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Prueba Libro del Equilibrio


Lisa Weasley Delacour
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Y el tiempo de calma se agoto. Las trompetas de la guerra comenzaron a resonar en todos y cada uno de los amplios sectores del tan conocido castillo. Las fuerzas de ambos bandos se preparaban en sus trincheras para combatir. Era el momento de decidir el lugar al cual pertenecías. Sentía la adrenalina propia de las batallas surgir en mi nervioso interior. Estaba dispuesta a confrontar al mal desde sus inicios. Y a pesar de que sabia que nada en el futuro cambiaría, pelear contra el causante de mil muertes seguidas, tanto muggles, como mágicas, seria enriquecedor e inspirador.
Con decisión avance hasta la torre mas alta de Hogwarts, desde donde podría tener una visión perfecta de lo que ocurría. Ante mi y como había supuesto, Badru se presento. Sus ojos, tan negros como el carbón, me indicaban que no seria muy favorable su presencia para ninguno de los pupilos presentes a la cátedra. Asentí. No lo toleraba, no me caía ni bien, no obstante, el Nefir tenia un rango superior al mio dentro de la universidad y sus decisiones tenían que ser asumidas y asimiladas como si fuesen la de los mismos directos de la entidad. El lo sabia y le fascinaba ver mi cara de enfado.
- Han elegido. Ahora que luchen.
Gracias al aparato usado para la clase en cuestión, yo sabia bien donde se hallaba cada alumno. Bastian y Sagitas, aunque algo rezagados y lejos de pertenecer oficialmente al clan de la luz, se posicionaban al lado del bien. Seguían en el patio delantero, a no mas de cincuenta metros de la entrada principal y por lo que parecía por su energía, probando los diferentes conjuros del libro. En cambio, Sofia y Cissy habían tomado otro rumbo, el de los seguidores de Tom Riddle. Actuaban bajo sus decisiones y yo no tenia porque juzgarlas. Algún día se darían cuenta de su error
- Es insano – Murmuré – Hay pruebas difíciles de superar, como esta, hemos tirado de recuerdos dolorosos. ¿No ha sido bastante ya?
- Te estas volviendo muy blanda Weasley
- No. Tan solo soy justa – Mi varita brillo al apretar con fuerza el puño
- Que empiece ya el espectáculo.
Y tan pronto se fue, el sonido que por algún casual había desaparecido, retomo a mis oídos con un estruendo tremendo. Mientras los sucesos que nos habían contado nuestros padres y figuraban en los libros de texto como el encuentro mas devastador jamas recordado, comenzaban a pasar a nuestro alrededor, Bastian, Cissy, Sagitas y Sofia, fueron tele transportados a su propio domo de combate. Si, estaban dentro de la edificación, no obstante, solo podrían atacar a quien seria su rival en un duelo común. La prueba final para anexionarse con los nuevos conjuros daba inicio.
- Luchad - Dije en sus mentes - Ademas de dar a conocer vuestros poderes y conocimientos, deberéis sortear alguna que otra prueba, las cuales se irán desarrollando en mitad del combate y de forma aleatoria. Suerte - La conexión se cerró.
OoooooO
Reglas de la Prueba Final
El ganar o perder en los duelos, no varía el resultado en la prueba. Se considera la participación, saltar los obstáculos y la actividad en ésta.
Los hechizos permitidos son los Hechizos Neutrales, Graduados y los Poderes de los Libros Nivel 1, 5, 7 y 10
Las reglas que se usarán son las mismas que rigen los duelos en general, 1 vs 1.
Cada X tiempo, yo misma posteare para agregar algo de juego al duelo. Serán pruebas que podréis pasar como rol o usando conjuros, así como os venga mejor.
Para dudas, comentarios o lo que sea, pasaros por Consultas y Sugerencias del Libro del Equilibrio

 

Equipos

Sagitas E. Potter Blue vs Cissy Macnair
Bastian Karkarov Malfoy vs Sofia Elizabeth Granger G

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Yo me quedé alelada. Estaba leyendo en el libro del Equilibrio (que no me servía para mantener el equilibrio, pues ya había tropezado varias veces camino del bosque) cuando éste desapareció de mis manos.

 

-- ¡Ladrones! -- grité, con rabia, antes de darme cuenta de donde estaba. Me puse las dos manos en la boca, pidiendo perdón con los ojos a mi compañero, para que no me matara por delatarme delante del tropel de mortífagos que estaban cerca. Menos mal que unos ruidos atronadores apagaron mi grito y, creo, que nadie se dio cuenta de eso. -- ¿Por qué me han quitado el libro, Bastian? ¿Es que ahora me van a devolver el libro del Reloj Cucú que había pedido antes?

 

Y no sólo fue eso lo que desapareció. Nuestro alrededor desapareció. Mejor dicho, nos trasladaron de alguna manera insana a otro lugar. ¡Con lo tranquilita que estaba yo en el bosque...! Cuando se me pasó la habitual sensación de mareo y desequilibrio (equilibrio conforme a mi posición de pie, no el mental; creo que ese no lo recuperaré jamás) ahogué un grito de sorpresa. Era el interior de Hogwarts. La pelea se sucedía en él y alumnos del colegio corrían por todas partes, algunos ayudaban a los miembros de la Orden contra los mortífagos de negro que se acercaban. A lo lejos, por un ventanal, vi a un gigante que destrozaba parte del puente de acceso.

 

-- ¡Demonios! -- chillé, levantando la varita y señalando hacia los oscuros. Vamos, que yo defender a la Orden pues no, la actual quiero decir. Pero cuanto había leído la historia de la Gran Batalla de Hogwarts, siempre me había visto al lado de Lupin y, sin que se diera cuenta Tonks, agarrándole la mano para impedir su muerte y acabando en un ósculo de película. Claro, aquello era un sueño de niña pequeñita que leía a escondidas los libros que había sacado de la biblioteca mientras mis compañeras de clase descansaban en los dormitorios verdes. Así que moví la varita e hice un Protego a una chica con uniforme para evitar que el mortífago que tenía delante la alcanzara. No hizo efecto. Eso provocó que levantara una ceja, más sorprendida aún de lo que ya estaba.

 

Así que no podíamos intervenir en la matanza... Apreté los dientes con rabia y busqué a Lisa, la culpable de todo. No la vi, no sé donde estaba, pero sí noté la presencia de alguien poderoso, un aura dura y llena de orgullo. Por un momento pensé que era Voldemort y dirigí la mirada hacia aquel lugar. Pero no. Allá había un Uzza, nunca recuerdo los nombres de ellos pero me temía que era aquel tan poderoso que los rumores decían que paseaba a veces por la Universidad. Su presencia sólo podía significar algo malo.

 

Como si estuviera conectado a él, una voz (la de Lisa, por cierto) indicó lo que más me temía: había llegado la hora práctica de probar los hechizos equilibristas y por eso había desaparecido mi libro...

 

-- Hum... Bastian... ¿Bastian?

 

El compañero de sacerdocio estaba cerca, pero no a mi lado. Intenté acercarme a él pero noté una especie de fuerza invisible que lo impedía. A veces parezco tonta, lo sé, pero no lo soy. Me lo hago más de lo que soy, puesto que entendí la situación al instante. Él no era mi rival, sino que sería otra persona, alguna de las dos chicas que se habían unido a defender el lado mortífago.

 

-- ¡Demonios desdentados! -- volví a murmurar. ¿Quién me habría tocado para demostrar que había memorizado los hechizos? -- Luchar y encima pruebas... Pues vaya novedad... Seguro que nos matamos entre nosotros.

 

Traducido: Sagitas no dura ni un minuto en aquel ataque a Hogwarts. No sé porqué dudaba de mi capacidad de reacción. Esperé que se presentara mi contrincante, seguramente Cissy, puesto que es la que estaba más cerca de mi zona. Pero, por si acaso, mencioné un Avis para que unas lindas aves me rodearan para protegerme en la zona del pecho. Creo que no sería capaz de resistir un hechizo a la zona del corazón. Además, estaba unida a Bastian para protegerlo y, aunque creía que el efecto debiera haber desaparecido con el traslado al Domo de Lucha, por si acaso también tenía que protegerle a él, al menos hasta que la práctica demostrara que sí habíamos quedado desvinculados del Sacrificio de la Daga.

 

El revoloteo de los pájaros blancosera frenético. Creo que las palomas reflejaban mi miedo, no tanto a mi contrincante y al duelo en sí, sino a la terrible batalla que se daba y a los personajes, reconocibles por la lectura de los libros que había devorado de pequeña, que luchaban y que sabía que iban a morir. Quise detener a uno de los Weasley que se dirigía hacia unas escaleras pero pasó de largo. Además, no sabía si era Fred o George así que no podía saber si detenerlo cambiaría algo de lo sucedido.

 

Y, por último, no sabía si mi contrincante me permitiría defender a nadie de la Orden del Fénix.

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—¡Nos van a escuchar! —dijo el mago.

 

No supo realmente si Sagitas llego a escucharlo. Algo se movió su cabeza haciendo que su visión de desenfocara por unos segundos. Se tambaleó. Logró ponerse en equilibrio moviendo los brazos de adelante hacia atrás en varias ocasiones. Lisa estaba loca ¿Transportarlos sin advertirlos? Al menos se dio un golpe contra el suelo, hubiera sido demasiado vergonzoso.

 

—¡Cuidado!

 

Las palabras salieron de su boca antes incluso de darse cuenta de que pretendía decirlas. Y es que algo hizo "clic" en su interior cuando vio el brillo de los ojos de un estudiante de Hogwarts desaparecer. Intentó moverse, intentó ir a por el mortífago pero no pudo. Había algo que se lo impedía, una fuerza de magia que era imposible de notar en un principio. Al menos él no se dio cuenta de la barrera mágica hasta que esta hizo efecto evitándole salir a defender a los estudiantes.

 

Vio a Sagitas. Sintió (aunque lo correcto sería que no sintió nada) la ausencia del vínculo de sangre que realizaron cuando su caminar se estaba dirigiendo al Bosque Prohibido. Era una batalla justa. Un 1vs1 supuso. Sacudió la cabeza tratando de concentrarse. Ante sus ojos se veía a su rival: Sofía. ¿Atacar de manera agresiva o no? Real o no, era momento de dejarse llevar por la ira. De dejar que sus acciones fueran comandadas por el recuerdo de aquel adolescente asesinado por mortífagos.

 

Cinaede —dijo el mago impregnando en aquel hechizo toda su rabia y resentimiento.

 

El gas generado a partir de los pétalos del pensamiento se hizo presente, invisible, al rededor de la cabeza de Sofía. De inmediato, y sin opción a contrarrestar su poder, el veneno ingresó en su cuerpo obstruyendo en primer lugar sus vías respiratorias. Posteriormente el veneno se encargaría de ingresar a su torrente sanguíneo.

 


 

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Corría tras Cissy por el bosque tras darse cuenta que no podían derrotar a todos los inferis que las perseguían cuando sintió el jalón. Se llevo una mano al estomago pues como siempre la sensación de vacío era mas potente justo en ese punto de su anatomía. Cuando de nuevo sintió la solides del piso se dio cuenta que los habían trasladado al interior de Hogwarts. Miro a su alrededor como caían como moscas los magos que murieron en aquella cruenta lucha, por un momento hizo amago por acercarse a alguno de ellos pero se topo con una pared invisible. La molesta voz de la profesora resonó desde la profundidad del castillo y resonó en su cabeza, gruño por lo bajo y espero que no le quedasen secuelas de aquello.

 

Busco a su compañera pero esta estaba al lado contrario frente a Sagitas, eso solo le dejaba una persona a quien enfrentarse. Miro hacía el frente y ahi estaba, ya levantaba su varita y le lanzaba algo, hizo lo mismo esperando no terminar muerta en el primer ataque.

 

- Arena del hechicero- dijo sacando la arena y lanzandola hacia el frente. Esta viajo directo hacia el mago, en cuanto este impactara lo dejaría ciego, pero aquella acción no la había salvado de recibir lo que este le mando, un gas la rodeo y pudo sentir los efectos del Cinaede. Saco su varita y se apunto hacia la garganta lanzandose un anapneo o cual libero sus vías respiratorias, pero estaba plenamente consciente de que esto no seria suficiente, tendría que curarse pronto o el veneno que en aquel momento ya debía estar atacando su torrente sanguíneo. Ahora solo había ganado tiempo pues la arena del hechicero le impediría lanzar ciertos hechizos, le quitaba algunas opciones.

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Nos habíamos detenido a una distancia prudencia de Sagitas y Bastian, me había girado para intercambiar unas palabras con Sofía cuando noté que ella ya no estaba detrás de mí. Entonces, lo sentí. Un tirón a la altura del estómago y me quedé sin aliento mientras era transportada a vaya a saber qué zona del Castillo. Aterricé de bruces, deteniendo el golpe con las manos y logrando así torcerme un poco la muñeca, la misma que me había lastimado hacía un tiempo en un duelo. Hice una mueca, pero el dolor no era tan fuerte como para impedirme luchar.

 

-¿Sagitas?- solté, mirando al frente, donde estaba mi vieja amiga.

 

Miré alrededor, buscando a Sofía. Aún seguía a mi lado, separadas por una distancia de unos diez o doce metros, más frente a ella estaba Bastian. ¿De nuevo iba a tener que enfrentarme a Sagitas en duelo de uno contra uno? Parecía que a Lisa le gustaba ponernos a prueba simplemente porque sí y ya con eso, la profe empezaba a caerme mal.

 

-No voy a luchar contra tí de nuevo, Sagitas. Ambas sabemos que somos incapaces de hacernos mal- dije, observando las palomas que revoloteaban frente a ella, frenéticas. A nuestro alrededor, la batalla se desarrollaba cual película y yo estaba intrigada en el motivo por el cual no nos dejaban intervenir. Vale, que no cambiaríamos nada, eso parecía-. Oppugno- pronuncié, apuntando a las aves de Sagitas con mi varita, Shember, que estaba en mi zurda.

 

Las aves se posicionaron, ahora, a mi alrededor y estarían defendiéndome durante todo un turno completo. No tenía intención de hacerle daño a mi compañera, ella ya lo sabía, pero tampoco dejaría que nada me atacase. Y, en todo caso, siempre podía defenderla.

 

Invoqué la Daga del Sacrificio en mi derecha y me hice un corte en la punta de un dedo de la mano izquierda, viendo la sangre escurrirse por el filo y gotear un poco en el suelo. No era nada grave ni nada muy doloroso, más me serviría para lo siguiente que quería hacer.

 

-Immolo ad protegendum- y ahora me encontraba vinculada a Sagitas, en quien había concentrado todas mis capacidades mientras me hacía el corte. No quería que le pasara nada y tal como en el último duelo que habíamos tenido, si ella recibía daño por las pruebas que Lisa, estaba segura, nos impondría, entonces yo la defendería siempre que pudiera.

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Luego de que la magia de Cinaede hiciese efecto, Bastian sintió algo que -por unos segundos- le molestó. No estaba acostumbrado a prescindir de la vista. ¿Cómo podía llevar una batalla con todas las de ley si su mirada estaba fija en la negrura? Al menos tenía un punto de referencia, sabía la posición aproximada de Sofía por lo que al menos algunos hechizos habían en su arsenal. Pensó tan rápido como su cabeza era capaz de trabajar.

 

Pese a ello fue lo suficientemente rápido para pensar en la Arena de Hechicero antes de que Sofía liberara sus vías respiratorias. El efecto de la arena fue inmediato. Aquella arena maldita, proveniente del fuego mágico la cegó tan rápido como antes lo había hecho con él. Ahora ambos estaban en una situación parecida. Quizá Bastian con algo de ventaja, ventaja que tenía intensión de mantener.

 

Su siguiente hechizo fue, al menos así lo pensó, predecible y se ejecutó justo luego de que Sofía aplicara el anapneo que le ayudó a no morir en el acto. Ejecutó, sin mentar palabra, una maldición que tendría como efecto el que el siguiente hechizo de la bruja fuese una mofa del hechizo original que intentaría ejecutar.

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-- ¡Halaaa! ¿Serás bruta? ¡Vaya tortazo...!

 

Sí, sé que no es la forma más correcta de dirigirse a alguien quien ha caído de bruces al suelo. Por la cara que puso, creo que Cissy se había hecho daño, aunque tampoco puedo asegurarlo, puesto que sentí el aleteo continuo de los pajaritos a mi alrededor que me impedían concentrarme en lo que veía.

 

-- Bueno, no te preocupes -- le dije, antes de que ella pudiera hablar; como siempre, yo hablo por dos o por tres, si me dejan abrir la boca. -- Tenemos el Libro del Equilibrio, seguro que saldremos de ésta aprendiendo a tenerlo, aunque sea para no tropezarnos.

 

No sé si era oportuno o no aquel juego de palabras. La presencia del Uzza me había puesto tirante. Vamos, que esos seres de raza guerrera me ponían nerviosa, como si disfrutaran con hechizos poderosos que sirvieran para matar, destrozar, amputar y todo lo negativo que se puede hacer con ellos. Yo, lo siento mucho, soy más pacifista (siempre que no esté alterada, que no me cabreen o que no haya bebido una cerveza de más pero, sobre todo, siempre que nadie se meta con mi familia y amigos) así que no iba a permitir que me obligaran a seguir un camino que no quería. Apreciaba el conocimiento de aquellos hechizos y la posibilidad de poder usarlos, pero no quería ser un títere de los Uzzas.

 

Por eso, las palabras de Cissy me alegraron. Era como yo, una luchadora inconformista. Iba a contestarle con una sonrisa pero mi rostro demostró lo contrario cuando vi que hacía un Opuggno a mis queridas avecillas.

 

-- ¡Oh, ladrona! ¡Créate tus propias mascotas, no me robes las mías!

 

Reconozco que eso me dejaba un poco a su alcance, a lo que quisiera hacerme, pero tenía su palabra de que no iba a luchar.

 

-- ¡No, no lo hagas! -- le grité, alargando mi mano y avanzando unos pasos hacia ella. Pero no pude evitar el sentir como se creaba un vínculo a nuestro alrededor, algo muy sutil que no todos conocerían pero que yo identifiqué enseguida. Puse los dos brazos en jarras, en un gesto de enfado, la varita agarrada con fuerza en la mano derecha. -- Lo dicho, eres boba, ¿ahora vas a protegerme? ¿De qué si se puede saber?

 

Tal vez podría haberlo evitado si hubiera lanzado un Silencius. Seguro que le hubiera impedido cometer el error de la Daga del Sacrificio. Sin embargo, mi alma titiritera y algo traviesa hizo que asomara una sonrisa en mi boca. Es que no puedo evitarlo.

 

-- Vale, no peleemos, pero juguemos un rato, aunque sea sólo para practicar hechizos equilibriosos. A ver como puedes defenderme ahora con el hechizo que estoy pensando.

 

Y es que mientras decía eso, movía la mano con un movimiento leve y casual hacia ella, casi como si lo hiciera con pereza, lanzando al aire una serie de polvo que mejor no recordar de dónde salía o me lavaría frenéticamente durante días, pensando en el nombre del efecto a usar: Arena de Hechicero. Si limitaba sus movimientos, ¿cómo iba a defenderme de lo que fuera? ¿Es que se había creído que yo no sabría defenderme sola? No me debía nada; al revés, yo le debía mucho más a ella, debiera ser yo la que la defendiera.

 

Noté un ruido enorme y vi, de refilón, una enorme piedra que entraba por una de las ventanas, rompiendo el marco y diseminando rocas y polvo por todas partes. ¿Enorme? No, más grande aún. Había sido lanzada por un gigante para atacar el castillo. Por un momento me había olvidado de donde estaba. ¿Podrían hacernos daño aquellos ataques? Creía que no, pero...

 

O tal vez sí...

 

Me agaché por instinto y la roca pasó de largo, en dirección a Cissy.

 

-- ¡Oh, Demonios mascados! ¡Agáchate! -- maldije, puesto que yo misma le había obligado a quedar desprotegida. -- ¡Reduccio!

 

Esperaba con aquel hechizo llegar hasta la piedra y reducir su masa de manera que, si llegaba a golpear a mi amiga, ya no fuera tan grande y el daño fuera mínimo. ¿Por qué me había metido en aquel aprieto si no me gustaban los duelos?

 

He de reconocer que me va la marcha del conocimiento y de la emoción del aprender, pero no la parte activa. Y teniendo a Lisa como profesora, seguro que cualquier cosa se le ocurriría para hacernos la clase bien movidita.

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-¡Que no soy bruta, mujer! ¡Todo es culpa de los trapiches de Lisa!- grité, molesta, porque me había dicho que era torpe por caerme. Pero no era mi culpa, el hechizo de transportación me había tomado desprevenida y apenas había tenido tiempo de hacer algo.

 

Le saqué la lengua en tono burlón cuando se quejó por sus aves y casi me hubiera gustado hacer un baile grotesco, pero me contuve. Aún estábamos en batalla y aún llevaba la máscara, ¿o no? Me toqué la cara y descubrí que no, que ya no la llevaba. Seguramente había desaparecido cuando el gancho de la transportación me había jalado hasta allí o quizá fuera alguna magia de los Uzza. En todo caso, mejor, porque no quería que Lisa supiera que yo era una mortífaga, aunque me daba igual. Ella era de la Orden, seguro que nos terminaríamos matando en algún punto.

 

Volví mi atención a Sagitas. Se quejaba ahora porque yo había sacado la Daga y me había cortado un dedo, todo para protegerla y ella pensaba que no necesitaba mi protección pero en realidad, las dos nos necesitábamos. Se lo iba a decir pero primero me pareció más adecuado molestarla.

 

-Vayan a darle picotazos amistosos y enmarañarle el pelo a mi amiga- les ordené, moviendo la varita para que las palomas se abalanzaran sobre Sagitas. Ahora iban a picarla poquito, hacerle cosquillas y tirarle un poco del pelo para que ella de distrajera, pero mientras las aves avanzaban, Sagitas tomó un puñado de lo que fuera (parecían Arenas del Hechicero) y me las lanzó-. ¡Ay!- me quejé, cuando la arena me entró en los ojos y ya no pude ver nada.

 

Me quedé tensa, pensando que en aquel estado ella podría tirarme un desmaius y yo no podría esquivarlo más que intentando un Protego. ¿Pero no había dicho que no me iba a hacer daño? Entonces, escuché un terrible estruendo procedente del frente, o sea, a las espaldas de Sagitas.

 

-¿Qué estás haciendo?- me quejé, tanteando el aire-. mi**... Sagitas, ¿qué es ese ruido?- y entonces me gritó que me agachara y podía sentir el aire denso a mi alrededor y luego más ligero, como si algo estuviera viniendo hacia mi de forma precipitada. El bello de mi nuca se erizó-. Salvaguarda Mágica- pensé de puro miedo y, entonces, algo me atravesó. No podía sentirlo y no podía hacerme daño, desde luego, tampoco pude ver qué me había atravesado, pero el oído no me engañaba y sabía que probablemente "eso" me hubiera tumbado feo-. Qué malvada eres, me dijiste que no me harías daño- le grité a Sagitas.

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Fruncí el ceño, aunque era un gesto que no vería Cissy, aún afectada por esas arenas que le habían entrado en el ojo.

 

-- ¡Yo no fui, so bruja! Fue aquel gigante de allá -- y señalé hacia la ventana, ahora estallada en mil pedacitos de piedra. Otro gesto que ella no vería. Aunque lo que yo vi me hizo quedar petrificada (figuradamente) y quedarme muda (también figuradamente; no suelo callarme ni bajo el agua). Además, mis queridas avecillas estaban jugueteando con mi pelo, enredándolo, picoteando de forma "amable" mis orejas y tirándome de los mechones lilas que se habían soltado de mi pelo bien recogido y peinado. -- ¡Ay, mi madre! Con lo que me costó la peluquería...

 

Es todo lo que pude decir durante un segundo, pequeñito, hasta que reaccioné.

 

-- ¡No quería hacerte daño, hechicera de los demonios! Te dije que te agacharas, no que te hicieras intangible, aunque he de reconocer que te ha dado resultado. Era un pequeño pedrusco, como mucho, te hubiera hecho un arañazo sin importancia...

 

Cissy volvía a ser normalita (?) y ya la veía de nuevo. Ojalá el hechizo hubiera durado más tiempo pues ya asomaban unas enormes patas peludas por el hueco abierto del muro donde había estado una linda ventana.

 

-- Amiga, hazme caso, haz lo que yo. Comprueba que tienes el Anillo Antiveneno puesto porque eso son... ¡Acromántulas histéricas y enfadadas, muy enfadadas!

 

Las piernas aún me temblaban, así que me puse el anillo que tenía medio abandonado en un bolsillo y esperé que eso sirviera si me alcanzaban, porque iba a correr como si me hubiera comprado las botas aquellas de las siete leguas. Pero por si acaso, ya que traía zapatitos sencillos y, además, resbaladizos entre tanto piedrolo suelto entre las ruinas del castillo que una vez fue el Gran y Hermoso Hogwarts, era mejor defenderse.

 

-- Huye de mi voz, Cissy, si no quieres acabar convertida en una enorme cena envuelta en tela de araña. Semillas de Hielo -- casi lo grité, entre el estruendo de la batalla ajena y el ruido de las acromántulas (no por el miedo a las criaturas, lo juro) no me era posible oír nada de nada. Dirigí la varita hacia el bicho con la esperanza que se quedara congelado. Como Bastian no me había contestado qué era una criatura de sombras u ofuscable (o ahora no lo recordaba) no estaba segura de su significado. La "arañita" era bastante oscura, pertenecía al bando tenebroso (sinónimo de oscuro, sombras, etc...) y encima estaba ofuscada (sinónimo de perturbada), así que tal vez aquel hechizo del Equilibrio no le hiciera efecto; o tal vez sí...

 

Pero no me quedé para observarlo.

 

-- ¡Acromántulas! -- grité de nuevo, para poner en sobre aviso a Bastian. Estaba segura que él podría con estas bestias, pero sólo si se daba cuenta de que las tenía a la espalda. -- ¡Vigilar las acromántulas!

 

¿Cómo podía ayudar a Cissy para que la araña no la alcanzara? Sólo se me ocurría una cosa, pero estaba segura que mi amiga acabaría odiándome si se le veían las calcetas.

 

-- ¡Perdóname, Cissy! No pienses mal -- le grité, corriendo hacia ella, aunque estaba lo suficientemente lejos como para que la "arañita" llegara antes que yo para ayudarla, encima que le había dejado cegada... -- ¡Mobilicorpus!

 

Pretendía con ello mover a mi amiga hacia un lado, alejándola del picotazo que se acercaba a ella. Con un poco de suerte, cuando se recuperara de aquel movimiento brusco e imprevisto (y a ciegas) y después de haberse acordado de mis ancestros, podría volver a ver lo que le rodeaba y defenderse del animalejo.

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