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Bosque de Luz.¿Fue solo un cuento? ¿Se transformó en un mito? ¿Existió alguna vez la fuente de la buena fortuna?, Por sobre todo, ¿Saldrás vivo?

Bosque cuentos Beedle bard

4 respuestas en este tema
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#1 Rachel Brice

Rachel Brice

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Escrito 21 noviembre 2020 - 16:28

Bosque de luz, era el nombre más engañoso que se podía llegar a escuchar. Incluso, en el mundo mágico donde vivía.

Había escuchado algunas historias del mismo, unas eran descabelladas, otras tenebrosas y una gran parte de ellas, simplemente se disipaban entre las constantes advertencias, que llegaban a todo el mundo mágico, sobre aquel peculiar y misterioso lugar.

Pocos y muchos decían conocer su ubicación o su legitimidad, ya que algunos creían, y otros no. ¿Pero no pasaba eso siempre ante un lugar tan mágico? Incluso, para nosotros los magos.

Lo que había más allá de sus jardines y su acorazada muralla, era un misterio que pocos tuvieron la dicha o la desgracia de conocer. ¿Cuántas almas aún permanecerán atrapadas dentro del Bosque de Luz?.

Algunos magos y brujas decían, que el cuento de la Buena Fortuna nacía allí, que los antiguos magos habían dado con su paradero, que era tan famoso que se peleaban por entrar, que el tiempo allí dentro, parecía no pasar.

Otros, sin embargo, comentaban que magos recelosos, ambiciosos por lo que allí había, antes de llegar a la entrada de ese frondoso jardín, lo habían llenado de trampas, criaturas, obstáculos que impidieran que nadie pudiese pasar más que ellos, para asegurarse de ser siempre los primeros en gozar de los privilegios que podía conceder ese majestuoso lugar.

Lo lamentable, era que muchos habían tenido esa misma idea, así que el lugar tan famosamente visitado y ansiado por intentar conocer, se había convertido en un lugar inaccesible, peligroso, incluso para aquellos que así lo habían inhabilitado, haciendo entonces, que todos los que quisieran perpetrar el tan majestuoso como siniestro lugar, se convirtieran en cadáveres al momento de entrar.

Lo curioso, aunque no después de varios años, era que a los nuevos visitantes no se les hacía extraño encontrar algún cuerpo sin vida, calcinado, degollado, petrificado o con alguna señal latente de haber sufrido una terrible muerte, en la entrada del tan mentado lugar. Tanta fuerza llena de recelo empleaba ese sitio para expulsar a los no deseados, que en cuanto fracasaban y morían, o enloquecían al punto del no retorno de su estado mental, el Bosque de Luz, los tiraba por los aires en un fuerte viento; un tornado que se abría entre ellos y los dejaba en el punto de partida, dónde conocía sus verdaderas intenciones y los exhibía de manera terrorífica en sus terrenos, como si de una advertencia se tratase para los nuevos viajeros.

Pero claro que nadie estaba seguro de ello ya que nadie había salido de allí con vida, o si lo hacían, las cosas que vivieron allí dentro, eran capaces de destrozar la vida del que fuera, como la conocía hasta entonces. Su cerebro y su psiquis se veían tan terriblemente afectados, que salían de allí, desquiciados, locos o transformados en algo a lo que no se le podía llamar humanos.

Todo se había transformado en un mito, un cuento, algo que nos contaban los mayores para asustarnos o hacernos dormir.

El punto, es que todo parte de una realidad. Rara vez se trataba de la invención de una persona, o de varias en realidad.

Sin embargo, cuenta la leyenda, que el Bosque de Luz permite la entrada al que no le busca por ambición, al que llega a él por casualidad o al qué no pretende beneficiarse de su experiencia o vivencias a costa suya. Se dice que si logras entrar, vivirás en una paranoia constante, las horas serán días, los días meses y los meses se terminarán convirtiendo en años te arrastrará a sus fosas como un animal hambriento arrastra a su presa. El Bosque de Luz aguarda, impasible, tranquilo aguarda, custodiado por las gárgolas que vigilan y custodian la declaración de intenciones de todos los que se acercan acecha hambriento, sediento, esperando el momento en que sus raíces, sus arbustos y su tierra, se nutran de un nuevo soberbio, ambicioso o aprovechado, buscando en silencio, mantener esa esencia que mantiene vivas sus tierras, sus árboles, sus raíces y cualquier objeto, criatura o cosa, que logre atravesar la muralla acorazada, que rodea el lugar. Lo único seguro, es que de allí, no podrás salir o al menos, no de la misma forma en que entraste.

¿Y tú? ¿Estás dispuesto a entrar?.

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#2 Mathías Lear

Mathías Lear

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Escrito 21 noviembre 2020 - 17:35

- Despierta… -

Una voz insistente en mi cabeza me obligaba a, de vez en cuando, abrir los ojos. La pesadumbre en mis parpados cansados, las ojeras y ese punzante dolor en mi hombro derecho, me inmovilizaban. Había decidido cambiar; por muchos años fui algo que nunca quise, un vampiro y ahora, había encontrado la manera de volver a lo que recordaba de pequeño, un humano convencional aunque claro, eso era imposible. Mi cuerpo, mi espíritu y mi alma, habían hecho tantas cosas malas, que en ningún momento, el retorno, podría haber sido una opción. Debí haberlo imaginado.

Una tos estridente, salía de mi boca haciendo que mis pulmones chocaran con fuerza entre ellos, dentro de mi torso. Una bala de plata me había atravesado el omóplato derecho hacía algunos meses ya; unos cazadores de bestias que indudablemente me habían pillado en un mal momento intentaron darme caza, mientras yo, les cazaba a ellos. Si, había dejado de ser un vampiro en parte pues aún… necesitaba la sangre para vivir. Inútiles, ¿de verdad creían que una bala de plata me iba a matar?... Fuera lo que fuera en ese momento. Yo, me denominaba un monstruo.

El tejido necrótico, comenzaba a recubrir la herida haciendo que la infección recorriera mis venas y en ocasiones, me mantuviera delirante. Mis iris, una gris y la otra verde, eran claramente opacadas por la inflamación de mis escleróticas inyectadas en sangre. Un sudor frío caía por mi frente, un escalofrío recorría toda mi espina dorsal. No había hecho el menor intento por curarme o sacarme la bala, realmente esperaba haber muerto días atrás pero… no pasaba; por alguna extraña razón, estaba atrapado en un mundo que desconocía, un mundo tan peligroso como estático. No podía recordar cuántos días habían pasado desde que estaba allí.

Lo cierto era, que encontré ese lugar meses antes, o eso creía, apartado de la ciudad y de las personas, se lo compré a un cutre forastero por unos pocos galeones. Me dio las llaves y unas indicaciones para llegar pero nunca se atrevió a acompañarme. Sólo recuerdo haberlo escuchado mencionar, que nadie me molestaría y aquello para mí, había sido suficiente. Se trataba de una pequeña cabaña de madera, protegida de los rastreadores, cazadores y cualquier presencia indeseada que pudiera suponer un peligro. No tenía los lujos a los que yo estaba acostumbrado, sin embargo, yo ya no era aquél hombre y para ser bastante honesto conmigo mismo, ni si quiera podía ahora, recordar con certeza quién era.

- Ok, ok.- susurré para mis adentros con una voz temblorosa, víctima del fuerte dolor.- Eres Mathías Croft, tus padres son... vivías en... empecemos de nuevo. - me decía dándome pequeños golpes en la cabeza, mientras me tambaleaba lentamente sobre mi mismo, sudoroso, hirviendo en fiebre.- eres Mathías Croft... fuiste... fuiste...-

No, aquello era imposible y día tras día, terminaba quedándome dormido. Intentando bajar la fiebre con unos paños humedecidos en unas hierbas que misteriosamente, aparecían cada mañana sobre la mesa de ese pequeño lugar.

Sumergido en mis sueños, de pronto unas manos oscuras se deslizaron entre las sombras de la pequeña cabaña haciéndose paso entre las telas de la ropa que llevaba puesta y hundiendo sus negros y borrosos dedos dentro de mi herida. Un grito seco me despertó y caí de la cama retorciéndome de dolor en el piso. >>¿Qué quieres de mi? Déjame irme en paz.<<

- No, eso no va a pasar. Tu sólo, despierta.-

La voz no dejaba de retumbar en mi cabeza. El dolor era latente y ahora la sangre chorreaba por la tela de la camisa que llevaba, esa, que alguna vez había sido de un blanco seguramente impoluto. La sed comenzaba a desquiciarme, más, pronto tendría que empezar a buscar una víctima, sangre, alguien que me sirviera para saciar esa sed que poco a poco me quemaba y consumía por dentro.

Algo o alguien, me obligaba a vivir, a seguir alimentándome pero... no recordaba haber visto un ser vivo dentro de ese sitio durante el tiempo que llevaba allí dentro. ¿Cuánto había pasado? Ni idea, sólo recordaba una cosa, un nombre: Bosque de Luz.

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#3 Rachel Brice

Rachel Brice

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Escrito Ayer, 02:40

Me tiré sobre la hierba sin saber que hacer. Cerré los ojos, pérdida. ¿Cuánto tiempo había transcurrido?, Pensé, pensé y pensé, casi podía sentir como se me estrujaba el cerebro en busca de respuestas. No recordaba las noches, ¿Como era eso posible?, Así es más fácil sacar las cuentas, pero no podía.

Era fácil empezar por el principio, recordar la primer noche, okey. Eso era un día.
La noche en la que al fin pude salir de ese laberinto, eran 2. De alguna manera, podía ver en mi mente, el transcurso de otra noche pero era demasiado borroso, como si lo viese a través de una tela muy oscura.

La frustración era lo que me molestaba más, hacia que volviera el dolor de cabeza, por el esfuerzo de recordar, y ya a sabiendas que no podía permitir eso, me deje recordar algo que no me confundiera, empezando por el inicio, mucho antes de adentrarme en este bosque. Me engañaba a mí misma al pensar que eso me ayudaría a analizar lo que me pasaba ahi adentro, pero solo eran excusas para ir a un lugar de mi mente menos confuso, de alguna manera, creo, eso me mantenía cuerda.
Mis decisiones; eso era lo más fácil, ya que mis pensamientos de ese entonces eran fuera de este lugar.




En mi alejamiento del mundo en el que vivía, había explorado, andado sin rumbo, sin familia y sin amigos.
Había visto muchos otros viajeros, en posadas o en bares donde los ciudadanos comunes no eran moneda corriente. Estos viejeros hablaban de un lugar, donde el conocido del conocido de otro amigo había regresado sin cordura.
Otros que juraban que jamás los habían vuelto a ver.

Al principio, al igual que todos, había crecido con los cuentos, las fábulas y las creencias de qué tal lugar no existía. Que era el típico cuento con moraleja para niños. Otros, que como sucedía con las reliquias de la muerte, juraban que si existía pero que se había perdido su paradero.

Muchos habían fracasado en su búsqueda, y ahí estaba yo, absolutamente nada me desmotivaba a no ir a una misión suicida, una que yo misma me había impuesto.

Había juntado todo tipo de información, tenía hasta mi propia copia de los cuentos de Beedle el Bardo, sabía que podía ser inútil, pero alguna pista, por más pequeña que fuere, tal vez me podía ayudar.
Empezar era lo más difícil aunque no pareciera, pero preferí iniciar por donde los rumores eran aún más fuertes. Según mi lógica, si existían más en un lugar que en otro, era porque el lugar y los desaparecidos eran más regulares. Estaban más cerca.

Habían pasado meses, hasta dar con la descripción casi exacta de uno de las tantas de un viejo, eso era sumamente difícil, ya que todos tenían algo diferente que acotar. Supuse que era porque no todos ingresaban por el mismo lugar. Los caminos, las bifurcaciones era extensas, y lo extraño fue que supe en el momento cuál era una de las entradas.

Un arco inocente, no tan grande como otros que había visto.
A su al rededor rezaba "Bosque de luz" y muchas advertencias en tantos idiomas como se pudiese imaginar.
Normalmente habría ignorado esto sin inmutarme, hasta que mi mirada se desvió a los cuerpos, restos de huesos y varitas partidas en dos en la entrada.

La piel se me había erizado, un escalofrío que jamás había sentido me había paralizado en el lugar. Fue en ese momento que me percate del ruido de los animales, o mejor dicho, la total ausencia de ello.
No sabía porque eso me aterraba más que el hecho de que hubiera cadáveres en la entrada. El silencio sepulcral, solo podía sentir y escuchar el sonido de mi respiración.

Me quedé allí parada al menos unas horas. Dudando, sabiendo que estaba ahí, por lo que tanto me había esforzado por encontrar. Sabía las glorias y derrotas que ese lugar podía entregarme. Pero mi gloria estaba en haberlo encontrado , y mi parte más competitiva, solo quería entrar para demostrar que yo si podía salir con vida, y cuerda. Mi ambición partía solo de la exploración y del saber que era lo que allí se escondía.
Pero otra parte, tal vez el de la supervivencia, me gritaba que saliera de allí corriendo, pero iba perdiendo la voz cada que pasaban los minutos.

Fue ese el motivo que me hizo mover los pies. Una necesidad, la necesidad excesiva de saber que había allí. Fue como si cantara para mi como una sirena. Yo era una simple navegante, deseosa por nadar en aquella belleza.





Abrí los ojos de repente, algo me había sacado de mi ensueño, un ruido.
Mis ojos cafés se abrieron aún más, fue un alivio inmediato algo tan insignificante como un sonido sordo, un golpe que aún sentía retumbar en mi cabeza. ( No es que aún continuaba, es que yo me aferraba a ese instante. Era tan fuera de lugar en ese bosque, que me apegue cuanto pude)

Era como si el viento lo trajera hacia mi; como si literalmente, el sonido hubiera viajado entre las ramas, los arbustos, las hojas.
Sabía, lógicamente, que eso era imposible, mi mente debía de estar jugándome una mala pasada. ¿Tantas eran mis ansias de escuchar algo vivo que las inventaba en mi cabeza?

Pero había sonado real. Y yo deseaba demasiado que así fuese, porque si no, solo podía significar una cosa. El lugar, su magia, su maldición, me estaban ganando y yo perdía la razón.

Me levanté precavida, tomé mi mochila, mi varita en la mano derecha y comencé a arrastrar los pies, agudizando el oído al máximo. Mi corazón comenzaba a latir con más fuerza, como intuyendo con nervios que algo se me avecinaba.

Me di cuenta que no tuve que andar más de lo que pensaba. Pude vislumbrar para mi sorpresa, una cabaña prácticamente en ruinas. No se veía un lugar amistoso, mucho menos seguro, lo presentí, pero aún así dude, y cómo al principio, me quedé clavada al piso a unos metros de su puerta. Dudando nuevamente si entrar.
¿Y si de un truco se tratase?. Podía arriesgarme, ya no tenía nada que perder, pero tampoco quería morir ahí.

Respiré hondo y di los pasos que me separaban de la puerta. Luego, hice algo tan tonto como imprudente. -Toc toc toc- mi puño cerrado golpeó débilmente la puerta. No sabía porque, pero de pronto no quería una respuesta.

Quise irme, pero en cuanto lo pensé y lo decidí, una ráfaga abrió la puerta de un latigazo.

Editado por Rachel Brice, Ayer, 02:46.

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#4 Mathías Lear

Mathías Lear

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Escrito Ayer, 13:20

Sueños, sueños imposibles me mareaban y se hacían parte de mi día a día. Soñaba con personas que no podía recordar, algunas muertas, otras vivas pero, lo que más me podía molestar, era que no podía escuchar sus voces. Hablaban si, pero yo nunca podía escucharles; ese lugar, ese nefasto lugar, se encargaba de demostrarme que estaba equivocado una y otra vez pues... aquella soledad que yo tanto ansiaba buscar, ya no la quería más.

Me desperté, como tantas otras veces o tal vez, como ayer. No podía saber cuántas veces me había pasado aquello. Mis delirios cada día eran peores y yo solamente podía escuchar la pesada voz de palabras arrastradas y actitud prepotente, que jugaba con mi cerebro como si fuera su ficha de ajedrez favorita. Mi paciencia tenía un límite, pero ese lugar, no me permitía determinarlo.

Me levanté de la cama, como pude. Aunque, a pesar de todo lo moribundo que estaba, era realmente extraño que aún mantuviera fuerzas. Me sorprendía haciendo cosas como, levantarme, andar, salir a explorar pero... todo lo veía en el momento justo que pasaba; después no podía recordarlo.

Cómo cada mañana o bueno, como cada día, porque realmente no sabía en qué momento del día transcurría mi vida. Había en la pequeña mesa central, unas vendas y unas cuántas hojas machacadas. Yo realmente no sabía si aquello era para mis heridas pero la lógica, me decía que si.

El olor a tejido muerto y sangre vieja, me recordaban constantemente... que tenía sed. Caminé hasta el pequeño lavabo, me quité la ropa y por primera vez en mucho tiempo, creo, me vi en el reflejo de la cristalera de la ducha.

Tenía el cabello corto, muy corto lo qué, me resultó bastante asombroso, teniendo en cuenta que según yo, llevaba meses fuera. Una barba castaña poblaba gran parte de mi cara. Las venas, azules y grises, se veían marcadas en mi piel debido a la infección aunque, a pesar de eso, mi cuerpo seguía manteniendo aquellas marcas definidas de todos los años de entrenamiento. No podía reconocerme, no podía verme con claridad los ojos pero si se podía apreciar que casi en su totalidad eran rojos.

Abrí el agua y la dejé correr, estaba helada así que entré sin pensar. Casi pude sentir el sonido del choque del agua contra algo muy caliente, mi piel. Otra persona, indudablemente estaría muerta pero un monstruo como yo, podría aguantar aunque mi pregunta ahora era ¿Para qué?.

Salí de la ducha y caminé descalzo por el suelo de madera vieja y sucia. Me puse unos pantalones negros que colgaban de un tendedero dentro del lugar y aunque, viejos y gastados, estaban limpios. Me senté en la mesa y cogí las hojas, metiendo mis dedos con ellas en la herida.

Apreté la mandíbula, cerré mi puño. Era como si me arrancaran el brazo una y otra vez. Sin embargo, no grité esta vez. Inspiré aire y cuando me disponía a hacerlo de nuevo, la puerta de la cabaña se abrió de par en par y una ráfaga tan fuerte de viento me golpeó la cara, que me paralicè por fracciones de segundo. Era bueno sentir el aire fresco.

Me llevó unos segundos poder abrir los ojos, la tierra había entrado en ellos y, debido a lo lastimados que estaban, fue difícil para mí. Quedé atónito en cuanto lo hice pues, frente a mi, una figura se imponía inerte. No distinguía su género, ni si quiera podía olerla a esta distancia. Su rostro permanecía borroso aunque todo lo demás no. Era una mujer, eso si podía tenerlo claro ahora.

Cogí mi varita aunque con la mano izquierda, mi brazo derecho no servía para nada y miré, miré y miré a aquella desconocida. Giré la cabeza levemente de lado para ver si así, podía verla mejor pero no fue posible, entonces, lo único que se me ocurrió, fue preguntar.

- ¿Y tú? ¿Quién eres? -

Con sorpresa, mi voz sonó tremendamente natural. Estaba acostumbrado a susurrarme a mi mismo, a hablar dentro de mi cabeza y aquello, poder decirlo así, sin pensar, me sorprendió gratamente.

Aguardé cauteloso, como aguardaba siempre el Bosque de Luz a sus presas. Sin dejar de apuntarle, sin retroceder, sin casi respirar, sin moverme.

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#5 Rachel Brice

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Escrito Hoy, 13:40

En cuanto se dio el portazo quedé helada. El viento fue tal que sentí que tuve que hacer un esfuerzo para que mis pies quedarán en el umbral.
Mi cuerpo quedó en su sitio, pero mi falda, que era larga y acampanada de color negro, ondeó hacia el interior de la cabaña como un estandarte, junto con mi cabello, que en ese momento lo llevaba suelto. Todo se fue todo hacia adelante, tapando por un momento, mi rostro.

Me tapó un segundo la visión, y recordé entonces, porque jamás usaba el cabello suelto. En la vida me había preparado siempre para estar atenta, precavida, y lista. Y el cabello largo, siempre podía ser una desventaja en cualquier enfrentamiento, pero nunca había tolerado cortarlo, tenerlo a raya a la altura de la cintura baja, era para mi, perfecto. Aunque siempre recogido.

Pero ahí estaba, en ese lugar tan solitario y silencioso, no me había detenido jamás a pensar un motivo por el cual hacerle una coleta.

Esos pensamientos invadieron solo una parte de mi razonamiento. La otra, la más atenta, ya estaba despejando lo suficiente como para permitirme observar con claridad, mientras que con la otra mano, levantaba muy lentamente la varita.
Observe el sujeto que estaba en la mesa, no sabía porque no podía reaccionar.
Me quedé mirándolo como una boba sin saber cómo actuar, esto no era para nada tipico en mi.

Mis ojos se posaron primero en los suyos, que parecían confusos, así, de lado observándome. Esto me alteró demasiado. ¿Porque sus ojos presentaban ese color tan... Peculiar? Esto no era para nada, para nada bueno.
En seguida continué en dirección a su pecho, y a su mano sosteniéndose una herida, que de verdad, se veía muy mal. Eso me alertó al punto de la histeria, aunque mi semblante se mantenía, gracias dios, gélido.
Nadie presentaba sin ningún motivo una herida así, él era alguien de pelea. Podía verlo. Y finalmente mire su varita alzada, con ¿Dificultad? Tal vez, con su mano izquierda.

Lo que pasó después ni yo misma me entendería jamás. Primero brotó de mi una risa casi histérica, estaba feliz de encontrar a alguien, aunque este fuese un importante peligro.
AL recapacitar un segundo sobre su herida, supuse que tal vez estaba débil. No podía ser un gran peligro, pero suponer y subestimar a alguien no era algo que yo hiciera. Jamás.

Por último cruzo la duda. ¿Y si no era real? ¿Y si ya me había vuelto loca?, Sentí que mi cabeza iba a explotar. Tenía mil preguntas, y nada de respuestas. Así que me concentré en la la suya para darme un respiro.

-Ra...-aclaré mi garganta de inmediato, mi voz, sonaba ronca. Como si no hubiera hablado en mucho tiempo. ¿Pero era una locura verdad? Tan solo llevaba ahí, unos días.. a lo mucho 4 o 5. -Brice. Rachel Brice. Y tú, quien eres y ¿qué haces en este maldito lugar?

En cuanto se lo pregunté, di un paso cauteloso hacia adelante y luego de dudar volví a mi sitio. Si tenía que correr, me mantendría en el lugar más cercano a la salida.

Después de todas mis primeras observaciones e impresión que él me había dado, me detuve a observar y pensar sobre sus facciones, que de alguna manera, me parecían conocidas, fruncí el cejo, y lo mire analizándolo sin simular ni un ápice.

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