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Mega Ayudas Sagitas (MM B: 89081)


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A pesar de lo larga que me resultaba la espera, sonreí al recordar a Jack y su dramático gesto de dolor cuando le había golpeado el pecho. La felicidad volvió a llenarme e intenté que esta vez me durara algo más. Aquella sensación se me estaba haciendo extraña últimamente y necesitaba sentirla más a menudo para contrarrestar todo lo que estaba sucediendo a mi alrededor. Me aferré a aquel sentimiento cuando sentí los pasos en la hierba mustia, me agarré como si fuera un salvoconducto con el que afrontar la situación que me llegaba encima. Era Matt.

Contemplé el jardín, ahora con ojos críticos, aunque algo mojados. ¿Cómo es que había empezado a llorar? ¿Y cuándo? No me había dado cuenta de lo que necesitaba ese contacto con mi hijo mayor y cuánto lo había ido evitando. Me sequé las lágrimas con el dorso de la mano, aún de espaldas, esperando que no lo notara. Intenté disimular con metamorfomagia, poniendo los ojos más abiertos y estirados. Seguro que parecería una caricatura de mí misma. Al final, me relajé y me dejé estar como era, ¿para qué impedir que me viera vulnerable? Lo estaba y él era mi hijo, no tenía qué esconderme de él. Nunca más.

-- La jardinería no es lo tuyo, Matt.

Me volví hacia él y me acerqué, aunque sin llegar a tocarle, por miedo al rechazo, quedándome a una distancia corta pero suficiente para mantener un punto de dignidad en mi pose.

-- Necesitas que me pase más a menudo a cuidar este jardín. No está bien que te olvides de regar las magnolias.

¿De eso quería hablar, de magnolias, tulipanes y margaritas? Me rasqué en la pierna, como si tuviera un pico allá, intentando en realidad buscar la manera de hablar con él. Quería decirle que estaba harta de que se negara a reconocer mis órdenes, de que no acatara lo que yo decía, que me llevara la contraria, que pensara que estaba equivocada, que se enfrentara a mí. Levanté la mirada hacia él, aunque como era algo más alto tuve que elevar también la punta de los pies para quedar cerca de la altura de sus ojos.

-- ¿Me perdonas?

Vaya, eso no es lo que quería decir, aunque tal vez fuera lo más sincero que había salido de mis labios en nuestras últimas discusiones.

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Al principio no contestó. Simplemente me daba la espalda, observando el jardín...ahora notaba que estaba seco. Ni me había dado cuenta, ni tampoco es que me hubiera fijado. Era cierto, la jardinería nunca había sido mi fuerte. Lloraba? Estaba llorando?

 

Su reafirmación a mi propia idea sobre mis habilidades para la jardinería me hicieron cruzar los brazos, apretándolos contra el pecho....como si fuera una manera de protegerme. MIré hacia el césped seco, notando que sus pies giraban y avanzaba un poco.

 

Casi no hice caso a su comentario sobre las magnolias....estaba pensando en aquel jardín seco, mustio....aquellas plantitas me recordaban al estado de nuestra relación. Quería pedirle que parase, que dejara de crear más enemigos...nunca habíamos mezclado los problemas de nuestra familia con el exterior, y ahora se estaba exponiendo más de lo qeu era necesario o seguro. No compartía su nueva ideología ni su forma de proceder....ni que no contara conmigo para nada. Eso era lo qeu más me dolía. 

- ¿Me perdonas?

 

De pronto desvié la vista hacia sus ojos, sorprendido. No esperaba aquella simple frase, no la esperaba tan cerca. No esperaba aquella sinceridad, ni las lágrimas que evidentemente había dejado escapar poco antes. Me quedé callado, sin saber que contestarle, sin saber reaccionar....

 

Hasta que me dejé llevar. La abracé.

 

Me aferré a ella, con fuerza, cerrando los ojos. Sentía el pelo de la nuca erizado, hacía  mucho tiempo que no estábamos tan cerca sin gruñirnos o querer matarnos. Era muy duro alejarse asi de golpe.

- Boba, sabes qeu puedes venir a cuidar el jardín siempre que quieras. - contesté, en voz baja. Otra vez notaba aquel nudo en el pecho. Hacía tiempo que no me dejaba tranquilo. - No quería que las cosas acabaran asi - admití.

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Creo que, de todas las cosas duras que he hecho, a lo largo de mi vida, la peor fue aquella, la de pedir perdón. Eso es algo que no haga a menudo. Sin embargo, hasta yo misma me daba cuenta que la situación era insostenible con mi hijo y que, en realidad, necesitaba más su ayuda que su oposición. Harpo era un gran elfo, él se había permitido reñirme y hacerme ver que era mejor una propuesta conjunta contra el problema para luchar contra el mundo que no estuviera en ella también la familia en la que me debía apoyar. Por un instante, me vi como aquella niña de trenzas, de unos 11 años, muy curiosa y muy animada, siendo reñida por aquel elfo llamado Harpo, en el Circo, por haber molestado a los dragones sin protección.

Como siempre, desde aquel día que entró a mi servicio por orden de Phanser, él sabía guiarme por el mejor camino. Y tenía razón, Matt no se merecía el trato que le había dado durante este último mes. Mis disculpas, tan sorprendentes para él como para mí, habían sido sinceras.

Al igual que su abrazo. No me lo esperaba; no sé porqué, en mi cabeza, veía a un Matt iracundo que se tirara encima mío para reclamarme mil y unas cosas y yo me veía indefensa, perdida entre sus gritos y a punto de caer en la negrura más oscura. Más o menos como yo había hecho con él cuando entré hacía poco (?) en la Potter Black, gritándole.

Sin embargo, allá estaba el gran hombre que Jack había criado. El gran hijo que, a pesar de todo, respetaba a su madre, abrazado a mí y diciéndome que le ayudara a cuidar del jardín del negocio. Me apreté a él, a llorar juntos, abrazándole con fuerza, deshojando todas mis penas en aquellas lágrimas que caían de forma descontroladas.

Duró mil años o un minuto, no sé, hasta que él me dijo que no quería las cosas hubieran ido así. Me separé y me intenté las lágrimas pegadas a las pestañas con el dorso de los dedos, dándome aire con la otra mano, para que se me pasara el sofocón. A veces se me olvidaba que éramos brujos y que la magia lo curaba todo.

-- Creo que con lo que hemos llorado hemos regado todo el jardín -- le dije. Le tomé la mano y la apreté fuerte entre las dos mías. -- Debemos hablar. Tenemos que plantearnos que los dos queremos lo mismo, salvar a Ithilion. Y has de...

Me mordí el labio inferior, en un gesto nervioso. No, él no; los dos.

-- Hemos de ponernos de acuerdo en cómo hacerlo.

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No lo se....supongo qeu sentir que también me abrazaba, a pesar de la sorpresa inicial, notando que lloraba, lo que me hizo soltar el nudo...."sientes todas las emociones, pero no eres capaz de entenderlas, y menos de expresarlas. Nunca lo hagas." Jack me lo había dicho de niño, me había enseñado a tragarme lo que fuera y no expresarlo. Lo que al principio había empezado como una pequeña extrañeza y un ligero malestar con la situación de Sagitas, había terminado siendo un agujero negro, que me dolía y ahogaba, pero al mismo tiempo me llenaba de rabia. Porque sabía que me evitaba, lo que intentaba...

 

Eran demasiadas cosas que había pretendido tragarme sin más....

 

No me di cuenta de que había terminado llorando, con Sagitas....hasta que me separé de ella, girándome un poco mientras alzaba la cabeza, frotándome los ojos con la mano para eliminar las humedad restante....me daba vergüenza que me vieran asi, aunque dejé escapar una risotada cuando dijo que habíamos regado el pequeño jardín.

 

Supongo que no está mal dejarse ir de  vez en cuando.

 

Notar como apretaba mi mano entre las suyas me hizo mirarla un momento, antes de asentir con la cabeza.

- Vamos dentro. Creo...mejor hablar donde nadie podría oirnos. - dije, señalando con la cabeza hacia la parte trasera del local, donde se encontraba la puerta que daba a Mega ayudas

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Claro que era mejor idea, así que me dejé llevar por él y nos encaminamos hacia allá, la trastienda, el lugar que tantas veces habíamos contado nuestros secretos, allá donde él guardaba su libro de sellos y esas cosas raras que le había enseñado su padre, mi Jack. Sería el mejor lugar para hablar, para confesarnos, para pedirnos disculpar, para volver a ser madre e hijo, sin secretos entre nosotros. O, al menos, sería mejor que llegáramos a conseguirlo.

En cuanto Matt cerró la puerta y la luz natural se apagó, me senté en una de las sillas de aquella mesa rústica que tenía tantas mellas como historia podría contar. La luz de la trastienda era blanca, fría, pero dejaba ver bien todo lo que había en el lugar. Reseguí una de aquellas cicatrices en forma de una cabeza de hipogrifo, o tal vez de ratón, en silencio, hasta que él se acercó y estuvimos sólo separados por aquella mesa, uno a cada lado.

-- Esto lo hizo Ithilion -- dije, finalmente, recordando aquel día tan feliz en el que el niño construyó una casita para el ratón. ¿Dónde estaría?

Volví al silencio, es difícil hablar cuando te duele todo por dentro. Por fin, levanté la cabeza y busqué la mirada de mi hijo grande.

-- Sólo quiero evitar que Ithilion haga aquello... No podemos permitirle que... destruya Ottery. No. El Nigromante será demasiado fuerte entonces y él no podrá contra su estímulo mental. Lo único que puedo hacer es evitar que lo conozca y... Sólo se me ocurre destruirlo antes de que se conozcan en Hogwarts.

Me mordí el labio. Matt sabía todo eso al igual que yo y, sin embargo, se oponía a mis Edictos.

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La luz de la trastienda era suficiente como para que pudiéramos estar alli, pero aun asi me entretuve en encender algunas luces, para no quedarnos totalmente a oscuras. Prefería la claridad. Cuando tomé asiento al otro lado de la pequeña mesa, Sagitas se entretenía en seguir con los dedos una de las muchas muescas del tablero. SOnreí, recordando a Bichito. Aquello parecía una mezcla de cabeza de hipogripo y un retrato del pequeño animalillo al que había construido una casita con ayuda de Ithilion.

 

No me atrevía a mirarla. había encontrado un trozo de pergamino, viejo, qeu habíamos usado aquel día para que Ithilion explicara a Sagitas como saber si alguien era afín a un elemento y capaz de usarlo. Había comenzado a doblar el pequeño papel por una esquinita, un poco nervioso. Pero cuando alcé la mirada, me encontré con sus ojos. Estaba preocupada. Claro que lo estaba.

 

Entendía sus razones, yo también había visto qeu pasaría. Conocía el futuro tenebroso del niñito que trataba de convencerme en los jardines para que le dejara cuidar de su sobrina, y que se divertía lanzando cosas a Jack.

- No....no creo qeu todos merezcan pagar por el mal de uno solo. - dije. Nunca coincidía con ella en sus edictos porque n o la reconocía en ellos. No reconocía aquella crueldad, ni tampoco su forma de actuar. Nunca había sido asi. - Estás condenando a todos los humanos por lo qeu hará uno solo. Estoy de acuerdo contigo en qeu debemos matar al Nigromante antes de que sea tarde, pero...y los demás?

 

Miré, un momento el papel, antes de atreverme a mirarla a los ojos de nuevo.

- Recuerdas nuestro viaje al futuro? - como olvidarlo...aunque debía reconocer qeu tenía una pequeña laguna en aquel viaje que no me atrevía a admitir. - Tu y yo nos separamos...ya sabes por qué. Dimos de lado a Ithilion, y por venganza, el se acercó al nigromante. No podemos negarle lo qeu es, no podemos prohibirle qeu aprenda. Eso le hará guardarnos rencor. - suspiré. - Además....no quiero qeu te sigas creando enemigos. Los aurores son patéticos, no podrán protegerte de un ataque

 

 

 

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Mi rostro se endureció cuando Matt empezó a hablar y a llevarme la contrario. Bueno, le entendía. No hacía mucho tiempo que yo defendía que toda vida era importante y defendible. Hasta que me tocó tan dentro como mi hijo. Cuanto fue Ithilion el que peligraba, ese amor por la Vida, por toda la humanidad y esa defensa de todos cambió radicalmente. En este momento, mi hijo era lo importante, cayera quien cayera, me era igual. Tenía que defender a mi niño pequeño, a quien tanto me había costado tener y a quien había criado toda la vida. Matt no lo entendía, nunca tuvo una madre que le criara, pasó de recién nacido a adulto, sin vivir con su madre. ¿Cómo iba a entender que yo daría todo, mi vida, la vida de los demás, mil demonios si fuera preciso, para evitar que mi hijo muriera?

-- Pronto lo entenderás, cuando la vida de Elentari dependa de que tú la defiendas contra todo y contra todos.

No sé si era la respuesta adecuada, pero no me gustaba que me juzgara sin saber. Si él tuviera que matar a diez hombres, a cien, a mil, por salvar a la niña... ¿No lo haría?

--  No estoy haciendo eso, ¿cómo puedes verlo así? Estoy buscando entre un mar de gotas, una muy concreta. No puedo separarla del resto con los datos que tengo. Sólo busco a una persona. Obligo a todos a apuntarse y sé así quiénes no son al que busco. Cuando encuentre a ese nigromante, ya nadie pagará nada. Sólo lo pagará él, sólo a él necesito. El resto podrá volver a su vida normal y cotidiana.

Me deprimía que no entendiera esa. Buscaba a UNO, ese uno era el único que me interesaba, un nombre; un hombre.

-- No me importan los enemigos, siempre los he tenido. Así que no me afecta lo que piensen. Dime, ¿qué harías tú para encontrar a esa persona? ¿Qué hubieras hecho disponiendo tan poco tiempo? Sólo me quedan cuatro meses para encontrarlo. Después... será tarde.

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Gruñí, notando que me subía el calor a la cara. Que parte no entendía? Se estaba ganando el odio de miles de personas, y eso solo dentro de Londres. No veía a qué se estaba exponiendo?

- No lo he hecho ya? Creo recordar que aun daba patadas en el vientre de Helike cuando atacaron la mansión intentando matarla. O esa otra vez, en la que trataron de acabar con ella aprovechándose de su Visión. Creo qeu sacrificaste algo mio para que pudiera tener a Freyja. O en esas ocasiones estábamos jugando y no em había dado cuenta?

 

Íbamos a hablar, íbamos a tratar de entendernos, no? Mejor no seguir gritándole...

- Si te matan no podrás ayudar a Ithilion. - le recordé, agachando la mirada. - No habría sido tan explícito. Hubiera rastreado con las pistas qeu tuviera hasta dar con él, en silencio. Sin alertar ni revolver a la población. No te has parado a pensar qeu tal vez lo estés alentando a atentar contra nosotros al actuar asi?  Además....tienes buenos motivos, pero es cierto que otros pueden aprovecharse de tus buenas intenciones y ampararse en tus edictos para hacer barbaridades.

 

Me froté los ojos, enrojecidos tras el abrazo en los jardines. No sabía que era tan poco tiempo el que aun teníamos antes del punto de no retorno.

- Has conseguido averiguar algo, al menos? - le pregunté. Estaba dispuesto a matar al culpable...no me iba a temblar el pulso. El problema no era precisamente ese. Además, trataba de evitar lo que había vuelto a pensar, las pesadillas recurrentes hacía años, que parecían regresar pooco a poco, de forma muy similar.

 

Como decirle qeu sería yo quien mataría a Ithilion?

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