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Introducción a la magia 12


Emilia Malraux

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La lluvia golpeaba con fuerza la ventana donde la Atkins miraba casi en trance aquella sinfonía que la naturaleza representaba en ese momento. Sus labios se curvaron por breves instantes al observar como un rayo partía en dos un árbol cercano a su ventana, iluminandolo todo con aquella luz blanquecina característica de ese fenómeno natural.

Los minutos pasaban mientras la mortifaga disfrutaba del sonido de la lluvia, cuando un golpe sordo rompió aquella aura oscura que inundaba el cuarto y unos enormes ojos azules miraron a la pelirroja que apenas si se molesto en dirigirle una mirada que carecía totalmente de expresión a Athos - Ama, disculpe que la interrumpa pero tiene correspondencia- El elfo la miro algo angustiado ya que después de tantos años sabía que aquella expresión significaba algo pero no se atrevía a preguntar.

-Gracias Athos - dijo con voz de terciopelo mientras seguía con la mirada como el elfo dejaba sobre la tapa del piano una carta con un sello muy familiar. Esperó casi con aburrimiento a que el elfo desapareciera y acortó los pasos que faltaban para llegar al piano, una de sus pálidas manos resbaló por la madera hasta llegar a la carta la cual abrió y con pausa leyó curvando sus labios con una sonrisa divertida tal cual la de un cazador jugando con su presa.

- ¡Que empiece lo divertido!- dijo con falso entuciasmo mientras desaparecía de la habitación para aparecer segundo a después en los pasillos de la Academia frente a la puerta del salón donde sería profesora.

Tras aquella puerta ya se escuchaban leves murmullos de aquellos a quienes tendría que instruir. Una sonrisa un tanto maquiavélica cruzó sus labios carmesí mientras arreglaba su vestido negro y la chaqueta de cuero que llevaba antes de entrar al salón donde sintió al acto varias miradas clavadas en ella.

Su expresión era neutra mientras caminaba sin inmutarse de aquellos que la miraban de manera curiosa, Se detuvo justo enfrente del escritorio y como si de unas silla se tratara se sentó sobre la misma cruzando sus piernas que terminaban en unos zapatos de tacón a juego con su atuendo. Levanto con calma la cabeza dignandose a mirar a sus alumnos, detallandolos con sus zafiros, saboreando cada gota de energía que de ellos brotaba.

Corto tiempo después sus labios se abrieron para hablar con un tono de voz más misterioso y autoritario - Sean Bienvenidos a su clase de introducción a la magia, donde si son listos y tienen lo necesario podrán sobrevivir a este lugar - sabía que no correrian peligro o eso pensaba ella, pero de verdad nada podía cambiar la diversión que experimentó al notar varias caras aterradas tras las palabras que acababa de decir. - ¿Cuantos de ustedes creen que tienen lo necesario? - dijo pasando su mirada zafiro por cada rostro mientras una sonrisa curvaba aquellos labios de manera maliciosa antes de proseguir con su presentación.

- soy Emilia Atkins una de sus profesoras, les agradezco aprovechen el tiempo y se abstengan de hacer preguntas sin sentido, ya que nada es lo que parece y necesitarán de todos sus sentidos y lo que logren aprender en clase- A penas si había terminado su presentación cuando se escucho como el crujir de la puerta daba paso a quien sería su compañera para dictar aquella clase. - Evans. - dijo la pelirroja a modo de saludo mientras ambas brujas cruzaban miradas y la segunda se disponía a presentarse ante los alumnos y dar inicio a la clase. Editado por Emilia Malraux

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Lluvia, cuando se supone que en realidad el clima debería comenzar a ser más caluroso. Veía aquella contradicción climática desde la ventana del negocio de Baker Street, punto donde siempre volvía cuando todo lo demás terminaba por agotarme. Una serie de paraguas de diversos colores era todo lo que podía apreciarse, siluetas borrosas a causa de las cada vez más empapadas ventanas.

Di media vuelta lista para partir. El hechizo de impermeabilidad había sido aplicado con precisión a la gabardina oscura, los jeans y los botines que llevaba ese día. Luego de un mes de descanso me tocaba dictar clases nuevamente, aunque no tenía idea de quien sería mi compañera.

Esperaba que al menos ella si me acompañara y no abandonara como el anterior.

Él no había llegado todavía y me preguntaba en que andanzas estaría. Lo imaginé por un instante en la butaca rindiéndose al cansancio o quizá abusando de poción herbovitalizante, y sonreí, pensando en que me estaba volviendo muy dependiente de él en cierto sentido. Saqué un trozo de pergamino el cual dejé con cuidado en la mesa ratona colocada entre nuestras dos butacas.

"Tengo clases en Hogwarts, prometo no exponerme, aunque si eso llega a ocurrir, estamos conectados así que serás el primero en saberlo"

Un leve ruidito me advirtió que mi amado erizo Jawn había despertado.Con suavidad acaricié su lomo, pero la traviesa criatura trepó a lo largo de mi brazo hasta colocarse en mi hombro. Parecía que no estaba dispuesto a perderse la aventura y de todas formas ya iba demasiado atrasada para oponerme así que solo salí con él y con el morral colgando del otro hombro. Afuera la moto estaba estacionada y avancé con ella hasta un callejón próximo desde el cual fue fácil aplicar un hechizo de invisibilidad y elevarme por los aires en el aparato.

La ráfaga de aire rozando mis mejillas me hicieron sentir más viva que nunca, lo mismo que la velocidad de la máquina que aceleraba los latidos de mi corazón y agitaba los mechones rojizos desordenándolos. Cuando tiempo después aterricé en Hogwarts, me sentía lista para lo que sea que pudiera ocurrir. Caminé sin prisas por los pasillos, consciente de que mi compañera podía ya estar presentándose con los alumnos, mas si no íbamos a ir a ninguna parte ¿para que apurarme en llegar al aula?

Sin embargo en cuanto estuve frente a la puerta, las últimas palabras de la mujer me dejaron pasmada ¿abstenerse de preguntas sin sentido? ¿y quien se creía ella para juzgar algo así? Solté un suspiro algo cansada y empujé la puerta de la forma mas ruidosa posible. Y entonces caí en cuenta que conocía a aquella mujer.

- Que sorpresa encontrarte aquí Emilia- respondí sin detenerme demasiado en verla y dirigiendo mi atención a los alumnos presentes- Es un gusto ver nuevos alumnos llegar a Hogwarts deseosos de nuevos conocimientos. Mi nombre es Bel Evans McGonagall, lo que soy y lo que hago creo que podremos irlo descubriendo a lo largo de esta clase. Ahora lo que me interesa es saber quienes son ustedes y como es que llegaron hasta Ottery.

Avancé unos cuantos pasos y cogiendo una de las sillas libres disponibles me senté en ella. Desde allí y mientras Jawn se colocaba en mi regazo y observaba curioso a los demás

- Entonces ¿quién será el primer valiente en presentarse?

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La lluvia golpeaba sin piedad la ventana de la habitación de Noel, mientras este se paseaba por toda la habitación, revisando que tuviera todas sus cosas en orden para su primera clase en la academia de magia. El chico vestía una camiseta de manga larga color gris y unos pantalones de color azul bastante claro; además sobre una silla había una chaqueta y una bufanda, esperando a que el joven mago las usara. Sobre el velador al costado de su cama estaba una carta que había recibido hace apenas un par de días, donde le informaban que debía presentarse en el salón XII el día de hoy en apenas unas horas más.

 

Noel se sentía un poco nervioso, apenas podía evitar leer la carta cada pocos segundos, aunque ya se supiese su contenido prácticamente de memoria, no podía evitar pensar en que pudiera olvidar el salón donde debería estar o simplemente llegar tarde a la primera clase, lo cual sería un bochorno. Finalmente decidió tomar la carta y la metió en su mochila negra por las dudas, junto con sus pergaminos, plumas y el tintero. Luego, al mirar la hora, se puso su chaqueta color azul oscuro, una bufanda de igual color y salió de la casa hacia la academia.

 

Al llegar a la academia noto que apenas había gente, ya que aún era bastante temprano. Quitó el hechizo de impermeabilidad que había usado apenas salió a la calle para evitar mojarse por la lluvia, y buscó el dichoso salón XII. Tras unos minutos y preguntar a otras personas, encontró el salón. Al entrar notó que era bastante grande y que apenas había unos pocos estudiantes que habían llegado antes que él. Solo cuando quedaban unos 15 minutos para el inicio, comenzaron a llegar estudiantes a tropel y rápidamente el ruido de diversas conversaciones inundó el salón.

 

Tras unos minutos, llegó la primera profesora. Ella se movía despacio, sin ningún tipo de prisa. Cuando comenzó a hablar, Noel notó un pequeño escalofrío en su espalda, tanto por sus palabras como por sus gestos. El chico esperaba de todo corazón que eso de que quizás no sobrevivan sea tan solo una extraña manera de la profesora Atkins para hacer que sus alumnos dieran lo mejor de sí. Al rato apareció otra profesora que se presentó como Bel Evans, quien pidió a los estudiantes que se presentaran. Tras un rato en que Noel esperaba que alguien más se presentara, ya que no tenía ninguna intención de presentarse primero, pero al ver que nadie decía nada, decidió que debería ser el primero.

 

Bueno…emmm…hola a todos ­–comenzó con el evidente nerviosismo de tener que hablar ante varias personas–. Mi nombre es Noel y tengo 20 años. Viví bastante tiempo cerca de la ciudad de Newcastle, pero desde hace una semana vivo en Ottery con mi familia.

 

Tras la corta presentación, Noel soltó un pequeño suspiro de alivio. Hablar frente a otras personas siempre lo pone un poco nervioso y pensó que quizás debió haber dicho algo más sobre él. Tras esto, espero tranquilamente, mientras escuchaba a los otros estudiantes hablar.

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¡Lluvia! ¡odio la lluvia! a menos claro que esté acostado en mi cama viendo televisión y no a punto de entrar a una clase, odio llenarme de lodo los zapatos y que se mojen las cosas que llevo en la mochila, esa que compré inmediatamente que recibí la carta para presentarme en el salón XII.


Aunque siempre he sido un tipo con mucha seguridad (bueno, casi siempre) no puedo evitar sentir nervios por la primera clase ¿y si mis profesores son muy malos? ¡o peor aún! muy buenos, las artes oscuras siempre han llamado mi atención y es justo lo que busco aprender, ojalá no sean aurores tratando de enseñar ñoñerías.


Abro la puerta y veo que soy de los primeros, saludo a algunos con un movimiento gentil de mi cabeza y una sonrisita, no pretendo ser maleducado pero me mantengo en silencio y veo que mis zapatos están llenos de lodo, solo puedo pensar en como odio la lluvia.


Llegó la primera profesora y con ella un tenso ambiente, se movió despacio analizando el aula, con sus movimientos pienso que es malvada, me gusta eso y lo confirmo al momento en que dice sus primeras palabras, me gusta esa malicia, algunos se inmutan, yo solo sonrío.


La segunda profesora parece menos maliciosa pero no creo que alguien se atreva a meterse con ella tampoco, pidió que nos presentáramos, hubo un momento de silencio en el que nadie se movía, justo pensaba en ponerme de pie cuando chico que dijo llamarse Noel se paró y presentó, se le nota nervioso, al sentarse él me toca a mi:


- Buen día, mi nombre es Joel, nací en Liverpool pero vivo en Londres y estoy aquí para adquirir y reforzar mis conocimientos mágicos, es un gusto conocerles, profesoras y compañeros - Me siento y observo a quien sigue de mi....

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He de decir que he estado esperando este momento por años, desde que me dijieron que entraría a Hogwarts he contado los días para no perdermelo. Aunque el clima no esté a la mejor disposición, a mi parecer es muy agradable; prefiero mil veces que este lloviendo, a tener que soportar el sol.

 

Un día antes metí todas mis cosas que necesitaría, por suerte mi hermana Mery me ayudó con el tema de la maleta y el espacio, mientras yo buscaba entre mi ropa el uniforme que por fin vestiría mañana, le dije que tenía que entrar todo en mi mochila y que pesara como si no tuviera nada. A decir verdad, el viaje en el carro no me gustó nada, estar sentado y sólo ver por la ventana llega a adormecer y no quiero dormirme a mitad de las clases, bueno... Al menos no el primer día; yo hubiera preferido ir en escoba, sentir el agua resbalar tu cara y que tu cabello se revuelta en las fuertes ráfagas de aire sería algo que sin duda me gustaría hacer, pero con eso de que hay truenos y relámpagos no me dejaron salir ni a la puesta.

 

Hablando de puertas ¿Has visto las de Hogwarts? ¿Para que las hicieron tan grandes? ¿A caso voy a tener que estudiar con gigantes?, si tengo que estudiar con gigantes te juro que me cambio de escuela, de casa, y de mundo si es necesario. Yo tenía mi horario y el aula en donde me debía de presentar perfectamente apuntados, pero el problema era que estaban en mi mochila y tenía miedo que al abrirla explotara y saltaran todas las cosas. Al final decidí seguir a unos cuántos niños, algunos más perdidos que yo, en fin, que llegue a la clase y fui de esos que llegó corriendo porque casi no alcanza lugar; Me senté en medio, no hable con nadie por no lo veía cesario por ahora, espere un poco y cuando ya me llegaba el sueño oí que se habría la puerta.

 

Su pelo me llamó demasiado la atención, y la forma en que caminaba era tan diva malvada, no me desagrado, pero no confiaría mucho en ella; Se presentó como profesora Atkins. Cuando empezó a hablar le preste mucha atención ya daba aires de que si la ignorabas te iba a costar muy caro.

 

Lo listo lo tengo, pero eso de sobrevivir a su clase, tal ves lo dijo para dar miedo, para causar simpatía con los Slytherin o simplemente porque estaba loca, cualquiera de las tres son muy razonables.

 

Después del teatro que formó la profesara Atkins llegó una nueva profesora un poco más normal, tal vez más humana, se llamaba Bel. Nos dijo que nos presentaremos uno a uno, le aplaudiría al valiente que se parara de primero y hablé enfrente de todo el salón, pero no lo voy a hacer aquí adentro. El primero en pararse fue Noel, lo noté bastante nervioso, inseguro de lo que decía, tal ves con miedo, ahora creo que ya se a que se refería la maestra al decir que no todos sobrevivirán a su clase. Me paré después de él, no quería ser el primero pero me niego a ser el último.

—Hola, mi nombre es Rubén,tengo 15 años, proveniente de la familia Karkarov, me gusta volar en escoba y memorizar hechizos y encantamientos, soy bastante dedicado en lo que me propongo, por algo soy Ravenclaw.

 

Me senté en silencio esperando al siguiente valiente que se atreviera a presentarse, para mi gusto no lo hice tan mal, lo pude hacer mejor, pero los nervios no ayudaron mucho.

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"Vida acuática, misterios" se podía leer en la portada de un pequeño libro de color esmeralda que una chica de cabello castaño y desordenado tenia entre sus manos, no se sabe si es un libro mágico, lo cierto es que ella se encontraba muy concentrada leyendo, sin percatarse de los alumnos que iban ingresando en el salón; había llegado de las primeras, estaba acostumbrada a levantarse temprano, sus padres la incitaban a hacerlo desde que era pequeña, vivir en el campo y encargarse de las tareas de una granja como la hermana mayor es una trabajo pesado.

 

Se sentó cerca de la pared en las últimas filas, un pequeño bolso de cuero algo estropeado se encontraba colgando de su asiento, su rostro no mostraba expresión alguna, era como si viviera en su propio mundo. Ni siquiera se inmuto cuando la profesora entro al salón, siguió leyendo tranquilamente, hasta que esta dijo su nombre, cerro lentamente el libro y lo guardo, luego saco unas hojas, una pluma y escribió unos cuantos garabatos, la doblo torpemente y la guardo junto al libro al mismo tiempo que la puerta se abría nuevamente, miro de reojo para ver de quien se trataba; pensó que al principio era un alumnos llegando tarde; pero se equivoco, era la otra profesora, la siguió con la mirada hasta que se sentó, pero algo llamo su atención un pequeño erizo que se encontraba en su regazo, la chica dibujo una pequeña sonrisa en su rostro al ver al pequeño animalito.

 

No presto mucha atención a la presentación de sus compañeros, no porque no tuviera interés, si no porque en realidad era muy despistada o talvés le era muy fácil dejar la mente en blanco (?), creo que ella no se percataba de esta "cualidad" que tenia. Mientras el resto se presentaba tomo una liga para el cabello que tenia como adorno en su muñeca y se la coloco torpemente en su liso y desordenado cabello.

 

Al darse cuenta que se formaba un silencio en el salón pensó que era su turno, se levanto lentamente de su silla y miro a ambas profesoras de modo intermitente:

 

- Mi nombre es JunnyCo Wright, provengo de Lacock en Wiltshire, pero ahora estoy viviendo en Ottery. Me gusta mucho la naturaleza y todo ser viviente, mi sueño es conocer y descubrir cualquier tipo de criatura.- Su tono de voz era muy tranquila y plana - Ah! y un gusto en conocerlas - hizo rápidamente una reverencia hacia las profesoras como si hubiera olvidado algo muy importante - Y a ustedes - Agregó y también dedico una pequeña reverencia a sus compañeros, luego se sentó y acomodo tranquilamente en su silla, cruzo sus piernas y siguió mirando con una sonrisa al pequeño erizo.

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--¿Y todas las clases son en aquel lugar? --preguntaba a Asmosdeo mientras se ponía su chamarra de cuero y se miraba al espejo. --Espero que está no sea igual de aburrida que la anterior…

 

El elfo doméstico no respondió, trataba de ignorarlo siempre que se trataba de una clase, era inútil explicarle al joven de cabellos plateados que debía cursar aquellas clases para obtener un mejor rango social o un empleo bien pagado. Pero era obvio que para el Yaxley todo eso era la manera perfecta para hacerle perder su tiempo. Se acomodaba el flequillo de su cabello al momento de escuchar como las gotas de lluvia golpeaban sonora y rítmicamente el vidrio de su ventana, giro la cabeza sólo para confirmar lo que su fino oído había sido capaz de escuchar minutos antes.
--Maravilloso, ¿no lo crees Asmosdeo? --en su tono de voz había cierto sarcasmo, de todos los climas que había, la lluvia era de los que menos disfrutaba, ya que su cabello al estar mojado no se quedaba tal cual él se lo acomodaba. --Creo que está es una señal y no debo salir de casa. --dijo, estaba preparándose para lanzarse a la cama de nuevo; cuando en lugar de hallarse sobre la cama semi acostado, se encontraba a mitad del aula, sentado en el suelo y mirando a la puerta. El peor ridículo de toda su vida, trató de parecer jovial y normal, pero un ligero rubor en sus mejillas dejaban notar la vergüenza que sentía por el suceso que acaba de ocurrir.
Aquella entrada al aula de clases había sido culpa de su elfo doméstico que se había hecho de unas confiancitas para evitar que un mes más el peliblanco se quedará en la Academia, pero ya se las arreglaría con él. Por el momento se puso de pie y mientras sacudía la tierra que se quedaba pegada en el pantalón de cuero negro observó a las dos mujeres que se encontraban al frente del salón de clases. Al parecer no sólo todas las clases eran en un aula poco acogedora si no que también todas debían tener una presentación por parte de ambos lados.
El Yaxley espero a que sus compañeros se presentarán, para cuando fue su turno miró a su alrededor esperando obtener un silencio sepulcral, busco entre sus bolsillos una tarjeta en la que ya tenía escrito lo que debía decir, hasta ese momento no recordaba cuantas veces había tenido que presentarse ante un grupo de personas extrañas y al parecer iba a tener que seguir así de por vida.
--Buenos días. ¿Por qué ustedes siempre son dos? ¿Qué representan? --cuestiono a ambas mujeres al frente, y giro la cabeza para ver parte de sus compañeros que se encontraban en aquel lugar. Sin esperar respuesta por parte de alguna de ellas prosiguió a presentarse. --Soy Darcyl Julian Yaxley, tengo 20 años y soy el único miembro vivo de los Yaxley. --sus ojos estaban fijos leyendo la tarjeta donde tenía su presentación, estaba tratando de no llorar, aun se encontraba muy afectado por el hecho de haber perdido a las dos personas que mas había amado con todo su ser. --Vivo en un departamento a las afueras de la ciudad, justo donde empieza el barrio muggle. --para ese punto, la voz del chico se escuchaba entrecortada, por lo que respiró profundamente para calmarse.

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Había llegado a Ottery St. Catchpole debido a una serie de eventos que muchos clasificarían como obra del destino, no así Blake, quien tendía siempre a presionar a su propia suerte hasta torcerla a favor de sus deseos. De no obrar con dicha determinación, la misma posiblemente aún se encontraría en una asquerosa caravana junto a su troupé rumbo a desconocidos pueblos de Europa del Este.


Sin haber recibido jamás instrucción mágica académica, luego de la muerte de su madre, la joven había decidido iniciar el largo viaje hasta Gran Bretaña, donde le habían contado, existía la mejor escuela de Magia y Hechicería de toda Europa. ¿Sería acaso Blake merecedora de tal honor? Si algo no le faltaba era confianza en sí misma, por lo que no le sorprendió en absoluto que a la semanas de instalarse en un destartalado cuartucho de Londres le llegara una lechuza de Hogwarts anunciando su plaza.


Y allí estaba aquella mañana, más emocionada que nerviosa, reteniendo en su mente el recuerdo de su madre en el reflejo del espejo. Tenía sus mismos ojos, de un verde suave, tal vez demasiados grandes, su boca carnosa y su cabello castaño... pero allí terminaba todo parecido. Su madre, como buena gitana, jamás hubiese permitido que su única hija se uniera al mundo de las sombras, como ellos llamaban al mundo de los magos. Irónicamente, Blake se encontraba más que segura de que su desconocido padre había sido un mago.


Pero su familia circense se encontraba ya muy lejos de ella en ese momento. Ya no se encontraba obligada a practicar trapecio en las mañanas ni a cumplir sus horribles jornadas de adivinación para los turistas muggles en las tardes de carnaval. Lo único que hacía, a modo de juego y para ganarse la vida hasta que iniciara su curso en Hogwarts, era trabajar como mimo en los subterráneos de Londres.


El maquillaje blanco con el que cubría su rostro cada día se encontraba junto al lavabo, pero aquel día no tendría que usarlo, por lo que se limitó a lavarse la cara y cepillarse el cabello y los dientes furiosamente. Debajo del impermeable negro llevaba una falda larga hasta los tobillos y una blusa lo suficientemente corta como para revelar el pendiente que colgaba de su ombligo. Blake no se molestaba en imitar a las brujas y las muggles londinenses. Pese a todos los cambios que había sufrido en su vida en los últimos meses, no quería perder esa identidad estética que la definía en un mundo regido por la moda supérflua de las masas.




Al llegar a los terrenos del Colegio, no tardó demasiado en ubicar el edificio y el salón donde se desarrollaría la clase, como buena trotamundos, tenía su sentido de la orientación perfectamente entrenado. La carta de bienvenida descansaba aún en su carterita de fondo expansible, junto a un puñado de plumas, pergaminos y tinta. Aún no era la hora de inicio y, al no conocer a nadie, Blake se limitó a ubicarse en uno de los últimos pupitres del aula. El sobretodo aún goteaba cuando lo lanzó con una floritura de su varita mágica en uno de los percheros de la pared. En ese momento apareció de la nada un muchacho en el piso del salón junto a un elfo, sobresaltando a todos, pero las profesoras no tardaron en llegar, eclipsando así la atención.


La primera fue Atkins, una mujer de rasgos delicados y eterna sonrisa sinuosa que, por alguna extraña razón, parecía empecinada en incomodar a todos. Inconscientemente, Blake se cruzó de brazos al instante. Por otro lado, la profesora Evans McGonagal, aunque escueta, les dio una bienvenida ciertamente más calurosa. Como la mayoría, la bruja no quería ser la primera en presentarse, así que dejó que se les adelantaran un par antes de hacer lo suyo.


Vaya, nunca improvisar ¿eh?


Susurró para sí misma sin poder evitarlo al ver cómo uno de sus compañeros leía de un pergamino su presentación. Por supuesto, entonces le tocó a ella, pero a la bruja no le interesaba en absoluto brindarles a perfectos desconocidos demasiada información sobre sí misma.


Yo soy Blake y llegué a Ottery en... —realizó una seña con el puño cerrado y el dedo pulgar en alto sobre su hombro —¿Pidiendo aventón? — No es que tuviera mucho más que agregar, sin apellido ni una pudiente familia que respaldara su presencia allí, Blake se limitó a finalizar sus fugaces palabras con una brillante sonrisa sonrisa antes de hundirse en su silla y comenzar a juguetear con sus anillos sin perder detalle de lo que sucedía a su alrededor

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Un día como aquel era un grandioso día, por fin comenzaría sus lecciones y, a pesar de su estado podría acudir al lugar donde tendría lugar la primera clase que tanto había anhelado. Se paseó por las estrechas calles de la población mientras pensaba de manera optimista cómo sería de los primeros en aparecer por aquél lugar en un momento tan nefasto como este, en el que la lluvia no cesaba y proporcionaba un ambiente de tristeza al entorno pues no había demasiada gente por las calles del pueblo. Se despidió de Izan, el elfo doméstico familiar sin prestarle demasiada atención...

 

Después del intenso recorrido por la villa, Olenko se dirigió a la Escuela de magia en un día que se podría describir como lluvioso pero excitante; En efecto, había recibido por correspondencia mágica la invitación a las clases y, por nada del mundo evitaría acceder allí puesto que quería demostrar su valía y sus años de trabajo. Atrás quedaban sus mañanas incesantes de desespero por saber acerca del paradero de Ottery. Había dedicado tiempo a vislumbrar el lugar y se acercaba la hora de acudir a donde tendría que conocer al resto de sus compañeros y compañeras, sí, esos mismos que en un futuro elegirían con él si el bando fenixiano o el mortífago y llevarían a cabo las labores propias del mando al que perteneciesen.

 

A percibir por el tiempo, él pensó que sería de los primeros en llegar, pero cuando se adentró en el salón XII pudo ver cómo estaba rodeado de gente que tenía la misma ambición que él, o por lo menos el deseo de aprender para poder salir y proceder con la peligrosa tarea de continuar en la universidad mágica. Los alumnos se presentaban uno a uno a medida que iban abriendo el círculo, pero antes se pudo escuchar a las brujas que les instruirían durante ese curso. Olenko percibió la arrogancia de la profesora Atkins en su forma de hablar y mostrarse al público presente y pronto comprendió que se trataba de una seguidora de la marca. La otra profesora también se presentó pero con más naturalidad que la primera.

 

Él se encontraba nervioso porque según había podido comprobar, cada vez quedaban menos para efectuar su meditado pero elegante saludo, puesto que tenía todo pensado desde que fue convocado a las clases y esta vez el pánico escénico no podría con él, o eso era lo que creía porque cuando llegó su momento tuvo un serio despiste: se quedó en blanco totalmente. Una compañera le miraba con aire taciturno mientras él intentaba balbucear las primeras palabras de su presentación:

 

-Hola a todos y a todas, mi nombre es Olenko y tengo veinte años -pudo decir mientras miraba a los ojos a cada uno de sus compañeros. Había un brillo de frialdad en algunos, mientras que en otros se podía contemplar la paciencia y comprensión con la que le escuchaban.Terminó una frase sin saber exactamente el porqué la decía pero se sintió cómodo y feliz con lo que expresó.

 

La sonrisa de las docentes se hizo presente mientras el joven volvía a su asiento. Él no creía en el ridículo pero pensaba en el rechazo y como siempre decía, la primera impresión se causaba durante el primer minuto de exposición a la gente, el verte hablar, comunicar, decir, en definitiva expresar y ver las habilidades con las que procedías a ello. A continuación no sabía lo que ocurriría, pero tenía un fuego en el interior que, aparentemente no demostraba, pero hacía que todo se enlenteciese para él porque tenía ganas de aprender y conocer. Tenía las ideas muy claras o eso pensaba.

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Desperté temprano ese día. Había pasado una noche más que tormentosa debido a los nervios que se apoderaban de mí cada vez que recordaba que no solo había sido aceptada en un colegio lleno de magos y brujas sino que además, yo era una de ellas. - ¿cómo es que mi vida había cambiado tanto en tan solo un par de días? - Ahora no solo era una bruja y tenía que dejar todo lo que conocía atrás, sino que todo lo que conocía, o creía conocer había resultado ser una mentira: mis padres no eran mis padres, había sido adoptada siendo tan solo un bebé y mi papá biológico, el cual no conocía y del cual había engendrado mi poderes de bruja, se había deshecho de mí como si fuera una escoria nada más nacer. Mi vida era un asco y para colmo, al mirar por la ventana vi que estaba lloviendo - genial - pensé intentado autoconvencerme de que eso no significaba que mi vida seguiría yendo de mal en peor.

 

Hace una semana mi mayor preocupación era no sacar una muy mala calificación en matemáticas y ahora, una semana más tarde estaba corriendo como loca para no llegar tarde a la primera clase de mi nuevo colegio, para magos; del que me había enterado de su existencia hace menos de 5 días. Suspiré. Esto era ridículo...

 

Giré con rapidez una esquina divisando por fin la puerta del aula donde impartiría mi primera clase y si, aún estaba abierta pero no había ningún alumno fuera asi que supuse que todos habían entrado - genial, primer día de clase y llegas tarde, eres un maldito imán para los problemas Patri. Sigue así y todos verán lo torpe que eres...

 

Me paré a medio metro de la puerta y traté de recomponerme y aspirar un poco de aire antes de entrar. No quería que todos vieran mi cara que de seguro parecería un tomate. Estaba claro que sería el centro de atención de todos gracias a mi torpeza de llegar tarde el primer día, que menos que causar una buena impresión, ¿no?

 

Estando ya más tranquila, avancé los pocos pasos que me quedaban para plantarme en medio de la puerta abierta y la golpeé suavemente para que tan solo la profesora me viera. - Es-to... siento llegar tarde. No encontraba la puerta del aula y bueno... - miré a las profesoras avergonzadas y suspiré.- lo siento.

 

Una de las profesoras me sonrió, aunque por lo que pude ver, su sonrisa no era muy amigable. Por su expresión me dejó ver que me sería muy difícil aprobar este año - nuevamente, genial...- me indicó que me acercara y que, para mi gran horror, me presentara delante de toda la clase. -Estaba claro que era un castigo por llegar tarde. Sabía que el día no podía mejorar. -

 

Caminé hasta mi lugar, en medio de ambas profesoras y al mirar al frente vi que varios de mis compañeros cuchicheaban y se reían. Estaban disfrutando de la escena, sin duda. - Me llamo Patri, tengo 20 años y bueno... no sé que más decir. - me sonrojé, por supuesto, y miré a la profesora que me había mandado presentarme en busca de ayuda. Tenía una gran sonrisa de autosuficiencia, seguramente por el mal rato que me había hecho pasar. Lo bueno fue, que me dejó ir con mis compañeros, así pues, con mi cabeza agachada nuevamente por la vergüenza, me dispuse a adentrarme entre la masa de alumnos y a sentarme en uno de los pupitres que aún quedaba libres, como no en la última fila. - Genial, todo era... genial....

Editado por Patrizalby13

 

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