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Conoce el nuevo contexto de rol global de la Segunda Temporada de Rol en la CMI. Link

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Magia Avanzada 44


19 respuestas en este tema
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#1 Anne Gaunt M.

Anne Gaunt M.

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Escrito 16 julio 2019 - 19:03

Los pasillos del colegio estaban inusualmente silenciosos. El sol brillaba con fuerza en los terrenos y cubría buena parte del edificio con sus rayos, pero el clima en el interior era fresco. La magia del lugar lo mantenía así, para evitar que los alumnos y trabajadores del centro sufrieran los aumentos de temperatura propios de la época.

 

A pesar de todo, Anne caminaba por los pasillos con una túnica oscura que la cubría por completo. No era habitual verla vestir tan cubierta, ni con túnica. Siempre iba en pantalones. Pero tras una acalorada discusión con su hija había cedido; en realidad, más por no oírla que por darle la razón.

 

Entró en un aula del segundo piso que estaba desierta. Recordaba haber enviado un aviso tanto a su compañero profesor, que volvería a ser Eobard, como a los dos tutores que trabajarían con ellos aquel día, que casualmente eran su prometido y su cuñada. Bella reunión familiar, si no fuera por el mal ambiente que solía rodearles cuando veía a aquella mujer cerca de su novio.

 

Chasqueó la lengua y se detuvo al frente de la clase, junto al pizarrón que a veces usaban para dar indicaciones. Aquel día no sería necesario, pues no pretendía quedarse mucho tiempo en el interior del castillo. Junto a Eobard, había preparado una excursión para sus alumnos en la que visitarían la Reserva Mágica "Newt Scamander", un lugar en el que se cuidaban criaturas a cuyo hogar no podían volver temporalmente (o no) por diversas causas. Anne lo había visitado en algunas ocasiones, aunque jamás por la necesidad de ir a buscar a cualquiera de sus criaturas. Siempre las había adquirido tras haberse asegurado de que podría hacer frente a su cuidado.

 

Había concertado la visita para una hora más tarde, por lo que esperaba que no tardasen demasiado en llegar. Mientras tanto, decidió tomar asiento y dejar que sus ojos grises otearan el exterior a través del ventanal de cristal que había a su derecha, a poco menos de un metro. Realmente hacía un buen día para caminar por el exterior.

 


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#2 Eobard Thawne

Eobard Thawne

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Escrito 16 julio 2019 - 19:37

Su idea de vacaciones consistía en una playa, bebidas gratis y un bronceado de piel que posiblemente le acarrearía problemas de salud. Tras unas vacaciones en el archipiélago hawaiano, que no salieron nada bien, el Black Lestrange regresó a Reino Unido, convocado por los directivos para impartir una clase más. Ante la urgencia del asunto, sólo le dio tiempo de cambiar su ropa de turista, por una túnica simple, cuyo color recordaba a las hojas de menta. 

 

Varita en el bolsillo, amuletos y demás baratijas, se desapareció de los terrenos de su familia, y fue a parar a los límites del Colegio. Ahí, se perdió un buen rato, hasta que halló el aula dónde su compañera había convocado a los estudiantes. 

 

   Anne.    saludó con una cabezada al ingresar. El lugar tenía pinta de no haberse utilizado en un buen rato, y razón tenían en no quedarse ahí todo el día.    Me da gusto que hayas podido llegar. Así que, tenemos a... Frances Askar y Thomas Clairmont, ¿correcto?

 

Se dedicó a pasearse mientras aguardaba por el resto del grupo, que estaría además formado por dos tutores. Le dio vueltas a la idea que tenía Gaunt en mente; no había visitado la reserva en, casi, dos años, por lo que le producía cierta nostalgia volver a poner los pies en esa isla. Conforme iba caminando por el salón, dejaba un residuo vaporoso, proveniente de la túnica, que era por diversión. 

 

Así, en cuanto los demás hubiesen llegado, tomó la palabra. 

 

   ¡Buen día, jóvenes! Han venido a concluir su educación mágica, pero el viaje no acaba aquí... La profesora Gaunt y yo, el profesor Black Lestrange, creemos que lo ideal, es que se enfrenten a algo más tangible. 

 

Se giró a Anne para ver si tenía algo que agregar. El tiempo apremiaba, por lo que seguramente pronto estarían dirigiéndose a la Reserva.

 

   ¿Alguno ha visitado la Reserva Mágica "Newt Scamander"?     inquirió, ya aproximándose a la puerta del aula. Había personas que iban ahí por mera curiosidad, sin necesidad de dejar a sus criaturas.    Tuve la oportunidad de trabajar ahí en mi primer empleo en el Ministerio de Magia. Es una isla maravillosa, vamos a encontrar varias especies mágicas rondando en lo que, se pretende, una adaptación de su hábitat natural. Así que, si no tienen comentarios al respecto, ¡en marcha!

 

Tenía la ¿mala? costumbre de activar el anillo salvaguarda contra oídos indiscretos cada que necesitaba hablar con el docente que le acompañaba, y aquella ocasión no fue excepción. Análogamente a su compañera en su momento, le gustaba tener uno que otro detalle de la naturaleza del lugar que visitarían. Y dado que no iban a ir a pie, se vio obligado a preguntar.

 

   De casualidad, ¿solicitaste algún traslador, o emplearemos un medio de transporte más peculiar?    su mente lo llevó al famoso Fulgura Nox, que tantas veces había visto usar a su madre.


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#3 Thomas Clairmont

Thomas Clairmont

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Escrito 17 julio 2019 - 02:01

La lechuza golpeaba el vidrio con insistencia. Una vez, dos veces, tres veces y aun seguia con un ritmo cansador. Hasta que Thomas harto de escucharla, se levanto del suelo para abrirle el vidrio con brusquedad sin soltar de su mano, el libro que estaba leyendo. Estaba en medio de una aventura con dragones, donde el malvado de la historia estaba matando a media poblacion por no apoyarlo. El relato era tan interesante que divago con hincarle los dientes al pobre animal para alimentarse de su sangre fresca. El arañazo del ave en su brazo, lo agarro desprevenido. Solo apoyo la mano suelta contra el corte que empezaba a sangrar entretanto la nota enrollada caia al suelo y el ave volaba lejos de la biblioteca. Los ojos azules del chico viajaron con destreza desde el suelo, a su brazo herido para terminar en el batir de alas del ingrato animal.

 

La herida pico unos minutos antes de cerrarse al completo. Para ese entonces Thomas ya estaba en el suelo de nuevo, apoyado contra una de las paredes de la Biblioteca usandola de respaldo. Ante sus ojos se extendia el un pasillo con estanterias de miles de libros. No debia estar ahi. Pero llevaba mucho tiempo escondiendose de los prefectos de su casa. Ellos querian explicaciones de porque no iba a clase y él no tenia que decirles. Despues de todo, el Titanic se habia hundido, no habian podido salvar a las personas ni cambiado el rumbo de la historia. Los muertos, seguian muertos. Que él asistiera a clases, no iba a cambiar nada en absoluto. La tendencia a la depresion se hacia mas intensa a cada hora. 

 

Como ya se habia arruinado su paz de lectura. El chico decidio abrir la nota para leer que era requerida su presencia en una clase especial. Tenia una segunda oportunidad de aprobar sus estudios. Aquel motivo fue suficiente para que fuera de inmediato al segundo piso, donde lo esperaban nuevos profesores con una dinamica diferente. EN el camino al aula, dejo escondido su libro en una armadura con una marca hasta la hoja que habia llegado. Se acomodo los pelos negros buscando un poco de orden en la espesa cabellera, usando el reflejo de la armadura plateada como guia. Siguio poniendo derecho los tirantes de su pantalon emparchado. Terminando con la camisa blanca sin mangas ni cuello. Cuando la inspeccion a ojo estuvo completa dejandolo satisfecho. Pudo empezar a moverse al segundo piso. 

 

Se le ocurrio ir a buscar a Frankie a las cocinas. Ella siempre estaba robando alimento a los elfos. Era su principal fuente de ingreso cuando la mesada del mes se acababa con los excesos de objetos curiosos. A mitad de camino se acordo del arreglo que habian hecho, por lo que retomo el primer camino a regañadientes. Él debia mantener la distancia hasta que la rabia de sangre estuviera fuera de control y necesitara la ayuda de su gemela para calmarla. Hacia dos semanas, que el acuerdo estaba resultando. La furia no sobrepasaba la superficie y él estaba haciendo una vida normal como cualquier vampiro, por primera vez.

 

El aula no estaba vacia. Thomas lo percibio antes de entrar. Eran dos profesores de diferente sexo, como la vez anterior. Se limito a saludarlos con la mano hasta llegar al banco donde tomo asiento. Luego de las presentaciones el chico se entero a donde iban a ir. Tenia mucha curiosidad por ver animales que eran magicos. Solo habia visto imagenes de ellos en los libros. 

 

 


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#4 Zoella Triviani

Zoella Triviani

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Escrito 17 julio 2019 - 02:30

Otro nuevo día empezaba, había llegado a Londres hace poco menos de una semana y se notaba en el rostro de la joven bruja. Zoella marchaba a paso lento por los pasillos de Hogwarts, a cumplir con su labor de tutora acompañando las clases del séptimo curso. La calva acostumbraba a llevar su peluca en la academia, sin embargo el día de hoy se había decidido a no llevarla, más por el hecho de no recordar donde la había dejado.

 

Extrañaba a Dennis, y durante todo su viaje le estuvo mandando constantes lechuzas para que sólo ella supiera donde estaba y que se encontraba bien, además de que siempre le decía cuanto la quería y le hacia llegar un recuerdo de cada lugar que visitaba. 

 

El repiqueteo de sus zapatos de tacón sonaban en el suelo, hoy iba con ropas que inusualmente usaba y consistía de unos pantalones negros de vestir junto a una blusa blanca por dentro y unos pequeños tacones de aguja negros, su varita descansaba en el bolsillo junto al pequeño amuleto de sacrificio que traía para Jeremy, la ultima vez que lo había visto olvidó por completo entregárselo, además de que la situación de esa reunión había dispersado toda la mente de la bruja.

 

Lleguó al salón donde Anne había notificado que sería la clase, cruzó el umbral y escaneó toda a sala en busca de rostros conocidos. Con un pequeño asentimiento saludo a ambos profesores y mientras caminaba a sentarse lo vio, esos ojos que hace mucho no veía y justo un flashback vino a su cabeza.

 

El pequeño recuerdo de un bebé llorando entre sus brazos, una pequeña criatura de grandes y expresivos ojos azules oceánicos. Bebé que le había tocado entregar al dueño de un circo, bebé que esperaba tuviera una gran vida. Thomas fue el único de sus hijos del que no supo más, hasta ahora. 

 

La mujer se quedó estática y abrió sus ojos a más no poder. Tapó su boca y salió del salón con pequeñas lagrimas en sus ojos. Sabía que su único hijo varón estaba en la ciudad, más no esperaba encontrarlo tan pronto. Una vez afuera, se recargó de la pared y soltó un pequeño sollozo, tan sólo esperaba intentar acercarse a él durante la clase y averiguar si tenía conocimiento de ella y de él, su padre.

 

Minutos fueron los que duró en recomponerse, entró como si su acción anterior jamás hubiese pasado y se sentó al fondo mientras observaba con ese ya conocido sentimiento crecer en su pecho, quería abrazarlo y esconderlo de todos.


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#5 Jeranne Triviani

Jeranne Triviani

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Escrito 17 julio 2019 - 06:55

El vampiro se apresuró a entrar a Hogwarts. Ya estaba casi tarde. La nota que Anne le había mandado, había llegado temprano a sus manos, pero como de costumbre, había pensado que tendría tiempo para todo. Como pronto seria oficial su trabajo de explotar animales. Estaba muy ocupado montando otro laboratorio experimental en una locación diferente al que tenía de las plantas. 

 

Este como era de animales, necesitaba más espacio. Así que había elegido el desierto Refugio Askar para ello. Algunos Chuck junto a los elfos Beduinos comandados por Ereskigal a la cabeza, trabajaban día y noche en poner el lugar en condiciones para experimentos de todo tipo. No solo quería evolucionar algunas especies tontas como los gnomos de jardín, sino que también quería crear nuevos monstruos. 

 

Un ambicioso plan a futuro… futuro que no tendría si no llegaba a la clase de su prometida. Sabía que lo mataría si faltaba, por eso avanzaba casi a las corridas para llegar al aula. Se detuvo en seco al ver unos pasos más adelante a su hermana llorando muy angustiada. Los ojos se le abrieron de par en par. Zoella nunca lloraba. Bueno… no lloraba sobria, pero no parecía estar borracha y lo confirmo al verla secarse los ojos e irrumpir en el aula como si nada. 

 

-Disculpen la tardanza, tuve un desperfecto con la red flu -Dijo entrando al aula, y viendo a los presentes. ¡Cuántos ex mortios juntos! Hasta parecía una reunión en el Caldero Envenenado. Bellos recuerdos. Se acercó a su mujer para darle un pequeño beso en los labios sin omitir comentarios. Saludo a Eobard con la mano, antes de caminar hasta el fondo del aula donde estaba Zoella. ¿Qué demonios le pasaba? 

 

Al pasar junto al alumno. En quien no se había fijado bien, hasta ese momento. Se dió cuenta que le pasaba a la Triviani. El chico poseía el pelo del mismo color del que había tenido ella antes del accidente. “Es por olvidarse la peluca” Pensó sentándose al lado de ella, y tocando su hombro en señal de apoyo. 

 

-Estoy contigo. Ya aparecerá -Le dijo convencido que ese era el problema. ¡Mujeres!


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#6 Frankie Triviani

Frankie Triviani

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Escrito 17 julio 2019 - 14:48

Nada de divertido tenía robar comida a los elfos si a éstos les encantaba que lo hiciera. Ser sigilosa y andar con cautela dentro de la cocina era un desperdicio total de energía. No era una queja, les aclaro, solo un comentario.
 
Apenas había puesto un pie dentro de su lugar de trabajo y todo se volvía una algarabía (cabe resaltar que a estas alturas yo ya era una especie de "cliente frecuente", por lo que la algarabía era mayor para los elfos a quienes yo les agradaba... lo cual se resumía a todos, literalmente). Mientras unos llenaban mi mochila con golosinas y mis panecillos favoritos (los de mayor venta, dicho sea de paso), otros me hacían degustar sus nuevas recetas y aprobar la calidad de los alimentos de aquél día.
 
—!Sin duda hoy vamos a tener tremendo banquete! — Yo sabía como hacer enardecer a las masas. 
 
A veces, como ahora, me colaba por la gigantesca alacena y me hacía con algunos ingredientes que hacían falta en la mía, tales como levadura de cerveza y malta de cebada. No me juzguen si saben para que sirven, no se los permito. Y parecía que era mi día de suerte cuando encontré un paquete entero de esas galletas de jengibre que tanto amaba Thomas. 
 
Tenía que admitir que lo extrañaba demasiado, pero no estaba dispuesta a decírselo. Aún no sabía cómo hacer eso, pero en momentos precisos como este, mientras camino de regreso a la entrada de la cocina con la vista clavada en el paquete de galletas, y tratando de imaginar la expresión de felicidad en el rostro de mi gemelo al obtenerlas... tan solo deseaba no ser un espécimen insensible y parca en demostraciones de afecto.
 
Suspiro y tomo mi mochila, metiendo en ella lo que yo había tomado por mi cuenta. Me doy cuenta de que ahora pesa al menos unos veinte kilogramos y me asomo para inspeccionar el botín —Muy bien !¿Quien fue el audaz que metió aquí un jamón ahumado entero?! —todos quedan en silencio, hasta que veo una manita nerviosa de elfo levantarse a unos veinte metros. Le sonrío —!Felicidades, eres el empleado del mes!
 
Cabe resaltar que esa mañana me había llegado una notificación expresa de una clase especial que se impartiría temprano, y me hallaba tan de buen humor que incluso consideré asistir. No obstante, al mirar la hora saliendo de la cocina me percato que solo restan un par de minutos para que comience y no estoy dispuesta a marcar asistencia en ella llevando a cuestas una carga tan pesada, y tampoco alcanzaba a ir a mi habitación en la torre de Ravenclaw para ponerla a salvo. Ni loca.
 
Por lo tanto ya estaba decidido, no asistiría.
 
Sin embargo, mis piernas parecían haber decidido por sí mismas lo contrario. Entonces, me encontré dirigiéndome al segundo piso del castillo y al aula que había sido asignada para la clase especial. A un paso del umbral de la puerta, no podía creer que fuera a tomar la clase pero ya estaba allí y necesitaba descargar el peso de mi mochila y descansar un poco. 
 
Al entrar, me fijo en los profesores, bruja y mago, que ya parecen ansiosos por comenzar la clase. En las butacas, el rostro animado de Thomas, sentado en una de las filas delanteras. Le dediqué a mi hermano una fugaz sonrisa, la cual se extinguió al reconocer a las otras dos personas presentes, sentadas al fondo del aula.
 
—Con un ca-rajo...
 
—¿Disculpa? —volví la mirada de nuevo a los profesores, que parecía me habían escuchado perfectamente condenar el inesperado desencuentro familiar que se llevaría a cabo ese día.
 
—Nada, lo siento. Bue-en día.
 
¿Era demasiado tarde para dar marcha atrás? Quería dar media vuelta y salir corriendo de aquél lugar, pero mis azules ojos se encontraron con los de Thomas y rápidamente me encontré tomando asiento junto a él. Era extraño, pero estaba preocupada. Mi hermano parecía ajeno a la situación, por lo que deduzco que no sabe quienes son las personas sentadas tras nosotros y si algo no iba a permitir ese día, era que cualquiera de ellos perturbara la tranquilidad de mi hermano.
 
La clase comienza, y pronto nos indican que visitaríamos otro lugar. Conocer la reserva mágica se antojaba... sobre todo si existía la posibilidad de encontrar alguna criatura lo suficientemente grande y tonta como para hacerle engullir a mis padres de un solo mordisco.

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#7 Thomas Clairmont

Thomas Clairmont

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Escrito 18 julio 2019 - 01:15

Una mujer sin cabello fue la siguiente en pasarse por la clase. Thomas miro curioso ese rostro perfecto que enmarcaban unos delicados ojos grises. Se imagino a la guerrera protagonista del libro que estaba leyendo, montada en unos de los dragones blancos con una varita en su mano dispuesta a conquistar el mundo. Desde ese minuto su protagonista ya tenia rostro y seria el de aquella desconocida que se sentó en los bancos del fondo. Las ganas de darse vuelta a verla una vez mas fueron intensas que hasta empezó a torcer la parte alta del cuerpo cuando la puerta volvió a abrirse presentando otra persona. Un hombre similar al aspecto escandinavo el cual tampoco tardo mucho en seguir el camino hacia la parte de atrás. 

 

Solo en ese breve instante el chico se dio cuenta de la diferente temperatura que emanaba de los presentes. En su espalda, el clima era muy frío, mientras que en su pecho mirando de cara al pizarron donde estaban los dos profesores, el ambiente era cálido. Supuso que el contraste lo marcaban la raza aunque no descartaba otros factores como el grado mágico. La mente del joven quedo en blanco cuando su mirada se detuvo en su gemela. La calidez de esa imagen le hicieron brillar los ojos de dicha. Desplazo cualquier pensamiento racional sobre el ambiente en el instante que sus ojos se encontraron. No llego a notar su malestar hasta que se sentó al lado de él. 

 

-¿Que pasa? -Susurro apoyando un brazo en el respaldo de la silla de Frankie en forma protectora. 

 

 


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#8 Anne Gaunt M.

Anne Gaunt M.

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Escrito 19 julio 2019 - 19:37

Eobard no tardó mucho en llegar y, al hacerlo, la saludó escuetamente y, tras un asentimiento de la Gaunt para confirmar lo que él le decía, se puso a pasear por el aula esperando a que llegaran los alumnos. El primero tampoco tardó demasiado. Mientras entraba en silencio, Anne le observó. Le resultó curioso que solo les saludara con la mano antes de tomar asiento, pero optó por guardar silencio. Tampoco es que ella fuera la más simpática del mundo, claro.

 

La puerta volvió a abrirse, esta vez para que entrara una de las tutoras que los acompañarían durante la clase. Era Zoella, su cuñada. Y ex-amante de su prometido. Solo con pensarlo sintió deseos de matarla.

 

Para su sorpresa, laTriviani salió precipitadamente y, tras unos segundos, volvió a entrar. Y un instante después entró Jeremy. ¿Casualidad? Prefirió no pensar en el tema si querían tener la fiesta en paz. Recibió el beso del hombre sin demasiado entusiasmo y le observó mientras se sentaba junto a su hermana. Se le encogió el estómago.

 

Agradeció enormemente que la última alumna apareciese. Tampoco la conocía de nada, aunque guardaba cierto aire familiar que le llamó la atención. Entró lanzando improperios, pero rápidamente rectificó y saludó. Esperó a que Eobard tomase la iniciativa en cuanto a presentaciones y primeras explicaciones y se limitó a darle la espalda cuando le preguntó si había solicitado algún traslador. Ya ni recordaba el papeleo que había que hacer para utilizar uno de aquellos chismes.

 

No — respondió con simpleza, con la varita en la mano y concentrando el poder mágico que iba a utilizar—. Pero tenemos un cuarto de hora para llegar, así que... vamos a tomar un atajo.

 

«Fulgura Nox», pensó. El aire frente a ella vibró de repente, como si alguien lo tomase de unos hilos invisibles que delimitaban una porción de él y lo estiraran súbitamente. En el centro de aquella anomalía apareció un punto brillante, y éste comenzó a extenderse como si de plata líquida se tratase hasta que configuró un portal que podían atravesar cómodamente todos los presentes en parejas. Terminado aquello, se volvió hacia los presentes prestando especial atención a los alumnos.

 

Bien, es mi turno. Bienvenidos, queridos alumnos. Como ya el profesor Black Lestrange me ha presentado, puedo ahorrarme esa parte. Y sabemos vuestros nombres por el listado, así que... pasemos directamente a la acción —les señaló el portal con la mano derecha, mientras seguía sosteniendo la varita con la izquierda—. Atravesaremos el portal de dos en dos. Vosotros, alumnos, agradecería que lo hiciéseis con Eobard y conmigo; me es indiferente con quién vaya cada uno. Los tutores que vengan tras nosotros, por favor. Apareceremos directamente junto a la Oficina de la Reserva y, puesto que nuestro querido profesor Black Lestrange trabajó allí hace años, dejaremos que él nos presente como grupo —afirmó. Cualquier excusa era bienvenida para alejarla de las relaciones sociales—. Adelante, venid uno de los dos conmigo. El otro con Eobard. Profesor... después de usted.

 

Esperó su turno y, tras dirigir una dura mirada a los hermanos tutores, cruzó junto a uno de los alumnos sin mirarlo. Aparecieron junto a una cabaña de aspecto pequeño bastante engañoso a la cual se llegaba por un sendero rodeado completamente de árboles. El clima era fresco, agradable. Estaba segura de que sería un buen día.

 

Vale, ¿estamos todos bien? Adelante, debemos entrar aquí para avisar de nuestra llegada y luego haremos una ruta para que podáis ver la cantidad de criat...

 

Un estruendo repentino hizo que la Gaunt se callara y toda la isla se revolucionara de repente. De los árboles emergieron decenas de aves gritando, graznando y piando a causa del sobresalto, todas alejándose por el cielo. La warlock arrugó el ceño y miró a Eobard de reojo. ¿Aquello era normal en aquel sitio o acababan de llegar en el momento menos apropiado?


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#9 Jeranne Triviani

Jeranne Triviani

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Escrito 21 julio 2019 - 18:59

El vampiro hizo una mueca cuando apareció la última alumna. “Jo.der estos críos” miro a Zoella buscando explicaciones, pero ella parecía estar preocupada por otras cosas. Se sintió un poco presionado, y empezó a buscar la varita para tenerla a mano. Nunca estaba de más ser precavido. Por suerte la clase empezó con Anne dando un bonito discurso y abriendo un portal. 

 

Le sonrío a la Gaunt orgulloso de su poder, pero ella no parecía estar muy contenta con la presencia Triviani. Vio la dura mirada que les mandó y deseo saber rezar en algún idioma. Habría problemas en casa, o tal vez ese día le convendría dormir en otro sitio. Se levantó juntando coraje luego que la mujer cruzara con un alumno, y se giró a Zoella. 

 

-¿Que hace la chica aquí? -Preguntó frunciendo la ceja, mientras se acercaba al portal - Dijiste que te ocuparías de ella, y aquí está. Fresca como una lechuga. 

 

 

Agarró del brazo a la mujer, para cruzar el círculo mágico, juntos. Por un segundo se le dio por imaginar que se cerraba a medio paso y una parte de ellos quedaba en la reserva mientras que la otra mitad descansaba en el colegio. Una situación muy de película de terror gore de bajo presupuesto. No ocurrió nada. En un pestañeo estuvieron en la reserva mágica. Pudo ver que Frankie andaba con ese chico y se puso celoso. No tenia permitido tener novio. Le hizo una seña negativa con la cabeza para que supiera lo que pensaba. 

 

Luego miró con una sonrisa Anne, para mejorar las cosas, pero ella aún no estaba prestándole atención, ya que miles de pájaros volaban por todos lados al mismo tiempo. Tal vez escapando de alguien… o algo. ¿Qué estaba pasando? 


Editado por Jeremy Askar Triviani, 21 julio 2019 - 19:00.

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#10 Frankie Triviani

Frankie Triviani

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Escrito 21 julio 2019 - 22:10

 
Por supuesto que mi hermano notó la tensión que de pronto aprisionaba mi tranquilidad. Giré mi rostro hacia él, mientras los profesores se ponían de acuerdo con nuestro medio de transporte, y mis labios se curvaron en una sonrisa para él —Todo está bien, pero tendremos "la charla" después... me temo que ha llegado la hora.
 
"La charla". Desde me había reencontrado con mi gemelo había estado postergando hablar de nuestros progenitores; tan solo la alusión al tema siempre me ponía de mal humor, de modo que Thomas había aprendido a dejar de insistir, conformándose con la promesa que le había hecho de abordar el tema cuando fuese el momento indicado. No lo era este, pero la presencia de ambos en nuestra clase me auguraba un mal rato y se había vuelto imperante hablar de ello.
 
Lo que me preocupaba es que ellos intentasen algo durante la clase, aunque no estaba segura de que supieran quien era realmente Thomas... pero por la expresión que había notado en el rostro de mi madre, no tenía muchas esperanzas. Me había dado incluso la impresión de que estaba llorando, pero me resultaba difícil de creer.
 
Nuestra profesora realizó un acto de magia bastante interesante, lo cual fue suficiente para atraer mi atención durante un momento y dejar las tonterías para después. Abrir portales no era cosa de aficionados, y era muy posible que no fuese su único talento. Por otra parte, me di el tiempo de fijarme un poco mas en su aspecto, y aunque la túnica que la cubría por completo me hacía un poco difícil el trabajo, su rostro era sobrado en rasgos muy interesantes, aunque escueto en expresiones.
 
Me levanté primero, haciendo un esfuerzo por echarme la pesada mochila llena de comida sobre la espalda y conseguí cruzar el portal junto al profesor Eobard. Estaba muy agradecida de que no se hubiesen decidido por un traslador ésta vez. Del otro lado, me encontré en el interior de una especie de cabaña, y una mescolanza de aromas del bosque se filtraba con la fresca brisa a través de la puerta abierta, la cual mostraba un sendero que cruzaba un frondoso bosque. 
 
Me acerqué a mi hermano apenas cruzó el portal, pues no pensaba separarme de él ni un segundo aquélla mañana con los Triviani tan cerca; darles la oportunidad de hablar con él no era una opción para mi. Crucé miradas con Jeremy durante un segundo y me hizo una seña que no entendí de todo, pero le ignoré como siempre lo hacía.
 
—¿Crees que podamos colarnos a donde están los dragones? Necesito hacerme de algunas cosas —pregunté a mi gemelo en voz lo suficientemente baja para que solo él me escuchara. De pronto un estruendo que hizo todo se estremeciera, y la agitación en el bosque no se dejó esperar. Salí fuera de la cabaña, curiosa y repentinamente ansiosa, buscando el origen, pero no logré ver nada —¿Y exactamente qué es lo que haremos acá? —pregunté, volviéndome hacia el grupo, desde el umbral de la puerta.

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