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Prueba Libro de la Fortaleza~ (#6)


Athena Rouvas
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No habían aparecido tan lejos desde donde tomaron el huevo, sin contar el obstácul0 que significaba el mar, pero era preferible que utilizaran un traslador que un viaje más placentero. Así, además, se aseguraba de que fueran llegando directamente sin perder el tiempo en el camino con asuntos más triviales.

 

Uno a uno fueron apareciendo tras su propia llegada. Primero Juv, luego Adrián, Binny, Catherine, Bel y Cye. Sherlyn aún no llegaba pero estaba segura que pronto los alcanzaría.

 

—¿Estás bien? —Preguntó con discreción a Cye al acercarse a un lado mientras los demás observaban el lugar. —Disculpa por lo de la caída libre. Fue planificado así con antelación y no me dio tiempo de armar otra cosa. —Se sentía fatal de haber tenido que exponerla de tal manera.

 

Estaban en Anakena, la playa Anakena. Un lugar que fácilmente podía confundirse con playas de Hawai con las palmeras que bailaban al son del viento. Por algo era considerada una Isla polinésica, con una cultura algo similar. La arena blanca brindaba una escena única. También estaba presente Ahu Nau Nau, con sus siete Moais, y más oculto hacia un costado estaba el Ahu Ature Huki, que decían fue el primer Moai levantado.

 

—Les presento Anakena, lugar de ceremonias de la antigua familia Miru. Hoy otra atracción turística de la Isla. Aquí será la prueba final: duelos. Será la manera de comprobar su vinculación con el Libro de la Fortaleza. Pueden utilizar todo el espacio de la playa para explayarse a su antojo.

 

El lugar contaba con algunas rocas que cuando la marea subía quedaban cubiertas por el agua, arena, palmeras, y la tranquilidad propia de un lugar inhabitado. Podrían utilizar esos elementos en sus duelos que serían idéntico a uno cualquiera. Aunque claro siempre podían salir algunas sorpresas al paso con tal de poner a pruebas a los estudiantes.

 

Ella rondaría por el costado observando que hacía cada quien.

 

—Las parejas quedarán así. @ contra @@Binny Evans, @ contra @@Adrian Wild y @ contra @ Será como un duelo común así que no duden en planear estrategias.

 

Y sin más dio un par de pasos hacia atrás para tener una mejor visión. Como era baja de estatura sabía que terminaría arriba de alguna roca para observar mejor.

 

—Cuando quieran.

 

 

~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ * ~ *~

 

  • La prueba finaliza el 7 de Agosto.
  • Se podrán utilizar hechizos neutrales, del Libro del Aprendiz de Brujo y de Libro de la Fortaleza.
  • Prohibido interferir en duelos externos con ataques, aunque si se permite curar.
  • En los segundos turnos aparecerá una plaga de billywigs dispuestos a colgarlos a todos de los pies.
  • En el tercer turno podrán hacer uso del hipogrifo que los acompañó desde el volcán.
  • Si pasan 24 horas sin respuesta del rival podrán rolear que lo envenenan. En caso de no tener puente la profesora se hará cargo.
  • Cualquier consulta o duda deben acudir al Tópic habilitado para ello. Consultas y Sugerencias Libro de la Fortaleza.
Editado por Athena Rouvás

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Tras superar la última etapa le fue posible trasladarse al sitio donde se realizaría la siguiente actividad: la prueba final. Previamente se había informado acerca de la clase aun así, desconocía de qué trataría aunque tenía una idea, podía ser algo referido a las batallas ya que, al menos ella, no lo había puesto en práctica. Hasta ese momento se le había dificultado llegar hasta el lugar, a causa de sus temores a la hora de exponerse a lo que se le presentaba. A pesar de eso, había aprendido que debía estar alerta y actuar rápidamente sin precipitarse


Se tomó unos minutos para escudriñar su alrededor, desde aquella perspectiva podía apreciar el paisaje de una hermosa y pacifica playa, donde los únicos sonidos existentes provenían de la naturaleza. Le llamaba la atención la arena, era perfectamente blanca y, quizás, cálida. Se atrevió a quitarse los zapatos para poder comprobarlo por sí misma y disfrutar de los minutos que le quedaban en ese espacio geográfico. Mientras tanto atendía cada una de las instrucciones de Rouvás.


Desafortunadamente, había llegado después de que la bruja explicara el significado del lugar y cuál era el nombre del mismo pero se encargaría de sacarle esa información en otra ocasión; también se habían conformado sus parejas. Su nombre se había excluido por su ausencia por lo que imaginó que de forma automática su contrincante sería Athena. Le dedicó una sonrisa leve esperando que su hermana la notara y supiera qué era lo que tenía en mente, y se separó unos siete metros de ella.


La brisa era suave así que no alteraba la estabilidad de la arena; sería doloroso que ésta se introdujera en sus ojos. Idearía la estrategia perfecta, o por lo menos ese era el plan. Lo primero que debía hacer era sacar su varita y comprobar que todos los amuletos y anillos de los libros que podría utilizar, estuvieran ubicados en el lugar correcto. Segundo, repasó mentalmente cada uno de los hechizos que le habían salvado en una ocasión. Y, por último, miró fijamente hacía ella, quien en ese instante se convertía en su oponente.


Lo que había podido comprobar era que estaban muy lejos la una a la otra pero podría escucharla perfectamente si mantenía su atención exclusivamente en ella. Era un objetivo que podría considerarse imposible por el simple hecho de que todo lo de su alrededor le daba curiosidad. Trataría de evitarlos, a pesar de que la arena se metía cada vez más entre sus dedos provocándole un suave cosquilleo. Una vez que se encontraba lista para iniciar su acción, pensó:


«Salvaguarda Mágica» inmediatamente, ya que el hechizo era efecto, su cuerpo se volvería intangible pero aún visible.


Por lo que había podido informarse al estar bajo ese poder impresionante sería capaz de traspasar materiales y los hechizos del tipo rayo o invocación no le haría efecto alguno. Era una sensación única encontrarse en ese estado. Sólo por unos segundos se olvidaría de que estaba en medio de un duelo mágico. Disfrutaría de la sensación a pesar de que no sabía si aún le era capaz de sentir, creía que aún seguía bajo la fina capa de arena que cubría sus pies.

 

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No había tenido tiempo ni siquiera de escuchar la respuesta de Bel cuando el huevo los había trasladado al lugar donde, poco después les informó, se llevarían a cabo los duelos. Tenía todo el sentido claro, ya que parecía algo programado y por suerte todos habían conseguido coger el huevo a tiempo para no quedar rezagados. La playa era sencilla pero evocaba los gustos muggles más exquisitos, en cuando a espacio, limpieza y una vegetación acorde con un estilo sosegado.

 

Catherine observó alrededor con gusto, notando claro está, que su hermano se encontraba a su lado, con los brazos cruzados. Él, sencillamente, no podía realizar magia con una varita, como era debido y ciertos hechizos y especialmente los permitidos en los duelos permitían. Parecía algo enfurruñado aunque intentaba ocultarlo bajo un semblante neutro. Catherine no pudo evitar esbozar una sonrisa, mientras acariciaba al hipogrifo a su derecha y observaba a su prima, que le había tocado como contrincante.

 

Se encontraba apenas a unos metros de ella, por lo que hizo una venia bastante significativa, poniendo su varita ante ella para luego volverse, llevando al hipogrifo un poco más lejos, alejándose unos metros más. Luego, observó no sin cierto deleite, como su hermano retrocedía unos pasos hacia su izquierda, con semblante analítico y un atisbo de su sonrisa ladeada. Le entregó ambos libros, mientras Catherine se preguntaba cómo demonios iba hacer para tenerlos con ella. Finalmente, los hizo mantenerse en el aire con un hechizo levitatorio, a la altura de su pecho uno justo encima de otro, a la par que intentaba mantener a raya al hipogrifo. Era una suerte que hubiese ido con botas, pues la arena no se metía entre sus pies, aunque la capa se arrastraba un poco.

 

La porción de playa ante ellas se encontraba despejada, a excepción de una palmera que parecía haberse caído hacía mucho tiempo y de la cual quedaba prácticamente tronco. Medía sus buenos dos metros y medio pero era sumamente delgada, como si algo la hubiese carcomido por los bordes. El cielo estaba despejado y en el suelo casi no había rocas, salvo las más pequeñas del tamaño de un puño, apenas sobresaliendo de la arena. El agua estaba en calma, bastante quieta para gusto de ella y Richard era un simple observador, una pieza más del paisaje.

 

La bruja no tardó demasiado en calarse los amuletos y anillos que ambos libros les facilitaban (y que se había asegurado de arrebatar a su hermano momentos antes), para luego levantar la varita ante ella y hacer el conteo hasta tres de rigor. Una vez lo hubo hecho, dijo con claridad.

 

Incárcerus

 

Las tres cuerdas aparecieron y salieron disparadas hacia Bel en el momento en que Catherine terminó de hacer la floritura. La primera, ató sus tobillos, juntándolos e inmovilizándolos, la segunda hizo lo mismo con sus brazos, atándolos a su tronco y la tercera, la amordazó, para que no pudiera decir palabra. Era una forma efectiva de ganar cierta ventaja aunque, por supuesto, la bruja podría contrarrestarlo.

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Demisit lacrimas dulcique adfatus amore est 

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Finalmente, la batalla tomaba el tinte adecuado, ya no tendría que esconderse detrás de una máscara de falsa bondad. Acabaría con Adrián colocándolo en el filo de la navaja, no perdería la oportunidad de aprobar ese reto y hacerse acreedora al poder que otorgaba el libro de la fortaleza. Era cuestión de estrategia y destreza, aderezado con un poco de malicia y desdén, sí que se gozaría el enfrascarse en el duelo contra Wild.

 

─Sectusempra…─parafraseó divertida Malfoy, saliendo expulsado de la punta de su varita un rayo escarlata que viajo hacia Adrián. El objetivo de este ataque era causarle heridas profundas y sanguinolentas, sí que le arrancaría uno que otro grito de dolor acompañado por una fuerte sensación de debilidad. La finalidad era obligarlo a sanarse y sanarse sin descanso, colocándolo al borde del precipicio, donde finalmente Malfoy lo lanzaría en caída libre arrancándole la vida de una.

 

Su hechizo había dado en el blanco, causando un cúmulo de heridas profundas en el pecho de su rival. Pondría un poco más de acción al asunto, pero de momento se limitaría a mantenerse cerca de su hipogrifo, no iba a necesitarlo como una defensa o ataque, no de momento y eso le permitiría armar diversas estrategias. Sus pensamientos estaban fijos en una sola cosa, acabar con el obstáculo que significaba tener a ese Fenixiano delante de ella, no le importaba comprobar si pertenecía al bando de la luz o no.

 

─Sanarte o no sanarte, he ahí el dilema…─terciando una media sonrisa en sus labios, prefería centrarse en sus cosas. Aunque no podía dejar de lado que otros duelos estaban siendo llevados a cabo, lamentaba no poder meterse en ellos y desatar un poco de caos. Era cuestión de elegir matar a su rival o perder el eje de sus objetivos, no era necesario pensar mucho y tomar la decisión adecuada─Será en otra ocasión…─esperando que Adrian reaccionara ante su ataque, desvío la vista hacia el grupo de amuletos y anillos que portaba, comprendiendo que el poder que obtendría luego de aprobar ese examen sería mucho mayor al que ostentaba actualmente

Cuando eres tan grandiosa como yo, es difícil ser humilde

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Básicamente ya eres la mitad de una maldición

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Ahora estaba segura que el huevo dorado era un traslador y el hipogrifo quedó atrás. Cerró los ojos evocando la imagen de la criatura, le estaba agradecida por su compañía pero quizás no se vería nunca más. Le quedaba el recuerdo y una agradable historia por contar, pero aquello nunca era suficiente. No se limitaría, encontraría al animal tarde o temprano y la próxima vez sería ella quien le echaría una mano.

Luego de notar que los demás llegaron, aunque Sherlyn había demorado un poco, Athena expuso que la playa donde estaban era la destinada para la prueba final. A Binny le gustó, le recordaba a la primera clase que cruzó en la academia y que atesoraba. Las playas, las islas, el mar abierto. Todo aquello le hacía entusiasmarse a tal punto que tenía la varita lista y esperaba que Athena terminara de dar instrucciones.

«¡Duelos! Estaba esperando esto» pensó, la varita era al igual que acero en su mano. Empezaba a congelar sus dedos pero debía esperar un poco para que la mano se acostumbrara.

La gran sorpresa que se llevó y le entusiasmo aún más fue cuando Athe indicó que se enfrentaría a Cye. Le causó alegría y al mismo tiempo una ligera alarma que le punzaba cerca a la nuca. Binny estaba segura que si estaban juntas en aquel desafío era porque ambas podían hacerse frente y aunque el estado de Cye era delicado no la subestimaba.

Asintió. Tenía una sonrisa cuando se alejó del grupo para no interferir con el duelo de los demás y se detuvo a unos metros donde la arena de la playa cubría una extensión adecuada, había rocas pequeñas que no interferían a excepción de algunos troncos secos de palmera desparramados al azar.

—Démosles un buen duelo —le dijo alegremente a Cye—, mucha suerte.

Hizo una reverencia, le gustaba ser formal y a la antigua, agregó una floritura como saludo y sin más dijo— Expelliarmus —se movió rápidamente, pues prefería la velocidad de los rayos. El hechizo impactaría en el brazo de Cye con el cual sostenía la varita y esta saldría expulsada a tres metros en dirección derecha. Intentó mantener la calma, pues sabía que la chica era poderosa y no debía confiarse. El arma mágica caería limpiamente sobre la arena de la playa en caso Cye no se defendiera.

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Los ideales son solo palabras hasta que luches por ellos.

 

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El bandito huevo no era otra cosa que un traslador, no había que hacer nada en esencia, simplemente tomarlo y sostenerlo, quizás acariciarlo, o al menos eso pensó Cye porque un par de segundos después su cuerpo era absorbido por el molesto remolino que la ponía en la nada por poco tiempo para luego dejarla sobre el suelo arenoso de una hermosa playa. Apenas se oriento y sintió que podía mantener el equilibrio la rubia se dispuso a mirar a su alrededor hasta que la voz de Athena le hizo mirarla.

 

 

--Si, estamos bien, no te creas él sabe cuidarse y es voluntarioso… como sus padres-- contesto por lo bajo con una sonrisa a la Rouvás. Fue entonces que se fijo que la playa estaba cubierta de arena blanca, de aguas cristalinas que se arremolinaban con suavidad, palmeras movidas por una brisa suave que no solo refrescaba el ambiente sino que hacía que la ropa para aquellos que se habían mojado se secara con mayor rapidez. Cye fue hacia una de las piedras diseminada por el lugar y se sentó mientras trenzaba su cabello con una agilidad propia de quien lo ha hecho muchas veces a lo largo de su vida.

 

--Aquí vamos-- dijo al escuchar las parejas para lo que seguía, que era nada menos y nada más que un duelo, en verdad no se podían inventar otra cosa, pensó malhumorada, y no es que culpara a Athena por ello, era más bien su aversión por aquella disciplina que a muchos gustaba pero que a ella no, siempre tenía que ver morir a alguien, fuese magos o brujas o animales, quien podía culparla por amar la vida y respetarla.

 

--Se ve que te encanta la idea-- siguiendo a Binny hasta alejarse de sus compañeros, seguía malhumorada, pero la genuina alegría de la Evans termino por evaporar aquella sensación, no sabía si estaba contenta por el duelo o porque era contra ella, en cualquier caso sería cuidadosa y trataría de hacerlo lo mejor posible. --Bueno si no queda de otra-- dijo con poco entusiasmo, calculando que entre la chica y ella quedaran algunos metros por delante (7 metros) y sacando a Belisama, su varita de entre la cabellera, donde la había puesto minutos antes.

 

--Protego-- dijo una vez escucho que su contrincante intentaba desarmarla, de inmediato se formo un escudo protector que absorbió el rayo y la ayudo a conservar la varita en su mano justo donde la necesitaba. Sin dejar de apuntarla piensa en ”Embrujo Punzante” haciendo que de su varita salga un rayo directo hacia Binny una vez la alcance le desconfigurara el rostro haciendo que parezca tener una reacción alérgica haciendo su puntería totalmente errática a causa de la falta de visión.

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EDITO PORQUE SE ME ENVIÓ EL MENSAJE APENAS EMPEZARLO POR EL MALDITO ORDENADOR... LO SIENTO. (Lo pongo aquí porque llevaba una palabra escrita cuando se envió)

 

 

- ¿Pero qué...?

 

Hacía un segundo estaba a punto de atrapar al condenado huevo tornasolado que no parecía conducir hacia ninguna parte. Le había perseguido durante casi un cuarto de hora a lomos del hipogrifo, sin darme cuenta de que mis compañeros habían ido desapareciendo uno a uno.

 

Caí sobre arena muy fina y blanca, al lado del tronco de una palmera carcomido. El sonido del mar inundaba casi toda la localización y la sal penetraba en mis fosas nasales. Me levanté apresurado, ansioso de saber lo que había pasado y de identificar el lugar en el que me encontraba. Debía estar todavía en la isla de Pascua, porque a mis espaldas una fila de moáis me miraba. Entonces vi a Athena y a todos mis compañeros rodeándola. Claro, el huevo era un traslador. Ahora que mi cabeza había organizado toda la información, me acerqué al círculo sintiendo la arena colarse entre mis dedos y vi cómo Fugio, que había viajado conmigo y había caído unos metros más allá, iba a tumbarse a las zonas verdes.

 

- No te alejes demasiado -murmuré en voz baja pero lo suficientemente audible para el animal.

 

Realmente no necesitaba aquella indicación, pues sabía que cuando lo necesitara acudiría en mi ayuda. Algo, que ocurriría pronto. Debíamos batirnos en duelo, y me había tocado como pareja Juv Malfoy. Tras el encuentro con ella en las rocas donde habíamos tomado los huevos no se me había quedado un sabor de boca muy agradable.

 

La mujer no parecía andarse con chiquitas. Dejó el mar de espaldas y sacó su varita para comenzar con la batalla. Sin presentaciones ni reverencias.

 

- ¡Pues menuda descarada! -comenté en voz alta para picarla y aumentar la emoción.

 

Casi inmediatamente tuve que gritar:

 

- ¡Protego!

 

Conseguí frenar el rayo que me había lanzado en un primer intento desesperado. ¿En serio tantas ganas tenía de luchar? Para mí los duelos podían llegar a ser hasta placenteros. Me divertía; me gustaba divertirme con ellos. Si no eran algo soso y aburrido. Pero sin embargo, algunos confundían la diversión con cosas demasiado sádicas.

 

Casi hundí por completo mis pies en la arena, dejándome espacio para movilizarme fácilmente cuando lo necesitara. Sin embargo, lo hice para sentir las energías que aquel mágico lugar me aportaba. Apunté hacia los tobillos de la mujer con mi varita y pensé un claro "Zancadilla". Unas fuertes cuerdas unieron las piernas de la Malfoy provocando su caída.

 

- Ahora sí que empezamos bien: ha sido una reverencia memorable -le dije con una sonrisa divertida.

Editado por Adrian Wild

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✤ Viajero de la noche ✤

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A quien esperaba llegó un par de minutos más tarde, justo cuando concluía de anunciar las parejas que deberían llevar a cabo cada duelo para reafirmar lo aprendido durante el corto pero instructivo paseo por Rapa nui. Pudo percibir la sonrisa que su pequeña hermana le dirigía, había comprendido de buena manera lo que continuaba, y eso era que ambas serían rivales. Esperaba que eso no se tradujera en nervios para la Stark.

 

Desistió de subir en la roca que tenía planeado, además se alejó unos tres metros pues planeaba darle un pronto uso. Sherlyn comenzaba usando el poder de la Salvaguarda mágica, lo supo pues lograba divisar su silueta pero no su anatomía como tal, todo se reflejaba en ella, dando la sensación de estar bien camuflada.

 

—Veo que capaste el mensaje mucho más rápido de que pudiese explicarlo. Te tocará contra mí, espero que no te aproveches de que de reojo debo fijarme en qué hacen los demás. —Guiñó un ojo, seguido de una sonrisa.

 

Apuntó hacia la roca que por tamaño y peso perfectamente podía convertirse en algún felino de mediana edad. —¡Morphos! —La piedra adquirió la forma de una pantera de baja estatura pero con las garras igual de letales que un adulto. No le ordenó atacar, pues sabía que era poco probable que funcionara.

 

¡Expelliarmus! —Mencionó en segunda instancia hacia Sherlyn con la esperanza de desarmarla. A esas alturas ya habría pasado el efecto de su anterior hechizo y en todo caso la intangible era ella, la varita seguía siendo bastante visible.

 

Era perfectamente consciente de que estaba en desventaja respecto del tiempo, y que el duelo, en cuestión, era tan válido como cualquier otro. Desarmar, defenderse por todos los medios, estaba todo permitido. Pero aún así, quería ver hasta que punto estaba dispuesta a llegar su hermana, qué tanto había incorporado los hechizos y amuletos a su memoria sin tener que recurrir a leerlos del papel.

 

Una leve brisa se levantó, elevando unas pequeñas partículas de arena. No afectaban la visión, ni nada pero Rouvás de todas maneras se llevó el brazo libre más arriba de los ojos con la intención de hacer una especie de techo con la mano, evitando así también los molestos rayos del sol que le daban en pleno rostro.

 

—Vamos Sherlyn, dame tu mejor golpe. —Murmuró apenas moviendo los labios. Era su deseo que no podía decir a viva voz.

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Me quedé con la vista fija en aquel huevo, esperando por una reacción, que se rompiera, lo que fuera, pero lo que no se me pasó por la cabeza fue que pudiese ser un traslador. De modo que cuando lo toqué y la conocida sensación de un gancho cogiéndote a la atura del estómago se hizo sentir, solo cerré los ojos, maldiciendo toda aquella situación.

 

Cuando reaparecí, estábamos en una playa de arena blanca y aspecto pacífico. Nuevamente aquellas cosas gigantes llamados "Motais" podían observarse a lo lejos. Escuché las palabras de Athena con atención y no pude evitar una mueca de disgusto al saber que nuestra prueba final serían duelos.

 

Me había tocado Catherine de rival. Me consolé pensando que podría haber sido peor.

 

Mas apenas me giré con la intención de saludarla cuando ya veía venir hacia mí su primer ataque. Instantáneamente la idea de hacer un evanesco acudió a mi mente, pero recordé que esta vez lo que quería Athena era que empezáramos a conectar con la magia de los Uzza, así que me permití realizar uno de los hechizos que precisamente se encontraba en el Libro de la Fortaleza.

 

- Salvaguarda mágica- pensé cerrando los ojos tratando de concentrar todo el poder posible y sujetando el collar repleto de las chucherías (anillos y demás) de ambos libros. No estaba segura de si era necesario para su realización cargar con todas esas cosas pero mejor hacerlo así.

 

El efecto fue instantáneo, dejándome intangible, de forma que las cuerdas cruzaron a través de mí, incapaces de cogerme. Sonreí, a la par que me iba haciendo corpórea nuevamente.

 

- Morphos- conjuré rápidamente apuntando a la túnica negra de Catherine, de modo que esta se convirtió rápidamente en virtud de mi hechizo en una avispa marina que envolvió su cuerpo con sus tentáculos inyectando su mortífero veneno en mi prima.

 

- Eso por empezar el duelo sin siquiera un saludo de cortesía- refunfuñé apuntando la varita hacia ella y todavía expectante a lo que podría hacer a continuación.

 

Resultaba gracioso que mi hipogrifo, que no tenía bajo control alguno mío,hubiera ido al lado del hipogrifo que Richard tenía.

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-Un saludo ¿perdona? Eres tu quien ignora la cortesía -replicó desdeñosamente.

 

Después de todo, había hecho los saludos y pasos de rigor. No era su culpa que la mujer hubiese estado tan distraída, que no hubiese notado todo el proceso. Al igual que Catherine, Bel se había calado cada pequeña cosa que había venido con los libros y ya se estaba preguntando cómo haría para utilizar todos los artefactos cuando empezara a llevar magia más avanzada de los Uzza.

 

Había convertido su túnica en una asquerosa avispa, que Catherine se quitó de encima con manotazos y sacudidas. La criatura cayó entonces al suelo muerta a falta de agua, para poco después volver a ser su propia túnica, pero sus tentáculos habían dejado marcas rojizas que empezaban a arderle horriblemente, de forma que sin siquiera detenerse a pensarlo demasiado, dijo un:

 

-Morphos -así que pronto, su propia bota se convirtió en un bezoar.

Fue una excelente decisión y no sólo porque se encontraba envenenada, vulnerable y semidesnuda (pasos más allá, Richard había sacado una manzana de su bolsillo y observaba todo con una pasividad irritante) si no porque de pronto, como salidos de ninguna parte, aparecieron unos bichejos más pequeños que su puño pero que sin embargo supo reconocer al instante, abriendo los ojos de forma desmesurada con espanto. Eran billywigs, que avanzaban como un enjambre enfurecido. Catherine intentó apartarlos con las manos pero no sólo no parecían tener ganas de moverse si no que giraban sobre sí mismos como enloquecidos, haciendo que no pudiera detectarlos si no hasta que clavaban sus diminutos aguijones en su cuerpo.

 

Dado que no se le ocurrió mejor forma de librarse del asunto, tragó entonces el bezoar. Sabía que éste la libraría de la mayoría de los venenos de su cuerpo, cosa que resultaba particularmente útil, debido a que no sólo tenía el problema de la avispa marina, si no también el del veneno del billywig, que si no tenía cuidado la harían flotar sin control y no había desventaja más horrible que esa en un duelo. Aliviada, notó también que poco después de cruzarse en su camino, el enjambre siguió una ruta determinada, alejándose de ellas.

 

Además, las criaturas no sólo le habían afectado a ella. Por suerte, también su prima había salido afectada. Así, decidió aprovechar el hecho y susurró:

 

-Sectusempra.

 

El hechizo salió disparado hacia ella, directo hacia su pecho, de forma que en cuanto la alcanzara abriría en su pecho terribles heridas que sangrarían profusamente llevándola a la muerte si no tenía cuidado; dudaba que eso llegara a suceder realmente puesto que Evans no era descuidada pero aún así se había atrevido a usar el hechizo puesto que quería tomarse en serio todo aquello. Mientras tanto, pugnaba por sostener el libro, no rascarse las picaduras y no acercarse a Richard para patearle en el estómago. Era una idea demasiado tentadora.

 

De hecho, sabía que estaban allí para mostrar sus habilidades con los hechizos Uzza pero de momento no se había presentado la oportunidad. Oh, pero ya se presentaría...

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