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Encantamientos II


Liam Black
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Mi mirada se fijó en uno de los zorzales que revoloteaban inquietos sobre un nido de uno de los árboles más altos. El sol parecía no querer caer y formar el atardecer que ya debería estar presente de acuerdo al horario. Me concentré en lo que estaba haciendo, sin perder la concentración un segundo más. Hilos plateados y dorados se desprendían desde la punta de mi varita y viajaban con delicadeza, como flotando en el aire, perdiéndose en el bosque, difuminándose tras las hojas de los arbustos.

 

Mi túnica plateada se desplegó un poco al ser invadida por una risca brisa que se arrastraba desde lo más profundo del Bosque Prohibido. Me encontraba en una parte bastante alejada al centro del lugar, donde incluso había un lago y algunos pedruscos. Nunca había presenciado aquel lado del bosque, pero cuando oí de él y lo encontré, supe que me serviría perfectamente para impartir la clase.

 

Le había mandado una lechuza a todos los alumnos, la cual lo único que tenía escrito era "Abre el sobre" en la solapa superficial. Dentro, había un broche muggle de ropa, que seguramente se veía algo inoportuno y desagradable para enviar, pero que, cuando cada uno lo tocara, los trasportaría hasta el lugar de inicio de la clase. Quizás no tendrían ni idea de ello, pero de una u otra forma acabarían haciendo contacto con el desagradable objeto.

 

El hechizo que había instalado en el bosque afectaría al del traslador, haciendo que todos aparezcan frente a un desvío de tres caminos cerrados por árboles. Ellos deberían elegir por cuál ir para llegar a mi ubicación. El camino de la izquierda estaba plagado de acromántulas hambrientas, el del medio poseía un suelo específicamente hecho con la planta "lazo del diablo" y el de la derecha un boggart oculto que no tardaría en asechar al que pasara por ahí. Además de eso, todos resguardaban tres dementores en cada uno, deseosos de dar el beso.

 

Me encontraba en el centro del pequeño descampado, justo de espaldas al lago de aguas cristalinas que se asentaba detrás. Una vez que todos estuvieran presentes frente a mí, esperaba que se presentaran con su nombre y las expectativas que tenían para la clase, eso era lo único que les pediría de momento cuando todos ellos hubiesen acudido a mi encuentro, luego, procedería a continuar con la segunda tarea.

 

Esta vez no tenía planeado arrancar preguntándoles qué era un encantamiento, porque todas mis clases pasadas hacía lo mismo y quizá era tiempo de un cambio. Yo necesitaba enseñarles lo que era, no preguntarle lo que creían, después de todo si estaban acudiendo a adquirir el conocimiento, entonces requerían aprender, por más que me interesara evaluar su nivelatorio hasta el momento.

 

Justo cuando dudaba sobre mis decisiones, el primer alumno apareció, y yo guardé mi varita en el bolsillo interno de mi túnica, dando un paso al frente y procediendo a esperar a los demás para indicarles lo que tenían que contarme de momento.

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You can't make people love you, but you can make them fear you.


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– La vez pasada no fuimos solo porque tú tenías cosas “muy importantes que hacer” –. Soltó la mujer con el ceño fruncido marcando las últimas palabras. No apartaba la mirada de Zack, mientras que este leía tranquilamente unas polvorientas páginas en las que hacía varios minutos se había perdido. – Lo más correcto es que ahora sí vayamos.


El Nigromante cerró la tapa de su libro con fuerza y lo dejó caer sobre el mesón. Puso los ojos en blanco y se levantó del asiento dando un suspiro solo para tomar calma y evitar decirle cualquier cosa fuera de tono a su acompañante. Volteó y quedó de frente a la Black Lestrange que aún le miraba desafiante, seguramente solo quería provocarlo.


– Iremos solo porque de verdad me interesa aprender sobre el tema. No porque tú me estés obligando a ir o porque me interese el profesor… – Soltó disminuyendo el volumen de su voz al terminar la frase mientras se encaminaba a la puerta del pequeño salón ubicado en la planta superior de Mistery Pages. – Si te apuras creo que llegaremos temprano. ¿No tenías prisa? – Enarcó una ceja y no tardó mucho en obtener la respuesta por parte de Mía.


– Está bien, tú ve caminando, yo usaré el translador que venía en el sobre – Dijo mostrando el broche en sus manos. Zack resopló y se limitó a guardar silencio mientras tomaba de la mano a la bruja justo a tiempo para que una especie de portal los absorbiera produciendo una extraña sensación en el estómago hasta dejarlos tocar tierra firme en algún lugar de lo que parecía ser el Bosque Prohibido, a juzgar por la apariencia.


Los zumbidos del viento les dieron la bienvenida siendo el único sonido que podía escucharse. Aparecieron frente a tres caminos que sin duda alguna tendrían ciertos obstáculos al atravesar. Tan osado como siempre, el Black arremangó su camisa azul marino hasta los codos y se apresuró en tomar el sendero de la izquierda. Mía le seguía de cerca y le pareció escucharla quejarse porque ella estuvo a punto de ir por otro lado. Habían llegado juntos así que deberían continuar de la misma manera, quizás se necesitaran el uno al otro.


A medida que avanzaban solo podían ver árboles y más de ellos inmóviles debido a que hasta la brisa se había detenido. Zack quiso estar preparado ante cualquier eventualidad y de inmediato hizo aparecer su varita en la diestra, solo para estar seguro. El vibrar de su arma mágica le dio a entender que se aproximaba a una zona peligrosa, y de inmediato intercambió miradas con Mia notando que estaba igual de atenta que él. Lo siguiente que sucedió fue tan rápido que apenas reaccionó soltó su primer hechizo.


– ¡Sectusempra! – El rayo escarlata partió de su varita con tal fuerza que al impactar en su objetivo lo empujó varios metros atrás. La Acromántula comenzó a producir sonidos extraños a medida que el ataque de Zack hacía efectos y la dejaba delirando en el suelo, bastante alejada de los vampiros. –¿Qué demonios? – Murmuró tras ver venir otro par de las mismas criaturas acercándose con rapidez.


–Celerus Fuego Maldito – En un abrir y cerrar de ojos las dos nuevas acromántulas se vieron rodeadas por las alas de unos hipogrifos en llamas que calcinaron a sus víctimas sin dejar rastro alguno, alcanzaron a desvanecerlas también. En ese instante el vampiro pensó tan deprisa en una salida rápida que olvidó la compañía de Mía, quién desde hace un tiempo atrás ya no formaba parte de las filas tenebrosas.


El simple hecho de haber realizado magia negra en su presencia podía dejarlo en serios problemas, pero algo le indicaba que eso no era novedad para la fémina y pudo comprobarlo en cuanto sus ojos buscaron los de ella y obtuvo un asentimiento a modo de aprobación que le dejó mucho más tranquilo. La amistad entre ambos no era de un día para otro, así que era de esperarse que no le resultara novedosa la invocación realizada por Zack.


– Expectro Protego – Bramó esta vez y de inmediato cientos de hilos negros comenzaron a brotar de su varita con la intención de formar un hipogrifo de oscuridad. No quiso comentar más nada, confiaba en el silencio de la Black lestrange.


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Tras la pequeña charla que habían sostenido en su local, por fin se encontraban en el Bosque Prohibido, al parecer llegarían temprano porque sus protestas habían rendido frutos, sin poder evitarlo una media sonrisa se formó en sus labios, pero permaneció en silencio. Sacando su varita mágica de los pliegues de su túnica negra, en su mente aparecieron las imágenes de sus anteriores visitas a aquel sitio, sin duda podrían encontrarse con lo inimaginable y por ende quizás la necesitaría más adelante, así que tenerla en la diestra, lista para ser usada era la decisión más prudente.

Mirando los caminos que se extendían delante de ellos, comenzó a caminar por el del centro, hasta que notó que Zack se internaba por el de la izquierda. Negando lentamente, soltó una pequeña maldición, para encaminarse al camino que él había elegido, porque al en fondo creía que era mejor que permanecieran juntos hasta arribar al claro en que se desarrollaría la clase, porque el destino era incierto sobre lo que podrían encontrar. Tras caminar algunos segundos, notó movimiento delante de ellos.

—Sectusempra —repitió el hechizo del Black, al instante que una honda de arañas comenzaba a acercarse hasta su presencia. ¿Eso podía ser posible? Al parecer sí— Desmaius —soltó tras notar otra araña cerca de su posición.

Odiaba a esos seres con todo su ser, por lo que simplemente permaneció inmóvil detrás de su acompañante, para permitir que él se encargara de ellas. Y de ese modo fue, cuando el Black realizó un par de fuegos malditos, eso los habían salvado… aunque sinceramente le extraño, porque se suponía que el nigromante debía mantener su secreto delante de ella, pero no era así. Por lo que sin poderlo evitar, asintió ante la mirada del Haughton, era lógico que podía confiar en su silencio, porque ante todo eran amigos y ella era fiel a sus amigos.

Fidelidad que esperaba que compartieran con ella, porque estaba segura que en algún momento el secreto que había estado guardando en los últimos meses saldría a la luz… y de ese modo fue que se metió por completo esa idea en sus pensamientos, manteniéndola un tanto distraída en la peor situación. En algún momento, cercano a un año, ella misma podía realizar ese tipo de invocaciones, pero ahora eso era imposible y una parte de ella se sentía impotente, pero la otra tranquila porque le era más fácil mantener su identidad a salvo.

—Floreus —siseó entre dientes al notar como en los labios del vampiro se comenzaba a formar la palabra “Expectro”, no podía invocar a los hilos negros, no en medio del bosque prohibido porque si alguien los veía podía delatar su identidad como mortífago.

Eso era lo único que ocupaba su mente cuando el hechizo salió de sus labios, revelando su identidad al instante. Sí, lo había hecho, acaba de revelar su secreto a uno de sus mejores amigos o podría decirse ¿ex mejores amigos? Después de esa revelación, era obvio que la odiaría y le daría caza de ser necesario, pero por otro lado confiaba en que no fuese de ese modo y no la delatara, que él también guardara su secreto.

—No digas nada… no es el momento de hablar. —soltó mirándolo a los ojos, para después pasar por delante de él.

Necesitaba poner un poco de distancia y confiaba lo suficiente en él, para dejar que se colocará detrás de ella. Habría tiempo para hablar, pero más adelante, no a la mitad de un bosque habitado por todo tipo de criaturas, pero quizás ese lugar era el mejor que podía encontrar el Black para deshacerse de ella sin dejar rastro. ¿Lo haría? Eso era algo que no podía saber, no a menos de momento, por lo que continuó con su andar, hasta sentir como el frío comenzaba a envolverlos lentamente.

Dementores. Solamente eso podía explicar la sensación que tenía de tristeza y de frialdad que comenzaba a apoderarse de su cuerpo, sabía que era lo que tenía que hacer, por lo que cerró los ojos unos segundos y se concentró en los momentos felices que había tenido en su vida y uno captó su atención. Una velada en compañía de sus más cercanos amigos, en un bar, llenó de risas y diversión, esos momentos sin duda habían sido únicos y era todo lo que necesitaba para invocar el siguiente hechizo.

Expecto Patronum —susurró con tranquilidad, logrando que de su varita mágica salieran miles de hilos plateados que se unieron hasta formar una figura sólida de un zorro, el cual se colocó delante de los dos magos—, te prometo que hablaremos después. —añadió con delicadeza.

Con un movimiento de su mano, le indicó al vampiro que la siguiera, el patronus les abría el camino ante los dementores que se alejaban ante la figura plateada. Permitió que de ese modo, que ellos llegaran hasta el claro en que se encontraba Liam, el profesor.
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En lugar del hipogrifo que esperaba invocar apareció un pequeño ramo de flores de su varita. La sorpresa que aquello provocó se evidenció en su rostro. Había sido Mía quien, de no muy buena manera, evitó que Zack concretara el Expectro Protego. Ciertamente había sido muy arriesgado llegar al lugar de la clase estando resguardados por tal creación, pero más atrevido resultó el hecho de que su acompañante lo neutralizara de esa forma delatándose como miembro de la Orden del Fénix.


Ni siquiera se atrevió a comentar lo sucedido. Seguía tan confundido como cuando supo que Mía abandonaría las filas tenebrosas. Desconocía cuanto tiempo había estado prestando servicios para el bando “protector de Ottery”, y a juzgar por el hechizo realizado no tenía pocos días en ese paquete. Ambos tendrían que confiar entre sí para evitar que dicho secreto se supiera. Estaba seguro que ella no diría nada, así como también se obligaría a sí mismo comentar algo con sus compañeros de bando.


Todavía tenía muchas cosas que hablar con Mía, y aunque ese no fuera el momento, mientras caminaba detrás no podía dejar de pensar en las mil preguntas que le haría apenas tuviera una oportunidad. Por ahora disfrutaría de su clase y ya luego se encargaría del otro tema.


– Sí, me debes una charla – Fue lo único que dijo el vampiro una vez que la Black Lestrange y ahora Fenixiana, invocaba su Expecto Patronum con el fin de apartar del camino el insistente Dementor que osaba darles el conocido beso. Ni siquiera prestó atención a cuando la mujer surtió ese obstáculo, estaba tan distraído que llegó a agitar levemente su cabeza para apartar cualquier pensamiento innecesario.


A medida que caminaban se comenzaba a mostrar al costado un amplio lago. Unos metros más adelante se encontraron con Liam, que de espalda a las aguas cristalinas esperaba tranquilamente por la aparición de sus alumnos. Todos terminaron de llegar casi al mismo tiempo y para cuando estuvieron reunidos Zack dio un paso al frente.


–Mi nombre es Zack. No creo conocerlas a todas pero seguro pronto sabré un poco más de cada una –. Comenzó barriendo con la mirada a quienes serían sus compañeras de clase. Liam ya lo conocía, incluso más de la cuenta, si se podía decir, por lo que no se dirigía exactamente a él cuando hablaba. –De la clase espero una sorpresa. Ahora que han cambiado tantas cosas espero que también esto sea más dinámico y entretenido que antiguamente. De la mano del señor Hawthorne seguro vamos a adquirir buenos y fuertes conocimientos del tema.


No necesitaba decir nada más, por ahora eso debería bastar para dar inicio a la clase, realmente estaba ansioso.

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Anabella Rinaldi

 

Hacía muy poco que había llegado a Londres desde que dejé a mi familia y amigos allá en Italia. Extrañaba los fines de semana que compartía con ellos en la Tosacana y las cenas donde siempre había algún pariente que se embriagaba con la grappa de mi padre. Sin embargo, como toda aventura, esta sería una experiencia hermosa para mi. Conocer personas y hacer nuevas amistades siempre me ha fascinado.

 

No tenía un hogar como tal, si bien dormía en una pequeña habitación por la cual tenía que pagar, no conocía aún un rostro amigo al cual llamar mi familia. Mamá siempre decía que una casa es simplemente un lugar con paredes, se convierte en un hogar cuando tu corazón está allí, con aquellos a quienes consideras tu familia.

 

De todos modos la renta se hacía cada vez mas costosa, y no podía vivir a la espera de que mis padres me enviaran dinero desde Italia. Intenté conseguir múltiples empleos y trabajé en diferentes negocios en el Diagon, pero ahora quería algo más comprometedor. Había escuchado que los puestos en el Ministerio abrían sus puertas de vez en cuando para jóvenes emprendedores. El único percance era el hecho de que se debía poseer estudios avanzados para poder postularse a ellos.

Escuché a unas señoras de avanzada edad hablar sobre este y otros temas relacionados con el ministerio y la política mientras barría la cafetería en la cual trabajaba en aquel entonces. Comentaban el hecho de que varios jóvenes ahora se vieran tan interesados en estudiar leyes, idiomas, encantamientos y demás para poder acceder a dichos puestos.

 

Con que encantamientos... Era buena en Idiomas, se me facilitaba el español, italiano, inglés y francés por tratarse de lenguas romances. Las leyes eran algo muy propio de mi gente, pues no hay que olvidar el Imperio Romano. Los encantamientos si que eran algo totalmente nuevo que quería aprender. Sería interesante inscribirme nuevamente en la academia para ello. ¿Por qué no? De pequeña siempre fui muy buena estudiante, sin contar con la parte social, era la divertida amiga de todos.

 

Pasaban los días y no recibía noticia alguna sobre mi inscripción al curso. ¿Se habría perdido? ¿Habría sido rechazada? Después de todo era apenas una chica nueva en todo este asunto. La magia, si bien era conocida por mi familia, me fue oculta por un largo tiempo para vivir como un muggle más en la sociedad. Esa era también otra de las razones por las que opté a entrar a la clase de encantamientos, así estaría más cerca e involucrada con este misterioso mundo de la magia. ¡Oh, rayos, definitivamente me habían negado la entrada! ¡Yo, la niña que no sabía bien como blandir una varita y que apenas aprendió a hacerlo contados días atrás!... Bien, no había que ahogarse en la preocupación, tal vez podría pedirle a alguien más que me enseñara lo más básico de la magia, no hacía poco aprendí un par de hechizos simples que me venían bien en la cafetería. Lo único que me preocupaba era que varios de ellos eran de limpieza y mantenimiento, como "fregoteo", "reparo" y similares. Pero de vez en cuando también leía un libro que encontré por ahí titulado "Magia para Dummies", quizá me hiciera el hazme reír, pero me venía muy bien de vez en cuando para salir de pequeños apuros.

 

Continue limpiando la cafetera, cuando un pequeño sobre cayó en el mostrador frente a mi. 'Anabella Rinaldi' decía en fina caligrafía. Apenas si lo abrí, no alcancé a ver qué era lo que contenía. Mis dedos hicieron contacto con algo que parecía ser de metal. La cafetería ante mi desapareció por completo y ahora me hallaba en lo que parecía ser un bosque. Entre el asombro, el miedo y la emoción, intenté recuperar mi aliento a la vez que me ajustaba el delantal con el logotipo de la cafetería.

 

-¡wow! He oído hablar mucho de estos. ¡Un traslador! ¡Genial! No había usado uno de estos, no al menos que yo recuerde...

 

Escuché varios ruidos que provenían de un camino que conducía hacia otros tres diferentes. ¿Habría mas gente allí? Tal vez podrían indicarme qué sucedía y cómo podría volver a Londres. Avancé. Las voces de quienes parecían ser un hombre y una mujer cesaron. Ahora si que estaba perdida. "¿Hola? ¿Hay alguien allí?", grité. No hubo respuesta. Lo mejor que podía hacer era avanzar, tal vez los encontraría.

 

Decidí tomar el camino mas iluminado, tenía hermosas plantas por doquier. ¡Sería maravilloso! ¡Tal como caminar por un cuento de hadas! Todo tan....

 

-¡Ahhhhh!

 

Algo me había atrapado por el tobillo. Parecía una enredadera. Forcejee, pero esta me amarraba mucho más hasta que me tumbó. Me asfixiaba, me era difícil recordar qué de lo poco que sabía sobre la magia podía ayudarme a salir de aquel apuro. El tiempo era oro, cada vez me apretaba con mas fuerza y la falta de oxígeno dificultaba mi concentración.

Debí suponer que algo malo sucedería en cuanto el hermoso bosque iluminado se transformó en uno húmedo, oscuro y tétrico, pero para ser sincera, incluso así me parecía un majestuoso paisaje.

 

-¡Oscuro! - exclamé para mis adentros cuando recordé una que había escuchado de esa planta, no crecía en Italia porque este era un país muy soleado y brillante. Se le conocía como Lazo del Diablo y solía ser importado desde otras tierras. Gracias al calor de la bella península Itálica, esta no lograba sobrevivir por mucho tiempo, por lo que era vagamente comerciable, pero aún así de muy alto precio.

 

Intenté tomar la varita del bolsillo de mi delantal.

-¡L-l-lumos!

 

La planta se esfumó como si nada. Me incorporé y seguí mi camino. Con el avanzar todo se hacía más triste, oscuro y desolado. El paisaje que a pesar de ser oscuro era una majestuosa obra de los tiempos góticos se transformó en un lugar macabro donde primaba la desolación. Eso era extraño, sobretodo para mi, pues siempre he sido una persona que ve maravillas donde nadie mas las ve. De repente, todo cobró sentido.

-Dementores... - se acercaban. Sentía su frío.

 

No hizo mucha falta que me esforzara en pensar en momentos alegres, para mi todo momento es especial. Pero siempre tendría en mi corazón esos gloriosos instantes con mi familia y nuestras cenas juntos.

-¡Expecto patronus! - cerré mis ojos con fuerza. Esperaba que el haz de luz fuera suficiente para alejarlo. Así pareció ser, pues tras ello todo volvió a ser tan normal como lo era antes, o al menos para mi, algunos dicen que mi personalidad es aveces exagerada para ciertas situaciones, pero ¿qué mas daba? Después de todo había sido mi constante alegría la que me salvó tan fácilmente de un dementor como aquel.

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Soltó su larga cabellera rubia y dejo caer sobre su cama el portafolio lleno de expedientes de infractores a la ley. Hacia días que esperaba el inicio del nuevo curso, estaba empecinada en recuperar todos y cada uno de sus conocimientos y Encantamientos seria apenas el segundo. Se despojo de la gabardina que usaba como parte del uniforme y se dejo caer sobre la silla frente a la cómoda, tomo el cepillo frente a ella y comenzó a peinar con parsimonia su melena rizada. Mientras realizaba su ritual de belleza vio por el rabillo del ojo un sobre del que no se había percatado antes. Como único indicativo, una leyenda que versaba "abre el sobre".

 

Frunció el ceño con sospecha, algo tan parco que requería su total confianza para abrirlo sin mas, no, eso no era digno de una ex auror ahora inquisidora. Volvió a amarrar su cabello en una coleta alta, entro en su armario y se cambio rápidamente de atuendo, algo oscuro como siempre y desde luego cómodo, algo que le permitiera luchar y regreso de nuevo a inspeccionar el sobre. Con su varita lo abrió a la distancia y en posición de ataque por si algo salia de este y tras cerciorarse que nada pasada le dio la vuelta para dejar ver su contenido. Un sencillo sobre que no parecía tener ninguna utilidad.

 

Se acerco y miro aquel objeto sin soltar aun la varita por si acaso y miro de nuevo el sobre vació. Quien demonios le mandaría un broche tan horroroso y común. Lo tomo entre sus pálidas manos justo en el momento en que este emitió una luz azul. Demasiado tarde se daba cuenta que era un trasladador. Cayo en cuclillas y enseguida se recompuso y miro hacia todos lados en guardia. Nada ni nadie parecía estar en las cercanías y frente a ella tres caminos. De repente identifico el lugar, lo conocía de sus correrías en busca de alimento, antes de decantarse por otro tipo de victimas.

 

-el bosque prohibido...entonces esto seguro tiene algo que ver con la clase...veamos...homenum revelio-lanzo para asegurarse de no tener compañía, lo lanzo hacia el área que estaba detrás de ella para evitar alguna sorpresa, lo que estaba adelante, seguramente estaba hechizado por lo que no le serviría ninguna revelación mágica.

 

Miro los tres caminos y al final se decidió por el de la derecha, comenzó a recorrerlo con precaución y justo cuando iba por lo que ella calculaba seria la mitad del camino un hombre apareció frente a ella. La rubia trastabillo hacia atrás, sabia por una de sus victimas que los pueblos cercanos a Ottery empezaban a murmurar sobre sus fechorías y estaban pensando en contratar un cazavampiros, supuso que tardarían mas, ademas de que era virtualmente imposible que lograran introducirlo a el bosque.

 

-no es el, es un maldito boggart, maldita sea, soy idi*** lo que le sigue...riddikulus-dijo lanzando el hechizo directo sobre el hombre que ya estaba sobre de ella con una estaca y la cual cambio a una pequeña margarita y el boggart se retrajo huyendo de a poderosa vampira. Se levanto del suelo al cual no supo como llego y se sacudió la ropa para continuar su camino. Justo cuando logro ver a lo lejos algunas personas reunidas, tres sombras salieron de la espesura y se lanzaron sobre la Granger

 

-really? Dementores?...expecto patronum-dijo apuntando a las tres sombras que huyeron despavoridas, aquello le dejo finalmente el camino libre para reunirse con quien seguramente eran sus compañeros de clase

 

-Buen dia señores, señoritas, mi nombre es Sofia Granger, Directora de los inquisidores y alumna deseosa de re aprender, espero una clase emocionante y una convivencia tranquila-dijo brevemente a modo de presentacion

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El camino hasta el claro en donde se desarrollaría la clase se cernía delante de ellos, era obvio que tenían que concluir con su pequeña travesía para dar inicio a lo que esperaba fuese una clase productiva más allá de una perdida de tiempo. Dando un asentimiento con una cabezada, aceptó las palabras dichas por el vampiro, sí, hablarían pero en un lugar más privado y quizás dentro de muchos pero muchos días que se convertirían en meses y si tenía suerte en años.

Con un movimiento de su varita mágica, hizo desaparecer el patronus, ya no lo necesitaban más. Ahora se encontraban a salvo, concluyó su camino hasta un costado del lago, esperando a que los demás pupilos se presentarán cuanto antes, de ese modo podrían iniciar. Sabía que debía presentarse, pero esperó hasta que llegaron un par más de compañeros antes de alzar la voz para hacerlo... aunque no era de su agrado porque solo conocía al Black.

—Soy Mia Black Lestrange —su voz salió de manera monótona—, y espero terminar de aprender lo necesario sobre encantamientos y que la clase sea divertida... me aburre lo tedioso. —finalizó, sin mirar a nadie más que a Liam.

Tras sus palabras, prestó falsa atención a las demás presentaciones. Era bueno al menos conocer el nombre de las personas con las que compartiría clase, porque quizás más adelante esas relaciones le resultaran de utilidad, aunque no estaba completamente segura de que no las utilizaría en un futuro cercano. Tras negar lentamente, eliminó de su mente todos sus pensamientos y se concentró otra vez en el bosque, se escuchaban pequeños sonidos lejanos, los cuales la invitaban a mantener la guardia en alto.
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Anabella Rinaldi

 

Me incorporé y acomodé mi delantal de trabajo para seguir adelante. ¡Aquello había sido emocionante! ¡Mi primer dementor! ¡Y lo había evadido con tanta facilidad! Sabía lo que debía hacer en presencia de ellos gracias a lo que había leído antes, pero llevar mis conocimientos teóricos a la práctica era otro asunto en el cual, a mi parecer, me defendí más que bien.

 

Avancé por el camino del bosque hasta llegar a un claro donde se hallaban ya otras dos personas, una bruja y un mago. Por algún motivo algo parecía incomodarles, pues tenían una extraña expresión reflejada en sus rostros. Tal vez se tratara de alguna prueba que también tuvieron que realizar para llegar hasta allí ¿pero quién era yo para juzgarles?

 

Al cabo de un rato distinguí otra figura más, un mago que se presentó como el profesor de la clase. Sentí la urgencia de presentarme ante él y los otros compañeros allí presentes. Quizá haya sido un poco osado de mi parte haber querido tomar la palabra tan abruptamente, pero siempre que he sentido algún tipo de tensión entre personas, me gusta hacer lo que esté a mi alcance para poder liberarla un poco. Algo así como un chiste, compartir un dato curioso o sonreír, normalmente ayudaba. Esta vez opté por el lado amable de presentarme.

 

-Bongiorno! Mi nombre es Anabella Rinaldi. Vengo desde Italia.Trabajo en un café para sustentar mis estudios en la academia, de tal forma que un día pueda conseguir un empleo mas formal en el ministerio. Mis conocimientos referentes a la magia y otros asuntos relacionados son un poco escasos, pues en mi familia no se hablaba mucho de este tema, no obstante puedo llegar a trabajar para estar a su nivel....

 

Y ahí lo hacía de nuevo, aquel habito del que tanto me hablaban pero que ella daba importancia. Solía hablar por horas y horas sin tener en cuenta a quienes meescuchaban. La gente de vez en cuando solicitaba que guardara silencio, pero muchas veces hacía caso omiso a la orden. Solo cuando terminaba mis monólogos era cuando callaba.

 

Atenta a las otras personas que llegaban, guardé silencio impacientemente para que ellos también pudieran presentarse. Tuve una extraña sensación al escuchar que había gente entre mis compañeros que ostentaba importantes cargos en el mundo mágico, yo apenas si era una barista en aquel café. ¡Esto sería emocionante! ¡Tendría tanto que aprender de estas personas!

Editado por Kathy Daray Van Halen

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P-ko llegó corriendo con aquel misterioso sobre justo cuando acababa de lavarme las manos y frotaba una y otra vez las uñas para quitarle del todo la mugre que se les había incrustado. El buen tiempo de ese día me había animado a arreglar mi jardín como no lo hacía hacia semanas, y luego de una productiva como esa, me apetecía descansar.

 

Pero los planes cambiarían sin que yo lo sospechara.

 

El sobre no contenía ningún mensaje excepto un broche cuya manufactura muggle saltó a mi vista y me provocó cierta nostalgia. Preguntándome si no sería un regalo de mis padres, lo cogí sin mayor cuidado solo para sentir inmediatamente el incómodo tirón a la altura del estómago. Y mientras sentía que giraba sin control, solo podía maldecir no haber notado que aquel objeto era un traslador.

 

Cuando reaparecí, y pude ponerme de pie, noté que estaba ante una bifurcación de caminos, todos rodeados de robustos árboles cuyas copas frondosas hacían que los rayos del sol llegasen con dificultad hasta la superficie. Eran exactamente tres los caminos entre los cuales podía elegir, y sin pensármelo mucho me lancé hacia el camino de la izquierda.

 

No tenía idea de quien me habría citado a un bosque, aunque a decir verdad ya había tenido un reciente encuentro no planificado en un lugar así con un tipo del que no conocía todavía el nombre ¿sería posible que se tratara de nuevo de él? Mientras avanzaba lo único que me quedaba claro era que aquel bosque no era mi amado Bosque del Cuerno de Madera, sino uno mucho más siniestro y salvaje, al menos en apariencia.

 

"Por suerte la varita esta al interior de la bota de hule" dije deteniéndome un instante para sacarla, y contemplar mi propia indumentaria, que era un jean desteñido, una blusa cuello V con mangas hasta la altura de los codos, chanclas y un sombrero de ala ancha. Ciertamente un atuendo que si se trataba de algún tipo de reunión con magos sería el hazmerreír y la peor pesadilla de mi elfina P-ko llevada a la realidad.

 

De pronto la caída de un viejo tronco obstruyendo el paso me puso en alerta. Giré la cabeza en todas direcciones y entonces divisé a un conjunto de acromántulas, dos de ellas de gigantesco tamaño avanzando con aquellas patas peludas y repugnantes en mi dirección. Sin pensármelo mucho conjuré varios sectusempras que al impactar en las criaturas las aturdieron dejándome el margen suficiente para escapar a salvo.

 

"Eso estuvo cerca" pensé cientos de metros más adelante, cuando de pronto noté como todo a mi alrededor parecía congelarse. No tenía que analizar demasiado debido a que se estaba produciendo tan desagradable fenómeno.

 

- Expecto Patronum dije en el mismísimo instante en que un horrible dementor se lanzaba directamente hacia mí con deseos de alimentarse de mis recuerdos felices y sumirme en la desesperación. Decenas de hilillos plateados salieron de mi varita formando una grácil vizcacha que en seguida saltó hacia la horrible criatura apartándola en un solo momento de mi lado, para luego permanecer dando vueltas a mi alrededor como si de un saludo se tratara hasta desaparecer.

 

"Gracias" murmuré pensando en que había sido el recuerdo de mis amadas hijas reunidas durante Halloween el que me había permitido convocarla. Un sonrisa asomó a mi rostro entonces, justo cuando lejana pero claro, la voz de otras personas alcanzaba mis oídos. Cuanto más cerca estaba, comencé a distinguir que se trataba de presentaciones de personas.

 

"Oh demonios, esta debe ser la clase" maldije en mi interior, revelándome por fin tras uno de los arbustos.

 

- Bien, creo que soy la última en llegar- dije justo cuando una muchacha de ascendencia italiana terminaba de presentarse- Mi nombre es Bel Evans, un gusto compartir la clase...con la mayoría de ustedes- dije lanzando una clara mirada de irritación a Sofía, la ex directora del cuartel auror que tan terrible impresión me había dejado durante el juicio a Adry- desde muchos años atrás he tenido un especial interés en conocer a profundidad la rama de encantamientos, y aunque por diversas circunstancias no he podido concretar ese anhelo, espero poder hacerlo ahora.

 

Permanecí de pie, a unos cuantos pasos de Mia, una conocida de la familia Gryffindor, y un tipo que no era capaz de recordar que estaba justo a su lado.

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Anabella Rinaldi

 

Una bruja más llegó, parecía haber estado haciendo labores de jardinería. Intenté dibujar una pequeña sonrisa en mi rostro para darle la bienvenida sin interrumpir a las presentaciones de los demás. Tras esto, mi mente pareció perderse por unos instantes y comenzó a divagar, enfocándose en el bosque y en los sonidos de la naturaleza que le envolvían. El bailar de las hojas y el chasquido de los árboles al sonar contra el viento.

 

Algo llamó mi atención. Por el rabillo de mi ojo alcancé a percibir el sutil movimiento de unos arbustos. ¿Sería algún pobre animalito asustado ante nuestra presencia en medio de su hábitat? Lentamente, intentando que el resto de presentes no se diera cuenta, me fui alejando del grupo en dirección del arbusto. Nadie se percató de que ya me había alejado una buena distancia de ellos. Investigué, no había nada. Un ruido seguido de otro movimiento de un arbusto mas cercano a ese llamó mi atención. Me acerqué, nuevamente me encontré con nada. Estaba a punto de regresar con mis compañeros de clase hasta que escuché "¡Bombarda!". Una explosión dio de lleno contra un tronco que estaba a mi izquierda. Seguí el rastro proveniente de aquel encantamiento y allí descubrí una trágica y grotesca escena.

 

Un grupo de personas ataviados con batas blancas e indumentaria que decía que podían trabajar en un laboratorio se hallaba en el suelo gravemente herido, unos sangraban y tenían cortadas profundas con moretones y otros tenían algunos huesos rotos. Una mujer de cabello corto intentaba sostener su varita para protegerse, deduje que fue ella quien lanzó el encantamiento. Mi rostro no podía más que reflejar pánico, no sabía que hacer o qué estaba pasando allí.

 

- M...m...monstruo - susurró levemente

-¿Monstruo? ¿Q...qué quiere...?

-Hay un monstruo suelto por aquí. Escapó de nuestro laboratorio. Aniquiló a varios de los nuestros tras robar una varita y tomar varios broches trasladores. Intentamos encerrarle de nuevo, pero....pero... Tomó la forma de alguien más, de otro mago que en nuestra base de datos registra como... - no parecía poder resistir mucho. Me entregó un documento con una foto y el nombre del mago cuya apariencia el monstruo había adquirido.

 

Ahogué un grito con mis dos manos al darme cuenta de que se trataba de quien se había presentado como el profesor Liam.

 

- Este... Tampoco es el bosque en el que crees estar... Se t..trata de una facilidad que hemos creado para contener otras criaturas de las cuales el monstruo se alimenta, pero no por ello menos letales. Es...este lugar está diseñado para que solo alguien pueda salir, el monstruo. En caso tal de que logres acabar con él, s...sol...solo una persona podrá salir. Si has venido con alguien más, tendrás que m...ma...matarlos para garantizar tu salida de aquí.

 

¿Qué debía hacer? ¿Debía dejarla allí para morir? De todos modos tampoco le quedaba mucho tiempo, pero no era justo ni con ella ni con sus compañeros. ¿Y los míos? ¡Debía avisarles! Pero también quería salir de allí. No tendría que matar yo a ninguno si no les decía a qué nos enfrentábamos ¿cómo podría yo matar a magos tan prestigiosos y de más alto rango que yo? El monstruo se encargaría de ellos por mi. Y así quedaba la otra situación ¡el monstruo!...

 

Fuera como fuera, no podría cargar en mí consciencia el hecho de que algo le sucediera al grupo de personas que aún se hallaba en el claro con aquel falso profesor. Me armé de valentía y todo lo demás para salir corriendo a alertar a todos, reunirles, llevarles hasta el grupo de científicos y analizar todos juntos cómo salir de allí.

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