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Conoce el nuevo contexto de rol global de la Segunda Temporada de Rol en la CMI. Link

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Magia Avanzada XLIXProfesor: Eobard Thawne


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#1 Eobard Thawne

Eobard Thawne

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Escrito 30 abril 2020 - 00:16

Deslizó los dedos con delicadeza mientras pasaba las amarillentas hojas de la libreta de bolsillo. Las expediciones no eran lo suyo, eso era un trabajo que se le daba mejor a su colega Nash. Pero, en esta ocasión, éste le había ayudado a planear su siguiente clase. El sonido de los motores lo sacó de su ensimismamiento, y casi hace que tire el libro por la borda. 
 
    Esto...Sí, ya debemos estar cerca.     miró a lo lejos, más allá del mar aparentemente interminable. Una isla remota, como las que relataban en las historias de piratas.     Capitán, en cuanto lleguen mis estudiantes, sea tan gentil de informarles dónde encontrarme. 
 
Se dirigió al encargado del navío de carga del que era pasajero, mientras se despegaba del borde para poder escalar hacia la parte superior de la embarcación, un espacio reservado para las aeronaves muggle que llamaban helicópteros. Desde allí, podía ver  hacia la cubierta, repleta en su mayoría de amplios contenedores metálicos. Había pedido a la dirección de Hogwarts, que enviará una serie de trasladores preparados con la ubicación en la que se desarrollaría la clase. Cada uno, sería un objeto distinto, naturalmente, por lo que cuando viera a sus alumnos, se enteraría de qué artefacto les habían enviado. 
 
Uno a uno, los inscritos a la clase fueron haciendo presencia, mientras él permanecía impasible, de pie sobre la gran roja. 
 
     Algunos se preguntarán, ¿por qué los he citado aquí, habiendo tantas aulas disponibles en Hogwarts? 
 
Era una respuesta retórica, desde luego, pero aguardó un par de minutos antes de continuar, por si alguno de los presentes quería comentar algo. Acto seguido, les invitó a que se acercaran al barandal metálico que cercaba la zona de descenso. Ni siquiera se había presentado, hecho que le valió una risa por lo bajo. 
 
Señaló el vasto océano que rodeaba la embarcación. El agua era casi pura, esa tonalidad que combinaba al cielo despejado y la vegetación sana, propia del Caribe. En calma, como la que antecede a la tormenta. Hurgó en el bolsillo de su pantalón de cargo hasta encontrar la varita de nogal negro, su fiel compañera. Para dictar una clase de ese tipo, generalmente lucía atuendos que coincidían más con un explorador.
 
    Lo primero, bienvenidos a Magia Avanzada. Soy el profesor Black Lestrange, encargado de completar su enseñanza mágica.     recitó, a manera de antecedente a dar inicio a la travesía.      Como punto de partida, vamos a sumergirnos en las profundidades, esperando que ninguno tenga problema con ello, después de eso buscaremos un interesante artefacto. ¿Ideas?
 
Actualmente, existían variadas soluciones a la problemática, pero le interesaba saber las propuestas que daban aquellos que estaban a un paso de salir a enfrentarse a problemáticas de la comunidad mágica que, a comparación, eran mucho menos triviales que saber cómo sobrevivir bajo el agua.


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#2 Altaira Ashryver Delacour

Altaira Ashryver Delacour

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Escrito 05 mayo 2020 - 01:30

La cabeza me dolía podía sentir como si un martillo me estuviera golpeando, mi elfina apareció a mi lado con una poción de aspecto desagradable la cual tenía peor sabor de lo que aparentaba. 
 
Observando la hora en mi celular, maldije por lo bajo. No había sido una buena idea salir de fiesta una noche antes de mi primera clase, agradecida porque los efectos de la resaca estuvieran desapareciendo, agarre mi chaqueta beige, y tome la carta que había recibido de Hogwarts hace unos días, junto al traslador el cual consistía en una pluma blanca.
 
El objeto brillo y sentí el familiar tirón de ombligo, aterrizando de manera elegante sobre la superficie plana si no hubiera estado acostumbrada a ese tipo de transporte probablemente hubiera terminado en el suelo, debía agradecer a mis padres por eso, crecer en una antigua familia mágica era algo bueno sin duda. 
 
Observe alrededor con curiosidad descubriendo que me encontraba en una embarcación más específicamente sobre una pista de aterrizaje la gran H pintada era buen indicador. El paisaje natural alrededor era hermoso, la aguas cristalinas me hicieron pensar que estaba en alguna isla paradisíaca. La pluma que había servido de traslador continuaba en mi mano. 
 
Ignorando las apariciones alrededor, observé al hombre que sin duda era el profesor. Escuche y preste atención a las palabras y acciones del profesor decidida a graduarme después de tantos años. 
 
Levante la mano ante la pregunta del profesor. 
 
-Soy Altaira Delacour -me presente antes de responder -El encantamiento casco burbuja es útil si vamos a sumergirnos en el agua en cuanto al artefacto ¿qué debemos buscar exactamente? 
 
Sentía mucha curiosidad y deseos de comenzar con la búsqueda, después de todos adoraba los retos. 

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#3 Ermac.

Ermac.

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Escrito 05 mayo 2020 - 06:09

Las hojas del árbol le daban diminutas pistas sobre donde estaba la madriguera del animal. Podía ver que el tronco donde estaba sosteniendo el cuerpo, tenia marcas de picotazos, rasguños y sabia seca carcomida. Los guantes que dejaban sus dedos fuera del material de caucho que soportaba de forma profesional el agarre. El tambaleo para avanzar por la rama era mínimo. 
 
El olor al animal se intensificaba con el avance del encapuchado. Unos chillidos provoco el vuelo simultaneo de varias aves en arboles vecinos, incluido su cena. Maldijo en una lengua secreta, dejándose caer cinco metros hacia el suelo. Se dio cuenta que debería buscar otra opción para tener el estomago lleno. El camino de vuelta a la lechuceria donde tenia su bolso escondido entre el fiordo transcurrió sin contratiempos. 
 
 Su tapado en la boca junto al sobretodo que cubría el resto de su cabeza, lo hacia pasar desapercibido entre los alumnos. La ultima clase había terminado tomando decisiones de supervivencia, ahora en la espera de su ultimo curso estaba deseando que fuera algo mas tranquilo. Una carta resplandeciente estaba sobre uno de los palillos donde las lechuzas se bañaban. Ermac se preparo para agarrarlo. Su mochila, como siempre, estaba provista para lo que necesitaba a la hora de sobrevivir. 
 
Un profesor esperaba en un barco por los alumnos. El encapuchado se quedo resagado detrás de los demás prestando atención. Las palabras del hombre le dieron una pista de a donde irían. Le molesto saber que debería mojarse. Su ropa presentaría un problema grande a la hora de mojarse e impedirle la flotabilidad que necesitaría para mantenerse estable. Estaba en problemas. 
 
-No tendremos suficiente luz -Dijo en susurros. Guardándose los cientos de motivos peligrosos que conllevaba la empresa.

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#4 Maekar Baelfire Peverell

Maekar Baelfire Peverell

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Escrito 05 mayo 2020 - 08:29

Un familiar aroma a maresía invadió sus pulmones en cuanto el traslador le hizo aterrizar en la cubierta, haciendo gajes de su destreza deportiva al caer sobre ambos pies y sin ningún movimiento tambaleante. Sostuvo la pequeña concha marina que le habían hecho llegar junto a la lechuza de reclutamiento mientras giraba en su propio eje para obtener una perspectiva rápida del escenario en el que se llevaría a cabo su nueva clase, la cual no le desagradó en absoluto.
 
Maekar inhaló profundamente, dejando que la fragancia del salitre y la brisa marina activara aquél consabido frenesí que siempre le invadía desde niño cada cuanto volvía a su hogar en las islas Frisias; pero no estaba allí para disfrutar de un crucero, de modo que fue en busca de su clase para unirse a sus profesores y sus compañeros, encontrándoles un par de minutos después en el helipuerto que tenía la embarcación.
 
El pelirrojo hizo un rápido reconocimiento a los que ya estaban presentes, dedicándole a su profesor una leve inclinación de cabeza a modo de distinción. Solo una chica de cabello platinado y Ermac, a quien aún no le perdonaba del todo lo que había hecho la clase anterior, habían llegado a la clase, mientras tanto, el Frisio se dedicó a disfrutar el panorama hasta que el profesor decidiera iniciar su cátedra. 
 
Había un agradable viento a favor, y este agitaba con desinhibida elegancia su rojo cabello y la camisa desabotonada que llevaba también remangada, bajo la cual llevaba una remera sin mangas que dejaban entrever la parte superior de su pecho. Unos vaqueros viejos llevaban su varita a la vista en uno de los bolsillos posteriores, y unas zapatillas deportivas, que afortunadamente tenían suelas antiderrapantes, complementaban aquél día su vestimenta.
 
En cuanto el profesor comenzó a explicar lo que sería la dinámica de aquélla clase, Maekar pudo sentir que el ambiente se tornaba bajo entusiasmos opuestos por parte de sus compañeros; estaban a punto de sumergirse en las profundidades del océano que la embarcación cortaba en su curso a tierra firme. La forma mas segura y sencilla de sobrevivir bajo el agua era con el encantamiento casco-burbuja, así que no debatió ni añadió otra respuesta a la de chica rubia. 
 
—¿Que clase de artefacto buscaremos allí abajo? —preguntó el Strange con curiosidad.

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#5 Eobard Thawne

Eobard Thawne

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Escrito 06 mayo 2020 - 03:27

El número de participantes, era mayor a comparación de los que había tenido en esa clase durante los últimos meses; la mala racha parecía esfumarse. Asintió con tranquilidad, mientras escuchaba cada una de las respuestas. Le pareció gracioso que sólo Altaira se presentara, pero no podía culpar a los demás.

De hecho, estando en la práctica profesional, sobre todo en ese tipo de situaciones de búsqueda, a veces era mejor no revelar quienes eran.

   Debo decir que me han impresionado. Normalmente, la gente acepta descender a las profundidades sin saber qué encontrará.   concedió el Black Lestrange, con una genuina sonrisa de satisfacción.     Hicieron los señalamientos correctos.
 
Empleando magia no verbal, trazó una especie de anillo con la varita mágica, de la cual emanó un chorro de agua adoptando dicho trazo. Poco a poco, fue derivando a una figura que asemejaba la letra griega omega, como dos caídas de agua en una montaña. El castaño se guardó la varita de vuelta en el pantalón de cargo. 
 
    En esta zona, hubo un naufragio. Se tiene la creencia de que la nave pertenecía a Francis Drake, el infame corsario inglés. Nunca encontraron el cadaver, así que lo dudaría mucho. 
 
Dándole la espalda a la formación de agua, señaló el espacio vacío entre ésta.
 
    Hay una gran burbuja de aire en los alrededores. No es usual, en teoría sólo debería existir dentro de los restos del barco.    explicó, intentando contextualizar la razón por la que tendrían que empaparse.     Evidencia de que Drake era un mago, ¿o por qué tanto interés en tesoros? Lo averiguaremos. 
 
Aquello no iba a colar tan fácil para sus alumnos. Ya estaban conscientes de que no sería un día de campo. Eso implicaba un cambio de planes en la travesía, un giro que esperaba saliera bien. 
 
    Buscamos un anillo. Supuestamente, está en la nave. Arriesgar tanto, por una baratija, tiene su fundamento en que encaja dentro del acceso a unas catacumbas en la isla que ven más allá. Al menos, la forma de algo que parece un anillo. 
 
Otro de sus alumnos hizo hincapié en la poca visibilidad que tendrían. Era razonable, aún las aguas caribeñas con su peculiar claridad, oscurecían después de descender varios metros. Realizó una seña de aprobación al comentario.
 
    Podría iluminarse con la luz de la varita, pero te expondrías a que te ubiquen con mayor facilidad.     indicó, ladeando la cabeza hacia ambos lados mientras pensaba en una alternativa.      Como uno debe iluminar el camino, no veo problema en que yo lo haga, no se preocupen por eso. Ya hablaremos más de esto, en cuanto hayamos llegado a la embarcación. Usaremos el casco burbuja, como sugirió Altaira. A menos que hayan traído branquialgas.
 
Tendió la diestra hacia el barandal metálico, en forma de invitación para que, una vez preparados, se lanzaran hacia el mar. Él sería el último en hacerlo, para asegurarse de que nadie se quedara atrás, por lo que, en cuanto todos estuvieron bajo el agua, iluminó la punta de nogal negro. 
 
Hablar bajo el agua, a través de una burbuja era un desastre, así que les indicó con señas que le siguieran, mientras descendía en un trayecto casi recto. El problema, no era la iluminación, ni siquiera la respiración. Apenas el grupo se puso en marcha, fueron vistos por varios pares de ojos curiosos. De esos ojos, que si bien prefieren mantenerse alejados de la comunidad mágica, les preocupa cuando traspasan sus territorios. 
 
Aquella región, estaba bajo la protección de un pequeño séquito de sirenas. Seres acuáticos, guerreros por naturaleza, que blandieron sus tridentes y dieron inicio a la persecución de los forasteros.


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#6 Ermac.

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Escrito 07 mayo 2020 - 14:08

La brisa marina a Ermac le llenaba los pulmones de olor a sal y algas. Opinaba que lo peor estaba por venir, y lo confirmo al ver a su compañero de la clase pasada. El pelirrojo tenia la mala costumbre de estar donde no debía, interrumpía el destino salvandolo como la vez anterior. Habia recibido el castigo por esa maniobra tan innecesaria. Su cuerpo había sufrido la prohibición de comida y agua plasmática durante una semana, mas un entrenamiento el doble de duro que habitualmente ejercitaba. Al final del día, estaba tan débil que se sumergía en un descanso de pocas horas en cualquier sitio. Descuidando su seguridad y dejándose a merced de sus enemigos. 
 
Las pautas del profesor fueron escuchadas por el encapuchado que conjuro el casco burbuja para que aprisionara su cabeza. La búsqueda del anillo parecía ser una competencia, por lo que observo al frisio duramente antes de dirigirle unas palabras que no salieron por el casco que prohibía que los sonidos salieran de ahí. Antes de lanzarle al mar, le hizo señas con el puño cerrado y el dedo pulgar hacia abajo, para que supiera que estaba preparado para el descenso al agua. Un salto de espalda lo confirmo. 
 
El agua estaba fria para un humano común, pero para Ermac que tenia temperatura baja, no supuso un problema. La ropa si, lo hacia patalear de mas para mantener la flotabilidad. No se había quitado la mochila con sus objetos, aunque era impermeable para soportar el agua sin que produjera perdidas en el contenido. Aprovechando la visibilidad de la superficie Ermac  le hizo una nueva seña a Maekar, juntó el dedo índice de cada mano señalando al frente. Para que supiera que irían juntos. 
 
El profesor tomó la delantera iniciando un descenso mas pronunciado. Unos segundos después eran perseguido de cerca por unas sirenas con tridentes que los perseguían. Ermac señalo sus ojos y posteriormente hacia el grupo de enemigos que se les venían encima, para que Maekar estuviera al tanto. 

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#7 Maekar Baelfire Peverell

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Escrito 10 mayo 2020 - 19:23

Los amarillos ojos del mago resplandecieron al escuchar un poco de historia sobre aquélla zona marítima. Era completamente normal que un pequeño que había crecido escuchando historias de piratas y vikingos se emocionara ante una excursión en un naufragio, así que no sintió ningún pudor en mostrarse entusiasmado a la hora de dar un salto de clavadista desde la cubierta una vez que se hizo provisión de un casco burbuja con su varita y hacerle un encantamiento térmico a su ropa.
 
El Frisio había pensado en dejarse los zapatos en la embarcación, pero había entendido perfectamente entre líneas que no regresarían a bordo. La misión era encontrar un anillo que encajaba perfectamente en una catacumba de la isla que estaba próxima, y era probable que se encontrara en una especie de reservado mágico a prueba del tiempo y la corrosión del agua salina del mar. No obstante eso le hacía preguntarse, ¿no era probable que ante esa información el anillo fuese robado ya? Si seguía allí era señal de que algo le protegía.
 
Conforme se sumergían en las profundidades, con el profesor iluminando a la cabeza, Maekar notó las señales de Ermac. —Y ahora que demonios querer —susurró para si mismo, entendiendo que el mago le invitaba a ir con él. Después de lo sucedido en la clase de introducción a la magia, se consideraría a si mismo un demente si decidía seguirlo, pero al seguir descendiendo pudo notar que ya estaba nadando a un par de metros a su lado mientras que el profesor se adelantaba un poco más profundo.
 
Maekar notó las sirenas al mismo tiempo que su compañero, a quien le dedicó un asentimiento a sus señales. El nado se dificultaba un poco al tratar de sostener la varita, desenvainada desde el momento justó en que un par de aquéllas criaturas habían emprendido su cacería; eran sumamente veloces, tanto que uno de ellos ya había pasado rozándole por un lado, pero el pelirrojo había hecho gajes de su talento como nadador al esquivarlo, aunque se dijo a si mismo que de haber querido dañarle, la sirena habría podido hacerlo con su tridente.
 
No estaban atacando, estaban defendiendo.
 
Se volvió a guardar la varita haciendo una apuesta clara. No era más rápido ni más ágil, pero había alcanzado a atisbar el naufragio a unos treinta metros más de profundidad gracias a luminosidad que su profesor les proveía. Si en aquélla embarcación había una especie de burbuja, eso significaba que solo estarían a salvo de las sirenas en su interior. Jamás había intentado una aparición bajo el agua, pero valía la pena el intento, pero ésta vez le regresaría el "favor" a Ermac, así que tocó su hombro justo antes de desaparecer.
 
—Lumos —pronunció, segundos después. Todo seguía oscuro, pero había sentido que su cuerpo ya no estaba flotando en el agua y sus pies se apoyaban en algo firme. Crujiente bajo su peso, pero firme. La punta de la varita se encendió, iluminando una habitación con paredes y techo de madera vieja. Bultos y viejos barriles desperdigados por el suelo, junto a viejos artefactos que ya solo veía en los libros de historia —Vale, creo que lograrlo. Estar en barco pirata ¿habrá llegado el profesor? —acercó la luz a Ermac para verlo, apenas cerciorándose de que estuviera en condiciones —¿Buscar a ellos o el anillo?.

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#8 Eobard Thawne

Eobard Thawne

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Escrito 14 mayo 2020 - 01:09

No resultó tan mal. Previo a la clase, había hablado con las sirenas que ahí moraban, aprovechando de su entendimiento del sirenio. Se tornarían hostiles apenas vieran al grupo, aunque no lo suficiente para matarlos. Su objetivo era distraerlos de la embarcación, o en su defecto, hacerlos volver a la superficie. Un tridente salió despedido hacia el Black Lestrange, que conjuró un Expulso sobre la capa de roca bajo él, para propulsarse hacia arriba. Altaira parecía estar pasándola difícil, pues otra de esas armas metálicas había ido a parar hacia donde estaba.  

 

Le tomó del brazo, sin detenerse a ver si estaba inconsciente o no, y repitió el hechizo para impulsarse hacia el galeón, mientras Ermac y Maekar hacían lo propio. 

 

    Ah, aquí están.     pronunció minutos después, sosteniendo la varita en alto para iluminar lo que parecía haber sido la bodega.     Su compañera ha resultado herida, pero la he dejado en la enfermería, un par de habitaciones al sur de la nave. Seguro nos alcanza más tarde. ¿Continuamos?

 

No les preguntó si estaban bien. Para él, el simple hecho de que hubiesen llegado a la burbuja de aire dentro del navío era suficiente. Mientras presidía la marcha a través de un pasillo cuya orientación se había inclinado hacia la derecha, extrajo el diario que le había dado Nash. Llegó a la hoja que tenía un esbozo de la estructura del barco, para cerciorarse de que estaban en buen camino. 

 

    Estamos cerca, si el mapa es correcto. Pero sabemos que la equis no siempre marca el lugar.

 

Torcieron hacia la izquierda y allí, al final del corredor, en donde la burbuja de aire comenzaba a menguar y el agua había inundado el piso, estaba la habitación que buscaban. El líquido les llegaría más o menos a la cintura conforme fueran adentrándose, independientemente de su estatura. Ése era el primer indicio de que algo no cuadraba. Pero el castaño sabía que, aún con la sensación de que era una trampa, ya estaban lejos de volver. La habitación tenía el piso vencido, aunque el agua impedía resbalar. Casi toda se arremolinaba en una especie de vórtice, similar a los huracanes, pero en miniatura. Era como el orden y el caos; entre la calma y la tormenta, una forma circular de plata existía, aparentemente sin ser afectada por el movimiento de las aguas.

 

    Bienvenidos al alijo personal de sir Francis Drake.     anunció, casi con ironía, examinando los alrededores. Había otros dos accesos, pero estaban bloqueados por la roca en la que el transporte había encallado.     Pero me parece que no va a ser tan fácil sacar el anillo de ahí. 

 

Casi como si hubiese salado el asunto, la puerta tras de sus estudiantes quedó sellada. A pesar de ser madera, la magia que ahí residía impedía que fuera abierta por medios naturales. El vórtice, hasta entonces tranquilo comenzó a agitarse, como un verdadero ciclón, absorbiendo el agua que inundaba la estancia. Pronto también serían absorbidos, y sus cuerpos posiblemente destrozados ante la fuerza centrífuga. 

 

    Habría que ralentizar el movimiento del vórtice y sacar el anillo antes de que la presión nos haga pedazos. 

 

Así de simple, en apariencia. Él podía sacarlos de allí con el Fulgura Nox, portal que conjuraría cuando hubiesen obtenido el anillo, y que los enviaría a la playa de la isla en la que Drake había hecho su última campaña en nombre de la corona inglesa. Siendo un habitáculo repleto de otros tesoros, como copas, yelmos, espadas, seguramente debía haber algo que pudiera sustituir el anillo, pero debían ser cautos, que el mínimo error potenciaría al torbellino.


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#9 Ermac.

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Escrito 18 mayo 2020 - 00:41

La mirada del encapuchado sufría problemas con cada brazada de avance. El cubre rostro se movía impidiéndole recibir una vista clara de las sirenas que los seguían. Quito de su bolsillo superior izquierdo el kunai negro parecido a una sombra en medio del mar, listo para usarla contra los atacantes. Maekar le toco el hombro volviendo todo negro para Ermac hasta que cayeron sobre madera cubierta de agua hasta media pantorrilla. El profesor les hablaba pero el cazador solo tenia oídos para Maekar. 

 
-Iré por el anillo y en cuanto vuelvas a tocarme, sufrirás la furia del creador -Amenazo volviéndose al lado contrario de donde estaba el pelirrojo. 
 
Un boquete en el centro de la habitación empezó a mostrar signos de magia, creando un tifon que los arrastraría a todos. Ermac salto para agarrarse de las tablas del techo utilizando sus músculos de los brazos para ir avanzando hasta el mismo centro del boquete donde se dejo caer sin aviso previo. El agua fría volvió a recibirlo con los brazos abiertos, hundiéndolo cada vez mas hasta llegar al fondo de madera podrida del barco. 
 
Si miraba para arriba no podía ver mas que el vidrio de su casco burbuja. Con el Kunai en una mano y la varita en la otra, empezó a golpear todo el fondo buscando alguna reacción diferente en el comportamiento del agua. Lo encontró al quinto intento una corriente eléctrica le subió por el brazo hasta el hombro provocandole un grito mudo. El anillo se podía ver luminoso a la hora de agarrarlo. 
 
-Siempre con usted, señor -Susurro fervientemente a la hora de ponérselo en el dedo indice. 
 
Ermac volvió a ver todo unos segundos hasta que abrió los ojos que tenia cerrado fuertemente. El agua no lo mojaba y las olas furiosas no parecían tocarlo. Se elevo nadando hasta pasar por el boquete de regreso al piso superior del barco donde estaban el profesor y Maekar luchando con el aguan enfurecida. No podían verlo. El anillo lo ocultaba de la vista de los demás.   

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#10 Maekar Baelfire Peverell

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Escrito 18 mayo 2020 - 02:49

Maekar sonrió ante la amenaza de su compañero. Le parecía que Ermac era todo un personaje, y aunque el recuerdo de la clase pasada aún le irritaba un poco, parecía que comenzaba a entender el carácter de su enigmático amigo. El frisio había dedicado un par de días en investigar todo lo referente al mago sin conseguir ninguna información relevante, pero había pequeños indicios que Ermac no podía esconder aunque quisiera.
 
Siguió al profesor y al palurdo a través de un pasillo. La únicas luces que esclarecían la profunda oscuridad del naufragio provenían de su varita y de la del maestro, y con ella pudo ver que el Black Lestrange tenía en su posesión un encuadernado que consultaba a menudo para guiarles por el camino. Maekar había estado esperando trampas y acertijos que obstaculizaran el camino hacia el curioso anillo, pero al no haber todo le seguía pareciendo demasiado extraño.
 
Conforme avanzaban, podía notarse que el agua comenzaba a filtrarse por la burbuja y caía no solo desde el techo, para acumularse en el suelo hasta inundar sus zapatos, y más adelante, subir abruptamente hasta la cintura. Una embocadura en la madera vencida creaba un vórtice por donde el agua escapaba, pero curiosamente no disminuía. Al entrar en la cabina la puerta se selló tras los magos, y el pequeño remolino aumentó su vorágine, dejándolos atrapados y sin aparente escapatoria.
 
Los amarillos ojos de Maekar vieron a Ermac saltar y adelantarse al centro del compartimento utilizando las tablas del techo, para después dejarse caer en el centro del huracán. El pelirrojo entornó los ojos con fastidio, y dirigió al profesor una sonrisa irónica —Descuide, así ser él —enunció, tras lo cual se unió a él con su varita para tratar de apaciguar la fuerza del vórtice, y con ello asegurar que Ermac pudiese salir de allí, de ser posible con el anillo.
 
Pero el mago no salía pasados los minutos, y el esfuerzo fusionado no agregaba gran cambio mas que mantener el boquete abierto y ralentizada la corriente del agua para seguir en pie unos momentos más, hasta que la magia del lugar venció y la brecha cerró de golpe —¿Que pasar? ¿Haber salido? —No logró ver a Ermac por ningún lado, pero el agua no había amainado su furia, que ahora les golpeaba con fuertes y grandes olas que les lanzaban contra las paredes.
 
Maekar sabía que luchar contra ellas era en vano, así que se sumergió en el agua. El casco-burbuja funcionaba perfectamente, pero a unos cuantos metros pudo divisar una silueta diáfana que se dibujaba en el agua. La señaló al profesor, haciendo un par de señas, y haciéndole entrever que, sin lugar a dudas, se trataba de Ermac.

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