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Gala del Bosque Prohibido 2013: Entrega de Premios


Sagitas E. Potter Blue
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"Bloody Mary", Callejón Diagon, Londres
Otoño de 2013


El local aún estaba vacío. Aquel negocio, acabado de inaugurar en el Callejón Diagon, había abierto hacía poco y sólo estaban presentes la dueña del local, Eledhwen Hufflepuff, vampira neófita, y su tía, aún humana y viva (al menos hasta que alguno de los fieles al local intentara lo contrario), Sagitas E. Potter Blue. La primera intentaba limpiar y tener todo a punto mientras que su familiar, incordiando con la excusa de ayudarla, la seguía con un trapo en la mano (que no usaba) hablando y hablando y re-hablando.

http://i269.photobucket.com/albums/jj65/sagitaspotter_2008/MM/gbosq2013/0fa22c21-8aff-4e6b-ad37-31eaa6e2b8a0_zps1111014c.jpg Los que conocían a Sagitas lo sabían, no se callaba ni bajo el agua. Tal vez ese era el pensamiento que le cruzó a Eledwhen cuando puso la radio. La voz de la locutora, dulce y seductora, presentando una canción del grupo de moda, "El Leviatán Negro", intentó acallar la voz de la mujer de pelo violeta que seguía hablando como si no hubiera notado la música dulzona y romántica que inundó el local.

-- Te lo digo en serio, prima. Es algo ilógico. En el Bosque sucede algo. Ayer lo noté. Hay ramas rotas desperdigadas por el suelo, como si... si... si una manada de Erumpent hubiera caminado entre los árboles. Te lo digo yo. Pasa algo.

La música seguía sonando y sonando y pronto la música fue sustituida por otra más estridente, del grupo "El Caldero perforado", que parecía tocar una mezcla de música punky y gritos de víctimas degolladas. Sagitas frunció el ceño, dándose cuenta por primera vez que la música estaba de fondo en el negocio de su prima.

-- No sé como alguien puede escuchar eso. Donde estén "Las Catalinas de Salem". ¿Las has escuchado? Son unas banshee muy rítmicas. Me gusta su estilo. Pero lo que te decía... En el Bosque, alguien ha dejado suelto algún animal, estoy segura. Y necesito ayuda para encontrar alguna pista. Y como tú eres vampira... Hueles a distancia. Seguro que encontrarás algo...

Ni loca le decía que pensaba en deposiciones por algún sitio del bosque. Si era un animal, seguro que habría un lugar en el que se paraba y que olería a él. Pero si le soltaba eso, así, de golpe, seguro que se negaba y seguro que se ofendía. Pero Sagitas era lista, así que sonrió, acallando sus pensamientos.

-- No puedes negarte. Te ofrezco un paseo por el bosque. Es otoño, está precioso, hay muchos habitantes que pasean por allá. Seguro que nos encontramos a gente por los caminos. Y te estoy ayudando a limpiar en tu bar.

Sagitas sacudió el trapo limpio que llevaba en la mano. Más parecía un adorno que le creciera en la mano que un objeto de limpieza. Sagitas sonreía de esa forma tan seductora que hacía que nadie pudiera negarse a cumplir sus caprichos. Pasó el trapo flotando por encima de la barra, ya bien limpia.

-- Si quieres, cuando cierres podemos ir allá. No quiero que haya problemas en el Bosque Prohibido, pero tampoco puedo levantar la alarma por un pobre Erumpent o algún otro animalito perdido.

La radio empezó a emitir chasquidos, lo que provocó que al menos Sagitas volviera la vista hacia aquel ejemplar antiguo que su prima tenía con tanto apego. Si no fuera porque quería que ella le acompañara, le hubiera dado un par de manotazos en la parte de arriba, para ayudarle a sintonizar mejor la cadena. Pero se limitó a señalarlo con el dedo.

-- Creo que tendrás que comprar un aparato algo más nuevo, prima. Parece que hablan en chino.

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Editado por Sagitas E. Potter Blue

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    Frunció el ceño y miró hacia la radio. Dejó el trapo sobre una mesita, y se acercó hasta la radio. Intentó sintonizar nuevamente la emisora, girando las rueditas, pero aquel ¿idioma? extraño seguía saliendo del amplificador.

     

    - Como sea algún radioaficionado pirata... - miró su reloj - ... en cinco minutos comienza mi radionovela favorita, ¡los muggles también lloran! Está muy emocionante, el amante de la protagonista, que es el hermano gemelo secreto del marido de la prima de ella, se va a encontrar con la prima, y claro, ésta pensará que...

     

    Observó a Sagitas, que la miraba con la ceja alzada. Eled se calló, y volvió a por el trato, mientras murmuraba:

     

    - Ella puede parlotear sobre erumpents, y yo no puedo hablar de la novela...

     

    Miró a su alrededor; el local ya estaba limpio, aunque no gracias a la ayuda de la pelivioleta, que no entendía el concepto de limpiar. Para airear los trapos ya estaba ella, eso de darles un paseíto no servía de nada. Colocó los taburetes frente a la barra del bar. Los hubiese dejado tal cual estaban, pero quería hacerse la ocupada, para que Sagitas no la apresurase con lo de ir al Bosque.

     

    Pasaron los cinco minutos, y los taburetes estaban alineados milimétricamente. Las pajitas de los vasos ordenadas, y los servilleteros llenos. La radio seguía emitiendo ruidos extraños, y la Potter Blue la perseguía con la mirada, poniendo ojitos de perrillo abandonado. Eledhwen puso los ojos en blanco y exclamó:

     

    - ¡Está bien! ¡Vamos al Bosque! Pero en serio, como comience la radionovela y me pierda el apasionado encuentro entre el gemelo malvado y la prima guarrilla... ¡más te vale compensarme con algo!

     

    Dejó el trapo sobre la barra, se quitó el delantal, e hizo una señal a su prima, indicándola que saliera la primera, mientras miraba con tristeza la radio...

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    Sus ojos se alzaron hacia el letrero leyendo el nombre del local «Bloody Mary» se escuchó en su mente, llevó una mano a su barbilla meditando sobre entrar o no, después de todo había ido a Diagon para desestrarse un poco y echarle uno que otro ojo a sus locales que aunque confiaba en sus socios, nunca estaba de más ver que tal estaba la clientela por esos días. Finalmente se atrevió a adentrarse en el mentado negocio, no tenía idea de quién sería el dueño, pero tomando en cuenta que no habían muchos sitios que se encargaran de surtir las reservas vampíricas seguro era alguien agradable.

     

    El sonido proveniente de la radio llamó su atención… ¿quién en su sano juicio escuchaba cosas en chino? Negó, con tal que el dueño o dueña no fueran asiáticos, todo estaría bien, para su desgracia era el único idioma que aún no podía dominar a la perfección, endemoniado y lioso lenguaje, pero de que un día mantenía una conversación fluida con unos de sus amigos vecinos de Asia la tendría.

     

    Solo dos personas estaban en la estancia, se sorprendió al reconocerlas a ambas, vaya de entre todos en el mundo mágico eran las últimas que esperaba ver allí, se encogió de hombros, la vida solía dar ciertas sorpresas y seguro que la Potter Blue pensaría que la seguía por el tema de los españoles o peor aún por el de gringotts. Captó una efímera parte de su conversación… ¿novelas? ¿Bosque? ¿La desmemorizadora pretendía volver allí luego del episodio con los centauros? Eso era valentía o ganas de matar el aburrimiento, todo dependía del cristal con que se viera.

     

    Buenas…―susurró haciéndose notar.

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    Salté un tronco caido y seguí corriendo cuesta abajo, sin bajar de velocidad, esquivando baches, piedras y girando, usando los troncos como soporte para desviarme de camino.

     

    Fenrir me seguía a la carrera por detrás, con la lengua fuera.

     

    Si, corríamos por el bosque prohibido, por los límites que quedaban cercanos a la POtter Black, me había internado más de la cuenta esta vez, pero comenzaba a entrenarme de nuevo, a veces lo necesitaba para mantenerme en forma, la única forma de poder seguir combatiendo las aventuras qeu normalmente vivíamos.

     

    No me venía mal correr de vez en cuando.

     

    Pero también necesitaba coger un poco de aire. Frené poco a poco hast qeu me detuve por completo en un pequeño claro. Resoplé con las manos en la cintura y me senté sobre una roca de buen tamaño, mientras Fenrir llegaba y olisqueaba alrededor antes de acercarse y tumbarse a mis pies, jadeando con rapidez, con la lengua colgándole a un lado del hocico.

     

    me pasé la mano por el pelo, rascándome. Llevaba un pantalón de deporte negro y una camiseta azul claro sin mangas.

    - Una buena carrera, eh Fenrir?

     

    El lobo gimoteó feliz, moviendo la cola como respuesta.

     

    Me paré a mirar el claro. Encntraba algo raro en el bosuqe. Pero que?

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    Me gusta leer novelas rosas con la espalda apoyada en un árbol, con una mantita encima, para paliar el fresco del otoño, sentir el viento entre las ramas, el cielo nublado, algo gris, el sol calentando apenas... Me gustan los días en que puedo pasar una tarde en el bosque sin nadie que importune mi lectura.

     

    No solía comentar este vicio con nadie, más que nada para no preocupar a la familia. No entenderían que, en algunos momentos, me gustara estar a solas con la compañía de un libro. Por ello, solía escaparme algunos días sin que nadie lo supiera. Era muy agradable estar allá, en solitario, en conjunción con la naturaleza, leyendo, a veces incluso dormitando con el calor de la manta sobre las piernas...

     

    Hoy había llegado temprano y llevaba varios capítulos cuando recosté la cabeza contra el árbol. No sé cuanto tiempo estuve con los ojos cerrados pero, de repente, sentí que me observaban.

     

    Abrí los ojos, exaltada, mirando alrededor, buscando a alguien. No encontré quien me observaba pero cada vez era más latente. Me incorporé, refugiándome tras el libro que aferraba con fuerza contra mi pecho.

     

    - ¿Quién hay ahí? - seguía sin ver a nadie.

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    Justo cuando caminaban hacia la puerta, ésta se abrió. Apareció May Juliene, que saludó susurrando.

     

    A Eledhwen se le iluminaron los ojos. Sabía que la Malfoy era vampiro, y quizás le apeteciese tomar algo de sangre. Así podría poner esa excusa a Sagitas para no tener que ir al Bosque Prohibido, y podría escuchar su radionovela favorita, si es que la dichosa radio se dignaba a funcionar con normalidad, y dejaba de emitir sonidos extraños...

     

    - Hola May, ¿qué tal? ¿Te apetece tomar algo? - preguntó esperanzada.

     

    La Hufflepuff se quedó parada a medio camino, aunque su elfo camarero, Brian Flannagan, se acercó hasta ellas.

     

    - Si quiere ya le atiendo yo, para que vayan ustedes al Bosque Prohibido.

     

    Eledhwen miró a su elfo; se obligó a sonreír, aunque por un momento lamentó que su empleado fuese tan eficiente.

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    —¡Yo no hice nada, Claudia! —Exclamó por milésima vez a gritos mientras seguía alejándose del castillo Crowley—. Y ya deja de seguirme.

     

    Llevaban toda la mañana en aquel plan. Desde que la matriarca había descubierto, algunas horas más temprano, su preciado jardín hecho un desastre, no paraba de culpar a Joana. Bien, era cierto que la Macnair no le tenía una gran estima a su tía, pero no por eso iría así, a lo bruto, a dañar unas hermosas plantas. Además, con el carácter que se gastaba, era absurdo pensar que no le desagradara a alguien más.

     

    No sabía que tanto se había alejado de los terrenos familiares, pero poco a poco el bosque comenzaba a volverse más espeso y los pasos de Claudia seguían escuchándose algunos metros detrás de ella.

     

    —¡Anda ya! Acúsame con mi padre, haz lo que quieras pero déjame en paz.

     

    No sabía qué tenían los Crowleys para hacerle perder la paciencia de aquella forma, pero si le preguntaban, entre Claudia y Santus, a quién soportaba menos, podría iniciar un debate interminable.

     

    De repente un extraño ruido se escuchó a sus espaldas. ¿Se habría caído la Rambaldi? No, por más que quisiera imaginar la graciosa escena, la naturaleza vampírica de la mujer le brindaba protección antitorpeza.

     

    —¿Qué pasa? —preguntó volteando.

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    La noche era simplemente magnifica, la luna era el único astro con poder en mi vida. La reina de la noche se posaba majestuosa en un cielo negro y claro, que dejaba ver todo el firmamento en su máximo apogeo. Me encontraba desvelada, eran más de las 2 de la mañana y no tenía ninguna gana de dormir, aunque en mi fuero interno sabía que lo iba necesitando. Aun siendo una vampira, era recomendable dormir al menos dos horas cada cierto tiempo.

     

    Tras dar más de mil vueltas en aquella gran cama, abrí los ojos y como si el destino lo hubiese querido, salí a la terraza de la mansión a mirar las estrellas. La luna siempre había hecho milagros en mí, tanto en mi cuerpo como en mi mente. Conseguía calmarme y llenarme de un poder ilimitado. Desde que me había convertido en un ser de la noche, el influjo del astro nocturno era indispensable en mi vida. Mis orbes verdes se clavaron en ella mientras que me acercaba a la barandilla. Aquella noche se presentaba demasiado luminosa para ser normal.

     

    El sol comenzaba a salir. Sería un buen día, no entendía porque, pero lo podría predecir sin problema alguno. La cuestión era ¿En que había estado pensando para haberme quedado ensimismada durante tantas horas? Me encogí de hombros. No podía explicar aquello, pero tampoco me importaba. Me vestí y sin más desaparecí en dirección a uno de mis lugares favoritos; el bosque, aquel lugar perfecto y pacífico, que me dejaba estar en contacto con Gaia y su voz. Algo me decía que yo debía de estar allí.

     

    Paseaba entre los árboles, el sol, oculto entre las nubes, dibujaba graciosas sombras sobre los troncos de estos. Desde niña me había gustado perderme en aquel lugar, me alejaba de mis problemas y me hacía sentirme como en casa, muchas veces echaba tanto de menos mi tierra natal que mi única vía de escape era sentarme con la espalda apoyada en uno de robles y sentir como este me acunaba y abrazaba. Cerca del camino había un lago, me gustaba lanzar piedras para que rebotasen, mi niña interior salía demasiado a menudo cuando disfrutaba de la soledad de aquel paraje.

     

    Estaba a punto de dirigirme a aquel punto, cuando algo llamo toda mi atención, Xell disfrutaba de un buen libro apoyada en un árbol cercano. Mis ojos se quedaron prendados de aquella visión – Esta realmente preciosa hoy – Mis palabras se escaparon de mis labios sin poder detenerlas. Observarla se había convertido en un hobbie, me encantaban sus gráciles movimientos y cuando sonreía por algo, un sinfín de nuevas sensación recorría mi cuerpo. Esperaba que no me descubriese, no quería incomodarla, pero parecía que Gaia quera jugar nuevamente con nuestras vidas, porque en un momento de torpeza, pise una rama, que al estar seca, se quebró y Xell lo escucho nítidamente <<Torpe>> Me riño mi voz interior.

     

    <<¿Salgo o no salgo?>> Me preguntaba a mí misma a la vez que cerraba los ojos en un intento claro de calmarme <<Anda valiente, ve>>> Nuevamente aquella maldita y cotilla conciencia se metía en mis pensamientos <<Voy, voy>> Respondí malhumorada, si fuese una persona, ya la hubiese matado, era insoportable – Hola – Dije, dejándome ver – Parece que las dos hemos tenido la idea de perdernos en el bosque ¿Cómo has estado? – La idea de apoyarla contra el árbol y besarla aún no se había ido de mi mente. Tenia ganas de sentirla y desde que la había visto, mas aun.

    Editado por Lisa Weasley Rambaldi

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    ¡Jolines! Eledhwen estaba enganchada a un serial radiofónico. Enarqué de nuevo la ceja y me guardé lo que pensaba sobre vivir la vida de otros que salían en la radio. Pero necesitaba su ayuda, así que no iba a decir nada más que supusiera su enfado y se echara atrás, ahora que le había arrancado la promesa de venir conmigo.

     

    -- Seguro que la repiten, prima, no te enfades. Anda, vamos, quítate el mandilón y ponte un abrigo. Ya hace fresco en el Bosque. ¡Ah! Ya te lo has quitado, genial, eres rápida.

     

    Me ajusté la capucha, atendiendo a su gesto para que saliéramos, pero ella miraba de reojo la radio, como si se arrepintiera.

     

    -- Vamos, vamos, antes de que entr... ¡Demonios!

     

    Parecía que me había oído porque la puerta se abrió y entró una persona que no había visto antes. En otro momento me hubiera escondido, o disimulado... Nuestra aventura en el Banco aún no tenía consecuencias pero aún no las tenía todas conmigo, seguro que alguien nos denunciaría pues, al menos yo, tenía una melena muy conocida en el pueblo. Pero estaba de frente, casi cara con cara, pues yo salía cuando ella entraba.

     

    Y nos había saludado.

     

    -- Hem... Buenas.

     

    ¿Hacía como que no la reconocía o mejor la saludaba cortésmente y le preguntaba si sabía algo del affaire tormentoso dentro del recinto económico del pueblo? Eledhwen se puso en plan comerciantes con los ojos llenos de dinerito y la saludó, ofreciéndole sus servicios. No, malpensados, los de bar, algo de beber. Arrugué el ceño. Demonios, que se me escapaba y me dejaba sola.

     

    -- Bendito eres elfo -- se me escapó, al ver que se ofrecía a quedarse él al cargo del negocio para que ella viniera conmigo al Bosque. Me las sentía feliz cuando de la radio salió una voz, bien inteligible:

     

    -- Y ahora, el capítulo cincuenta de "Los Muggles también lloran". En el anterior, la cuñada del primo de la mujerzuela había pedido a la sobrina del tabernero que...

     

    -- ¡Demonios! ¿Es que no podía permanecer rota un ratito más? -- le grité a la radio.

     

    Unos sonidos extraños interrumpieron la emisión y volvió a parecer que se había roto. Sonreí, entre pícara y avergonzada.

     

    -- Vaya, parece que tengo magia en la boca, lo que digo se cumple... ¿Nos vamos?

     

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    Eledhwen miró ceñuda a su prima, cuando esta bendeció al elfo; está disfrutando con esto, pensó. Pero ahora no tenía excusa. Así que se encaminó hacia la puerta. Pero entonces, la radio recuperó su sonido habitual. Eled aplaudió emocionada:

     

    - ¡¡Bienn!! ¡Ha vuelto! - exclamó, y cambió de dirección, y se acercó a la radio.

     

    Sagitas también se acercó, gritando al aparato.

     

    - ¡¡Ehhh!! No grites - le dijo la Hufflepuff, enfadada, como si un grito fuese a dañar la radio.

     

    Pero algo hizo; o quizás fue casualidad, pues la radio comenzó a emitir nuevamente aquellos sonidos extraños que habían brotado minutos antes. Eledhwen señaló con el dedo a su prima Sagitas:

     

    - ¿Has sido tú? Has lanzado algún Confundus a la radio, ¿cierto?

     

    Pero Sagitas no había movido su varita, que seguía detrás de su oreja, como siempre. Eledhwen se cruzó de brazos, enfadada.

     

    - Ala, tira, antes de que me arrepienta... - zanjó, y ella misma abrió la puerta del local, para dejar salir a Sagitas. Por un momento un pensamiento cruzó su mente (dejar salir a su prima, y después cerrar la puerta y encerrarse en el local), pero había una cliente dentro del pub, y no podía hacer eso con testigos delante.

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