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Conoce el nuevo contexto de rol global de la Segunda Temporada de Rol en la CMI. Link

Valent

Miembro desde 13 ene 2012
Última actividad jul 02 2019 19:58
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#5267962 ►—Castillo Crowley—◄ (MM B: 96477)

Escrito por Valent el 29 junio 2019 - 17:16

La muchacha se asomó hacia delante intentando ver quién era el elfo que le abrió la puerta, pero la sacó de sus pensamientos un viento fuerte que trajo algunas hojarascas de afuera y, que a la vez que se daba una vuelta a ver de dónde provenía, le echó la capucha a un lado y desordenó el cabello. Tomando la capucha con ambas manos amagó ponerla otra vez en su lugar, sin embargo sus ojos se encontraron con los de un hombre que se acercaba a ella.

 

Quizás no hubo tiempo de fijarse en la camisa desabrochada, el pelo un poco desaliñado o demás pistas que señalaban no haber tenido unas ocho horas completas de descanso, pues su timidez o miedo llegaron a su cumbre más alta al darse cuenta de que era su padre :excl: . De repente se dio cuenta de las pocas o nulas veces que envió cartas para decirle dónde estaba. No era momento para arrepentirse de su actuar, pero tampoco era momento para que su consciencia le restregase todo eso.

 

Mientras esperaba saber la reacción de su padre, ¿enojo?, ¿olvido?, intentó tapar su sonrojo con ambas manos. Ese rojo que era imposible cubrir o hacer desaparecer una vez que venía y que la dejaba expuesta a todos. No importara cuanto había entrenado para no expresar sus emociones a través de su rostro, en el momento en que vio a esa figura fue como que todo volvió a ser como antes. Después de todo, es él quién la vio crecer.

 

Recordó cómo él la había llevado a Hogwarts por primera vez, esa alegría de empezar a pertenecer oficialmente al mundo mágico, esas ganas de llevar su apellido en alto y todos los sueños que uno lleva en la niñez cuando apenas empieza a entender las cosas. Él la había guiado, incluso la había presentado al bando mortífago, que la impulsó otra vez más alto. Le había dado todos los consejos para que ella pudiera crecer por sí sola y ahí estaban nuevamente y ella solo tenía ganas de mostrarle todo lo que había ganado en su vida, pero intentó acalmar su interior y dio unos pasos hacia él.

 

Al escuchar que no había rencor a través de sus palabras, se soltó un poco más y le pasó una mano en un intento de saludo formal. Se sintió algo extraña haciendo eso cuando en realidad quería darle un buen abrazo, así que conteniendo una sonrisa se tomó el atrevimiento de darle uno. Lo abrazó bien fuerte cerrando los ojos, con todo el cariño y el orgullo que sentía. Porque no lo había visto desde hacía mucho tiempo y porque todavía sentía que ella era la que tenía que ser la mimada de la familia.

 

Hola, padre —dijo cuando por fin lo soltó—. ¿Por dónde has estado? Tengo un montón de cosas que contarte. ¿Dónde están todos?

 

Con un remolino de preguntas que no debía hacer, respuestas a preguntas que no se habían hecho, anécdotas que tal vez solo a ella le parezcan increíbles y mucho más dio un paso hacia atrás y volvió a entrar al castillo, como esperando que él lo siguiera. Había olvidado lo que se sentía que hubiera alguien cercano que la iba a proteger, aunque no sabía si es que él todavía la iba a defender de cualquier cosa con la edad que ella tenía; era algo incierto, ya que sabiendo que él tenía tantos años seguramente ella le parecía una pequeña niña bebé o algo así.

 

Espero que no se hayan deshecho de mi habitación —se asustó por un momento y lo miró abriendo los ojos bien grande—. Es que no he traído nada conmigo —susurró luego con un poco más de timidez.

 

~~~

 

Se había preparado para mostrarse un poco más madura y seria de lo que era antaño, todos los planes quedaron en segundo plano cuando recibió la aprobación de su padre en el saludo. Debemos entender a la pequeña Valentine, había pasado casi 7 años lejos de su familia y amigos más allegados y ver nuevamente esta cara conocida, más aun siendo su padre, el calor de un pasado feliz y que amaba la llenaba. No podía disimular el deleite de encontrarse en el castillo, de ver nuevamente los muebles o los cuadros por las paredes, todo eso que parecía tan común, pero que era la monotonía que ella extrañaba después de dar tantas vueltas.

 

Regresar se sentía como la calma que trae tener un chocolate caliente en las manos, sentada al pie de un fuego chispeante, luego de un día lidiando con muggles ignorantes, temblorosos porque una"tormenta eléctrica" destrozó sus hogares. Era la paz que traía sus vacaciones.

 

@León Crowley




#5267771 Inscripciones a Hogwarts

Escrito por Valent el 27 junio 2019 - 14:08

Nick en hl.org: Valent
 
Nombre: Valentine Crowley

Casa de Hogwarts: Hufflepuff

 
País: Paraguay

 




#5267770 ►—Castillo Crowley—◄ (MM B: 96477)

Escrito por Valent el 27 junio 2019 - 13:50

En las afueras del Castillo

 

Eran como dos horas antes de que amaneciera, el cielo todavía estaba estrellado y oscuro, la luna se asomaba tímida detrás de unas nubes que no permitían que reflejara toda la luz. Era mejor así, pues alguien esa noche quería pasar desapercibida. Caminaba entonces lentamente sobre el suelo pedregoso que tantas veces había recorrido, intentando no hacer ruido ni llamar la atención. En eso le ayudaban los árboles de alrededor del camino, que con su altura y frondosidad la tapaban de pocas pero posibles miradas curiosas.

 

Una vez cerca de la gran portón de entrada quiso retroceder y volver, dio una media vuelta, camino unos pocos pasos y volvió a girar. Tenía ganas de volver a su hogar, pero a la vez tenía miedo de lo que pudiera pasar. La decisión ya estaba tomada, había pasado semanas pensando en qué hacer y por eso estaba allí. Sin embargo le costaba llevar a cabo todo lo planeado. Era distinto pensar y soñar, que hacerlo.

 

Se sentó sobre una roca cerca del camino y se dispuso a tomar fuerzas para animarse y entrar nuevamente al castillo. En realidad algo contraproducente, pues lo único que hizo fue aumentar sus inseguridades, con la avalancha de pensamientos que la esperaba.

 

Esta diminuta figura encapuchada era Valentine hecha una mujer. Aquella mujer que había vivido un sinfín de cosas en ese pueblo pequeño y mágico, había conocido a tanta gente, hecho amistades y enemistándose con algunos otros. Aprendió a luchar, a defenderse y también a atacar en los tantos enfrentamientos que vivió en su pasado. El duelo había sido su pasión en ese entonces, cuando estaba fuertemente introducida en el bando de mortífagos, su gran familia.

 

Por órdenes de los mortífagos de altos mandos se propuso cumplir una misión en favor al bando. Partió de Ottery también una madrugada pensando volver pronto, sin embargo su destino la llevó de un lugar a otro y cada vez que quiso regresar el trabajo la llamaba a otro lugar, a otras personas, a otros objetivos. Pasando el tiempo le fue cada vez más difícil volver, no obstante el cariño hacia su padre y sus amigos fue más fuerte.

 

Hasta le sonrojaba un poco pensar en que cuando ella se fue todavía era muy joven, una adolescente. Cuando eso todavía tenía energías y poca gente podía obligarla a lucir su mal carácter. Muchas veces se había preguntado cómo había ido a parar en el bando mortífago con la personalidad que tenía, tan alegre y risueña. Quizás se había hecho esa pregunta un poco temprano, pues ahora llegando a la adultez ya empezaba a abandonarla el buen humor y las ganas de divertirse todo el tiempo.

 

Ahora lo único que la diferenciaba de la antigua Valentine era la experiencia que había conseguido en los últimos tiempos. Su cara había cambiado apenas, todavía tenía cachetes que la hacían ver como niña. Lo único que cambió en ella fueron la pesadez en sus ojos, la pesadez de ver y aceptar cosas que no quería, de luchar, de aprender. Su cuerpo seguía siendo como antes, ella era de compostura pequeña, pero ahora llevaba una fuerza diferente debido al trabajo pesado que la llevó sus años de entrenamiento.

 

Por todos esos cambios y por el miedo de ver a su familia enojada por la ingratitud es que no se atrevía a entrar. Tenía miedo de ver cómo todos habían seguido sus vidas sin ella, cómo habían despertado cada mañana sin recordarla. Tenía mucho miedo de haber sido olvidada o lo peor, que la rechacen ahora que estaba de vuelta.

 

Entonces cuando el sol empezó a asomar a lo lejos, se puso de pie de un salto, endureció su mirada y su corazón y se acercó a llamar al portón. No importaba lo que fuera pasar ahí, no quería mostrarse débil y ansiosa. Mandó todos los sentimientos de inseguridad al fondo y se plantó ante su objetivo. Llamó a la entrada y esta se abrió ante ella.

 

Un escalofrío la recorrió al ver que algunas cosas habían cambiado, pero en general todo seguía intacto y unos cuantos recuerdos de su niñez la llenaron. Esta vez ya no iba a mirar atrás. Caminó lentamente pero con decisión hacia adentro, una vez llegado al umbral no tuvo que esperar demasiado, pues la puerta se abrió ante ella y tomando valentía en honor a su nombre, hizo lo que durante muchos años quiso hacer, dio un paso dentro de su verdadero hogar.




#4655730 • Borgin & Burke • (MM B: 93568)

Escrito por Valent el 03 abril 2014 - 03:40

Si había algo que le llamaba la atención desde que era una pequeña niña indefensa era la danza. Los movimientos que hacían las bailarinas de ballet le encantaban. Los brazos en perfecta sintonía con el resto de su cuerpo, los pies soportados solo por la fuerza de los dedos y ayudados solo por una zapatilla dura que a veces empeoraba las cosas, todo eso e incluso seguían moviéndose como si nada. Adoraba verlas bailar, adoraba que hasta las miradas y gestos sean semejantes.

 

Sentían dolores constantemente, sufrían en total ignorancia de sus rostros, que sonreían como si estuvieran haciendo una simple caminata.

 

Todos los días que podía salía de la mansión a visitar una academia donde había muchachas que parecían ser de la edad de Valentine. Cabe recordar que perdió la cuenta cuando cumplió los 17 y terminó el colegio, no le importó jamás los números. Su rostro no había cambiado desde que era apenas una adolescente, al igual que su cuerpo, así que fácilmente podían compararla con niñas de catorce años, eso sí le importó.

 

El caso es que se quedó tan embelesada viendo las piernas marcadas moverse una y dos y tres y cuatro veces, para volver a repetirlo. Tan concentrada estaba que perdió la noción del tiempo y, cuando recordó que la vida seguía, ya se hizo bastante tarde para ella. Corrió lo más rápido posible buscando un callejón oscuro en medio de los edificios muggles. No había tiempo de caminar hasta el callejón diagon, tenía que utilizar la desaparición.

 

Llegó a un sitio atestado de basura podrida que, a juzgar por su olor, parecía haber sido abandonada hace ya un rato. Se tapó la nariz y saltó sobre algunas cáscaras de plátano, golosinas y papeles sucios con tinta manchada. Una vez que sorteó las que ella llamaba “asquerosidades” encontró una sombra donde ocultarse. Sin perder un segundo más desapareció haciendo un crack.

 

Apareció en el callejón con un mareo terrible, se permitió unos cuantos segundos más para aclararse la vista y volvió a las carreras. Chocó contra un trío de personas que susurraban entre sí, como si tuvieran miedo de hablar demasiado fuerte, cada uno de los tres rostros se giraron hacia ella cuando se disculpó y pasó con estrép*** haciéndose lugar a su lado. La siguieron con los ojos hasta que se paró frente a Burgin y Burkes, el local de una conocida y amiga suya.

 

—¡Anne! —llamó justo cuando su hermana comenzaba a cerrar la puerta tras suyo, la paró con el pie derecho y se permitió entrar—. Qué suerte encontrarte, ¿has esperado mucho?

 

Miró su muñeca izquierda sin observar ningún reloj y levantó la vista inmediatamente. Los accesorios nunca eran lo suyo, siempre los perdía. Se planchó el vestido negro con ambas manos y estiró su cabello rosa en una coleta larga que le llegaba hasta sus caderas. Recorrió con la mirada el local, esperando ver a por lo menos una de las dueñas. Conocía a una de ellas, Gyvraine, le había agradado las primeras veces que cruzaron palabra.

 

—¿Y bien? —dirigió nuevamente la mirada hacia Anne,  adoptando su faceta seria y centrada.




#4644261 Silver Moon (MM B: 101475)

Escrito por Valent el 03 marzo 2014 - 03:41

Se apresuró más, moviendo rápidamente sus piecitos uno delante del otro. Lástima que fuera tan corta, si solo hubiera crecido un poco más llegaría a los lugares a tiempo.  A los que la invitaron y a los que no. Justamente Silver Moon pertenecía al segundo grupo antes citado, lo que hacía que se apurase más. El plan era que Marissa y Fokker se encontraran en aquel negocio, pero podían cambiar de sitio tan rápido como se les ocurriese. Tenía que llegar antes.

 

Recorrió el Callejón Diagon sin mirar donde pisaba ni a las personas que se esquivaban. Su piel ya comenzaba a calentarse, pero todavía ni una gota de sudor asomaba. Ella se concentraba en esas cosas, en su presentación y el Silver... que ya se comenzaba a ver. Se había preparado con una blusa con mangas largas que cubría su tatuaje mortífago y un pantalón negro ceñido a sus piernas que escondía las puntas en el tubo de una bota de cuero.

 

Llegó a la puerta y aminoró el paso. Respiró hondo recobrando el aire y miró alrededor. Se arregló el cabello cuando encontró a Marissa, la rubia que comenzaba a sentarse en un taburete de la barra. Esperó unos segundos a que se acomodase y decidió entrar al bar. Hizo descansar sus piernas mientras pisaban suavemente el suelo, con sumo cuidado, como si no quisiese estropearlo.

 

Cuando estuvo ubicada a unos pasos de la Crowley estiró las mangas de su remera, dejando ver las blancas manos que ordenaron nuevamente su cabello, esta vez tras las orejas. Escogió el asiento a su lado y se estiró hasta sentarse. Llamó con la mano a la persona que estaba atendiendo, pidiendo que venga hacia ella, estaba sedienta. Y, recostando ambos codos sobre la barra, decidió hablar.

 

—Citándose con Fokker sin invitar —murmuró.




#4631953 La vérité ou conséquences ~ (MM B: 99113)

Escrito por Valent el 09 febrero 2014 - 21:19

Flashback 1988

 

La pequeña Valent miró sus monedas siendo devueltas, en otro momento haría un comentario sobre la educación y lo feo que se veía devolver regalos, pero en esta no necesitó que le insistieran, de verdad quería las bombas fétidas. Tenía un gran cargamento en su habitación, guardándolas bajo el pretexto de prepararse para su etapa en la academia, sin embargo su plan era dejarlas en sitios como, específicamente, la habitación de su hermana Carol.

 

—Gracias —susurró, antes de que la mayor tenga tiempo de retractarse, las guardó en su bolsillo secreto.

 

Cuando levantó la mirada la castaña ya tenía el vestido en sus manos, moviendo sus piernas sin parar hasta salir del local. Se quedó cerca de la dependienta mirando fijamente a su hermana desaparecer de detrás de los cristales del frente, entendiendo que lo que había hecho fue robar. La mujer salió corriendo delante de ella, gritando y buscando su varita entre el montón de la ropa que tenía, lo que alarmó a Val, quien no perdió tiempo en salir corriendo tras ella.

 

—¡No mates a mi hermana, es inocente! —gritaba mientras corría apurada.

 

Tenía su vestido entre las manos, para no tropezarse con ellos, de vez en cuando lo soltaba para empujar a cierta persona que se interponía en su camino. Jamás esperó que Caroline hiciera algo parecido, ya que ella era la del buen ejemplo. Sin embargo no estaba decepcionada, sino que le parecía muy gracioso. Poco después de comenzar su carrera ya estaba riéndose de nuevo, esta vez corriendo no por terror sino por lo divertida que era la situación.

 

Cuando vio que su hermana cayó de bruces al suelo, usó sus rodillas como soporte de manos para descansar. Resoplando comenzó nuevamente el trote, al escuchar que la llamaban. Estudiando la situación con lo poco que entendía, se dio cuenta de que la mujer mayor no le dejaría ir con las manos llenas, además de que tal vez trate de sancionar a su héroe n° 1. Lo que concluyó no le gustaba para nada, así que ideó un plan.

 

—Mi hermana no es una ladrona —exclamó interponiéndose entre ambas.

 

Soltando un grito estridente alertó a ciertas personas que recorrían el lugar buscando divertirse. Las lágrimas no tardaron mucho en llegar a sus ojos, dejándose caer a lo largo de sus mejillas gorditas. Lloraba desconsoladamente frente a la empleada de La Vérité ou Conséquences. Zapateaba y lloraba, demostrando totalmente la malcriadez de una niña que tenía todo lo que quería gracias a su padre y tíos.

 

—Usted es mala —gimoteaba—. Es un festival, se supone que todo tiene que ser bonito, no ir a golpear a sus clientas —ya comenzaba a calmarse—. Hermanita Carol, no me dejes con esta señora. Nos quiere quitar el vestido, no es justo, no es de ella. No es la dueña del local. De esto se enterara mi padre.

 

Dio media vuelta y fue a encontrarse con ella, pues tenía algo rojo saliendo de la nariz, no precisamente mocos. Suspiraba muchas veces por minuto, tratando de curarle el golpe que se había dado, mirando a veces con el ceño fruncido a la señora. Pronto hizo sentir mal también a la víctima.

 

—Hazte de la muerta —susurró al ver que la mujer venía a reunirse con ellas.

 

—¿Qué le ocurrió? —preguntaba esta desesperada, intentando mantener aquella disputa en privado, como tal persona que intenta retener el agua con las manos.

 

—Creo que ha muerto —dijo en voz muy alta la pelirrosa. Sollozando gravemente, para atraer más atención.

 

Pd: Morí con tu rol JAJAJAJ




#4630755 ~ Moon River~ (MM B: 92941)

Escrito por Valent el 07 febrero 2014 - 04:03

Vio aburrida como nadie se presentaba. Vaya seguidores de la luz, tendría que buscar unos que quieran salir a jugar más a menudo. Se acercó a Alex, refunfuñando y arrastrando los pies. Sabía que él había venido a pie, no estaba en sus planes dejarlo solo para que vuelva en su casa solito y correr el riesgo  de que alguien le matase por ahí. Qué sobreprotectora era (:love:).

 

Vamonos de aquí, esto huele a posho recién lavado —susurró agarrándolo del brazo.

 

Una vez que él haya entendido de qué se trataba. Desapareció, imaginándose la entrada de la fortaleza y guiándolos con su magia hasta allí. Pensó que iba a ser una buena noche, por lo visto no tanta. Lo mejor de todo fue que consiguió una buena excusa para no enfrentar a su familia. Quizás ni recuerde que existía ella, pero le debía por lo menos el saludo a su padre, que tanto le apoyó desde el principio. Todo eso y un poco más de relleno hermoso. Valent y Alex desaparecieron juntos.




#4630732 ~ Moon River~ (MM B: 92941)

Escrito por Valent el 07 febrero 2014 - 03:26

Observó que algunas personas estaban de clientes en el lugar, pero fue lo que menos le importó. Como vio que el asalto comenzaba, se atrevió a apuntar a unas cuantas mesas ya ocupadas y lanzarles un hechizo. No lo hacía más que para molestar, ver las caras que ponían los ocupantes no tenía precio. Haciendo aquellos hechizos olvidó por completo su responsabilidad de presentarse ante su familia, hasta era simpático notar el cambio de planes tan repentino en la vida de Valent. Se dirigía a la Crowley y terminó llegando en un sitio que apenas conocía.

 

Morphos —susurró a la primera mesa, la cual se convirtió en un león de tamaño considerable. Rugió a las personas más cercanasy se acercó trotando a la pelirrosa, su única tarea era protegerle de cualquier molestia que puedan causar los odefos.

 

Vio que Alex llegó al sitio, se sonrojó un poco y le sonrió, olvidando que la máscara cubría todo su rostro. Al parecer él se percató de su mirada y se acercó un poco a ella. Lo cual le facilitó los planes a la Crowley, que le indicó al león morpheado que no solo se preocupe de ella, sino que también de él. Que lo cubriese si un hechizo lograba amenazar con su vida o simplemente contra su dignidad de mortífago. Ahora se sentía más segura con la batalla, pero también un poco tímida con Alex.

 

Avis —susurró como extra, una docena de aves negras aparecieron sobre ella, seguirían sus consejos de acuerdo a lo que ocurriese, ahora todavía estaban flotando por ahí sin ninguna razón.




#4630723 ~ Moon River~ (MM B: 92941)

Escrito por Valent el 07 febrero 2014 - 03:15

Caminaba por las calles menos iluminadas de Ottery, con paso decidido, estaba resuelta a visitar a la mansión Crowley, donde vivía su padre, sus hermanos y sus demás familiares. Los nervios jugaban en contra suya y, cuando sintió que la marca tenebrosa le ardía en el antebrazo, creyó que era mejor dejar la visita para otro momento, como siempre. Feliz de poder aplazarlo una vez más, miró a los costados, buscando la presencia de alguien que pudiese servir como espía. Visto que nadie estaba cerca, se ubicó la máscara sobre el rostro, cubrió su cabellera rosa con la capucha negra y desapareció.

 

Se encontró en uno de los extremos del callejón diagon. La muchacha entrecerró los ojos bajo la máscara, entendiendo de qué se trataba. Asalto, una vez más. Se mordió el labio inferior, emocionada por los recuerdos que le traía aquella situación. Volver a participar en ese tipo de actividades le parecía una buena idea, tan brillante que no perdió más tiempo y empujó la puerta de piedra que dividía el bullicio y los interiores del local.

 

Amplio, muy bien —dijo para sí misma, asintiendo y mirando a la vez a su alrededor—. Perfecto lugar para deleitarse con un asalto.

 

Dicho esto sacó su varita de la bota de cuero y la sostuvo en alto. Examinó su instrumento por un corto tiempo, seguía siendo bella. Sonrió con orgullo y se acercó al grupo de mortífagos que pronto se iba formando. Reconoció a algunos, no a todos porque estaban protegiendo su identidad. Vio a Pik y a Juve, mortífagos que estuvieron desde el principio y la apoyaron cuando joven.

 

Mataremos poshos hoy... si es que aparecen los cobardes.




#4630709 La vérité ou conséquences ~ (MM B: 99113)

Escrito por Valent el 07 febrero 2014 - 02:26

Flashback 1988

 

El cabello de Valent estaba asegurado en dos colitas, que hacían que se vea más corto de lo que ya era —en ese entonces apenas le llegaba al hombro. Lucía un vestido blanco con volados pequeños de color pastel, que le hacía resaltar su niñez e inocencia. Sus zapatos también eran blancos de punta redondeada, con dos ventanitas que dejaban en evidencia sus medias de color rosa bastante claro. Se había vestido tan esmeradamente para pasear con su hermana mayor por el callejón diagon, su sitio favorito con su heroína favorita.

 

Aquel día habían salido bien temprano de su hogar para ir a una fiesta que se celebraba en esa época del año. Sería asombroso y la pelirrosa estaba muy emocionada por ver las sorpresas que le deparaban los distintos negocios que enseñaban sus fachadas a los visitantes. Todos los locales en cuestión eran muy bonitos, pues se encargaban de mostrar sus especialidades más exóticas y sorprendentes. Sin embargo el que más le llamó la atención era uno de letras rosadas, estaba a lo lejos, por lo tanto apenas pudo ver de qué se trataba y, como su corazón le pedía, se dejó llevar. Soltó la mano de Caroline y corrió hacia la entrada del sitio.

 

Chocó con muchas personas, cruzó entre los pies de más de un señor y siguió hasta llegar a la puerta. Miró una vez atrás, sin ver más que cuerpos enormes arremolinándose. No podía ver a su hermana mayor y le dio un poco de miedo, pero se calmó al saber que la otra niña seguiría hacia delante hasta verla allí. Esperó unos cuantos minutos que le parecieron horas sin ver a la Ryddleturn, lo cual le impulsó a entrar directamente al local. La vérité ou conséquences.

 

Holaa —saludó entrando con paso tímido. Era un lugar que, a diferencia de los demás, llevaba toda la carga del día en calma.

 

La dependienta miró hacia abajo, encontrándose con la cabeza rosa de la niña que acababa de entrar. La saludó, se agachó un poco para estar a su altura y le preguntó cuál era el motivo por el que estaba ahí, de una forma tan amable que los ojos de Valent se encendieron aún más. Le encantaba todo de ese lugar, los pisos tan brillantes, la luz cegadora en el techo, las ropas tan delicadamente hechas. En especial que todo parecía estar en su lugar, lo contrario a su habitación. De pronto alguien la sacó de sus pensamientos: Carol.

 

Shhh, no grites —le chitó asustada de que la quisieran echar de allí, pero al ver las lágrimas de su hermana mayor se abrazó a ella con mucha intensidad—. Ca-rol-no-te-mas —susurró entrecortadamente, pues hasta a ella le sacaba la respiración—. Yo nunca te dejaré, sabía que ibas a encontrarme, eres estupenda.

 

Le sonrió al soltarle y dejó que ella pudiese ver la razón por la que estaba tan apurada en llegar ahí.

 

¡Carol! No seas groseraa —susurró a su hermana, pues estaba haciendo comentarios malos frente a la dependienta—. Jajajajajaajajaja a—comenzó a reír, luego de mirar el vestido que le apuntaba atentamente e imaginarse a la Ryddleturn con él—. ¡Estás súper loca, no te va a quedar! Eres muy panzona y además tus piernas todavía son muy cortas para él. Lo único que harás al comprarlo será ocupar todo el espacio en tu guardarropa— razonó—. Jajajajajaa, está bien, te ayudaré a tenerlo si tanto quieres. Tenía algo ahorrado para comprar pastillas vomitivas, pero...

 

Sacó de un bolsillo tres monedas pequeñas, knuts y apenas podrían servirle, sin embargo le estiró la mano y depositó en ella su gran fortuna. Le fue muy difícil desprenderse del tesoro, gesto muy notable teniendo en cuenta la mueca que hizo cuando dejó de sentir la última moneda. Por más de que le haya costado mucho, le compraría ese vestido por dos razones: no quería que se sintiese mal, quería verla feliz, se sentía mal consigo misma por haberle mentido al decirle panzona y no quería verla todo el tiempo frente al espejo preocupándose. Ok, eran cuatro.




#4630052 Castillo Evans McGonagall ( MM: B 97458)

Escrito por Valent el 05 febrero 2014 - 20:15

Valent se había vestido para la ocasión. Consiguió ropas andrajosas de un bandido, se vistió con ellas y fue caminando con un gran cartel en la mano derecha. Claramente antes había lavado la vestimenta, no era una sucia aunque eso era lo que quería demostrar. Se le había pedido con mucho encarecimiento que se haga cargo de las predicaciones tenebrosas y, ¿qué no mejor que hacerlo vestida como una profetiza de esos que suelen ser tan comunes en las calles?

 

Casi podía verse gritando “ANUUUNCIO EL FIN DEL MUUUNDO”, en una esquina, con olor a cerveza y demás bebidas alcohólicas, de lo más baratas posibles. Pero eso no es todo, además se había cubierto el rostro con una máscara de color rosa pálido y metálico. ¿Y quién lo diría? ¡Su cabello estaba teñido en negro! Para que luego no digan que es una mortifaga encubierta poco dedicada. Lo peor de todo, para ella, es que su cabello estaba lleno de mugre. Fokker Cygnus tendría que pagarle mucho por eso.

 

I-rre-co-no-ci-ble, esa era la palabra exacta.

 

Bueno, no continuaré con la descripción de esta niña, porque sino el olor rancio les atravesaría las computadoras y no podrán leer más. Disculpen, solo quería comentar, esta vez, que el olor no era debido a sus días sin baño, pues sí se bañaba. Lo que ocurría era que últimamente habían varios perfumes en el callejón diagon, ¡se encontraba exactamente todo lo que se buscaba!

 

¡Holaaa! ¿Hay alguien ahí? —gritó nuestra protagonista, estando en la puerta de la mansión Evans McGonagall—. ¡Vengo a visitar a una amiga! Se llama Soa, al parecer es la matriarca de esta familia.

 

Golpeó la puerta cruelmente, sin ningún descaro, lo más fuerte que podía. Y esperó a que alguien le respondiese. Al ver que todavía nadie llegaba a su encuentro, comenzó a dar un simple paseo de ida y vuelta frente al castillo. Empezaba a impacientarse, algo no muy recomendable. Sin contar con su esmero, quería hacer bien su trabajo, pues si no cumplía a la perfección, en la marca no le darían su paga. ¡Ella quería un premio! Además de todo, le resultaba divertido el predicar sobre su jefecito.

 

En vista de que están muy interesados en escucharme... —ironizó la pequeña— comenzaré lo más antes posible. ESTA ES UNA ORGANIZACIÓN PARA AQUELLAS PERSONAS QUE BUSCAN LA SALVACIÓN. SOMOS UN GRUPO UNIDO DE GENTE QUE ESPERA REUNIR MÁS SEGUIDORES PARA LUCHAR CONTRA EL VERDADERO MAL.

 

Agitó su cartel frente a la casa, como si así pudiera llamar un poco más la atención. Siguió con su discurso, esta vez bajando más la voz.

 

¡El fin de los tiempos está por llegar! Las aves dominarán el cielo, caerán huevos crudos desde las nubes e inundarán nuestra ciudad, ¡CAERÁN JUSTO SOBRE NUESTRAS CABEZAS!. Solo uno puede protegernos y no es nadie más que ¡EL SEÑOR TENEBROSO! Sí, señores, el señor tenebroso sigue vivo y está aquí mirándolos desde afuera, esperando que ustedes se unan a sus seguidores.  Está observando a aquel que se sienta en la taza del baño, ¡no importa donde estén!

 

Respiró hondo y sacó una nota de uno de sus bolsillos, era un nombre.

 

Solo pedimos que la matriarca Pan...Pandora Ssstark, se presente y nos dé un galeoncito para seguir promocionando al Innombrable. No es más que una monedita, no queremos seguir molestándoles. Solamente cumplimos con nuestro deber de anunciar lo profetizado. Queremos que toda su vida esté llena de felicidad, solo tienen que repetir conmigo “EL QUE NO DEBE SER NOMBRADO ES MAGNÍFICO”, díganlo, no sean tímidos. “SEREMOS MORTÍFAGOS EN MENOS DE LO QUE CANTA UN POSHO” y eso es cierto, porque pronto los gallos volarán y nos defecarán desde el cielo.

 

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Viendo que no tenía mucha atención y sintiéndose pésima, optó por el plan B. Sacó de su bolsón una lata de pintura roja, sin embargo lo que tenía dentro era sangre de unas gallinas que había matado. Pobre Hagrid, se quedó sin almuerzo aquel día, ¡pero no importaba! Puesto a que ella le daría un buen uso. Se dirigió a las paredes de la mansión, eligió el sitio perfecto para su obra de arte, metió la mano hasta el fondo y comenzó a escribir sobre la pintura. Poco tiempo después el castillo lucía un:

 

LA CÁMARA DE LOS SECRETOS HA SIDO ABIERTA, ENEMIGOS DEL HEREDERO ¡TEMED!




#4628085 ۩۞۩ Cinescape ۩۞۩ (MM B: 100502)

Escrito por Valent el 01 febrero 2014 - 03:39

Pronto la atención de la Crowley quedó sumida en la chica que acababa de conocer, la de ojos color liláceo. Al parecer no eran las únicas sorprendidas, pues asumía que los mortífagos tampoco esperaban encontrarse con una situación de tal índole. Estaba segura de que la idea de dos dueñas sin conocerse sería algo bastante extraño visto de afuera. Sabía que había sido un poco irresponsable al dejar todo a cargo de Zeth, aunque le calmaba la idea de que él no se había quedado atrás dejándole toda la responsabilidad a su... ¿hija?

 

—¿Segura que el Black Lestrange tiene hija? No tenía idea. Pensaba que él planeaba no tener vida social de ningún tipo con nadie y... bueno, una hija —se rascó la cabeza tratando de asimilarlo, respiró hondo y siguió, esta vez respondiendo a Gyvraine—. No lo sé, yo era dueña hasta que me fui de viaje, pero...

 

Dio media vuelta hacia sus amigos. No quería ser grosera y ocuparse de sus asuntos personales o laborales en aquel momento. Ciertamente le dio un poco de tristeza el recordar a Zeth, pues además de haberle echado una mano en diferentes ocasiones, él se había vuelto su amigo querido, como un hermano incluso. Tenía miedo de no verlo jamás, pero como Gyvraine había dicho “ni que uno de los dos hubiera muerto o qué”. Sin darse cuenta, la Malfoy le levantó el ánimo.

 

Pero... Alexander tiene razón. Fengari, ¿qué te parece si nos ponemos al día más tarde? Sé que esto resulta un poco extraño... hagamos como que nunca sucedió, ¿oki? Comencemos con lo que tengamos que hacer. Por tu mirada, Alexander, sé que ya tienes un objetivo —siguió con sus ojos celestes hasta la puerta que observaba el chico y sonrió—. ¿Comenzamos por ahí? Buena elección.

 

Valentine llamó al elfo que más le implicaba confianza, Pipa. La elfina sacó un manojo de llaves enorme de una cajuela que no pudieron observar, pues la guardaba bastante bien. Tenía llaves de distintas formas, grandes, pequeñas, plateadas, de bronce, viejas y nuevas. Cuando estuvieron los cinco reunidos, la pequeña criatura los guió hacia la puerta que el mortio sugirió con  la mirada. La luz no llegaba hasta aquel lugar, solo podías observarlo si tenías ojos con alta definición.

 

La elfina observó por largo tiempo a la pelirrosa y luego de un segundo, a su otra jefa. Sintiendo que estaba autorizada extendió la mano hacia la cerradura. Déjenme contarles cómo era la puerta. Común y corriente, combinaba con todos los colores del sitio. De color lavanda, el borde tenía un color más oscuro, pero se encontraban en la misma familia. Tenía un candado dorado, parecía estar hecho de oro y ser bastante viejo, por lo tanto la llave que la correspondía debería ser del mismo material o por lo menos acertado.

 

Parecía que no se había pasado una llave por aquel artefacto de seguridad jamás. Aunque parecía un invento muggle, Zeth y Valent habían decidido hacerle algunos cambios. La magia de la cerradura consistía en que si se llegaba a meter una llave equivocada, incluso si no fuera una llave, aquella habitación se autodestruiría, llevando consigo a todo ser vivo cercano. Por eso solo los que estaban bastante seguros deberían abrirla.

 

Tranquila, Pipa.

 

Una gota de sudor caía por el rostro de la elfina, quien buscaba la llave con unas manos llenas de temblores involuntarios. La pelirrosa empezaba a inquietarse. No quería hacer esperar mucho tiempo más a los mortífagos, pues era una tarea bastante importante, sino no estarían en ese lugar. Hasta llegó a preguntarse cómo, el que sea que estaba metido en aquel sitio, se metió allí. Y lo más inquietante, ¿por qué lo hizo?

 

La elfina tomó una llave plateada bastante pequeña, era imposible de creer que el hoyo del candado sea tan grande y su llave tan pequeña. ¡Completamente estúpido! Así que la chica levantó un brazo cubriendo a los demás y dio un paso para atrás. Pipa estaba a punto de meter la llave. El rostro de Valent tenía una mueca horrible. ¿Cómo confiaba en ese animal? Ni siquiera era humano. Con sumo cuidado la llave giró y el candado hizo un clic, dejando la puerta sin seguridad alguna.

 

—Disculpen...  no es que haya tenido miedo. Obviamente no —la muchacha simuló tranquilidad y se dirigió hacia la puerta—. Siempre confié en la elfina, es muy linda.... a veces.

 

Rió un poco antes de tirar del pomo. Lo hizo y se encontró con un pequeño lugar con muchas escobas, trapos, recipientes con agua sucia. Iugh, eso era asqueroso, pero tenía un propósito. En realidad el cine tenía un pasadizo mágico que conectaba unos cuantos locales. Un pasadizo tan secreto que apenas el personal lo podía saber. Por eso nadie, jamás, debería pasar más allá del armario de limpieza. Sin embargo, la Crowley confiaba bastante en los mortífagos.

 

Chicos, ¿están seguros de lo que van a hacer, no? No es que quiera guardar secretos, pero me costó mucho hacerlo durante estos años —susurró, de modo que solo sus acompañantes la escuchaban—. Confío bastante en ustedes, por eso les dejaré seguir. La verdad es que no nos vendría mal si nos explican un poco de la situación, por lo menos a mí. Pipa, guíanos a ya sabes dónde.

 

Relamió sus labios y dio espacio para la criatura. Debería parecer una loca llevándolos a una habitación llena de escobas. Una loca de verdad. No obstante, lo que más le preocupaba era la opinión de su nueva compañera. No quería acaparar todo y dejarla en segundo plano, desde aquel momento formaban un dúo y deberían arrasar con lo que viniese. Es por eso que se acercó a ella mientras la elfina trabajaba:

 

¿Sabes lo que va a pasar ahora? Por favor, confía en mí. Más tarde me disculparé mejor contigo por no haber estado, pero ahora centrémonos en nuestros invitados. 




#4626309 ۩۞۩ Cinescape ۩۞۩ (MM B: 100502)

Escrito por Valent el 27 enero 2014 - 19:14

Agitaba la mano frente a su rostro y agradeció bastante la mano que le ayudaba a levantarse. Se paró de un salto ignorando el dolor que aquella piedra mal puesta en el camino le causó en la espalda. Abrió por completo los ojos, buscando obviamente a la persona que le ayudó, era una mujer. Hablaba de una luz que vería, no lo entendió muy bien hasta que vio la varita que poseía. Inhaló profundamente y se quedó tiesa por unos cuantos segundos, cuando se dio cuenta de que la bruja no intentaba matarla (ya no) sino que era del buen bando.

 

No fue mi intención, no sé con qué choqué. No estaba tan distraída en mi opinión. Gracias Gyvraine, ha pasado mucho tiempo hasta hoy. Pensé que jamás te volvería a ver —la observó por un largo tiempo, dejando vagar su mirada por ciertos detalles de su rostro que no recordaba—. ¿Qué? Ah, sí, tienes razón. Entremos, quizás adentro me pueda limpiar.

 

 Sacudió su traje con fuerza, dándose cuenta de que estaba más mojado de lo que quería. Si lo dejaba secar sobre sí se quedarían unas manchas marrones horribles, ¿quién querría llevarlas mientras caminara por el local que le pertenecía? Parecería una broma cuando regañara a alguien o... Una voz masculina le habló despertándola, haciéndola caer en cuenta que no solo estaba Gyvraine, sino que también llevaba un acompañante. Lo reconoció sin problemas, era un aspirante a mortifago cuando ella llevaba la marca tenebrosa todavía viva en el antebrazo. Bonitos tiempos aquellos, los añoraba sinceramente.

 

Oh, Alexander. También pensé que no te volvería a ver. ¿Ya eres un...? Mejor vayamos adentro. ¿Para qué me buscaban? ¿He hecho algo malo? ¿O tiene que ver con el local? —caminó adentro encontrándose esta vez los tres refugiados en el local.

 

Una muchacha estaba observándolos desde ahí. Esperaba que algún elfo le explicase quién era. A ella sí que no la reconocía y lo último que deseaba era enterarse de que le vendió su alma antes de marcharse. Eso sería un poco incómodo. Barrió con la mirada el vestíbulo, buscando a un elfo que le sirva de ayuda, pero no lo encontró. Se rascó tras la oreja izquierda se aclaró la garganta y extendió la mano en modo de saludo. No tenía idea de qué hacer.

 

—Valentine Crowley, un gusto. Soy la dueña de este Cine, ¿puedo ayudarla en algo? —preguntó y añadió un poco en voz baja hacia los mortífagos—. No la conozco en absoluto, pero nos mira...




#4625942 ۩۞۩ Cinescape ۩۞۩ (MM B: 100502)

Escrito por Valent el 26 enero 2014 - 21:56

Los días pasaban rápidamente y apenas se había dado cuenta de que la luna seguía moviéndose, al igual que el sol. Hace menos de un mes había vuelto a su pueblo, sin embargo a ella le parecía que solo habían pasado un par de días cortitos. Tenía tiempo para todo, pero a la vez para nada. ¿Qué hacía en todo ese tiempo? ¿Cómo lo malgastaba tan horrorosamente? Pronto los locales y el resto de sus responsabilidades fueron ocupando un lugar menos privilegiado en su mente. Pero, ¿qué los reemplazaba?

 

Pese a que quisiera contarles todo lo que hacía, que no eran cosas más que ociosas pero interesantes, no quisiera desviarme de la aventura del día. Pues la Crowley por fin decidió hacerse mínimamente responsable e ir a visitar uno de sus locales, uno de los que más abandonó. Siguiendo con su plan, se vistió con sus ropas negras un poco serias pero no demasiado, para no causar un aire muy misterioso y sin embargo expresar ser importante.

 

Decidió aparecer directamente, no quería encontrarse con nadie conocido mientras paseaba, simplemente hacer su trabajo por primera vez. Entonces caminó por el sendero que la llevaba afueras del castillo, donde podía desaparecer cómodamente. Buscó un lugar en las sombras y recordando el aparatoso lugar donde se dirigía, desapareció y volvió a aparecer allí. Frente a CinEscape, un lugar donde ponían un enorme cuadrado que se movía y cobraban por ello, algo así como los retratos, pero con acciones secuenciales y hasta hacían parecer con vida a las personas de adentro. Los muggles lo inventaron  para tratar de ocultar que eran seres aburridos.

 

Caminó por donde más sombras habían y sin darse cuenta chocó con alguien o algo, cayó al suelo no sin antes llamar la atención. Al parecer se dio un gran golpe en la cabeza,  a no ser de estar actuando para llamar aún más la atención (ya saben, todo se puede esperar de esta pequeña bruja que nunca crecía). Intentó levantarse a duras penas, con una mano trataba de impulsarse y con la otra buscaba algo de qué sujetarse. Mientras hacía esto pensaba en lo 'amables' que estaban las personas aquel día y refunfuñaba para sus adentros.




#4622831 ☽The Cawing Crow☾ (MM B: 102478)

Escrito por Valent el 18 enero 2014 - 04:25

Valent escuchó todas las respuestas de Memi con mucha atención, estaba muy emocionada, tanto que no podía dejar de sonreír. Un bebé, una niña, qué hermoso era ello. Algo que nunca podría vivir, no es que quisiera vivirlo. En realidad ni siquiera quería encontrar al amor de su vida, no era algo que le atraía demasiado, simplemente... simplemente le parecía genial ver a su gente querida feliz y más aún que no le reclamen por sus faltas.

 

 Es por eso que se sintió muy mal al notar que su amiga iba bajando un poco el estado de ánimo, no era muy notable, pero a la pelirrosa le gustaba notar esos cambios y... bueno, se entristeció. Arrugó la frente y abrió bien los ojos, pronto entendió a lo que se refería. El chico, el padre, sea quien sea no había sido muy bueno. Enterarse de eso, deducirlo, no le hizo muy feliz. Aparte de entristecerla la puso ¿rabiosa?

 

—Okeey, okeey, oyeee —llamó a la elfina, adiós cuidados para no llamar la atención—. Cancela nuestros pedidos, ¿esta bien? Queremos lo más fuerte que haya y por favor, ¡no se apuree!

 

Bajo la voz, se sentó y volvió a mirar a su amiga.

 

Es hermoso el nombre y sé que ya la vas a tener dentro de unos días. Soy algo despistada. ¿En qué estaba? Ah sí, ¿te gustaría salir de fiestas por hoy conmigo? No sé, quiero… quiero —agitó su puño en el aire—. Ya sabes, lo que hacen las mujeres cuando están hartas de todo el mundo. Oh sí, lo siento, estás con un bebé. Ay Dios, acompañame, ¿quieres?