Ir al contenido


Conoce el nuevo contexto de rol global de la Segunda Temporada de Rol en la CMI. Link

Paú Gryffindor

Miembro desde 20 dic 2011
Última actividad may 07 2017 20:12
***--

#4652345 Edificio Loveless (MM B: 102647)

Escrito por Paú Gryffindor el 24 marzo 2014 - 01:44

Había recibido el patronus de Jank, un murciélago lindo que revoloteaba a su alrededor de su habitación, entregando el mensaje de su compañero. Al parecer necesitaban un poquito de ayuda en el Edificio Loveless, por lo que dejó de fumar su cigarrillo de vainilla y se dispuso a cambiarse para ir a encontrarse con los suyos. Hacía tanto tiempo que no respondía a los llamados, por lo que esperaba que su desempeño no fuese tan malo.

 

Cuando terminó de vestirse, salió rápidamente de la Mansión Gryffindor. Llevaba puesto un jersey negro, su favorito de los últimos días, y un pantalón corto de mezclilla que mostraba sus piernas transparentes debido a la falta de contacto con el sol. Su cabello caía sobre sus hombros, despeinado y seco debido al gran descuido de su apariencia física. Alanna sin lugar a dudas había cambiado bastante, pero ahora necesitaba volver a lo que era antes.

 

—Aquí vamos.

 

Empuñó su varita en su mano derecha y relamió sus labios al estar frente al edificio. Suspiró profundamente e ingresó al edificio Loveless, dirigiéndose al salón. Pudo reconocer algunos rostros. Que extraño se sentía regresar...




#4596219 ♠ Centro Cultural "George Gordon Byron" ♠ (MM B: 97394)

Escrito por Paú Gryffindor el 21 noviembre 2013 - 05:36

Nadia Salvatore
 
Aun obnubilada por sus pensamientos, reparó de pronto en el sonido apenas audible de unas pisadas en las escaleras. Intrigada por saber de quien se trataba, se incorporó de la mesa y caminó en silencio hasta el pie de las escaleras.
 
Se trataba de un elfo, de aspecto algo lúgubre. Los ojos observaban perspicaces todo el ambiente, como tratando de ver algo más allá de las gruesas paredes. Luego de escuchar sus palabras, asintió y empezó a seguirle y enseguida le sorprendió ver que Hanna y Andrew se encontraban también allí, junto a los mellizos. Los saludó con un ligero movimiento de su mano.
 
Su sorpresa se multiplicó cuando el elfo nos mostró un camino secreto. Definitivamente eso estaba muy, pero muy raro. Sin embargo, conocía sobradamente su naturaleza amable y servicial, lo cual le hacía incapaz de sospechar malas intenciones tras sus acciones.
 
<< De seguro algo muy malo ha sucedido y por eso intenta protegernos>>
 
El eco de sus pasos resonaba mientras subía las escaleras. Tras de ella Hanna y Andrew se las habían arreglado para subir y guardar el coche de modo que no incomodase. Intentó animarse a pesar de lo dificultoso de la situación. Sacó un par de guantes de uno de los bolsillos de la gabardina que llevaba puesta, y con parsimonia se los colocó. El frío en la punta de sus dedos amainó. 
 
<< Al menos conoceré la azotea hoy, que nunca lo he hecho antes...>>



#4596215 ♠ Centro Cultural "George Gordon Byron" ♠ (MM B: 97394)

Escrito por Paú Gryffindor el 21 noviembre 2013 - 05:25

Tercer piso
Ladrones Max y Travis.
 
El ladrón Max había logrado desactivar los encantamientos protectores de la galería, sonreía de oreja a oreja, tenía los ojos muy abiertos y brillantes, rebosantes de codicia. Pensaba que ganaría una cantidad con lo que robaría, Travis no era muy inteligente así que podría quedarse con un porcentaje más grande del que pensaba darle a su compañero.
 
- ¡Max! Hay mas voces abajo. Hay que irse... - Dijo el tipo grandullón con muchos nervios dentro de sí.
 
- No seas idio.ta, acabo de desactivar los sortilegios. ¡Vamos! Debemos apurarnos ó ¿es que te acobardas en el último momento? - Dijo la ultima frase con tono burlón a Travis.
 
- ¡No! - Dijo indignado el hombre más alto, eso le había causado enojo, nadie le decía cobarde. - Soy prudente. Vamos, saquemos lo que podamos y larguémoslos.
 
Max abrió la puerta de la galería y junto con su compañero, encendieron la punta de sus varitas para ver lo que había a su paso. Ambos sacaron sacos negros de sus túnicas y comenzaron a meter todo lo que encontraban a su paso. Abajo se escuchaban más voces y hasta algunos gritos. A Max no le importaba, saldrían rápidamente y no los atraparían, en cambio Travis vigilaba la puerta a cada segundo a ver si alguien aparecía.



#4577077 ← Manѕιón de la Faмιlιa Gryғғ...

Escrito por Paú Gryffindor el 15 octubre 2013 - 05:25

«Nunca debí haber mandado esa carta, maldita sea, seguramente no vendrá.» Los pensamientos negativos de Gryffindor nublaban su mente conforme los minutos transcurrían. Hacía días atrás que había enviado una carta al orfanato pidiendo la baja de su hija del mismo lugar y exigiendo el regreso de ella para ese día, pues creía que ya era momento de que viese la vida como debió haber sido desde siempre. Pero la hora había llegado y Sherlyn todavía no aparecía en los terrenos de la mansión, aunque tampoco la juzgaría si no deseaba aparecer. A fin de cuentas su hija había pasado mucho tiempo sin saber de ella...

 

Se levantó de la cama y miró por la ventana. El aire de otoño despeinaba las copas de los árboles de una manera relajante, aunque no era precisamente el momento adecuado para disfrutar de ello. Sentía miedo, miedo de las preguntas que probablemente tendría que responder a su hija cuando estuviese frente a ella; miedo de las respuestas que le daría... Miedo de que preguntase por su padre y sobre sus razones de haberla dejado en un orfanato días después de haber dado a luz. ¿Por qué? Porque justamente ella pasó por lo mismo y sabía lo que se sentía; hasta la fecha Paula no había quedado conforme con las respuestas obtenidas y seguramente «Kirara» como era conocida su hija, tampoco se quedaría tranquila.

 

Pero pronto llegó el momento de afrontar la situación. Bajó con suma rapidez por las escaleras al escuchar que alguien tocaba la puerta. Antes de abrir, hizo un par de ejercicios de respiración para tranquilizarse y miró su reflejo en el espejo del recibidor. El atuendo que llevaba —un abrigo largo negro y unas botas— estaba en perfectas condiciones; acomodó su cabello con las palmas de la mano y después giró sobre sus talones. Fijó la mirada en el ojillo de la puerta y la vio. Supo que era su hija por el extremo parecido de ambas; el cabello, la piel, las perfectas facciones delicadas...

 

Abrió la puerta y se quedó de pie, observándola, sin mencionar una sola palabra. No podía creer que después de dieciséis años, aquella niña estuviese frente a ella. No sabía que decirle, cómo actuar... Era probable que Sherlyn no la reconociese pues nunca la había visto, pero Paula sabía que era ella. Una madre siempre siente esa conexión para con sus hijos. Intentó mostrarse fuerte, sin debilitarse. Sin duda alguna habría esperado mucho por ese momento, pero Alanna jamás la buscó hasta ese momento, donde por fin sentía estabilidad emocional. Se armó de valor, tenía que explicarle bastante.

 

Jamás pensé que te volvería a ver aquí— se sinceró. Quería abrazarla, pero no creyó que fuese algo bueno por como eran las cosas—. Sherlyn... o podré decirte ¿Kirara? Soy Paula.. tu madre.— Esperó su respuesta. No se había dado cuenta de que no la había invitado a pasar y se avergonzó de ello—. Lo siento, hija. Creo que está más que claro que no se como tratar con esto... Pero pasa, estás en tu casa... Hay suficiente tiempo para hablar el día de hoy, a no ser de que tengas otros planes. 

 

Tomó a su hija por el brazo esperando que no le molestara y tras pasar la puerta, la cerró. Podía sentir la tensión de ambas partes, aunque estaba en los planes de Gryffindor el hacer que ello cambiase. Quería ganarse la confianza de su hija, después de haberla tenido lejos por tanto tiempo. Nunca había dejado de quererla, pero por alguna razón tampoco le había escrito cuando estuvo lejos. Finalmente llegaron hasta la sala de estar y la invitó a sentarse en uno de los sillones, esperando que no se sintiese incómoda al encontrarse ahí. Suspiró profundo.

 

¿Te ofrezco algo de tomar? Jugo, un trago, agua natural, ¿algo?— ¿Por qué diablos le había ofrecido un trago? Era joven, aunque a decir verdad, Paula a su edad estaba más perdida en el vicio del alcohol que en otra cosa—. Si tienes preguntas, solo hazlas, no sé cómo funciona esto hija. Fue difícil tanto para mí como para tu padre... para mí lo sigue siendo.




#4570872 paradιѕe clυв (MM B: 97212)

Escrito por Paú Gryffindor el 30 septiembre 2013 - 02:04

La brisa marina llenaba de rocío a su cuerpo, ocasionándole una sensación de frescura cuando a su vez el aire impactaba sobre ella. Paula aún continuaba sentada sobre el sillón de dos plazas, ignorando todo lo que acontecía a su alrededor, admirando únicamente el débil reflejo del astro sobre el agua y distrayéndose con el sonido de las olas del mar que se rompían en la costa de la playa. Era cierto que no había pensado en los cambios de horario una vez que apareció en el negocio de su padre; pues aunque el sol aún emanaba un par de rayos de luz, Gryffindor estaba segura que no tardarían en desaparecer, abriendo paso al anochecer. 

 

Pero pronto toda esa atención prestada en el paisaje desapareció, cuando una voz masculina irrumpió en la calma de su mente. La reconoció al instante, era él. Un hormigueo ocasionado por los nervios corrió por su columna vertebral, lo que hizo que ella se enderezara de manera ligera. Sintió la calidez de sus labios sobre su mejilla y sonrió con suavidad. Hacía tiempo que no se permitía reunirse con otras personas —cabe recalcar que con esas intenciones—, por lo que ya ni siquiera sabía como reaccionar ante situaciones como esa. Intentó mostrarse despreocupada.

 

¿Te miento o te digo la verdad?— murmuró divertida, mientras recargaba el peso de su cabeza sobre el hombro de Malfoy cuando él la rodeó con el brazo—. Descuide, señor impuntual, no me había percatado de la hora que era hasta este momento— sonrió, depositando un suave beso corto sobre su mejilla también. Sin duda alguna, ese joven comenzaba a hacerla feliz—. Hoy tengo muchas cosas en mente, no te lo voy a negar. Podríamos caminar por la orilla del mar o incluso podrías dejarme ahogarte por hacerme sentir como lo haces.— Se encogió de hombros y lo abrazó riendo—. Aunque, en realidad elegí este lugar porque tenía la curiosidad de verte así, con un atuendo diferente al de anoche. Y debo decirte que me gusta más tu apariencia y sencillez de hoy, que la de "soy el Sr. Ególatra y nadie me merece" de ayer.

 

Intentó contener la risa mientras recibía sus besos, pero no lo consiguió. Sin duda alguna la despreocupación que Santos llevaba ese día, lo hacía lucir mucho más atractivo para ella. Le gustaba, sin duda le gustaba. Pero la conversación y los jugueteos entre ambos, se vieron interrumpidos cuando el camarero llegó para ofrecer su servicio. Dejó que Malfoy ordenara y ella tomó su mano, entrelazando los dedos, haciendo que ambas manos cuadraran a la perfección. Sonrió cuando el hombre se retiró y una vez más elevó sus orbes verdosas hasta la platina mirada de su acompañante. 

 

Iba a adelantarse a hablar, pero guardó silencio cuando escuchó que él lo hacía. No podía con todo lo que estaba pasando. Su estómago se encontraba hecho nudos y ella lo único que quería era que ese día no terminase. Le gustaba estar en compañía de él. Sonrió al escuchar cómo se sentía y desvió la mirada hacia el horizonte, intentando encontrar las palabras correctas para decir lo que tenía en mente, para hacerle ver que a ella le pasaba exactamente lo mismo.

 

Y yo en realidad contaba con que te irías después de todo lo que dije anoche— se sinceró. Normalmente nadie habría querido tratar con sus inseguridades —. Sin embargo estás aquí hoy—. Respondió el beso, dejándose llevar por los embriagantes labios del rubio—. Así que ya no puedes hacerlo— finalizó con un semblante serio, mirándolo fijamente. Tenía miedo, pero intentaba hacerlo a un lado por vez primera.




#4569183 paradιѕe clυв (MM B: 97212)

Escrito por Paú Gryffindor el 26 septiembre 2013 - 05:41

Después de haber salido del Coffee Artist, Paula había quedado con Santos de encontrarse en algún lugar después de eso. Gryffindor no quería las cosas comunes que se hacían en Ottery o el callejón Diagón, por lo que tuvo lanzó la idea de acudir a ese negocio con él. Fue por ello que quedaron de asistir esa mañana al Paradise Club para tomar uno de los paquetes playeros más completos que ofrecía el negocio, ya que aquel amanecer de otoño estaba perfecto para pasar un día en la playa.

 

Se levantó del sofá de su habitación y dejó la revista que estaba leyendo sobre el tocador. No podía demorarse mucho en vestirse, pues iba un poco tarde ya y buscaba aprovechar al máximo las pocas horas libres que se había brindado para disfrutar de ello. Se despojó de su ropa y se colocó un bikini high waisted de color azul moteado con blanco, que resaltaba la tonalidad clara de sus ojos. Encima de esto llevaba un vestido blanco strapless, que dejaba ver el nudo del traje de baño que rodeaba su cuello. Finalmente tomó una bolsa de color beige, donde metió una toalla rosada, ropa interior, bronceador y muchas otras clásicas que se solían llevar a esos lugares, para después partir rumbo a su destino en el callejón Diagón.

 

Después de haber caminado un par de minutos bajo el sol de Londres, Gryffindor llegó al Paradise Club con los hombros y las mejillas enrojecidas por el astro. Ingresó al lugar, escuchando sonar la campanita de la puerta y dejó sus cosas sobre el mostrador de la recepcionista, que estaba ausente en esos momentos. Con toda la confianza que una persona podría tener con sus compañeros —por no decir con su padre—, dejó su membresía sobre el mostrador y con su bolso, se dirigió los trasladores para tomar el adecuado. 

 

El horario era completamente diferente al de Londres, pues eran prácticamente ocho horas de diferencia.  En un abrir y cerrar de ojos, la castaña apareció sobre la blanca arena de la playa. Había perdido el equilibrio al llegar, pero se incorporó cerciorándose de que nadie hubiese visto la caída. Comenzó a desplazarse, disfrutando de la sensación arenosa sobre sus pies y tomó un cocktail de la charola de un mesero que llegó a recibirla.

 

Señorita Gryffindor, hacía tiempo que no la veíamos por acá. ¿Lugar de siempre?

 

El hombre le sonrió amable y ella correspondió de la misma manera.

 

Por favor, aunque quedé con alg...

 

Paula decidió no hablarlo, pues no estaba segura del todo. Sin más, siguió al hombre, quien la llevaba a una pequeña sala sobre la arena; ésta estaba cubierta por unas telas de colores pasteles que protegían los sillones del sol. Agradeció el haber sido llevada hasta ahí y tomó asiento, sorbiendo de la pajilla de su bebida. Después dejó el cocktail sobre una pequeña mesa redonda y sacó de su bolsa el bronceador, esperando obtener un buen color a pesar de que en México ya estaba concluyendo el atardecer.

 

Si necesitas algo, llámame— dijo el joven, esta vez con más confianza. Paula siempre solía dirigirse con él, así que no le molestaba en lo absoluto—. Me encargaré de atenderte a tí y a tu acompañante.— Claramente había entendido a pesar de dejar la oración inconclusa.




#4558721 ~Coffe Artist ~ (MM B: 98547)

Escrito por Paú Gryffindor el 04 septiembre 2013 - 04:50

Si le preguntaban por qué lo hacía, probablemente no obtendrían respuesta alguna de ello. No solía tomarse esas confianzas de llegar hacia alguien y entablar una conversación, pero por alguna razón había sentido la necesidad de hacerlo en aquel momento. No podía negar que Santos le había parecido un tanto interesante desde que se dio cuenta que la observaba, pero a decir verdad, ni siquiera entendía el por qué le resultaba tan diferente de los hombres que estaban intentando quedarse en su vida.

Comenzó a trazar círculos imaginarios con con su pulgar derecho sobre la mesa, intentando no parecer del todo atenta a las palabras que Malfoy pronunciaba en respuesta a lo que anteriormente había dicho ella. Ante lo que escuchaba, no pudo evitar sonreír. Quizá él tenía un poco de razón, —solo un poco—, pero por supuesto no iba a aceptarlo. Volvió sus orbes esmeraldas a los platinos ojos del mago y se mordió los labios, negando con la cabeza.

¿Crees que he venido a tí por gusto?— preguntó, en un intento por no quedarse callada—. Claro, fui yo quien se acercó, pero no porque quisiese hacerlo. Te vi tan frustrado observándome mientras me dirigía a la barra, con esa... —iba a decir irresistible— mirada, que creí que debía ayudarte aunque fuese un poquito a que hablases conmigo— murmuró con seguridad—. ¿A caso crees que soy de la clase de mujeres que tienen que acercarse a los hombres?— cuestionó. Calló por un par de segundos—. Si lo piensas, estás muy equivocado. Deberías agradecerme en lugar de querer pasarte de listo conmigo. Estoy segura que después de este día no podrás alejarte más de mí, así que te conviene hacer buenos actos para que no termine detestándote como lo estoy haciendo en este momento.

Desvió la mirada, intentando mantenerse seria. No pudo hacerlo y volvió a dibujar esa sonrisa en sus labios. Santos sin duda sabía cómo manejar las palabras, cosa que en cierto modo comenzaba a estresarla. Paula no era de las mujeres que se quedaban calladas, por lo que le gustaba tener siempre la última palabra, así fuese cualquier cosa lo que tuviese que decir para tenerla. Remojó sus labios con la punta de su lengua de manera rápida y agregó:

¿Y dices que no eres un acosador?— reiteró, al escuchar su último comentario, acerca de que no podría deshacerse de él—. Descuida, no me iré. Porque no tienes la razón y a demás que no quiero que la gente te vea de llorica si me voy, en este lugar tan público. Me daría vergüenza.

Se encogió de hombros mientras él encargaba su bebida. Pensó en hacer un comentario sobre ello, pero no había nada qué decir. Definitivamente estaba impresionada, pero su actitud seguía siendo la misma; como si nada pasase.

¿Qué me trae por aquí? La necesidad de alejarme de mi mundo por un rato, pero creo que he venido a meterme en otro mucho más complejo.— Se estremeció al sentir su aliento más cerca de ella e imitó la posición que Malfoy había tomado. Sus codos se encontraban sobre la mesa, mientras que su mirada seguía fija en los ojos de Santos—. ¿Y a tí? No pareces ser del tipo que lleve una vida complicada...

Estaba poniéndose nerviosa, así que llevó la mirada hacia el servilletero que estaba en medio de la mesa; entre ambos cuerpos.


#4558249 ~Coffe Artist ~ (MM B: 98547)

Escrito por Paú Gryffindor el 03 septiembre 2013 - 04:04

No acostumbraba a acercarse a las personas que la veían andar, como en aquel momento lo había hecho. Normalmente Gryffindor solía ignorar todas las miradas que iban hacia ella, por el simple hecho de que estaba acostumbrada a recibirlas. Ni siquiera creía que fuesen por belleza en sí, sino más bién por el simple hecho de que contaba con una extrema delgadez en su cuerpo, que acababa por llamar la atención de las personas que estuviesen a su alrededor. No le importaba ya...

Pero en aquel momento, al tener suficiente tiempo para perder —pues como había dicho, no quería llegar a casa temprano—, y al sentirse atraída por aquel mago que había pescado viéndola desde que ingresó al negocio, decidió acercarse. Nada podía perder, total, mientras ella no mostrara un interés tan directo, no habría problema alguno de quedarse para conocerlo... más.

Bueno, adelante amargado. De haberme respondido que sí, probablemente te habría ayudado a elegir lo que mejor preparan en este lugar; sin embargo, con ese humor que te cargas, ni hablar... Encárgate de tus malas elecciones— respondió despreocupada. Eran contadas las bebidas buenas de ese lugar, así que le haría gracia que él pidiese una bebida de aquellas que sabían tan mal—. Hay por favor. En cuanto pisé el lugar, me has seguido con la mirada hasta la barra... ¿Crees que no lo he notado? Pero descuida, cariño, estoy lejos de tu alcance.

Intentó mostrarse seria, acto fallido pues una risa se escapó en sus boca. Giró sobre sus propios talones para retirarse de aquel lugar, —él no era muy simpático como para quedarse ahí— pero justo cuando estaba por dar el primer paso, escuchó la presentación del rubio. Volvió para mirarlo fijamente con sus orbes verdosas y sonrió al ver que el semblante de Malfoy era completamente diferente al de un principio.

Gryffindor, perdón, Paula Gryffindor— respondió, sintiendo el cálido tanto de sus mano sobre la suya—. Bonita manera de tratar a las mujeres— respondió irónica, recordando con anterioridad el trato frío que había recibido, mientras los labios de él depositaban un beso sobre su mano.

Santos recorrió la silla y ella se quedó de pie, dudando de si sentarse o no. Finalmente optó por responder a la invitación y tomó asiento con delicadeza, cruzando la pierna derecha cuando estuvo en una posición cómoda.

¿Qué te trae por aquí? Claro, a demás de tu necesidad de acosar mujeres.— Se mordió los labios y sonrió, sin dejar de mirarle a los ojos—. No suelo aceptar invitaciones de desconocidos, así que espero que no me hagas perder mi tiempo— murmuró altanera, después volvió a sonreír.

Pronto dejó de hacerlo, pues vio a lo lejos que una figura masculina se acercaba. La reconoció al instante, más por el hecho de que era uno de sus mejores amigos del bando, que siempre acostumbraba a arruinar sus momentos. Se levantó y le plantó un beso en la mejilla, presentándolo de manera breve con Santos, que acababa de conocerlo. Finalmente volvió a su lugar.

Para mí un latte en las rocas con jarabe de avellana por favor— habló sin pensarlo. Lo que quería era que Jank se ocupara de una buena vez—. Finalmente, ¿encontraste algo en la carta? Pareces ser especial con tus elecciones, demoras horas, Santos— pronunció, deslizando hacia él la carta.


#4533364 Club de los Aethonans de Salem

Escrito por Paú Gryffindor el 17 julio 2013 - 19:08

AAAAAy, quiero, quiero quiero! Soy la más fiel (? okya, mentira xDD Estem, pero vengo a unirme a su clubsito, que es demasiado sensual (?) Y obvio que es la mejor casa de todas, así que... qué más da 8-) Si, dije eso para llenar líneas nada más pues u_ú xDDDD


Nombre: Paula
Cumpleaños: 10 de Diciembre
País: México
Generación: 33


Re pobretona la ficha, Jank! Agrégale más ññ (?) Yapues!
Los amísimo Aethonans \o/
:wub:


#4519363 ← Manѕιón de la Faмιlιa Gryғғ...

Escrito por Paú Gryffindor el 21 junio 2013 - 04:04

La joven se encontraba sentada sobre el marco de su ventana, mirando aquella lluvia de verano que caía de las grises nubes. Se encontraba admirando todo su alrededor desde a tales alturas, abrazando las rodillas empijamadas por aquel pants de cuadros que solía usar antes de dormir. Estaba a punto de irse a descansar, cuando se percató de dos figuras masculinas, las cuales al instante supo que eran mortífagos por aquellas máscaras que cubrían sus rostros.

Abrió la ventana y asomó la cabeza por arriba, intentando escuchar las palabras que entre los dos se lanzaban. Cobarde, era lo que le llamaban, o al menos lo que pudo entender. Sin más, se levantó de aquel lugar y alcanzó su varita de álamo, que se encontraba en su mesa de noche, y después de ello bajó las escaleras y se puso las pantuflas de pato que encontró en el recibidor de la Mansión. Finalmente miró por el ojillo de la puerta y no pudo evitar reír ante los gritos escuchados. La Realizó una floritura con su varita para realizar llamado. Que i.diotas..

—Aquí me tienen, queridos. Trátenme bonito, que soy una dama y merezco buenos tratos.— Salió del hogar de su familia, sintiendo las gotas de agua impactar de lleno sobre su cabeza—. Igual, déjenme decirles que ha sido un grave error ese de haber venido a molestar, cuando me encontraba disfrutando de una linda lluvia en mi ventana.

Se acercó un poco más a ellos y se mordió los labios, para después retroceder y situarse aproximadamente a ocho metros de cada uno.

—Lindo fuego, por cierto— murmuró cuando vio aquellas llamaradas incendiar su hogar—. Eso me facilitará un poco más para pedirle a mi padre que hagamos una reconstrucción total de la casa. Ese color ya me estaba enfadando un poquito.

Miró esta vez a Radamantys.

—¿Y tú? Es lo mismo si vienes o no, al menos eso es lo que él hace pensar.

Con él, se refería al Crouchs.


#4513869 ..::Castillo Black::.. (MM B: 97834)

Escrito por Paú Gryffindor el 11 junio 2013 - 07:57

Por fin consiguieron cumplir con su propósito en esa visita. Zack había muerto de una buena vez. La Gryffindor antes de irse se peinó una coleta alta y en la misma encajó su varita de álamo blanco, ya que no tenía razón para seguirla blandiendo sobre su mano. Sus compañeros comenzaban a salir y ella no podía quedarse atrás, pues claramente no eran terrenos que le correspondieran a ellos.

— Me marcho. Los veo en el cuartel, que hay asuntos pendientes todavía.— Y de ese modo, ella se despidió de cada uno de sus compañeros y cuando vio que uno de ellos se llevaba a Zack, pudo salir de ahí sin preocupación alguna. Se fue del Castillo Black sin dejar rastro de su presencia en el lugar. Todo había salido a la perfección y no había nada que lamentar. Y esto nada más era por llenar, porque tampoco tenía idea de que más escribir. Finalmente estaba lejos, se fue de la zona de batalla y estaba libre.





En vista de que se habían


#4513299 - Battrek Fly (MM B: 97399)

Escrito por Paú Gryffindor el 10 junio 2013 - 05:03

Hacía un par de semanas que Alanna no se presentaba al negocio que abrió con su hermana. Las labores que día a día la perseguían cada vez eran mayores y abarcaban todo su tiempo, por lo que llegó a descuidar por completo aquel local que con tanto trabajo llegaron a inaugurar. Pero ese día, ella pudo librarse de todo lo que tenía que hacer para ir a visitar a sus elfos, esperando encontrar el lugar justamente como lo había visto la última vez que se presentó a trabajar.

Aquella tarde llevaba puesto un pantalón corto de mezclilla y una suelta blusa blanca que apenas alcanzaba a cubrir su abdomen centímetros encima del ombligo. Caminando por el callejón Diagón, minutos antes de llegar a las afueras de su negocio, se amarró sus cabellos dorados en una coleta alta y despeinada, que serviría más que nada para evitar que se acalorara. Finalmente, después de haber hecho todo aquello, ingresó por la puerta de Battrek Fly, empujando ésta ligeramente, aunque a pesar de ello llegó a chirriar por falta de aceite.

―Lo primero que hago y ya me han decepcionado, mis queridos elfos― murmuró despectiva, haciendo énfasis en la palabra 'queridos'―. No pueden hacer nada bién al parecer. ¡Laia, Dwarf! Tráiganme de inmediato aquel envase que está por encima de la repisa.. Parece que alguien tiene que hacerse cargo de todo aquí o terminan por tirar todo el dinero a la basura.

En primer punto, la joven Gryffindor detestaba tener que trabajar o hacer labores que prácticamente hacían los hombres (en este caso lo hacía Madeleine, que era mucho más masculina que ella). Y en segundo, ¿quién en su sano juicio podía aceptar una puerta así? Pronto llegó el elfo con lo pedido y ella vertió un par de gotitas en el lugar donde la puerta se fijaba al marco.

―Bien, gracias Dwarf. Si llega Madeleine la llevas hasta el bar, que quiero aclarar con ella un par de cosas, gracias.

Paula se adentró más al negocio, pasando por aquel pasillo que llevaba al fondo del lugar. Para fortuna de ella, ésta zona si estaba intacta, pues incluso encima de la barra continuaban desacomodados los vasos vacíos que había lavado antes de retirarse la última vez. Caminó y se deslizó por la barra, para alcanzar un vaso de cristal. En el interior vertió un par de cubitos de hielo, ron y un poco de coca cola.

―Excelente.― Se sentó sobre la barra, encendió la música con una floritura de su varita y finalmente buscó entre sus bolsillos del pantalón corto, la cajetilla beige que contenía en su interior los cigarrillos de vainilla que tanto le gustaban.


#4508965 Le Moulin Diagón (MM B: 101285)

Escrito por Paú Gryffindor el 31 mayo 2013 - 04:03

Ella sabía a lo que iba, pero igual la esperanza nunca moría, hasta que moría. Tenía bastantes hechizos hacia ella, al menos más de los que pudiese hacer, pero más que nada esos dos confundus de un mortífago realmente cobarde. Claramente se notaba la desesperación de acabar con ellos, después de que la Marca Tenebrosa se convertía en un fiasco pues no conocían otra parte que no fuese Abaddon.

No iba a dejar que más personas murieran, al menos no sus compañeros. Esperaba que no llegara nadie más, sino que se quedaran haciendo sus deberes, mientras ella cumplía una condena en la prisión mortífaga. Si, ya se imaginaba a lo que iba.

Se estiró por los brazos (pues estaba colgada) y tomó la mano de Pandora de manera difícil. Era realmente incómoda esa situación, colgada cabeza abajo, pero había alcanzado la mano de la Demon Hunter. Después se estiró otra vez, pero esta vez para alcanzar a Ishaya. Estaban tomados de las manos, como si se tratase de guirnaldas pegadas en las paredes y de esa manera, sin que se diera cuenta y sin sufrir dolor alguno, recibió un Avada Kedavra que acabó con su vida de manera inmediata. No se escuchó un suspiró más después de haber recibido ello.


#4503196 Mansión Crouchs (MM B: 89725)

Escrito por Paú Gryffindor el 18 mayo 2013 - 21:41

Me echarías mucho de menos si no me citas, hermana— le encaró. Ella sabía que Gryffindor sería mucho más útil.

Miró el reloj. El tiempo transcurría tan rápido y a la vez tan lento, que ella comenzaba a dudar de si estaba haciendo lo correcto al encontrarse ahí, siendo que sus compañeros podían con la situación que se les presentó. Con la mirada recorrió todo su alrededor, asegurándose de que todo estuviese en perfectas condiciones antes de tener que irse. Y así era, no había peligro alguno.

Tengo que retirarme, causas mayores.— Con un gesto se despidió de los presentes y por último le dedicó una fulminante mirada a Tauro, quien resultaba ser cobarde y débil al dejarles las cosas tan sencillas—. Disfruta tu estadía en nuestra hermosa prisión, querida. Ojalá que te pudras con tu cobardía ahí dentro por un par de días, para que recapacites un poco.

Se encogió de hombros y giró sobre sus talones, para salir del lugar. Justo en la puerta se topó con Mirshka, quien iba llegando para atender el llamado. O eso creyó, pues escuchó sus palabras y se dio cuenta de que quería proteger a la mortífaga que tenían en el lugar.

Ni se te ocurra, cariño. Que aquí hay gente que puede contigo también— advirtió, mientras le apuntaba. Después bajó la varita y se retiró del lugar. Paula no estaba más en la Mansión Crouchs, pues se había ido.


#4497878 ~ Castillo Croft ~ (MM B: 100928)

Escrito por Paú Gryffindor el 05 mayo 2013 - 05:33

Aquella noche de primavera, estrellada y fría, Gryffindor ingresó a los terrenos del Castillo Croft, pues fuentes seguras le habían informado que en ese lugar residía Etoile. No iba en plan de atacar el castillo como anteriormente lo había hecho por sus labores de bando, sino que quería tener frente a frente a esa mujer de la que tanto le habían contado.

Se adentró cada vez más, caminando rumbo a la puerta principal y con sus nudillos, dio tres golpes en la puerta de madera que tenía frente a ella. Asomó su cabeza por el ojillo, pero no pudo ver absolutamente nada tras la puerta. Se abrazó el torso, con su varita de álamo en mano, y miró al suelo ocultando su rostro con los cabellos castaños que caían sobre su frente. Esperaba que atendieran pronto a su llamado, pues no se contenía las ganas de gritarle a esa mujer todo lo que tenía para decirle.

- Si no me abren, haré las cosas más sencillas.- Alzó su varita con firmeza y suspiró. De algún modo la mujer tenía que enterarse de todo de una buena vez-. ¡SONORUS!

La voz se le amplificaría como si de un megáfono se tratase, así que era momento de comenzar.

- Ven y da la cara, Etoile- pronunció con suavidad, mientras escuchaba su voz retumbar por todo el lugar-. Te vuelvo a ver cerca de Jank, o de cualquiera de esos hombres que tanto te gustan ver y vas a conocerme. ¿Quieres saber quién soy? La chica que viste en el Paradise Club hace meses y que tiene por apellido, Gryffindor.

Resopló y movió la cabeza de un hombro a otro, haciendo sonar los huesos de su cuello para relajarse.

-Advertida estás. Una vez más y ... Lo dejo a tu imaginación, querida. Pero aquí no vas a volver en dado caso de que los vuelvas a ver o buscar.

Quizá la habían visto, quizá no. Pero no le importaba, la habían escuchado y en dado caso eso era lo importante. Si Etoile no estaba dentro del lugar, seguramente alguno de sus familiares se encargarían de llevar el mensaje, eso era lo de menos.

Se retiró de aquel castillo, sin decir una sola palabra más. La labor de advertir estaba hecha.