Jump to content

Prueba del Libro de la Sangre (#4)


Leah Snegovik
 Compartir

Publicaciones recomendadas

http://i.imgur.com/wy38TLi.png

 

 

Cuando no se presentó ninguna duda con respecto a la clase y todos los hechizos estuvieron explicados en el tiempo esperado, la presencia de Badru no sorprendió a ninguna de las profesoras. Una última mirada marcó el destino de los estudiantes y de pronto, la grieta que se había abierto en la arena de la playa las dejó caer a al vacío. Sin embargo, podrían ver perfectamente a dónde caerían si no hacían algo a tiempo. La lava se arremolinaba a muchos metros de distancia, hirviendo a temperaturas tan extraordinariamente altas que las burbujas que se creaban en la superficie naranja y amarilla eran provenientes de un punto de ebullición constante.

 

La primera prueba sería llegar a la zona rocosa que había junto al foso del volcán. ¿Cómo? Dependería de ellas. Tenían las herramientas para lograr impulsar su cuerpo a un lugar seguro, ahí donde lo que parecía un campo de batalla estaba definido de forma rústica. Había rocas esparcidas por todo el lugar, algunas con formas curiosas, similares a pequeños Dioses menores que habían caído de algún lugar en la antigüedad como si antes hubiera existido una ciudad milenaria en lo que ahora parecía una playa cualquiera. Pero ahora el calor del lugar era su única compañía, al igual que las ruinas iluminadas por el resplandor de la lava.

 

Había un cangrejo de fuego para cada una y buscarían atacarlas una vez que cayeran en el suelo rocoso. No podrían ayudar a las demás en su tarea, porque era parte de lo último que tendrían que hacer para aprobar la clase. Librarse de la criatura sería el menor de sus problemas, sobre todo cuando Badru bajó junto a las profesoras, esperando para enfrentarlas. Leah y Lisa subieron por una escalinata sumergida en la penumbra, custodiada por un par de estatuas que las dejaron pasar y que bloquearon la entrada de nuevo al instante.

 

Ahí a donde ellas se dirigían había un templo, un templo hecho de piedra volcánica y con exhuberantes estatuas de oro macizo, mostrando a guerreros valientes de la historia. Ahí se matricularían, pero primero tenían que cumplir con las exigencias de los Uzza y ya que Jank no había continuado con la clase, Badru ocuparía su lugar en la prueba.

 

—Mucha suerte —se escuchó decir a Lisa.

 

—La van a necesitar —agregó Badru, alzando la varita hacia su contrincante mientras esperaba a que terminara con los cangrejos de fuego.

 

Leah permaneció en silencio, estudiando todo desde su posición. La prueba del libro de la Sangre había dado comienzo.

 

Sagitas E. Potter Blue Vs. Cissy Macnair

Felicity Malfoy Vs. Badru

 

~o~

 

 

  1. Una vez que hayan logrado pasar las pruebas rolísticas, que consisten en lograr llegar a la zona rocosa sin caer en la daga y enfrentar a los cangrejos de fuego, podrán iniciar el duelo. Para ello, deberán hacer un post de rol primero y luego, en otro post, iniciar con el duelo.
  2. Se seguirán las reglas de duelos comunes.
  3. Sólo están permitidos los hechizos Neutrales Graduados y los hechizos de los Libros de Hechizos hasta el Libro de la Sangre.
  4. La prueba durará una semana exacta a partir de su apertura.
  5. Si pasadas 24 hrs no se responde a un ataque, los hechizos de considerarán impactados. Pasadas las 48 hrs, se considerará abandono y el estudiante quedará aplazado.
  6. Pueden interactuar rolísticamente con sus compañeros pero no pueden intervenir en sus duelos de ninguna forma.

 

Mucha suerte a todas.

"%20alt=YwwEbg4.gif


"%20alt=


"%20alt=hQEsmVo.gif3lqIQgZ.gif

Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

Nada más habían terminado de responder mi duda cuando algo insólito pasó. De repente, el lugar donde Badru había pisado con fuerza comenzó a hundirse, haciendo que la arena resbalara bajo nuestros pies como si se tratara de algún agujero negro que engullía todo a su paso. Me di cuenta, tarde, de que era una grieta en la tierra lo que estaba dando paso a nuestra desestabilización y poco pude hacer para evitar caer al vacío. Solté un grito y me aferré con fuerza a mi varita, mientras veía que algo rojo y caliente refulgía debajo de nosotros.

 

-¿Lava?- grité, por encima del pitido de mis propios oídos. No sabía si alguien me había escuchado pero tampoco me importaba. Me estaba precipitando justo hacia lo que fuera aquello e iba a morir si no hacía algo pronto.

 

Miré alrededor con rapidez, tan sólo unos segundos antes de poder actuar. Había una zona rocosa lejos del foso de la lava, pero no lo suficiente como para no poder llegar hasta allí si lograba impulsarme con algo y, más abajo, había una saliente de la que podía intentar agarrarme, eso si no chocaba contra la pared de roca. Recordé, entonces, que llevaba conmigo mi Amuleto Volador y pensé en él fuertemente, hasta el punto que sentí que mi cuerpo disminuía su velocidad y me permitía acercarme segura hacia la pared de tierra de la que sobresalían rocas. Me aseguré a la saliente que había visto cerca de la zona rocosa, parándome en puntitas de pie. Si me impulsaba hacia allí saltando, podría volver a usar el amuleto y planear hasta caer con gracia sobre esa zona más grande.

 

-Vamos de nuevo- dije, tomando aire antes de volver a impulsarme por el aire. Ni siquiera estaba pendiente de lo que Felicity o Sagitas hacían, porque estaba tan asustada con aquella repentina forma de ponerle entusiasmo a la clase que no podía pensar en nadie más que no fuera yo misma. De nuevo activé el Amuleto Volador nada más abandonar la saliente en la que estaba precariamente parada y aterricé con gracia unos cinco metros más abajo, donde estaba la zona que había visto antes y que me había parecido extraña desde lejos, diminuta.

 

Ahora que la veía de cerca era más bien una zona grande, plagada de estatuas caídas o monolitos, ni siquiera podía distinguirlos con aquel calor abrazador que había comenzado a sentir. Estábamos en un volcán, no debía olvidarlo. Más tarde le diría a Leah que su elección de escenario era horrorosa, pero ahora debía concentrarme en mi alrededor. Unos pasos como pezuñas detrás de mi me hicieron girar en redondo y encarar el trasero de un enorme cangrejo de fuego que me estaba apuntando.

 

-¡Mi.erda!- grité, apartándome de la trayectoria del chorro de fuego antes de que me quemase, aunque no lo suficientemente rápido como para evitar que me chamuscara parte de la túnica que llevaba puesta-. Reducio- dije de inmediato, apuntando con la varita al Cangrejo de Fuego.

 

El bicho se redujo al tamaño de un perro, pero aún seguía tirando potentes chorros de fuego por el trasero, de los cuales tuve que correrme al menos tres veces para evitar ser chamuscada. Fue cuando noté que mi Anillo de Amistad con las Bestias estaba brillando y podía sentir el temor y el desconcierto del animal. No quería estar allí, desde luego que no, así que fruncí la nariz, pensando si lanzarlo a la lava o dejarlo ir. Decidí que lo mejor era sacarlo de en medio pero no hacerle daño.

 

Orbis Bestiarium, pensé, apuntando con presura al bicho antes de que soltara la cuarta bola de fuego. De inmediato, un anillo dorado lo envolvió y le ordené ir hacia un grupo de rocas que estaban dispuestas como un pequeño cuadrilátero, lejos de mi posición. Había una serie de grietas en la pared lo suficientemente grandes como para meter al bicho dentro, así que le ordené ir hacia allí y luego, arrastré con mis propias manos una enorme roca para evitar que saliera de su precaria prisión preventiva.

 

-Uff, ahora sí- dije, poniendo las manos en la cadera para tomar aire.

 

¿Qué seguía?

https://i.imgur.com/g1G6WRb.gifhttps://i.imgur.com/kYY7Ngy.gif
vjewzeJ.jpg
NiqQIUZ.gifGxQq8SZ.gifiAGBpD8.gif
nqOolSA.gif

 

 

Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

No es justo. Cuando un docente pregunta si hay dudas y nadie del alumnado le responde, lo usual es decir algo parecido a "pues espero que estudien mucho porque mañana les pondré un examen". En Uzzalandia no debe de ser así, supongo, puesto que aún estaba diciendo que no con la cabeza, de que no tenía dudas (en realidad, tenía muuuuuuuchas dudas, pero la figura imponente del Uzza me instó a permanecer callada), cuando el suelo de la playa cedió ante nuestros pies, haciéndonos caer de golpe al suelo... ¿Suelo?

 

¡Demonios parlanchines! ¡Aquello no era suelo! Aquello era una terrible grieta del que salía un calor enorme y un aire irrespirable. Me agarré a la silla para no caerme, algo ilógico porque ya estaba cayendo. Y el color naranja-rojizo de la lava no era atractivo.

 

-- ¡Miér..coles! -- piensa, Sagitas, piensa, antes de convertirte en pollo rostizado con sabor a canela. -- La idea acudió a mi mente y los labios pronunciaron el hechizo mucho antes de que me diera cuenta que no iba a funcionar.

 

Es decir. Funcionó. Soy buena con los hechizos, en lo que no soy buena es en calcular las consecuencias. Así que mencioné un Morphos con voz trémula mientras me agarraba más fuerte a la silla. La madera cambió de tacto y, al instante, sentí el agradable tacto de unas plumas. Me hallaba sentada en el lomo de una oca, o un cisne, o un pájaro blanco. Ay, con el lío mental que llevaba, ni yo misma sabía en qué animal había pensado.

 

Soy impecable con los hechizos, ya lo he mencionado antes. Pero no contaba que una oca-cisne-aveblanca pudiera cargar con mi peso. Cuidado con creer que estoy gorda, es sencillamente que el animal era demasiado liviano para sostenerme a mí y volar, así que tras dos movimientos de alas bastante diestros que nos alejaron del centro del ¿volcán, fosa lavosa? y se acercó hacia una de las paredes, hacia la que me parecía ver dirigirse a Cissy. Siempre es mejor que lo malo, se comparta, así que me alegré de acercarme a ella cuando sentí la caída libre.

 

¿De verdad pensaba que el animal iba a llevarme hacia aquel lugar sin problemas? La oca-cisne-loquefuera cedió al peso y cayó a plomo, yo agarrada aún a sus patas. El calor era insoportable y el aire demasiado caliente, que quemaba mis pulmones. No sé como se me ocurrió usar el encantamiento del Casco Burbuja, supongo que lo pensé y se formó de repente, alrededor de mi cabeza. Soy rara, lo sé, pero ahí dentro los ojos no me ardían y el aire que respiraba sabía a gloria fresquita.

 

Supongo que eso me hizo reaccionar. Solté al pajarraco que se acercaba demasiado a la lava y empecé a toquetear mis dedos, en busca de un anillo específico.

 

-- Este... ¡Ay, no, es el de casada! ¡Este! No, este es el de... ¡Gárgolas desdentadas! No es un anillo... -- grité al sentir que nada funcionaba. Me puse la mano en el pecho, en un gesto natural de las sacerdotisas. Cuando tenemos miedo (y no es que quiera decir que en aquel momento lo tuviera; para nada) nos llevamos la mano a nuestro saquito de semillas del Árbol de la Sabiduría y rezamos a la Diosa Tierra. Mis dedos rozaron varios colgantes, uno era el camafeo de la rosa azul, símbolo de la Mansión Potter Blue; otro era un Amuleto que, en cuanto lo toqué, frenó mi caída como si se hubiera abierto un paracaídas de esos muggleosos.

 

Aún recordando que la última vez que usé el Amuleto Volador no había conseguido aterrizar de forma correcta, planeé hacia una especie de zona rocosa. El último tramo lo hice braceando como si nadara en un mar de aire, porque me había entrado miedo a no llegar. Pero lo hice y pude tocar el suelo con mis pies, mi cuerpo, mis manos... Me extendí en cruz en tierra firme y di gracias a todos los dioses habidos y por haber por no estar quemándome como la ave-silla de madera que sentía crepitar allá en el fondo.

 

-- ¡Muac, muac, tierra querida...! -- Sí, bueno, soy dramática, pero es que cuando ves la Muerte rondando, besas cualquier cosa de la alegría de ver que te has librado de una buena. Respiré un par de veces muy fuerte, para recobrar un poco la calma perdida, cuando sentí que el suelo temblaba. Giré la cabeza hacia el otro lado, aún sin levantarme del suelo donde tan cómoda estaba, para ver una roca muy rara. Juraría que tenía forma de enanito... -- ¿Terremoto?

 

Yo no sé para qué pregunto estas cosas. Y hubiera preferido mil veces un movimiento telúrico a lo que vi que se acercaba. Lo reconocí enseguida, tengo unos cuantos en el Circo. Era el lugar ideal, aquel volcán activo, para guardar una criatura como aquella, un cangrejo de fuego. Me pareció ver más, pero desde aquel ángulo sólo podía ver las patas que corrían de forma demasiado raudas hacia mí.

 

-- Tortuguitaaaaa -- susurré, levantándome de un salto. Menos val que soy toda una saltimbanqui cirquense o me habría dislocado algún hueso en aquella maniobra. El cangrejo de Fuego parecía interesado en mi persona. Si algo recordaba era que su manera de defenderse-atacar era enseñando el trasero y exhalando por allá las llamaradas que le daban el nombre. Así que procuré verle siempre la cara para no enfrentarme a eso.

 

Era algo difícil, para lo grandote que era, se movía con rapidez, tanto que me arrinconó en el borde mismo del recodo donde había llegado. Sentí el siseo de las burbujas de lava explotando por debajo de mí. Estaba muerta, no había salida...

 

O tal vez sí.

 

Vamos, que soy española, que eso se tiene que notar en algo...

 

Tomé el jersey que me había quitado (a los Dioses doy gracias o estaría completamente deshidratada en aquel momento) y lo transformé en un trapo rojo.

 

-- ¡Hey, toro! ¡Hey, torito bravo...!

 

Cara de toro no tenía, pero atacó con la misma rabia. Embistió contra mí que tuve el tiempo justo de saltar y volver a tocar el amuleto volador para evitar caerme al vacío. El bicho rabioso no tuvo la misma suerte; masa por aceleración es igual a castañazo que te pegas; la física es clara: el cangrejo no pudo disminuir el impulso de su misma carrera contra mí y arremetió contra el trapo sin darse cuenta que se quedaba sin suelo. Cayó con un gruñido y creo que fue él, pues una oleada de fuego subió hacia donde estaba. Casi me da. Bueno, mi jersey quedó calcinado y yo me lancé hacia adelante con el amuleto para planear hasta el suelo, aunque esta vez no lo besé. No suelo hacer dos veces la misma tontería. Me asomé al abismo y suspiré. No sabía si toda esa joyería le protegería de la lava. Esperaba que sí...

 

-- Y si no es así, pues trepará por la pared y tendré que buscarme otra manera de escapar de él -- murmuré...

 

Miré a mi alrededor. Cissy estaba allá con las manos en las caderas. Me entraron ganas de reír, parecía que fuera a ponerse a bailar una jota zaragozana. ¡Vaya, pues sí que me había entrado melancolía por mi tierra española! Ahora mismo no me importaría estar allá en vez de en el fondo de un volcán luchando por mi vida.

 

-- ¿Qué es esto? Parece que quieren que nos pongamos morenas. ¿Has encontrado alguna manera de salir de aquí? -- le pregunté a ella.

kNTUx8c.gifsf6Sw.gifHdDMuO2.pngXXBPo79.gifKRLtVZp.gif

D69M3Vr.jpg

  tOWLU4S.gif  KhGckEc.gif.6e9b2b71e2797bafac6806b66df1d1b0.gif     Icr0JPz.gif

0jsC0dL.pngWliKSjc.pngckkcxVm.png

Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

Retomé el aire y me agarré el costado, donde me dolía. El fuego del Cangrejo me había dejado una fea quemadura en la capa que finalmente había traspasado, allí donde se veía parte de mi torso chamuscado, justo por debajo del brazo, a la altura de la cintura. Una fea piel rojiza se reía de mí, como si el volcán no fuera suficiente para quemarnos con su calor abrasador y no dejarnos respirar, encima tenía que lidiar con la quemadura.

 

Me encogí al ver a Badru allí, no lo había visto al caer pero mantenía su varita firme, apuntando a Felicity.

 

-No sé- negué con la cabeza hacia Sagitas, aunque no me había preguntado nada que requiriera aquella respuesta, así que me repuse-. Sólo he visto roca y más roca y lava- dije, encogiéndome de hombros.

 

Di un paso hacia Felicity, porque no me gustaba la forma en la que Badru le apuntaba. ¿Acaso quería ayudarla a combatir el Cangrejo de Fuego? Pero al estirar la mano, toqué algo frío, como si hubiera una pared invisible de cristal o algún material similar entre ellos y nosotras.

 

¿Fee?!- grité, golpeando con el puño, pero ni ella ni Badru me miraron-. ¿Sagitas? ¿Crees que Badru vaya a atacarla?- pregunté, mirando cómo el guerrero volvía la vista hacia mí y me parecía ver un atisbo de sonrisa en su rostro. Lo comprendí, quizás a medias. No podría haber sido una prueba normal, por supuesto que no. Tal como con el Libro de la Fortaleza, íbamos a tener que batirnos a duelo-. Aish...- me quejé, llevándome una mano al costado de nuevo-. Creo que vamos a tener que duelear para poder pasar la prueba, Sagis- arrugué la nariz.

 

No me gustaba duelear con ella, no con Sagitas. Pero era una prueba, claro estaba. Durante la clase de El Libro de la Fortaleza había tenido que pelear contra Bodrik y aquello tampoco me había causado gracia. Levanté la varita aún en mi zurda y me alejé diez pasos de Potter Blue, casi llegando al borde del precipicio a la lava.

 

-No es nada personal, pero quiero salir de aquí- dije, poniéndome en posición de ataque-. ¿Lista? Sé que eres mejor con los hechizos que yo, vieja amiga, así que intenta no lastimarme mucho- esbocé una media sonrisa, preocupada-. Morphos- agité la varita hacia uno de los ídolos caídos que estaba a mi derecha, a un metro y lo convertí en un oso pardo de al menos dos metros de altura. Rugió y se colocó delante de mi, para protegerme.

https://i.imgur.com/g1G6WRb.gifhttps://i.imgur.com/kYY7Ngy.gif
vjewzeJ.jpg
NiqQIUZ.gifGxQq8SZ.gifiAGBpD8.gif
nqOolSA.gif

 

 

Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

--¿Te has hecho daño? ¿Quieres un Episki? O una pomadilla para quemaduras. Estoy segura que tengo una por aquí -- esperaba que prefiriera la pomada, porque como siguiera abreviando los hechizos, a saber qué saldría por mi varita.

 

La vi mirar por detrás de mí y juraría que se había encogido.

 

-- ¡No jorobes...! ¿Otra vez el cangrejo?

 

No estaba segura que el bicho hubiera muerto allá abajo. Aún sentía miedo que aquella especie de tortuga enjoyada de fuego hubiera sido capaz de resistir la lava y ascender de alguna manera por la pared del volcán y volver para atacarme. Ladeé la cabeza y... ¡Peor! Era el Uzza aquel, el tal Badru. Estaba con nosotras, mirando a Fee.

 

-- ¿Y él qué hace aquí? ¿Las profas no son Lisa y Leah? Por cierto, ¿dónde están?

 

Si Cissy oyó mi pregunta, no lo demostró. La vi golpear algo con el puño, el aire, cosa que no era muy normal. Aquí, la que tiene fama de loca soy yo. Así que me acerqué a ella y toqué contra lo que golpeaba. Enarqué una ceja. Estábamos separados de Felicity, divididas en dos grupos. Creo que lo entendí a la vez que Cissy, sólo que ella lo verbalizó antes que yo, mientras yo me quedaba con los ojos bien abiertos por la sorpresa. Lentamente, giré la cabeza hacia mi compañera y apreté los labios.

 

-- ¿Ein? No puede ser, ya dije que yo no quería... -- ¿Y desde cuándo mis sentimientos contaban en aquella clase? -- No es justo. Él no puede atacar a Felicity. ¡La va a matar!

 

¿Y, en el fondo, no iba de eso los duelos? De matarse, de probar que eres la mejor con la varita. Solté un gruñido. Cissy también sabía lo que iba a suceder ahora. Di un salto hacia atrás, algo asustada de su cercanía.

 

-- Ni se te ocurra tocarme. Yo no quiero eso de la marca sanguínea, o como se llame...

 

Pero ella también se había alejado, antes de darme la oportunidad de tocarla a ella, cosa que me alegró. No soy cobarde, pero tampoco traicionera, así que ambas jugábamos ahora con las misma desventaja. Me preocupé un poco al verla acercarse demasiado a la sima.

 

-- ¿Qué haces, loca? No te suicides. El Libro de la Sangre no merece la pena...

 

Alargué la mano como si fuera a sujetarla cuando vi que hacía un Morphos y una piedrola gorda (casi parecía una estatua de algún humano) se convertía en un lindo osito achuchable. Me dieron ganas de acercarme a él y darle un gran abrazo de oso, nunca mejor dicho. Pero claro, sus palabras me hicieron volver a la realidad. Aquello no era un juego. Era un duelo. Volví a gruñir.

 

-- No soy tan buena como crees, sobre todo porque me niego a atacarte, amiga... Un libro no me va a hacer olvidar las veces que me has salvado la vida en el pasado.

 

Agarré la varita con la mano derecha y me obligué a recordar una promesa que me hice tras mi pasado oscuro: la varita, nunca más para atacar y matar; para defenderme, sí, y para sujetarme el pelo. Nada más.

 

Era una bruja peculiar pero me había convertido en una bruja prudente porque, en efecto, hubo un tiempo que no lo fui y mi pasado me reconcomía por dentro.

kNTUx8c.gifsf6Sw.gifHdDMuO2.pngXXBPo79.gifKRLtVZp.gif

D69M3Vr.jpg

  tOWLU4S.gif  KhGckEc.gif.6e9b2b71e2797bafac6806b66df1d1b0.gif     Icr0JPz.gif

0jsC0dL.pngWliKSjc.pngckkcxVm.png

Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

Me hubiera cruzado de brazos si no me hubiera estado sosteniendo el lado chamuscado con la mano libre. El oso gruñó pero no se movió y siguió mirando a Sagitas, a la espera de alguna orden.

 

-¿Y yo no recuerdo que me has salvado la vida, también?- le dije, un poco enfadada porque ella dijera algo por el estilo-. Me rescataste del templo de Hera, metiste mi alma dentro de tu cuerpo a costa de tu propia vida y, luego, hiciste un ritual complejo para devolverme a un cuerpo nuevo. Creo que has hecho más sacrificios que yo y eso es lo que intenta este Uzza que demuestres- señalé con la cabeza a Badru quien ya no nos miraba, sino que estaba pendiente de Felicity. Sentía un nudo en el estómago, Fee era buena con la magia pero esos Uzza, esos Maestros del Duelo, eran letales.

 

-Si quieres salir de aquí antes de que el calor nos ahogue y el fuego nos calcine, mejor levanta esa varita, Potter Blue- por poco le grité, poniendo énfasis en su apellido, como si lo dijera con cierto odio o rencor. No era así. Podía ser que ella y yo nos hubiéramos distanciado, que mi relación con Matt hubiera terminado, pero aún la quería y siempre la querría. Sagitas era una de las pocas personas en todo el mundo mágico que no pertenecía a mi familia y la quería como a una hermana, la respetaba. Era alguien a quien seguir.

 

Confringo!- grité y moví la varita, haciendo volar en pedazos una piedra de tamaño no más grande que una rueda de automóvil que estaba a poco menos de un metro del pie derecho de Sagitas-. No quiero lastimarte pero si es lo que hay que hacer para salir de aquí, te sacaré inconsciente y te despertaré cuando nos den el diploma a ambas- me puse firme, mirándola con la cabeza erguida aunque me causara dolor en las costillas.

https://i.imgur.com/g1G6WRb.gifhttps://i.imgur.com/kYY7Ngy.gif
vjewzeJ.jpg
NiqQIUZ.gifGxQq8SZ.gifiAGBpD8.gif
nqOolSA.gif

 

 

Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

-- ¡Ay, leñe! ¡So bruta, qué me das! -- le grité, al sentir la explosión de su rayo. El Cofringo no era un hechizo grave pero la roca contra la que había dado se desmenuzó y las esquirlas me alcanzaron.

 

Me cubrí la cara en un gesto instintivo y los trozos pasaron de largo; sólo algunas me alcanzaron, haciéndome algunos arañazos de los que apenas salieron algunas gotitas de sangre. Me hubiera enfadado en otra circunstancia, pero ahora mismo seguía teniendo presente que ella había recordado también las veces que yo le había salvado la vida.

 

-- Fue algo mutuo -- le había contestado en aquel momento, cuando lo dijo. Y seguía manteniendo mi postura. No hay que mirar lo que tú has hecho por alguien sino lo que han hecho por ti. Si le pasara algo a Cissy, sacrificaría mi vida por ella. A lo largo del aprendizaje del libro no la había mencionado. Pero quien me conociera, sabría que, para mí, los amigos también entran dentro del área de Familia; ella también se merecería que yo la defendiera. Le tenía demasiado aprecio y le debía mucho.

 

Así que entendía que este libro era un gran dilema. Debíamos duelear y demostrar nuestra honorabilidad ante el Uzza para que nos permitiera "recordar" todo lo aprendido del libro al salir de aquí, pero no íbamos a ser crueles la una con la otra. ¿Qué sería más útil entonces? ¿Un tarantalegra? ¿Un rictusempra? Esos hechizos eran los más apropiados a mi forma de ser.

 

-- ¿Dejarme inconsciente? ¿Me sacarías en brazos hacia la cima del volcán, amiga? -- dije, sacudiéndome la mano que había frenado el impacto de los trozos de piedra que hubieran llegado a mi cara. Tosí un poco; entre el vapor y gas de la base del volcán y el polvo de aquella piedra, tenía la boca reseca. Tal vez un Aguamenti me ayudaría a refrescarme. -- Espero que no me lleves como un saco de patatas y se me vean las enaguas.

 

Sonreí. En aquel momento, en medio de aquel lugar perdido y horrible y con una terrible experiencia aún por vivir, me sentí más unida a ella. Así que pensé qué hechizo podría usar para cumplir mi parte obligatoria del duelo, pero sin dañarla a ella, no me lo permitiría mi moral.

 

-- Orbis Bestiarium -- no sé porqué dije ese, seguro que con un Oppugno hubiera servido igual, no creo que hubiera mucha diferencia. Pero me salió ese al señalar al osito que estaba delante de ella. -- Anda, dale un abrazo de oso y juguetea con ella, con mucho cariño, dale lenguatazos de amor en la cara y en el pelo, a ver si se olvida de mí un rato.

 

Iba a ser gracioso ver como el oso le demostraba todo el cariño a Cissy que yo no le podía demostrar en aquel momento; prefería seguir alejada para que no pudiera marcarme. Sí, era un hechizo menos del libro, pero sería divertido ver como el oso le babeaba el pelo a la muchacha que casi llegó a ser mi nuera. No iba a usar la violencia, me negaba. No, el oso sería bueno con ella, aunque se interpondría entre ambas y no permitiría que le pasara nada, al menos mientras durara su morphoseamiento. Fue entonces cuando noté el dolor que sentía en las costillas. Mi oferta seguía en pie, sabía lo horrible que duele una quemadura, más para los magos que podemos curarnos y no estamos acostumbrados a que el dolor dure mucho. Toqué mi amuleto de la Curación pero recordé a tiempo que sólo serviría si le imponía las manos. Ni yo me atrevería y supongo que ella tampoco, a mantener ese mínimo contacto físico.

 

Por eso, usé Curación, del libro anterior, sabiendo que no hacía falta hablar para que funcionara. En realidad, tenía la garganta tan seca que a saber qué hubiera salido de mis labios. Era una sacerdotisa, por mucho que aquel Uzza pretendiera que nos matáramos entre nosotras, no iba a permitir que sufriera. Estaba segura que funcionaria y sentiría un alivio inmediato en las costillas. Al fin y al cabo, era un efecto de idem inmediato.

kNTUx8c.gifsf6Sw.gifHdDMuO2.pngXXBPo79.gifKRLtVZp.gif

D69M3Vr.jpg

  tOWLU4S.gif  KhGckEc.gif.6e9b2b71e2797bafac6806b66df1d1b0.gif     Icr0JPz.gif

0jsC0dL.pngWliKSjc.pngckkcxVm.png

Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

Felicity sospechó enseguida de las miradas que cruzaron entre las profesoras y el Uzza presente en la clase. No le gustó aquel vistazo entre ellos y, cuando el suelo se abrió, supo que había tenido razón en desconfiar de ellos tres. Una gran grieta dejó escapar un gran vaho de calor que empapó su cara con goterones que enseguida se evaporó. La muchacha dio un paso atrás, no por miedo; más bien pensaba en lo que la humedad haría a su larga cabellera. Sin embargo, no pudo retroceder más porque cayó hacia el fondo.

 

Sintió los gritos de su tía pero Felicity consiguió mantener la calma. Ante esta caída, lo único que podía hacer era usar el Amuleto volador con el que llegar al saliente. Enseguida notó que sus dos compañeras habían tenido la misma idea y que estaban allá. La banshee miró alrededor. Era una gran mortífaga y sabía analizar de una única ojeada el escenario que le rodeaba, buscando los lugares donde podría haber peligros y otros donde aprovecharse en caso de batalla. También notó que Cissy, su compañera de bando, golpeaba el aire y decía algo. No le llegaron sus palabras, pero fue suficiente para que prestara atención al animal que se acercaba a ella.

 

Era un cangrejo de fuego, un animal que escupía fuego. Pero ella no sintió miedo. Se pasó la lengua por los labios, algo secos por el calor que hacía en aquella zona, apuntó con la varita hacia el animal y no tuvo tiempo de más. El cangrejo ya estaba encima de ella, así que pensó en un Salvaguarda Mágica y se volvió intangible a tiempo. No podría definir lo que sintió, pero el animal la atravesó de parte a parte y pasó de largo. Felicity aprovechó ese momento, en el que el Cangrejo de Fuego aún seguía hacia delante, para pronunciar con su voz firme y melódica un hechizo simple. No merecía la pena gastar su tiempo y energía en algo más fuerte.

 

- Deprimo.

 

Un agujero de un metro por un metro se formó en aquel suelo. Era un suelo pavimentado en ruinas, que indicaba que se encontraban en alguna antigua ciudad que, seguramente, sus habitantes habían perecido calcinados por el volcán. El cangrejo dio media vuelta y volvió a atacar a la muchacha. Felicity no se movió, esperando. Esperando. Esperando... El animal no pudo evitar el agujero y cayó en su interior. Escupió fuego y braceó con sus patas intentado salir, pero se quedó allá dentro, sin poder escapar de él. ¿Por qué no lo había matado? Felicity se encogió de hombros. Tal vez se hubiera podido quedar con las joyas de su caparazón. Un Acció tal vez serviría...

 

Sin embargo, notó qué, o mejor dicho, a quien, le señalaban su tía y su compañera de Bando. El Uzza le contemplaba y hasta juraría que sonreía.

 

- Parece que serás mi compañero de duelo...

 

Felicity también sonrió. Era una nigromante, era una gran mortífaga. Sabía que le debía respeto al Uzza, pero no le tenía miedo. Si moría en aquel Duelo, pues que la Muerte llegara dándolo todo. No le asustaba luchar contra él.

Mortífaga retirada
http://i.imgur.com/07QuPGN.png

Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

-Te llevaría, sí, inconsciente incluso si con eso logro que salgamos las dos de aquí. Preferiría que practicáramos, aunque sea para la retorcida diversión de ese Uzza, porque de otro modo temo que no te aprueben- hice una mueca.

 

Le lanzó un Orbis Bestiarium a mi oso y lo lanzó contra mi, haciendo que me abrazara y me hiciera mimos.

 

-Sagitas, un poco de seriedad- exigí, sabiendo que era algo que no podía pedirle en realidad. Sabía que ella no iba jamás a atacarme, ya lo había dejado bien en claro. Me torcí bajo el peso del oso de piedra que intentaba lamerme la cara con una lengua fría y dura. Las costillas comenzaron a dolerme de forma descontrolada y solté un grito, pero, al momento siguiente, un gran alivio me invadió. Alguien había realizado una curación en mí, haciendo que la quemadura desapareciera.

 

-Impedimenta- dije, lanzando la varita hacia el oso morphoseado y alejándolo de mí un momento-. Confringo- el oso voló en pedazos y se convirtió en un montón de piedras que se alzaron por el aire y cayeron a mi alrededor, por lo que tuve que cubrirme la cara y la cabeza para evitar el polvo y las esquirlas en mis ojos, boca y nariz.

 

Me puse en pie de forma dificultosa e invoqué la Daga del Sacrificio, haciendo que apareciera en mi diestra, ya que en la otra mano aún sostenía la varita. El calor en aquel lugar era sofocante y podía sentir las gotas de sudor recorriendo mi espalda, empapando mi cuello y, ahora, recorriendo las sienes hasta acabar en mi mandíbula. Podía sentir el gusto de las cenizas en mi boca y la dificultad que tenía al respirar, como si alguien estuviera presionando mi pecho.

 

-Tenemos que terminar con ésto, Sagitas. Tenemos que demostrar que somos capaces de comprender y utilizar esta magia, de otro modo nos iremos de aquí sin nada más que un terrible dolor de cabeza- le dije, haciendo una mueca mientras hablaba. Tenía la garganta seca.

https://i.imgur.com/g1G6WRb.gifhttps://i.imgur.com/kYY7Ngy.gif
vjewzeJ.jpg
NiqQIUZ.gifGxQq8SZ.gifiAGBpD8.gif
nqOolSA.gif

 

 

Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

—Así es.

 

Esbozó una sonrisa divertida que no sería visible gracias al pañuelo en su boca, antes de dedicarle una reverencia a la mujer. Era un Uzza, un Nefir arrogante por su mera procedencia, pero eso no lo hacía poco respetuoso pese a su arrogancia. Cuando se puso de nuevo erguido, listo para la acción, sus ojos negros estudiaban a Felicity con atención. ¿Dónde atacar primero? Mientras lo meditaba, dándose cuenta que él sería quien iniciara el duelo debido a que ella no lo había hecho ya, empezaba a andar lentamente alrededor del espacio que Sagitas y Cissy les habían dejado. Había unos cuantos restos de estatuas regados entre ambos y alguna que otra columna a medio terminar, por lo que estaba marcando un medio círculo entre él y ella casi sin proponérselo.

 

No llegaba a su poder mágico y tampoco estaba asustado con el duelo, pero debía admitir que emitía un aura poderosa. ¿Otro de esos magos cargados de conocimientos que si bien conocía no practicaba? Posiblemente. Sin embargo, aquello se vería en la forma en que aplicara los hechizos y cómo los compaginara con su propio nivel de magia, cómo los centrara en él. Badru por su parte, muy tranquilo, movía la varita entre los dedos hasta que por fin decidió atacarla y se detuvo finalmente, haciéndole un gesto antes de centrar toda la energía en su palma. En ella, la hoja de una daga negra apareció de inmediato justo después del mango que él sostenía con propiedad.

 

Immolo Oppugnare.

 

Sacrificó su ser para lastimar y fue así, cuando de una sola estocada, clavó el arma en su torso. Sin pensarlo, sin pestañear siquiera, ubicó la punta entre su pecho y costillas y la enterró hasta el fondo. Ahí sí, soltó una exclamación de dolor ronca al tiempo en que el corte se reproducía en Felicity. Ambos habían quedado ligados a aquella promesa y, por ende, habían recibido el mismo daño. Ahora ambos tendrían que curarse para no desangrarse, ya que la herida era lo bastante profunda como para ser un problema. Sacó la hoja de un sólo movimiento también y la limpió en su ropa mientras pensaba.

 

Curación.

 

El corte se cerró por el Episkey al que equivalía, dejándolo ileso y sus ojos se fijaron de nuevo en Felicity.

 

—Concéntrate, no te dejes guiar sólo por el dolor —le recomendó, manteniendo un tono menos altanero de lo usual. Ésta vez sonaba como un maestro y era raro en él, pero lo estaba diciendo con sinceridad—. Tu magia es tu ancla, úsala.

 

@Felicty Malfoy

G87yGNJ.png
Enlace al comentario
Compartir en otros sitios web

Guest
Esta discusión está cerrada a nuevas respuestas.
 Compartir

Sobre nosotros:

Harrylatino.org es una comunidad de fans del mundo mágico creado por JK Rowling, amantes de la fantasía y del rol. Nuestros inicios se remontan al año 2001 y nuestros más de 40.000 usuarios pertenecen a todos los países de habla hispana.

Nos gustan los mundos de fantasía y somos apasionados del rol, por lo que, si alguna vez quisiste vivir y sentirte como un mago, éste es tu lugar.

¡Vive la Magia!

×
×
  • Crear nuevo...

Información importante

We have placed cookies on your device to help make this website better. You can adjust your cookie settings, otherwise we'll assume you're okay to continue. Al continuar navegando aceptas nuestros Términos de uso, Normas y Política de privacidad.