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Mansión "Ojo Loco" Potter Blue (MM B: 78439)


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Al ingresar al comedor todo era más o menos como esperaba, o como lo sería en una mansión regular, una mesa con sillas a su alrededor y muebles que hacían que el lugar no quedase tan vacío. Su mente comenzó a divagar, desde preguntas sobre cuantas personas vivían en lugar hasta que es lo que la familia hacía. Finalmente, cuando comprendió que el comedor era un lugar aburrido decidió cambiar su recorrido rumbo a la cocina y luego a una puerta llamó su atención, por lo que decidió entrar.

 

Inmediatamente se dio cuenta de que se trataba de una habitación. Lo que más le llamó la atención fue una estantería llena de libros, obviamente no se atrevería a dañar los libros porque eran algo sagrado para ella, pero el resto de las pertenencias de la habitación le importaban muy poco. Se dirigió a lo que parecía ser un mueble en donde se guardaba ropa y de este sacó lo que parecía ser ropa interior de una mujer, si bien no sabía de quien era la habitación, decidió guardarse la prenda en un bolsillo, ¿Con eso sería suficiente para completar la misión, verdad? De todas formas si la prenda no era de la persona deseada, tampoco sería culpa de la joven.

 

Minutos después volvió a la cocina con su varita en mano, pues segundos atrás había escuchado movimiento, por lo que esperaba que solo se tratase de sus acompañantes y no de alguna persona o criatura de la casa. Sentía sus manos algo frías, por lo que decidió lanzar el encantamiento Indendius para prender fuego un cesto de basura pequeño. Suponía que a partir de eso lograría calentarse un poco y, porque no, destrozar un poco el lugar.

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—¡¡¡ Bingo !!!—respingó dando un pequeño saltito para luego recuperar la compostura. Estaba frente a la habitación de la conocida Warlock Sagitas, no se detendría en su afán por hacerse de algunas cuantas cosillas y causar uno que otro destrozo dentro de esos aposentos—Ha comenzado la verdadera diversión—aflorando en sus orbes lapislázulis un brillo malicioso que poco a poco envició sus sentidos. Ahora solo la adrenalina controlaría cada uno de sus movimientos, elevando con fuerza su varita pensaba en que conjuró sería el ideal para iniciar con su destructiva hazaña.


—Confringo—parafraseó desprendiéndose de su varita un rayo escarlata, aquel que impacto violentamente sobre la cabecera de la cama. Dejando esta reducida a simples escombros que crearon una nube de humo, el aspirar la maldad que brotaba de sus acciones nefastas, no le quedaba nada más que seguir adelante con todo aquello. War despertó dentro de ella, agitando sus nueve cabezas con fuerza y determinación, la hidra reclamaba sangre y vidas de lo que se cruzará en el camino de Malfoy. Debía saciar su sed antes de que la bomba estallará sin remedio alguno, ladeando su cabeza comenzó a rebuscar en los cajones sin dar con nada que le fuera de utilidad hasta el momento.


—¿Dónde demonios esta lo divertido?—apretando los dientes abrió de trino otro cajón topándose con varias pelucas y narices rojas. Apareciendo un costal en su diestra relleno el mismo con todo eso, sintiendo una cosquillita venenosa que le ascendió por la columna vertebral—Quién lo iba a decir—expulsando una carcajada maniática se enfocó ahora en el ropero, quizás ahí encontraría algunas cosas más para adherir a la jugosa colección que ahora poseía dentro de ese saco.

Soy de la sangre del dragón ♦ Sinister Blade ♦ No te mostraré misericordia
monsjuv2021
¿Qué serías capaz de ofrecerme que valga el precio de mis recuerdos?
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Soltó un suspiro mientras observaba la llama hacerse cada vez más y más grande, por un momento pensó en apagarlo, pero se detuvo antes de hacerlo y salió de la cocina para dirigirse a los terrenos de la mansión, pues simplemente no tenía ganas de buscar prendas en otra habitación. Sabía que dejar fuego en una habitación sin controlar era peligroso, pero como no se trataba de su hogar no le importaba mucho.

 

Camino dando pasos pequeños, disfrutando de la noche y de la salida inesperada que había tenido. A lo lejos vio una figura que supuso que era su madre, por lo que no dudo en acercarse.

 

—Creo que esto es suficiente— tomó con una mano la de su madre mientras que, con la otra, buscaba la prenda que había guardado con anterioridad en su bolsillo. Al sacarla, la depósito rápidamente en la mano de Mia, soltando una pequeña carcajada ya que suponía que eso no le haría nada de gracia.

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—Veamos, veamos que tenemos aquí—abriendo las puertas del ropero de par en par, no cabía en su asombro. Disfraces de diversos colores le daban la bienvenida, trajes de payaso de tonalidades bastante escandalosas a su parecer, pero era la cereza del pastel todo aquello. Tomando varios los depositaba dentro del costal, el cual ya estaba demasiado atiborrado con todo aquello y para rematar los pares de zapatos que se colaron hasta el tope de este. Se sentía como Santa Claus, sólo que ella no llevaba regalos para los pequeños, sino que los hurtaba y se daría la mejor divertida de su existencia.


—Confringo—otro rayo rojizo escapaba de la punta de su varita, dando exitosamente en el blanco. Una sonrisa cargada de malicia brotaba de sus labios, acompañada por ese brillo maniático que resaltaba el azul de sus ojos, transformando todo aquello en una escena tétrica y desoladora. Agitando otra vez su varita, no cesaría en sus ataques, al menos de momento y eso le arrancaba de nueva cuenta una bocanada de aire gélido que le resulto catártica sin lugar a dudas.


—Fuego Maldito—sentenció con altivez invocando un caballo negro envuelto en llamas, aquel que comenzó a galopar alrededor de toda la habitación. Malfoy le ordenó quemar todo a su paso, abandonando ese sitio lo estaba dejando convertido en un verdadero infierno en la tierra—¡¡¡ Que arda la habitación de la Warlock !!!—gritaba desaforada corriendo hasta donde estaba Mía—Aquí esta el botín espero que sea suficiente—agitando el costal esperaba la orden para abandonar el lugar e irse a celebrar por todo lo alto.


Deseaba beberse unas buenas copas de bourbon, ya necesitaba consumir algo de alcohol para contener la bomba que estaba a poco o nada de estallar en mil pedazos. Por ahora se sentía feliz por sus acciones, no podía pedirse nada mejor y continuaría por la misma senda sin lugar a dudas. Dando un latigazo con su varita invoco una imagen que engalanaba toda la sala de la mansión.


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monsjuv2021
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Al notar la presencia de su hija a sus espaldas se giró y negó con lentitud, ¿cuándo iba a madurar un poco? No tenía ni idea, pero esperaba que fuese pronto, porque no le gustaba mucho la idea de que aún con el paso de los años, siguiera con aquella actitud infantil. Así que únicamente suspiró profundamente y escuchó sus palabras.

 

—Espero que sea de Sagitas, de lo contrario… no me sirve. —respondió ante los comentarios de su hija.

 

Al sentir como alrededor de su mano, era entregada una prenda intima, aguanto las ganas de tirarla al suelo y con un movimiento de su arma mágica la mando a guardar hasta lo confines de la Torre Negra. Evitando hacer algún comentario a la Black Lestrange, se giró a ver la mansión, comenzaba a incendiarse lentamente, y eso era obra de sus dos acompañantes, por lo que sonrió con tranquilidad y miró a Juv, que se acercaba hasta su posición.

 

—Excelente, es momento de irnos y celebrar —le indicó al ver que venía con un costal—. Después analizaré todo lo que consiguieron.

 

Les indicó, justo antes de pedirles que la sigieran por un sendero de los jardines, el cual las llevó hasta los terrenos adyacentes a la propiedad de la familia Potter Blue, justo allí donde si podía emplear la magia de la aparición para irse del lugar y de disfrutar de algunas buenas copas de licor en compañía de la Malfoy y de mandar a Romina a su casa a buscar a su hermano, porque estaba segura de que podrían pasar algún momento interesante juntos.

 

—Vámonos. —fue todo lo que dijo, antes de tomarlas por los brazos y dar un medio giro, consiguiendo de tal manera que las tres brujas desaparecieran envueltas en una voluta de humo negra, la cual segundos después se disipó sin dejar rastro alguno de su presencia en aquel lugar. Puesto, que se encontraban en la Taberna de la Torre Negra, justo donde todos esperaban beber un trago después de una jornada laboral extrema.

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Mi prima fue la que abrió la puerta, por el gesto de su cara no me esperaba, sonreí al ver como buscaba sobre mi hombro a alguien mas, me preguntó si quería pasar y después de unas risitas me dijo que si acaso le iba a vender una enciclopedia.

 

--No, las enciclopedias no caben en esta casa, pero tengo unos libros sobre trucos de malabares con objetos que podrían ayudar

 

Reí a mi comentario al ver su rostro, me dijo que si quería conocer a la familia, y ahora mi cara fue la de sorpresa, Hayame había tenido un hijo, como es que no me había enterado de nada de eso, cuantas veces la había visto en el ministerio y nunca había pasado eso por mi cabeza.

 

--Como dices?? Vaya, eso no lo esperaba

 

Se hizo un poco de lado para poder pasar por la puerta, apenas me disponía a entrar cuando la voz de Xell llego desde dentro, me invitaba a pasar diciendo que Sagitas me dejaría ahí en la puerta.

 

--Jajaja no te preocupes Xell ya me estaba invitando a pasar solo que creo que no le gusto mi visita

 

Reí y pase a la casa.

 

--Donde esta el nuevo integrante de la familia

 

Hable llegando a la sala donde estaban charlando.

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Me puse a reír ante lo que decía Dj y pensé que si fuera verdad lo de los libros de malabares, estaría dispuesta a comprar unos cuantos. La aportación de Xell también me hizo sonreír y negué con la cabeza.

 

-- Ya vamos, mujer, no hace falta que me presiones. Anda, vamos, Dj o es capaz de acusarme de no querer visitas.

 

Los dos avanzamos hacia el interior de la mansión, hacia la zona de sala de la chimenea, donde estaban los otros miembros de la familia, esperando. Estaba segura que habían estado escuchando aunque ahora disimulaban. Le señalé un sillón a mi primo y me senté cerca del calorcito. Casi bostezo, era demasiado tarde y el día había sido duro. Pero disimulé porque hacía tiempo que no gozaba de la presencia de la familia, así que me forcé a no hacerlo.

 

-- Ya me gustaría, Dj, ver al enanito pero... Aquí, la hermana Haya cree que le vamos a contagiar vete a saber qué, como si alguien tuviera viruela de dragón y fuéramos a pegárselo.

 

Había ruido allá arriba, supongo que los elfos estarían intentando que aquel ovoide... huevo... o lo que fuera a lo que se refería, no se rompiera. Harpo entró con una bandeja de cafés recién hechos y pastas dulces. Le dije que me trajera uno, me veía incapaz de levantarme.

 

-- Trae más azúcar, ¿por qué sólo me has puesto dos terrones? Sabes que me gusta más dulce. Y se te quema algo en la cocina. Huele a quemado.

 

Daba vueltas al azúcar cuando olisqueé. Olía demasiado a quemado. Fue cuando se oyeron los gritos, los ruidos de objetos a romperse, la luz verde sobrenatural que venía de algún sitio de la casa y que daba un color tétrico a la mansión. Palidecí y me levanté de golpe, dejando que la taza se troceara en el suelo. Corrí hacia la puerta.

 

De un vistazo, analicé la situación... Las armaduras estaban reunidas cerca de la puerta, todas juntitas unas con otras, temblándoles los pies con miedo. ¡Vaya defensa que había incorporado a la casa...! Todas miraban hacia arriba, donde una calavera

 

El fuego se extendía. En la cocina se veía el fulgor amarillo-rojizo de las llamas pero aún no se extendía. El mayor peligro venía de arriba. Lo intuí. Era mi habitación.

 

-- Necesitamos fotos de todo esto antes de que desaparezca -- susurré.

 

No hacía falta que lo dijera, Harpo ya estaba usando la máquina de fotos para captar todo lo que necesitaríamos. Un derrumbe de la parte alta del tejado indicó que el desván había desaparecido. La rabia me pudo. Todas mis cosas, la habitación que compartía con mi marido...

 

-- ¡Todos fuera! Hay que evacuar la mansión -- grité. -- Toda la familia fuera, los niños primero, hacia los jardines. Montar tiendas de campaña y alojar lo mejor posible a todos. Que aquí sólo queden los que sofoquen el incendio.

 

Sentí unos grititos y acudí corriendo, esquivando las chispas de fuego que caían desde las zonas que ardían. Vi a varios elfos que cubrían algo y temí lo peor. Era del tamaño de... un niño. Levanté parte de una tela y vi lo que tapaba: una elfina estaba allá, encima de una alfombra también carbonizada, como ella. La rabia me hizo apretar los labios y un gusto a sangre me llegó antes que el dolor de la herida autoinflingida. Nadie mata a uno de mis elfos y queda inmune. Amaba a aquella elfina.

 

-- Un Fuego Maldito o un Fuego Negro... -- pronuncié, sin importarme quién me oía. -- Hazle fotos para situarla en la escena del crimen y sacarla a los jardines. No quiero que los cascotes o más fuego le enturbie la paz que ahora se merece.

 

Creo que fue lo que me decidió a actuar, saber que había un muerto en mi mansión.

 

-- El laboratorio también arde. Habrá que apagarlo cuanto antes, Ama. Hay productos volátiles muy inflamables.

 

Asentí a Harpo quien, enseguida dirigió un grupito de elfos hacia el lugar.

 

-- Pero que no restauren anda. Sólo apagar el fuego. Voy a hacer que investiguen esto hasta las últimas consecuencias. Que nadie toque a Herminia. Le daremos un entierro como se merece.

 

Encontré mi varita, el trocito de palo me era tan fiel que aparecía siempre que la necesitaba, aunque no la llevara encima. Empecé con aguamentis a todas partes para apagar aquel maldito fuego. No iba a dejar que arrasara toda mi casa. Después, cuando lo conseguimos, no sé si mucho o poco tiempo después, salí, con olor a quemado y manchas negruzcas en la piel. Me dirigí a la gran tienda de campaña que me había levantado Harpo para mi uso personal, junto al estanque para que descansara mi rana. Me quité la ropa y me duché de forma rápida, antes de sentarme para redactar los llamamientos a seguridad y a los departamentos ministeriales que me ayudarían.

 

-- ¿Recuento de daños, Harpo? ¿Los animales están todos? Y... ¿Y la familia...?

Editado por Sagitas E. Potter Blue

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(el rol del ataque será en el topic del MM, aquí hacemos como que ya se restauró todo, según Sagis)

 

 

Iba a echar de menos las tiendas de campaña. Aunque su funcionalidad se debía a un hecho horrible, un ataque mortífago, yo había encontrado muy bonito permanecer en los jardines, al aire libre, durante unos días, mientras organizábamos la restauración. Poco a poco, la mansión de la tía perdió el olor a quemado. La cocina volvió a funcionar y parecía nueva por completo. Aunque no fue cocina hasta que Harpo cocinó sus famosas galletas y las repartió entre las tiendas, a modo de celebración por haber acabado de arreglar todo lo destrozado.

 

La habitación de la tía había quedado preciosa. No se notaba para nada que la habían destrozado. Todo estaba en su sitio, supongo que ahora quedaba el trabajo de la tía, llenar las cómodas y los armarios. Eso lo solucionaríamos con una visita de tiendas en las tiendas de Diagon. Aunque la tía parecía estar muy enfadada. Supongo que era por el entierro de la elfina. Creo que era lo que más le afectaba de todo lo sucedido. Los elfos habían pedido permiso para hacer un entierro íntimo. No sabía más del tema.

 

Me acerqué a ella, aún estaba en su carpa. Por cierto, era mucho más grande y bonita que la nuestras. Abrí un poco la tela de la entrada ya que no había puertas sólidas.

 

- ¿Puedo pasar tía? Quería ver qué tal estabas.

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Estaba recogiendo las prendas esparcidas por los muebles de la carpa que me había acogido estos días, después del ataque. Había sido un lugar acogedor pero era hora de volver ya a la mansión y rehacer nuestra vida cotidiana. Harpo estaba junto a Ithilion, ayudándole a recoger los juguetes. Su cuarto no había sufrido ningún daño en el incendio pero el olor a humo era intenso en toda la mansión y no había cedido a sus quejas porque no tenía sus juguetes preferidos. El elfo había recogido los que habían sobrevivido al derrumbe y había pasado unos días más o menos tranquilos pero, desde que le dijimos que hoy volveríamos a abrir la mansión, que estaba alteradísimo.

 

Yo también tenía ganas de volver pero... Supongo que, en cierta manera, temía eso. Habían violado mi habitación personal y privada y eso me había herido, lo suficiente como para estar cabreada.

 

Pero la vida continúa así que seguí recogiendo y llenando cajas para hacer la mudanza a la "Ojo Loco", una mansión que volvía a renacer de sus cenizas, como el "Ave Fénix". Sonreí por la metáfora y me descubrí silbando.

 

Alguien abrió la carpa y la relajación huyó de mi cuerpo, que se puso tenso y buscó, con los ojos, dónde demonios había dejado la varita. Pero no era necesario porque era Xell, quien pedía permiso para entrar .

 

-- Por supuesto, sobrina, pasa. -- ¿Qué qué tal estaba? Furiosa, herida, cabreada, pensativa, asustada... -- Bien, supongo. ¿Y tú? ¿Preparada para volver a la mansión de nuevo?

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Aparecí en los terrenos de la Ojo Loco. No hacía tanto que había estado alli con los Accidentosos, reparando los destrozos que esos malditos habían hecho durante el ataque. Desde ese día, pasaba casi constantemente todo mi tiempo haciendo rondas por la mansión y los alrededores, mientras Fenrir se quedaba apostado en la tienda.

 

Sabía qeu hoy volvían a ocupar el interior de la mansión, ya que nosotros habíamos terminado las reparaciones, y todo parecía estar en orden. Además, se había eliminado por completo el olor a quemado, algo importante.

 

Me adentré en la tienda, donde Sagitas guardaba sus cosas. Ithilion jugaba con Fenrir, enseñándole sus juguetes para que le ayudara a recogerlos. Sabái qeu Sagitas no debía estar demasiado contenta. Que alguien atacara asi su intimidad, quemando la habitación de la matriarca...

 

- Estáis listos para volver? - pregunté, adentrándome en la estancia con las manos en los bolsillos. - Esta noche volveré a montar guardia, por si acaso.

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