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Conoce el nuevo contexto de rol global de la Segunda Temporada de Rol en la CMI. Link

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Magia Avanzada XLIIINathan & Mia


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10 respuestas en este tema

#1 Alessia BL Crowley

Alessia BL Crowley

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Escrito 02 junio 2019 - 22:00

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—Me gusta la idea, viajar siempre es interesante. —soltó con una sonrisa en los labios, mientras en su mente comenzaban a idearse diversos planes para lograr conseguir el permiso por parte de Hogwarts y el Ministerio de Magia.

Sabía que no sería sencillo conseguir los permisos de las autoridades de las dos instituciones mágicas, pero estaba convencida de que los años que llevaban laborando para ellas y prestigio como reconocidos miembros de la comunidad les facilitarían las cosas. Asimismo, confiaba que con aquel pequeño viaje los alumnos aprendieran que era indispensable poseer conocimientos propios y no solamente valerse del prestigio y poder adquisitivo de sus familias, porque eso al final era nada a lado de la sabiduría que podían poseer como individuos.

Con esos pensamientos, prometió ponerse en contacto con los alumnos lo antes posible para informarles acerca del inicio de la clase y del lugar, para segundos después con un movimiento de su mano despedirse y dejar a Nathan sumido en sus labores para conseguir los permisos esperados, porque confiaba plenamente en que no tendría problema alguno.

Una vez en su recamara de la casona Black Lestrange, se sentó sobre su cama y sacó unos cuantos pedazos de pergamino, listos para ser usados y comenzó con su labor.

—03 de junio, aula 07 del primer piso. —fue lo dictó a su vuela pluma para que escribiera el mensaje para los alumnos— A las 10 am, no lleguen tarde. —completó con tranquilidad.

Tras firmar con su nombre, realizó un rápido movimiento con su varita mágica consiguiendo que las notas se doblaran y enviaran en pequeños sobres, que fueron marcados con el nombre de cada uno de los alumnos que cursarían la clase de Magia Avanzada. Confiando, en que el mensaje les había llegado días anteriores al inicio, el día acordado simplemente se presentó algunos minutos antes del inicio en el salón establecido, siendo la primera en llegar.

Al ingresar al salón, se sentó sobre una esquina del escritorio y supo que su atuendo era el correcto. Un vestido de inicio del siglo XX de color blanco, con falda larga y de talle que permitía estilizar su silueta a juego con un sombrero que cubría algunos de sus bucles dorados que caían en un recogido a la altura de la nuca y para finalizar unas botas del mismo color, con una sombrilla con decorados negros. Esperando que su vestimenta llamará la atención de los alumnos, le regaló una sonrisa y un rápido beso en la mejilla al Weasley en cuanto este ingresó.

—Buenos días Nathan. —viendo que también estaba vestido para la ocasión, asintió con tranquilidad y se alegró de continuar compartiendo clase con un viejo amigo y conocido, con quien siempre le habrá resultado agradable relacionarse.

Pasados unos minutos, supo que no tardarían en llegar los alumnos, porque estos fueron llegando. Eran pocos, pero esperaban que la clase les pareciese entretenida como para continuar con ella hasta el final, porque esta estaba consciente que no sería una travesía corta, al menos no inicialmente al recordar que precisamente, tendrían al menos quince días antes de que la tragedia acechará el barco al que subirían.

—Bienvenidos, soy Mia Black Lestrange. —se presentó en cuanto estuvieron todos— Una de sus profesoras, y quiero que me digan de acuerdo a la vestimenta que estoy usando y la fecha abril, pero de 1912, ¿a dónde creen que iremos a explorar?

Al dejar la pregunta al aire, se giró hacía el castaño, esperando que él diese más información y les pidiera usar algunos de los vestuarios que se encontraban preparados para ellos en un costado del salón. Porque cuando estuviesen listos, ella misma se encargaría de abrir un portal que los llevaría hasta el lugar elegido.

—Ahora que estamos listos, el Titanic nos espera. —anunció tras la explicación de Nathan y levantando la mano siseó un—Fulgura Nox—consiguiendo de esta manera que un portal se comenzara a abrir justamente en el sitio que segundos atrás era la puerta del aula. Invitándolos a cruzar, les regaló una sonrisa y miró a su compañero para que él tomará el control de la situación.


Editado por Mia., 03 junio 2019 - 04:27.

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#2 Nathan A. Weasley

Nathan A. Weasley

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Escrito 03 junio 2019 - 03:18

Siempre, en aquellos momentos de la vida donde todo parecía ser demasiado, era bueno tener una compañera de trabajo como Mía. La Black Lestrange se había ofrecido autónomamente a gestionar los permisos necesarios para que ambos magos pudiesen llevar a cabo la idea de su clase, y sin rechistar había entendido cuando Nathan vergonzosamente tuvo que pedir si ella podía encargarse de la parte burocrática, que usualmente era la que más tiempo consumía. Durante los días anteriores, había procurado tener en mente unas cuantas de ideas de como manejar la clase para mantenerla interesante y que fuese una etapa educativa fructífera para sus alumnos; así que, al menos eso, y a duras penas, había logrado hacer.


El día de la clase llegó de sopetón, por lo que en la mañana de aquel lunes el Weasley se vistió como habían pactado. Llevaba unos zapatos de etiqueta, puntiagudos en su extremo anterior, de color azabache que hacían juego con su pantalón de igual color. Por encima de ello llevaba una camisa blanca y un saco de abrigo que le llegaba hasta las rodillas de un color mostaza pálido, que a su vez contrastaba con la corbata de tinte vinosa que estrangulaba el cuello de su camisa. Era un atuendo bastante peculiar, desfasado con la época y moda actual por unas cuantas décadas, pero que en aquel día no estaría sino en justa ocasión.


Caminó por los pasillos del inmenso castillo por el cual, años atrás, había transitado como alumno. Era inevitable tener el flash de algún recuerdo que, atrevidamente y por sorpresa, se aparecía en su mente como si hubiese sido ayer. Dicho y hecho, esbozó una pícara sonrisa ante una travesura que había tenido una noche al pie de la torre de astronomía, pero su línea de pensamiento fue interrumpida al ver que había llegado al aula de destino. Abrió la puerta y se adentró en el salón, para ver que al fondo y en una esquina se encontraba su compañera quien le había ganado en puntualidad.


- Buenos días, Mía. En verdad, muchas gracias por gestionar todo, te debo una. - la saludó el Weasley, correspondiéndole el beso en la mejilla y atreviéndose a un corto abrazo antes de separarse y reproducir del bolsillo de su sobretodo una caja de madera negra pequeña, que contenía un varieté de dulces para que la bruja disfrutase luego de la clase. - Toma, en agradecimiento.


No tuvieron tiempo de charlar mucho más después de ello, puesto que uno a uno los alumnos de su clase de Magia Avanzada fueron apareciéndose por la puerta del salón y tomando asiento frente a ellos. Ambos profesores mantuvieron un tono muy calmo y silencioso de conversación, hasta que con un asentimiento Mía supo que era momento de dar comenzada la clase... una gran aventura los esperaba y debían ser puntuales si querían agarrar su travesía. Mía se introdujo cortésmente y les dejó una pregunta.


- Bienvenidos a todos y buenas mañanas. Mi nombre es Nathan Weasley y seré también su profesor en esta clase. - se atrevió a interceder el Weasley, al ver que los alumnos estaban algo tímidos y reticentes a contestar - Si aún no saben a donde vamos... puedo darles una pista. Quizá no podamos cambiar lo que pasó, pero si actuamos con cautela podemos aprender mucho de una de las catástrofes náuticas más representativas de la historia humana.

Editado por Nathan A. Weasley, 03 junio 2019 - 03:36.

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#3 Thomas Clairmont

Thomas Clairmont

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Escrito 08 junio 2019 - 03:55

Las pesadillas eran habituales en las horas donde Thomas podia descansar. Sus dias de dormir eran escasos desde que los sintomas de vampiro se volvieron parte de sus horas diurnas abarcandolo todo hasta que el cerrar los ojos paso a ser un lujo de pocas horas cada tantos dias. No dormia tranquilo. Las pesadillas nacian apenas ingresaba en la primera etapa de la inconciencia. Eran tan reales que se despertaba aullando con una poderosa sed de sangre que lo obligaba a ir de caceria hasta quedar satisfecho por pocos minutos. El control no era lo que poseia. La excepcion de su trastorno era Frankie. Como si fuera una pieza que completaba un todo, su hermana era la unica que le daba paz. 

 

Desde que se habian reencontrado y vuelto a conocer, Thomas no se alejaba de su lado por mucho rato. Parecia poseer un fanatismo que rallaba la locura por la bruja. Desde que dormian juntos a escondidas en los sitios mas raros de Howarts no habia vuelto a tener sueños malignos y descansaba de un tiron por horas. Esa mañana al abrir los ojos respiro profundo para que el aroma de la bruja se quedara impregnado en su memoria para toda las horas que durara el dia. Se levanto hasta quedar sentado en la cama matrimonial donde venian durmiendo desde hace dias. La sala multiproposito siempre los ayudaba a permanecer juntos. 

 

-Debemos ir a clase, Frank -Le dijo tocando el hombro de la Triviani, y moviendola con delicadeza para que despertara. 

 

Salio de la cama cuando la bruja se puso en movimiento. Thomas sabia que lo mas duro de las mañanas eran separarse durante las clases que no compartian. Como mienbros de casas diferentes que tenian itinerarios diferentes, solian estar separados la mayoria de la jornada. Pocas veces el pelinegro no aguantaba ese tiempo e iba de urgencia a buscar el contacto con la bruja. 

 

-Traje unas manzanas para que comamos en el camino, pero antes que todo eso... ¡La ducha! -Tomó desprevenida a su hermana y la atrapo entre sus poderosos brazos, para llevarla a refrescarse.

 

 

En el camino a la clase discutieron sobre astronomia. Thomas creia que habia brujos habitando otros planetas y Frankie sostenia que eso era imposible. Fue una ardua charla con pros y contras sobre cada teoria que ambos jovenes exponian sobre el tema. La acalorada discucion llego al extremos que al entrar al aula ya estaban gritandose para demostrar quien tenia la razon. Al cerrar la puerta con mas fuerza de la requerida Thomas noto que no estaban solos. Los profesores ya estaban esperandolos. Con un intercambio de mirada con Frankie, el mago se sento en uno de los bancos dispuesto a prestar atencion. 

 

El pelinegro empezo a morder la manzana para mantener su mente concentrada en las palabras que producia la profesora y mas tarde el profesor, que en sus corazones latiendo ritmicamente con la sangre recorriendo todo su cuerpo. Cada pulsacion eran la musica de fondo que acompañaban las palabras, como pequeños tambores a diferentes ritmos. No tuvo tiempo de responder nada sobre la vestimenta. No tenia idea de la respuesta. Era un vampiro relativamente joven. 

 

-¿Vamos a explorar la sala de maquinas? -dijo en voz baja a su hermana, levantandose del banco para cruzar el portal. Pero se detuvo antes de cruzarlo, para esperarla. Siempre seria asi.  

 

 

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#4 Gabriel W Diggory

Gabriel W Diggory

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Escrito 09 junio 2019 - 21:10

Me sentía el ser más idi*** del universo. Había cursado tres veces mi quinto año en Hogwarts y el  séptimo pintaba para el mismo lado. Supe que mi tío Amos había salido de viaje, eso me relajaba un poco, aunque Kato estaba como loco. Había tenido que evitar veinte veces que se aplastara las orejas por no mandarme a tiempo a clases, ni que fuera su culpa.

 

—¿Mi tío sabe que la holandesa me secuestro? —la pregunta era un poco loca, la rubia de largas trenzas y  ojos azules me había seducido en una fiesta.

 

—El amo Amos dijo que lo vio salir de la fiesta con la hija de Van Pelsing pero ella volvió a los tres días a casa de su padre —respondió el elfo tendiéndome  el periódico par que viera cuántos días había faltado. ¿Y a quién le interesaba una primera plana de un futuro matrimonio de familias cuyos nombres poco conocía?

 

Fruncí el ceño, Kato estaba escondido atrás de la cafetera ¿en verdad me temía? Más bien a mi reacción, esa rubia taimada, ella y su amiguita habían estado jugando con la poción multijugos para que sus padres no sospecharan y yo  había caído como un bobo en sus redes. Maldición.

 

Tomé de nuevo la nota de la escuela y no la estrujé porque necesitaba las indicaciones. ¿Y ahora como hacía? El “No lleguen tarde” me pegaba en las narices. Aula 7 primer piso. ¿Encontraría a alguien allí?

 

—Kato, necesito dos favores —la cara de espanto de mi elfo fue una cosa hermosa, una oda al terror —vamos, vamos, tranquilo, lo primero será que  me lleves a Hogwarts y lo segundo que averigües todo sobre lo que necesito para sacar mis permiso de aparición, necesito rendir ese examen, es urgente para mí —de verdad lo era,  el par de amigas holandesas ya tenían sus permisos y se habían abusado de ello dejándome varado en medio de la campiña, sin ropa y a merced de sus jueguitos hummm, bueno, lo había pasado bien, pero ahora necesitaba volver a la realidad.

 

Mi elfo había dado un suspiro aliviado de que el pedido no fuera tan de otro mundo, así que me duché a alta velocidad, jeans oscuros, camisa y túnica, zapatos compuestos, para parecer más decente. Claro que con mi llegada a trasnoche no lo creería nadie. Mi elfo extendió su mano y cuando la tomé desaparecimos rumbo a Hogwarts.

 

Subir la escalera de dos en dos esperando que nada girase hacia el lado contrario fue un récord. Kato se había marchado para buscar la información que le había pedido y yo corría ahora por los pasillos en busca del aula siete. ¿Estaría a tiempo para cursar?

 

Golpee la puerta, expectante, y tras recibir la invitación pasé al aula correspondiente, los profesores y un par de compañeros ya estaban allí. No pasó mucho tiempo antes de que se presentaran. ¡Ja! Acababa de conocer a la Dama que se iba a casar, o no, según quién lo dijera en la nota de la que me quejaba en el desayuno.

 

—Madame Black Lestrange, un gusto conocerla, leí mucho de usted —, mi sonrisa más galante se la dediqué a ella y una inclinación de cabeza al profesor y a mis compañeros algo más que silenciosos—Profesor, soy Gabriel Diggory y ehmmm, ¿1912? —la fecha me sonaba —¿a una fiesta previa a la primera guerra mundial?  —claro que faltaban algunos años.

 

Si, de nuevo metí la pata, minutos después cuando todos nos habían presentado la bella dama y el profesor Weasley ¿sería pariente de los pelirrojos?, nos habían revelado que iríamos al Titanic. No podíamos evitar la catástrofe pero conocerlo sí. ¿Cuánto valdrían algunas reliquias de la majestuosa embarcación? Apunté con mi varita a un par de ropas y con un accio la traje hacia mí y con otro hechizo la intercambié por la mía.

 

—¿Qué veremos del lugar? ¿Algún mago famoso? ¿De verdad no podremos cambiar nada? Salvar a nadie, no sé, pregunto –de seguro me mandarían a volar, pero mi interés filantrópico, real de hecho, podía ocultar mi interés más mortal, mi bóveda necesitaba galeones y seguía pensando que buscar un trabajo cuando ni siquiera podía volar o aparecerme legalmente no era una opción que me agradara para nada.


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                                                            ~ Muchas gracias Señorita Sol ~


#5 Frankie Triviani

Frankie Triviani

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Escrito 11 junio 2019 - 19:39

Lunes, odiaba los lunes y uno más había llegado. La estela de uno de los fines de semana mas divertidos de mi vida aún deslumbraba mi mente y tal vez eso hacía la mañana menos pesada. Desde que nos reencontramos, Thomas y yo tratábamos de recuperar el tiempo perdido, y parecía que de verdad poníamos todo de nuestra parte en ello; desde jugar, conversar y conocernos, hasta discutir a gritos. Era como si siempre hubiese tenido a mi hermano allí, aún cuando había pasado casi media vida desconociendo que lo tenía.
 
Era algo muy nuevo para mi, que usualmente no soportaba demasiado el contacto físico con ninguna persona, y no estaba acostumbrada a dar demostraciones de afecto, pero Thomas destruía todas mis barreras de manera tan fácil que a veces incluso me irritaba demasiado. Me parecía tan frágil, tan necesitado de un lugar al cual pertenecer... un hogar. Igual que yo, aunque no me gustara admitirlo. Y la culpa, la maldita culpa. No había sido mi idea que no separaran cuando niños, pero haber borrado su existencia de mi mente me pesaba demasiado.
 
Y allí estaba, siendo sacudida por él para despertar esa mañana para asistir a clases después de dos días de juergas y travesuras. Ni siquiera sabía cómo me había convencido para terminar allí, en la sala multipropósito, solo para pasar menos tiempo separados durante nuestros descansos nocturnos. Me reconfortaba que al menos sus pesadillas estuviesen desapareciendo.
 
Tomé una ducha, no sin antes dejarlo fuera del baño cerrándole la puerta en las narices. Mi privacidad era infranqueable en ese lugar. Tras arreglarme y ponerme el uniforme, ambos nos encaminamos hacia el aula siete, donde se nos había citado a las diez en punto. Thomas se había encargado del desayuno, e incluso había comenzado a compartir sus disparates para el camino cuando comencé a hablar de Astronomía; casi se me atora un pedazo de manzana en la garganta cuando mencionó brujos interplanetarios. Yo no podía creer realmente esa idea.
 
No obstante, justo cuando estaba por zanjar el tema con mi puño golpeando su cara, llegamos al aula del primer piso. Éramos los primeros en llegar, aunque otro chico casi nos pisaba los talones —Buenos días —saludé, bajando mi puño y tirando el corazón de manzana en el cesto de basura a varios metros de nosotros. Un tiro perfecto. La profesora, sentada sobre el escritorio, y el profesor, iban vestidos de curiosa manera. Parecían atuendos de principios del siglo pasado, y eso me dio una mala corazonada.
 
Tomé asiento al lado de mi hermano, colgando mi bolsa en el respaldo de mi asiento y dedicándole una mirada a Thomas antes de que la profesora tomara la palabra. Recorrí el aula con la mirada, y me fijé en los vestuarios que tenían preparados y el alma se me vino a los pies. 
 
Mi hermano, por el contrario, no pudo contener la emoción y ya me estaba proponiendo travesuras a bordo del Titanic, el lugar al que los profesores decidieron que sería genial trasladar la clase. Y sí que lo era, es decir, ¿cuántas veces podías ver en primera fila uno de los catástrofes mas grandes de la historia? No muchas, y eso hizo que mis ánimos subieran.
 
—¿Que tal si mejor jugamos a que te ahogas o te golpeo con un iceberg? —le respondí a mi hermano, antes de ponerme en pie e ir por uno de los trajes de época que podíamos usar. Tuve que elegir un vestido, entallado y de falda larga, muy parecido al de la Black Lestrange, solo que en un tono azul rey, con las solapas del saco, botones y corbata en un tono mas claro, con una blusa plateada de encaje por debajo. Sin sombrero, y sin accesorios, incluso pensé en dejarme las zapatillas deportivas pero también cambié mis zapatos por unos que no fueran demasiado incómodos. No sabía como me veía, pero suspiré, resignada, y seguía a Thomas a través del portal.
 
Escuché a nuestro compañero, quien se había presentado con los profesores como Gabriel Diggory, mencionar sobre conocer a algún mago famoso de aquél entonces —No creo que salvar a alguien sirva de algo, me refiero a que, cuando volvamos a nuestra época igual estará muerto ¿o no? —lo único que me importaba era que nosotros no quedásemos varados allí, aunque bromeara con mi hermano con ello.

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#6 Gabriel W Diggory

Gabriel W Diggory

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Escrito 11 junio 2019 - 22:48

Me quedé pensando en lo que había dicho la joven bruja que también estaba en la clase. Curioso, no había escuchado su nombre. En realidad había pensado que a quien salváramos podría venir a nuestro tiempo de regreso con nosotros. Sería un buen gesto, después de todo no habían recuperado todos los cuerpos del Titanic ¿o sí?

 

Me acomodé la cadena del reloj de bolsillo que formaba parte del sencillo pero elegante traje que había escogido, de color gris oscuro, con una camisa de cuello redondo y chaleco a tono. No sabía qué me hacía más gracia si el cuello de la camisa o mis zapatos casi acharolados. No podía negar que me gustaba la ropa elegante, y ésta no podía negar que sí lo era, pero igual, me causaba un poco de gracia mi aspecto, me recordaba al estricto de mi padre. Aunque esa idea me hizo sentir un hilo de frío recorriendo mi espalda, odiaba parecerme a él.

 

Pasé mi mano por los cabellos algo desaliñados ¿lo usaban más cortos en esa época? Quizás tuviera que engominarlos, como en las fotografías antiguas relacionadas con la época. Aflojé un poco el nudo de la corbata mientras me giraba a ver al profesor, para tener una cierta idea de cómo debería verme. La idea de lucir como alguno de los hombros del pasado era entretenida, ojalá fuera metamorfomago para cambiar mi aspecto. Me vería como un gentleman con bombín ¿eran de esa época no?


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#7 Nathan A. Weasley

Nathan A. Weasley

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Escrito 13 junio 2019 - 06:00

- No estamos seguros de si habrá algún miembro de la comunidad mágica a bordo del barco. A decir verdad, ese es uno de los tantos propósitos de la expedición. Nada más queremos pedirles que sean cautelosos con como se comportan; recuerden que este es uno de los hitos náuticos más relevantes de la historia muggle, y como tal cualquier cosa que ustedes hagan y que esté fuera de lo normal cambiará el tinte del relato que los muggles contarán por el resto de su existencia. - el Weasley era consciente de lo dramático de sus palabras, pero quería que sus alumnos entendiesen la severidad de la situación.

Sin mediar otra palabra, se aventuró a través del portal y experimentó, por unos dos o tres minutos, una sensación de vorágine y una ilusión óptica de colores y formas que le dio un dolor de cabeza transitorio. Cuando sus pies tocaron tierra firme, las consecuencias de viajar cien años en el tiempo se hicieron notorias, dado que tuvo que hacer su inspiración más profunda para no vomitar ante la brusca sensación nauseosa que lo había aprehendido. Esperó unos momentos hasta recobrar completamente la compostura, dando tiempo al resto de los alumnos a que llegasen.

Le dedicó una última mirada a Mía antes de llamar una vez más la atención de sus alumnos. Era el momento de dar las instrucciones iniciales. Habían aparecido directamente en la proa del Titanic, que en todo su esplendor ya surcaba las aguas del océano alejándose de la costa citadina de la cual había partido. Una fresca brisa soplaba desde el norte, con un ligero olor a salitre, con la suficiente intensidad como para obligar a todos los pasajeros a entrecerrar los ojos a manera de protección. El sol todavía brillaba en lo alto del cielo, por lo que la temperatura se mantenía agradable. Pronto, sin embargo, sería la hora del té.

- Su atención, por favor, alumnos. - dijo - En un par de minutos, la mayoría de los pasajeros a bordo se retirará a sus recámaras para la hora del te. Como primera tarea, quiero pedirles que recorran las inmediaciones de la primera clase en busca de algún signo de la comunidad mágica. De encontrar algo, favor de buscarnos a Mía y a Mi, que muy probablemente estaremos por los pasillos al igual que ustedes. Tengan. - finiquitó entregándoles a cada uno unos pasajes que demostraban que eran de primera clase y, por tanto, tenían acceso a la parte más privilegiada del barco.

Editado por Nathan A. Weasley, 13 junio 2019 - 06:07.

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#8 Thomas Clairmont

Thomas Clairmont

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Escrito 14 junio 2019 - 00:26

-Me gusta mucho la idea de un viaje en barco - Comentó Thomas al cruzar la línea que separaba los dos tiempos. Su vestimenta seguía siendo la de un chico normal del futuro, por ende llamaba la atención inesperadamente de muggles y magos por igual, aunque los últimos no daban señales visuales de serlo a simple vista. Su mirada viajaba de las espléndidas chimeneas tan características de los barcos transatlánticos de aquella época, a la impactante vista del mar y el cielo infinito a medida que se alejaban de la costa. Pronto la instrucciones del profesor fueron dadas al conjunto de alumnos al cual pertenecían, estando libres para empezar a moverse a su antojo.

 

-Te hace muy señorita ese vestido -Bromeó con Frankie dándole un pequeño empujón a su brazo con el hombro, para que se pusieran en movimiento.

 

Caminando por la proa, el muchacho no pudo evitar pensar que estaban armando recuerdos nuevos en las mentes de las personas del pasado que habían muerto hace muchas décadas atrás. Ese viaje tenía la tristeza marcada en cada partícula de aire. No había lugar para lo absurdo. Estaba viendo con sus propios ojos el eficaz poder que tenía la magia de magos poderosos. Habían logrado romper las barreras del espacio- tiempo.

 

-Frank… -Dijo acercándose a su oreja para hablar en voz baja - Quiero llevarme algo de recuerdo que sea valioso -Le guiño un ojo mientras ingresaba a uno de los salones del barco. El principal que recibía a los pasajeros. Estaban rodeados por robres costosos, oro, vidrio tratado y un sinfín de decoraciones que dejaban al espectador de primera clase, totalmente impactado. El lujo era moneda corriente para quienes disfrutarían aquellas instalaciones.

 

El joven miró a ambos lados para poder estar atento a donde estaban sus profesores antes de agarrar de la mano a Frankie para arrastrarla hacia una de las puertas que estaba disimulada en medio de la decoración y que usaba el personal para pasar desapercibido frente a los ricos.

 

-Sígueme, shhh cierra la boca -Dijo tapándole la boca para que no gritara. Quito la mano antes de que la chica tuviera tiempo de morderlo. Ya la conocía - Ven por acá -Los jóvenes se desviaron por los pasillos ocultos del barco - Lei en un libro de historia, que le robe al payaso del circo, que sueles esconder en las calderas las mas valiosas piedras preciosas que viajan en el barco - Iba contándole mientras pasaban rápido por la metalizada y simple estructura que tenía ese claustrofóbico lugar. Tan diferente a la parte exclusiva de la alta sociedad.

 

En uno de los giros se toparon de frente con un hombre encorvado, barbudo y muy flaquito que parecía a punto de romperse en cualquier instante. Portaba un traje blanco de marinero, pero su aspecto era descuidado, al contrario de los demás miembros del personal que tenía el barco. Estaba queriendo ingresar por una de las puertas que no sabían a donde llevaba.

 

-Disculpe, señor… -Lo interrumpió Thomas.

 

-¿Qué hacen aquí? -Preguntó molesto el hombre, apenas echándoles una mirada- Bastante difícil es controlar un poco de paz en medio de magos ricos y egocéntricos, como para que interrumpan mi tiempo de descanso… -Continuó el hombre exasperado abriendo la puerta y casi cerrándoselas en la cara. Pero Thomas le puso el pie para que no pudiera hacerlo.

 

-¿Las calderas…? -Intentó preguntar pero fue interrumpido

 

-¿Otras vez Chris empezó a darles cervezas de manteca a los elfos? -Preguntó el viejo, mostrando interés, abriéndoles la puerta. Detrás de él se veía un camarote de lo más espartano.

 

-Sí, señor. Pero el capitán me dijo que nos encargáramos del asunto -Mintió rápidamente sin darle opción a su hermana de interrumpir - Quiere que le demos una lección de humildad a Chris, pero este es nuestro primer viaje en el Titanic, por lo que olvidamos el camino a las calderas…

 

Cinco minutos después ambos bajaban por el elevador camino a las calderas. Les había costado poco encontrar el elevador con las instrucciones del anciano. Thomas estaba tan emocionado por ver todo el lugar que nunca se había puesto a pensar que la trágica historia del barco fuera una tapadera para muggles. Era algo increíble. Miró a su gemela y le hizo seña para que cambiara la ropa que ambos traían por un uniforme de marinero. Quería que parecieran unos simples trabajadores más. Frankie podía hacerlo porque tenía varita mágica y Thomas no.

 

-Que calor… -Dijo a medida que se acercaban al final del descenso - El que se derrite primero, pierde -Lanzó el desafío antes de empezar abrir de forma manual el ascensor.

 

Unos segundos le llevó el trabajo para que quedaran delante de cientos de elfos domésticos trabajando sin cesar. Vestían harapos mugrosos y parecían hormigas que se movían sin parar. Algunos de ellos manejaban el carbón de un lado para el otro en carretillas, otros tenían palas en sus manos y se turnaban para lanzar paladas dentro de hornos gigantes.

 

-Esto es impresionante -Dijo mientras sus sentidos eran invadidos por el hostigante ambiente caliente con mucha densidad.

 

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#9 Gabriel W Diggory

Gabriel W Diggory

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Escrito 16 junio 2019 - 03:42

La pareja de hermanos parecían dispuestos a cortarse solos, creo que eso había dicho alguien que eran, no lo recordaba bien, pero no me interesaba demasiado, al igual que ellos tenía mis propios planes cuando llegáramos al Titanic. Haciendo un ejemplo de buen chico, nada común en mí, obedecía al profesor. Atravesé el portal que habían abierto y en verdad fue peor que la peor de mis ilegales apariciones en Bulgaria. Tuve que sostenerme de lo primero que encontré, y para mi sorpresa estaba inclinado sobre la borda como la más tonta de las niñas que se marean en el mar.

 

Respiré profundo y me enderecé escuchando las palabras que el profesor nos dirigía, había que encontrar señales de la comunidad mágica a bordo, asentí mientras tomaba mi pasaje, le eché un ojo, se veía perfecto, con mi nombre escrito en él. Volví a asentir a lo de llamarlos al encontrar las señales.

 

--Así lo haré --aseveré mientras me dirigía al pasillo que indicaba que llevaba la primera clase. Mis compañeros habían desaparecido ¿por qué no me extrañaba?

 

Me dirigí hacia el corazón de la nave, donde sabía estaban los camarotes de primera clase, allí no se sentía la vibración de las calderas ni el sonido de los que jugaban en las cubiertas. El lugar era asombroso, no podía creer la decoración del lugar, atravesé por cerca de un salón de té, vaya, los profesores se equivocaban, la gente no tomaba en té en sus cuartos sino en esos salones, restaurantes y cafeterías. ¿De verdad había una piscina por allí como me indicaba un cartel en una pared lateral? Me acerqué acariciando la madera que recubría las paredes, era fantástico, si no supiera que estaban en un gran barco pensaría que era una mansión de lujo.

 

Miré para todos lados y me acerqué a una mesa, había un cenicero, que deslicé en mi bolsillo al estar seguro nadie me veía, tenía grabado el nombre de Titanic en él.  Pasé del salón fumador por el gimnasio, aquello era una verdadera antigüedad, pero vamos, era fantástico igual. Pasé mi mano por sobre una bicicleta fija, a esa hora el lugar estaba vacío, probablemente por la cercanía de la hora del té. Fruncí el ceño ¿cómo esperaban que encontrara rastros de magia en el lugar? Pensé en qué hechizos podría utilizar para descubrir el rastro de la magia en aquel lugar, mientras me dirigía hacia otro salón, quizás si observaba a los pasajeros que tomaban sus tés algo me hiciera descubrir quién estaba fuera de lugar entre los muggles.


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                                                            ~ Muchas gracias Señorita Sol ~


#10 Alessia BL Crowley

Alessia BL Crowley

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Escrito 24 junio 2019 - 02:23



Agradeció con una sonrisa el pequeño obsequio que le dio Nathan. Era un detalle pequeño, pero que sin duda le pareció tierno de su parte considerando la situación en la que se embarcarían dentro de pocos minutos, por lo que en cuanto notó como los alumnos iban haciendo acto de presencia y se introducían por el portal que había creado, asintió con tranquilidad. Era momento de poner todos sus sentidos en guardia y más, de procurar que la magia no fuese utilizada más que para lo necesario en ese sitio.

La embarcación era realmente moderna para la época, incluso más de lo que podría haberse imaginado en un primer momento. Por lo que esperaba que los camarotes de primera clase estuviesen dispuestos tal y como lo había solicitado, ¿cuándos había pedido? Solamente cuatro, puesto que no considero que muchos estudiantes se presentaran, algo que ciertamente no había sido así, por lo que alguien tendría que compartir habitación y eso se los diría más tarde, porque de momento tenían su primera tarea.

El Weasley les había pedido algo conciso y sencillo de conseguir, considerando sus capacidades como magos en esos momentos, por lo que asintiendo con tranquilidad, les permitió que se fueran a explorar. Los iban a esperar si, por lo que tomando el brazo de su compañero de profesorado, se encaminó hasta el comedor, tenía un poco de hambre y nada mejor que un buen desayuno para comenzar con el día y conversar un poco sobre las indicaciones que les irían dado a lo lago de la travesía.

—¿Crees que encuentren algo? —preguntó antes de dejarse caer sobre una silla en la mesa principal del barco.

Sabía que la respuesta tardaría un poco en llegar, así que pidió un té verde y un par de tostadas, mientras indicaba al camarero que quería hablar con el gerente, porque ese día a las ocho de la noche tendría una reservación privada para cinco personas, las cuales cenarían en una mesa privada con el mejor de los platos del chef, eso para comenzar a darse a conocer como personas influyentes y reconocidas.

—A las ocho y media en punto. —fue lo único que siseó, antes de conseguir que un vociferador saliera volando para cada uno de los alumnos.

Mirando a su compañero, comenzó a ingerir sus alimentos y disfrutó del momento un segundo, hasta que sintió que la ropa de la época era un poco incómoda, al menos para el clima que existía, puesto que le hubiese gustado tener un poco más de libertad de movimientos, pero tendría que acostumbrarse porque durante varios días la usaría. En cuanto termino de desayunar, se retiro a la cubierta a disfrutar un poco más de la brisa del mar.


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