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Libro de la Sangre 5


Hades Ragnarok
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El vampiro observaba atentamente aquel punto en la pared. Sus orbes negros estaban fijos como esperando que sucediera alguna cosa. Una vez que se abriera aquel pasadizo escondido estaba seguro que escucharía los gritos y lamentos de aquellas personas y guerreros que fueron enviados como sacrificio al Minotauro. ¿Podría oler la sangre derramada por todos y cada uno de aquellos holocaustos humanos?

 

-<<De no haber sido por Ariadna…>> -pensó para sí mismo sabiendo que ella había ayudado a Teseo en todo aquello.

 

El sonido de apariciones llamo la atención del cainita pero no se volteó. Mantenía en la nívea mano su varita intentando recordar las místicas palabras para abrir aquella puerta, quizás hasta necesitaría un sacrificio de sangre para ello. Sin decir una palabra el cainita conjuro aquella poderosa daga y se hizo un pequeño corte provocando que un hilillo de sangre cayera por su mano. Una vez que hizo aquello coloco la mano en aqu8el muro. Obviamente no sucedió nada aquella no era la forma de entrar pero si quería dejar una marca allí, una marca maldita de su propio poder.

 

Se volteó y observó a todos y cada uno de aquellas personas que estaban allí. Los aprendices habían llegado y los estudió a cada uno con la mirada intentando penetrar en sus almas y pensamientos. Dibujó una mueca al reconocer a alguno de aquellos aprendices.

 

@ @@Adryanie @ @@Pik Macnair @@Jank Dayne @ @

 

-Bienvenidos a lo que podría ser su última aventura, espero hayan al menos leído el libro y hayan aprendido algo de las clases anteriores, nos adentraremos en un lugar al cual desde hace mucho tiempo nadie ha entrado –poso sus orbes en ellos- si no se han dado cuenta o no lo han adivinado aún, están en Creta y este es el laberinto de Dédalo donde si tienen suerte podrán encontrar al minotauro y obtener uno de sus cuernos –dijo divertido- sí, deben recuperar u obtener uno de sus cuernos, esa sera nuestra mision.

 

Sin más se volteo y comenzó a recorrer nuevamente la pared con la vista hasta encontrar lo que deseaba. Susurro unas palabras que salían de quien sabe dónde en su mente, una antigua oración o mantra o algo que quizás sería sin sentido para muchos. Una vez que recitó aquella oración a los dioses o más bien para sí mismo con un estruendoso sonido se abrió aquella puerta de roca solida dejando así ver frente a él una oscuridad digna del mismísimo abismo.

 

-pasen… están en su casa –bromeo de forma burlona mientras les cedía el paso- si alguno se quiere quedar aquí afuera no le culpo, también tienen la opción de devolverse si tienen miedo a lo que puedan encontrar o a lo desconocido, solo recuerden que la única forma de obtener el conocimiento es experimentándolo sino, no tendría caso que estuvieran aquí, esto no será un juego y es en serio –advirtió esperando que comenzarán a cruzar el umbral, una vez que lo hicieran les daría las siguientes instrucciones

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Había visitado lo suficiente Grecia para saber que estaba en Creta, hace tan solo años había impartido una clase de la academia en la misma ciudad. Para un londinense la temperatura podía llegar a ser insoportable y tanto solo devastador, como le sucedía al Macnair. Tenía el rostro fruncido y sentía las gotas de sudor deslizarse por la espalda, pegándose en la camisa.

Recordaba la anterior clase de los dichosos libros y no le quedaba ni un pizca de ganas de revivir los recuerdos, sobretodo la estructura de la clase. Había sido una prueba y hasta uno de los arcanos tuvo que intervenir, aun no aceptaba que simples magos impartieran una clase con semejante poder mágico. Para su sorpresa el profesor de esa ocasión era Hades y suponía que él podría cumplir sus expectativas.

—Supongo que dentro del laberinto encontramos un par de impedimentos que nos retrasará encontrar el cuerno del minotauro y amenazan con nuestras vidas, ¿cierto? —negó con la cabeza y soltó un suspiro, escuchando llegaban más magos a la clase. Detuvo la mirada un par de segundos en Arya y tragó saliva, ella y Jessie eran los únicos magos que conocía de la clase.

De hecho, varios de esos magos habían salido a la luz pública como miembros de la Orden del Fénix. Los miró con desconfianza, sabía que eran una secta de asesinos y solo querían más poder mágico para seguir impartiendo su ola de miedo por todo Ottery. Tras la orden de pasar a su nueva casa Pik se detuvo un momento, notando como su hija empezaba a caminar en su dirección.

—Hola —se limitó a decir con su mejor voz, mientras empezaron a ingresar a la aventura que amenazaría con sus vidas.

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Ya lo conoce. Y por lo que ve, su actitud no ha cambiado mucho. Exactamente igual que en el Polo Norte, recuerda. ¿Cuál es su afán por intimidarlos? ¿Por asustarlos? Lo primero que se le ocurre, es que quiere sentirse "más" que ellos; luego, se le ocurre que quizás tenga que ver con tener control y autoridad. Pero sólo son unos pocos momentos que pierde pensando en ello; no tarda en recordar que en realidad no le importa el por qué de su conducta, le desagrada y punto. En cambio, se dice que su atención debería estar en la prueba, que por muy cliché que sea, la tiene que superar. Por algún motivo, a los Uzza les gusta verlos "en acción"; y en esa ocasión, por lo que había leído la noche anterior, los vería auto-flagelarse. Son unos loquillos, piensa.

 

A diferencia de los magos y brujas bien parecidos que conforman el grupo, ella no destaca mucho; y si lo hace, no es de forma positiva. Usa un vestido de algodón gris sin mangas, con la falda larga hasta las rodillas y unas botas de charol negras. En sus brazos desnudos y pantorrillas, se distingue el mapa de cicatrices que hoy en día es su piel. Sobre sus hombros reposa la capa de viaje, cuya capucha además cubre su corta y castaña melena ondulada. Sobre su pecho, además del relicario que le regaló Aylin (no sabría decir por qué lo llevó, si le hiere el orgullo), reluce la silueta del Fénix de plata. Si bien siempre lo usa, tenía que ocultarlo bajo sus ropas, disimularlo bajo otros accesorios... pero ya no más. Sabe que allí hay personas que quieren verla a ella y a sus compañeros en Azkabán, pero están muy lejos de Londres, así que mucho no pueden hacer.

 

Si bien le duele el hombro derecho, que es por donde pasa la correa de la vaina de Melle, la cambia de lado en lugar de quitársela. En un lugar desconocido, no puede separarse de su espada.

 

Mientras tanto, el hombre sigue charlando. Menciona estar en Creta, en un laberinto. No, no cualquier laberinto. El laberinto de Dédalo. Sea lo que sea que eso signifique.

 

En un principio, cree que quizás deban buscar algún tipo de tesoro en aquel extraño laberinto. Para Madeleine, que no sabe nada de mitología ni historia, no es un lugar especial; incluso, está segura de que ni siquiera están en Grecia, que sólo es una réplica de la Sala de Menesteres. A lo mejor nunca estuve en el Polo Norte, reflexiona. Es por ello que, cuando Hades revela cuál será la misión, lo mira con una mezcla de indignación y extrañeza.

 

No sé qué demonios planea este loco, pero no voy a ser parte de ello, piensa, cuando la roca se hace un lado. De la misma forma en que lo haría la luz, la oscuridad parece esparcirse; de la misma forma en que traería calor y confort, arrastra una ventisca helada que le agita la falda y la capa y le deja la piel de gallina. Y los gritos... los lamentos... De repente, está temblando.

 

Madeleine se frota los brazos para darse algo de calor, obligándose a tranquilizarse. Allí no está Catherine; lo más cercano a familia es Jank, pero no puede permitirse mostrar tanta debilidad frente a él. No de nuevo. No, necesita tomarse unos momentos antes de hablar.

 

—Ahm, sí, sí, el laberinto de Dédalo —dice con poco interés, porque de todo ello es lo que menos le importa. Su voz ronca es firme; no puede permitir ni siquiera el más mínimo quiebre, no ante tantos desconocidos—. ¿Para qué demonios tenemos que buscar un cuerno de ese Minotauro? —inquiere, cruzando los brazos sobre su pecho. Sus ojos en un principio se posan sobre Hades, pero entonces se pasean por los de sus "compañeros", curiosa por sus reacciones al asunto. Uno de ellos, Macnair, al que recuerda en el papel de civil preocupado en el Atrio, se mantiene bastante sereno. Como un mortífago, llega a pensar— Entiendo todo el asunto de la prueba mortal, poner en práctica lo del libro, bla, bla, bla... pero, ¿quitarle un cuerno? ¿Es en serio? Por no mencionar lo inhumano que es, no encuentro ninguna justificación para ello... y es bastante bobo, a decir verdad. ¿Qué planeas hacer con el cuerno, eh, señor Hades?

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No le sorprendía en lo absoluto que Hades los haya citado en aquel lugar; Jessie sabía que al mortifago le encantaba todo lo relacionado con el mundo de los dioses griegos, leyendas, historias y todo lo que se relacionara con aquellos seres. Los gusto de Hades no estaban cerca de los suyos pero ella había llegado al grado de llevarle una esfera de Arquimides para hacer las pases con el chico.

 

Pero de ahí a ir a Grecia por simple gusto era algo que jamas haría. El calor era insoportable, tanto así que aunque llevara ropa ligera sentía el calor abrazador sobre su piel. Blusa de manga corta en color blanco con transparencias, short de color negro con estoperoles simulando bolsillos. Botas altas de piel en color negro y su cabello rojizo recogido en una coleta alta.

 

Entrar al laberinto de Dédalo no era algo que le llamara mucho la atención y menos ir en busca de una de las criaturas más peligrosas que escondía aquel lugar. No comprendía como a Hades se le había ocurrido hacer semejante cosa pero conociendo las habilidades del mortifago para molestarla no dudaba que esto fuera una clase de tortura en su contra o algo por el estilo.

 

Volteo a ver a Pik cuando este comenzó a hablar, no le sorprendía las palabras dichas por el ángel caído, es más ella misma sospechaba que su travesía por aquel laberinto no sería cosa de ir a acampar. De las personas concurridas en Creta solo conocía al profesor y a sus dos compañeros y a los otros los había visto en distintos afiches de se busca repartidos por todo el pueblo y el callejón.

 

-No se si me preocupan más las criaturas dentro de el laberinto o las personas con quienes entraremos, asesinos seriales - murmuro Jessie acercándose a sus compañeros Pik y Arya ocultando una sonrisa divertida en sus turbados ojos grises.

 

Comenzaron el ingreso en el laberinto y Jessie encendió su varita mágica por la punta para iluminar el camino a sus pies.

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— ¿Porqué me inscribiste? De verdad no tengo ganas de llevar la clase ¡ya la llevé! No es justo que la deba volver a llevar la clase porque no le caía bien a uno de los profesores en la clase anterior — Refunfuñaba pensando en la clase pasada y en Zack con el que había tenía su altercado la clase pasada.

 

— Es importante y, deberías alegrarte de poder llevarla — Le contestó su primo Starling con una sonrisa sarcástica.

 

— Lo que quieres es jo.derme la existencia — Lo miró con reproche desde la ventana de su habitación en la Gryffindor —Ya no eres Warlock Starling, volviste a ser un parásito de la sociedad como antes y, mi parásito personal.

 

—Bah como quieras... aquí está la dirección que mandaron para la clase, si es que al final quieres ir.

 

Starling salió de la habitación dejando a la morena sumida en el silencio. Lo pensó por dos segundos mas y tomó el papel.

 

<<Creta>> Creía ya haber estado ahí ¿tal vez en alguna clase? Miraba el papel fijamente, aún no sabía si quería ir, estaba resentida por la clase anterior, si que es cierto que no había sido la mejor alumna de hecho, había llegado mucho tiempo después del inicio de la clase. Aún tenía serias dudas sobre su calificación final. De cualquier manera ya había comprado el libro y no podía dudar que tenía muchas ganas de poder usarlo por fin.

 

Se alistó rápidamente con la ropa más cómoda que encontró y salió de la habitación.

 

— Señorita ¡El libro! — La voz chirriante de su elfo sonó detrás de ella.

 

— Ah si — Como siempre la habilidad para ser despistada siempre salía a relucir en cualquier situación. Tomó el libro y todos los artilugios de los que constaba el libro y sus hechizos y desapareció hasta la dirección dada por el profesor.

 

Una vez llegado ahí reconoció al profesor, había sido su sanador en algún momento y hasta creía recordar que dieron una clase juntos aunque no recordaba cual. Ya habían llegado también algunos compañeros, la mayoría lo reconocía de otras clases aunque no los conocía mucho y claro Madeleine que era su compañera de bando.

 

—¿Qué mas da porqué quiera el cuerno? Yo no tengo nada que hacer hoy ycreo que tienes miedo de ira por el — Le dijo con una sonrisa en forma de reto a Madeleine — Bueno, yo creo que si alguno le tiene miedo a las criaturas desconocidas o a las personas..... — Realizó una rápida mirada a sus demás compañeros — No debieron haber matriculado un libro de magia guerrera... no siempre estos libros son para todos...

 

Se adelantó hasta la entrada que indicaba Hades. No se veía absolutamente nada ni aún con su visión mil veces mejor que la de un humano sus sentidos no captaban nada al otro lado de la entrada ¿aquello sería una trampa? No dudaba que podía encontrar quien sabe que cosas dentro. Titubeó unos segundos antes de un paso dentro de aquella terrorífica entrada.

 

Y luego oscuridad....

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¿Sería capaz de resistir?

 

La última vez que pisó aquel laberinto estuvo al borde de perder la cordura así como a su prometido, los recuerdos eran demasiado recientes y temía que le jugaran en contra. Parecía que Hades hubiera recopilado sus peores pesadillas y las colocase a modo de prueba antes siquiera de comenzar con la clase. La pelirroja novia, esposa —o lo que fuese— de Vladimir el hombre que la crió se hallaba allí así como también Adryanie y Madeleine, curiosamente no se sentía segura y protegida como normalmente se sentiría en presencia de ellas. Lo que si fue capaz de sentir fue su sangre bullir en el torrente sanguíneo causándole cosquilleo en las extremidades.

 

Él estaba allí, delante de todos y le había visto cosa peor. Tragó saliva y contuvo sus impulsos una vez el Uzza los invitó a sumergir las narices en tan peligrosa oscuridad, optando por mantener la distancia como lo había hecho en la clase anterior y tras resultar óptimo su aislamiento. No tenía espejo para verse pero sentía sus propios ojos brillar de forma violenta con ese verde neón que caracterizaba el caos y la tempestad desatada en su interior, de no lograr ver demasiado sus compañeros serían capaces de percibir semejante anomalía así que cerró los ojos hasta que el cálido y peculiar viento de Creta acarició sus mejillas y ya solo tuvo que apretar los labios para no mostrar los colmillos.

 

—Lo mataré— Susurró más de su boca brotó un ligero gruñido animal.

 

Su mente había logrado disociarse al punto de no saber a quien se refería, posiblemente al Minotauro para conseguir aprobar el libro que deseaba adquirir de ser aquel el desafío final aunque no descartaba que se tratase de Pik cuando creía que éste bajaría la guardia por encontrarse en un momento cotidiano y sin aparentes amenazas. Pronto la voz del demonio resonó en su cráneo como si mágicamente se encontrase dentro suyo, en la parte más oscura de su ser repitiendo aquellas palabras que escupió de mala manera hacía ya un año atrás cuando por fin se conocieron y todo comenzó a desmoronarse sin siquiera alzar torres.

 

Debes aceptarte y comprender, Arya.

 

La parte que Lúthien había sembrado en ella prevalecía aun y cuando ésta ya no existía y por ese mísero motivo sentía en la sangre la necesidad de que Macnair dejase de respirar a costa de sus propias manos y su propio consciente por otro lado, total y completamente opuesto deseaba crear con Pik aquel lazo irrompible que todo ser humano necesitaba con su referente, con la persona que le hubo creado puesto que aunque Reshi fuese el autor de tal desastre ahora ellos conformaban una única persona a la cual Arya no acababa de catalogar como Padre u amenaza.

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— No sé como la Universidad permite que esta cuerda de asesinos aprendan este clase de hechizos —contestó ante el comentario de Jessie, el cual era muy acertado— deberían prohibirles estos conocimientos, ya suficiente poder mágico tienen con esos hechizos prohibidos.

Miró a una de las chicas con desconfianza, Madeleine, a la cual recordaba de su papel de vocera desenfrenada en el Atrio, se mantenía bastante alborotada. Como un fenixiano, llegó a pensar (?. Negó con la cabeza y cruzó la mirada con Arya, quien también estaba acusada como asesina. Aun podía recordar la conversación de hace un año y como esa palabra causaba tanto efecto en ella.

—Vamos juntos, Jessie, es mejor ir así entre tanto peligro junto.

Desconfiaba tanto del laberinto, sus compañeros de clase y su hija, eran todos asesinos. Incluyéndolo. Soltó una risita y se adentró al laberinto junto a su compañera de bando. Tomó cerca de cuatro docenas de pasos llegar a la primera encrucijada del laberinto, todo empezaba a oscurecer y lo único audible eran sus pasos. Deslizó su mano dentro de la capa y sacó su arma.

—Lumos —siseó, iluminando los dos caminos.— Vamos hacia la izquierda, no me da buena espina ese camino y seguro esto es una buena señal, además de eso... —se miró la mano donde llevaba la varita, el anillo de detectores de enemigos estaba empezando a brillar— o nos está avisando que hay algo por allá o que uno de ellos piensa atacarnos.

Era posible cualquiera de las dos opciones, pero aun pensaba que los miembros de la Orden del Fenix podían mantener algo de decencia. Descartó el ataque de los otros estudiantes y con un aprobación de Jessie ambos magos empezaron a caminar hacia el camino seleccionado.

Editado por Pik Macnair

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Tuvo que contener una carcajada cuando escucho la palabra del ángel caído. Ellos podrían ser, tal vez, los seres más peligrosos que estaban reunidos en la entrada del laberinto de Dédalo.

 

-Hechizos prohibidos o no... su nivel de magia es alarmante, deberían ser entregados a las autoridades, son un peligro para la sociedad - exclamó fingiendo un leve escalofrío recorrer su cuerpo entero.

 

Ella mejor que nadie sabía como darle a su apariencia esa fragilidad y ternura que solo tenían ciertas personas, aquellas indefensas que no podían valerse por si mismas, pero esa era su arma más peligrosa, porque jamas sospecharían que una chiquilla tuviera la capacidad de dominar los poderes que ella poseía.

 

Sonrió de lado casi de forma imperceptible a Pik, sabiendo que este encontraría el doble sentido a sus palabras y compartiría la broma con la joven bruja. Asintió a las palabras del Ángel Caído, eso de ir juntos le agradaba; más vale estar juntos contra las personas con quienes compartían clase.

 

Su varita creo una luz en la misma punta, Pik a los pocos pasos creo lo propio con otro hechizo de la misma índole, mostrando una bifurcación frente a ambos magos. Uno de sus anillos comenzó a brillar, un anillo similar al que poseía Pik, aquel anillo que detectaba enemigos, el cual, según el libro, tenía habilidades similares a un chivatoscopio.

 

-Leí en algún lado que cuando te perdías en un laberinto, lo mejor para encontrar la salida era seguir siempre por la pared izquierda, así que... por el camino de la izquierda me parece buena idea.

 

Siguió a Pik por el camino que habían desidido tomar para buscar a la criatura que el profesor había indicado. No le agradaba la idea de buscar a esa bestia, según las leyendas era una de las criaturas más peligrosas de la antigua Grecia y aunque ella sabía que un Dragón era mucho más peligroso, no quería enfrentarse ni con uno ni con otro en aquel lugar tan reducido.

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- Más que saber para qué, me pregunto si de verdad tiene un motivo - le responde a Adryane, resistiendo las ganas de golpearle la parte trasera de la cabeza con Melle. Hace mucho que no la ve; allí, tan lejos de todo y de todos, es el último lugar donde hubiera pensado encontrarla. No parece cambiada, ni afectada no nada, así que Madeleine supone que su alejamiento, a diferenci de los de ella misma, se debe a simples vacaciones -. Aunque estoy segura de que no lo hay. Es sólo que, no sé, paso de arrancarle un cuerno a una bestia de la que nunca había oído - le explica a la muchacha. Si bien le lleva unos años a Madeleine, hace un tiempo era su aprendiz -. Por otro lado, además, creo que hay mejores maneras de probar nuestras habilidades.

 

Para Madeleine no pasan inadvertidos los comentarios de Pik y Jessie. A pesar de no conocer bien al mago, el haber intercambiado algunas palabras con él en el Atrio hace que no se sorprenda mucho de su actitud (demasiado "correcta" para reprensar su manera de pensar). Lo que si le sorprende es la atitud y el porte de Jessie. Quizás nunca llegó a ser su amiga, pero compartió con ellas durante años; no sólo en la Orden, sino en San Mungo. Era una muchacha muy dulce, amable... muy diferente de lo que parece ser ahora. Por no mencionar la manera en la que habla del bando.

 

No sé si le manipularon los recuerdos, o sólo está muy resentida, piensa Madeleine, con los ojos entrecerrados. ¿Qué demonios te habrá pasado, Stabolito?

 

Oh, y Arya... ella no dice ni una palabra; o, por lo menos, ninguna que alcane a oír, para su desconcierto. ¿Qué demonios le pasa hoy a la gente?

 

- Mis motivos para tomar este tipo de entrenamiento, son más que conocidos - replica en voz alta, al escuchar el comentario de Macnair dirigido a Jessie - Soy una criminal, una asesina serial, por supuesto - dice con sarcasmo y una sonrisa que no llega a sus ojos - ¿Para qué un mago tan legal y correcto aprendería a usar este tipo de magia? ¿No confías tanto en el Ministerio?

 

Las palabras de Jessie casi la hacen reír. Las personas se cansan de decirle que debería estar pudriéndose en Azkabán; sin embargo, cuando todo su grupo prácticamente se entregó, nadie movió un dedo. Ni los Inquisidores, ni los Warlocks, ni los civiles que tanto odio manisfetaron. Hoy, Madeleine ni siquiera es capaz de decir que se escaparon de tal escena; tranquilamente, hasta con tiempo de despedirse, se marcharon un a uno. Nadie movió ni un dedo, y por ello Madeleine se siente más confiada que nunca a manifestarse públicamente como miembro de la Orden del Fénix.

 

Sabiendo que es hora de internarse en la oscuridad, Madeleine alza la varita de ébano. Se sobresalta al escuchar un sonido que le recuerda al Pársel, hasta que se da cuenta de que es el siseo de Pik para encender su varita (Lumosssss, escuchó). Pasado el pequeño susto, ella misma pronuncia el encantamiento; al agitar levemente el brazo, el extremo de Fae queda iluminado.

 

No obstante, al atravesar el portal, se da cuenta de que con la iluminación de sus varitas no será suficiente. La oscuridad es tan intensa que pareciera que amenaza con extinguir cualquier fuente de luz.

 

Madeleine procura, acostumbrada a los viejos tiempos, que Adryanie se mantenga cerca a ella; olvida que ya la muchacha no es una aspirante, ni ella una Knight. Ahora, más bien, es prácticamente lo contrario...

 

- Creo que los instructores tiene una especie de sindicato - le dice a Adry -, y entre ellos hay una especie de competencia personal acerca de quién trae a su grupo al lugar más rebuscado. Ya sabes, hoy en día todos quieren ser "únicos y diferentes".

Editado por Madeleine Stark

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La pasión que sentía la Weasley por la mitología era un detalle que pocos conocían. Se encontraba extasiada, a sabiendas que su vida estaba peligrando por la inminente amenaza que ese lugar representaba. Creta, laberinto, minotauro. Palabras claves que se debían conocer antes de dar cualquier paso, al menos, si es que se pretendía no morir en el intento.


A Hades lo recordaba con bastante claridad cuando intervino en el ministerio, en aquella crisis donde las personas por acción de algún virus desconocido habían incurrido en el canibalismo. Como sanador había estado desarrollando la cura para aquella enfermedad, y eso era lo único que ella recordaba sobre él. Parecía ser graciosa la coincidencia del nombre y el contexto de la clase, al final, todo se volvía a cerrar en el juego mitológico.


Kassandra iba con la cabeza clara a pesar de la emoción. Sabía que no iba precisamente en una experiencia turística, sino más bien, a superar pruebas para aprender una magia poderosa. Recordaba casi con claridad las pericias que había superado en su aprendizaje del anterior libro, y para este caso, había procurado leer con mucha atención el libro actual.


Llegó sin problemas al sitio señalado, justo para escuchar las palabras del que sería su tutor. Ingresarían al laberinto, con la finalidad de obtener un cuerno del minotauro, o eso creyó entender. Respiró hondo, estaba lista para los desafíos que aquello podía implicar. Barrió el lugar con la mirada, buscando caras familiares. Reconoció al menos tres: Jessi, con quien había compartido la experiencia del libro pasado, Madelaine, y Arya. Su rostro se iluminó al reconocer a esta última, que por alguna razón siempre le reconfortaba con su presencia. Creyó distinguir sin embargo, un atisbo de ¿determinación quizás? En el rostro de su protectora.


Sabiendo que no le habían visto, siguió a todos a través de la oscuridad del laberinto, escuchando de tanto en tanto lo que decían sus compañeros, en especial el pequeño intercambio de Jessie con otro mago. Agradeció a Merlín que estuviera lo bastante oscuro como para que no pudieran verla girando los ojos. Jessie, la que había sido fenixiana, con quien había compartido batallas contra los mortífagos, se expresaba hoy en contra de lo que había abrazado por tantos años, y mostraba ahora esa visión tan... Si saber si reírse o qué por las palabras de la mujer, apresuró el paso para alcanzar a Arya, mejor. Por suerte, Madelaine intervino con bastante atino, lo cual hizo sonreír a Kassandra en sus adentros.


Estoy aquí. —Susurró en cuanto alcanzó a Mcnair, sabiendo que ella le reconocería. Tenía ganas de preguntarle si estaba bien, pero supuso que sería mejor esperar a que todo terminara para tocar ese tema.

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