Jump to content

Libro de la Fortaleza (#4)


Mael Blackfyre
 Compartir

Publicaciones recomendadas

http://i.imgur.com/6WCjNaU.png


Miré al cielo y el sol se encontraba en el punto más alto. Brillaba intensamente, aunque no con el calor necesario para derretirnos, porque acabábamos de empezar con la primavera. La brisa movía tanto el cabello de Zack como el mío. No nos habíamos ni siquiera cruzado la palabra. Habían ocurrido algunas cosas entre nosotros pero los Guerreros parecía que habían hecho aquello a propósito, el que impartiéramos las clases juntos. ¿Que mejor fortaleza que aquella?

Ambos nos habíamos aparecido en la cúspide de aquella impetuosa montaña. Ambos nos habíamos empezado a caracterizar como los guerreros Uzza, cada vez que enseñábamos clase, nos ibamos mejorando de a poco, sumergiendo en las magias guerreras, por lo que nuestras túnicas eran negras, como las que todos conocían, pero ambos teníamos cubiertos los brazos con cuero. Un chaleco casi impenetrable, con runas y dibujos extraños. Y también teníamos protegidas nuestras piernas, hasta las rodillas, con un cinto que tenía para portar la varita, la Daga del Sacrificio y varias cosas más.

Allí vienen. Son pocos... —comenté cortando el silencio que ni siquiera el viento lograba romper. No nos miramos pero si observamos el punto que brilló tan azul como las mejores noches en el pueblo.

Mejor. Podremos presionarlos aún más —respondió Zack algo cortante pero estaba seguro que se encontraba tan ansioso como yo. No solo podíamos compartir aquellos poderes, sino que ganábamos experiencia. Era un cambio de conocimientos.

Mi compañero movió la varita hacia una dirección. Activo los primeros obstácul0s que había colocado. Yo hice lo mismo, solo que ésta vez encantaba algunas cosas más cercanas. ¿Los chicos habían entendido realmente todo lo que les habíamos enviado? Esperaba que si, porque la clase había empezado desde el momento que habían pisado tierra en aquel valle. Con un último movimiento, lancé tres esferas de luz, con la consistencia de un gas líquido, que se situó en tres zonas diferentes. Una era de color cobre, la otra plata, como la daga que llevaba y la tercera dorada, como las monedas de Gringotts.

Aquellas señales les indicaba a los alumnos como llegar hasta nosotros. Claramente que había encantamientos para no llegar ni volando, ni apareciéndose, ni con trasladores. Tendrían que continuar en camino marcado desde donde habían aparecido. El terreno era completamente salvaje y esperaba que llegaran a nosotros antes del anochecer porque sino deberían pasar la noche allí. Podrían trabajar como mejor les plazca, nosotros solamente observaríamos desde aquel punto. Ahora si, miré a Zack. Era hora de empezar.

Podíamos decir que eran tres etapas. La primera se encontraba en aquel bosque que los rodeaba cuando se aparecieron. No era tan grande pero si estaba invadido de árboles, con troncos gruesos, ramas altas, raíces que sobresalían sobre la tierra y una manada de hipogrifos que los estarían vigilados. Deberían domarlos, deberían convencerlos (u obligarlos) a montarlos y que los ayuden a atravesar aquel bosque hacia el lago.

Allí se encontraba la segunda barrera. Porque era una etapa de pura tranquilidad. No había criaturas que enfrentarse, sino objetos que encontrar. Todos poseían anillos que los ayudarían encontrar lo que buscaban: una llave. ¿Pero como harían eso? Cada una de éstas se encontraba en una cajita pequeña. Y ésta emitía un ruido tan agudo y tan chillante que solamente podía ser escuchado con el anillo Uzza. Cuando encontraran la caja entre las piedras, al borde del agua o por encima de alguna copa de un árbol, podrían hacerse con la llave que les permitiría quitar el candado que mantenía aquellos botes aferrados al borde del lago. Asi podrían atravesarlo, era la única manera.

Una vez cruzado, mediante el bote, sino mágicamente los alumnos volvían a aparecer en el punto de partida debiendo hacer todo nuevamente, se encontrarían con una especie de puerta. Estaba al pie de la montaña. Estaba sola, era de roble y tenía tallada una runas. No tenía cerradura ni picaporte. Solo había una daga al costado y en el centro de la madera, había una marca de sangre vieja y seca. Estaba tan claro como el agua, la última etapa, la que estaba marcada por aquella luz dorada, consistía en dos partes: En cortarse y realizar el pago pero tambien en curarse. La magia Uzza les permitiría hacer aquello.

Luego de eso comenzaría el ascenso por la montaña y el encuentro con nosotros. Editado por Elvis F. Gryffindor

|| 1yqixEK.gif || Marca-1.gif.664cbd85ef4de2f10b959916cce5||
Chw3Ljs.png
GOLDOR ♦ DEMONIUM MERIDIANUM

Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

Haber llegado a la cima de la montaña resultó bastante fácil para el par de profesores. Sin embargo, los pupilos debían atravesar una serie de obstáculos guiados por esferas de luz que los llevarían a la congregación con los primeros. Mientras tanto, éstos esperaban pacientemente, o lo intentaban, como Zack. Tener que estar tan cerca de Elvis en esos momentos era tan despreciable como cuando compartía la responsabilidad con Lisa, sólo que esa vez su acompañante lo había denunciado con el ministerio de pertenecer al bando Mortífago.


Luego de aquél suceso, para el menor de los Ivashkov le resultaba casi imposible poder entenderse con el director de la universidad, aun teniendo total conocimiento de su cargo y lo muy por encima que estaba al ostentarlo. En su afán por mantener cierta distancia con el Gryffindor, se alejó a varios metros con la excusa que desde su posición lograría ver mejor a los pupilos.


—Aquí se ve más claro — Afirmó haciendo una visera con la mano, procurando que los rayos del sol no obstaculizaran su visión. En pocos minutos terminaría de ocultarse el gran astro que con su magia pintó de naranja el cielo, encantador atardecer. —Espero que sean lo suficientemente ágiles como para llegar pronto y no pasar la noche rodeados de los peligros del bosque — Comentó sin esperar que su único acompañante le devolviera una respuesta. A esas alturas procuraba hacerse la idea de que estaba sólo.


Los alumnos habían recibido un pergamino donde se les indicaba el inicio del curso junto a un mensaje a modo de recordatorio que les haría ser precavidos al momento de llevar sus amuletos y anillos que compraron con el libro. Todos estaban activados con las habilidades correspondientes para que pudieran atravesar las pruebas con las que se encontrarían una vez el translador; el mismo pergamino, los llevara hasta el punto de partida.


Desgraciadamente luego de atravesar las tres barreras, experimentarían una especie de déjà vu que los haría volver al primer obstáculo. Cuando se vieran a sí mismos realizando el procedimiento para llegar a ese punto, entonces aparecería frente a ellos una puerta perfectamente barnizada a la cual debían hacerle un sacrificio para poder atravesarla y seguir hasta reunirse con Elvis y Zack.


En todo momento ambos estarían observándolos, pues tenían una perfecta visión de todo el escenario gracias a la altura en la que se encontraban. Ahí las ligeras ráfagas de viento los atravesaban ondeando sus túnicas, el sonido de las telas al chocar con sus cuerpos y los zumbidos eran el único ruido. Podrían estar el resto de la clase sin intercambiar palabras entre sí.


—Si son pocos seguro todo termine pronto — Pensó dejándose caer sobre una enorme piedra, la cual se encontraba próxima a un cartel mágico que indicaba los nombres de los participantes del adiestramiento.



Liam Hawthorne

Aysha S. Potter Black T

Kassandra Weasley

Jessie Stabolito

Athena Rouvás

Adam Lockhart

Arya T. Macnair

5CBNzmy.jpg

 

Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

Tholav la zarandeó. Arya abrió los ojos sin comprender, éstos estaban tan pesados que creía no habían pasado ni cinco segundos de que se acostó. Bostezó y notó que las cortinas estaban cerradas para que la luz del alba no se colara por las ventanas, Nathan podía ser tan detallista en ocasiones; —¿Qué hora es?— preguntó enfurruñándose entre las mantas, en Islandia siempre hacía fría, a la madre naturaleza no le importaba la estación del año que estuvieran atravesando. >Cuarto para las ocho, damita respondió el Elfo dejando la charola del desayuno junto a la mesa de noche.

 

>El señor Weasley me ha pedido que le traiga ésto, hoy regresa a sus facultades señorita Arya y debe desayunar antes de partir.

 

Macnair sonrió sentándose por fin en la cama y tomando con ambas manos la humeante taza de café. Junto a las tostadas estaba el pergamino que los profesores o si mal no recordaba "Guerreros" le habían hecho llegar tiempo atrás para que fuese sabedora del punto de encuentro el día adecuado. Nunca creyó volver a tomar un libro en su vida si no era para impartir conocimiento más descubrió que no podía vivir sin ellos y sin la constante dicha de aprender y expandir horizontes; curioso era no sentirse nerviosa por la nueva aventura, quizás un poco curiosa pero los años por fin la habían curtido.

 

—Elvis— Susurró mientras se duchaba, vería a su padre. —Ivashkov— ni siquiera lo pronunció, aquel apellido le traía malos y agrios recuerdos.

 

Quince minutos después estaba preparada para partir. Contempló su reflejo en el espejo y asintió dándose el visto bueno, vaqueros de jean lo suficientemente elastizados como para permitir todo tipo de movimiento, calzado adecuado para correr, una sudadera que le había robado a su hermano Sebastián y el cabello aun empapado recogido en una alta cola de caballo. Restaba colocarse su sortija inhibidora de magia y el amuleto que colgaba de su cuello bajo la capa de viaje negra que siempre la acompañaba con el cual se mantenía comunicada en caso de peligros.

 

En un morral de cuero cruzando su torso por la mitad bajo la capa llevaba el libro que había adquirido en el Magic Mall, un curioso amuleto que según la lectura servía para sanar y un pequeño anillo que prefirió guardar allí también pues desconocía del todo su uso. Dispuesta a salir tomó el pergamino con energía y todo a su alrededor se congeló por una fracción de segundo, los colores se volvieron más vívidos y los sonidos se oían amortiguados, la garganta se le secó y cada músculo de su cuerpo pareció volverse de plomo; a duras penas logró abrazarse a su abdomen para no vomitar cuando el camuflado traslador la jalara del ombligo y la arrastrara lejos de Islandia.

 

* * *

El sonido a las hojas resquebrándose bajo el peso de su cuerpo le hizo abrir los ojos y la humedad que comenzó a invadir su ropa dar un rápido salto que la mantuvo en pie por dos segundos antes de perder estabilidad y golpear su espalda contra el tronco de un árbol adulto. —Un... bosque, por qué no me sorprende— musitó con una media sonrisa irónica en el rostro corriendo un fugitivo mechón de cabello pelirrojo de su frente, aquella mano tenía tierra así que desde la punta de su nariz hasta su frente, acabó embarrada sin notarlo.

 

Aun era de día ciertamente, no estaba del otro lado del mundo cosa que tomaba como positiva. El brillo del sol que se colaba entre las copas de los árboles que danzaban presos de una cálida brisa primaveral creaba divertidas y refulgientes formas en el suelo cubierto de follaje. Había más personas a su alrededor, las podía oír puesto que al inhibir sus dotes demoníacos no lograba percibir a nadie por más que pendiera de la rama que colgaba sobre su cabeza; posiblemente fuesen sus compañeros de clase y estuvieran tan desorientados como ella más no tenía intenciones de correr a inmiscuir su nariz por ahí.

 

Ya no era una niña pequeña, no estaba allí para hacer amigos solo para aprender a controlar su magia. Desde el comienzo supo que de tener la chance lo haría sola y al parecer el destino se lo estaba presentando de ese modo. —No - puede - ser— la dureza y cinismo le duró excesivamente poco tras divisar una rubia cabellera no muy lejos de su ubicación, conocía a la mujer que le había criado más no aceptaba que estuviera allí porque de presentarse una adversidad no dudaría en anteponer su vida para protegerla, debía huir, debía ser egoísta.

 

Corroboró que todo estuviera dentro del morral, varita, daga y joyería extraña de cortesía, todo en perfecto estado. Corrió dejando atrás el sonido de pisadas, murmullos y pájaros, curiosamente creyó caer en un claro porque las aves cantaban de forma melodiosa y estaba segura de haber visto una liebre, esos bonitos animales de cuento no se atrevían a ingresar más allá del bosque donde al parecer tras veinte minutos de carrera ella estaba.

 

Con ambas manos en las rodillas flexionadas intentó recuperar el aire, tenía las mejillas congestionadas y la frente perlada en sudor por aquel absurdo acto de rebelión hacia ser sociable. Necesitaba hacer un paneo del lugar, no tuvo idea en un principio de en dónde estaba mucho menos lo tendría ahora que al parecer se había alejado del camino. —Apégate a las normas, Arya. No, pero si serás terca mujer— normalmente era gracioso para quién la viera pelear con si misma pero en ese momento estaba completamente sola.

 

Tomó asiento en una roca mediana curiosamente predispuesta a convertirse en su asiento para analizar lo que haría a continuación, si bien el pergamino le había llevado allí no había ni una sola pista de los dos magos que deseaba ver pronto. Allí no había mucha protección, los árboles eran más pequeños y el sol comenzaba a quemar su nívea piel, nadie le había advertido que llevase bloqueador así que con los ojos entrecerrados no hacía más que bufar y secar el sudor de su frente.

 

A lo lejos algo brillo. Colocó su mano haciendo sombra sobre sus ojos pero no logró ver más que un segundo fulgor, parecía como si alguien le apuntara con una linterna desde lejos, como si alguien la estuviera llamando. No solía ser muy confiada pero aun así dio un salto y retomó la carrera en aquella dirección, serían quizás unos 500 metros y la luz se volvía más y más brillante, ¿qué sería?. Y entonces una sombra se cruzó en su camino, al principio no comprendió de qué se trataba sino hasta que la bestia majestuosa desplegó sus alas y enfrentó a la bruja que parecía correr de forma ofensiva en su dirección.

 

Arya no tuvo chance de detenerse, la adrenalina que corría por su cuerpo nubló su cerebro por un instante y ese fue suficiente para que el Hipogrifo decidiera lo que era bueno para él y pateara a la bruja medio metro hacia atrás rasgándole el brazo con el que había tratado de detener el impacto y demostrar que era digna de su presencia, todo lo a la vez ciertamente no podía hacerse y acabó desplomada en el suelo con una lluvia de hojas que el peso de su anatomía tras la caía había provocado. La criatura estaba lista para atacar una vez más, se sentía amenazada por la presencia de la mujer y ésta no hacía más que retroceder en el suelo apretando los dientes y notando como su brazo se tornaba morado.

 

—Aguarda, aguarda, por favor— Rogó, y aunque nadie en el futuro le creyera la historia, el Hipogrifo se detuvo.

nqOolSA.gif

xQB7Qk7_d.webp?maxwidth=640&shape=thumb&

uhmdsoi.gif

 

Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

La luz solar se reflejó en los tres anillos que el Hawthorne poseía en la mano derecha e impactó justo en su rostro, impidiendo de esa manera que lograra continuar la lectura del pergamino que sostenía con la misma mano. Elevó la vista entonces, interrumpido, analizando su alrededor. El aroma a bosque siempre le había gustado, especialmente porque le traía muchos recuerdos y porque solía ser ese su lugar preferencial para la caza en su época de licántropo.

 

No estaba solo, pero actuaba como si lo estuviese. Cualquiera que lo encontrara así, sentado en el suelo con el ceño fruncido y fijado en cualquier parte, lo tomaría por antisocial. Y lo era. Le gustaba más estar aislado que compartir palabras con gente que no conocía en absoluto, al menos cuando debía concentrarse en lo más importante y, por el momento, lo más importante era él. Y las pruebas, claro está, pero las pruebas eran para él y por el libro que había comprado él. Que iba a usar él.

 

Decidió ponerse de pie haciendo fuerza corporal con la otra mano libre, la que casualmente también poseía dos anillos más. Nunca le había gustado usar joyas, pero ahora teniendo en cuenta los cilindros metálicos que se repartían en cinco de sus diez dedos y los dos amuletos que colgaban de su cuello podría decirse que aquel gusto había quedado completamente anulado. Al parecer esas eran las consecuencias de ser un mago y querer usar la cantidad de habilidades que no incluye la varita.

 

Con tan sólo percibir la luz cobre que brillaba a lo lejos y las miradas de los varios hipogrifos encima suyo, entendió el mensaje. Era predecible que iban a tener que pasar pruebas y que luego de eso alguien iba a enseñarles algunas leyes aburridas sobre el libro que probablemente olvidara al poco tiempo, pero debían estar rellenando la clase. Como en Hogwarts. Como en la vida.

 

Una de las presentes se movió primero y pareció haberse llevado un hipogrifo con la iniciativa. Eso era lo bueno de dejar a los demás que actúen primero, porque Liam ni se hubiera imaginado que debían usar hipogrifos para salir de ahí, él habría hecho las cosas de otra manera. Sacudió entonces su túnica color esmeralda que casualmente lo camuflaba con el trasfondo del ambiente, y usó la mano derecha para escurrir su varita mágica entre cuatro dedos. Se podía hacer uso de cualquier método para acercarse al objetivo, ¿verdad?

 

Se acercó a uno de los hipogrifos y el resultado fue bastante obvio. En su iris se reflejó el pico de una de las criaturas quien emitió un fuerte quejido que también fue seguido por un par más, el de sus compañeros. Ni siquiera atinó a cubrirse, porque estaba concentrado en el sentimiento del animal y lo que éste proyectaba emotivamente. Un corte se abrió sobre la mejilla del rubio y algo de sangre fue derramada hacia el césped, pero rápidamente la herida se cerró y Liam dio un paso hacia atrás.

 

Hizo una reverencia y el hipogrifo detuvo el segundo ataque que ya iba en camino. Ambos entes se observaron por un largo período de segundos, pero el mortífago supo que no había sido suficiente. Tales criaturas eran respetuosas con el que respetaba, pero normalmente esta regla se adaptaba mejor en un ámbito apartado, no cuando estaban en manadas y siendo —quizá, quién sabe— controladas por los profesores.

 

»Orbis Bestiarum, pensó. Y el montarla fue mucho más preciso sin la necesidad de una reverencia.

http://i.imgur.com/QF8MI.png


6sxoIep.gif


You can't make people love you, but you can make them fear you.


37fUHXr.gif IenCQD6.gif


Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

Kassandra sujetaba el delgado pergamino entre el índice y el pulgar de la zurda. Leía y releía el escrito, tratando de descifrar inútilmente lo que le esperaba. Lo que sí, estaba segura que con tantas revisiones al papel no había olvidado guardar ninguno de los pequeños accesorios que contenía el libro de la fortaleza, aquel que sería la clave del dominio de una nueva magia que deseaba poder manejar. Con la diestra, Kassandra removía la cucharilla que revolvía a su vez el azúcar de su café. Apenas le prestaba atención a otra cosa que no fuera el documento, por lo que tomaba su desayuno como una autómata, comiendo a sabiendas que necesitaría las energías, y porque no quería que la amenaza de una hambre mañanera pudiera nublar sus sentidos y perjudicar su rendimiento.

 

Desde su regreso, la castaña se había afanado en recuperar todo el tiempo perdido. Había tomado múltiples clases de conocimientos, intentando expandir su saber. Lo había logrado con éxito, aprobando cada una de ellas, valorando lo aprendido y guardándolo en un lugar especial de su cerebro. No sabía exactamente cuándo, pero algún día iba a necesitar poner en práctica todo lo aprendido y esperaba que ese día llegase más pronto que tarde. En cuanto al libro mismo, la Weasley nada más al verlo había quedado intrigada. Auguraba magia milenaria, desconocida y que suponía un reto aprender a controlar. Eso había sido lo único que había necesitado saber para emprender aquella nueva aventura que hasta el momento le resultaba incierta.

 

Salió de su ensimismamiento y revisó el reloj de muñeca. Con un mohín, supo que tenía ya el tiempo justo para terminar de prepararse y salir de la mansión. Se levantó, bebiendo el vaso de jugo de naranja con rapidez y subió a su habitación para hacerse con la mochila que llevaría como único accesorio al lugar de la clase. La misma, encantada con un hechizo expansivo llevaba dentro diversos objetos que podían o no resultarle de utilidad. Además, guardaba con celo el libro y sus accesorios en un bolsillo especial. La Weasley llevaba aquel bolso con tanta frecuencia y constantemente le agregaba cosas, por lo que ya no recordaba exactamente que contenía.

 

Al llegar, notó que los cordones de sus botas estilo militar estaban deshechos, por lo que se sentó en el borde de su cama adoselada y los ató con nudos dobles para asegurarse que estaban seguros. Se evaluó por última vez en el espejo, aprobando su aspecto. Se había recogido la melena en una larga trenza francesa que caía por la espalda, despejando su visión. Usaba pantalones de mezclilla resistentes y al mismo tiempo ligeros. Una camisilla negra sin mangas, y sobre ella una camisa de algodón con patrones cuadriculados. Le vendría bien el tener la opción de poder disponer de una prenda de ropa que pudiese remover si hacía falta. Echándose la mochila marrón al hombro, salió de la estancia sin olvidar recoger el pergamino del mesón de la cocina, y se dirigió a los jardines, pues ya no había tiempo que perder.

 

No notó que el pergamino era un traslador hasta que ya fue muy tarde para notarlo. Sintiendo los dedos pegados al delgado material, sintió el familiar tirón de estómago y el remolino que le anunciaba que estaba realizando un viaje a través del espacio y la materia. Unos segundos después –que se le hicieron eternos- aterrizó de bruces en el suelo, tomándose un par de segundos para desaturdirse y ponerse en pie. Con un bufido de inconformidad, se sacudió las basurillas de sus atavíos y finalmente pudo echarle una buena mirada a su entorno, evaluándolo con detenimiento.

 

Los árboles eran espesos y crecían juntos, tanto que la luz del sol se filtraba con pereza a través de sus hojas, iluminando su camino de manera tenue. El suelo era bastante irregular, pero lo suficientemente bueno como para caminarlo sin necesidad de ayuda. El aroma a bosque le deleitaba las fosas nasales y despertaba aún más su subconsciente. Era hora de evaluar la situación.

 

Pudo notar que no estaba sola, pues varios de los estudiantes hacían ruido a medida que llegaban. Creyó ver la familiar figura de Arya, pero no estuvo segura porque en apenas segundos se desvaneció en una carrera rápida. Notó que varios hacían lo mismo, llegaban y desaparecían y supuso que no debía perder mucho más el tiempo. Cerrando los ojos y aspirando aire con profundidad, preparó su mente para el reto que estaba por venir.

 

A pesar de saber que debía ser rápida, sabía que no podía dar ningún paso en falso. Jugueteaba con los dedos a medida que pensaba, tratando de tomar una decisión pronta. Recordó que el kit del libro incluía varios anillos y amuletos, por lo que le pareció una buena idea utilizarlos. Uno a uno calzó los anillos en sus dedos, sorprendida por el perfecto ajuste que esos tenían en sus delgadas manos. Luego, se colocó los amuletos en el cuello, a manera de collar. Sin muchas ceremonias los escondió entre su camisilla.

 

Listo, ¿ahora qué faltaba? Cerró los ojos nuevamente y se concentró en escuchar. Distinguía pisadas rápidas y cercanas, y las atribuyó a sus compañeros. El viento producía un ligero silbido, pero trató de ignorarlo. Parecía que cerca no habían amenazas próximas, pero todo estaba demasiado tranquilo…

 

Abrió bien los ojos y empezó a trotar. Trataba de abarcar con la mirada todo el entorno, tratando de distinguir formas entre los árboles. Algo sin duda captó su atención, un objeto brillante a lo lejos. Observó mejor, notando que era el único objeto llamativo en el perímetro. Lo interpretó como una señal y cambió el rumbo, tratando de acercarse. Había encontrado su estrella del norte, ahora solo tenía que tratar de llegar a ella antes que el resto.

 

Murmullos en los árboles auguraban la presencia de algo. Se detuvo en seco, con el corazón latiéndole en la garganta a causa del trote. Lentamente observó a su acompañante, que se descubrió de entre los árboles con lentitud, como sabiendo que la bruja estaba expectante. De un bello y sedoso color negro, el hipogrifo la miraba con intensidad, como desafiándole a que diera un paso más. ¿Qué se suponía que tenía que hacer? Los hipogrifos, criaturas conocidas por su desconfianza, podían llegar a ser mortales con un ataque de sus zarpas. Sin duda, lo primero era obligadamente mostrarle respeto, y eso hizo a pesar de que le temblaban las rodillas. Se dobló en una pobre reverencia, y esperó con nerviosismo mientras sentía que la mirada de la bestia le taladraba la nuca.

 

¿Era seguro mirar? No sabía. Sentía respeto hacia el animal, pues a pesar de ser temerosa era una criatura bellísima, y no quería bajo ninguna circunstancia tener que hacerle daño. No le molestaba tomarse un tiempo haciendo las cosas bien, pensaba que unos minutos de demora podían garantizarle supervivencia, y eso era lo importante. Con timidez levantó la mirada, observando la misma mirada dura en la criatura, que estaba inmóvil en el mismo punto. Parecía que evaluaba a la bruja, como decidiendo si era digna de su confianza. Kassandra permaneció clavada en su punto, repasando mentalmente todas sus opciones, hasta que finalmente, la criatura repitió el gesto, con bastante gracia y magnificencia.

 

¿Y ahora?

 

Considerando que el follaje de los árboles era demasiado tupido, y que ciertamente su estrella norte no le garantizaba ser realmente una señal, la licántropa evaluó sus opciones con rapidez, ante la mirada inquisitiva del hipogrifo. Podía sobrevolar el bosque, buscando la señal, comprobando si en efecto era una señal, ¿o no? Ahora el reto consistía en lograr que el animal cooperase.

 

Con lentitud se acercó a la bestia, observándole directamente a los ojos. Sin hacer ningún movimiento brusco, extendió una pálida mano hacia el extremadamente filoso pico, con cautela. El animal se alejó un poco, pero no se encabritó lo que le pareció buena señal. Kassandra continuó con su aproximación, hasta que sintió bajo sus dedos el duro tacto del pico del hipogrifo. De alguna manera la bestia le recordaba a los caballos, que adoraba. Con voz calma, le habló.

 

—Bonito, bonito. Me ayudarás, ¿verdad?

 

Esperó unos segundos, indecisa. El hipogrifo permanecía impasible. El tiempo ya había corrido lo suficiente para ella. Decidiendo que era mejor pedir perdón que pedir permiso, con agilidad y rapidez montó a la bestia y se sostuvo de su plumaje, sintiendo casi de inmediato cómo el hipogrifo trataba de deshacerse de ella con movimientos bruscos. Necesitaba pensar en un plan, pronto.

Editado por Kassandra Weasley

bkcs7UT.gifF8NeP.giftA4DkbA.gif

 

WhatsApp Image 2021-05-26 at 8.52.41 PM.jpeg

Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

—Expecto Patronum

 

En un simple descuido había tomado a Sombra y apuntado a su lado, no al frente ni al cielo, justo a su lado. La criatura chirrió disconforme por no prever aquello y dio un paso atrás levantando unas cuantas hojas, Arya no quería quejarse pero el brazo sería un problema a partir de ahora más sabiendo lo descontrolada que estaba su magia como para aplicarla en ella misma o en cualquiera. En cuestión de segundos los cientos de hilos plateados que brotaron de su varita comenzaron a tejer una forma animada para darle vida lentamente, aquel Hipogrífo podría verse en el espejo si quería puesto que sus recuerdos más felices aun la mantenían conectada a un amante de dichas criaturas. Jank.

 

Podía ver perfectamente lo que le había atraído hacia el peligro desde esa ubicación, parecía ser una pequeña esfera de luz, algo similar al bronce, como una burbuja brillante del tamaño de una pelota. Colocó ambas manos sobre la tierra y se deslizó unos pocos centímetros hacia atrás sintiendo como la tierra húmeda se metía bajo sus uñas y teñía la palma de sus manos, una caída más y tendría encima el camuflaje perfecto para pasar desapercibida. —¿Lo ves?, no te haré daño. Lamento haberte asustado— hablaba suavemente como si la criatura pudiera comprenderla, ella sabía que así era.

 

Cuando niña había tenido la habilidad de formar lazos irrompibles con los animales que se topaban en su camino pero con el tiempo y los golpes se había vuelto una persona fría y bloqueado por completo cualquier don que la conectara con la naturaleza, quizás para aquel entonces sería buen momento de retomar. Su Patronus se interpuso entre ella y el Hipogrifo, con altura y determinación permitiendo así que la bruja se incorporara sin recibir daño alguno.

 

—Créeme conozco a alguien que moriría por verte— Le dijo guardando la varita en el morral y haciendo que la magia se apagara.

 

La criatura dio un paso atrás nuevamente y desplegó sus alas de forma amenazante. Macnair extendió una mano sucia y sus mejillas se ruborizaron al comprender que aquello no tenía nada de cortés. El Hipogrifo torció su diminuta cabeza y lanzó un picotazo al frente pero sin acercarse demasiado, torció la cabeza hacia el otro lado analizando al monstruo que tenía en frente y se acercó con sigilo. —¿Puedo?— preguntó dando vuelta su mano, dejando la palma apuntando al suelo dispuesta a tocar su suave plumaje; cada vez que la miraba parecía asesinarla de un solo golpe.

 

>Tonta, tonta, tonta

 

Aun con la mano extendida realizó una cordial reverencia sin perder de vista las patas y el porte del animal. Y por fin la conexión fue certera, éste repitió su accionar parpadeando en completa confianza mientras Arya sentía calidez en su corazón, tenía rato sin experimentar tal adrenalina y a pesar de haber salido ligeramente dañada, la experiencia valía la pena sin lugar a duda. Una vez reincorporados los dos la bruja se acercó respirando con normalidad para enfrentarse a un nuevo problema, ¿cómo se subiría?.

 

Acarició las plumas del Hipogrifo y vio alejarse a sus amigos, oyó más sonidos y revuelos de donde se dirigían pero supuso que sus compañeros lo tendrían controlado, no era un dragón después de todo. Pronto acabó por decidir quitarse la capa de viaje y tomar la daga para volverla un par de tristes jirones, —Tanto que me gustaba— se quejó, pero lo que le sobró le fue de gran utilidad para inmovilizar el brazo dañado y no empeorar el asunto hasta que la viera alguien con experiencia en sanación. Regresó la daga a donde pertenecía y se sorprendió al ver como la criatura jugueteaba con aquella brillante luz, tal vez no era adulto todavía y eso le causaba ternura.

 

Cuando notó su presencia el Hipogrifo cesó los juegos y se sacudió, algo incómodo, —¿qué pasa muchacho?— preguntó tocando su peligroso pico con dos dedos, éste dio un suave mordisco o intento de él y con cuidado se recostó en el suelo para quedar muy por debajo de su altura y chillar de forma insoportable moviendo su cuello de un lado a otro casi frenético. No tardó demasiado en comprender que le estaba otorgando el consentimiento para poder montar sobre él y no solo eso, sino que comprendía que de pie ella no lograría subir puesto que tenía un brazo herido; estaba conmovida.

 

El Hipogrifo batió sus alas y echó a andar para remontar vuelo rápidamente, el traqueteo en su lomo la obligó a abrazarse con fuerza a su grueso cuello dejando que algunas plumas le hicieran cosquillas. La idea era mantener el equilibrio sin hacerle daño pero el saberse tan arriba le revolvió el estómago y cerró los ojos en el momento preciso en que un segundo destello de luz llamaba su atención; —¿Ves eso, hacia allí vamos?— musitó casi sorda pues el sonido del viento en contra era demasiado nocivo.

 

La criatura planeaba y batía sus alas de vez en vez alternando la actividad, el sitio no parecía estar demasiado lejos aunque todo desde allí arriba se veía diminuto y las personas como hormigas. El bosque era un simple manchón extenso y verde ahora y más allá podía divisar agua, mucha agua, pero por la forma en que estaba encausada sospechaba que podía ser un río o algo similar, no era algo demasiado grande para ser un mar, además de cada lado se veía tierra fresca y habitable.

 

Minutos después notó que la criatura descendía de forma violenta hasta casi estrellarse con el suelo que había cambiado drásticamente de composición, pero logró acabar parado sobre la última extensión de césped y permitir que Arya bajara algo mareada por el viaje, —Gracias— expresó haciendo otra reverencia y contemplando su alrededor, los árboles eran prósperos y tomó prestada una manzana pequeña que estaba cerca de su perímetro de altura como recompensa para el Hipogrifo.

 

>>¿Y ahora?Pensó.

 

El sol no quemaba demasiado ahí pero el sitio ardía, había más rocas que vida silvestre y ciertamente lo que tenía en frente era un bello lago espejado. Todo lo que la rodeaba se reflejaba en aquellas aguas calmas de forma inversa, parecía una pintura y ella formaba parte de ella. Había siete botes por lo que creía pronto estaría acompañada, le sorprendió no tener deseos de huir una vez más antes de que llegaran los demás. ¿Así que eso era?, seguir la luz brillante al otro lado del lago que parecía burlarse de ella.

 

Sentada sobre una roca mediana con los pies al borde del lago bufó con el ceño fruncido, —¿Candados, es en serio?— el libro no decía nada sobre abrir candados y había inmiscuido su curiosidad dentro del bote para saber que la llave no estaba tampoco en su interior. Con la calma que otorgaba aquel lugar el calor de la herida había desaparecido y con éste la presencia del dolor le arrancó un quejido molesto, estaba segura de que algo se había roto ahí dentro y seguía sin ser una opción utilizar su varita, era demasiado peligroso.

 

Tomó el libro del morral y lo abrió sobre su regazo, debía haber algo allí, algo que quizás se pasó por encima y que en ese preciso instante le serviría muchísimo. Tras una simple ojeada se dio un toque en la frente con la mano aun llena de tierra y rebuscó una vez más dentro del mágico morral que salvaba la tarde el amuleto color amarillo que había comprado junto con el texto en el Magic Mall; se lo colocó en el cuello y casi desesperada apretó su brazo dañado pensando en, ¿pensando en qué?, pensando en nada. La curación le dolió demasiado, su alarido hizo huir a los pájaros que descansaban sobre la copa de los árboles.

 

Hasta entonces solo le perturbaba un zumbido en sus oídos y un cosquilleo en el dedo donde había colocado aquella sortija que había escogido al azar sin saber para qué funcionaba.

nqOolSA.gif

xQB7Qk7_d.webp?maxwidth=640&shape=thumb&

uhmdsoi.gif

 

Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

Una fina cadena de oro con unos extraños anillos adornada el marfileño cuello de una chica de tes clara y largo y ondulado cabello rojizo. Sentada en una silla de madera negra con un libro en sus piernas leía una carta proveniente de la Universidad Magica. Leía con tranquilidad mientras sus botas negras estilo militar que le llegaban por encima de las rodillas rebotaban una sobre la otra cuando movía sus pies.

 

Sonreía de medio lado con sus grises ojos brillando de emoción al saber que una nueva aventura se avecinaba a su vida. Más ante de que llegara a la mitad de la carta sintió un jalón a la altura del ombligo; guiándose por instinto sujeto el libro con fuerza con su mano libre, no podía perder el amuleto que había dentro de él que hábilmente había utilizado como separador. Cuando los colores al fin dejaron de dar vueltas a su alrededor Jessie estaba sentada sobre pasto verde. Tal parecía que era un bosque antiguo .

 

Molesta, se puso de pie sacudiendo su corto vestido negro de organdil mientras buscaba que era lo que había pasado, sacando su varita mágica del interior de su bota izquierda y apuntando a todos lados. Se percató de tres esferas de luz, no sabía lo que significaba, pero sus instintos le decía que debía de seguir a una de ellas. De pronto recordó lo que había leído en la introducción del libro, llegado el momento el dueño sabría que hacer con los aditamentos del libro y tal parecía que el momento había llegado.

 

Se quito la cadena tomando los anillos que llevaba colgados en ella para colocar el amuleto que tenía en su libro y volverse a colgar la cadena de oro al cuello. Con cuidado coloco los anillos en su mano derecha mientras sentía un extraño hormigueo recorrer todo su brazo.

 

-Veamos que sale de todo esto- murmuro decidida sin soltar su varita siguiendo a una de las esferas internándose en el bosque.

 

No era un bosque joven, este parecía incluso más antiguo que el bosque negro en Hogwarts. Sonrió pensando que no era la primera vez que se metía en cosas que podían terminar con su vida, pero poco le importaba. Esquivaba raíces y se agachaba para esquivar ramas bajas. El suelo era resbaladizo debido al musgo y la hojarasca seca pero la esfera luminosa se alejaba y ella no podía retrasarse ni un segundo, aunque resbalara cada dos por tres, ahora agradecía el siempre utilizar esas botas desde que la atacaran, le servían para mantenerse firme y no perder tanto el equilibrio como de seguro lo haría con zapatillas.

 

Algo se movía cerca de ella, se quedo quieta un par de segundos para luego ocultarse detrás de un gran árbol grueso y nudoso. Un par de ojos ambarinos se veían no muy lejos de ella y de inmediato supo de que se trataba. Soltó el aire que contenía en sus pulmones de forma lenta mientras con pasos muy lentos se acercaba al hipogrifo que la observaba inquisitivamente. Sus grises ojos se clavaron en los ambarinos de la alada criatura de color grisaseo, inclino un poco la espalda haciendo una leve reverencia pero tal parecía que el animal no cedía.

 

Comenzaba a molestarla pero noto la vacilación de la criatura y luego como esta inclinaba la cabeza. Sonrió satisfecha para sus adentros, ya que sabía por experiencia propia que los hipogrifos eran criaturas orgullosas, ella tenía un bello ejemplar color blanco. Amaba el color blanco aunque no lo demostraba; alargó su mano lentamente dejando que la criatura lo reconociera, acercó su pico y Jessie supo que podría montarlo.

 

Debía apresurarse, la esfera de luz que la guiaba comenzaba a alejarse cada vez más, con cuidado montó en la bella criatura acariciando con cuidado sus finas plumas, notando como la criatura se tensaba para emprender el vuelo. Estuvo a punto de reír de felicidad cuando noto el aire en su rostro pero debía centrarse y concentrarse en su tarea, debía ver y escuchar más allá de lo que a primera vista notaban sus sentidos, era algo que el libro le había demostrado en sus primeras paginas...

ojrlZad.png


http://i1008.photobucket.com/albums/af203/kath603/hufflepuff.gif http://i.imgur.com/5Sd2r7R.gif http://i45.tinypic.com/wuo67r.jpg


Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

Estando el patio posterior del castillo Lockhart, practicado técnicas de vuelos avanzadas, en situaciones normales, disfrutando de la tranquilidad del hogar siendo el único miembro que se encontraba sin empleo, no hacía nada más que practicas técnicas aprendidas en el ático de la universidad en sus diferencias áreas y sobre todo lo que haga sentir libre, para eso no había nada mejor que volar, pero a mis pies a un mas de metros mas abajo algo sucedió por que varios de los elfo de la familia se había reunido para hacemos un llamado.



Bajando me di cuenta que mi elfo personal no se encontraba en el grupo, no me debía de extrañar esa criatura cada vez me era menos fiel a mi, colocando pies en tierra todos se vinieron hacia a mi con un gran bullicio que no me dejaba escuchar nada, -silencio- le tuve que decir así poder tomar control a la situación , - solo uno va a hablar, que sucede – cuando el que estaba mas cerca de mi tomo la iniciativa luego de un par de segundo comento a hablar – sr, Adam ha llegado su nuevo libro de hechizo y con el, un pergamino que se presente ya a su clase con los guerreros uzza- cuando termino de hablar fue que me entrego mi paquete, tenían razón había llegado mi libro de fortaleza y acompañado del anuncio de comienzo de curso de manejo de uso, - elfo exagerados, como si me hubiera llegado mi acta de muerte- pensé y me eche a reír solo de mi ocurrencias.


Subí a mi habitación rápido para tomar todo lo que necesitaba antes de partir, asi que me cambie de ropa por unos jean negros, franelilla blanca cosa que me dejaba a la visto los músculos desarrollados causa de todo el ejercicios que se me exige dentro de un bando, se podía apreciar unos de mi tatuajes, era el forma de un sol que se encuentra justo en mi parte, tome el colgante volador, los diferentes anillos que se entrega con cada uno de los dos libro que ya tenia poder, antes de despedirme deje una nota de mi ubicación.


Tome un bocada de aire , respire profundo y realice la aparición al sitio que indicaban las instrucciones , pero para mi sorpresa esperaban que fueran algún lugar fuera de la civilización, aunque estaba seguro que era el lugar correcto verifique las coordenadas, asi que si estaba en lugar correcto en un bosque muy frondoso apenas se podía ver un poco la luz del sol que se deja escapar por las ramas mas altas, con eso entendí que aun era temprano podía ser alguna hora de la tarde, mira a mi alrededor no había nadie mas, no se escuchaba la presencia humana en mucho kilómetros, solo se escuchaba el sonido de los animales salvaje comencé a caminar para poder explorar el terreno, sentía la presencia de unos animales que me observaran desde la distancia, aun no estaba seguro de que era, aunque había estudiado sobre ellos era la primera vez que vea un hipogrifo, ademas era una manada de ellos, trate de evitarlos pero me seguían no importa que camino decidía tomar ellos estaban cerca, así que me coloque el anillo de las bestias, sentí un destello de luz en el. era la oportunidad de usarlo sentía que estaba en peligro, me acerque poco a poco a las bestias y cuando vi que uno de ellos se acercaba mas a mi, eso me parecía aceptado así que decidí dar otro paso mas, saludarlo como se merece, luego de tener su confianza ademas de su aprobación decidí montarlo ademas que el animal bajo todo su cuerpo a nivel del suelo, sus alas quedaron plegadas pude subir sin dificultad , de buenas a primera emprendimos vuelos, tenia mi confianza puesta en ese animal que me llevaría a un lugar seguro, en cuestión de segundo salimos de la zona boscosa llegar a la plenitud de un lago comenzó a descender y perdíamos velocidad a parecer tenia sed o ese el destino debería llevarme.

http://i.imgur.com/8vLFT7x.jpg
Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

¿Qué se suponía que estaba haciendo mal? Sintió desesperarse mientras el animal se movía, sin embargo la turbulencia cesó casi con la misma rapidez con la que había iniciado. Kassandra abrió los ojos que había cerrado segundos antes, y observó a su corcel, que se encontraba de lo más calmado, como si hubiera decidido desde el principio que la bruja merecía una oportunidad. No le pareció en lo más mínimo el comportamiento natural de una criatura salvaje como aquella. Se sintió mucho más animada, y profirió pequeños golpecitos en el cuello emplumado de su amigo, agradeciéndole.

 

Observó sus manos, sintiendo que calor emanaba de la joyería que tenía encima. ¿Habría sido obra de algún anillo? Agradecida por su sabia decisión de haberse colocado las joyas y amuletos antes que nada, suspiró aliviada.

 

—Vamos, amiguito. Tenemos que volar alto para que yo pueda ver cuál es la señal a la que debo dirigirme.

 

El animal con algo de brusquedad alzó el vuelo, y Kassandra tuvo que sujetarse fuerte para no caerse. Decidió cambiar de estrategia, y en lugar de sujetar las plumas de su amigo, le rodeó el cuello con los brazos, tratando de mirar a través de los ojos lagrimeantes que luchaban por permanecer abiertos a pesar de todo el viento que luchaba por secarlos. El bosque de repente se hizo pequeño, lo suficiente como para que ella pudiera ver la señal mucho mejor. Moviendo un poco sus brazos, cambió de dirección a antojo propio, comprobando que la señal era una luz de color bronce que estaba suspendida cerca de un lago quieto e impasible.

 

Ambos aterrizaron de manera fuerte en el suelo. Luego de la experiencia, el hipogrifo parecía mucho más servicial y amigable, así que se agachó un poco para que ella pudiese alcanzar de mejor manera el suelo. Desmontó con suavidad, agradecida con la criatura y se recordó que si se lo encontraba de nuevo iba a procurar tenerle algún bocadillo. Acariciándole por última vez el pico, ya sin miedo, se alejó para inspeccionar el lago de mejor manera.

 

Varias barquitas flotaban con armonía sobre las aguas quietas del lago. Esa parecía ser, su única señal. Sin embargo, en el fondo de todos los sonidos escuchaba un ligero zumbido de fondo, bastante agudo que provenía de alguna parte. Kassandra se acercó más a los botes, esperando que estuvieran ya dispuestos para la navegación, pero comprobó con desilusión que estaban encadenados al muelle. El candado mismo parecía necesitar una llave específica, que no estaba cercana a la vista.

 

Bufó, el sonido de fondo le impedía pensar con claridad, pues incrementaba su intensidad a medida que la castaña se movía entre las piedras del borde del lago. Aunque quizás… el sonido era la señal que estaba buscando, ¿no? Agudizó sus sentidos, tratando de encontrar la dirección de donde provenía, y cambió su rumbo varias veces cuando sentía que estaba cerca. Finalmente, decidió que el sonido salía de entre las mismas piedras, por lo que ya sin muchos miramientos se arrodilló ensuciándose las manos con algo de tierra mojada mientras removía las piedras en la busca de ese algo. Cinco piedras después, encontró una cajita pequeña, de madera, enterrada a nivel del suelo. La sacó de ahí sin detenerse a examinar la caja, sino directamente para abrirla. Ahí estaba, la famosa llave.

 

Se detuvo solamente para guardar la caja en su mochila antes de correr casi hasta los botes. Probó la llave en dos de ellos antes de encontrar el bote que sí era. Abrió el candado con rapidez, liberó la cadena, empujó un poco la barca y se trepó con agilidad encima. Encontró unos remos y los utilizó lo más rápido que le fue posible para cruzar el lago con eficacia.

bkcs7UT.gifF8NeP.giftA4DkbA.gif

 

WhatsApp Image 2021-05-26 at 8.52.41 PM.jpeg

Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

Cerrando sus ojos, Jessie se concentro en expandir sus sentidos más allá de lo que sus ojos lograban captar, imposibilitando a los demás a crecer. Capto un ruido extraño proveniente de las orillas del lago, cuanto más se concentraba en el, más crecía y más extraño era aun. Había leído que los animales nocturnos como los murcielagos podían guiarse por ondas sonoras pero estaba casi segura que ella no era capaz de escuchar a semejante nivel, así que algo que ahora poseía y antes no era el causante de aquello.


Abrió los ojos sabiendo que era aquello lo que buscaba, sonriendo decidida, acaricio el cuello del hipogrifo guiándolo hacía el lugar donde había escuchado el ruido dejando el bosque tras ella. Desmontó el animal y camino con pasos lentos sobre la playa, sintiendo los últimos rayos del sol sobre sus finos brazos escuchando cada vez más fuerte el sonido que la había llevado hasta aquel lugar. Una roca de gran tamaño, más grande que ella, bloqueaba la fuente del sonido; maldijo interiormente pero al menos ahora sabía que era lo que debía hacer y no nada más dejarse llevar por sus instintos.


Agachándose junto a la roca, busco por todos sus lados para ver si no solo estaba oculta. Por suerte así era ya que después de mucho buscar y cuando estaba a punto de darse por vencida, topo con algo frió y de diferente textura atorado solo un poco bajo la roca. Movió con presteza sus dedos liberando más que halando la pequeña llave, que al final salio de su escondite, revelando que aquel pequeño objeto era la fuente del irritante sonido.


Volteo su rostro a uno y otro lado hasta ver unos botes, ahora notaba que aquel era el sitio a donde la esfera de luz quería guiarla; poniéndose de pie con cuidado de no resbalar, salvó la distancia que la separaba de uno de aquellos botes en una rápida carrera. No se sorprendió de verlos encadenados, la llave encajaba perfectamente en la cerradura del candado. Introdujo la misma y giro para poder abrir el candado con un leve clic que provoco que su sonrisa se ensanchara más. Aquello era una búsqueda del tesoro como las que jugaba de niña.


Subio al bote sabiendo que solo le restaba esta parte, de seguro los profesores estaría en la sima de la colina que se veía atravesando el lago, más cuando estaba a punto de llevar y en un simple parpadeo volvía a estar en el principio del bosque. Molesta, comenzó a farfullar para sus adentros, esperando que esto no fuera como el ridiculo cuento de la fuente de la buena fortuna.


Noto una puerta que antes no había estado, se acerco a ella para examinarla, más por curiosidad que por instinto. No tenía cerradura ni picaporte y esto no podía augurar nada bueno. Aferro la daga que encontró a un costado de la puerta con la mano izquierda mientras sujetaba el libro con sus piernas; extendiendo su brazo derecho cerca de la puerta se hizo un profundo corte en el mismo salpicando sangre en el centro de la puerta donde ya había una marca de sangre fresca y muerta, cerrando los ojos con fuerzas debido al intenso dolor que sentía.


El amuleto comenzó a brillar en su pecho, ardiendo cada vez más intensamente. Lanzó un grito de dolor dejando que este saliera libre de sus labios sin oponer resistencia alguna. Cayó de rodillas frente a la puerta cuando esta comenzaba a abrirse por si sola. Poniéndose de pie con trabajo y con los ojos escosiendole por las lagrimas que pululaban por salir comenzó su ascenso por la montaña que estaba tras la puerta, sabiendo que algo peor que esto la esperaba una vez llegado a su objetivo.

ojrlZad.png


http://i1008.photobucket.com/albums/af203/kath603/hufflepuff.gif http://i.imgur.com/5Sd2r7R.gif http://i45.tinypic.com/wuo67r.jpg


Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

Guest
Esta discusión está cerrada a nuevas respuestas.
 Compartir

Sobre nosotros:

Harrylatino.org es una comunidad de fans del mundo mágico creado por JK Rowling, amantes de la fantasía y del rol. Nuestros inicios se remontan al año 2001 y nuestros más de 40.000 usuarios pertenecen a todos los países de habla hispana.

Nos gustan los mundos de fantasía y somos apasionados del rol, por lo que, si alguna vez quisiste vivir y sentirte como un mago, éste es tu lugar.

¡Vive la Magia!

×
×
  • Crear nuevo...

Información importante

We have placed cookies on your device to help make this website better. You can adjust your cookie settings, otherwise we'll assume you're okay to continue. Al continuar navegando aceptas nuestros Términos de uso, Normas y Política de privacidad.