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Hablantes de Parsel


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El Vietnamita esbozó una sonrisa al escuchar a Kaori aceptar la prueba final. Las sonrisas no eran de lo más propio de su comportamiento, y sin embargo en ese momento la sintió con total sinceridad: el progreso de la muchacha a través de la habilidad había sido largo pero verdadero, honesto bajo cualquier estándar ya que no había estado exento de las dificultades que cualquiera atravesaba al tratar de comprender una especie tan radicalmente distinta a la propia. Y, sin embargo, era ese camino recorrido – con todos sus aciertos y desaciertos – la que la hacían estar preparada. Lawan concertó la fecha y hora con la muchacha y la observó partir por el sendero que se alejaba el rio que bordeaba su morada.

No se había alejado mucho de su bungalow para hablar con ella, al punto que desde donde estaba podía ver a sus dos alumnos restantes trabajar en las tareas que les había encomendado. Mientras que Alessa aún tenía que dejar que la serpiente la instruyese en la delicadeza con la que debía manipular los pescados y utensilios, Hades parecía haber tenido éxito en comenzar la conversación con su Agkistrodon que permanecía enroscada alrededor de su muñeca, oyendo atenta lo que él tenía para decir. << ¿Acaso... >> se preguntó << ... era hora de presentarle el próximo desafío? >>

Aprender pársel, en muchos sentidos, era idéntico a aprender a pescar. Así como la lengua de las serpientes no se limitaba sencillamente a reglas de fonética, pescar era más que tirar el anzuelo y esperar. Para empezar, la paciencia era elemental en ambos, aunque lo fuesen por razones distintas. Las serpientes vivían el tiempo en una relatividad distinta a los humanos: no tenían prisas ni apuros, por lo que comunicarse con ellas no debía ser tomado a la ligera y, al contrario, debía ser un acto meditado en todas sus fases. Quizá por eso era que él prestaba tanta atención a sus palabras incluso cuando conversaba con humanos. En segundo lugar, hablar pársel iba más allá de conversar con las serpientes, era menester comprender como ellas pensaban y operaban, tal y como había que saber de aguas y carnadas para saber cuál anzuelo era mejor.

Hades. – lo llamó, tras haberse acercado un poco. – Ven, por favor, y tráela contigo. – agregó haciendo referencia a la serpiente con la que había estado conversando. El vampiro comenzó a caminar en dirección opuesta a la que había venido, más siempre manteniéndose al borde del río. – Si sigues por este sendero, llegarás a un pantano en el que encontrarás tu temor más grande. Quiero que la lleves contigo y escuches lo que ella tiene para decir, que probablemente sea mucho. Noto que está bien predispuesta hacia ti y probablemente intentará ayudarte a zafar de lo que te espera, pero recuerda lo que te dije: el pársel no deja de ser una lengua como cualquier otra, y el peso de sus palabras muchas veces queda supeditado a los oídos del receptor.

Prefirió no mediar otra palabra con él, no quería confundirlo. Tan concienzudo como era del peso de sus palabras, era igualmente considerado con el significado de los silencios.

El siseo de múltiples serpientes al unísono interrumpió su tren de pensamientos, más de ellos poco podía interpretar dado que no tenían coherencia alguna y su discurso estaba completamente alterado por la emoción que algo les provocaba. Curioso, comenzó a caminar en dirección a ellas; no había muchas cosas que pudiesen generar aquella respuesta y si bien años atrás, cuando apenas comenzaba a dar clases para la Universidad, sus serpientes se comportaban como tal siempre que un nuevo alumno aparecía en los terrenos de su morada, con el paso del tiempo se habían acostumbrado al flujo de magos que entraban y salían de ella y sus exabruptos eran significativamente menos frecuentes.

¿Qué, entonces, había pasado como para que se pusiesen así? Lawan decidió dejar a Alessa trabajar con la serpiente un rato más – todavía había mucho que corregir en la técnica y procedimiento de su labor manual – y se dirigió a la entrada de su bungalow donde dos muchachas se habían aparecido, una de las cuales gritó en sorpresa llevándose las manos hacia la boca ante algo que la otra le mostraba. El vampiro frunció el ceño, indignado ante la falta de respeto y consideración que interrumpió el silencio que de otra manera siempre había allí para lo sofisticado de su arte: pesca o pársel. << Humanos >> rezongó, dentro suyo. << Tan carentes... siempre. >> Avanzó hacia ellas en silencio salvo por unos cuantos siseos que se perdieron entre todos los otros, comandando a sus compañeras un poco de tranquilidad hasta que él pudiese disponer de las recién llegadas: pronto la tranquilidad estaría re-instaurada. No fue hasta que estuvo a menos de dos metros de distancia de ellas que notó la razón por la cual una de ellas había gritado y, aún más, por qué sus ofidias se mostraban tan exaltadas.

No. No podéis pasar. – contestó este, ante la pregunta de una de ellas. – Dime que te han tratado bien. – siseó en un pársel fluido y rápido al basilisco que una de ellas cargaba, casi escondido. Este aún era joven, su mirada lejos de ser letal. ¿Qué hacía bajo la tutela de alguien que ni siquiera podía conversar con él? Lawan negó con la cabeza ante la desidia que los magos infligían a veces contra las otras especies.

<< Deberéis aprender el valor del silencio y el respeto por su sonido antes de ello. >> continuó, esta vez en una lengua que ellas pudieran comprender. << ¿Queréis explicarme qué les hace pensar que tienen la potestad de venir a gritar por aquí? Y, aún más, ¿para qué lo has traído aquí? >> dijo, haciendo un ademán con su cabeza hacia el basilisco.

Era consciente de su exabrupto pero, templado y prudente como era, a veces la desconsideración de los magos le resultaba demasiado.

Asumo que estáis aquí para aprender pársel, ¿no? ¿por qué? ¿qué queréis sacar de ella? – inquirió, mientras pasaba por al lado de ellas y se dirigía nuevamente a la mesa de trabajo donde la Delacour se encontraba; asumía tendrían la decencia de seguirlo – Advertidas quedáis, estaréis aquí un largo tiempo si no sois capaces de demostrar respeto.

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— Ha comprendido a la perfección mi insinuación—le decía al ofidio que estaba en su brazo izquierdo. Hades avanzaba por esos terrenos con una nueva piel, dejando sepultado en el pasado lo que debía pe

Lawan Nguyen Thant ARCANO DE LOS HABLANTES DE PARSEL __________________ Los lugares favoritos de Lawan eran aquellos en donde no debía usar la lengua de los humanos. Había vivido y estudiado ta

El hijo de la noche se mantuvo observando a la serpiente mientras confesaba todo aquello y le contaba al menos parte de la historia. Se concentro en sus ojos, en la forma de su cabeza y el siseo que esta producía, observo el movimiento de la lengua de esta e intento imitar el siseo para comunicarse con la serpiente. El Ragnarok esperaba no ofenderla con aquel escueto y tonto intento, sin embargo, a la final de cuentas, él tendría que hablar con ellas de esa forma.

 

Escucho como el vietnamita pronunciaba su nombre. Observo a la serpiente para luego dirigir sus orbes oscuros como el abismo hasta donde se encontraba Laiwan quien unos segundos después le pidió que fuera hasta donde estaba. Asintió al escuchar las instrucciones y fue con su nueva amiga hasta donde el arcano le estaba esperando. Observo el sendero que este le señalaba. Observo a la serpiente y luego a el hombre quien era su maestro. ¿Cuántas veces había tenido que enfrentar peligros?, ¿Cuántas veces había tenido que luchar contra sus miedos y consigo mismo?, la verdad es que el hijo de la noche había perdido la cuenta.

 

-Partiré hacia donde me indica maestro –dijo el vampiro haciendo una ligera reverencia- vamos, creo que aun nos queda mucho tiempo juntos y muchas historias que se podrán contar –susurro intentando concentrares lo mas que podía para intentar canalizar aquel poder o más bien aquella habilidad.

 

Si el cainita tenía algo bien en claro, era que al menso aquella habilidad no podía forzarla, una cosa era aprender otro idioma, cada idioma, tenía sus reglas y el Parsel no era la excepción, sin embargo, era igual y a la vez muy diferente y debía aprender a entender aquel detalle. Si normalmente solía tener paciencia para algunas cosas, ahora debía tenerla mucho más. El vampiro comenzó a caminar por el sendero que se le había indicado, no sabía ¿Cuánto tardaría en llegar?, aun así, se tomo su tiempo para disfrutar del paisaje e intentar hablar un poco mas con la serpiente antes de enfrentarse a su destino, o al menos, a la prueba que le había dejado el hablante de Parsel.

 

-Debo confesar que es extraño tener compañía –dijo a la serpiente la cual seguía enroscada en su brazo- antes, cuando vivía en Grecia, solía tener mucha compañía, me acostumbre a ello, tanto así que confiaba en esas personas para ayudarme a sal de los problemas, ese fue mi error, contaba tanto con ellos que me paralice al final, algunas de mis acciones y decisiones hicieron que se fueran alejando o me odiaran, así que tuve que aceptar las consecuencias de mis actos, siempre fui reservado sabes? –confesó el Ragnarok- sin embargo, después de esos acontecimientos me volví mucho mas –suspiro- la última compañía que tuve fue en oclumancia, sol que allí no fue nada agradable, detesto, que intenten ver en mi mente sin permiso, tal como lo hizo mi hermana en navidades, por lo que no creo que cuente mucho que digamos –dijo el vampiro intentando mezclar siseo con palabras normales.

 

El Ragnarok no supo cuanto se había tardado o cuánto tiempo llevaba caminando, pero poco a poco el ambiente y el paisaje fueron cambiando. Se podía sentir mucha más humedad, los olores que penetraban por su nariz hacia sus pulmones inertes le hacían ver que estaban muy cerca del lugar. Unos cuantos pasos más y el pantano se vislumbro claramente. El vampiro con cada paso que se adentraba podía escuchar muchos más siseos y miradas serpentiles que lo vigilaban.

 

-Esss el sitio hemossssss sheeegado –le pareció entender en un extraño siseó.

 

Se sorprendió ante aquello. ¿En verdad había entendido a la serpiente que le acompañaba?

 

El cainita se sentó y espero a que algo sucediera. Intento observar el cielo a través del grueso ramaje que dejaba entrar muy poca luz. Había neblina. Era extraño pero ya había aprendido que cualquier cosa puede pasar y ya muy pocas cosas llegaban a sorprenderlo. Tras cada segundo la intensidad de la neblina se hizo un poco mayor a unos cuantos metros de donde se encontraba él. Observo cómo se iba formando una sombra. Esta caminaba lentamente como esperando sorprender a su presa, sol que el vampiro ya le había visto. Cuando observo a aq2uella mujer supo que nuevamente iba a tener que enfrentarse con ella.

 

-Vaya Ragnarok, no pensé que un cobarde como tu estuviera por aquí, no me digas que viniste a visitarme –dijo la chica con tono malvado.

 

El hijo de la noche le había conocido al menos 7 personalidades diferentes a aquella mujer, por lo que no sabía con que se iba a encontrar.

 

-Tu otra vez –dijo el cainita- en serio que no te cansas de torturarme la existencia? –pregunto el Ragnarok para ver como un segundo después aquella figura negaba con la cabeza.

 

-Y ¿Qué sentido tendría si te dejo en paz?, quiero tu cabeza, pero eso ya lo sabes, quiero verte sufrir y pedir piedad, pero eso ya lo sabes, así que mejor dejémonos de juegos y saltémonos el preámbulo –dijo en tono aun mas malévolo mientras sus ojos se iluminaban con intensa maldad.

 

El vampiro espero el ataque, las palabras de la mujer que intentarían herirlo, sin embargo, se equivoco, ella no le diría nada simplemente se lo mostraría.

 

Aquella mujer desapareció en la sombra y entonces el vampiro dio un paso hacia atrás. Se vio a él mismo tirado en el suelo, sentado, su espalda reposaba en el colchón de aquella cama de dosel blanco, Observaba la pared, no se movía. En sus ojos podía ver la soledad y la desesperación, el no saber qué hacer ante aquella situación, orando, pidiendo ayuda en silencio, una que llegaría demasiado tarde cuando el daño ya estaba hecho. Observo su fracaso, su peor miedo, que se repitieras la historia de su pasado. Herir a sus seres queridos, abandonarles, sentirse un inútil y que ya nada tenía sentido. El Ragnarok se mantuvo observando aquellas imágenes comenzando a sentirse mal, como si el decaimiento se apoderara de su persona, como si aquello fuera un dementor que estaba robándole la felicidad. Imagino a quienes había amado. Luego vinieron a su mente su nueva prometida y su pequeña hija. ,la misma historia, todo se estaba repitiendo.

 

-A que le temessss, vi las imagenesss, ese eras tú, tu pasado, creísssste que erasss fuerte y te disssste cuenta que erassss patético verdadssss? –pregunto la serpiente.

 

Aquello era algo que el vampiro no deseaba oír, sin embargo, guardo silencio, debía seguir las instrucciones de su maestro. Respiró, seguramente la serpiente podría sentir las vibraciones de su pulso y si corazón.

 

-Aprendissstesss la lecssssion verdad Ragnarokssss – la serpiente sacaba incansablemente su lengua mientras hablaba- erasss aun un neófito, aunque habíassss entrenado y ganado poderssss aun assssi sssucumbistesss a la desesssperassssion y te rendissste antessss de lucharssss, ¿Qué harasss ahora ssssi sssucede lo misssmo?, ¿volverasss a quedarte sssentado llorando como un niño ssshiquito?, debesss analizzzarlo todo, pro y contrasss de tus planessss y acciones, debesss lucharsss contar essse miedo, ssssi no, jamássss ssserassss libre, esssfuérzzzate mucho másss, debess vencersss

 

El vampiro intento entender todo aquello que le estaba diciendo la serpiente, era algo que poco a poco él hijo de la noche había ido descubriendo con el pasar del tiempo, aun así, no podía evitar sentir miedo y aprensión de que la historia se volviera a repetir, no había salvado a nadie, había equivocado sus `pasos y había faltado a su palabra, el mismo se había maldecido.

 

¿Estaba preparado?, la respuesta podría ser si, pro aun así, sentía que le faltaba algo mas, mas conocimientos, ya que, estaba seguro que si volvía a Grecia sus enemigos serian muchísimo más poderosos. Negó con la cabeza, el vampiro no estaría tan loco como para llevar a la Macnair y a su hija a ese lugar. Debía encontrar la forma de protegerlas a ambas.

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La bruja observó al arcano por unos momentos y entonces, dejó caer los párpados a la mitad

 

-Ya debería de acostumbrarme... todos los arcanos siempre estaís de mal humor, solo me ha tocado uno que se ha portado amable y abierto a la enseñanza... pero todos los demás siempre os mostraís agresivos con los que venimos a aprender... eso me hace preguntarme, porqué?... viene en su naturaleza o es solamente porque gustan de hacer sentir a los que venimos con ganas de aprender que realmente ni deberíamos de intentarlo?

 

Observó por unos momentos a aquella figura que parecía bastante molesta con ellas a pesar de que al menos la Snape no había gritado en ningún momento y hasta se había mostrado respetuosa acerca de ingresar en la tienda del arcano; y su sobrina había dejado escapar una exclamación de sorpresa al ver aparecer la cabeza de su joven basilisco que ahora observaba con algo de desconfianza al arcano y se arrebujaba un poco mejor bajo la capa de su dueña

 

Eso tampoco era un grito o al menos, no tenía en nada que ver el que la chica rubia se hubiese sorprendido y dejado salir una pequeña exclamación con lo que el otro mago mostraba, casi como si se hubieran puesto a encender petardos afuera de su tienda

Aunque como terminara de hacerla enfadar, muy probablemente eso iba a ser lo que haría la Snape sin importar cuantas culebras le arrojase encima; cuando alguien ya se mostraba hosco de principio para con ella y solo por que sí, respondía de la misma manera y a veces hasta el doble de dura. Era algo que ya había aprendido para con quienes siempre pensaban que podían mostrarse abusivos tan solo por ciertos poderes de magia...

Pero eso no significaría que dejaría la clase

-He venido porque quiero una mejor comunicación con mi querida amiga -respondió finalmente con calma mientras que introducía de nuevo la mano bajo su capa para comenzar a acariciar la cabeza de su basilisco que la sacó un poco, cerrando los ojillos con el gusto de sentir aquella caricia -nos llevamos bastante bien y podemos entendernos a nuestra manera pero estoy segura de que podemos mejorar nuestra comunicación... después de todo, no quiero que vuelva a hacer travesuras por ahí...

 

Dijo esta vez observando de reojo a la serpiente que movió la cabeza en otra dirección, sacando la lenguilla y a sabiendas de que le estaban propinando un pequeño recordatorio de su regaño por haberse querido escapar a las buenas por las tuberías del Ministerio

 

Parecía que nunca iba a olvidar aquel asunto

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¡La tía Hayame siempre había defendido a aquella cría de Basilisco, a pesar de todo lo sucedido en el Ministerio cuando se le escapó por las tuberías y fosilizó a varios elfos que se encontraron en su camino! Yo no entendía cómo podía querer a un animal así de peligroso. Pero, para mí, era un misterio que ambas tías, hermanas para más señas, amaran estar con bichos con tantísimas equis en sus registros. Tanto Sagitas como Hayame amaban aquellos bichitos.

 

- Pues prefiero que sea joven a que me petrifique con su mirada.

 

Me agarré los brazos, sintiendo un frío sólo de verle asomar entre el cuello y la capucha de mi tía. La dejé llamar de nuevo a la puerta, deseando que la abriera, escubullirme en el interior y esconderme detrás de una silla, si no había algo mejor que me protegiera.

 

- No siento nada. ¿Estará dentro? Golpea más fuerte, tiita. - Sin esperar que ella lo hiciera, golpeé con la palma de la mano, haciendo más ruido. - ¡¡Arcanoooooo!! ¿Nos deja pasar?

 

Una voz enfadada nos negó el paso por detrás de nosotras. Di un salto enorme, me giré al verle rodeado de ofidios y me tapé la boca para no chillar. ¡Había muchas y todas nos miraban siseando con la lengua fuera! No podía hablar del susto aunque, con el rapapolvo que nos echaba el Arcano, tampoco me hubiera atrevido. Asentí cuando dijo que si estábamos allá para aprender Parsel y negué cuando dijo que estaríamos allá largo tiempo si no demostrábamos respeto. Me quité las manos de la boca para contestarle, muy flojito, casi en susurros.

 

- Lo lamento mucho, Señor Arcano, no sabía que los gritos le molestaban a sus amigos... - Me temblaba la voz, sobre todo cuando la tía Hayame le contestó casi de forma grosera al llamarle malhumorado y agresivo. Intenté tirarle de la manga para que se callara pero allá estaba la cola del basilisco-mascota y preferí quedarme quieta.

 

Esperé a que la tía terminara de hablar. Intenté alejarme un paso para que supiera que la loca era ella, yo era una buena alumna y no iba a protestar. Pero las serpientes que acompañaban al Arcano campeaban en el suelo como si fuera su territorio, no me atreví a moverme por si las pisaba, por si me mordían, por si se enroscaban por mis piernas, por si me tomaban como un juguete, por si lo que fuera. ¿Por qué había venido a estudiar Parsel, con lo que las odiaba?

 

- Yo quiero aprender a comunicarme con el Basilisco del Circo. La tía Sagitas dice que es muy amable pero yo siento miedo cuando sisea. Así que me convencí que era bueno que supiera hablarle mientras esté con él en los rediles.

 

¿Habría metido la pata? ¿Sería aquel Arcano un defensor de la libertad total de los animales?

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Para Hades Ragnarok



Lawan no tenía forma de saber, al menos no en ese preciso momento, acerca de las desventuras de su alumno. Si luego lo juzgaba oportuno, podía visitar el pantano y conversar con las serpientes allí presentes para que estas le relatasen lo sucedido, pero la realidad era que el vampiro confiaba plenamente en sus compañeras y en que la serpiente que había acompañado al Ragnarok se encargaría de gestionar los desafíos adecuados para que su aprendiz adquiriese cada vez mayor fluencia y versatilidad con el pársel como lengua, así como también las habilidades necesarias para comprender las sutilezas de los ofidios como especie. Ambos elementos eran esenciales para dominar el pársel, y constituían pesos y contra-pesos de una balanza perfectamente equilibrada pero sumamente sensible a las desigualdades.


Llegaría un punto en que, habiendo enfrentado el obstáculo del pantano, su alumno emprendería la marcha de vuelta a su bungaló, probablemente en busca de su próxima tarea que lo pudiese un paso más cerca de la prueba de la habilidad. Lo que Hades no sabía, sin embargo, era que Lawan había entretejido todas las variables de antemano, de manera que éste estuviese entretenido, ocupado y (sobretodo) desafiado por un largo tiempo, hasta que finalmente llegase nuevamente a su morada. De hecho, el vampiro había sido tan meticuloso a la hora de ordenar los obstáculos que estaba seguro de que, si Hades lograba volver junto a él, estaría en condiciones de tomar la prueba frente al portal.


Pero aún faltaba para eso.


Justo en el momento que la serpiente terminaba de hablar con él, siseándole todas esas cosas que él no quería escuchar, otra serpiente se apareció frente a él y reptó por su cuerpo hasta llegar a su hombro. De color cobre y ojos amarillentos, permaneció quieta sobre el músculo deltoides del hombre mientras lo evaluaba cuidadosamente: había estado espiando todo lo ocurrido desde que llegó, y tenía órdenes explícitas de Lawan para servir de guía en caso de que lo considerase necesario.


Muy interesante.– le siseó esta, tras unos segundos – ¿Por qué te enfocas tanto en tu pasado? Deberías imitarnos a nosotros, las serpientes, y desprenderte de esas escamas viejas... hay tanto que podrías lograr, si de verdad te lo propones.


Posteriormente, la serpiente guardó silencio, y así lo haría hasta que su alumno emprendiese la vuelta hacia el Arcano. Sin embargo, a medio camino, las dos serpientes que ahora él portaba sobre su cuerpo le supondrían el próximo desafío: ¿cuándo era sensato confiar en las serpientes, y cuándo no? Ambas lo desafiarían de manera distinta, pero Lawan esperaba que su alumno fuese capaz de hacer la disquisición de cuál serpiente lo estaba llevando a la ruina, y cuál hacia la victoria.



Para Xell Vladimir Potter Black y Hayame Snape Potter Black



Por unos cuantos segundos, el vampiro fulminó con la mirada a la más irreverente de sus alumnas. Había circunstancias, pocas y contadas con los dedos de las manos, en la que ni toda su paciencia le era suficiente para querellar la ira que la falta de educación por parte de sus alumnos le generaba. En un intento por mantener la calma, y asegurarse de que sus próximas palabras salieran de la manera más calma y templada posible, cerró los ojos y contó de dos en dos un par de veces hasta que sintió el enojo ceder. No era la primera vez que tenía a un británico quejándose del predicamento de los Arcanos, pero si tan sólo ellos supiesen lo mucho que dejaban que desear... cuán ofuscados estaban por su arrogancia, y cuán mejores podrían ser si tan sólo se permitiesen ser más humildes, sin ceder en ser asertivos.


- ¿No se le ha ocurrido pensar, quizá, que si todos nos quejamos de usted quizá el problema sea usted y no nosotros? – dejó salir, finalmente, su voz llena de templanza y sin un rastro de las emociones que momentos atrás lo habían percudido. – Déjeme ser sumamente claro en esto, muchacha, a la próxima irreverencia de parte de usted tendré que pedirle que se vaya.


No se quedó a esperar una respuesta. No la necesitaba, no la quería, y tampoco le importaba. Tener un cargo como el que el ostentaba le permitía al menos la licencia de reservarse el derecho de admisión con sus alumnos, una de las pocas cosas contra las que Mahoutokoro no había opuesto resistencia. Con su dedo índice y medio, instó a ambas muchachas a acercarse a la mesa de trabajo, donde varios pescados yacían inertes sobre la mesa esperando a que alguien trabajase sobre ellos. Lawan le dedicó una breve mirada a su tercera alumna, quien parecía perdida e intimidada por la situación; tendría que ver qué le ocurría una vez dispusiese de las dos recién llegadas.


Los motivos referidos son válidos, independientemente de lo atroz que me resulte la idea de tener a un basilisco en un circo. – admitió Lawan. – Para empezar, trabajaremos la paciencia, algo de lo que evidentemente estáis en falta. Quiero que cada una de ustedes tome un pescado y, utilizando sólo el cuchillo, le quiten todas las espinas procurando no dañar el resto de los tejidos. Desde luego, el uso de sus varitas está terminantemente prohibido.


El vampiro le cedió el espacio que ocupaba frente a la mesa a una de las muchachas, de manera que ambas quedaron enfrentadas. Por unos segundos, permaneció en silencio mientras ellas empezaban a trabajar.


El pársel no es igual al resto de las lenguas, ni siquiera aquellas que utilizan los magos para hablar con otras especies. Verán, para que una lengua (cualquiera sea esta) exista como tal, son necesarios dos componentes: por un lado precisamos de las palabras y los significados que estos acarrean, pero también es fundamental conocer con quién nos estamos comunicando. Si todo sale bien, de mí aprenderán no sólo la fonética y lingüística de este idioma, sino también a entender y respetar a las serpientes como individuo, y sobre todo, como comunidad. Verán, las serpientes son seres por demás oportunistas, sin importar cuán fieles crean que les son a ustedes... su instinto más primitivo es la auto-preservación, por lo que es menester entender esto para luego analizar las vicisitudes del lenguaje.


Lawan hizo una pausa, y vio que ambas muchachas se habían quedado mirándole, interrumpiendo su labor.


Prosigan – instruyó – no habrá necesidad de hablar.


Lo que las muchachas no sabían, es que momentos más tarde Lawan conjuraría una imitación casi perfecta de un gallo. Éste cantaría, y si bien su canto no resultaría letal para el Basilisco que una de ellas había traído, sí que lo alborotaría. Estaba interesado en observar cómo se las apañaban para menguar la exasperación del rey de las serpientes en estadios tan tempranos de su instrucción.

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  • 1 mes más tarde...

Su figura se materializó de la nada misma a pocos cientos de metros del bungaló donde el Arcano de Pársel vivía. Sus ojos captaron la figura del pequeño habitáculo con rapidez, y esperó unos segundos hasta recuperar el equilibrio para emprender la marcha hacia destino. Su andar era resolutivo: por primera vez en mucho tiempo, estaba seguro de que debía estar allí. Luego de su desastrosa experiencia en el tártaro que por mera intercesión del Portal había logrado neutralizar (más no volver a su estado original), Nathan había probado suerte con la videncia con la convicción de que en ella encontraría el sustento en el cual apoyarse para seguir adelante. Y si bien no podía decir que su experiencia con el Tercer Ojo había sido del todo desagradable, ciertamente no había encontrado en él lo que estaba buscando.

 

La verdad era que la vacuidad de su alma era un estado en el que no disfrutaba vivir. Semanas atrás, previo a cederle una mitad al espíritu del Infierno y de regalar la mitad restante a cambio de empezar desde cero, había vivido predominantemente en desazón y desidia por los recientes acontecimientos más la convicción que sentía hacia sus ideales de alguna manera lograba mantenerlo a flote. Ahora, todas aquellas cosas no eran más que un recuerdo, y el Weasley aún luchaba por reconstruir hasta las más básicas proporciones de su identidad en un proceso cuyos detalles no podía siquiera comenzar a concebir. ¿Cómo era que los niños llenaban los espacios de sus almas? Esa era la pregunta que flotaba en su mente, puesto que efectivamente ya lo había hecho dos décadas atrás y ahora, por alguna razón, era incapaz de hacerlo.

 

También le era muy difícil describir lo que sentía. Tan difícil de poner en palabras, de hecho, que aún no le había contado a nadie lo sucedido en el inframundo. En parte sentía vergüenza por la sucesión de los hechos junto al río de Caronte, pero mayormente porque tenía miedo de que sus amigos se alejaran de él al ver lo increíblemente volátil de su temperamento y carácter. Por consiguiente, había tenido que esforzarse por mantener una conducta normal, lo cual se sentía más como estar constantemente interpretando un personaje con el cual a duras penas había tenido tiempo de familiarizarse.

 

Y, sin embargo, no podía precisar por qué esperaba que aprender Pársel fuera una experiencia distinta. Al final del día, las habilidades eran para él un camino de ampliar sus horizontes del conocimiento, algo hacia lo cual sentía creciente fervor conforme pasaban los años, y de hecho varias de las habilidades que había tomado hasta ahora le dieron no sólo lecciones académicas sino también enseñanzas de vida. Al final, se había contentado con la ilusa esperanza de que aprender el lenguaje de las serpientes le daría la perspectiva de dichas criaturas que eran reconocidas por, de tanto en tanto, deshacerse de sus escamas y comenzar desde cero. Oportunamente, le enseñarían a él a hacer lo mismo también.

 

Resignado, y ciertamente esperando un milagro, tocó la puerta del bungaló del Arcano justo en el momento en que el sol rozaba el horizonte listo para despedirse hasta el próximo día.

Editado por Nathan A. Weasley
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El sol finalizaba su travesía diaria para el momento en que alguien golpeó la puerta de lúgubre bungaló, osando a interrumpir el silencio del cual disfrutaban no solo el vietnamita sino sus co-habitantes de múltiples continentes. El sonido fue tan disruptivo que varias de ellas sisearon amenazadoramente a modo de queja, y el bicentenario Arcano hizo eco de las mismas en una propia recolección de palabrotas que no tenía demasiado problema quien quiera estuviese del otro lado escuchase. Sus rodillas gruñeron en cuanto puso el peso de su cuerpo sobre ellas, y a paso lento caminó hasta la puerta a la par que sus pies descalzos abrazaban la tierra debajo de ellos.

 

Ah, sí, me dijeron que uno más vendría. – comentó el Arcano al abrir la puerta de su bungaló, detrás de la cual se encontraba un joven castaño de unos treinta años – Pero no imaginé que lo haría a estas horas. – agregó, sin tapujos, y se mantuvo en el umbral de la puerta meditando qué hacer con el muchacho. Por un lado, ansiaba retornar al silencio en el que había estado sumido momentos atrás, pero había algo en la parsimonia y el semblante de quien estaba frente a él que lo instaba a hacerlo pasar.

 

Al abrir la puerta, el ruido del río que rodeaba su vivienda se había colado dentro de su vivienda, y unas cuantas serpientes habían emprendido la marcha hacia las aguas de aquel cuerpo artificial. Un corto siseo, que no duró más que una sílaba en el dialecto que utilizaba para comunicarse con el joven, bastó para que una gruesa Oxyuranos trepase en torno a sus ropajes para finalmente posarse en su hombro izquierdo. La serpiente, una de las tantas confidentes del vampiro, le susurró unas palabras al oído y, controvertidas y entrañables como fueran las opiniones de ésta, el Arcano hizo caso de las mismas para finalmente caminar frente a su nuevo pupilo y dirigirse hacia dos bancos de madera que yacían junto al río.

 

Sígame, por favor, señor... – instó Lawan, inquiriéndole sus apellidos, dado que éste todavía no había prestado formalidades.

 

En un par de zancadas, sorprendentemente gráciles para su edad, llegaron a las banquetas y el viejo hombre tomó asiento sintiendo sus rodillas crujir nuevamente. Con un gesto, instruyó al muchacho a hacer lo mismo frente a él.

 

Mis serpientes me han convencido de dejarlo tomar la clase esta noche. No me han dicho qué, pero ellas sensan algo en usted que les es interesante.... ¿tiene alguna idea de qué puede ser? – inquirió, y se recostó sobre el respaldo de la banqueta, examinando a su alumno con la mirada.

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Weasley. – respondió, ante la pregunta del Arcano. – Nathan Weasley. – clarificó, segundos después.

 

Siguió al Arcano, unos pasos detrás de él, hacia el río que corría a unos cuantos metros de su bungaló. No se había percatado de ello, pero había dos bancos de manera a apenas medio metro del agua, y parecía ser allí a donde se dirigían. El Arcano, que hasta donde sabía se llamaba Lawan, era una persona de mediana edad que se movía aún con suma gracia por lo que bastaron unos momentos para llegar allí y Nathan aguardó hasta que él se lo indicase para tomar asiento frente a su docente.

 

Nathan miró a la serpiente que aún reposaba sobre el hombro del Arcano. Sus escamas negras reflejaban la luz intensamente, tanto que hasta lo distraían de mirarla a sus ojos, que por su parte lo evaluaban cuidadosamente. No era la primera vez que había escuchado acerca de lo peculiares que eran las serpientes en el Mundo Mágico: ciertamente tenían una notable asociación histórica para con las Artes Oscuras, pero aún a pesar de ello muchos libros de magizoología las describían como criaturas por demás perspicaces y observadoras, conversadas además para todo aquel que supiese escucharlas e interpretar su lenguaje. De hecho, era eso mismo lo que lo había llevado en parte a tomar Pársel como habilidad: de poder comunicarse con las serpientes idéntico a como él ya hablaba otros idiomas, tendría acceso a un nuevo mazo de conversaciones que podrían llegar a abrirle los ojos.

 

Y, sin embargo, nunca se había esperado que aquella perspicacia pudiese ver tan introspectivamente dentro de él: ¿acaso 'eso' a lo que hacían referencia era el hecho de que vivía sin alma? No podía imaginarse como ello fuese posible, pues era su secreto mejor guardado estos días, pero la magia muchas veces ponía de manifiesto las cosas en formas impensadas y no era muy difícil convencerse de que ésta sería una más del montón.

 

Creo que sí. – admitió; después de todo... ¿qué alternativa tenía más que decir la verdad? Guardársela ciertamente no lo había ayudado en lo más mínimo. – Verá, señor, es que.. mi alma está vacía. – el Weasley era consciente del peso y significancia de sus palabras, por lo que se apresuró a comentar. – Hace unas semanas viajé al Tártaro bajo la orden de Báleyr y tuve que regalar un pedazo de mi alma a un espíritu a cambio de la vida de mi amiga. A consecuencia de ello, la mitad restante quedó sumamente inestable, razón por la cual decidí regalársela al portal de la Gran Pirámide y empezar desde cero... borrón y cuenta nueva.

 

Se quedó en silencio, más no despegó los ojos del rostro del Arcano, deseoso de encontrar en ellos cualquier otra cosa que no fuese repudio.

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Lawan procuró mantener la calma incluso cuando la historia de su pupilo se volvía más y más desesperante con cada palabra. A lo largo de toda su vida, en múltiples instancias se había visto tentado de practicar las Artes Oscuras para adentrarse en travesías no muy distintas a las que le estaban describiendo, y sin embargo bajo ningún punto de vista podía concebir y justificar la irresponsabilidad del Arcano de Nigromancia al encomendarle tal cosa en los estadios más tempranos de su entrenamiento como Nigromante. A decir verdad, Báleyr había tenido suerte de que el muchacho había tenido éxito – a pesar de las consecuencias que había pagado por él – o las autoridades de Mahoutokoro lo hubieran quemado vivo.

 

Al final de su recolección, suspiró en desaprobación ante las prácticas de su colega, pero no se privó de arquear las cejas en una suerte de admiración que poco tenía de noble y, en cambio, pecaba de basarse en lástima. Desde su punto de vista, el precio que su alumno había pagado era excesivo, puesto que por más que la Nigromancia y los edredones de las almas no fuesen su especialidad, no bastaba ser un experto para saber que todo aquello tendría consecuencias irreversibles. El vampiro miró a la serpiente que aún reposaba sobre su hombro, la cual le siseó una segunda instrucción para finalmente desmontarse del torso del viejo Arcano y perderse en el suelo, rumbo al pantano que se encontraba a unos cien metros del bungaló.

 

Mis condolencias, muchacho. Nuestra alma, innegablemente, define nuestra esencia y viceversa. Sólo puedo imaginar lo desconcertante que debe ser para usted, vivir así. – comentó, cruzando sus piernas a la vez que rebuscaba en el bolsillo de su túnica a por su varita. Una parte de él sentía curiosidad por preguntarle cómo se sentía ser un desalmado, en el sentido más literal de la palabra, pero las instrucciones de su Oxyuranos habían sido claras. Una sencilla floritura con su varita bastó para que un largo trozo de pergamino apareciese en la falda del Weasley. – Este papel contiene los fonemas más comúnmente utilizados en la lengua de las serpientes que, extraordinaria y particular como es, comparte con el resto de las lenguas esta tediosa tarea como primer obstáculo para el aprendiz. Debe manejarlos a la perfección si quiere que la serpientes le entiendan, y viceversa.

 

Lawan se puso de pie, e inmediatamente hizo un gesto con su mano hacia su alumno, que se dispuso a imitarlo.

 

Apréndelos. Toma cuanto tiempo necesites, pero hazlo rápido, te están esperando. – dicho esto, hizo un gesto con su cabeza hacia el sendero que se abría detrás del río y se perdía entre los árboles hacia el pantano. Sin mediar otra palabra, caminó en dirección a su bungaló y cerró la puerta detrás de sí, su serpiente se encargaría del resto.

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Mucho después de que el Arcano desapareciese dentro de su bungaló, Nathan se encontró a sí mismo reflexionando sobre sus palabras más que aprendiendo los fonemas del lenguaje de las serpientes. Si su alma definía su esencia y su esencia definía su alma, entonces a él le faltaba una y la otra estaba vacía por default. ¿Qué esperanza podía tener de volver a darle significado a ambas, si ni siquiera tenía idea de cómo hacerlo? En un arrebato de imprudencia, había querido a preguntarle al Arcano qué haría él en su predicamento, pero una pizca de auto-contención lo había salvado a último momento. Ahora, no tenía más que hacer que cumplir con la tarea que tenía delante.

 

Miró la hoja que el Arcano le había entregado, repitiendo uno por uno los sonidos de la lengua Pársel, hábilmente reconociendo el lenguaje fonético gracias a la clase de idiomas que había tomado en la Universidad Mágica. El cielo había perdido toda su claridad para cuando terminó, frustrado por el tiempo que le tomaron ciertos sonidos, sobretodo a la hora de combinar lo que serían cinco o seis consonantes seguidas en su alfabeto nativo. Llevado hasta el hartazgo, guardó el pergamino en su bolsillo para futura referencia, y se aventuró por el sendero que Lawan le había indicado. Siendo que la luna aún no se había aparecido, estaba tan a oscuras que a duras penas podía ver donde pisaba, y no le quedó opción más que sacar su varita y conjurar un encantamiento iluminador para guiarlo en su camino.

 

Progresivamente, el césped dio lugar a vegetación cada vez más frondosa y el aire, antes seco y fácil de respirar, se tornó húmedo y denso. Sus pulmones rechistaron ante la falta de oxígeno hasta acostumbrarse, mientras que su piel ya perlada de sudor se acoplaba incómodamente a sus ropas. La tierra bajo sus pies dio paso a el barro, mientras que cientos de chicharras marcaron soberanía sobre el silencio ahora inexistente. La luz que proyectaba su varita se veía ahora acompañada del brillo de luciérnagas que revoloteaban a su alrededor mientras se adentraba en el pantano. Lawan había dicho que alguien o algo lo estaba esperando aquí, más no le había dado otra instrucción respecto a que tenía que hacer.

 

Súbitamente, el ruido de las chicharras cesó por completo. Tan repentino fue el cambio, de hecho, que Nathan estaba seguro que no podía ser coincidencia con su propósito allí. En efecto, al dar unos pasos hacia atrás, el ruido volvió, más desapareció nuevamente al caminar hacia adelante. Arqueó las cejas en sorpresa, examinando el silencio, buscando una pista de cómo proseguir. Sin mayores resultados, prosiguió caminando hacia adelante, hasta que escuchó un siseo a su izquierda que lo hubiera hecho saltar del susto de no haberlo estado esperando.

 

Para su asombro, el mensaje contenido en el siseo fue extremadamente claro. Media hora atrás, cuando aún revisaba y memorizaba fonemas, imaginaba que aprender Pársel le sería en extremo engorroso, y sin embargo se encontró a sí mismo descifrando perfectamente el mensaje, o al menos eso creía. Si había entendido bien, la serpiente (o lo que fuera le había siseado) le había instruido a quedarse quieto y no oponer resistencia. Inseguro, más curioso, obedeció y no movió un músculo en cuanto sintió escamas contornearse alrededor de su pierna derecha y espiralar ascendentemente hacia su torso. La sensación de aquella extraña piel contra la suya era incómoda, más logró contener el impulso de sacárselo de encima hasta que, finalmente, la serpiente salió debajo de sus ropas y se posó en su hombro derecho.

 

Mírame. – le siseó a continuación la serpiente.

 

Nathan alzó su varita lo suficiente como para apreciarla y obedeció. Era la misma serpiente que Lawan había tenido sobre su hombro más temprano aquella noche. Los pequeños y amarillentos ojos de la criatura lo contemplaron de una manera que lo incomodaba, y sin embargo no se atrevió a romper la mirada, manteniendo sus ojos sobre los de la serpiente, esperando que ésta le dijese algo.

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