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The Winking Skeever (MM B: 106201)


Vladimir Karkarov

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Observó atónito a la mujer que tenía en frente ¿hijos?, ¿él?. Fue entonces cuando un pequeño flashback regresó a su mente, donde conocía a una mujer en un jardín hermoso, no podía ver su cara perfectamente pero si recordaba ese momento. Dudó un momento, podría tratarse de alguien que sabía de ese momento en su vida, aún así le dio el beneficio de la duda.

 

Disculpa...—,comentó aclarándose la garganta.—Mi vida ha sido algo tensa en los últimos meses... no creo que entiendas cuan difícil es que te borren toda tu memoria.— guardó su varita y volvió a rellenar su copa, ya a la botella no le queda demasiado liquido como para guardarla, así que tomó el último trago a pico de botella. La música prosiguió una vez que el ambiente estuvo calmado de nuevo.

 

¿Cómo que tuve hijos?— preguntó aún con mucha sorpresa, abriendo levemente los ojos y alzando sus cejas. No podía creerse que eso haya pasado. —Esa tal... Binfeyd... creo que la recuerdo... tenía una forma de ser muy divertida, ¿no?— preguntó. Luego de eso, prosiguió lentamente limpiando algunas áreas del mostrador, mientras escuchaba las respuestas de la mujer que tenía en frente, observando sus ojos, notando como un poco, se humedecían, no sabía que pensar ni sabía si era cierto todo lo que decía, pero la forma en la que lo decía le comenzaba a convencer.

 

@@Ania Evans Weasley

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Sonreí levemente ante su sorpresa y observé tranquila cómo guardaba su varita y seguidamente me llenaba de nuevo el vaso que después me lo tumbé en los labios para beber su contenido.

 

Recién después respondí sus comentarios -No te preocupes, seguro es todo muy confuso y capaz eso le vuelve a uno paranoico. No te preocupes, entiendo que no puedas confiar ni en tu propia sombra ahora, Vladimir- otra vez su nombre salió de mi boca quemando. Bebí otro trago de mi vaso y apoyé mis codos sobre la barra y no pude evitar que mis ojos se llenasende lágrimas, parpadeé un par de veces para disipar mis lágrimas y bajé mi vista posandola en el vaso. Sonreí, pero en mis ojos se notaba el dolor y el resentimiento.

 

-Binny, si- recuperé la compostura al recordarla- ella es una persona muy animada, carismática, simpática y afable. Cualquiera se siente bien en su compañía- miré una vez más aquellos ojos en los que me había perdido durante tanto tiempo y tan profundamente. Suspiré por inercia sin poder evitarlo y sentí que me desmoronaria en cualquier momento una vez más así que bebí todo el contenido de mi vaso y pedí otro.

 

- Me pasas una botella de whisky de fuego, por favor- volví a parpadear un par de veces ya que sentí de nuevo que mis ojos se humedecian.

 

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-Siento que estás un poco sensible... ¿sucede algo?-, preguntó mientras instintivamente atendía al pedido de la peliazul. Estaba pidiendo bebidas muy fuertes y si seguía a ese ritmo pronto vería como caería al suelo inconsciente. En parte ese comportamiento le tranquilizaba, dándose cuenta que no tenía que temer junto a ella. Pensó entonces que ese no sería buen lugar para continuar la charla debido a la música y al acceso del licor.

 

Sígueme, conozco un lugar más tranquilo—, tendió la mano ligeramente por sobre la barra para que ella la tomara, se sentía un poco nervioso de la decisión que estaba tomando, le abriría la puerta de su vida a alguien que apenas y recordaba. Pero la nostalgia revuelta con la curiosidad le movían intensamente como motivación para poder saber más de lo que había pasado. Si bien comenzaba a recordar algunas cosas, bastante distantes, aún sentía grandes huecos en su memoria como manchas de humedad en una pieza de papel.

 

Sin esperar mucho a la respuesta de la bruja, la condujo cortésmente por detrás de la barra, accediendo a unos escalones de madera algo estrechos, los cuales dan a un cuarto con una cama y un armario, algo así como un cuarto de huéspedes, luego de eso seguía otra escalera cerrada con una trampilla que da acceso a la terraza. Con el simple accionar de la puerta, se escuchó el crujir de la madera y el metal de la manilla, dando paso al sonido del viento conjunto el de los perros aullando, los grillos y una que otra conversación del callejón.

 

Aquí estaremos más a gusto, estoy seguro de que nadie me vendrá a buscar por unos instantes... lo presiento...—, comento mientras acomodaba su cabello hacia atrás con su mano, luego sacaba una caja con cigarrillos Camel y colocaba uno en sus labios. —¿Quieres uno?—, preguntó, mientras se acercaba a una pequeña silla de madera labrada a mano, brillando por el barniz. Colocó otra en frente de la de él y le pidió amablemente que tomara asiento.

 

—Binny... es extraño ¿sabes?... siento como si ese nombre me resultara familiar, con un sabor agridulce... no sé porqué...—, encendió el mechero de su encendedor y lentamente caló el cigarro para que este encendiera, dándole una pequeña jalada disfrutando del humo entrar a sus pulmones. —Pero cuénteme usted, señorita misterio, ¿Cómo es que me localizó? ¿En qué puedo ayudarle?...Aparte, ¿Puede usted ser tan amable de contarme todo lo que pasó entre ambos?— preguntó, recostándose tranquilamente en la silla, hundiendo su espalda y subiendo los pies en el apoya brazos, tirando humo hacia arriba.

 

 

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Sabía que en cualquier momento se daría cuenta, recordaba a Vladimir de una manera tan romántica. Un hombre caballeroso, amable, noble, gracioso cuando así quería y protector, esas cualidades fueron las que desde el primer momento me llamaron la atención, era un joven muy atento y físicamente tenía lo suyo. Esos recuerdos llenaron mi cabeza y su pregunta me devolvió a la realidad, lo miré y gente a mi se encontraba un Vladimir vacío aunque curioso y sorprendido. Suspiré de nuevo y agarré la botella con mi zurda antes de tomar su mano y dejar que me lleve a donde quisiera. Mientras caminaba me di cuenta de que el alcohol se me estaba empezando a subir, ya estaba haciendo efecto puesto que estaba un tanto mareada pero todavía podía disimularlo perfectamente aunque sabía que pronto ya no lo haría y la verdad es que no me importaba.

 

No tuvimos que caminar demasiado para llegar a la terraza del local, me senté sobre la pequeña silla de madera reluciente y bebí directo de mi botella sin importarme lo que él llegara a pensar de mi. Acepté el cigarrillo y lo prendí después de dejar mi botella en el suelo.

 

- Bueno, ella era tu madre adoptiva, después supongo que por crecimiento personal decidiste salir de su familia y migraste a otra, yo me quedé, hasta ahora porto su apellido con honor y orgullo- solté el resto del humo que tenía guardado y volví a darle una larga calada a mi cigarrillo antes de tomar de nuevo la palabra -Yo no vine a buscarte, sólo quería beber un poco y como antes no había entrado a este lugar lo hice y bueno, aquí estabas- buscó su mirada bajo la luz de la luna- Creo que lo que pasó entre nosotros es preferible que se quede en el olvido, lo que debes saber de eso ya lo sabes- bebí otro trago de mi whisky- Fuimos novios, fue lindo, pero se acabó, ahora tienes una nueva oportunidad, el destino te hizo nacer de nuevo y sólo espero que encuentres a la mujer que te llene y que te haga feliz. Yo te tengo un gran aprecio a pesar....-sentí que se me quebraria la voz así que bebí otro gran trago de mi botella- te estimo mucho, eres una persona muy importante en mi vida y siempre lo serás, aunque me olvides, y por eso deseo lo mejor para ti.

 

@@Vladimir Karkarov

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—No lo preguntas... pero desde que regresé, siempre sentí que algo o alguien me hacía falta—, suspiró y luego soltó el poco humo que quedaba en sus pulmones el cual se alejó lentamente por entre el aire hasta desaparecer por completo en la oscura noche, fría y llena de luna. De los locales se desprendían pequeñas fumarolas de vapor debido al cambio de temperatura del exterior, se veía hermoso, ademas estaba todo muy calmado, la música del interior se escuchaba como un lejano retumbo suave, apenas perceptible. Acercó con su varita la botella de whisky y le dio un gran trago. —Con permiso...—

 

—A veces pienso que perdí más que la memoria, perdí algo que inmensamente me hacía quien soy... extraño sentirme lleno de valor y con ganas de buscar aventuras, con ganas de amar y proteger... siento que una parte de mi murió y no sé exactamente como revivirla...—,suspiró lentamente,—aunque para serte honesto, recordar siempre ayuda, me acabas de hacer recordar como caminábamos por esos jardines, me recordaste a Biny, en fin... —la observó, notando sus lindos ojos brillando con empatía y emoción, prestando atención, pero a la vez cabizbajos y faltos de esperanza... algo así como darse por vencido.

 

Se acercó a ella lentamente, dejando la botella en el suelo y tirando el cigarrillo en el cenicero, estaba un poco nervioso y casi no podía pensar en lo que estaba haciendo, simplemente se dejó llevar por el deseo. Una vez frente a ella, tomo su mano e hizo que se levantara del asiento con cuidado para que el alcohol no se le subiera de golpe a la cabeza, finalmente la abrazó, rodeando con uno de sus brazos su cuello y el otro bajo su brazo, rodeando su pecho y pegándolo junto al de él.

 

—Lo siento... esto me toma mucho por sorpresa... quiero que sepas que aunque no recuerde todo lo que pasó entre ambos, me doy cuenta que eres una gran persona a la cual sin darme cuenta quiero demasiado...—, sus últimas palabras rozaron su garganta, haciendo que el nudo que llevaba en el estomago se soltara, dándole cierta tranquilidad, ambos seguían abrazados disfrutando del calor que emergía de los dos cuerpos juntos, viendo la luna emerger cada vez más por el ocaso, escuchando el silencio letal del callejón.

 

—¿Ahora qué hacemos?—, preguntó, sosteniéndola entre sus brazos, conmovido y algo asustado por la respuesta que le pudiera dar la peliazul.

 

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  • 2 semanas más tarde...

Suspiré profundamente y sentía cómo el aire quemaba mis pulmones, aquellas palabras que había esperado hace tanto tiempo por fin las estaba escuchando, pero no me hacían feliz como lo había imaginado. Lo amaba con toda mi vida. Miré sus ojos sorprendida pero el corazón todavía me dolía y se podía ver en mi mirada el resentimiento y el dolor.

 

Lo vi beber de mi botella y sus labios moldeandose a ella, tragué saliva y aparté mi mirada para no torturarme más, volvió a hablar, tomó una pequeña pausa y sus siguientes palabras hicieron que vuelva a mirarlo mientras recordaba su descripción con tal claridad que pareciera estar mirando la película de nuestras vidas. Lo recordaba perfectamente. Sonreí con los ojos vidriosos -Yo era tan ingenua- susurré pensando en voz alta y su repentino acto me hizo volver a la realidad.

 

Vladimir me abrazó y sentí que mi cuerpo se estremecia bajo el suyo, suspiré dejándome llevar por unos segundos. Había pasado tanto tiempo esperando un abrazo cálido de Vladimir...Y su voz en mi oído, de nuevo las palabras que esperaba, todo parecía un plan macabro del destino muy bien calculado, era tan fácil para mi caer rendida a sus pies y entregarme por completo nuevamente a lo que mi corazón dictaba. Por fin estaba de nuevo con él, sus brazos protectores y su cálido cuerpo reconfortante, me sentía en casa nuevamente. Cerré mis ojos con fuerza sabiendo que tenía que terminar todo eso cuanto antes porque sino no tendría el valor si seguía entre sus brazos.

 

Despegué mi cuerpo del suyo y miré sus ojos una vez más -Hay cosas que no se olvidan, Vladimir, lastimosamente no puedo olvidar las yo- susurré apenas antes de que mi voz se quebrara y mis lágrimas brotaran al fin de mis ojos -Por ti hubiera entregado mi vida, si tan sólo hubieras dicho todo esto en aquel tiempo, las cosas hubieran sido tan diferentes- me limpié el rostro con el dorso de mi mano -Pero ahora que me preguntas que vamos a hacer...mi respuesta es ubicarnos. Soy una mujer libre y con un propósito, desde que te fuiste con esa mujer que tal vez ahora no recuerdes pero seguro lo harás cuando la veas igual que ahora conmigo. No quiero arriesgarme a perderte de nuevo. Lo siento mucho pero no puedo ofrecerte más que esto- volví a limpiarme la cara ahora con rabia y resentimiento al recordar su infidelidad.

 

Me agaché para tomar la botella y verter en mi boca su contenido.

 

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El sonido de mis tacones venía acompañándome en mi camino por el Callejón Diagon mientras me acercaba con paso firme a mi destino de aquella noche. Un vestido negro me cubría desde los hombros hasta el primer tercio de los muslos, y unas sandalias de tacón del mismo color me hacían ver aún más alta de lo que ya de por sí era. Me había dejado el cabello rubio suelto para la ocasión, el que caía por mi espalda como una cascada platinada y que era apenas alborotado por la suave brisa veraniega que había aquella noche. Me detuve frente a la puerta de un local que llamó mi atención por lo medieval que se veía. Mis ojos brillaron. Allí sería. Tenía una gran pasión por todo lo medieval, y aquél lugar parecía haber sido erigido exclusivamente para mí.

 

Abrí la puerta, decidida, y me encontré con un sitio bastante concurrido. Dentro el clima era más que acogedor, con su fogata en el medio de la sala y gente charlando por todos lados. Había un delicioso aroma a comida caliente que me impulsó a entrar con aún más ganas al lugar. Esa era la elección de la noche y de seguro no nos íbamos a arrepentir. Caminé hacia la barra, donde avisé a quien la atendía que quería una mesa para dos. -Espero compañía, y me gustaría una mesa en un lugar tranquilo, si no es demasiada molestia.... le pedí, y lo seguí hacia un lugar algo alejado del bullicio. Perfecto.

 

Ocupé mi lugar y me abstuve de pedir algo para beber; iba a esperar, el mago no podía demorar mucho más. Hurgué en mi bolso y saqué un pequeño espejo de mano, con el que le eché una rápida ojeada a mi maquillaje. Todo en orden. Me acomodé en la silla, cruzando una pierna sobre la otra y esperando verlo llegar... El lugar no era lejos; ya debía de faltarle poco.

 

@Kritzai

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@@Mia Zoeh

La noche transcurría como de costumbre para la simpática y noble Pinta, la cual atendía a todo aquel que llegara, ya sea en la barra o en las mesas una vez que Vladimir no estaba disponible en el momento o no se requería de su presencia. Las puertas se abrieron y dieron paso a una hermosa y esbelta mujer, con grandes aires de realeza los cuales desentonaban con la taberna. Hubo un momento de silencio cuando entró, dejó boquiabiertos a más de uno; aún así, pronto, todos volvieron a reanudar sus actividades y sus conversaciones.

Pinta escuchó atentamente las peticiones de la rubia recién llegada. —¡Buenas noches, bienvenida a The Winking Skeever!, para mi será un enorme placer atenderle—, dijo, en una voz tierna para luego asentir a las peticiones,—Sigame, por favor.— bajándose de un taburete de madera, se condujo a una de las zonas más alejadas del centro del local que es donde se armaba el bullicio y la mayoría de veces las peleas.

—Aquí estará usted cómoda, joven señorita, siéntase como en casa y cualquier cosa que se le antoje toque la campana. Estoy para atenderle.luego de dejarle el menú—, con una leve sonrisa se marchó hacia donde estaba el bardo, al cual pidió que tocara canciones suaves y no tan estrepitosas, para luego retomar su lugar en el taburete.

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@Ania Evans Weasle

Estaba sorprendido ante la reacción de Ania, no tenía palabras para describir ese momento en el que vi cuanto sufrimiento había en ella, ni siquiera podía imaginarme por todo lo que pudo haber pasado luego de que me desvanecí. Aún así sentía tanto su sufrimiento en mi mismo que no podía quedarme sin hacer nada. Luego de todo, en algún lugar de mi corazón aún la amaba y podía sentirlo cuanto más tiempo pasaba con ella... pero... ¿Quién era esa otra mujer de la que hablaba? No lo sé y no lo quería averiguar, habían cosas que era mejor dejar en el pasado.

—Ania...—, observé sus ojos brillando por las lagrimas que caen cual rocío en una mañana despejada,—Si quieres dejar todo lo nuestro en el pasado... lo entenderé... No pienso excusarme—, tomé un gran trago de vodka de la cantimplora debajo de mi jubón, el primer trago de esa bebida siempre me sabía cual veneno, pero luego me hacía inmune. Seguía pensando, ahora con un fuerte dolor de estomago, queriendo ahogar la pena que me daba verla de ese modo. Me acerqué más a ella, silencioso y me arrodillé en frente de su asiento, quedando ambos a la misma altura.

—No sé por lo que hayas pasado... Así como no sabes por lo que yo he pasado... ¿Acaso no lo ves?—, le dije, al mismo instante que señalaba la enorme cicatriz en mi rostro, partiendo de la ceja hasta la mitad del pómulo. —Yo... me siento solo... y recordarte me ha dado un poco de paz.— Sin pensarlo dos veces, me abalancé sobre ella, abrazándola fuertemente y luego robando un beso suavemente de su boca. Mis piernas temblaban, súbitamente me despegué de ella y me aleje a unos cuantos pasos. No podía observarla a los ojos, temeroso de su reacción, por lo que disimuladamente comencé a ver las estrellas.

—Quisiera que todo lo que ocurrió malo entre ambos no hubiera existido... pero el hubiera no existe...—, suspiré, lentamente cerré mis ojos. —No puedo arreglarlo... ni puedo pedirte que te quedes a mi lado... así que, solo queda esto. Seamos amigos, si... pudieras perdonar mi traición.— Dije, mientras lentamente sentía como mi ritmo cardíaco se aceleraba. —A veces necesitamos de segundas oportunidades para seguir algo que fracasó...—, finalicé, mientras sacaba de nuevo la cantimplora y tomaba otro trago del fuerte licor.

Editado por Vladimir Karkarov
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Comenzaba a impacientarme. Llevaba ya un buen rato esperando en aquella taberna y comenzaba a creer que el mago no llegaría. Golpeaba suavemente el costado de la mesa con el pie que me quedaba elevado al cruzar la pierna, y me encontraba con el rostro entre las manos y los codos firmemente apoyados en la mesa. Jugaba desde hacía rato con un mechón de mi cabello, enrollándolo en el dedo, por lo que ese rizo ya estaba mucho más definido que su gemelo en el otro lado de mi rostro. Miraba con deseo la campanita que la elfina me había dejado. No había querido pedir nada, pero en aquel momento sentía que necesitaba algo para calmar los nervios.

 

La toqué, y vi a la pequeña criatura acercarse a toda prisa. Le sonreí; era una elfina muy dulce y tierna, y que me había tratado bien desde el principio. Adoraba a esas criaturas y procuraba regalarles una sonrisa y un buen trato cada vez que me atendían, aunque esto no estuviese del todo bien visto por muchos magos. -Hola, me gustaría un Martini, si se pudiera.- le pedí a la elfina y vi cómo desaparecía en un instante.

 

Suspiré y regresé mi vista a la ventana que tenía al lado. Si el mago iba a dejarme plantada, al menos, iba a disfrutar de mí misma aquella noche. Al fin y al cabo, no había pasado tanto tiempo arreglándome para volver al Castillo sin algo de diversión. Sonreí, y en realidad tuve que contener la risa para no llamar la atención. El tiempo seguía pasando, pero yo no estaba dispuesta a dejar que la noche se me escapase de las manos.

 

@@Vladimir Karkarov @Kritzai

Editado por Mia Zoeh

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Hacia meses que no la veía y en mi estómago se arremolinaban un tormento de emociones. También en mi mente in mar de pensamientos pesimistas y optimistas. Todos tratando de pensar en la mejor manera de decirle lo mucho que la extrañaba y hacerle saber que no había sido mi culpa el alejarme de ella. Ya estaba bastante retrasado y eso me hacía sentir peor. Había escogido una camisa blanca con un saco y pantalones ambos de color negro sin corbata. Tampoco había tenido mente para ver lo mejor de la época para la moda.

 

Suspire cuando el nombre del local apareció ante mis ojos. Parecía que la eternidad de locales llegaba a mi hora lo cual me tenía en un enfado sin fundamentos, pues era tan sólo la forma de excusar mi retraso. Entré sin más esperando verla de inmediato, mi mirada divago entre toda la gente sentada y de pie en aquel bar hasta que una rubia cabellera me daba la espalda. En un vestido negro de lo más elegante supe que era ella apostandolo todo. Avance entre las risa y las miradas de algunos curiosos en mi persona.

 

Me acerqué sin que se diera cuenta repasando en el contorno de su piel, en cada uno de sus cabellos color del sol y en la sensación que me daba al tenerla a sólo unos centímetros. Por primera vez en mucho tiempo estaba tan nervioso que juraría si me preguntaran mi nombre diría donde estaría el baño. Toque el hombro descubierto de ella sintiendo en mis dedos la calidez de su piel y lo perlada de su color.

 

 

-- Tan hermosa como siempre... -- Le dije al observar como se volvía a mi y su mirada se entrelazan con la mia. No espere su reacción tal vez estaba furiosa o triste, decepcionada o alegre lo cual no supe porque de inmediato me agache un poco para besar el contorno de su labios muy cerca de su mejilla. Disfrutando del beso y a la vez no siendo muy atrevido. Aun no sabia como se encontraba a mi ausencia y nuestro distanciamiento. Ocupe un lugar frente a ella enseguida en esa mesa alejada de muchos, perfecta para los dos lo cual me venía formidable. Nadie estropearia este memento.

 

--¿Como estas Mía?-- Le pregunté mirándole con una sonrisa. -- Perdóname mi retraso sólo que... bueno no hay excusas... Lo siento -- Le dije volviéndome un poco mas serio.

 

Vine porque como acordamos en alguna carta tenemos que hablar...Yo aún te amo...

--

 

 

 

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Editado por Kritzai

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