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(¯\_¤~-Dumbledore's Night-~¤_/¯) (MM B: 100837)


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La bruja que se acababa de unir a nuestra mesa dijo llamarse Ariane, y trabajar en aquel lugar, además claro de mencionar el acceso que tenía al vodka del lugar.

 

— Mucho gusto Ariane, no tienes nada que agradecer, y si en este lugar venden vodka, ten por seguro que me verás más seguido de lo que crees por aquí — terminé sonriendo

 

— Los animales son hermosos, claro, depende del animal también — dije ante su comentario — cuando inaguremos deberías ir alguna vez, tal vez podamos animarte por alguna tierna mascota

 

— Por el gusto de conocerte — brindé sonriendo

 

Luego tomé el folleto que acababa de sacar Kirara y lo miré sonriendo, para luego comentar:

 

— ¿Esta es la actividad de limpieza que está organizando Sunnar? Bueno tal vez deberíamos...

 

Me callé de pronto y miré hacía Kirara, la actividad era para miembros de la Orden, pero yo no sabía si Ariane tenía alguna preferencia de bandos, incluso si pertenecía a la marca. Comenzaba a odiar la maldita incertidumbre que aparecía en mi cabeza, cada vez con más frecuencia.

 

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  • 2 semanas más tarde...
En aquella hora de la tarde, la mayoría de los transeúntes retornaban a sus respectivos hogares dejando prácticamente desiertas las callejueslas de Diagón. Sin lugar a dudas, era el momento predilecto de la bruja para salir a caminar, cuando las sombras proyectadas por la conjución de las lámparas mágicas de aceite y la oscuridad se cernían sobre ella ocultando su identidad, aquella identidad que convertía a la Potter Black en un blanco seguro de la caza de brujas que el Ministerio de Magia había lanzando por su cabeza a cambio de unos sucios galeones, convirtiéndola indefetiblemente en la Indeseable Número 1 de toda la sociedad mágica británica.


No es que a Mey le molestase en absoluto aquel título y, por otro lado, ya casi no quedaban carteles con su rostro pegados a cualquier pared libre; sin embargo aquel status de subversiva y el hecho de todo ser mágico la pudiera reconocer la limitaba mucho más de lo ella misma hubiese estado dispuesta a reconocer.


Pero la Londres muggle era muy diferente de la mágica, posiblemente por ello Mey se decidiera por dar su paseo nocturno por la concurrida Leicester Square, en lugar del tradicional Callejón Diagón. Aún pese a que el anonimato la resguardase, la capucha de su capa de viaje aún recaía sobre su cabeza, ocultando su rostro de cualquier curioso que la observase el tiempo suficiente para reconocerla; o bien para admirar aquel rostro pálido, de rasgos delicados y mirada altiva y penetrante, solo descubierto al atravesar las puertas dobles del local Dubledore´s Night.


La bruja conocía aquel lugar como la palma de su mano, el tiempo no había marcado su paso sobre su estructura como en otros lugares de su juventud, por lo cual Mey podía decir que se encontraba decididamente familiarizada. Sin detenerse a contemplar la pista de baile, donde magos y brujas motivados por el alcohol e innumerables sustancias alucinógenas se mecían pausademente, en una especie de extraño y nostálgico ritual, Mey pasó de largo incluso la barra (no sin antes lanzarle un guiño a Lorraine, la camarera), para así detenerse solo en una especie de cubículo de cortinas, dentro del cual una mesita blanca y un sofá de tres cuerpos y varios puffs del mismo tono la aguardaban con toda su comodidad. Pero no había rastros de él.


—Gracias.


Ni bien se hubo desprendido la capa del cuello, antes de que esta tocase el suelo, ya se encontraba Lorraine allí con su mano preparada para tomarla. Pese a la época en que se encontraban, el cargado ambiente del local era de ensueño, justo para exhibir aquel diminuto vestido de encaje negro que se ajustaba en torno al cuerpo de la Potter Black.


La mesera, por otro lado, no daba muestra de reconocerla, aunque Mey sabía que sí lo hacía, solo que era demasiado educada para demostrarlo. En parte lo agradeció, no se encontraba de humor para calurosos saludos, ni mucho menos explicaciones; Lorraine resultaba una digna empleada de Sally Sigel. Con un gesto magistral, la mujer intentó pasarle una carta de bebidas que Mey rechazó al instante con un gesto hosco, lanzándose encima del sofá de forma remilgada y femenina, aunque poco educada en realidad. Las botas le llegaban hasta los muslos sobre las pantys de red, desentonando con su rostro de niña buena que nada reflejaba su verdadero yo, como si llevara consigo todo el tiempo una molesta máscara de falsa inocencia.


Solo querré una botella de whiskey de fuego.


Le respondió a Lorraine, quien aún aguardaba la orden. La leve sonrisa de la mujer flaqueó durante algunos segundos ante el duro tono de Mey quien, acostumbrada a dar órdenes a diestra y siniestra todo el tiempo, a veces olvidaba la utilidad de la diplomacia fuera del entorno marcial en el cual basaba su vida.


Por favor.


Completó esbozando una falsa, aunque cálida sonrisa; aquella capaz de ablandar el corazón de la mayoría de los magos, pero que jamás correspondía con el brillo frío que se despertaba en sus ojos cada vez que se obligaba a sí misma a mentir.

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Isaac Macnair

—¡Vaya, vaya, vaya! —Dejando la puerta de Dubledore’s Night de par en par, Isaac entró con un movimiento exagerado de brazos— ¿Una fenixana despechada? No, no… no es o… ¿o quizás sí? —alzando la mano a la altura de la barbilla, imitando a alguien pensar, meditó por pocos segundos— ¿El amor de tu vida te ha dejado o no cuentas con una amiga que te ofrezca el hombro? —tras un gesto despreocupado con los hombros, sacó la varita de espino negro y apuntó a la Demon Hunter—. Da igual el motivo por el que estés acá, lo importante es que morirás.

El Ángel Caído había aparecido en Leicester Square, Londres, un local en donde miembros de la Orden del Fénix acostumbraba a ir. Aquel nombre era más que relevante, además, Mey era buscada por el Ministerio de Magia desde meses anteriores y no tenia ninguna duda que formaba parte de la Orden del Fenix. Su rostro estaba protegido por la mascara de plata que ocultaba su identidad en todo momento, de esta manera, el Macnair no corroa peligro. Se colocó a diez metros de la Demon Hunter y mantuvo la posición, de ser necesario, retrocedería para mantener la distancia.

—Ahogar tus penas en alcohol no es la solución, mujer —su voz salía distorsionada, producto de la magia de su mascara— un paseo por la prisión te tratará mejor.

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Aún pese a que había mantenido en secreto la esperanza de no ser perseguida aquella noche, a la hora de la verdad, a Mey no le sorprendió en absoluto encontrarse rodeada de mortífagos dispuestos a todo por su cabeza. Aún en aquella cómoda posición en el sofá, solo atinó a incorporarse levemente en el mismo, para mirar a su alrededor. La música de la rockola se detuvo en ese momento, dejando solo el sonido de sus tacones rompiendo el frío silencio a medida que se acercaba a los mortífagos hasta ubicarse a uno seis metros de cualquiera de estos, dispuesta a mantener dicha distancia todo el tiempo. Con gesto igual de cansino desenvianó a Nefertiti, su varita mágica, sacándola de su brasier para apuntar a todos estos a la vez antes de pronunciar un...


-Ardius Aqueora!


Haciendo surgir de este modo, de la nada, una masa de agua que se formó en torno suyo. La misma la protegería ante cualquier ataque directo, de forma tal que ningún tipo de rayo o invocación pudiera atravesar la barrera que había formado.


-Corpus Patronus!


Dijo a continuación, haciendo surgir de la punta de su vara mágica una extraña sustancia que al condensarse al instante dio forma un fénix adulto. El ave legendaria se dispuso a su vez junto a Mey, dispuesta a defenderla y curarla a su vez ante cualquier ataque, así como atacar de ser necesario.


-Tripio Sectusempra!


Dijo finalmente apuntando a Isaac, enviándole tres rojizo rayos que impactarían de lleno en su pecho, desangrándolo.


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La Haughton sintió el llamado mientras degustaba un delicioso té en el castillo de su familia. Se miró el antebrazo durante unos instantes, sabiendo lo que eso significaba, y se puso en pie sin vacilar. Se echó una capa negra sobre los hombros se colocó la máscara oscura en el rostro para después desaparecer de la sala de estar con un chasquido, dejando la taza a medio beber sobre la mesilla.

 

Apareció en Leicester Square, Londres, de donde procedía el llamado. Allí se encontró con otros dos mortífagos a los que reconoció al instante: era Isaac, aunque ya tenía su rostro cubierto con una máscara. Pero la mortífaga conocía a sus compañeros de sobra, así que no necesitaba ver sus facciones para saber de quién se trataba. Entró en el negocio donde se reunían periodicamente fenixianos con la varita en alto, y se colocó al lado del nigromante, preparada para pelear.

 

Vaya, vaya, qué tenemos aquí... —comentó, con voz chistosa. No había nada como pasear buscando víctimas que arrastras hasta Nurmengard, era uno de sus pasatiempos favoritos y siempre tenía tiempo para ello.

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El ceño letal e infantilmente fruncido daba muestra total del enojo de la bruja. Claramente una buena batalla nunca estaba de más, pero no en aquellas circunstancias cuando todo indicaba que no llegaría demasiado lejos en su deseo de venganza.


-Uno... dos... -empezó a contar en



Sabía que lo lamentarían, no en aquel momento, y posiblemente no en la brevedad, pero nadie le arruinaba una cita y menos en aquellas circunstancias. Sin daño alguno (aquellos mortífagos resultaban patéticamente lentos después de todo), y aún con la masa de agua del aqueora protegiéndola, Mey atravesó manteniendo la cara de pocos amigos, logrando de esta manera que la mayoría de los civiles se apartaran de su camino al instante, ni bien la veían, aún confundidos por la extraña semi-batalla que estuvo a punto de iniciarse allí. Por otro lado, la bruja sabía que nadie sería dañado, porque era a ella a quien querían.


Apresurando el paso, Mey llegó a la salida, tras lo cual traspasó las puertas del local siendo recibida de esta manera por el frío londinense de la calle, para luego alejarse lo suficiente como para poder desaparecer de allí rumbo al Cuartel General de la Orden del Fénix, donde comunicaría lo sucedido y organizaría un contraataque con sus compañeros de bando.

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Adryanie

 

Y bueno que más? Ok con gusto si quiere pasa por allá para que le cobren.

 

Dijo felizmente la morena luego de atender a un cliente en su negocio, al menos ya estab prosperando algo cada vez había más clientela algo que le agradaba en gran manera. Cruzo los brzos frotándose los brazos con sus mano, hacía frío aquel día lo que era raro porque se supone que ya entraban en verano. Debido a que nohabía otro cliente decidio ir detrás de la tienda a coger un abrigo rojo de lana muy bonito que se había comprado hace algunos días atrás se lo puso en cima de la blusa de manga larga que traía puesta, le quedaba bastante bien sobre los jeans azules que llevaba y unas tenis algo viejas ya pero daban un look muy vanguarditsa.

 

Cuado se disponía a dar la vuelta frente a ella se formó la sombra de un patronus, se volteó frente a él y le counicó que había sospecha de actividad mortífaga en Ottery.

 

-Si es así hay que ir

 

Dijo simplemente cerrando los ojos y desapareciendo del lugar, como era su local entonces el aparecer y desaparecer esaba biendentro de él. Estaba frente al negocio de su lñider Dumbledore Night no sabía cuantos años tenía de haber estado ahí pero nunca la había visto. Era un enorme edificación de piedra gris oscuro que se alzaba imponente frente a Ottery. Parecía haber mucho ajetreo dentro decidió entrar.

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El tatuaje de la marca empezó a arder, así que sin más, deje el libro que estaba leyendo sobre la cama y me levante con una única intención; seguir mis ideales y acabar con todo miembro de la orden del fénix en activo. Me puse la máscara plateada con ribetes azules que solía usar y contemplando mi figura en el espejo, gire sobre mis talones para desaparecer. Tan solo un vestido banco de seda cubría mi anatomía, iba descalza y con el pelo suelto, demostrándole así al mundo mi rebeldía innata.

 

Dos segundos después hice acto de presencia en dubledores night, que quedaba en Leicester Square, Londres. Ante las puertas del negocio, a unos cien metros de la entrada de este. Siguiendo las órdenes de mi comandante, ingrese al local y me puse a diez metros de quien sería nuestra rival aquella noche; la demo hunter Mey Potter Black. Estábamos en un bar, había meses, alcohol y gente, que nos miraba aterrorizada. Sabía bien que tenía que hacer, era mi deber y lo cumpliría, pero esta al vernos entrar, huy - Bien, jugaremos contigo entonces - Me dirigi a la mujer que habia aparecido sin mas; Adt,

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La fenixiana a la que habían ido a capturar desapareció (Mey) de repente, sin que les diese tiempo a hacer nada por evitarlo. Anne observó la escena, sorprendida, pero pronto se recuperó cuando llegó otra fenixiana a auxiliarla, al parecer sin darse cuenta de que su compañera ya había escapado.

 

Uy, uy, parece que alguien llegó cuando no hacía falta... —comentó, alzando su varita de roble hacia la mujer (Adr. - Adrianie)—. Absorvere —pronunció. Los huesos de la muñeca de la fenixiana se quebraron con un chasquido escalofriante, haciendo que la varita se le resbalara entre los dedos. La Mago Oscuro asintió, contenta con el resultado, aunque aquello no sería todo. «Necrohands», pensó. Dos manos fantasmales aparecieron de la nada colocándose delante de ella, a modo de escudo. La protegerían de cualquier ataque físico, y aquello era una gran ventaja. La mortífaga sonrió al comprobar que Lisa llegaba a la escena... no había nada como un asalto con ella.

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Isaac Macnair

 

—Bah, gallina. —La mujer a la que iba atacar, sin vacilar, salió del local y dejo a una compañera de bando sola e indefensa. No le preocupó, igual caería. Isaac alzó la mano e invocó una katana de plata, dispuesta a acabar con la vida de la nueva víctima. Hizo un leve movimiento con este y con eso bastó, proyectó un primer corte de katana en el pecho de Adryaine y creó una herida sangrante, capaz de causar la muerte de la mujer. Seguidamente, hizo un movimiento con su varita y pensó <<Confundus>> haciendo caer a Adryaine en un estado de confusión del cual no podría salir, su menta navegaría en un mar de confusiones y caería ante el poder mágico del mortífago.

 

—Matenla, me quiero ir —indicó a sus compañeros, para terminar de robarle la vida.

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