Ir al contenido


Conoce el nuevo contexto de rol global de la Segunda Temporada de Rol en la CMI. Link

Foto

Magia Avanzada XLIIProfesores: Eobard A. Black Lestrange - Anne Gaunt


18 respuestas en este tema
  • Este tema está cerrado Este tema está cerrado

#1 Eobard Thawne

Eobard Thawne

    Mago experto

  • Magos Expertos
  • PipPipPipPipPipPipPipPipPipPip
  • 3.339 mensajes
  • 5.445 points
    • Gender:Male
    • Location:Central City, 2049.

    Casa de Hogwarts:
    Slytherin

    Orden de la Cruz Dorada
    Galeones: 140110





Escrito 01 mayo 2019 - 18:49

Impartir clase en Hogwarts, siempre le sacaba una sonrisa de oreja a oreja cada que recibía la misiva de los directivos, pidiéndole que se hiciera cargo. Desde luego que, sus últimas experiencias no habían sido las mejores, y deseaba que su suerte académica cambiara un poco. Así que, sus esperanzas yacían en el grupo que le había sido confiado. Y en su modesta experiencia transmitiendo parte de sus conocimientos para la supervivencia de sus alumnos.

 

Los citó con premura, a través de una lechuza enviada a cada una de sus viviendas, al pie de las escaleras del Banco Mágico de Gringotts, con la idea de comenzar a las ocho de la mañana. Ni un minuto más, ni un minuto menos. Compartiría clase de nueva cuenta con Gaunt, por lo que esperó que no sufriera ningún imprevisto.

 

En cuanto se cumplió el plazo, y consideró que el alumnado era suficiente para iniciar la travesía, dio un paso al frente, carraspeando para aclarar su voz y saludar al futuro de la comunidad mágico. Los duendes, apostado a ambos lados de la escalinata, no se inmutaron ante la aglomeración de gente; estaban acostumbrados a recibir visitas a esas horas.

 

   Bienvenidos, sean bienvenidos todos ustedes, al Callejón Diagón. -extendió ligeramente los brazos, a manera de abarcar el espacio en el que se habían reunido.    Pero eso ya lo sabían, ¿no es verdad? Imagino que muchos han visitado este corredor más de una vez, ya sea por curiosidad o por necesidad. Y, ¿quién sabe? Hasta visitaron el Callejón Knockturn...

 

Comenzó a rondar por el reducido grupo de personas postradas frente a la banca mágica. Seguro habría una que otra expresión de desvelo, por la hora de clase. Estaban en el momento de las presentaciones, pero no quería caer en lo mismo que ocasiones anteriores; existía la posibilidad de que ya todos se conocieran, y aquello estuviera de más.

 

   Mi nombre es Eobard Black Lestrange, y junto con mi compañera, Anne Gaunt, coordinaremos su aprendizaje en este nivel. Pueden presentarse, pero, creo que la mejor tarjeta de presentación es su destreza ante las situaciones que encontrarán más adelante.

 

Aguardó unos momentos, para ver si alguien quería presentarse, y tras ello, regresó a su posición, al pie del primer peldaño. Su túnica, tan larga que rozaba el adoquín de piedra, emitió un par de chispas al movimiento. Se acomodó la montura de las gafas sobre la nariz antes de proseguir con la clase. Quizá estaba un tanto acostumbrado a grupos más reducidos, pero esperaba poder manejarlo sin que las cosas se salieran de control, como casi siempre sucedía.

 

   Gringotts fue fundado en el siglo quince, pero no fue hasta la segunda mitad del diecinueve, que el Ministerio de Magia lo cedió a los duendes, convirtiéndose así en una institución independiente. -explicó, rememorando los datos que había leído acerca de la elegante edificación de mármol que brillaría en cuanto el sol alcanzara la fachada.

 

Como no tenía intenciones de revelar que su empleo, y la razón por la que los había traído ahí, estaba relacionado con la gestión de la economía de la comunidad, decidió dar una pasable justificación. El banco había sufrido dos grandes altercados hacía décadas, y no tenía ganas de propiciar otro al dar más información de la cuenta. Esperaba que ninguno hubiese olvidado la varita, porque de lo contrario, no podrían pasar del punto de control en el vestíbulo.

 

   Se ha preparado un pequeño tour dentro de las instalaciones. Esto normalmente no se le permite a nadie, y ha sido una retribución por una consulta que me hicieron hace tiempo. Así que, si están listos, ¡sigamos! No se olviden de leer la bienvenida.

 

Indicó con una cabezada el letrero de advertencia sobre sus cabezas, por si alguno de ellos tenía la intención de hacerse con un tesoro personal.

 

Oig0yX6.gif

RoYj4Ub.jpg

DhdPoEA.gif

6zgFTe2.gif


#2 Alondra L. Santoro

Alondra L. Santoro

    Muggle

  • Magos
  • 80 mensajes
  • 1.866 points
    • Gender:Female
    • Location:Milan, Italia

    Casa de Hogwarts:
    Ravenclaw

    Unicornios de Bronce
    Base
    Galeones: 2720




Escrito 06 mayo 2019 - 13:02

Se miró en el espejo, y una suave sonrisa apareció en sus labios rojos, el resultado de su reflejo la dejo satisfecha, sus cabellos castaño oscuro estaban sueltos y caían semiondulados por sus hombros, sus mejillas sonrosadas, sus ojos de azul mar brillaban emocionados delatando sus sentimientos en aquel momento. Ese día comenzaría su nueva clase en Hogwarts, la primera había resultado muy enriquecedora, a pesar de ciertos percances, había terminado de manera muy satisfactoria en todos los aspectos. Aquella idea hizo que  nuevamente sonriera, aquella idea que paso por su mente hizo que su corazón se acelerara de golpe.

 

--¿Quieres calmarte? —se dijo si misma soltando una suave risa – Debes ser menos obvia…-- siguió hablándole a su reflejo—Aunque hoy todo puede pasar…—guiñó a su propia imagen, se retocó el brillo labial y aliso su vestido color azul marino con flores blancas, guardo varita y todo lo necesario en su pequeña mochila dispuesta a dejar su habitación en el castillo Triviani.

 

--¿Hablando sola Luce?—preguntó Noah su  elfina apareciendo de la nada haciéndole dar un suave bote por la sorpresa.

 

--Vas a matarme algún día…-- reprochó la bruja intentando parecer seria, pero poco le duro aquella actuación.

 

--Eso en ti nunca es buena señal—continuó la criatura sin prestar atención al reproche de su ama.

 

--¿No puedo estar solo feliz de volver al colegio? – intentó justificarse con pocos resultados, ya que Noah la miró acusadora.

 

--Me alegro que estés feliz bambina, se te nota en la mirada—afirmó sin quitarle la vista de encima. –¿Algún motivo en especial?

 

--Ya te contaré después, se me hace tarde—Escapó la chica sonriendo mientras apresuradamente dejaba la habitación rumbo al callejón Diagon, Gringgots era su destino.

 

**~~**

 

Sus pasos la llevaron a aquel lugar mágico,  pocas veces había salido del castillo y una de ellas había sido justo a aquel lugar, un trámite del ministerio la había llevado hasta ahí, en esta ocasión conocería uno de los lugares más emblemáticos, el Banco de Gringotts sería fácil de encontrar. Y así fue, al dar la vuelta en una de las calles la primera imagen fue justo aquel enorme edificio de mármol blanco, una flamante sonrisa iluminó su rostro.

 

Avanzó de forma segura hasta la entrada donde un grupo de magos parecían estar en espera, lo cual la hizo pensar que justo eran los que buscaba, se acercó hasta ellos, algunos rostros conocidos, que le hicieron sonreír con mayor entusiasmo. En cuanto el reloj marcó las 8:00 en punto un hombre tomo la palabra dándoles la bienvenida.

 

 

--Buenos días,  soy Alondra Luciana Santoro…mucho gusto-- se presentó con total educación a los que no conocía entre ellos los mismos profesores. y murmuro un suave <<Hola>> al chico a su derecha.

 

Las explicaciones comenzaron con algunos detalles interesantes del lugar, su fundación y por quien era dirigido, llego la siguiente instrucción, haríamos un recorrido por las instalaciones. Alondra suspiro, gustaba de aquellas visitas, el arte se podía respirar con la sola fachada del edificio, no imaginaba cuanto más podría albergar. Las puestas de bronce se abrieron ante ellos, mostrando el lugar en su máximo esplendor.


Editado por Alondra L. Santoro, 07 mayo 2019 - 13:40.

5ISpUW0.jpg

uGSfO2w.gif


#3 Gabriel W Diggory

Gabriel W Diggory

    Primer año

  • Magos
  • Pip
  • 110 mensajes
  • 2.640 points
    • Gender:Male

    Casa de Hogwarts:
    Hufflepuff

    Unicornios de Bronce
    Galeones: 1300




Escrito 07 mayo 2019 - 03:00

Me sentía el ser más idi*** del universo. Había cursado tres veces mi quinto año en Hogwarts y el  séptimo pintaba para el mismo lado. Supe que mi tío Amos había salido de viaje, eso me relajaba un poco, aunque Kato estaba como loco. Había tenido que evitar veinte veces que se aplastara las orejas por no mandarme a tiempo a clases, ni que fuera su culpa.

 

Tomé un cigarrillo de mi gaveta y cuando iba a encenderlo, frente a la ventana un ave entró volando hasta posarse junto al atado. Miré al ave y busqué una de las golosinas que tenía para estas ocasiones, la cual se la ofrecí a cambio de su misiva, el sello de Hogwarts. Aleluya. El ave comió y voló, típico. Un nuevo dúo de profesores me llamaba a cursar, esta vez no podía fallar.

 

Volví a leer la misiva y me sorprendí, la cita esta vez era en medio del Callejón Diagón, en el Banco de Gringotts, genial, podría aprovechar a retirar algunos galeones para hacer algunas compras, cuando acabara la clase. Mañana debería madrugar, no quería correr el riesgo de volver a llegar tarde.

 

O0o.---.o0O

 

Kato me había preparado un café con tostadas a las siete en punto, mientras me duchaba, al salir estaba todo listo, mis jeans, unos zapatos negros, la camisa blanca, un saco sport, junto a la mochila que contenía los pergaminos, plumas y mi varita. Desayuné tras vestirme y echarme un poco de perfume, cargué una manzana en la mochila, un tentempié como quien dice y tras terminar un par de tostadas y mi taza de café salí disparado hacia el  callejón.

 

Milagrosamente llegué a horario, solamente había  una de mis compañeras, era más común que el resto de las mujeres que había conocido hasta ahora en mis días en Ottery. Lo más llamativo eran sus ojos, me recordaban el mar reflejando una mañana de verano.  Ella y los profesores, el resto no se hizo esperar, aunque debía confesar, como siempre, era un nuevo grupo para mí, perder tantas clases hacía eso, no conocer a nadie. Maldije pensando en la bella pelirroja que había conocido hacía tiempo y con la cual no me había podido volver a ver, al menos a su lado hubiera podido conocer  más de este mundo mágico tan ajeno para mí.

 

No sé cuánto pasó cuando parecía que ya estábamos todos porque el profesor hizo su presentación, hizo alarde de sus contactos en Gringotts, nos recordó que leyéramos el “amigable” cartel de bienvenida. Qué lindo que te amenacen si intentas robar, mi familia tenía suficientes galeones, claro que yo no, pero igual, yo sabía cuál era mi lugar. Lo siguiente fueron nuestras presentaciones. La castaña fue la primera. Devolví la sonrisa a Alondra antes de proceder a presentarme.

 

—Gabriel Walter Diggory, pueden llamarme solo Gabriel o Señor Diggory —agregué dirigiéndome al profesor de las gafas, que parecía, a la vez, tan joven y tan formal. Analicé el rostro de la que sería la profesora y la encontré casi tan bonita como a Alondra, me gustaba su nombre, sonaba tan musical y angelical. Además, era de familia italiana, como mi madre, y eso, amigos míos, le daba un buen punto de ventaja para mí.

 

La excursión por Gingotts sí sería más que interesante, la historia del lugar estaba segura era más que interesante y aunque no me interesaba hacerme con sus tesoros si me atraía saber de sus misterios y eso era algo que me atraía aún más que las mujeres. Esto podía ser más que interesante. Mi día podía ir por mejor camino hoy, definitivamente.


E2w7oGO.jpg
                                                            ~ Muchas gracias Señorita Sol ~


#4 Dante De Angelis

Dante De Angelis

    Muggle

  • Magos
  • 23 mensajes
  • 135 points
    • Gender:Male
    Unicornios de Bronce
    Galeones: 600




Escrito 07 mayo 2019 - 13:36

¿Gringotts? Justo ahí seria la cita para el inicio del próximo curso, desde siempre aquel lugar había sido uno de mis favoritos del mundo mágico, sus leyendas eran contadas alrededor del mundo, los duendes eran una de mis criaturas favoritas, para mi gusto aquella clasificación les quedaba un poco chica, ya que contaban con una inteligencia superior, así como un agudo sentido de maldad que era de admirarse. Siempre actuaban para su propia conveniencia, aquello era una característica que concordaba con mi propio pensamiento.

 

La mañana había llegado demasiado pronto, apenas había logrado dormir un par de horas, la emoción por conocer aquel misterioso lugar había mantenido mi mente trabajando, y ahora me sentía somnoliento.De uno de los cajones de mi mesa de noche saque una pequeña botellita con una pequeña dosis de poción revitalizante, aquello bastaría para ponerme nuevamente alerta aunado a mi emoción, por fin tendría la oportunidad de vivir esa experiencia y recorrer aquellas instalaciones que siempre habían sido motivo de curiosidad para mí.

 

Tenía que vestirme para la ocasión, un pantalón de jeans gris oscuro, zapatos negros y una camisa blanca, eran la elección del día, mis cabellos castaños oscuros perfectos y en su lugar, jamás perdería el estilo, ni aquel toque elegante que me caracterizaba.

 

No tarde mucho en llegar al callejón vía red flu, de momento era mi mejor opción, había tomado la precaución de usar un hechizo simple que protegería mi ropa de aquel molesto hollín que acompañaba a aquellos viajes. Caminé de prisa por aquellas pequeñas callejuelas, llenas de locales, al ser temprano, eran muy pocos los negocios ya abiertos, consulte mi reloj, aún era temprano, así que me tome unos minutos para pasar por una de las cafeterías y dotarme de un expreso doble, perfecto para alejar cualquier rastro de sueño que aun pudiera quedar en mi cuerpo.

 

Café en mano miré aquel hermoso edificio, brillando, reflejando los rayos del sol de la mañana, ahí, ya reunidos  algunos alumnos y profesores, reconocí a una en especial, aunque me extraño verla sola, levanté la ceja y una sonrisa se dibujó en mis labios, me acerqué hasta ella y con aquella sonrisa impecable que me caracterizaba le di los buenos días.

 

-- Buon giorno, bella – saludé en nuestro idioma, sus ojos azules como el mismo cielo, brillaron al escucharme, probablemente también extrañaba aquel acento. La mirada del resto se posó en mi por lo que me dispuse a dar un saludo general incluyendo mi nombre. – Buen día compañeros, profesores, mi nombre es Dante De Angelis. –Terminé  y volví nuevamente mi atención a la dama a mi lado, regalándole un guiño cómplice, vaya que era hermosa.


Editado por Dante De Angelis, 07 mayo 2019 - 13:38.

f9HqkeW.jpg

SOY LO QUE QUIERO SER


#5 Anne Gaunt M.

Anne Gaunt M.

    Eminencia

  • Moderadores
  • PipPipPipPipPipPipPipPipPipPipPipPipPipPipPip
  • 15.042 mensajes
  • 29.347 points
    • Gender:Female
    • Location:Somewhere between the sacred silence and sleep ♫

    Casa de Hogwarts:
    Ravenclaw

    Orden de Merlin
    Nigromante
    Galeones: 408110





Escrito 07 mayo 2019 - 21:23

Casi no le dio tiempo a pestañear antes de darse cuenta de que aquella mezcla era letal. El caldero empezó a tambalearse mientras bullía escandalosamente, derramando su contenido por todas partes. Su fénix, que hasta el momento había estado dormitando en el amplio espacio que la Gaunt le había procurado en su propia habitación, junto a una amplia ventana que siempre estaba abierta para él, gritó y salió volando hacia el exterior, como prediciendo la tragedia.

 

Anne saltó hacia atrás con la varita en alto y necesitó un par de hechizos para contener la explosión. La reacción empezó a remitir lentamente hasta que todo se calmó y ella pudo respirar tranquila. Con cautela, se asomó al interior del caldero y se tapó la nariz: la mezcla había pasado a ser una apestosa viscosidad de color verdoso oscuro que hizo desaparecer con magia mientras la puerta de la habitación se abría lentamente.

 

¡Pero qué es eso! ¡Qué asco, por favor!  —gruñó un anciano de pelo canoso mientras se tapaba la nariz rápidamente y entornaba los ojos. Anne le miró sin decir nada—. Me da que hemos estado a punto de volar por los aires... ¿experimento fallido, hija?

 

Ella bufó por toda respuesta y el hombre sonrió, aún con la nariz tapada. Las gafas se le habían escurrido casi hasta la punta, lo que le daba una apariencia simpática y despreocupada. Paseó por la habitación mientras Anne seguía afaenada en limpiar la pequeña tragedia.

 

Hija, tienes aquí una notificación de Hogwarts —anunció el anciano—. Y está sin abrir —Anne siguió a lo suyo, lo que hizo que el hombre se impacientara. Abrió el sobre sin pedir permiso—. ¡Anne, Anne! ¡Deberías estar impartiendo clase!

 

Aquello sí despertó de repente a la mujer, que dio un brinco y se olvidó del desastre. Tomó la notificación con los ojos abiertos como platos.

 

iMaldita sea! ¡No la había visto! Me voy, me voy —miró a su alrededor, ceñuda—. Papá...

 

— Descuida, yo me ocupo. ¡Eh! Tu capa.

 

Anne sonrió al anciano. ¿Se podía querer más a alguien, a parte de a un hijo? Suspiró mientras tomaba la capa de manos del nipón y le besó con cariño la mejilla. Y luego desapareció con un chasquido.

 

 

Según la notificación, se verían en el callejón Diagon, concretamente en Gringotts. Anne no sabía qué tendría pensado para la ocasión su compañero, que volvía a ser Eobard, pero le gustaba compartir un rato más con él a pesar de que hacía mucho desde que habían mantenido una relación más o menos cordial. El tiempo pasaba casi sin que fueran conscientes de ello y sus caprichos eran muchos y muy variados.

 

Lo vislumbró en la entrada del Banco, rodeado de alumnos. Se quedó detrás, con la capa sobre los hombros y la capucha quitada. Llevaba el pelo como ya era habitual en ella: corto y plateado. Sus ojos grises acompañaban aquella imagen de mujer madura y responsable, que era auténtica hasta cierto punto. Aunque ella no lo reconocería jamás.

 

Alzó una mano para saludar al hombre cuando alcanzó a escuchar que les indicaba que era momento de pasar. Decidió que era el momento de presentarse.

 

Buenos días, alumnos. Disculpad la tardanza... problemas de trabajo —se excusó—. Soy Anne Gaunt, compañera del profesor Black Lestrange en esta tarea de guiaros en vuestro aprendizaje mágico. Adelante, os sigo —les indicó, quedándose atrás. Luego intentó acercarse a Eobard—. Discúlpame, compañero. He tenido un pequeño descuido... no vi la notificación. Soy un desastre —suspiró. Pero esbozó una suave sonrisa—. ¿Qué planeas hacer aquí? ¿Los duendes están de acuerdo?


AYlDcNN.gif


oizsVNM.jpg

 


#6 Hideki Hattori

Hideki Hattori

    Muggle

  • Magos
  • 26 mensajes
  • 628 points
    • Gender:Male
    • Location:Japan

    Casa de Hogwarts:
    Gryffindor

    Unicornios de Bronce
    Galeones: 1600




Escrito 10 mayo 2019 - 03:55

La luz del sol todavía no se asomaba por mi ventana, llevaba horas rodando en la cama sin poder dormir y solo había un pensamiento en mi cabeza que no paraba de inquietarme. La vez pasada en su clase había conocido a una chica bastante peculiar que encajaba en muchos de mis gustos sin embargo era peligroso el fijarme en alguien, sabía que dentro de unos años quedaría completamente ciego y no sería fácil de explicarle a una "novia" ese asunto. Por esa razón yo era el ser más maravillado de todo el mundo mágico, disfrutaba de las pequeñas cosas a mi alrededor y amaba los colores que se presentaban ante mi ya que definitivamente iba a extrañar aquello.

 

Una idea rondaba mi cabeza, ya no iba a poder ver a aquella chica con la que había compartido durante mi quinto curso en Hogwarts. Ya no iba a poder mirar sus ojos azules y su sonrisa, eso provocaba en mi cierta tristeza. Con desgano me levanté de la cama y decidí mirar por la ventana hacia uno de los jardines en el castillo Gaunt, afuera todo estaba apacible y cubierto de la neblina matutina que por lo general humedecía mi cabello cuando salía a correr; ese día ni siquiera tenía ganas de salir. Era uno de esos días malos en donde recordaba mi pasado y pensaba en mi futuro y por ende la nostalgia y tristeza se apoderaba de mi estado de ánimo.

 

Con desgano fui a ducharme, después de eso me vestí con un par de jeans y un suéter verde de gran ancho a manera de camiseta. Faltaba poco más de una hora para mi clase así que bajé a desayunar algo que los elfos prepararon para mi, una de las elfinas se había encariñado conmigo al parecer ya que siempre estaba al pendiente de mi alimentación. En ese momento pensé en mi madre adoptiva, Anne, a quien había comunicado un día antes que esa mañana me tocaba el tomar clases.

 

Al terminar mi avena agradecí con una venía a los elfos que me habían atendido y después de terminar de arreglarme y tomar mi varita puse pies en polvorín para dirigirme hasta Gringotts, al llegar noté la presencia de mi profesor y de algunos alumnos. Alondra se encontraba ahí, ese vestido azul de florecitas blancas era adorable y me quedé un momento en silencio admirando la simplicidad del diseño. Cuando llegó mi momento de presentarme soné mucho más depresivo de lo que estaba.

 

-Mucho gusto a todos, soy Hideki Hattori.-Me presente sin saber que más decir y me quedé lejos de todo el grupo hasta que la silueta de una mujer  me hizo acercarme y mostrar una sonrisa tenue en mis labios. Efectivamente, era Anne.

 

No sabía que iba a ser mi profesora hasta que la vi ahí, pero anteriormente el profesor la había nombrado, aunque en realidad yo pensé que el haber escuchado su nombre había sido una jugarreta de mi imaginación. ¿Que tendríamos que hacer en aquel lugar? Sin más me dirigí al letrero que había señalado el profesor y lo leí cruzándome de brazos, guardé silencio y esperé que nadie se me acercara ya que en realidad me sentía vulnerable aparte  de que un chico ya se encontraba charlando con Alondra... quizá así era mejor.


ORh6kyk.png
S0GYAwr.jpg


#7 Gabriel W Diggory

Gabriel W Diggory

    Primer año

  • Magos
  • Pip
  • 110 mensajes
  • 2.640 points
    • Gender:Male

    Casa de Hogwarts:
    Hufflepuff

    Unicornios de Bronce
    Galeones: 1300




Escrito 11 mayo 2019 - 03:41

Si la italiana me había caído bien, el escuchar hablar en ese idioma me cayó aún mejor, aunque el hombre que saludaba, en primer lugar a la misma muchacha de ojos de cielo, me recordó demasiado a mi padre, por su porte. Hice una amable inclinación de cabeza cuando se presentó, pocos minutos después la voz de otro mago desvió mi atención. ¿De verdad estaban tan mal las cosas? Observé con detenimiento al oriental, estilo sencillo, rasgos de nostálgico enamorado. Esto se pondría interesante, me había parecido que ambos hombres se interesaban en la misma compañera. Bien por ellos, parecían conocerse de una clase anterior. Mala mía por retrasarme, una vez más, en tomar mis clases.

 

Cuando ya estábamos a punto de entrar una dama de plata se presentó como nuestra segunda profesora. La analicé, aparentaba ser la dama seria del grupo, me parecía bien, aunque me sorprendió lo distinta que era a las demás profesoras y profesores que había conocido. Se había disculpado por la tardanza, y eso, en la mayoría de los adultos y más de los profesores que había conocido, no era habitual.

 

Ya que estábamos todos presentados tenía una variedad interesante de compañeros, aunque había sido expulsado de Mahoutokoro, había tenido oportunidad de cursar un año muy interesante en la cultura japonesa. Aunque mi especialidad habían sido las geishas y otras damas de más dudosa reputación en el país oriental. Por otra parte, los dos italianos me recordaban mis años de niñez junto a mi madre en el palacio de su familia. Extrañaba poder estar en ese que había sido mi verdadero hogar, aunque mi tío Amos lograba que me sintiera nuevamente en casa.

 

Al igual que yo la profesora parecía tener raíces en Gran Bretaña, pero el profesor, aunque su tono estaba bastante disimulado, podía notarse el acento brusco de los americanos. Sonreí, Ilvermorny traía recuerdos muy gratos para mí también, aunque dudaba que los profesores pensaran lo mismo. Metí las manos en los bolsillos y encontré algunos chicles y caramelos que Kato había comprado para mí. ¿Sería mala educación mascar chicles mientras paseábamos por el banco? No que fuera a pegar alguno en las antiquísimas columnas ¿verdad?

 

—¿Qué tan profundo nos dejarán llegar los duendes? —pregunté con un interés más que profesional, después de todo, mis pocos galeones estaban allí, pero descubrir qué podían llegar a tener algunas de las familias más poderosas en el lugar, o espiar al menos sus protegidas bóvedas me parecía “divertido”.


E2w7oGO.jpg
                                                            ~ Muchas gracias Señorita Sol ~


#8 Eobard Thawne

Eobard Thawne

    Mago experto

  • Magos Expertos
  • PipPipPipPipPipPipPipPipPipPip
  • 3.339 mensajes
  • 5.445 points
    • Gender:Male
    • Location:Central City, 2049.

    Casa de Hogwarts:
    Slytherin

    Orden de la Cruz Dorada
    Galeones: 140110





Escrito 11 mayo 2019 - 04:22

Anotó mentalmente los nombres de Alondra, Dante, Gabriel y Hideki, que aunque los había leído en sus expedientes, no estaba de más recordarlos. Esbozó una sonrisa de ligera maldad en cuanto sus ojos vislumbraron la advertencia a los ladrones. 

 

Nada más entrar, los rodearon las dos amplias mesas de madera que cubrían el vestíbulo de extremo a extremo, bajo la luz de una elegante lámpara de araña, que en mejores días había sido destrozada por un dragón. El Black Lestrange respiró con tranquilidad, cómodo en su otro lugar de trabajo. Se volvió para dirigirse al grupo de alumnos, a pesar de que el joven oriental se mostraba un tanto distante. 

 

   Eso depende de hasta qué punto sobreviva, señor Diggory.   bromeó con humor moderado. Conforme avanzaran, las cosas se irían dificultando.    Los duendes son recelosos de la seguridad aquí, desde que tres jóvenes se robaron una "espada". 

 

Deslizaba las botas de siete leguas con gracia, avanzando un par de centímetros más que el resto, pero eventualmente fue alcanzado por su compañera, quién parecía un tanto exaltada. Asintió sin gesticulación alguna, pues entendía que no se podía controlar todas las variables. Activó el anillo salvaguarda contra oídos indiscretos para explicarle la situación de la clase a Anne. 

 

   Lo importante, es que lograste llegar. Temía tener que lidiar con ellos yo solo.   rió por lo bajo, pensando en cómo le había resultado en su primera clase.    Sabes que soy un poco más...¿radical? Hay que dejar que afronten situaciones que posiblemente se encontrarán en el mundo real. En cuanto a los duendes, bueno, yo responderé ante ellos en el caso de que se suscite cualquier inconveniente.

 

Cuando menos lo esperaron, ya se habían plantado frente al amplio mostrador, al fondo de la estancia, en el que se sentaba el duende a cargo; para aquel día, era Aracnin, un viejo amigo del Black Lestrange. Éste bajó del taburete en cuanto los vio acercarse, corriendo a abrir la reja que permitía el acceso a los carritos que los descenderían a las bóvedas. Eobard saludó al ente con una reverencia, posteriormente entregando su varita para que fuera cotejada su identidad. 

 

   Él es el duende Aracnin, estará acompañándonos en nuestro recorrido. Si son tan amables de mostrar sus varitas mágicas a estos caballeros, por cuestiones de seguridad. Y en cuanto puedan avanzar, estaremos esperándoles en los carritos. 

 

Se refería a los dos magos de seguridad que flanqueaban la entrada metálica. Cada uno portaba un bastón dorado, más largo que una varita mágica, que servía de detector de magia, para revisar a los visitantes. Quizá sólo se detendrían un poco más con Gabriel, debido a la mochila que cargaba. Recuperó su varita y, en cuanto todos pasaron por revisión, se escuchó el sonido metálico de las ruedas anunciando la llegada de su transporte.

 

    Todos a bordo. La siguiente parada, son las bóvedas de alta seguridad.

 

Lograron acomodarse en dos vagones, debido a que permitían cupo para cuatro personas, más un duende que lo controlaba. Iniciaron el recorrido con cierta brusquedad, debido a las definidas curvas que hacían del trayecto más eficiente para los duendes. Esperó que todos hubiesen desayunado, pues aquello era suficiente para hacer vomitar a cualquiera. 

 

Justo cuando se acercaban a un primer descenso importante en la red de cavernas, un estruendo resonó en la pared de roca. La intensidad fue suficiente para que un par de estalactitas cayeran sobre sus cabezas. Black Lestrange conjuró un Protego sobre su cabeza, como medida rápida, pero seguramente la clase tendría otra forma de defenderse. 

 

Aracnin no tuvo tanta suerte, pues un fragmento más pequeño le golpeó la cabeza y le provocó un desmayo. Tenían ante ellos la primera problemática, pues no había terreno firme ahí, a la altura que se encontraban. Además, el timón había sido dañado, por lo que dudaba que pudiera ser reparado, ya que era magia duendil. El carrito no podría moverse si el duende en cuestión no estaba consciente. Y si no tenían el mecanismo de desplazamiento, tampoco les servía de mucho reanimarlo.

 

   Bien, no podemos quedarnos aquí. Si viene un transporte detrás de nosotros, será un verdadero desastre.   anunció el Black Lestrange, incorporándose sobre su asiento.    ¿Alguna idea que no nos mate a todos?

 

Volvió la mirada a la Gaunt, haciéndole saber con un ligero tic en el ojo izquierdo, que aquello no estaba dentro del plan original.


Oig0yX6.gif

RoYj4Ub.jpg

DhdPoEA.gif

6zgFTe2.gif


#9 Alondra L. Santoro

Alondra L. Santoro

    Muggle

  • Magos
  • 80 mensajes
  • 1.866 points
    • Gender:Female
    • Location:Milan, Italia

    Casa de Hogwarts:
    Ravenclaw

    Unicornios de Bronce
    Base
    Galeones: 2720




Escrito 11 mayo 2019 - 18:47

El saludo de Dante en su idioma, la hizo recordar su hogar, aquello le provocó una dulce sonrisa, que  regaló al mago en respuesta a su saludo. Su concentración se perdió cuando el frío de la indiferencia la alcanzó, Hideki  apenas había respondido a su saludo con una media sonrisa, aquello la descolocó, tenían varios días sin verse y su actitud le tomó por sorpresa, sabía bien que el chico era tímido y callado, pero siempre había sido cálido con ella.

 

La mente de Alondra repasó la última vez que se habían visto, no recordaba que hubieran tenido alguna diferencia, aquello la intranquilizó aún más haciéndola balancearse sobre sus talones en un gesto de preocupación, el chico le gustaba tenía que admitirlo, no era el típico joven que se acercaba a ella con actitud galante e intentando conquistarla. Él era diferente era amable y sutil, jamás se había sentido tan cómoda. ¿Qué había sucedido entonces?

 

Respiró profundamente intentando calmarse ¿Y si no era por algo que ella hubiera hecho? Quizás tenía algún problema, o había tenido un mal día. Lo observó alejarse del grupo. Siguió sus pasos y se concentró en su lenguaje corporal, sus hombros estaban caídos, sus manos en los bolsillos y su andar era lento.

 

Una mujer de porte elegante y muy guapa de apellido Gaunt llegó hasta ellos presentándose como su otra profesora, Alondra le prestó atención, o al menos eso fue lo que intentó, no dejo de notar que Hideki había sonreído mas relajado  al verle llegar,  su mente estaba definitivamente concentrada en el, intentando   así comprender su actitud.

 

No lo pensó mucho, simplemente actuó, sonrió a Dante y al otro chico de nombre Gabriel y se alejó para darle alcance a Hideki que parecía estar sumido en su propio mundo, no estaba muy segura de sí el chico deseaba compañía, sus gestos parecían decir lo contrario.

 

--Hola… --murmuró a sus espaldas, definitivamente el mago no esperaba aquel saludo ya que dio un suave respingo al escucharle. --¿Estás bien? —preguntó preocupada cuando le escuchó suspirar, el mago giró la cabeza y se vio reflejada en aquellos ojos oscuros que parecían algo nublados por la tristeza.

 

La charla no pudo continuar, ya que el grupo debía ingresar al banco, Alondra se mordió los labios y por un momento deseo no tener que seguirlos, Hideki caballerosamente le cedió el paso sin responder a su pregunta, probablemente no era un buen momento, así que la chica decidió aplazar esa platica para cuando la clase terminara, y un mejor momento.

 

El interior del edificio era igualmente hermoso, su ingreso fue inmediato pasando por un largo pasillo donde varios duendes estaban sentados en altos taburetes haciendo tramites a algunos magos afanosamente. Específicamente uno les dio la bienvenida, abriendo la reja de la siguiente sección, el profesor lo presentó e indicó a los alumnos que entregaran la varita para una revisión de rutina.

 

Obedientemente Alondra sacó la suya de su pequeña mochila y la entregó a uno de los guardias para su revisión --Y en cuanto puedan avanzar, estaremos esperándoles en los carritos —escuchó de voz del profesor, intercambio una mirada confundida con Hideki que parecía estar igualmente perdido, no obstante, ambos eran extranjeros y no conocían más que la historia mínima del lugar.

 

El grupo visiblemente emocionado tras recuperar sus varitas, avanzó hasta donde efectivamente un par de carritos los esperaban, aquello le recordó a Alondra un día en la feria muggle donde sus padres la habían llevado a los 15 años, aquel recuerdo feliz le estrujó el corazón, por lo que turbada bajó la mirada soltando un suave suspiro. Se colocó en uno de los carritos y para su buena suerte Hideki tomó el lugar a su lado, aquello la reconfortó, su presencia la hacía sentirse mucho más segura.

 

El trayecto era abrupto, con bajadas y vueltas bruscas, Alondra estaba aferrada al brazo de su compañero, de manera casi inconsciente, cuando se dio cuenta de lo que hacía, sus mejillas se sonrojaron haciéndola ver como una niña pequeña, su mirada se cruzó con al del chico que parecía más relajado que a su llegada murmuro un suave –Lo siento …- y bajó la mirada avergonzada. Un fuerte estruendo sobre sus cabezas los puso alertas, la bruja miró hacia arriba, un trozo de roca venía directamente hacia ellos, de manera inmediata levantó la varita lanzando un sencillo hechizo para repeler aquel peligro.

 

--Depulso…- dijo fuerte y claro mientras el trozo grande de roca se alejaba empujado por el conjuro evitando el carrito. Cerró los ojos y soltó el aire asustada.—¿Estas bien? --Preguntó a su compañero, mientras una punzada en su mano la hizo fruncir el cejo, una de la rocas pequeñas la había golpeado y un hilo de sangre corría de su muñeca hasta su codo goteando.

 

No tuvo mucho tiempo para preocuparse por su mano cuando el carrito se detuvo de golpe, haciéndola lanzar un suave grito, el duende que lo conducía también había sido alcanzado por una roca y yacía inconsciente con la cabeza colgando de lado.  Las palabras del profesor y más aún su gesto le mostraron que aquello era más preocupante de lo que habría imaginado.

 

-- Bien, no podemos quedarnos aquí. Si viene un transporte detrás de nosotros, será un verdadero desastre – comentó el profesor aumentando la preocupación del grupo --¿Alguna idea que no nos mate a todos? – preguntó mirando alternativamente a todos a su alrededor.

 

--Debemos reanimarlo…-- sugirió Alondra alzando la voz—Él debe saber que hacer en caso de que el carro este averiado…-- completó deseando estar en lo correcto.


Editado por Alondra L. Santoro, 11 mayo 2019 - 18:57.

5ISpUW0.jpg

uGSfO2w.gif


#10 Gabriel W Diggory

Gabriel W Diggory

    Primer año

  • Magos
  • Pip
  • 110 mensajes
  • 2.640 points
    • Gender:Male

    Casa de Hogwarts:
    Hufflepuff

    Unicornios de Bronce
    Galeones: 1300




Escrito 12 mayo 2019 - 01:38

Escuché atento lo que me contaba el profesor, hasta qué punto sobreviviera, bueno, si había podido sobrevivir tantos años junto a mi padre, estaba seguro que era capaz de llegar muy adelante en mi vida. Solo tenía un problema, mis permisos de aparición y vuelo, no los tenía en Inglaterra, pero igualmente sabía que la magia no siempre funcionaba bien en Gringotts.

 

Asentí al oír lo de los tres jóvenes, claro, ¿cuándo había sido? Veintiocho años atrás si no me fallaba la memoria y las lecciones de historia. Sí, quizás distara mucho de ser un alumno ejemplar pero prestaba atención a mis clases y más bien mis expulsiones se debían al deleite de saber que mis actos sacarían de quicio a mi perfecto padre.

 

Mientras avanzamos flanqueados por la fila de mostradores hacia donde estaba el que parecía iba a ser nuestro guía, pensaba en la historia del robo de la espada y veía como nuestra joven compañera intentaba socializar con el muchacho oriental. Parecía que se conocían de antes, pero algo parecía no funcionar bien, los observé con cierto disimulo, poco, ok, nada.

 

La llegada al mostrador donde un duende salió a nuestro encuentro cortó mi tarea detectivesca. Observé al pobre duende, no tenía aspecto de araña ¿qué podía haber llevado a sus padres a ponerle semejante nombre? Aracnin.

 

—Un gusto señor Aracnin —dije mientras un nuevo y extraño planteo venía a mi mente ¿existían las duendas? Sabía a quién podría preguntarle, pero dudaba que la bella demonio quisiera saber de mí luego de mi repentina y abrupta desaparición. Mala, muy mala mía.  Cuando por fin alguien me atraía de verdad huía como un cobarde.

 

¿Revisión de varitas? La frase me hizo girarme para observar a los que serían encargados, fruncí el ceño, no me gustaba que tocaran por qué sí mi varita, pero lo entendía. Descolgué mi mochila, abriéndola, el contenido no era el más preocupante, plumas con hechizos de escritura, no necesitaban tinta, pergarminos, la manzana, eso sí era lastimero, parecía que era para el profesor. En este caso con gusto se lo daría a la damita de plata, pero ¡era mi almuerzo!

 

—Con cuidado señores, ella es muy delicada y sensible —guiñé un ojo a los encargados de revisar mi querida varita de laurel. Sus casi treinta y dos centímetros parecieron vibrar en mis manos en el momento que me desprendí de ella.  Como me temía uno de los encargados de la revisión revolvió un poco las cosas en mi mochila, me contuve de reclamar, raro, pero no quería perderme el viaje que me esperaba al otro lado de las puertas metálicas.

 

Mi interés por la telenovela había cambiado hacia el banco, al recuperar mi mochila guardé la varita en un bolsillo oculto en el lateral de mi pantalón y cerré ésta volviéndola a colocar a mis espaldas, estaba casi vacía. Los guardias habían mirado con mala cara que llevara un atado de cigarrillos muggles sin abrir en el bolsillo, aunque no tenía lumbre, ni la necesitaba, un incendio controlado me ayudaba, o incluso unas chispas. Pero era raro que fumara, salvo en presencia de mi padre.

 

En cuanto se sintió el chirrido de los carros me apresuré a elegir el asiento trasero de aquel  que había elegido el profesor. El duende iba allí y estaba seguro que de ambos podría aprender mucho de lo que ocurría allí. La parejita habían elegido el otro carro, puestos a la par, no presté demasiada atención a quien se sentaría a mi lado, si la profesora o mi compañero italiano.

 

La brusquedad con que nos movíamos me hizo llevar la diestra al costado, claro que no sé si serviría de algo sostener mi varita, no en alto, o la perdería. Jamás había imaginado que el recorrido fuera tan irregular. Vaya paseíto. Lo siguiente que supe, mientras miraba las paredes de piedra, húmedas y con lo que parecía restos de musgos y rastros de hechizos, fue que algo iba muy mal.

 

—¿Terremoto? —inquirí sorprendido mientras veía con asombro como trozos del techo se desplomaban, ahora si tenía a mi varita en la diestra. El profesor fue el primero en reaccionar y para mi sorpresa la siguiente fue Alondra.

 

—Morphos —me apresuré a decir mientras apuntaba a otro trozo con el tamaño suficiente para convertirse en un águila, el ave extendió sus alas sobre nosotros y lanzó un chillido de dolor por los pedregullos que le golpeaban. Estaba algo herido pero alzó su vuelo sobre nuestras cabezas protegiéndonos, tal cual su orden, para luego mantenerse frente a nosotros a la espera, lancé un episkey sobre él para que pudiera defendernos de algo más que pudiera surgir.

 

Me sorprendió la pregunta que nos hacía el profesor y volví mi mirada hacia lo que nos esperaba, un carro roto y un duende desmayado. Una vez más la castaña me sorprendió para bien.

 

—Estoy totalmente de acuerdo con ella —dije respaldando a mi compañera de clase y apunté hacia el duende —episkey, enevarte —la sangre había dejado de correr de su herida, no era un experto en primeros auxilios pero al menos estaría bien, por ahora y el duende parecía estar despertando, esperaba que no hubiera perdido la memoria y nos pudiera ayudar.

 

—Señor Arácnido ¿se encuentra bien? —e inmediatamente supe que había metido la pata, porque le había dicho mal su nombre, esperaba que el duende no me hubiera escuchado bien o al menos que no fuera resentido. Ahora solo restaba que él supiera cómo reparar el sistema de manejo del carro o comunicarse con sus compañeros para que otro carro no nos atropellara, quizás deberíamos hacer señales lumínicas o intentar enviar un mensaje, tal vez con el águila que había creado.


E2w7oGO.jpg
                                                            ~ Muchas gracias Señorita Sol ~





0 usuarios están leyendo este tema

0 members, 0 guests, 0 anonymous users