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Prueba Libo de la Sangre 6


Hades Ragnarok
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El vampiro supuso que aquello había sido demasiado fácil, después de las rocas no había sucedido nada, más bien, habían llegado a una cámara abovedada donde en frente a ellos se encontraba aquel tesoro. Bufo, no le gustaba cuando todo era tan sencillo, claro estaba, lo prefería, pero en todo el tiempo que había pasado de vida en sus muchos viajes de aprendizaje, había aprendido que sencillamente y muchas veces nada era tal como parecía.

 

-Debemos tener cuidado, tienes razón de que ha sido demasiado fácil –dijo dando algunos pasos estudiando el terreno y el lugar, observando los muros y el piso, esperando que fueran atacados por alguna criatura o alguna trampa se activara. Suspiró mientras le hacía una seña a Helike para que intentara seguir el mismo camino que él estaba siguiendo, al menos con eso sabrían que sencillamente estarían bien, a menos que el cometiera un error y todo se fuera al demonio.

 

Volteo hacia atrás y no vio a Adam, quizás el chico había muerto, de ser así ya no importaba, no podía llevar más lastre debía guiar como era su misión a Helike hasta otro punto, ya luego los sortilegios que se encontraban en aquellos lugares se encargarían de llevarse los cuerpos de aquellos que no se habían atrevido a entrar y de aquel que habría caído al lugar correspondiente donde descansarían en paz. Rio por lo bajo y se encogió de hombros. Sin embargo, sospechaba que no iba a durar mucho tiempo más todo aquello. El silencio de aquel sitio y el poder que emanaba de aquel cofre se podía sentir en cada una de aquellas células que formaban el cuerpo del vampiro. Sabia como eran los Uzzas y que el tiempo para ellos en cuestión de aquellas pruebas y misiones era relativo, claro estaba el vampiro conocía perfectamente cómo trabajar con aquello, ya le habían informado todo, por ello simple y sencillamente su misión era guiarlos, llevarlos hasta el punto esperado y luego si eran lo sufici9entemente valientes o fuertes dejarlos allí a su suerte y desaparecer, claro estaba, debía verificar que pudieran aprender lo suficiente para lo siguiente que se les pudiera presentar.

 

Tanto el como Helike quedaron suspendidos un segundo en el lugar donde se encontraban. Una extraña fuerza se había presentado, el la conocía, ¿Cuántas veces había sucedido aquello?, más de las que quisiera admitir.

 

Un segundo después un brillo intenso y azulado comenzó a emanar del cofre para luego desaparecer. Ya sabía lo que sucedería ahora, debía dejar a la chica allí, permitir que tocara aquel extraño traslador y esperar que pudiera sobrevivir a la prueba final. Helike le agradaba, en cierta forma eran parecidos y muy diferentes. Suspiro era el momento para que ella hiciera lo que debía de hacer.

 

-Suerte –dijo sin más observando a la chica- yo aquí me despido

 

*****************

 

Aquel terreno era igual o quizás muy diferente al anterior donde se hallaba el cofre, era un salón abovedado en el cual no se podía observar el techo, arriba solo había oscuridad, a los lados algunas paredes y en diferentes zonas del piso se encontraban algunos pilares rotos como si fueran ruinas de un antiguo templo griego. Observaba todo desde la oscuridad. Noto que ya en el centro del sitio se encontraba el director, Elvis seria quien se encargaría ahora de probar a la Vladimir

 

No hizo más que mover la mano. Los chicos debían tener una especie de duelo. Además, algunas cosas irían ocurriendo, porque así lo tenía planeado. Si querían conocer el poder de la daga y los poderes de Sangre (al menos Helike), debían sentirlos en carne propia. De hecho cuando quisieran acordar, tendrían una herida en el pecho.

 

Al observar cómo se les abría la herida recordó su propia prueba. Ambos empezaban con aquella herida sangrante. ¿Lograría la chica atravesar la prueba?

@ vs @

 

_* _* _ *_* _ *_ *_ *_ *_ *_ *_ *_ *_ *_

Reglas de la Prueba.

 

  • Podrán usar hasta los hechizos de Graduados. Más los del Libro Nivel 1, Nivel 5 y Nivel 7. (LINK)
  • No se permite interferir con los demás duelos.
  • En su primer post, la Daga de Sacrificio se activa y les produce una herida en el pecho a ambos duelistas. Deberán curarse antes de empezar el duelo.
  • En el segundo post, la Marca de Sangre actuará en ustedes y los obligará a anular su segunda acción.
  • En el cuarto post, el Juramento de Sangre les prohibe lanzar rayos por ése turno.
  • El saltar las barreras, no consume acción. Pueden saltar las barreras en un post y luego (despues de que les hayan hecho puente) volver a postear para atacar a sus compañeros.
  • Si el rival no responde en 24hs, se desprende una roca del techo y deberán evadirla.
  • La prueba finaliza el día 31 de Julio

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Un escalofrío recorrió mi espalda cuando llegué a aquel sitio. No hacía demasiado tiempo que me había vinculado a aquellos nuevos poderes. Pero desde que tenía el Libro de la Sangre en mi poder, me sentía que podía ser mucho más manipulador. Eso no iba con mi perfil, para nada, pero había visto que contra los mortífagos, podía llegar a a hacer algo espectacular. Sentir que los controlaba, era neutralizarlos y podía sacar ventaja para la Orden del Fénix.

 

Aunque si los fenixianos teníamos los libros, significaba que los mortífagos también.

 

Era extraño, pero de alguna manera ya estaba en aquella bóveda tan enorme que ni siquiera se veía el techo. La oscuridad parecía como si me llamara, como si me obligara a transformarme en un búho y recorrer sus profundidades, aunque nadie debería atravesce a algo particular, porque la oscuridad estaba llena de terrores y uno no sabía con qué podía enfrentarse. El temor a lo desconocido no era cuestión de los débiles, sino de los precavidos y astutos.

 

De a poco el tiempo transcurría y pude ver los pilares derrumbados, el suelo duro, la leve brisa fría que venía por algún agujero. Tomé lo que parecía ser una simple roca, pero cuando lo vi más de cerca, gracias a pequeñas esferas de luz suspendidas en el aire, pude notar que tenía algunos dibujos pintados a mano. El joven mago Hades estaba mejorando cada vez más. ¿Cómo había encontrado aquel sitio? Lo miré y le dirigí una reverencia cuando apareció.

 

Es un gusto volver a verte, Hades. Veo que los Uzza se vuelven cada vez más... ambiciosos —le comenté con una sonrisa y luego me enfoqué en Heliké, quien debía convertirse en mi compañera de duelo y contrincante. Fui mucho más cortés con ella, porque no quería que me viera como director, sino como una pequeña ayuda para conseguir el libro, para recorrer juntos ésa aventura—. ¿Estás lista? Ten cuidado, los Uzza suelen ser severos y estrictos.

 

Le expliqué, mirando un poco más a mi alrededor. No alcancé a alejarme una media docena de pasos, que pude sentir un ardor profundo en el medio del pecho. Se parecía a los efectos del Sectusempra, pero se sentía diferente. Miré mi camisa blanca, que ya no era de ése color, sino de un rojo furioso. Abrí los botones y pude ver el corte. Era reconocible a lo lejos y me di vuelta para quedar frente a mi rival. Hades estaba a un costado, aunque no necesitaba que se metiera.

 

Casi olvidaba lo que duele —porque era cierto, la última vez que había sido afectado por la Daga del Sacrificio, había sido hacía tiempo. Rocé con mis dedos el talismán que portaba en el cuello y lo activé. El Amuleto de la Curación empezó a trabajar cuando impuse las manos sobre mi herida. Una luz tan blanca como la nieve, brilló intensamente. Cuando saqué las palmas, la herida se había cerrado, aunque la sangre caía lentamente por debajo de mi ombligo, ahora se sentía fría.

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off: perdón, justo vi ahora éste posteo! mil perdones! espero que en cada contestación no pase mucho tiempo D:

 

On:

 

- Demasiado fácil, tanto que aún no me creo que llegásemos hasta aquí sin más sorpresas - suspiró la castaña al escuchar a su profesor- en el mundo de la magia las cosas no son como parecen y en éste caso así lo creo...

 

Se quedó callada un segundo y siguió hacia adelante iluminado con su varita todo el recorrido. No se fiaba en absoluto, desconfiaba y hasta incluso se esperaba que hubiese algún animal mágico esperando a atacarles y tener que defenderse... Ni siquiera había murciélagos. A todo mortal les asustaba pero a la Rambaldi le encantaba. Quizá si tuviese la oportunidad incluso podría usar el poder de la animagia y transformarse en uno de ellos pero era un poder demasiado complejo y peligroso... Ya tendría la ocasión de probar ese poder en sus propias carnes.

 

- Ésto es extraño, un poderoso poder - susurró - es raro ¿no? - comentó al vampiro. Heliké lo notaba era fuerte, grande y misterioso a la vez. También tenía la necesidad de poseerlo y arrebatárselo a quién lo tuviera en esos momentos. ¿Sería esa magia proveniente de los Atlantes? La Rambaldi lo desconocía por completo.

 

El tiempo parecía que se había detenido en el pasillo en el que estaban. La varita seguía iluminada en su diestra. La había cambiado tantas veces de mano a causa de los nervios que le extrañaba que no se le hubiese caído. Llegaron a una estancia en dónde previamente todo se había oscurecido y comprobaron en dónde el cofre estaba situado en una especie de pedestal con unos símbolos que parecían runas antiguas. El objeto empezó a brillar y notó como el tutor se despedía de ella:

 

-¿Qué, pero, porqué? ¿Qué sucede? - preguntó. Quizá era una pregunta un tanto ¿infantil? Pero debía de tenerlo previsto. Ni los Atlantes ni los guerreros Uzza dejarían que obtener esa magia, fuese demasiado fácil... Tal y cómo había dicho la castaña anteriormente. Agarró la pequeña cajita y todo se desapareció. Sintió un fuerte tirón en el ombligo y maldijo por sus adentros... Era un maldito traslador.

 

- Aggggg - gruñó enfadada al ver que todo era una trampa... - ¿Para eso he traspasado los remolinos de agua y las piedras? - protestó.

 

Alzó la vista y comprobó el lugar en el que estaba. Era bastante curioso, cómo si fuesen unas antiguas ruinas griegas. Miró a su alrededor y comprobó cómo su ex- "Jefe" estaba ahí. Saludó a Hades... Pues al final sí que había ido con la bruja. Negó con la cabeza. Parecía que también ese lugar tenía el poder de confundir. Volvió a negar con la cabeza, fastidiada.

 

- ¿Señor? - preguntó un poco confundida... Pero no pudo evitar sonreír a lo que había dicho - sí, tiene razón, además de ambiciosos unos cab... - se calló el insulto que estaba a punto de lanzar a causa del genio que le producía el no entender las cosas.

 

- ¿Lista? Lo que estoy es ansiosa - asintió con la cabeza. La verdad es que esperaba más cosas, pero sabía que esa prueba sería capaz de sacar lo peor de ella si se lo propusiesen.

 

Sintió un corte profundo en un brazo con cuidado y no pudo evitar gemir por el dolor producido, se sacó la cazadora de cuero que llevaba encima y vio cómo ciertamente así era. Sacó uno de los amuletos (Amuleto de la Curación)que llevaba en el monedero y se lo puso en el cuello. Cerró los ojos por un instante y puso su mano en él, pensando en <<curación>> el efecto fue instantáneo, el hechizo del talismán le había curado la herida producida por la daga...

 

- Y, ¿para ésto nos hacen sangrar? - rió por lo bajo - hay muchas cosas peores que el dolor físico, eso se lo puedo asegurar - dijo, rechinando con los dientes.

 

- Me imagino que usted no quiere que lo vea cómo mi viejo Director - dijo con una sonrisa - pero ya sabe, las viejas costumbres. Además que no lo considero mi rival en ésta prueba, digamos que lo considero cómo una especie de ayuda para conseguir el tan ansiado enlace al libro - volvió a sonreír malignamente.

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— Me gusta tu actitud, aunque nunca bajes tu varita. Los Uzza suelen probar a las personas para saber si realmente sus pupilos serían capaces de enfrentarse a sus amigos, para saber si son merecedores de sus poderes —comenté con una sonrisa. No quería sacarle el lugar de profesor a Hades, pero si me había pedido que asistiera a aquel evento para ayudar a Helike, no iba a tener problema con ello. Mi joven compañera, se estaba curando de la herida que había aparecido mágicamente sola, cuando empecé a actuar.

 

La Daga del Sacrificio apareció en mi mano. La herida que nos había sangrado hacía tan solo unos segundos, había sido de parte de Hades, por lo que si yo quería empezar a utilizar la magia del Libro de la Sangre, tenía que usar mi propia daga. Eran poderes malignos, relacionados no solo a la sangre, sino a la manipulación tanto física como mental. Apoyé la punta del filo sobre antebrazo, la parte interna, justo en la muñeca donde pasaban venas importantes. Y tras un recorrido filoso, que ardía demasiado, corté las capas de piel hasta llegar a la superficie de los músculos, cortando hasta la parte interna del codo.

 

Había sido rápido y la sangre empezaba a chorrear. El corte no era profundo, no necesitaba hundir demasiado la daga para provocarme una herida que necesitaba ser curada. Pero la magia de ése poder, se encontraba en las palabras que murmuraba mientras tanto. Lo decía con una voz tranquila, pero como si fuera un mantra. >Immolo oppugnare< Automáticamente el corte que me produje yo mismo, se proyecto en el brazo de Helike, con el mismo ardor y la misma cantidad de sangre que goteaba. Pero no iba a dejar que me desangrara más. Mi objetivo estaba en provocar otras cosas más que el corte.

 

Pensé en una Curación, ese poder tan poderosos que ni siquiera contaba como una de las acciones que tenía. Un brillo tan fuerte como el sol, surgió de la herida que tenía para que ésta empezara a cerrarse. Tenia los mismos efectos que un Episkey así que dejo de salir sangre, el músculo se recuperó, la piel se regeneró y quedó como si nada hubiera pasado. Mi rival tenía que hacer lo mismo, no con tanta urgencia pero eso ya era su problema.

 

Espero que no llegue una denuncia en mi contra por estar atacando alumnos. Ya demasiado tuve con el Ministerio —comentè a modo de broma, aunque era parte de la realidad. Las acusaciones en mi contra como miembro de la Orden del Fénix me estaban molestando aunque no había llegado represalias contra mi persona. Ésta vez no utilicé la daga, solo la guardé en mi cinturón, pero si estaba apuntando con la varita a Heliké para efectuar un poder que era no verbal, asi que pensé en la Maldición. Era rápido. Era eficaz, y distorsionaría cualquier hechizo que ella dijera con el objetivo de que no funcionara. Aunque sea la limitaba un poco más

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- Tampoco pensaba hacerlo Elvis - dijo con una sonrisa la bruja mientras esperaba el siguiente movimiento.

 

Algo le decía que las cosas se irían torciendo según pasaba el tiempo. Además como bien había dicho su ex-director los guerreros Uzza siempre ponían pruebas en las que, probaban a los alumnos para ver si eran aptos para conseguir esos libros. La vampira estaba empezando a odiar esa situación. Estaba ansiosa por obtener un poder más, pero sabía que no sería fácil. Ella estaba acostumbrada a derramar sangre. Lo había hecho por siglos y eso no había cambiado, bueno, salvo en una excepción en la que obviamente, no recordaba...

 

Hacía tiempo que había cambiado de parecer, ahora lo más importante era proteger la sangre mágica, la pureza racial. Esa en la que el tener el poder de la magia equivalía ser más superior que los asquerosos muggles. Mientras la castaña divagaba sobre esos pensamientos mezquinos, se fijó que, por el rabillo del ojo el director había invocado una daga, ¿qué querría hacer? No sabía cómo actuar en esos momentos. Le inquietaba los poderes de ese libro, ese que, a pesar de leer en casa no había podido comprender del todo.

 

Ella tenía varios grimoares (creo que se escriben así) en dónde había recopilado un montón de información, pero esos, esos eran bastante diferentes la verdad. Otorgaban una magia muy diferente a todo lo visto hasta ese momento.

 

Gracias a su oído agudizado por la ponzoña vertida en su sangre siglos atrás, pudo escuchar murmurar perfectamente ese hechizo y entonces lo notó. Un dolor punzante en la mano en dónde sujetaba la varita, había hecho que manara sangre no abundante, pero sí lo suficiente para que escociera y lanzara un grito...

 

- Hijo de... - susurró y se puso de rodillas durante un segundo, mientras se le caía la varita al agarrar con la otra mano para parar el dolor producido por el corte...

 

Lo miró con rabia en los ojos. Sabía que eso era parte de la prueba, que era fundamental, pero me hacía rechinar los dientes. Tomó su arma mágica con la mano izquierda y susurró un "episkey" para cerrar la herida. Cierto que podía usar el hechizo "curación" pero no estaba segura si los guerreros permitirían usar ese don nuevamente. Por eso había optado por uno más sencillo y más conocido por todos. La herida se cerró completamente y pareció que dejaba una leve señal, indicando el corte que le había hecho su anterior jefe en la univesidad.

 

Un segundo conjuro... Intentó mover la varita para decir algo, pero de ésta salió un fogonazo de luz que no produjo ningún tipo magia.

 

- ¿Pero qué? - miró a Elvis y no pudo evitar escupir con odio - cuando salgamos de aquí, pagarás la sangre derramada, maldito bastardo - le espetó con enojo - ni pienses que voy a denunciarte, haré algo peor, se lo aseguro- comentó, haciendo alusión a su último comentario.

 

En ese instante una de las columnas que parecía estable, empezó a resquebrajarse. La bruja sólo le dio tiempo a apartarse. No podía usar a Maat (nombre dado a su varita) porque entre la maldición y la marca de sangre le impedían hacer cualquier movimiento. Sabía que acabaría odiando a ese mago que tenía delante, a pesar del respeto que le profesaba.

 

Se apartó un segundo y fue cuando resbaló de pronto, cayéndose con el trasero en el suelo...

 

- ¿Pero qué? - preguntó estupefacta. Giró la cabeza y pudo comprobar cómo había un pequeño charco de sangre. Al parecer era la suya... Desde luego el efecto de la maldición estaba haciendo efecto...

 

- Si piensa que creo en esas cosas - negó con la cabeza- no creo en espiritus y voy a creer en maldiciones - rió con sorna y al mismo tiempo diciendolo con enojo.

 

p.d.: espero haber comprendido bien... éstos hechizos se me resisten ¬¬ , y siento ser tan repetitiva xD

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Miré mi varita y hasta me la acerqué un poco más a los ojos. Negué con la cabeza. dándome cuenta que la magia que nos rodeaba a los dos, era parte de la prueba. Aunque no tuviera que hacerla yo, los obstácul0s eran para ambos. En la primera nos había producido un corte. En la segunda, el efecto de la Marca de Sangre nos había quitado a los dos la segunda acción, por eso es que era innecesario y casi lo había olvidado, al haber pensando en una maldición. Ya de por si ésa misma acción no la tenía.

 

Presentía que en ése entonces, algo más iba a continuar, pero esperaba que me diera un respiro al menos. Sonreí al ver el rostro de Helike, había empezado negando que iba a enojarse o tal vez denunciarme y ahora maldecía por lo bajo. No necesitaba saber que decía a ciencia cierta para saber que se estaba empezado a alterar. No me gustaba demostrar lo mucho que sabía sobre la magia de los duelos porque las personas se solían cohibir pero eso al menos me daba seguridad.

 

Miré a ambos lados. No parecía que fuera a pasar algo ahora. Así que era mi turno de nuevo. Rocé la daga con mis dedos. No la necesitaba, ella ya había hecho su trabajo.

 

Yo juro no realizar algún efecto —exclamé efectuando un Juramento de Sangre. Aquello era simple, ya que tenia que cumplir exactamente lo que estaba prometiendo, o sea, o hacer ningún efecto. Aunque la ventaja del poder se encontraba que la persona elegida, también se encerraba bajo ésa amenaza. Podía incumplirla, como en mi caso, pero al hacerlo la daga se activaba y te provocaba otra herida igual de sangrante como el Immolo Oppugnare, por lo que sumaba otra necesidad de curación, Asi que no me quedaba otra alternativa que usar la magia de siempre: — ¡Expelliarmus!

 

Un estallido surgió desde la punta de mi varita y salio como una flecha contra el pecho de Helike. El encantamiento de desarme, en caso de impactar, le haría volar la varita a mi contrincante unos cuatro metros, por lo que no era buena señal si la necesitaba para curarse. Una brisa extraña me recorrió la nuca. Hades estaba más callado que nunca. ¿Qué seguía? Miré a mi rival, le dirigí una sonrisa y la animé a que continuara, ya que iba muy bien.

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- Profesor - llamó la atención al director de la universidad al ver cómo éste seguía efectuando conjuros... Sabía que la cosa se pondría bastante fea sino actuaría pronto...

 

- Yo que usted, la próxima vez que vaya al castillo revisaría a las lechuzas que vayan llegando, no vaya a ser que le envíen fuegos artificiales - comentó con una sonrisa bastante maligna.

 

La verdad es que la bruja estaba más que alterada. Estaba que se subía por las paredes. Intentaba controlarse para no abalanzarse encima de Elvis y acabar con esa tontería a base de puñetazos. Pero también sabía la vampira que era una ayuda para que obtuviese el libro. Aún así a veces se dejaba llevar más por las emociones que por la cabeza. Algo que en su interior le gritaba << ¡Cálmate!>> pero hacía caso omiso. Debía ser que la ponzoña hacía que su estado de ánimo dependiendo de cuál fuera fuese incrementado. Pero también era verdad que tenía mucho temperamento y eso hacía que no pensara las cosas dos veces antes de actuar. Ya en el pasado le había causado problemas y en éste caso no iba a ser menos. Pero sí, debía controlarse. Pero aunque lo intentara, tendría que bufar varias veces y apretar los nudillos de sus níveas manos para no tirar la varita y darle varias tortas al contrincante que tenía delante (xD).

 

Se levantó del suelo con una mano con bastante agilidad, esperaba que esa maldición lanzada anteriormente ya hubiese pasado sus efectos o que las prohibiciones del profesor o de los Uzza hicieran su finalidad. Al menos limitarían los "ataques" del hombre al que tenía por "enemigo".

 

Había estado pensativa durante unos segundos y al estar ausente en esa realidad, casi se le había olvidado el lugar en dónde estaban. Vio pronunciar un hechizo al que reconoció enseguida. Pero sin pensárselo mucho y casi con desgana invocó con un movimiento de su arma mágica, unas doce palomas blancas y relucientes:

 

- ¡avis! - por suerte para la bruja ésta se había desplazado a unos cuántos metros, unos seis, y eso le daba margen de actuación. Observó como el hechizo desarmador impactaba en uno de los pájaros que había realizado con magia y tal y cómo habían venido esa bandada de animales, desapareció en el acto, dejando solamente, en el suelo unas cuántas plumas blancas.

 

A pesar de su momento de "desorientación" a sus oídos había llegado la prohibición de realizar efectos pero por suerte ese encantamiento era tan habitual en las batallas y duelos que no dudó un segundo en realizarlo.

 

Algo de lo que ni siquiera se había dado cuenta Elvis, es que detrás suyo había una especie de entrada a un viejo santuario griego, pero éste estaba parcialmente destruido, sólo estaban las columnas y la parte superior. Les separaba del resto del monumento un par de metros. Eso le dio una idea, que quizá...

 

Se desplazó un par de metros, pero manteniendo la distancia anterior. Siguió avanzando como quién no quería la cosa, observando todo con disimulo. Quizá eso haría llamar la atención a la persona que tenía por contrincante, pero le daba lo mismo. Aún le quedaban hechizos por realizar y tampoco se iba a dejar amilanar a la primera de cambio. Cuando estuvo cerca de su objetivo, susurro:

 

- descendo - con un movimiento suave de Maat hizo que el pórtico fuese cayendo lentamente detrás del profesor. Aunque estuviese a una distancia (más o menos) de unos dos metros, igualmente haría que se le cayese parte de esas reliquias encima de la cabeza. O de otra parte del cuerpo... La onda mágica realizada por la bruja, al menos le daría la diversión oportuna al ver cómo tenía que apartarse al escuchar resquebrajarse parte de ese templo, si no quería ser sepultado. Eso o seguir realizando hechizos.

 

- Ups - dijo con una sonrisa- vaya... tiene que tener cuidado, señor...

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No pude evitar dirigirle una sonrisa a Heliké. Lo estaba intentando y más de una vez. No podía darme cuenta que a veces, a las personas le costaba demasiado trabajo asimilar los poderes que le estaban regalando. "¡Excelente defensa!" Pensé en cuanto pude ver una parvada de pájaros que la defendían de mi Expelliarmus. Una pequeña parte de mi decía que ella se iba a confundir y el uso de un efecto le costaría una gran herida, pero me había confundido. No me importaba que Hades estuviera por alli:

¡Vamos, Hek! Usa los poderes. Disfrútalos, son tuyos ahora —aquello en parte era una mentira, porque para que fuesen suyos primero, debía vincularse. Pero me estaba demostrando que aquello lo podría hacer sin problema. Asentí mientras veía que ésta movía la varita, o por lo menos en eso se iba a quedar—. ¡Silencius!

Pude ver a la bruja señalando algo por detrás de mi. Giré la cabeza y no adiviné qué había querido hacer pero lo que si había sucedido, era que me había adelantado para que ella no pudiera emitir palabra. Hasta había hecho la mímica de hablar pero nada sucedía. Automáticamente había roto mi juramento y era el mismo para los dos. El Silencius me había costado una gran herida sobre el pectoral derecho, la sangre emanaba lentamente, mojando mi remera, tiñendo de rojo mi piel. Pensé en un Episkey para curarme de eso. No era de emergencia pero no podia subestimar a Helike.

Eso dolió —le comenté, sabiendo que la promesa solo duraba un turno en ése momento. Una onda mágica me recorrió por completo. Era extraño porque a pesar que no sabia que estaba limitado, tampoco había utilizado algún rayo para ello.

 

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