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Prueba Libro De La Sangre 5


Hades Ragnarok
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El Ragnarok negó con la cabeza al ver toda la acción que se estaba dando. Algunos habían logrado llegar hasta el minotauro mientras otros se habían perdido. Suspiro. ¿Sería posible que algunos murieran sin haber tenido que hacerlo el mismo?, rio por lo bajo y se encogió de hombros. Sin embargo, sospechaba que no iba a durar mucho tiempo más todo aquello. Sabia n como eran los Uzzas y que el tiempo para ellos en cuestión de aquellas pruebas y misiones era relativo, claro estaba el vampiro conocía perfectamente cómo trabajar con aquello, ya le habían informado todo, por ello simple y sencillamente los había llevado hasta allí y verificaría que pudieran aprender lo suficiente para lo siguiente que se les pudiera presentar.

 

No se extrañó cuando todo quedo en silencio y como si se hubiera parado el tiempo. Todos quedaron suspendidos un segundo en el lugar donde se encontraban. Una extraña fuerza se había presentado, el la conocía, ¿Cuántas veces había sucedido aquello?, más de las que quisiera admitir.

 

Un segundo después una especie de agujero negro se formó al lado derecho de cada uno de los aprendices, ese era un portal que los llevaría a otro lugar, a uno donde comenzaría la prueba final, en el cual debían demostrar que eran dignos de obtener aquel conocimiento. Bufo, para él no había portal por lo que tendría que hacerlo el mismo, quizás los guerreros Uzzas no lo querían allí. Sin decir nada movió la varita y susurro el hechizo correspondiente provocando que frente a él se abriera aquel fulgura nox que el permitiría llegar al siguiente lugar, claro estaba, no pensaba intervenir, ya había hecho suficiente.

 

*****************

 

Aquel terreno era igual o quizás muy diferente al anterior donde habían estado luchando contra el Minotauro algunos, era un salón abovedado en el cual no se podía observar el techo, arriba solo había oscuridad, a los lados algunas paredes y en diferentes zonas del piso se encontraban algunos pilares rotos como si fueran ruinas de un antiguo templo griego escondido dentro del laberinto.

 

No hizo más que mover la mano y con un movimiento de la varita, algunas letras hechas con un fuego rojizo, formaron seis nombres. De a parejas. Los chicos deberían quedarse al frente del nombre que les había tocado y debían tener una especie de duelo. Además, algunas cosas irían ocurriendo, porque así lo teníamos planeado. Si querían conocer el poder de la daga y los poderes de Sangre, debían sentirlos en carne propia. De hecho cuando quisieran acordar, tendrían una herida en el pecho.

 

Al observar cómo se les abría la herida recordó su propia prueba. Todos empezaban con aquella herida sangrante. ¿Lograrían atravesar la prueba?

 

@@Arya T Macnair vs @

@@Pik Macnair vs @

@@Adryanie vs @

 

_* _* _ *_* _ *_ *_ *_ *_ *_ *_ *_ *_ *_

Reglas de la Prueba.

 

  • Podrán usar hasta los hechizos de Graduados. Más los del Libro Nivel 1, Nivel 5 y Nivel 7. (LINK)
  • No se permite interferir con los demás duelos.
  • En su primer post, la Daga de Sacrificio se activa y les produce una herida en el pecho a ambos duelistas. Deberán curarse antes de empezar el duelo.
  • En el segundo post, la Marca de Sangre actuará en ustedes y los obligará a anular su segunda acción.
  • En el cuarto post, el Juramento de Sangre les prohibe lanzar rayos por ése turno.
  • El saltar las barreras, no consume acción. Pueden saltar las barreras en un post y luego (despues de que les hayan hecho puente) volver a postear para atacar a sus compañeros.
  • Si el rival no responde en 24hs, se desprende una roca del techo y deberán evadirla.
  • La prueba finaliza el día 07 de Julio

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Cayó sin más como escupida por la oscuridad, ya ni ésta la quería.

 

Sus ojos verdes brillaron con violencia puesto que aquel proceder se asemejaba demasiado al del libro anterior, temía el saber contra quién debería enfrentarse pues allí solo le valía muy poco una persona y dudaba los guerreros Uzza fuesen tan benevolentes. El amuleto de curación brilló en su cuello debajo de la tela dura y negruzca de su traje para sanar las heridas que tenía en el abdomen justo cuando con una rapidez inhumana todos sus nombres comenzaron a flotar escritos con fuego —o quizás sangre— armando parejas irregulares confirmando su miedo y aumentándolo al doble, se quedaría quieta y le permitiría actuar, de cierta forma se lo debía y solo ellas sabían por qué.

 

—Episkey

 

Lo pensó simplemente aguardando a que la herida en su pecho cerrase y de haber podido ocupar una acción más lo habría hecho en el pecho de Madeleine pues no deseaba verla en inferiores condiciones más ya se había curado ella misma segundos atrás tras arribar. Seis metros la separaba de la muchacha y su mirada de reproche la cual evadió observando todo a su alrededor pues no estaba muy segura de cómo actuaría Stark después de los días que llevaban en contra. El techo era una boca de lobo, nada de veía pero curiosamente recordó la incertidumbre que sintió cuando no era más que una simple aprendiz en San Mungo y no se le permitía ingresar al área de curación, esa misma curiosidad sentía por saber si había fin allí arriba.

 

Lo siguiente fue verla y analizar su rostro ¿estaría confundida?, no movería un solo músculo en su contra y lo tenía bien en claro así tuviera que tragarse una por una las hojas del libro de la sangre para aprobarlo nuevamente y sin tomar agua. Ella había sido uno de sus primeros contactos en el bando, una persona fiable y comprensiva que ahora recibía por parte de la platinada total y completo desdén. Cuando le enfrentó días atrás en su nuevo hogar no se reconoció más tampoco se sintió culpable y ello Maddie no lo sabía ¿por qué seguía llamándola así?; quizás un abismo las separase ahora pero incluso ella seguiría siendo Lockhart para la muchacha.

 

—Lealtad y Sacrificio— Musitó sin siquiera levantar la voz, solo modulando. Se lo debía.

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Maldición, lo sabía.

 

Y justamente por ello, la ira le desfigura el rostro y provoca que las lágrimas se desborden. Lo sabía, maldición, lo sabía. Y, como la idi0ta más grande del mundo, caminó directo hacia la trampa. Como la idi0ta más grande del mundo, nuevamente está allí. Y no, no se refiere a Grecia ni a esa especie de coliseo olvidado (a pesar de que le recuerde los escenarios del Torneo de Duelos)... nuevamente está allí, con la varita en mano, frente a un compañero.

 

Vio las palabras en el cielo; sabe lo que lo que ellos quieren que hagan. Quieren ver sangre, sudor y lágrimas; quieren ver sacrificios, muy diferentes a los que se refiere las palabras que escucha brotar de los labios de Arya. Interpretan el Libro de la Sangre demasiado literalmente, dejando de lado el verdadero poder que pueden obtener de él, todas las posibilidades; no, en cambio, sólo pretenden que lo usen de manera ofensiva, como si fuera el reverso del Libro de la Fortaleza. Pero no más. De la misma manera en que no había usado el libro para dañar al Minotauro, no lo emplearía en una situación improvisada de manera ofensiva, mucho menos contra un compañero.

 

—¿Lo ves? —susurra, con la voz rota por el repentino dolor en su pecho. Madeleine siente la daga del sacrificio en la mano izquierda, así como algo tibio manchar la parte superior de su vestido gris— No era una misión de verdad. Sólo querían que llegáramos acá.

 

Como si lo hiciera para recalcar sus palabras, alza la diestra, que sostiene a Fae con firmeza. Apenas la agita sobre ella misma cuando conjura el episkey para sus adentros. Aún cuando la herida sobre su pecho se cierra y la sangre deja de brotar, sigue sintiendo aquel dolor punzante... sigue sintiendo el filo de la hoja que lo hirió.

 

—Lealtad y sacrificio, Lockhart —responde finalmente, sin entender el motivo tanto de las palabras de Arya, como las de ella misma—. Nunca lo olvides.

 

Sabe lo que hace; tiene la suficiente experiencia en duelos para saberlo. Le está cediendo la oportunidad de comenzar, como si quisiera que llevara la ventaja... pero no. Madeleine mantiene su relajada postura.

 

—Hazlo —le dice entonces. Algo en su mirada se ensombrece; su voz se torna queda—. Sé que quieres superar esta... ehm... "prueba", y no te juzgo por ello. Si quieres, puede seguir llamándome cobarde, pero no lo haré. No puedo.

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— ¡Gracias a Merlín! — Gritó cuando todo acabó.

 

Cuando quedaron suspendidos en el aire algo la hice pensar que aquello no era un peligro más del laberinto aunque podía serlo sin problema, aquel laberinto era cada vez más misterioso para la Gryffindor y los secretos que escondía lo eran aún más. Pero no, sospechó que ya todo había acabado que estarían fuera de aquel sitio infernal, tal vez fuera porque por fin vio moverse al profesor y algo la hizo pensar que iba a terminar con aquello.

 

No tuvo miedo, al contrario, estaba aliviada; sabía lo que venía sabía que si ahora en esta primera etapa no había habido mucha sangre en esta segunda etapa si que la habría. En sus adentros deseaba que le tocara con Pik o Jessie, siempre era difícil dañar a uno de tus compañeros pero si al final era en post del conocimiento pues haría el esfuerzo por ser imparcial.

 

Aquello era tan irreal. Parecía como sacado de una película de esas que los muggles solían llamar "ciencia ficción". Se sentía como volando en el espacio, de hecho, comenzaba a ser placentero estar ahí era como el ying del yang que habían vivido hacía unos minutos. Lastimosamente el agujero que apareció a su lado la hizo volver a la realidad y confrontar lo que venía.

 

Entró en el l y casi como si tuviera un TEPT quiso volver atrás comprobando que el agujero había desparecido tras ella, lo buscó un par de segundos para rendirse luego. Cerró los ojos y realizó una inhalación profunda. Aquel lugar era como volver al laberinto aunque claro no estaba incendiado y no había ningún minotauro o al menos eso esperaba. Se volteó con la esperanza de ver una cara conocida hasta se alegraría de ver a sus compañeros mortífagos pero no.

 

— Ay no — Dijo con un gruñido débil. Arriba se veía el nombre de su contrincante y el suyo propio. Era Kassandra. No le gustaba competir contra su compañera y mucho menos contra Kassandra que parecía ser la dulzura andante pero era lo que había que hacer — ¿Kas? ¿Dónde estás?

 

Iba a comenzar a buscar por el lugar cuando algo le cortó la respiración, algo tan imprevisto que jamás se lo hubiera visto venir. Primero sintió algo caliente escurrirse por su abdomen y cuando miró fue aún peor, la sangre ya manchaba su ropa. ¿De dónde diablo había salido? Se la quitó de inmediato no sin sentir un dolor garrafal al hacerlo.

 

—Episkey— Pensó viendo como la herida se curaba como si nunca hubiera habido nada ahí. Se levantó más que enojada ¿acaso era el conejillo de indias de alguien?

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—Lo sé, lo sé y lo siento

 

Ambas susurraban cuando en realidad deberían estar gritando para oírse por la distancia que les separaba pero se entendían tan bien que ni siquiera necesitaban mediar palabra. Atónita la miraba pues esperaba que con su templanza supiera comprender su postura y no adoptar exactamente la misma, negó lentamente y dio medio paso atrás —no me obligues, por favor— la súplica se reflejó no solo en sus ojos verdes sino también en sus facciones que rápidamente y cual efecto dominó se fueron deformando ante cualquiera que la mirase, si erraba nadie podría detenerla puesto que había confiado dos veces en Stark para que lo hiciera y ésta se negó a tomar partido en el desarme.

 

—¡Incárcerus!

 

No, la negación no le duró tan solo unos segundos ni había cambiado de opinión pero si para obtener la habilidad que aquel libro otorgaba debía enfrentarse a Madeleine lo haría, a su propia manera pero lo haría. Tres cuerdas del grosor de su dedo meñique se dirigieron hacia la bruja en cuestión, tenían la resistencia de una hoja de papel o un trozo de lana así que no causaría problema alguno. La primera de ellas se enredaría en su tobillo izquierdo como una pulsera a la moda, la segunda acabaría como un collar de tela en torno a su cuello largo y la tercera trataría de enroscarse en su cintura pero no podría puesto que la longitud no lo permitía. La platinada sonrió de lado y por un instante nuevamente perdió la noción de los sonidos.

 

—Maldición

 

Con la vista nublada oyó la voz en su cabeza y se petrificó ¿había sido capaz?. Con gruesas lágrimas cayendo cuesta abajo y brillando si las captaba alguna luz lejana miró a su compañera totalmente arrepentida, tan solo fue un segundo de flaqueza en el que ni siquiera notó el haber conjurado aquella palabra que provocaría una completa mala suerte sobre ella. Luego y para extrañeza de ella su hombro izquierdo escoció por lo que corrió la tela gruesa de su ropaje negruzco para comprobar que una mano ensangrentada brillaba sobre su nívea piel como si un fantasma le hubiese tocado y de sus labios claramente brotó la palabra Obedire. La garganta se le secó ¿qué clase de juego retorcido era ese?.

 

>Tu ataque, anúlalo, ahora. Y así fue, Madeleine estaba intacta y ella aterrorizada.

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Conocía esa fuerza mágica, no era la primera vez que apoderó de mi. Simplemente me dejé llevar y olvidé lo que estaba sucediendo en el laberinto, los actos que hacían los demás compañeros de la clase poco sentido tenían, carecían de sentido de supervivencia. Vacilé al caer al otro lado y luché por sostenerme con el basto, no quería hacer el ridículo ante todos.

El anterior duelo fue un desastre, ni los propios guerreros Uzzas pudieron organizar de una forma correcta la practica del libro. No lo veía tanto como un duelo, era más una prueba para aprender a lo que podía ser capaz se hacer este nuevo poder mágico. Miré en el cielo mi nombre junto al de Jessie, sonreí al agradecer que fuera ella quien me tocara. Me topé con su mirada antes de comenzar.

—Un duelo tranquilo, para practicar la prometedora magia de la sangre.

Y mis palabras surtieron efecto, sintiendo un corte en la parte alta del brazo que empezó a manchar la camisa blanca. Solté un gruñido bajo y alcé mi varita, pensando Episkey para curarme de la herida proporcionada por la prueba. Conocía como eran estas pruebas y debido a esto deduje que no seria el primer ataque sin que nos enteraremos.

 

—Al parecer será bastante entretenido este duelo, más si nos atacan sin saber.

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Las cosas cambiaban muy rápidamente. Al estar parada a un lado de Hades una fuerza extraña la absorbido, como una especie de agujero negro, cosa que no entendía del todo. Se dejó llevar, más por costumbre que por otra cosa, en el mundo de la magia no dejarse llevar traía feas consecuencias, como una despartición a la hora de realizar una desaparición.

 

Llegó a un lugar amplio y con muchos pilares por todo el lugar, el techo era tan alto que Jessie no alcanzaba a verlo. Soltó un suspiro mientras observaba todo a su alrededor. Se sentía cansada, sus parpados pesaban debido al sueño que tenía. Su magia se había agotado demasiado y sentía sus defensas bajas. Los adoquines que la rodeaban se le antojaban tan suaves que bien podría dormirse sin que nada la perturbara. Pero debía de recomponerse, esto aun no terminaba, pronto lo haría más aun no era el momento y un duelo no era lo más sensato para dormirse.

 

Ver su nombre presidiendo al de Pik la dejo helada; nunca había dueliado con el ángel caído y hacerlo ahora después de lo que habían pasado no era lo que pensaba como un duelo amistoso como el que había llevado con Leah.

 

-Tranquilo - mascullo Jessie sintiendo un ardor extraño en su pecho, volteo a verse el torso y observó como la sangre volvía a manchar una vez más su blusa traslucida.

 

Cerró los ojos mientras llevaba su varita magica a su pecho pensando en un simple episkey cerrando la herida por completo. Volteo a ver a Hades fulminándolo con la mirada, se vengaría del mago una vez salieran de este horrendo lugar. Su cuerpo se tensó al escuchar las palabras de Pik, deseaba decirle que no fuera muy dura con ella pero algo le decía que sería en vano, ya sabía como trabajaba el chico y este siempre lo daba todo en lo que hacía.

 

-No se tu, pero yo matare a Hades una vez que esto termine - entrecerró sus ojos pensando en mil formas de torturar al chico.

 

Si debía hacerlo mejor que terminara de una vez por todas. Alzó su varita en dirección de Pik, pensando que hacer, como enfrentarse al mago.

 

-Hagamoslo de una maldita vez, a fin de cuenta ya estoy cansada de esto, de fingir ser alguien que hace mucho deje de ser - mascullo en dirección de Pik con un brillo travieso en sus grises ojos.

 

El ángel caído la conocía y sabía que no era la chica tierna y asustadiza que todo el pueblo conocía y que mejor que tener un enfrentamiento con alguien que la conocía, así no había razón para dudar en sus ataques y quedar como una cobarde frente a su oponente.

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Giré el anillo de salvaguarda contra oídos indiscretos, sintiendo como se activaba y el poder mágico cubría a Jessie y a mi. Ambos podíamos hablar sin que nadie se metiera en nuestros asuntos.

—Hay mejores cosas que la muerte, Jessie, eso es muy básico. Si quieres vengarte tienes que hacerlo sufrir, no acabar tan rápido con el placer que te hace verlo —expliqué, aun le faltaba camino por recorrer a la mortífaga— enséñame que has aprendido estos meses.

Ella entendía a que me refería, no necesitaba hablar de más. Ambos nos habíamos curado de la herida de la daga del sacrificio y podíamos seguir. Alce mi arma no sin antes cumplir las normas de duelo. Ambos se presentaron, se separaron un par de metros y tras los tres segundos respectivos el Macnair se volteó a toda velocidad.

Sectusempra —ataqué sin vacilar, tiñendo de un tono verdoso la sala tras el hechizo. Era un rayo mortal y peligroso, pero no dudaba en la habilidad y capacidad de Jessie, podía defenderse y si era lo bastante astuta poder sacarle provecho. Cortó la distancia que nos separaba a los dos y, si no se defendía, crearía una herida sangrante en su pecho que causaría su muerte con rapidez.

Alcé nuevamente la varita e intenté soltar un hechizo, pero sentí el poder mágico de la marca de sangre actuando sobre mi, obligándome a no atacar en ese corto periodo de tiempo. Maldije por lo bajo y me quedé de pie, esperando la respuesta de mi compañera.

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Es consciente de que muchas veces ha sido considerada una saturrona, incluso una cobarde, por su afán de hacer todo lo posible para no derramar sangre. Ésto no se limita sólo a cuando se enfrenta a sus compañeros; incluso frente a mortífagos, procura inmovilizar, aturdir o desarmar... y cuando tiene que lastimar, cuando no hay otra opción o cuando es incapaz de controlar sus emociones, carga con ese peso para siempre. Allí de pie frente a Arya, con esas cuerdas "adornando" su tobillo y cuello, siente sobre sus hombros el peso de las veces que hirió y envenenó a alguien, las veces que maldijo y odió, las veces que intentó hacerlo; y, la más pesada de todas, la muerte de Pandora. Cualquiera pensaría que ella, la gruñona y obstinada bruja que se rehúsa a usar los mismos métodos que los mortífagos (el fin justifica los medios, como dirían otros), no sabe nada de la magia de sangre; que ese libro maldito es el primer contacto que tiene con ella. Sin embargo, no sólo la ha practicado con anterioridad, sino que la ha sentido en carne viva.

 

Todavía oye el llamado, todavía siente el lazo atándola, al igual que a los demás patriarcas, a Winterfall. Todavía oye las palabras en su cabeza: el pacto se sella con sangre, y se paga con sangre.

 

La magia de sangre no se trata de aquella "inocente práctica" (que dejará malherido, maldecido y atado a juramentos idi0tas a más de uno); son rituales sagrados, que tienen que tomarse en serio. En aquel momento, están faltado el respeto a la magia de sangre.

 

Sin embargo, no es aquello lo que hace que se quede inmóvil.

 

No quiere atacarla. Aunque Arya comenzó, aunque ella quedaría libre de toda culpa, simplemente no puede. Y no puede dejar que su compañera haga algo de lo que se va a arrepentir.

 

—No lo entiendo, Lockhart —susurra entonces. Las voces de los demás se escuchan a lo lejos, seguramente ahogando su voz—. No quieres hacerlo, y nadie te está obligando —dice en voz más alta, lo suficiente como para que su compañera, a seis metros frente a ella, escuche sus palabras—. Tú... tú no quieres mancharte las manos, ¿sí? No puedo dejar que lo hagas —Madeleine, para sus adentros, invoca la daga del sacrificio nuevamente. Apenas se materializa en su mano izquierda, sus dedos envuelven firmemente el mango, con la misma determinación como si de Melle se tratase—. De verdad lo siento.

 

Ésta, es una de esas oportunidades. Odia derramar sangre, y odia a los que lo hacen por diversión, sin darle importancia. Pero... maldición, pensó que la escucharía. Pero si no le hizo caso en el laberinto, allí menos lo haría. ¿Qué otra opción tiene? ¿Dejar que cometa sus errores? ¿Abandonarla? No puede, ni tampoco quiere hacerlo.

 

Inmolo oppugnare —susurra, al tiempo que el filo de la daga le da una caricia punzante a la piel en su muñeca derecha. Aquella herida se refleja en el mismo lugar del brazo de Arya; la sangre brota al mismo tiempo, el dolor les afecta de la misma manera. Ahora, están enlazadas. Vuelve a alzar la mirada a su compañera, avergonzada por blandir las palabras "el fin justifica los medios" y ya arrepentida de un juramento de sangre que todavía no ha pronunciado. Pero, maldición, ¿qué otra opción tiene?— Yo juro...

 

Puede sentir una mano en su hombro. Aunque no lo ve, la marca de sangre se activa. No sabe de quién es esa voz, ni siquiera qué es lo que está sucediendo, pero de repente no hay otra opción más que obedecer. Alto.

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Entendía a que se refería Pik, era verdad que disfrutaba mucho más haciendo sufrir a sus victimas que simplemente matándolas y más con ese aire tierno e inocente que la caracterizaba podía perfectamente engañar a su victima al grado de que esta por su propia cuenta le ofrecía su ayuda; no hacía mucho había fraguado algo así para con su trabajo en el ministerio y le había fascinado.

 

Entrecerró sus grises ojos con una sonrisa cruel perfilándose en sus rosados labios, ladeo la cabeza sin perder detalle de Pik, al momento en que este le pedía lo que había aprendido en los pocos meses que tenía como mago oscuro. Asintió como niña pequeña emocionada, acercándose al ángel caído un par de pasos, inclinándose sobre su torso sin perderlo de vista ni un segundo, con la varita en ristre y retornando a su lugar.

 

En pocos segundos, lo que tardó Pik en pronunciar su hechizo, Jessie se había vuelto intangible, generando que el hechizo provocado por su oponente no le afectara en lo más mínimo. Se mordió el labio inferior por la parte derecha mientras reía divertida por lo que acaba de hacer. Poco a poco le iba tomando el truco a los hechizos de este lugar, más la practica en batalla era la combinación perfecta para pulir el potencial que tenía la joven bruja.

 

Volteo el rostro molesta al sentir como la marca de la sangre actuaba sobre ella, haciéndola perder su valioso tiempo, ahora solo restaba esperar a ver que ocurría. Sabía y conocía que llevaba las de perder, pero podía y debía, más que otra cosa, cambiar los papeles a su favor y que mejor forma que distrayendo a quien ahora era como un profesor para ella.

 

-Así que... la chica... Arya, creo que se llama, ¿es pariente tuyo? No sueles proteger a desconocidos y debo decir que eso me sorprendió bastante - distraerlo era una táctica muy básica pero de algo le tendría que servía, al menos para ganar un poco de tiempo mientras generaba una estrategia mejor.

 

Colocando la varita frente a ella, Jessie se disponía a recibir cualquier ataqué por parte de su compañero, confiando en que al menos saliera viva de aquella prueba.

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