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Libro del Equilibrio


Hades Ragnarok
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Los orbes oscuros del vampiro observaban la vegetación. Había paz y tranquilidad, solo se podía escuchar el sonido de aquella caída de agua a unos cuantos metros de donde se encontraba. Podía sentir un poco la humedad de aquella selva. El vital gas para los humanos, criaturas y plantas era realmente limpio. Sin embargo, él no necesitaba respirarlo ya que al ser vampiro podría vivir sin que pasara por sus pulmones, aun así, solía guiarse por los olores en el momento de la cacería.

-“Deja lo que estás haciendo. Siéntate. Reposa. Endereza tu columna. Relaja tus ojos. Mira el horizonte, sin enfocar nada en particular. Barre el infinito con la mirada apacible. Eres parte del universo, hijo del cielo, de la tierra y del tiempo. Hermano del sol y de la luna. Tu vida tiene que ver con todo lo que ves. Eres parte de ello. Tienes todo para ser feliz así es que no busques nada mas allá de ti… agradece al altísimo todo lo que has vivido, todo lo que eres. Conéctate con tu corazón, siente tus latidos. Respira, escucha. Elévate y respira nuevamente… tu sonrisa iluminará el camino” –pensó el cainita recordando aquel oráculo del guerrero que le había sido confiado.

Sentado en aquella piedra estaba en calma consigo mismo, una sensación que tenía mucho que no sentía. Cerró los ojos y dejo su mente vagar, dirigirse a algún lugar muy lejos de aquel sitio. Por su mente algunas imágenes comenzaron a presentarse, tal como si de una película se tratara. Dibujo una mueca de sonrisa imaginando algunas cosas y planeando otras.

El sonido de unos pasos casi tan sutiles como los de un fantasma llegaron a sus oídos vampíricos. La paz se había acabado, recordó que había citado allí a Lisa para hablar sobre la clase que debían dar, ellos eran los encargados por los Uzzas de impartir los conocimientos del Libro del Equilibrio a los que fueran capaces de entenderlo.

-Espero que no te haya sido muy difícil llegar a este lugar –dijo el vampiro volteándose y mostrándole una sonrisa a la Weasley Delacour- igual los chicos podrían seguir el mismo camino de ser necesario –comentó el Ragnarok.

La última vez que ambos habían hablado había sido cuando dieron Duelo Avanzado, ni siquiera cuando estaban entrenándose con los Uzzas se habían encontrado, hasta que nuevamente tuvieron que toparse tanto en el Libro del Equilibrio como en el Libro de la Sangre, claro estaba, ella había sido al profesora de aquel misterioso libro, solo que en todo el curso no se habían dirigido la palabra, él solo había seguido ordenes, algo que realmente le molestaba.

-me agrada la idea de que vengan a este sitio lejano para entender los misteriosos secretos del libro del Equilibrio –comentó observando los ojos de la mujer- aquí no creo que encontremos muchos problemas, hay de todo un poco, si son lo suficientemente inteligentes podrán vivir –rio divertido- pero ¿qué te parece a ti? –pregunto.


ALUMNOS


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@@Mei Black Delacour
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@@Zack Ivashkov

Editado por Hades Ragnarok

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Mis verdes pupilas conectaron al instante con sus dos luceros azules llenos de vitalidad. Trasgu, mi bello hipogrifo, me regalo una reverencia en señal de lealtad y respeto. El orgullo de aquellas criaturas, a pesar de conocerlas bien, me seguía sorprendiendo. Lo acaricie con verdadero cariño. El animal bajo su poderosa cabeza, hasta que esta entro en contacto con mi cuerpo. Adoraba como un ser tan poderoso podía regalar muestras tan puras de cariño.


Sentí su necesidad de volar, tan fuerte en mi corazón como si fuese mi propia esencia la que necesitase ese atisbo de libertad. Le concedí el capricho, a fin de cuenta él seria mi transporte para llegar al lugar indicado, aquel en donde llevaríamos a cabo la clase del libro diez de los Uzzas. Los guerreros del desierto estaban contentos con mi forma de actuar frente a los dones que nos regalaban, aun así, necesitaban una ultima prueba de valor por mi parte. El reto tan solo acababa de empezar.


La bestia, de un tamaño considerable y negra como la mas oscura noche, se giro, indicándome que me consentía el volar sobre su grupa. Salte al segundo y me acomode sobre su cálido pelaje. La conexión que poseía con él era tan extrema que podía ver lo que sus ojos hacían. Era una sensación indescriptible. Un poder que Gaia me había transmitido cuando y por fin pude escucharla con total claridad. Sonreí. Atravesar el cielo me fascinaba.


Trasgu levanto el vuelo, aleteando con fuerza. Unas cuantas horas de viaje y haría acto de presencia en una de las selvas mas pobladas y húmedas de todo el mundo. ¿El porque de enseñar los conocimientos en un paraje tan complicado y peligroso? Pues la explicación era sencilla y lógica. El libro del equilibrio se valía de la madre naturaleza para crear sus conjuros, tenia un nexo con Gea muy alto, por ende, era mejor estar en sintonia con la tierra y cerca de esta. Había sido unánime la decisión.


El atardecer ya había caído cuando nosotros tocamos tierra. El lugar era inmensamente bonito, cargado de energía, la cual solo podía ser usada por aquellos afines al llamado de la diosa. Un claro rodeado por grandes palmeras de anchos troncos me dio la bienvenida. Tome una bocanada de aire, aunque no lo necesitaba para vivir. El río se escuchaba a lo lejos, dándole ese toque de armonía que tanto eche en falta en las anteriores lecciones. La sensación de estar en casa me embargo.


Agradecí el esfuerzo a mi amigo y luego, tras comprobar que estaba bien, me encamine al punto de encuentro. Hades ya se encontraba allí. Lo salude con una inclinación de cabeza. La paz que el entorno transmitía eliminaba cualquier atisbo de desconfianza que tuviese acerca del vampiro. El Ragnarok no me disgustaba, es mas, en general lo toleraba, puesto que era el padrino de mi sobrina y ello conlleva una responsabilidad y fidelidad amplias hacia el apellido Delacour.


- He tenido ayuda de alguien muy especial – Comente cuando cuestiono sobre mi forma de llegar – Los alumnos han recibido un traslador con la hora y fecha del inicio, aparecerán como a unos cinco kilómetros de aquí. Su primera prueba sera encontrarnos – Sonreí ante su clara diversión por hacerlo pasar mal a los pupilos – Esta vez, espero, lo controlaremos mejor. Son pocos y la misión es sencilla, al menos, por el momento – Y era cierto. Aunque tenia la certeza de que los nómadas de Egipto tenían un as en la manga.

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“Hades Ragnarok Y Lisa Weasley Delacour”


—¡Qué desgracia volver a verla! — Escupió con rabia refiriéndose a la fémina, la última en firmar el papel que tenía en su mano y que luego pasó a ser una bola arrugada que dejó caer al suelo. En el sobre que vino dicha nota también les dejaron una hoja, al menos el de Zack la contenía. Ésta sería el traslador que los llevaría al destino donde pondrían en práctica los hechizos del libro del equilibrio. Ya él la había dejado sobre su cama, a la espera de que se activara mientras se alistaba para su viaje.


Tratando de hacerse una idea con el traslador, reparó en que la clase seguro sería en algún lugar abierto, al aire libre. Tomando en cuenta eso debería irse lo más cómodo posible, por lo que se acercó a su armario buscando entre tantas prendas el atuendo ideal. Tras varios minutos terminó cubriendo su desnudez con unos pantalones holgados de tela suave pero resistente. A su torso lo abrazó una simple remera gris que se ajustaba perfectamente a los músculos de su brazo, resaltando sus bíceps tanto como sus pectorales. Y finalmente unas botas completaron la vestimenta.


Esperando contrastar con la ambientación del “aula de clases” decidió que estaba listo su aspecto, ahora debía encargarse de lo que necesitaría. Gracias a los bolsillos de su pantalón pudo guardar en ellos un pequeño frasco, el contenedor de las semillas de hielo. Adicional, un envase cuyos pétalos de pensamiento resaltaban gracias a la transparencia, junto a un colgante llamado “amuleto de la resurrección” según las páginas del libro. Eso, dejando de lado el llamativo anillo en su dedo anular de la diestra. Con toda la artillería correspondiente, estaba listo para partir.


Dirigió una mirada hacia la hoja verde, resaltando entre las blancas telas de la cama ahora con un brillo del mismo color pero diferente tono. Eso le dio a entender que el traslador estaba activado, por lo que rápidamente lo tocó dejándose absorber por una especie de portal.


—¡Vaya! — Dijo apenas sus zapatos tocaron tierra firme. Estuvo esperando que los profesores les dejaran transporte directo al escenario del adiestramiento, no que los lanzaran a mitad de una selva desconocida en plena oscuridad de la noche. Inhaló, no permitiría que la situación lo hiciera enojar. En ese momento los olores de la flora presente invadieron sus fauces, mezclados con el aroma natural que él mismo expedía; ese que delataba su presencia en cualquier lugar.


Dejó escapar el aire abriendo ligeramente sus labios y se echó a andar. Pisó unas cuantas ramas en el piso y apartó otras del camino. Gracias a la buena visibilidad que tenía por ser un vampiro no necesitó invocar la lucesita en su varita, pero sí sacó esta última preparado para protegerse de cualquier criatura que obstaculizara su camino, pues los sonidos de las diferentes especies que ahí debían haber ya lo tenían bastante pensativo.


Tras varios minutos caminando, acabó por detenerse justo sobre una especie de cilindro elástico, que de inmediato le propinó una mordida tan fuerte que lo hizo inclinarse y apartarse a un costado para apoyarse en el tronco de un árbol. Llevó una mano a la zona tras apartar la tela de su pantalón, en la cual quedaron los hoyitos de la serpiente que lo mordió. La victimaria se quedó en su posición amenazando con atacarlo una vez más. Y aunque para entonces los separaban dos metros, él sabía que podía acortar la distancia en un parpadeo.


—¡Vípera Evanesca! — Dijo con precisión tras invocar su varita mágica en la diestra. Un aro de fuego envolvió a la serpiente y comenzó a atravesarla desde la cabeza hasta la cola, desapareciéndola en el acto. El sonido que produjo antes de desvanecerse fue tan molesto que quedó rechinando en los sensibles oídos del inmortal. Una vez se deshizo del animal, enfocó la mirada en donde debía tener la herida. Pero en lugar de eso una sensación de cosquilleo invadió la zona dejando su piel en perfectas condiciones. Esto, al mismo tiempo que el único anillo que portaba comenzaba a destellar.


—Perfecto — Murmuró recargándose. Ni siquiera había empezado la clase y ya había probado la utilidad del anillo que trajo consigo. Pensando en el pequeño percance con la criatura ponzoñosa y sin ganas de volver a encontrarse otra de estas o una peor, comenzó a correr gracias a la velocidad que su raza le permitía esquivando troncos y arbustos en el camino, hasta llegar al claro donde Lisa y Hades lo esperaban.


A penas el dúo de profesores lo vio, éste saludó con un asentimiento. No creyó que fuera necesario presentarse, pues uno era su colega en el bando y la otra su antigua compañera profesora. Ahora le tocaba a él estar en calidad de alumno, lo cual le permitiría ver las clases desde otra perspectiva, en cierta forma eso lo hacía interesarse más por cualquier actividad que tuvieran pensada para ellos.


—Bonito lugar. Fue fácil llegar — Mintió. No necesitó evidenciar más el sarcasmo. Si bien no se mostraba agitado por correr una gran distancia, ellos sabrían que tuvo que recorrer un largo trecho para llegar ahí.

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La carta llegó duplicada a su habitación en el castillo Ivashkov aquella mañana, junto a un único traslador. Cómo sabían los directores de la universidad que estaban en el mismo lugar era un misterio, si no se iban a la lógica explicación de que tenían meses sin separarse un minuto, pero a ninguna de las dos las tomó por sorpresa. Adentro estaban las indicaciones que habían estado esperando desde hacía una semana, más o menos, para el encuentro que debían llevar a cabo y cursar la clase de su nueva adquisición. El par de libros del Equilibrio seguían puestos en el escritorio, no habían sido tocados desde que fueron adquiridos.

 

—A veces me pregunto qué clase de karma estaré pagando yo con esta mujer —bufó exasperada, arrugando la carta y arrojándola a algún lugar tras su cabeza. Posó los ojos al frente, en el espejo, y miró a Tauro por el reflejo junto al propio—. Weasley de nuevo, ¿sabes lo que significa? Que si no la maté antes la mataré ahora, se las tengo contadas.

 

Era demasiado temprano todavía para sus constantes amenazas de muerte pero, como siempre, su prometida parecía bastante divertida por aquello y no hizo más que rodar los ojos. Quizás porque esperaba que fuera cierto, ya que no conocía nadie aún que le tuviera aprecio a Lisa, o quizás porque estando en pijama se veía tan letal como un infante con una espada de hule. Ella también rodó los ojos, esta vez con una expresión completamente diferente en el rostro y la sonrisa se extendió en la mueca de desagrado que había tenido hasta el momento; ella siempre provocaba lo mismo, aplacaba su carácter con una simple mirada, aún sin decir nada.

 

Y aunque tenía ganas de ir por ella y demostrarle lo mucho que la amaba, por más que ella lo supiera, su sentido de la puntualidad empezó a titilar dentro de su cabeza y la arrastró al baño mientras se deshacía de la ropa. A diferencia de las actividades cotidianas, como las clases comunes de conocimientos, las magias guerreras representaban algo mucho más serio y poderoso en su lista de prioridades. Todo lo que conllevara un incremento de sus habilidades era su meta y estaba segura de que la Crouchs pensaba de la misma forma. Diez minutos después, salió a su encuentro envuelta en una toalla y una voluta de vapor que el agua caliente había dejado detrás.

 

—Por lo que pone en la carta, sugeriría que no pongas mucho empeño en la ropa de hoy. Creo que tienen la intención de hacernos podar el césped o algo peor.

 

Le dio un beso y pasó a su lado, dejando un pequeño camino de agua hasta el armario. Una vez allí, siguió su propio consejo y se olvidó de sus típicas y costosas túnicas de gala, haciéndose con un short, unas botas para escalar y una suelta camisa de lino tan blanca que brillaba sin necesidad de estar a la luz. Ató su cabello en un alto moño tras su cabeza y se sentó a esperar a la mujer que, como su fiel acompañante, sería su compañera de clase. Ella misma se sorprendió al ser quien esperaba, solía tardar la vida entera, pero Tauro demostró ser mucho más hábil que ella a la hora de hacer las cosas precisas y veloces.

 

 

—Ten cuidado aquí, no se ve firme.

 

Después de tocar el traslador a la par, las dos habían aparecido en un lugar que no parecía ni en lo más mínimo el lugar de encuentro y se habían visto en la penosa tarea de empezar a caminar, buscando a sus profesores en un juego que, de tener escaleras, parecería al típico juego muggle donde las serpientes eran las que ayudaban. Negada a andar por la vida matándolas o haciendo el intento de que sus siseos significaran algo para ellas, puesto que aún no terminaba de pasar la clase de Parsel, decidió enarbolar la varita, que estaba pegada al libro que colgaba en su espalda en una curiosa pero dinámica mochila y hacer algo por ella y la Líder Mortífaga.

 

Detritus.

 

La cama gaseosa esa vez fue incolora y no azul, como solía invocarla, todo para que los ojos indiscretos no notaran que eran mortífagas. Tendió su mano para ayudarla a subir por la cuesta que habían elegido, procurando sostenerse bien a la roca que tenía detrás y aplicó sus fuerzas para impulsarla hacia arriba.

 

—A veces me hacen odiarlos y eso ya es decir mucho... —secó su frente, perlada apenas por el sudor, y sintió la fría superficie de los anillos contra la piel—. Amor, tengo una idea.

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— Sí, lo mismo pensé —respondió antes de dejar que su novia terminara de hablar, pensando que quizás había alguien más allí que hubiese llegado antes que ellas. Imitando los movimientos de su novia, Tauro giró la piedra de su anillo de escucha hacia arriba, dejando que los tenues rayos de sol que se filtraban lo iluminaran, pudiendo ser también detectadas por quién se encontrara cerca y tuviera curiosidad por la proveniencia de aquel brillo. Bastó con que se concentraran tan sólo un poco para escuchar al mismo tiempo las palabras del Ivashkov.

—¡Vípera Evanesca!

Lo curioso es que se encontraban cerca, por algún extraño motivo se habían aparecido no más de 9 metros de Zack y por lo que podían deducir el Ángel Caído estaba teniendo dificultades con algunas serpientitas que se había cruzado por el camino. Al no escuchar nada más que llamara su atención, Tauro supuso que se encontraba bien y sin voltear para decirle nada a Leah, la llevó consigo en dirección al Mago, creyendo que posiblemente él debía conocer mejor la ubicación y les ahorraría el trabajo de tener que explorar los alrededores, evitando los peligros que se encontraran gracias al Detritus que las cubría; lo único bueno de estar rodeadas de toda esa maleza era que antes del minúsculo brillo del anillo, se habían asegurado de estar completamente solas.

 

Cuando se hallaban a escasos 5 metros del Ivashkov notaron que este había empezado a correr, por lo que para no perderle el rastro ellas tuvieron que hacer lo mismo, no pudiendo sobrepasar su velocidad de vampiro, pero sí siguiéndole el ritmo sin demasiada dificultad gracias a que su raza demoniaca también se los permitía, apenas derramando unas cuantas gotas de sudor. Para cuando por fin se detuvo la distancia se había reducido a 4 metros y volvieron a caminar.

 

— Debo admitirlo, este lugar me gusta mucho más que los otros dos. ¿Crees que lo arruinen? —preguntó sin mucho ánimo a la Atkins, girándose para darle un último beso antes de encontrarse por fin con los profesores — No me molestaría que intentes matarla, pero me temo que con estos nuevos poderes no va a ser muy fácil —dijo agitando el libro en su mano, volviéndoselo a guardar —Allí están —y minutos después, la pareja se terminó por unir al dúo de profesores y a Zack.

 

— Sin Valkirias, sin lugares desérticos, sin el sol amenazando con incinerarnos, hasta ahora me agrada —comentó abiertamente.

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Como casi todas las noches, su sueño era inquietante, realmente extraño, pero un poco diferente a lo habitual. Por lo general, habían algunos detalles que casi siempre se repetían noche tras noche una vez que lograba caer en los brazos de Morfeo, pero en aquella ocasión no había ninguno de ellos. Se podía decir que era como un sueño tranquilo con el cual podía realmente descansar.

 

Una voz familiar cerca de su oído la despertó, aunque a duras penas logró centrarse en dónde estaba y qué hora del día era, además de lograr reconocer a quien estaba despertándola.

 

Nena, levanta o te dejo en cama de verdad.

 

¿Eso es una amenaza con contrastes buenos o malos? – logró decir con voz patosa mientras ocultaba su rostro en la almohada.

 

Depende de cómo te portes y si te levantas.

 

No es que fuese la mejor invitación del mundo, más bien, no la animaba en lo absoluto a levantarse, por lo que prefirió hacer de cuenta como si nada hubiese pasado y se acomodó para dormir un buen rato más.

 

¡Oye, nooo!

 

Para cuando se dio cuenta, estaba siendo levantada a la fuerza y sin su voluntad de la cama por el Van Halen, y siendo llevada entre brazos hasta el baño, o eso suponía desde la perspectiva que tenía, pues se hallaba colgando en el hombro de su esposo, quien evidentemente no estaba dispuesto a dejarla descansar un poco más. Luego hablaría seriamente con él, pero ya que tanto insistía en que se levantara, una vez tocó suelo, sacó a empujones al rumano para poder bañarse tranquilamente, a fin de cuentas sabía lo que podía suceder de quedarse por más tiempo allí.

 

No era necesario hacer eso, – dijo para cuando un rato más tarde salía y se secaba el cabello con una toalla e iba en busca de su ropa – que sepas que me lo cobraré.

 

Y pasando de él olímpicamente -o lo más que pudo-, comenzó a prepararse para asistir a una nueva clase en la que, según había leído la noche anterior cuando la carta le había sido entregada, tendría nuevamente de profesora a Lisa, y ahora también, a Hades.

 

Para cuando estuvo lista, se volteó en el momento justo para ver a Luca enviando un patronus, aunque no tenía real idea a quién o para qué. Frunció el ceño, intrigada con el mensaje, pero optó por seguir pasando de él y haciendo como si no estuviese allí. Se dirigió entonces hasta la mesita de noche donde había dejado la carta y lo que parecía ser un traslador, sólo para percatarse de que el último ya estaba brillando levemente.

 

Cuida de los gemelos. Nada de dulces, ni comidas pesadas. Ni tampoco juegos bruscos. Intenta ser un buen padre – y con una sonrisa ancha en sus labios que nada más podía significar que lo estaba molestando, tocó el traslador para dirigirse hacia el lugar donde se llevaría a cabo la nueva clase.

 

Parpadeó varias veces, intentando acostumbrar sus ojos a la claridad del lugar y el intenso color verde que embargaba todo. Una selva, evidentemente, pero ¿dónde se encontraban todos? Miró de un lado al otro, intentando encontrarlos, pero nada. ¿Se habría perdido en el camino? ¿Su traslador estaría mal?

 

De pronto, su anillo de escucha -el que llevaba junto a todos aquellos objetos poseía junto al nuevo libro para la clase - se activó, logrando oír algo a lo lejos. Estaban bastante lejos de hecho, por lo que no alcanzaba a entenderse qué decían exactamente, pero las voces, algunas de ellas logró reconocerlas.

 

Dejándose guiar por su propio instinto, comenzó a caminar en dirección hacia ellas, rogando no extraviarse, o de otra forma terminaría no sólo por perder la clase.

 

Las voces se hacían más claras a medida que se aproximaba a una zona en particular; sí, estaba llegando, y una vez que movió un par de arbustos demasiado altos y tupidos, logró encontrarse con el ya reconocido grupo de personas con el que le había tocado lidiar en la clase pasada. Al parecer había llegado por el lado contrario a todos, pues se hallaban de espalda a ella.

 

Lamento la tardanza, tuve… problemas para llegar – mintió rápidamente, a fin de cuentas no necesitaba más explicaciones, con eso bastaba, o por lo menos para ella.

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Señor Gryffindor. Los Uzza son un pueblo realmente que cree en...

Una vez más, caía en las trampas de Mr. Pippin. Aquel viejo no paraba de hablar un segundo. Parecía que tenía un disco dentro que no dejaba de reproducirse. ¿Cuántas veces me había contado aquello ésa misma semana? ¿Cuántas veces tenía que escucharlas? Llegaba un momento que me quedaba mirando un punto fijo o yéndome mentalmente a otro lado, para no tener que tirarlo del piso más alto de la Universidad y poder traer a mi secretaria favorita, Emma.

Le entregué algunos papeles que debía hacerles llegar a los Guerreros Uzza. No sabía como alguien tan parlanchín, tan viejo y olvidadizo, podía hacer su trabajo a la perfección. De hecho, estaba seguro que los maestros guerreros lo preferían a él. ¿Sería por su sabiduría? ¿O por que no dejaba de adularlos? Me di la vuelta en el segundo que se quedó callado, para guardar esos pergaminos en una caja debajo de la mesa. Salí de la habitación y doblé en la esquina, tenía que irme en traslador.

○○•••○○•••○○

La oscuridad se abrió en miles de lineas de colores que se fueron expandiendo, dejando de girar hasta depositarme en tierra firme de nuevo. El traslador era un recorte de diaro El Profeta, casi ni miraba aquel diario mágico, porque dejando de algo algunas personas, era una institución demasiado vil y metiche para mi gusto. El pedazo de papel se cayó al suelo, mientras observaba que por alli había otros trasladores. Algunos compañeros ya habían llegado. Eché un vistazo pero nadie estaba cerca, al parecer se habían puesto en campaña para encontrar a Hades y Lisa.

"Deben recorrer unos 5 kilómetros" resonó la voz de mi compañera, que nos había explicado como llegar. No debía cuestionar porqué no ponían los trasladores en otro sitio, porque sabía que si todo era fácil, los libros no llegarían a tener una serie de pruebas sumadas para considerar aprobados. Los Guerreros Uzza creían que para todo debía ser una prueba, un reto, algo a lo que enfrentarse y aquello podía ser una opción. Pero era un camino largo y no sabía lo que me podía encontrar en el medio.

Corroboré que nadie apareciera ni nadie estuviera dando vueltas y me achiqué, hasta convertirme en aquel búho. Era más chico que una lechuza promedio y el color marron con beige, resaltaba sobre el verde de aquel lugar. La primera buena señal es que no hacía tanto calor. La humedad y la brisa fresca eran los protagonistas. Lo segundo es que podía ahorrarme mucho tiempo volando. Y los animales y las escobas no eran mi fuerte. Desplegué mis alas y tomé vuelo, observando el camino que tenía a mis pies para no perderme.

Ululaba de vez en cuando para parecer un búho normal. En realidad las precauciones, debíamos tomarlas en las comunidades muggles, donde ver una lechuza a plena luz del día no era natural. Estaba a un par de metros por encima de la rama más alta. A veces lograba sumergirme en aquel mar verde, para esquivar algunas hojas salvaje que cubrían ramas torcidas, como si estuvieran queriendo llegar al sol. Por debajo de mi pude divisar algunas personas que se acercaban caminando, pero no me iba a presentar ante nadie. Nadie sabia sobre mi habilidad y quería mantenerme de aquella forma.

Aterricé a unos 50 metros del camino. Alli, luego de darle algunas vueltas a un tronco para ver que no hubiera nadie, volví a tomar mi forma humana. Acomodé mi túnica y me fijé que tuviera tanto mi varita, como mis anillos, tanto los viejos como los nuevos que estaba a punto de vincularme por aquella vez. Una vez más, toda la magia que veríamos ya la había aprendido. Pero lo que más me sorprendía, es que sería el último, el último libro que estaría adelantado a los demás. Los que seguían, debían aprenderlos mientras los vinculaba. Caminé entre los troncos de los árboles y retomé el camino, pero a pie. Algunos compañeros ya habían llegado.

Eso fue un largo camino —comenté, mirando a ambos profesores, que saludé con una reverencia con la cabeza. Dos bellas mujeres estaban presentes, Tau y Leah, que solamente miré y apenas les sonreí. También estaba Zack, aquel joven que me había cruzado tan poco pero habíamos atravesado tantas cosas. Claramente sin que lo deseara. Por último me acerqué a mi Líder de la Orden del Fénix, mi figura tanto a seguir como a proteger. Palmeé amigablemente su espalda, mientras le guiñaba el ojo y me ponía a su lado.

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GOLDOR ♦ DEMONIUM MERIDIANUM

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Era fácil sentirse bien allí. La luna, astro de la noche, hacia acto de presencia por el horizonte, indicándonos que poco a poco ingresábamos en su reino. Era un total cambio con las otras clases que había impartido. Asumía que los pupilos aceptarían mejor este bioma y sus características. Como la cátedra del libro del equilibrio era mucho mas compleja, mi lógica y bienestar mental me habían exigido un paraje tranquilo y cerca de una fuente confiable de poder. Gaia sostendría mi mal humor si este, como ya había sucedido, se desataba ante la ineptitud de alguno de los alumnos.


Hades, sentado en su roca, parecía tan cómodo como yo misma. El silencio, solo roto por algún murmullo de los animales cercanos, hacían de aquel claro un perfecto sitio para meditar y entrar en contacto con la vida. El viento, sumándose a los demás elementos, quiso jugar con nosotros, envolviendo nuestros cuerpos con sus cálidas manos invisibles. A pesar de que sabia a lo que me enfrentaría cuando Zack, Leah y Tau llegasen, me era imposible quitar la sonrisa del rostro. La armonía circulaba por mi ser. Esto empieza, fue lo que mi voz interior me indico al sentir las primeras pisadas.


El rostro del mas joven de los Ivaskov fue lo primero que mis ojos captaron. Él no dijo nada acerca de su excursión en solitario, no obstante, su acelerado cuerpo me dio a entender que ya se había topado con alguno de los peligros típicos del entorno. Lo salude con un ademan de cabeza. Era extraño, como poco. Desde que comenzamos a entrenar con los Uzzas el había sido mi contraparte en el aula. Tenerlo como alumno seria un hándicap que debería pasar con creces, si quería que los nómadas de Egipto siguiesen confiando en mi. Otro reto mas a superar.


Las siguientes en llegar fueron la pareja de moda. La Atkins y la Crouch. Inseparables. Parecía no saber vivir la una sin la otra. Omití comentarios, no merecía la pena arruinar un momento tan tranquilo por una disputa infantil. Como hice anteriormente las salude amablemente. No las toleraba, pero los modales eran parte de mi instrucción y siempre los tendría – Me alegro que os guste. ¿Podría decirme alguno donde estamos? - No es que fuese una aprueba real. Quería saber, solamente, si eran capaces de ubicarse en un sitio así. Por si luego se perdían entre los arboles o algo similar.


Un segundo después un patronus con la forma de un águila oriental imperial impacto en mi pecho. Tan bella criatura lograba encontrarme allá donde estuviese. La fuerza de aquel encantamento aun me sorprendía después de todo. El animal venia de parte de una de las personas mas portantes en mi vida; mi primo y jefe de seguridad. Escuche su mensaje. Deje escapar un suspiro audible. Mei estaba ilesa y ya venia hacia aquí. Luego, cuando todo estuviese encaminado, le preguntaría el porque de su tardanza. Deje escapar el aire que había ingerido y me volví a centrar en los presentes.


- Veamos. De momento quiero que iluminéis el área y que protejáis este minúsculo espacio. Eso si, usando los nuevos conjuros del libro. La practica hace al maestro ¿no? - Tenían que asumir que todo lo que llevaban encima, tanto lo nuevo como lo ya visto eran armas imprescindibles que en un futuro serian como una extensión de su varita. No podían confiar ciegamente en esta, puesto que había maleficios y hechizos capaces de influir sobre ella – Después de eso, pasaremos a la segunda fase – En medio del discurso la Delacour había llegado, al igual que el Gryffindor.


Tenia la certeza de que Elvis custodiaría a la paladín sin que yo se lo dijese. Su lealtad hacia mi mejor amiga era fuerte. Podía dejar su bienestar en sus manos y no me equivocaría – Espero que el ¨refugio¨ este construido en pocos minutos. La noche aquí es peligrosa. No porque haya valkirias asesinas, ni dinosaurios mutantes, si no porque estamos en tierra de nadie y las bestias salvajes, cuando se ven comprometidos o asustados, son mas peligrosas que todos nosotros juntos Mire al vampiro y este asintió. Esto empezaba.

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El cainita había apartado por unos minutos la mirada del lugar donde se encontraba Lisa. Escucho atentamente las palabras de esta y asintió dibujando una mueca divertida una vez que aquella serpiente iba bajando lentamente en busca de un “aperitivo” vampirezco, sin embargo, no conto con la rapidez del cainita quien la tomo por la cabeza y el saco la lengua como si de un niño pequeño se tratarse.

 

-me gusta la paz de este lugar –dijo volteándose para ver que Zack había llegado.

 

Hizo una ligera reverencia al Ivaskov al escuchar sus palabras para unos segundos después mirar como tauro y Leah aparecían juntas. Dibujo una mueca de sonrisa mientras posaba sus ojos en ellas y seguía las miradas envenenadas que el lanzaban a su ahora compañera. Suspiró y se encogió de hombros, esperaba que aquella fuera una clase realmente tranquila y no un caos como las anteriores, más bien, por algo se había escogido aquel lugar tan natural y pacifico. Bufo, con su suerte no habría paz y aquello era el ojo de la tormenta.

 

Realizó un rápido movimiento para incorporarse, había estado todo aquel momento sentado en aquel peñasco disfrutando del paisaje, pero la oscuridad estaba ya haciendo de las suyas. Una vez que bajo de la roca miro hacia un lado, Mei acababa de llegar junto con Elvis. No pudo evitar tramar millones de travesuras y cosas que tuviera que pasar la Delacour en aquella clase. Sin embargo dio unos cuantos pasos para acercarse a los aprendices de aquel libro.

 

-Señorita Delacour, no esperaba verla por aquí –dijo en tono divertido a Mei mientras este provocaba que su colmillo rompiera un poco su labio para así disfrutar un poco de su propia sangre y ponzoña, se lo limpio con el dedo y siguió adelante- me alegra saber que contare con su compañía para esta clase, seguramente nos divertiremos mucho –dijo pasando por un lado de Mei, tocándola lo suficiente como para realizarle una Marca de Sangre- me alegra ver a los demás aquí, espero que a ustedes también les guste este sitio- observó a tauro y a Leah.

 

Miro sobre la espalda de los ya presentes y se sorprendió ver que aun su hermana Anne no había llegado. Entrecerró los ojos, quizás la chica sabía que él sería el profesor y por consiguiente no quería que este la siguiera molestando y protegiendo como en las clases anteriores, cosa que ella odiaba. Mientras daba unos cuantos pasos invoco aquella daga del sacrificio para colocarla en su cintura, lo mejor era tenerla a mano al igual que todos los anillos y amuletos que había estado usando desde el primer día cuando le fueron dados por los guerreros Uzzas, solo que ahora llevaba el amuleto de la resurrección en el cuello junto al amuleto volador.

 

Observo de reojo a Elvis cuando hizo aquel movimiento a la delacour y se situó a su lado. El cainita hizo como quien no había visto nada, quizás el director iba a ser un estorbo intentando proteger a su amiga cosa que no le molestaría siempre y cuando no se metiera en su camino. Sonrió, quizás había llegado el momento de cobrarle algunas cuentas pendientes que tenia con la Delacour sin que el Van Halen se metiera en su camino, claro estaba, para ello tenía que ser muy listo, Lisa al igual que él tenía un muy fuerte lazo con la mujer.

 

-Nos quedaremos aquí un poco más, quizás haya algún rezagado –dijo simplemente para hacer tiempo ya que sabía que aun faltaban personas solo que si no se apuraban sería peor para ellos.

 

Se volteo y comenzó a juguetear con uno de los anillos que tenía en sus dedos. Le hizo una ligera reverencia a Elvis para devolverle el saludo y se dirigió nuevamente hasta donde estaba Lisa quien ya había comenzado a impartir instrucciones. Sin perder tiempo el cainita activo su anillo de la escucha por lo que podría saber si alguien más se acercaba a la ubicación en la cual estaban ahora, además del anillo de detección de enemigos, solo por prevenir.

 

-Quizás al fin tengamos una clase tranquila, claro está, si sobrevivimos esta noche aquí –comento a la Weasley Delacour repitiéndolo varias veces esperando que fuera verdad.

Editado por Hades Ragnarok

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Se había propuesto no volver a llegar tarde a la clase de libros, pero lastimosamente no podría cumplir con su promesa. Apenas llegaba a su castillo, había dejado varios asuntos pendientes por ser atendidos ya que a considerar por lo riesgosas y complicadas que habían sido las clases anteriores, no podía acudir con la ropa que llevaba puesta en ese momento, era demasiado formal e incómoda.

Apenas llegar a su habitación se dio cuenta que su esposo aun no llegaba a casa, pues todo estaba en perfecto orden. Se dio una ducha rápida y a continuación buscó rápidamente algo cómodo que ponerse optando por una bividi blanca que se ajustaba perfectamente a su delgada figura, unos shorts blancos con finas rayas azul marinas, unos zapatos azul marinos bajos y por ultimo una cazadora en color amarillo muy suave.

Cuando ya estuvo lista se colgó en el cuello el amuleto de curación y en su muñeca se colocó una pulsera con muchos dijes los mismos que eran los anillos de los libros reducidos a un tamaño apropiado como para llevarlos todos. La ojimiel se negaba rotundamente a ir con todos los dedos llenos de anillos, le gusta que en su mano solo estuviera su anillo de compromiso y su alianza de matrimonio.

Luego de guardar en un monedero todo lo que pudiera necesitar para la clase que incluía el último libro que había comprado por si llegaba a necesitarlo, aunque en esa oportunidad si había repasado los hechizos con anticipación, escribió una nota para Bastian diciéndole donde estaría y pidiéndole que se cuidara. El mago le había comentado que se inscribiría a la clase del libro de sangre y no podía evitar preocuparse por él, después de todo ella ya conocía lo peligrosos que podían resultar esos hechizos y en especial la daga.

—Odio los trasladores… —siseó mientras lo tocaba para que este se activara. Aquella sensación de vació la invadió de inmediato así como las náuseas al ver como todo se arremolinaba a su alrededor. Para fortuna de la castaña esa sensación no duro mucho y poco a poco fue descendiendo hasta tocar suelo firme nuevamente.

Observó a su alrededor y siguiendo las indicaciones empezó a caminar en busca del lugar en donde se dictaría la clases > pensó > se dijo para darse ánimos pues era muy floja cuando se actividad física se hablaba. Activó el anillo de escucha pero por el momento ninguna voz llegó hacía ella, seguramente estaba muy lejos como para poder escucharlos.

 

Conforme iba caminando las sombras de aquel lugar se iban haciendo más notorias y el silenció del lugar era un poco preocupante, al ser una especie de bosque o claro se suponía que debía hacer ruidos de animales, sin embargo la falta de ruido y la aparente paz que irradiaba el lugar se le hacía demasiado engañosa. Apresuró el paso pues no le apetecía quedar sola en ese lugar por más tiempo, pasados unos minutos, que a ella le parecieron horas, al fin escuchó las voces de sus compañeros o al menos eso suponía.

La mortifaga sintió alivio y se relajó por un momento hasta que sintió una fuerte punzada en su pierna derecha, bajo la mirada en busca de alguna rama con la que hubiere chocado pero en su lugar pudo ver a una serpiente escapando luego de haberla atacado, seguramente la bruja se había acercado demasiado y fue considerada como una amenaza y el reptil únicamente se defendía.

—Auch… — dijo sacando la varita para hacer un bezoar por si se trataba de una serpiente venenosa, sin embargo recordó que el nuevo libro traía un amuleto que le podía servir. —A ver si lo traje… —murmuró mientras revisaba la manilla encontrándolo ahí colgando y para su sorpresa estaba activo. —Sí que funciona… —comentó para sí misma y siguió su camino hacia sus compañeros y profesores.

—Buenas noches… Lamento la demora… últimamente siento que las serpientes me odian… — Dijo recordando de pronto que en el anterior clase había sido un runnespor lo que la había entretenido —¿Me he perdido de mucho? —pregunto a los presentes.



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