que la atravesaba. Todo allí rechinaba, apestaba a moho o estaba roto, igual que las personas que le habitaban desde hacía meses. Tomaron asiento, Arya soltó sus manos y se dejó caer despreocupadamente sobre el respaldo confirmando primero que éste se mantuviese firme. La cabellera rojiza le caía lacia hasta el suelo, casi que podía tocarlo, tenía los ojos fijos en el techo, no sabía qué exactamente estaban haciendo allí sus sobrinos pero desprendían polvillo. 

 

Cerró los ojos y arrugó la nariz, de repente las asfixiaba el silencio. Hasta que habló —No, no lo tengo. Confesó

 

>Cuando el ritual acabe serás la primera en salir de la habitación —el rostro de Castalia se transformó— no me importa tu opinión así que ahórratela. Voy a desvincular tu alma y la de Sybilla, estarás libre por fin pero hasta conseguir tomar control absoluto de todo tu cuerpo luego de tanto tiempo compartiéndolo, pues, te llevará unas cuantas horas. Sebástian puede llevarte al ala superior.

 

Lo que no quería decirle era que la mitad de la torre estaba protegida mediante conjuros barrera, ella no podría salir del cuarto en donde la dejasen, tampoco su hermano, y lo mismo haría con Aidan cuando le pidiese que se llevase el cuerpo dormido de Aiya, debía quedarse completamente sola con Cissy o no sería solo su sangre la que se derramaría. Pero no pudo explicarle mucho más acerca del ritual, alguien pateó la puerta de repente, ésta golpeó contra la pared de roca negra y por poco se vuelve añicos, fuera una tormenta de nieve amenazaba con derribar la torre de un momento a otro o congelar a cualquier que se atreviese a quedarse a la intemperie.

 

El rostro de la pelirroja se desfiguró, creía que por la magia de la zona el cuerpo de Emma estaría al menos un poco conservado aunque hubiesen pasado diez años. Se equivocó. Sebástian ingresó cerrando la puerta tras de sí, tenía la mirada perdida, las manos negras por la tierra y ésta metida hasta debajo de las uñas correctamente recortadas. Sostenía un único hueso, un fémur. Isthar se acercó, le temblaban los brazos, llevaba media vida intentando olvidar aquel incidente que tantas vidas costó y que arruinó para siempre el futuro feliz de su hermano.

 

—¿Estás... bien?— Quiso saber, hasta su voz se quebró. Por un instante había vuelto a ser la vieja Arya

 

—Terminemos con ésto de una vez— Respondió el hombre haciendo entrega de lo que alguna vez fue su prometida. 

 

Todo sería más difícil de lo que creyó. Con la vista fija en el fémur llamó de un solo grito a sus sobrinos, todos debían estar preparados de una vez, la luna llegaría a su punto justo en dos horas. Ella por su parte desapareció por una puerta hacia el cuarto contiguo, lo que en algún momento fue una cocina. Allí lavó sus manos, las que todavía temblaban, respiró hondo varias veces y se recordó quién era otras tantas pues cuando viese nuevamente a Sybilla sería probable que lo olvidase y si la mujer no contemplaba dureza, acabaría con ella en un segundo. 

 

Habría que partir de cero, no existía cuerpo que poseer, y eso representaba un problema. Mientras todos dentro cruzaban miradas y quizás unas últimas palabras antes de que el aire se volviese denso, Arya se escabulló hacia los jardines traseros, lloviznaba. No se permitiría llorar a su amiga, quien muriese a causa suya, por lo que no perdió tan siquiera un segundo; dejó el hueso en el suelo, cerró los ojos permitiendo que el agua escurriese por todo su rostro erguido y entonó un cántico en alguna lengua muerta. 

 

Lentamente filamentos de tierra húmeda de un color algo rosado comenzaron a surgir. Arcilla. Entrelazándose y consumiendo el hueso, mezclados con la lluvia y la magia ancestral de un miembro puro del cónclave, predecesor del antiguo consejo. Hasta formar un envase vacío, un cuerpo hermoso, esbelto, tan delicado como lo era el material que lo conformaba. Hasta traer de regreso a Emma, o al menos a una parte de ella. Luego, totalmente empapada, extrajo su varita del bolsillo interno de sus ropajes y conjurando un hechizo de levitación ingresó con el cuerpo tras de sí, flotando como si se tratase de un globo. 

 

Emma era hermosa y aun sin vida parecía un ángel. 

 

—¿Castalia, Cissy está lista?

 

Necesitaba el consentimiento de las dos almas. Las ojeras ya comenzaban a notarse bajo sus ojos verdes. 


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#8 Cissy Macnair

Cissy Macnair

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Escrito 08 marzo 2019 - 18:46

Aidan y Rohana

En alguna alcoba del castillo

 

La pre adolescente miró al vampiro centenario mientras éste se acomodaba despreocupadamente contra la ventana y miraba el frío paisaje. Siempre le había gustado Aidan, desde pequeña. Él tenía aquella mirada fuerte, firme, digna de un caballero de la corte o, más bien, digna de alguien que aún poseía un título nobiliario pero no lo ostentaba para nada. Su barba le daba un aire aún más maduro del que normalmente portaba, puesto que al detenerse su vida en los treinta y tres años, Aidan lucía joven para la época actual. Antaño, durante su vida en castillos y cortes, él era un hombre maduro. Pero para los tiempos que corrían, era sólo un treintañero. Claro que, debajo de toda aquella imagen que la gente veía, el hombre maduro guardaba secretos de cientos de años. 

 

-Te veo preocupado, mi amado Aidan- dijo la joven Rohana, dando un paso lento tras otro hasta llegar donde el vampiro y rodearlo por la cintura con sus brazos, apoyando su frente en la espalda de éste. 

 

Aidan bajó la mirada hacia las manos entrelazadas de la muchacha y las palmeó con dulzura. No era ajeno al amor que la joven le profesaba y le hacía recordar mucho a Joanna cuando la conoció de pequeña: una salvaje niña que no se dejaba amedrentar por el poder, el dinero o los títulos. Justo así era Rohana y eso hacía que se le hiciera un nudo en el estómago. Por un lado, sentía lo mismo que un padre por una hija, quería protegerla y cuidarla, espantar a los pretendientes y velar por su bienestar el resto de su existencia. Por el otro, verla crecer y convertirse en mujer le traía el mismo recuerdo del amor de su vida y eso le dejaba un sabor amargo en la boca. No quería perderla. 

 

-¿Cómo no estarlo? Vas a someterte a un ritual de magia antigua y poderosa y podría perderte en el proceso. Perderlas a las cuatro- susurró, porque cada vez que pensaba en ello era un horror, pero decirlo en voz alta le daba más espacio al agujero en su pecho para que creciera-. Sybilla ha sido mi madre adoptiva y la tuya, mi amante y mi mejor amiga, aunque hemos pasado por momentos tormentosos. Castalia ha sido mi amiga, la matriarca que la familia necesitaba y una madre para tí. Arya es tu tía... y es mi sobrina, quiera o no admitirlo... aunque quizá sería mejor decir que es como mi nieta- negó con la cabeza y suspiró, apretando un momento las manos de Rohana y luego girándose para tenerla frente a frente. Si se inclinaba un poco, sólo un poco, podía besarle la frente-. Y tú, mi amado torbellino, eres todo para mí. Si te perdiera...- hizo una pausa, mirando a esos ojos esmeraldas tan característicos de los Macnair. 

 

-No vas a perderme- dijo Rohana, enterrando su rostro en el pecho de Aidan y absorbiendo el olor del vampiro todo lo que podía. Quería retener aquel aroma en su mente, sólo por si era lo último que iba a recordar. 

 

 

 

Castalia Macnair

con Arya

 

 

Lo sabía. Quería escupírselo en la cara y decirle lo est.úpida que era por querer quedarse a solas con Sybilla pero ella me había cortado en seco y aunque no era de quedarme con las palabras en la boca, la entrada poco elegante de Sebástian me quitó el aire de los pulmones.

 

Hice ademán de acercarme a él cuando Arya le preguntó si estaba bien pero, en vez de eso, esperé como una cobarde que mi sobrina saliera del lugar para llegar donde estaba él y apoyar una mano sobre su brazo. Mis ojos se encontraron con los suyos y no tuve palabras para decirle lo que sentía, todo lo que pasaba por mi cabeza. ¿Qué sucedería una vez Sybilla tuviera cuerpo? ¿Dejaría él de quererme a mí y querría a la mujer que habitaba el cuerpo de Emma? ¿Acaso alguna vez se había tratado de mi? Sebástian estaba enamorado de Sybilla antes de que ella muriera... Ahora... no estaba segura de cómo seguiría todo aquello. 

 

Aidan y Rohana habían bajado al grito de Arya y, cuando mi sobrina volvió con el cuerpo inerte flotando tras ella, supe que estaba todo decidido.

 

-Te podría haber ayudado- dije secamente, mirándola. Se había ido fuera y había hecho el trabajo de rehacer el cuerpo a partir del fémur sola, una completa locura. 

 

-O yo, tía- dijo Rohana, quien había bajado de su habitación con un libro entre sus manos-. Ya estoy lista- agregó, mirando con decisión a cada uno de los presentes. 

 

Aidan, quien había permanecido en silencio, dio un paso al frente y tomó una de las manos de Rohana entre las suyas, apoyó la rodilla derecha en el piso, se llevó la mano de la niña a los labios y musitó un juramento en irlandés. Conocía aquellas palabras, eran las que Connor, el hijo de él y Joanna, me había dedicado el día que... No, no a mí, a Sybilla. Apreté los labios. Iban a volver a ver a quién ellos en verdad amaban. Quizá ahora sería un buen momento para hacer mi vida como siempre había querido, pero no les diría... no todavía. 

 

Arya se dirigió a mí.

 

-Sí, lo está. Vamos- dije, largando el poco aire que tenía en los pulmones. 


Editado por Cissy Macnair, 10 marzo 2019 - 19:27.

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#9 Aaron Black Lestrange

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Escrito 12 marzo 2019 - 20:22

Aaron Augustine Black Yaxley

 

El crepitar de la fogata que iluminaba tenue el espacio central de la cabaña era el único sonido que nos envolvía al elfo y a mí luego de haber entrado, ¿qué cosas se podría hablar con un elfo?- seres místicos que tal vez conocían más de la magia que nosotros mismos ¿en qué momento se habían subyugado al ser humano mágico?, ¿porqué?- ¡Qué sabría el elfo!; y con eso, tácitamente, se mantenía aquél silencio inherente al amo y su criado. 

 

Había dejado el abrigo sobre el respaldo de la única silla que decoraba alrededor de una mesa redonda, de hecho, me había apoyado luego con ambas palmas sobre el borde con la vista fija al exterior, observando como la nieve comenzaba a tapar el cristal de la ventana. ¿Qué estaría haciendo Arya en las tierras del norte?... dudé si fue por lo que me interrogaba o si concernía a algo especial, pero un dolor de cabeza me atrapó de imprevisto cuando cerré los ojos en un segundo de reflexión...

 

-¿Señor?...

 

El elfo dejaba de balancear sus piernas al estar sentado en el aire y caía firme y dispuesto a ayudarme, si es que se atrevía. Comencé a sentir calor, sabía lo que pasaría, la cicatriz al dorso de mi mano izquierda ardía y la marca del guardián comenzó a dibujarse por todo el brazo izquierdo, enraizándose hasta acaparar gran parte de mi torso; me había percatado de ello al rajar la camisa de lino que llevaba bajo el abrigo que había dejado colgado hacía un rato atrás. Cuatro años habían pasado, pero aún no lograba controlar al cien por cien la sensación y la ansiedad de sentir que una piedra estaba cerca...

 

-¡Dónde está!- grité a la criatura mientras que con una velocidad sin igual le había interceptado, agarrándole del cuello mientras le elevaba poco a poco hasta la altura de mi rostro. La criatura pataleaba y se asfixiaba chasqueando sus dedos sin obtener respuesta alguna de la magia que podría realizar contra un guardián de la piedra.

 

-Ni...us, no sabe de qué...ha...bla- decía a duras penas el elfo.

 

Y tenía razón, pues de pronto dejé de sentir la cercanía del objeto mágico, como si se alejara- un zumbido estruendoso se oyó más fuerte que la ventisca de afuera- por lo que rápidamente salí de la cabaña, dejando entrar el frío y un soplido invernal que acabó con la fogata, mas yo me encaminaba hasta un alto, desde donde podía apreciarse el castillo o al menos su luz, lugar donde cayó en picada una nebulosa oscura. 

 

***

 

Emiliano.

 

Emiliano había sido un mago una vez, lo seguía siendo pero odiaba recordarlo como también su condición pues el hecho de ser vampiro le había librado una disputa interna entre ser un mago tachado como sangre impura o ser un reconocido y temido vampiro al pasar del tiempo- su crueldad pareciese ser el único aliento de vida que le quedaba- sin embargo, el tipo alto de tez morena y ojos verdes, se aprovechaba de ambos poderes para hacerse respetar.

 

Era una calle repleta de comerciantes que gritaban sus productos en distintos idiomas, lenguas y demás formas de publicitar los diversos objetos entre puestos y paños al suelo; duendes, elfos libres, brujas, magos, centauros y todo lo que pudiesen imaginar; por suerte el día estaba nublado, sin embargo el vampiro mantenía un hechizo peculiar en un arete que pendía del lóbulo de su oreja izquierda; cabello negro y prendas rudas pero muggles (jeans negros, botines para motocicleta y una chaqueta de cuero con cuello prusiano que colgaba sobre el hombro sujetándola con la diestra. La ramera blanca tenía unos manchones de sangre, nada que le importase pues estaba en el comercio negro de la magia) 

 

¡Antigüedades! ¡cuernos de erumpent! ¡pociones por acá! ¡capas de invisibilidad! ¡libros de hechizos de cuarta mano, nadie se dará cuenta! ¡escobas al mejor precio! ¡polvos flú a dos galleones el kilo! ¡cigarrillos de mandrágora! 

 

Y así era como escondían mercancías que seguramente habían sido robadas para comercializarlas lo más rápido posible; no se debían obviar la venta de cuadros con magos famosos, muchas veces falsos como lo eran aquellos con Dumbledore, Tom, Gellert, Harry, Flamel y otros como Hermione, Bellatrix, Leta, en fin. Reconocidas brujas y reconocidos magos en la historia. Tiendas que decían tener fragmentos de las reliquias de la muerte, portales a otros mundos y el que más llamó su atención...piedras preciosas... no por el dinero que podría conseguir al revenderlas, sino por que tal vez encontrase lo que andaba buscando desde hacía años. 

 

Una vez, en aquella dimensión paralela a la que había sido atado el vampiro, había conocido a una mujer a quien recordaba perfectamente, quien a su vez le había contado sobre la existencia de una roca con el poder de alterar la realidad, de quebrar el espacio tiempo y liberar a todos los prisioneros de las dimensiones paralelas para que todos viviesen en armonía y plenitud ¡sin barreras! ¡sin ataduras!... sin lugares donde acabar prisioneros de por vida como lo habían intentado con él. No era que esperase que en aquella tienda olvidada vendiesen la roca, pero las oportunidades se presentan solo una vez en la vida y él, por haber andado comprando muggles para alimentarse, tenía la chance de tal vez... 

 

La campanilla sonó luego de haber empujado la puerta.

 

-Bienvenido al bazar de Melek ¿en qué puedo servirle?- soltó la voz de una anciana encorvada y oculta bajo una tela negra que hacia de capucha. Su huesuda y blanquecina mano se extendió para tomar la del vampiro.

 

-Emiliano Black...- sostuvo el tipo pasando por su lado, dejando extendida la mano de la vieja mientras observaba todo a su alrededor- busco lo más extraño que tenga, puedo pagar un buen precio...

 

-¿Porqué habría de confiar en alguien que no presta su mano ante el saludo de una anciana?...

 

-Porque no eres una anciana...-objetó Emiliano al cabo de sacar su varita y apuntarle con una floritura que formó un remolino alrededor de la supuesta bruja; en su lugar, un hombre corpulento, de tez oscura se dejaba ver ante el vampiro. Medía casi el doble que el mago y cualquiera podría haber apostado por él en una pelea mano a mano, pero la verdad es que aquél tipo era un squib y no se arriesgaría a un encuentro con el cliente que sostenía la varita como ventaja (aún desconociendo la condición de vampiro)- soy un comerciante igual que tú- mintió y se paseó por las estanterías- y ando en búsqueda de algo peculiar...

 

-¿Como qué?...- insistió el gordo al tiempo que cruzaba sus dedos y se frotaba las manos pensando en los galleones que conseguiría.

 

-No lo sé, tú dime...- respondió Emiliano con cierta indiferencia al cruzar las miradas-... pero si no es lo más extraño que tengas, vendré por ti, rajaré tu torso y daré de comer a las criaturas de en frente - amenazó con el local que vendía uno que otro animal mágico.

 

-Bue... bueno- tragó saliva el hombre- lo cierto es que nunca nadie me han preguntado por lo más extraño que tengo en éste local y de hecho usted no sabría jamás si lo que le he vendido es o no lo más raro que tengo en éstos momentos...- Emiliano arqueó la ceja y se acercó en un abrir y cerrar de ojos ante el vendedor- ¡pero espere!, ¡espere!... espere. Tengo algo que tal vez podría interesarle y la verdad es que no es más que una roca ordinaria que a veces cambia la realidad de las cosas- el vampiro se mantuvo atento, ¿sería lo que buscaba?- nada que una varita no pueda hacer ¿no?, sin embargo, la mujer que me la trajo murió apenas me la pasó ¿porqué? ni idea...y la verdad- el vendedor se agachó un tanto para acercarse al oído de Emiliano- temo que alguien más la querrá y como vio, no quiero perder mi vida, así que antes que me la quiten a cambio de ella, prefiero unos cuantos galleones...

 

Emiliano oyó lo necesario para decidir qué hacer al respecto y tal vez haya sido un error el venderse tan fácilmente, pero si esa era la piedra que buscaba, sabía dónde encontrar a Bietka y ayudarle a liberar un sin fin de mundos a cambio de lo que más preciaba en la vida; volver a ser un mago común y corriente. Ya si la demonio le había mentido o no, era otro lío y aún así, el vampiro no era alguien fácil de matar. 

 

-Tengo un galleon...- dijo el mago mientras buscaba en su jeans y sacaba la moneda que lanzó a dar un par de vueltas en el aire con el pulgar para agarrarla nuevamente. El vendedor rió.

 

-¿es una broma?...

 

-Si sale cara te asesino lentamente y si sale sello, la moneda es tuya...- continuó diciendo el vampiro sin importar la reacción del tipo frente a él. 

 

-¡¿Me está tomando el pelo?! - el vendedor era calvo. Emiliano soltó una carcajada en son de burla y lanzó la moneda al aire pero la dejó levitando y dando vueltas sobre su eje tras una ágil floritura de su varita. 

 

-Dígame señor, dónde está la piedra...

 

-¿Después de todo ésto? ¡jamás!...

 

-Supongo que será aquella que cuelga de la cadena al cuello...-continuó para dejar caer la moneda en su palma derecha- ¡que suerte la suya! ha caído en sello, tenga el favor...- finalizó el vampiro lanzado el galleon con tanta velocidad y fuerza que atravesó la frente del vendedor como un proyectil muggle. Algunas gotas de sangre salpicaron su rostro...

 

sangre...

que....

se desvaneció....

 

La piedra había hecho lo suyo y Emiliano era un tipo astuto pues solamente había obligado al vendedor a hacer uso del poder que tenía la roca. El gordo corría sudoroso por una puerta de escape por la cual fue perseguido entre la gente que poco le importaba lo que estuviese pasando pues así eran las cosas muchas veces en aquél lugar del mercado negro de la magia. Tampoco sería tan tonto de gritar al mundo entero que le querían robar una preciada gema, leyenda de la magia genuina del cuál dependía el mundo mágico. Por otro lado, en aquella persecución, Emiliano seguía dudando de si estaba o no corriendo de verdad, puesto que al conocer el poder de la piedra por lo que le había contado Bietka, todo lo que pasara en su presencia podría ser falso... y así fue. Con lo que no contaba el vendedor, era que el poder solo duraba unos segundos...

 

-¡Vaya!- exclamó el mago observando que aún se encontraban dentro del local con la moneda suspendida en el aire- con que ésta es la famosa roca...- el vendedor le observaba tembloroso de no perder la vida, pues había visto lo que hubiese pasado si caía en sello- podría asesinarte ahora ¿sabes?, pero si lo hago llamaré la atención de quién venga aquí por ella- continuó hablando mientras tomaba asiento en una vieja silla de mimbre- me darás la piedra, nunca la tuviste y....mmm... te quedarás con la moneda, ¿estamos squib?

 

-¿Squib?... - preguntó el hombre- ¿cómo lo supo?...

 

-Los huelo...-sonrió el vampiro. 

 

 

***

 

El vampiro sabía dónde encontrar a Bietka, o al menos donde preguntar por ella y desconociendo lo que pudiese entregarle el futuro, se embarcó aquella noche para atravesar medio océano y entrar a las famosas tierras del norte cayendo en picada sobre un desolado castillo flotante. 


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#10 Arya Macnair

Arya Macnair

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Escrito 20 marzo 2019 - 04:40

Varita en mano se mantuvo en silencio. Corrió los muebles de un solo movimiento, casi los pegó contra as pedregosas paredes de aquella desvencijada torre, despejando por completo el centro de la sala. Evitaba mirar a nadie en específico, sentía cierto temor por lo que haría más no deseaba admitirlo; la primera vez que recurrió a tan antiguo y experimental ritual, hace años, fue para revivir a Laura y aquello no había salido nada bien. Ahora, con más experiencia, intentaba confiar en su aprendizaje. Dejó en el centro dos mesas largas, completamente nuevas, que sostendrían el peso de los cuerpos durante todo el ritual. 

 

Castalia debería despojarse de sus prendas banales para hacer uso de un fino y blanco camisón, parecía trillado, pero así dictaba el encantamiento por el que Macnair se estaría guiando en todo momento. En su mano izquierda sostenía un gran libro antiguo que desprendía, además de aroma a humedad, vibraciones; de no ser porque éste se mantenía flotando mediante magia quebraría la muñeca de la bruja como una seca rama de árbol debido a su peso. 

 

Rohana también se había cambiado como se lo pidió y permanecía cerca de Aidan. En toda la habitación parecía la persona más fuerte y aquello era increíble debido a su edad. Todos intentaban protegerla, incluso Arya, pero las cosas aun seguían saliéndose de control. Sebástian, por su parte, mantenía la postura de su hermana, no miraba a nadie en específico más si alguien reparaba en sus ojos grises fácilmente se podía ver cómo se le estaba partiendo el corazón en mil pedazos. 

 

Todo estaba listo, el norteño se acercó a Castalia, era su parte del trabajo, tendió una mano para acompañarla hasta la mesa donde debería recostarse, junto cuerpo inanimado de una Emma sin alma y cuando la mujer se sentó algo incómoda sobre la dura madera se acercó a su oído —mientras todos parecían sumergidos en su propio momento personal— y le susurró una única frase antes de dar paso a su hermana y pasar a formar parte del decorado hasta que le tocase llevarse nuevamente a la Lycan a los cuartos superiores. 

 

"Eres tú, no lo olvides, únicamente tú. Castalia Croft". Él no amaba a nadie más. 

 

Isthar apartó a Rohana del vampiro con delicadeza, él estaría pronto con ella, solo debía esperar. Y parada entre medio de ambos elementos fundamentales, apretó la mano de su sobrina ¿o prima? y con la voz algo ronca por el esfuerzo habló:

 

—Ésto no va a dolerte, pero sí te sentirás vacía, triste, quizás hasta un poco confundida— trataba de explicar a la muchacha qué sería lo que pasaría una vez extrajese el alma de Sybilla del cuerpo de Castalia y luego hiciese uso de su propia vitalidad para animar el cuerpo creado por arcilla. Y no le mentía, aquel conjuro lo conocía perfectamente, lo había hecho con Leah y Baleiro cuando éste nació, por culpa, y así se hubo sentido desde el minuto cero en que un fragmento de su alma ancló en la bruja y su pequeño bebé para traerlos de regreso. 

 

—Por la cantidad de energía que Cissy necesitará de ti, al final, te sentirás cansada. No luches contra eso ¿vale? Aidan te llevará al cuarto de arriba tan pronto como te quedes dormida, aun puedes decir que no Rohana, nadie te está obligando. 

 

Pero como era de esperarme ella se negó, era incapaz de renunciar a su palabra, como digna Macnair. Por lo tanto Arya se dispuso a dar comienzo. La más joven de las tres permaneció sentada junto al cuerpo inanimado de arcilla, la pelirroja mantuvo su sitio en medio de las mesas al tiempo que extraía de su cintura la, ya conocida, daga ceremonial con hoja de cristal. Colocó el objeto de forma recta sobre la palma de su mano, casi en un susurro recitaba palabras en Valyrio. Una diminuta gota de sangre mano de la piel, en torno a las cuatro mujeres se formó un círculo azulino , en el suelo. A ojos de todos los demás sería un simple dibujo pero ante los ojos, verdes, de Macnair sería una barrera translúcida que nadie podría pasar, salvo miembros del cónclave. 

 

—an anam nach mbaineann leis an gcomhlacht— Susurró. La daga recostó el filo sobre la palma y el corte fue un poco más profundo. La dejó caer al suelo pero no emitió sonido alguno, cosa curiosa, solo desapareció. Colocó la mano herida sobre la frente de Castalia, la mujer llevaba unos segundos en trance, tras las palabras iniciales. El corte había trasmutado a la palma sana, las gotas de sangre ensuciaban el suelo, rápidamente estiró la diestra y la posó sobre el pecho del cuerpo de Emma, éste vibró, de haber estado vivo habría convulsionado. 

 

ní mór don chomhlacht imeacht. Ach ós rud é nach féidir leis fánaíocht a dhéanamh, ní mór an corp a dhaingniú.

 

A diferencia de Rohana, la morena sí sentiría dolor. Su alma estaba casi fusionada con la de Sybilla y el hecho de arrancarla causaría sensaciones insoportables. Sería capaz de experimentar una mano fantasmal perforando su pecho, extrayendo su corazón, y sacándolo al exterior dejando un inmenso hueco que se llenaría de aire helado. Luego, como cualquier persona sometido a un proceso traumático, se desmayaría. Hasta entonces seguirían sin tener noticias de la Matriarca Macnair. 

 

Isthar alzó la vista, buscó la mirada de su hermano y éste actuó de inmediato. La barrera cayó, aunque nadie la vio en ningún momento. Sebástian corrió para tomar a Castalia en brazos, por un instante se detuvo a contemplar como el pecho de Emma que comenzaba a moverse suavemente —se le fue el aire— y recobró el caso para continuar con su parte del ritual. Un segundo después desaparecía escaleras arriba para cuidar de Croft. 

 

Besó la frente de Rohana, le devolvió una dulce sonrisa y tocó su pecho con el índice. Tenía ambas palmas sanas ahora. Y se abocó al cuerpo que cobraba un tono natural y dejaba atrás la dureza de la arcilla. El cabello oscuro de Emma cobró brillo, sus labios color, en el pecho le palpitaba un corazón pero seguía siendo un envase vacío hasta que la joven bruja entrase en juego. Las palabras de Arya fueron subiendo tono, tornándose duras, firmes, en ese punto sería que Rohana sentiría un curioso vacío en su interior pero no específicamente en el pecho, sino que se iría extendiendo por todo el cuerpo hasta que fuese reemplazado por tristeza. 

 

—Aidan— Proclamó Arya llamando a su sobrino, la castaña cayó dormida en brazos del muchacho y fue la segunda en desaparecer de la sala. 

 

¿Qué había sucedido? cuando la pelirroja separó el índice del pecho de Rohana consigo se llevó una pequeña estela brillante, un fragmento de su alma y espíritu, y lo depositó en el pecho de Emma para que Sybilla se alimentase de él y lo hiciese crecer dentro suyo. Aquella sería la recuperación más rápida puesto que cuando estuviesen completamente solas utilizaría uno que otro truco de debajo de la manga para agilizar el proceso. Ventajas de ser Isthar. Para apresurar el encuentro.

 

Estaba lista. Se dejó caer pesadamente sobre la mesa que Castalia ocupó, algunas manchas de sangre habían ensuciado la superficie, estaba cansada. Por un momento sintió también que se desmayaría o que estaba a punto de vomitar, había utilizado absolutamente todas sus fuerzas y llevado su magia hacia un extremo quebrantable. Pero resistió, debía hacerlo, al menos hasta que Sybilla se plantase frente a ella y sucedieran dos cosas: La matase o le pidiese explicaciones

 

Había dejado el vicio, la mala vida, más no lo pudo evitar. Sebástian había dejado la cajilla de cigarros en una silla, tomó uno, la ventana seguía abierta, el frío que provenía de fuera era insoportable, le helaba los huesos, aunque por algún motivo —seguramente agotamiento— no era capaz de sentirlo aun. Encendió el cigarro con lentitud, como si se moviese un caracol, y fijó la vista en Cissy cruzando sus piernas, era cuestión de minutos. 

 

Y cuando despertase, el verdadero problema no sería enfrentarla, sino oír como todos arriba intentaban bajar en su ayuda y descubrían poco a poco que les era negada la salida. 

 

@Cissy Macnair


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@  Neotrix : (21 mayo 2019 - 06:06 ) buenas gente!
@  Mia. : (21 mayo 2019 - 02:59 ) :ninja:
@  Mia. : (21 mayo 2019 - 02:59 ) .ninja:
@  Alessandra G... : (20 mayo 2019 - 02:17 )
@  Alessandra G... : (20 mayo 2019 - 02:17 ) ♥♥
@  Alessandra G... : (20 mayo 2019 - 02:17 ) ♥♥♥
@  Alessandra G... : (20 mayo 2019 - 02:17 ) ♥♥♥♥
@  Alessandra G... : (20 mayo 2019 - 02:15 ) ♥♥♥♥♥
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@  Alessandra G... : (20 mayo 2019 - 02:10 ) ♥♥♥♥♥♥
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@  Alessandra G... : (20 mayo 2019 - 02:10 ) ♥♥♥♥
@  Alessandra G... : (20 mayo 2019 - 02:09 ) ♥♥♥
@  Alessandra G... : (20 mayo 2019 - 02:08 ) ♥♥
@  Alessandra G... : (20 mayo 2019 - 02:08 )
@  Mia. : (20 mayo 2019 - 12:02 ) .
@  Reacon : (19 mayo 2019 - 08:46 ) :ninja:
@  Juliette Mac... : (19 mayo 2019 - 04:43 ) Te acostumbras a mis ausencias, son los gajes del matrimonio (???)
@  Eobard A. Bl... : (19 mayo 2019 - 04:40 ) Uno se acostumbra. (???)
@  Juliette Mac... : (19 mayo 2019 - 04:37 ) Te he dejado sólo y abandonado, perdón (?)
@  Eobard A. Bl... : (19 mayo 2019 - 04:24 ) Un par de lunas, y quizá un eclipse. (?)
@  Juliette Mac... : (19 mayo 2019 - 04:23 ) indi si iff.
@  Aaron Black... : (19 mayo 2019 - 04:18 ) Hey cómo van ? :D ! (Ando de off (?)) Jaja
@  Juliette Mac... : (19 mayo 2019 - 04:16 ) Querido, @Eobard ...tantas lunas.
@  Eobard A. Bl... : (19 mayo 2019 - 04:09 ) .
@  Juliette Mac... : (19 mayo 2019 - 04:08 ) :perv:
@  Aaron Black... : (19 mayo 2019 - 03:40 ) :ninja:
@  Mia. : (19 mayo 2019 - 01:02 ) .
@  Sol Lestrang... : (18 mayo 2019 - 09:27 ) :love:
@  Eobard A. Bl... : (18 mayo 2019 - 05:32 ) .
@  Aaron Black... : (18 mayo 2019 - 04:36 ) :o
@  Mia. : (18 mayo 2019 - 04:55 ) ..
@  Eobard A. Bl... : (18 mayo 2019 - 04:28 ) .