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Conoce el nuevo contexto de rol global de la Segunda Temporada de Rol en la CMI. Link

Agatha Andrómeda Abbott

Miembro desde 30 jul 2020
Última actividad Ayer, 17:35
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Mensajes que he realizado

En el tema: El Día de la Amnistía

Ayer, 05:22

- Ustedes los francotiradores son bastante admirables. - Habló una voz detrás de aquellos hombres. La azotea del edificio tenía buen espacio y excelentes ventanales, asi como una vista magnífica desde ese ángulo para mirar el gran precipio que abajo, se transformaba en una bulliciosa calle. Por su lado, la luz del día dejaba ver mejor que en la noche. El rubio sonrió con cierto misterio escondido con elegancia. 

 

Hacía dos horas que esperó en el ascensor mientras subía, para localizar lentamente a sus víctimas una a una. Esos ojos rojizos de un tono vino, atraían la atención de pocas personas, que solo pensaban que aquel efecto era de ojos marrones expuestos a la luz. Nadie le hacía caso. Todos lo tomaban como alguien mas. Un usuario simple, un funcionario, un contador, un cobrador elegante, de todo menos un absoluto peligro para lo que se avecinaba. Si es que llegasen a detectarlo. Simplemente era un humano, alguien común y corriente con pendientes que atender y una bolsa económica que mantener. 

 

O eso es lo que aparentaba...

 

Mezclándose entre los pasillos, pidiendo algunas indicaciones, caminando tranquilamente había arribado a la azotea. Gracias al color de sus ojos y de mantener aún su habilidad despierta, encontró fácilmente entre el mar de cuerpos calientes y llenos de sangre, los aromas que tanto buscaba. Y ahora, alli estaba. 

 

- ¿Quién es usted? ¿Qué está haciendo aquí? Esta es un área privada, le pido por favor que se retire... - Al mismo tiempo se escuchó un radio, un transmisor de cuyo aparato salió una voz medio entrecortada que daba instrucciones. La localización, el tipo de sonido y otras palabras, le dieron exactas pistas de donde cada uno se encontraba. Sonrió con ligera astucia, alertando un poco a los hombres al ver que no se marchaba. - Ustedes han sido muy amables al darme lo que buscaba... - Sacó una cajetilla del bolsillo, extrayendo un pequeño cigarro. Lo sostuvo entre los labios y a continuación sacó su encendedor, prendiéndolo. Acercó la punta del tabaco a la flamita y aspiró un par de veces, obteniendo humo. Con toda calma guardó sus enseres sonriendo. El cigarrillo humeaba. - Pero ahora, necesito que me entreguen otra cosa y no será por las buenas... - 

 

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Uno de los hombres sacó de inmediato una pistola, pero ya el chico rubio lo tenía abrazado. Besó dulcemente su cuello, justo sobre la yugular, mas en vez de beber, deslizó sus manos hacia el cuello de este con ternura y lo giró con brusquedad, rompiéndole las cervicales al instante. El cuerpo cayó al suelo con pesadez, revelando a un chico sonriente de medio perfil, aun con el cigarrillo en la boca. - Ni se moleste. - Murmuró desapareciendo de su vista. Unos instantes después, la cabeza del segundo se movía repentinamente hacia arriba, perdiendo la vida. Esta vez el chico no lo soltó. Lo sostuvo entre sus manos como a un muñeco, deslizando sus dedos por la piel que lentamente se enfriaba, observando por detrás el costado y los ojos sin vida. 

 

- Qué hermosa piel... - Los dedos bajaron lentamente del contorno del rostro hasta el cuello y luego hasta el pecho. El joven observaba a su víctima con una sonrisa plagada de morbosa obsesión. Lamió un costado antes de juguetear con el ojo apagado, aplastándolo con su dedo. La sangre se derramó. Lo acercó a su oído. - ... Ustedes los mortales son tan frágiles como ingenuos. Es por eso que el mundo estaría mucho mejor con los magos... - Sonrió desapareciendo. Se había lanzando ahora desde el ventanal, una sombra cruzando rápidamente el cielo en un salto, aterrizando en la azotea del costado. La sonrisa tétrica de placer en sus labios. 

 

En una hora, todo el círculo de francotiradores que cuidaba el edificio había muerto. Una silenciosa y placentera muerte, robándoles además las armas, únicamente para destrozarlas con su fuerza, quedándose con las balas antimagia. No solo había descubierto eso, también encontró otros pequeños detalles que luego compartiría con su grupo. Mortales desdichados. Estaban jugando bastante sucio. Su última parada fue la azotea del edificio principal donde se encontraban sus víctimas. Aterrizando con suave elegancia, se dirigió a paso tranquilo hasta el sistema de conductos de ventilación. Miró a izquierda y derecha, antes de tomar el ventilador central y arrancarlo sin problemas. Extrajo ahora de su bolsillo un pequeño frasco aparentemente vacío, pero cuyo líquido poseía el color del agua, le quitó la tapa y lo vertió sin demora dentro del conducto. Mientras lo hacía, sonrió. 

 

Lo último era actuar. Tendrían como mucho un margen de media hora de ventaja a partir de que el efecto de la poción nueva hiciera efecto. Hasta ahora solo sabía lo letal que resultaba ser el polen de esa pequeña criatura y lo usaría a su favor. Esperó con tranquilidad, fumando el cigarro al borde de aquel edificio. 

 

15 minutos después, el pánico cundió en el edificio. La gente salía huyendo y otros se desmayaban para no despertar jamás. La calle misma se volvió un caos. Aprovechando esto, lanzó una aguja hacia la posición donde sentía el aroma de su grupo, una pequeña advertencia de que procedieran. Se colocó una máscara anti venenos, encantada justamente para proveer oxígeno durante algunas horas y se deslizó por la puertecilla de la azotea sigilosa, aprovechando el bullicio, para buscar a sus presas y por consiguiente a sus compañeros. 

 

@Ada Camille Dumbledore


En el tema: - Hell MooN - (MM B: 110639)

14 febrero 2021 - 04:00

Las palabras de este le provocaron una intensa verguenza, dejó la copa a un lado y se cubrió el rostro con ambas manos en un intento vano de controlarse. Se las pasó por el pelo avergonzada e intentó no mirarle, replicando con cierta timidez. - Los alimentos no pueden hacer ese tipo de cosas cherié. - Escuchó pasos, por lo que alzó la vista y vio delante de ella dos cosas: una mirada intensamente salvaje y una fresa sujeta entre dos dedos cerca de su boca. Miró a uno y a otro, aunque al sentir su mano en su pierna, se sonrojó de nuevo. 

 

Haciendo mucho esfuerzo en controlarse, abrió los labios, pero ya que el se atrevía a jugar de cierta manera, pues se limitó únicamente a sacar la lengua y lamer lentamente la fruta, jugueteando alrededor antes de tomarla completamente entre sus labios, mordiéndola. La degustó con suma calma, dejando que este se colase un poco mas adentro, soltando un leve gemido. Sus párpados se entrecerraron en una sonrisa sensual, al pasar la rojiza punta de su lengua por los húmedos labios carnosos. 

 

- ¿No tienes mas? - Preguntó con inocencia, alzando la diestra para sujetarle del mentón. Los dedos se deslizaron lentamente hacia adelante abarcándole la mejilla, atrayéndole mas hacia si con suavidad. Sus rostros estaban muy cerca. Ella se dedicó a contemplarlo detalladamente, tomándose su tiempo, deteniendo la vista en sus labios. Sonrió con dulzura, acercó los suyos poco a poco hacia este, pero cuando casi los rozaba, se alejó hacia otro lado, alcanzando la copa de vino, por lo que sus pechos rozaron contra la punta de la nariz del chico suavemente, antes de que se enderezara y bebiese de la copa soltando un leve suspiro. - Eso ha sido delicioso... - Sonrió con picardía. 


En el tema: - Hell MooN - (MM B: 110639)

13 febrero 2021 - 04:47

Sus palabras tuvieron un efecto curioso: el chico se puso mas animado, mas arrogante y pareció entender el reto. Sonrió casi como un gato, entrecerrando los párpados, evitando dejar ver mucho de su dentadura o el se daría cuenta de sus incisivos. No respondió nada, permitiéndole danzar por toda la cocina, haciendo uso maestro de los utensilios, su mirada concentrada en sus movimientos. 

 

Sacó un montón de ingredientes raros que, a su olfato, también se sentían un poco crudos. Por su parte se apropió de una botella de vino tinto, la descorchó y se sirvió un poco en una copa de cristal, tomándola por la columnilla para agitar despacio su contenido mientras le observaba. Dio el primer sorbo, recostando la espalda ligeramente contra el borde de la isleta, las piernas cruzadas. 

 

- Están en el tercer compartimiento, a tu izquierda ¿Qué tanto haces mi dulce chef? - Preguntó en un tono inocente, pero con cierto carisma sensual. El ruido del cuchillo cortando contra la tabla, el fuego encendiéndose, los movimientos certeros y los pasos que iban y venían. Su mirada recorrió cada centímetro de la nueva vestimenta que este portaba, de lo que, había que admitir que se veía mas atractivo que nunca. Subió por su espalda, detallándolo con aquellos orbes azules que se detuvieron en la musculatura. Inconscientemente mientras bebía otro sorbo, no pudo evitar paladear el vino tinto, pasando lentamente la lengua por los labios. Deliciosa vista, atractiva la presa ¿Qué tan caliente y dulce sería la sangre que se movía en sus venas? 

 

Pero entonces, un indistintivo aroma comenzó a seducir sus fosas nasales, distrayéndola por completo de aquel pequeño ritual de admiración al sexo masculino. Lo que la llamó fue el olor que se desprendía de aquellas cacerolas que estaban en el fogón ¿Qué estaría haciendo que olía tan bien? Sin saber como, sintió el llamado instantáneo del hambre en su vientre al tener una ligera contracción. Pero no solo eso, podía sentir también el distintivo aroma de las especias, el dulce olor de la canela, el tostado aroma de las nueces de tierra, el salado de los mariscos, el colorido de la sandía, el...

 

Aquella escena de colores y sabores se desprendía como un arco iris deleitable de esa pequeña cacerola platinada y olía tan maravilloso, que sus mejillas inmediatamente se sonrojaron llevando la mano libre a los labios, casi palpando con deseo e imaginación lo que se cocinaba. Entre mas olía, mas se le antojaba, tuvo que tragar el vino y se vino lo peor, un temblor en todo su cuerpo que aumentó ligeramente su salivación, sacándole un brevísimo, corto y erótico gemido. 

 

Al darse cuenta, avergonzada apretó con timidez los muslos. Se removió en la silla ansiosa, mirándolo con los párpados entrecerrados, las pupilas ligeramente húmedas, los labios temblorosos,  sosteniendo de lado la elegante copa de vino. 


En el tema: - Hell MooN - (MM B: 110639)

10 febrero 2021 - 09:24

Sus ojos se encontraron en silencio y no hubo necesidad de palabras. La comprensión estaba allí latente, profunda, tierna como dos almas gemelas enamoradas desde un pasado distante, dos espíritus reencarnados que volvían a encontrarse tras años de buscarse. Hubo una pequeña sonrisa, una lágrima, una dulzura y los latidos del corazón estaban sincronizados. El silencio no era tenso, al contrario era cómodo. Ambos se incorporaron y el tiempo se detuvo cuando ambos se abrazaron.

 

Quizá la sola expresión era demasiado sencilla e ingenua, pero era sincera y bastaba. Un beso en la frente, de nuevo una mirada, un acuerdo mutuo expresado en miradas. Ella alzó su diestra, acarició su mejilla por respuesta y terminó por acompañarle a las cocinas. 

 

Al entrar, reprimió una pequeña risita. La sorpresa de el no era para menos. Su madre era muy estricta con las cosas y sobre todo, algo exigente en cuanto a lujos. La cocina en realidad no estaba solo equipada para satisfacer paladares, sino principalmente para satisfacer los antojos y caprichos que ella tenía. Claro, no iba a contarlo, pero en ocasiones habían cerrado el local por el simple hecho de pasar una noche cocinando ellas mismas únicamente para divertirse y experimentar. Y otras, porque con su padre, pocas veces, hicieron competencias de cocina. 

 

Le dejó que explorara a sus anchas mientras se sentaba en un taburete próximo a una isleta, contemplándole tranquila. Manteniendo una postura recta, cruzó las piernas, dejando que la blanca piel del muslo se dejase ver por la abertura atrevida y coqueta del vestido que portaba. El resto de la pierna torneada estaba cubierta paralelamente por las telas, dejando ver únicamente el pequeño pie desnudo encintado en el zapato de tacon. Ante su pregunta, alzó una ceja y sonrió elegante pero audaz. - Mis antojos son exigentes señor chef, pues mi paladar nunca ha probado cosa sencilla. Pero he de decir que estoy dispuesta a aceptar cualquier platillo que me prepare, asi que... - Alzó la diestra, subiéndola lentamente por el contorno de su silueta, pasando por los pechos, el hombro y finalmente el cuello. La llevó por debajo de su cabello y lo alzó, sacudiéndolo con un delicado pero coqueto gesto, esbozando una sonrisa un poco retadora y femenina. Sus labios se abrieron en un susurro sensual y tentador sin que lo propusiera. - ... Sorpréndame... - Le hizo un pequeño guiño, entrecerrando los párpados después, apoyándose tranquilamente en la isleta. Jugaba, a pesar de sus modales, jugaba y si algo sabía, es que esos ojos verdes eran suyos.


En el tema: - Hell MooN - (MM B: 110639)

08 febrero 2021 - 06:38

- Es una buena propuesta, caballero. - Ella asintió con un leve ademán de cabeza. Le gustaba saber que sería acompañada, además de que no solía probar otras comidas que aquellas preparadas por las manos asignadas. En consecuencia, cuando este tomó una parte de su cabello, no pudo evitar sonrojarse ligeramente y desviar la mirada, más al sentir los labios ajenos sobre la piel de su frente. Su corazón se aceleró bastante. 

Sonrió tímidamente y al terminar aquel tierno gesto, aceptó su brazo acompañándole. 

 

- Me las cederán si yo la pido. Verá usted, mi madre es la dueña de este sitio... - No quiso decir nada mas. Le daba cierta vergüenza presumir de las riquezas que poseía su familia, pues esperaba realmente ganar lo propio. No le parecía correcto presumir, prefería mantener un perfil bajo. Se sintió feliz por primera vez en esas noches donde solía pasarlas en solitario, bebiendo un poco de soda y leyendo o jugando ajedrez. Buscó con la mirada los ojos de su acompañante que, siendo sinceros, se estaban volviendo su parte favorita. Pero de nuevo, los prejuicios de apariencia se interpusieron entre ellos, arruinando nuevamente los dulces momentos. 

 

- Basta querido, no te afanes o preocupes por la apariencia. Me es suficiente con que sepas estar a mi lado acompañándome. - Se acercó a el y detuvo con ambas manos aquellos nerviosos gestos, mirándole con suma dulzura. Aprovechando que ambas miradas se encontraron, le dedicó una tierna caricia. - Además, espero ansiosa probar tus platillos. - Comentó con alegría.