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Libro de la Sangre VII


Hades Ragnarok
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El vampiro observaba aquella extraña arena, desde lo alto sus orbes negros como el oscuro abismo estaban puestos en un punto de aquel lugar, muchos metros abajo, hacia tiempo ya, habían corrido ríos de sangre. El silencio parecía inquebrantable, pero si se prestaba la suficiente atención, el viento podría traer a los oídos de aquellas personas que tuvieran el suficiente cuidado los gritos y vítores del pueblo romano clamando por sangre o suplicándole al emperador clemencia para sus favoritos.

El coliseo romano, allí era donde se encontraba el vampiro y allí es donde la siguiente prueba para aquellos que osaran buscar los conocimientos del libro de la sangre tendrían que ir.

Suspiro y con su vista recorrió el sitio, recordó que allí hacia tiempo ya había una vez feliz. En su mente apareció una imagen de una velada nocturna. Dibujo una mueca triste, aquello había quedado en el pasado, por errores cometidos, lo había perdido todo, hasta casi su propia vida. Por ello, seguía buscándose así mismo, tener el conocimiento necesario y volver a ser lo que un día fue. Negó con la cabeza. Entrecerró los ojos y se obligo a volver a la realidad.

Sin pensarlo 2 veces el cainita se lanzo desde aquella altura activando el amuleto que le permitió planear y caer en el centro de la arena sin ningún tipo de problemas. Saco la varita, como esperando que apareciera algún enemigo para retarle a quizás a muerte o algún amigo que quisiera probar suerte contra él. Sin embargo, también esperaba que apareciera alguna bestia mística o alguna criatura que quisiera desgarrarlo vivo.

En su espalda sabia que se encontraba escondida su eterna amiga, aquella que había sido forjada hacia mucho tiempo para el por parte de su familia, garras de fuego hacia mucho que descansaba pero él sabia que, sencillamente aparecería si el la necesitaba o la invocaba.

Guardó silencio y espero. Unos minutos después, la verdad es que no se dio cuenta ya que se encontraba absorto en sus pensamientos escucho como iban apareciendo uno a uno aquellos alumnos. Dibujo una mueca cuando los vio.

-Bienvenidos sean todos, espero estén preparados para derramar un poco de sangre, si alguno tiene miedo observo los ojos de cada uno- o no desean continuar son libres de hacerlo y largarse de una vez el tono serio del cainita no dejaba lugar a dudas- si alguno se desmaya al ver sangre paso la lengua por los filosos y ponzoñosos colmillos- pues también puede huir, no voy a detenerles.


Sin más guardo silencio, había llegado la hora de recorrer aquel sitio, uno donde hacia mucho tiempo ya nadie había pisado.

-<<Me pregunto si las catacumbas estarán abiertas>> -pensó.

 

________________________________-

ALUMNOS
Keaton Ravenclaw
Liam Hawthorne

Editado por Hades Ragnarok

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Era sencillo pensar en la mejoría de su familia, pero difícil conseguirla. En parte era culpa suya que en la actualidad los cambios se hayan vuelto más bruscos de lo que deberían, porque el tiempo que pasó desaparecido fue eterno para que Isabella se encargara de todo sola. Ahora ella era la desaparecida y estaba bien. O en realidad no, pero no se podía quejar ni reclamar sobre algo que él también había hecho en su momento, no podía regresar y pretender que todo esté en su lugar y que así continuase.

 

Las duchas servían para relajar y meditar, pero en ese caso lo habían confundido más y tanto problema sin resolver comenzaba a molestarle. Salió del baño dejando huellas húmedas por todo el pasillo hasta la habitación; claro que en cuestión de minutos Arturo se había encargado de hacerlas desaparecer, pero la actitud del vampiro continuaba era lo único que no se limpiaba.

 

—Asegúrate de que Alessandra y Ezequiel se sientan cómodos. Vuelvo en un día —las palabras salieron con tanta velocidad que el elfo apenas pudo procesarlas antes de que la figura de su amo desapareciera en una ofuscada voluta de humo. Sin salir de la habitación, la criatura le dio una rápida ojeada a los zapatos y negó con la cabeza; seguro Liam regresaría con las plantas de los pies sucias y Arturo debería limpiar más huellas.

 

Roma era una ciudad demasiado alejada para su gusto y sólo acudía en ocasiones extremadas o específicas como lo era esta, pero como necesitaba cursar la clase para conseguir el libro decidió que haría a un lado los prejuicios al aparecer a un par de metros del coliseo, al menos momentáneamente. Desde afuera la estructura se veía impetuosa y el mortífago llegó hasta a dudar del desprecio que le tenía al hábitat. Pero fue sólo por unos segundos.

 

Antes de caminar directamente al lugar preestablecido aprovechó los diez metros que lo distanciaban para abrochar los botones de su túnica color café. Luego también para pasar una mano por sus húmedos rizos rubios y luego para atarse los cordones de... Nope, no llevaba zapatos. Rodó los ojos como si se hiciera burla a sí mismo y emprendió el camino.

 

Llegó mucho más rápido de lo previsto y con la suela de los pies más limpias de lo que se esperaba, aunque probablemente tal condición no duraría demasiado. Reconoció al profesor instantáneamente ya que era la única persona presente y saludó con un gesto de la mano. Se frenó a pocos metros de él y observó detenidamente el lugar, pero conservando la cautela que le permitiría anticiparse a cualquier obstáculo sin que nadie lo sepa.

 

—Buenas —se presentó arrastrando cierta ronquedad en la voz, ronquedad que no se oyó a causa del mismo viento que se empeñaba en despeinar los rizos más superiores del rubio Hawthorne.

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Keaton estaba sumido en dificultades consigo mismo por recientes acontecimientos en su día a día. Ahora que lo pensaba mejor, el tener un grado alto de conocimientos del Mundo Mágico, no le estaba garantizando los logros que él mismo había esperado en un principio. Había aún varios huecos en las instituciones, varios vacíos "legales" que le estaba impidiendo llegar a la cima, peor la verdad era que el Ravenclaw estaba dispuesto a hacer cuanto fuera necesario para lograr sus metas. De primer momento, lograr los conocimientos necesarios para aprobar los tres cursos en los cuales estaba inscrito: Clase de Encantamientos, la habilidad de la Animagia y, ahora, los conocimientos del Libro de la Sangre. Si todo salía bien, a finales de sieptiembre podría empezar con una visión distinta del mundo.

 

El actual destino del vampiro era una ciudad que a él el lo personal le agradaba mucho por ciertos eventos que se estaba suscitando allí con los muggles, sin embargo, no estaba en posición de negarse mucho, pues lo quisiera o no, allí era donde Hades dictaría la clase que ya en una ocasión había reprobado por brillar por su ausencia, por lo que fallar dos veces, ya no era una opción. No sabía bien a bien cómo vestir para la clase, no sabía qué tipo de pruebas tendría que pasar, lo que si sabía era que tenía que llevar un poco de poción reabastecedora de sangre porque seguramente el derramamiento de aquel delicioso líquido estaría a pedir de boca. Al final optó por una camisa de color blanca y un pantalón de manta bastante cómodo, y como era verano, unas sandalias muy ad hoc para evitar problemas. No llevaba más nada.

 

Sin embargo, el modo de llegar a aquel sitio, no sería el que seguramente Hades y su compañero de clase hubiesen elegido como el más rápido, es decir, mediante aparición. No, en aquel día, el ojiverde quería hacer uso de su Nimbus 300, y aunque tal vez tardara un par de horas en llegar mediante escoba, el viaje sería de lo más placentero, pues iría viendo el paisaje que Europa tenía para mostrar. En su paseo, sobrevoló España, Alemania, Francia, Holanda, Grecia y por último Italia. Así pues al llegar al centro de la Bota, el vampiro comenzó a volar más bajo, y su viaje de cinco horas aproximadamente, llegó a su fin al aterrizar el el Coliseo Romano. El lugar olía a sangre, a batalla, y tal vez un muggle o un mago normal no lo percibiera, pero un vampiro vaya que si notaba el hedor a sangre en aquel lugar. <<Mejor lugar para el Libro de la Sangre no puede haber>> Se dijo a si mismo justo cuando ubica a su profesor y al chico que tendría como compañero.

 

—Buenas, Keaton Ravenclaw, un gusto —Saludó con educación a la par que hacía una reverencia con la cabeza. Quería empezar cuanto antes. Las palabras de Hades acerca de la Sangre, lo único que hicieron sobre el Karkarov fue aumentar su ganas de aprender hasta el más recóndito secreto de aquel Libro.

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El cainita observo a ambos chicos aparecer. Los había visto antes, eran los mismos que en clases anteriores habían desaparecido misteriosamente o por obra y gracia se habían devuelto a sus casas. Dibujo una mueca, ahora debía ser mas duro con aquellos chicos que sin mas habían “huido” de las clases anteriores. Entrecerró los ojos esperando que esta vez no fueran a irse o el mismo les daría cacería y los entr4egaria como ofrenda a los dioses o los daría como alimento para las bestias escondidas en el inframundo.

 

-Veo que han llegado vivos y sanos hasta este punto –dijo en tono serio- espero que sea así hasta el final, jamás deben confiarse mas ante lo desconocido del lugar al que vamos a ir, si son listos lo respetaran, quizás ustedes no escuchen los gritos aterradores de la sangre que clama por venganza, de aquellos que murieron en este lugar, pero yo si puedo y eso no les gustara absolutamente nada, mas bien ellos desean que ustedes los acompañen en las penas y sufrimientos que están padeciendo –dijo divertido mostrando los filosos y ponzoñosos colmillos vampíricos.

 

Sin mas el Ragnarok se volteo y dio unos cuantos pasos hacia el centro de aquella estructura, se quedo allí parado por unos segundos observando muy bien el sitio, esperando una señal o como si buscara algo. La varita se mantenía en las níveas manos, la verdad es que no se escuchaba nada, parecía como si el sonido y el tiempo se hubieran detenido, pero no era así, una muy tenue brisa soplo desde el lado izquierdo el Ragnarok y observo un punto muy pequeño y luminoso pegado a la pared.

 

-Así que allí esta –susurro sin saber si aquellos chicos lo habían escuchado.

 

Ladeo la cabeza y movió la varita de manera rápida con una floritura muy corta y poco elaborada, pronunciando aquella frase en un idioma antiguo y lejano casi inentendible, una vez que había hecho aquello o que había terminado de conjurar aquellas palabras inmediatamente aquel sitio comenzó a brillar cada vez mas, unos segundos después una puerta luminosa se abrió en el suelo de aquel punto.

 

-Muy bien –se volteo y los observo nuevamente a los ojos- llego el momento de continuar, si deciden irse o salir corriendo no los detendré –dijo en tono serio- ya es cosa de ustedes, pero una vez que decidan cruzar el pasadizo no hay vuelta atrás –comenzó a caminar hasta allí para sin mirarlos dirigirles una ultimas palabras- pueden usar todos los conocimientos que han adquirido

 

***********

 

La luz de la varita iluminaba aquel estrecho pasadizo por el que iban, podía sentir en sus pies descalzos los huesos de las antiguas victimas, podía ver manchas de sangre seca y el esqueleto de ratas y roedores que habían por allí, además y claro estaba de las telarañas que jamás podían faltar. La verdad es que el Ragnarok amaba el coliseo y su historia.

 

Se detuvo en una bifurcación y sin medir palabras o dar ninguna advertencia hizo aparecer la daga del sacrificio, se acerco al Hawthorne y al Ravenclaw, y tras tocar a cada uno en el hombro siguió su camino sin decir ninguna palabra, al menos ya la marca de sangre estaba echa y colocada, luego ellos entenderían en carne propia lo demás.

 

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Una vez que los dos chicos, alumnos del Ragnarok, había arribado al Coliseo, éste les advirtió, de nueva cuenta, que estaban por enfrentarse a grandes peligros, que no los culpaba si de pronto quisieran irse. Así mismo, mencionó que probablemente ninguno de los dos escuchara los clamores de la sangre derramada de aquellos que había muerto en aquel sitio, clamando venganza. Keaton puso una mueca un poco de asco, pues él, pese a ser un vampiro, comenzaba a sentirse un poco extraño´. jamás había sentido tanta energía negativa proveniente de aquellas masacres de antaño. Sin embargo, aquello no era más que pruebas, y el Ravenclaw tenía por sabido que si no adquiría los conocimientos de aquel libro, no podría continuar con los demás.

 

Hades se posicionó entonces en el centro del Coliseo, mirando para todos lados como si esperara encontrar algo que antes no había, mientras tanto, sus dos estudiantes lo veían estupefactos, como pensando que, tal vez, el profesor estaba volviéndose un poco ido de cabras gracias a los constantes cortes de Sangre que tenía que hacerse para poder llevar a cabo la clase, o bueno, al menos eso pensó Keaton. Sin embargo, tras unos segundo, el profesor pareció encontrar algo, y haciendo unas secas florituras con las varita y diciendo palabras en idiomas desconocidos, el Ragnarok abrió un puerta luminosa en el suelo.

 

De nueva cuenta Hades tomó la palabra, explicándoles que ya era momento de seguir, que al atravesar el pasadizo aquel ya no habría marcha atrás. Keaton entonces no lo pensó más y se adentró en el pasadizo, con la firme intención de terminar lo más rápido posible aquellas pruebas y lograr tener los conocimientos del Libros de la Sangre. Sabía que tendría muchísimas preguntas, pero de momento, debía seguir. El pasadizo al cual el vampiro acababa de entrar, era sumamente estrecho, por lo uqe decidió sacar a Altaria, su fiel varita de cerezo, e luminar el camino. Sin embargo, al llegar a una bifurcación del camino, Keaton se frenó y sintió como la mano del profesor tocaba su hombro.

 

A partir de allí, el ojiverde no supo exactamente qué pasó, sencillamente su mente quedó absorta en un abismo gracias a La Marca de Sangre, ahora, sin más, estaba bajo las órdenes del Ragnarok, el cual ya había empezado a caminar por una de los caminos que constituían aquella bifurcación. ¿Qué seguiría ahora? ¿Hacía donde debía ir para seguir su aprendizaje? Hades no había dejado nada claros los pasos a seguir, ahora el Karkarov estaba allí, parado, sin saber qué hacer o cómo hacer.

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El Cainita se mantuvo atento a cada paso que estaba dando. Podía oler la sangre mezclada con la suciedad y la humedad de las paredes. Aunque aquel aroma era raro le gustaba ya que eso significaba que aquellos muros encerraban grandes secretos que nadie había descubierto aun o eso esperaba. Llegando a una de las bifurcaciones el cainita ladeo la cabeza. Dio un paso hacia el lado derecho como si quisiera tomar esa zona y una antorcha de fuego eterno se encendió para darle un poco de luz, por lo que supuso que si seguía aquel camino aquello podría seguir sucediendo o iban camino a una trampa.

 

-Por cierto, ya se me estaba olvidando –dijo sin voltearse para ver si Keaton y Liam lo seguían o sin importarle si lo escuchaban- lo que estamos por buscar o nuestra misión es sencillamente encontrar un busto de Cesar, uno que tiene propiedades mágicas antiguas, aquel que fue robado justo después de que Bruto y el resto del cenado cometieran traición –al decir aquello se encogió de hombros, sabia el mismísimo dios porque Badru quería aquello, al menso no los había mandado a buscar la lira de Nerón… aun.

 

Su instinto le avisaba que tomara el camino que tomara iban a encontrar algún peligro mortal, al menos para los alumnos o aprendices que osaban pasar por allí. Solo faltaba descubrir si aquello que fueran a encontrar era obra de los romanos o de magos antiguos.

 

Por ese camino de la derecha había una serie de trampas en el suelo, una donde si se pisaba en el lugar o baldosa incorrectos se abrirían haciendo que el mago o mas bien el intruso cayera unos 20 metros o mas hacia un abismo lleno de estacas filosas de madera y algunas espadas romanas clavadas para causar daño, otras donde sencillamente comenzarían a caer pedruscos grandes y pesados para prácticamente enterrar vivo a los que pasaran por el lugar y por el camino de la izquierda los esperaba una manada de bestias esqueléticas y salvajes sedientas de sangre que estaban dispuesta a alimentarse con cada uno de aquellos que estuvieran allí.

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Al rubio no le gustaba nada la situación y no era precisamente por el peligro que olía, de hecho, él amaba los retos que indicaban algo ilegítimo, pero esta vez era diferente.

 

Siguió con la vista a su profesor intentando adelantarse a sus movimientos pero era algo casi imposible porque las cosas que acontecían resultaban ser impredecibles. De un momento a otro en el espeso silencio una brisa recortó la falta de aire y desde el piso se abrió la puerta a un pasadizo en el que, obviamente, los tres debían entrar. Liam bufó con un gesto desmerecedor y se introdujo, teniendo en cuenta que la curiosidad estaba bastante ausente pero que debía ir si deseaba los conocimientos del Libro de la Sangre.

 

No necesitó conjurar un Lumos porque las varitas de los otros dos magos le esclarecían el camino lo suficiente como para que andase libremente, así que se limitó a seguirlos y a espectar. En un momento su profesor tocó el hombro de ambos y supo en ese momento que estaba entrelazado a él, que debía hacer lo que ordenara por muy riesgoso que sea. Apenas pudo quejarse antes de que el mismo les enseñara la misión.

 

Sin cerciorarse si Keaton lo seguía o no, el vampiro tomó el camino de la derecha y entonces sí utilizó su varita de abeto para efectuar un Lumos que alumbrara todo, pero en cuanto elevó la madera tallada hacia arriba, una de las baldosas bajo su pie descendió un par de milímetros. Antes de poder siquiera retroceder, el suelo se abrió en dos y su cuerpo rápidamente empezó a descender a toda velocidad contra miles de estacas filosas. El amuleto volador hizo su parte ralentizando la caída, pero el peligro seguía latente, así que el rubio utilizó los segundos extras para accionar una vez más su varita mágica.

 

Glisseo —como medida de emergencia y deformando un poco el uso de aquel hechizo, las estacas de madera se torcieron hasta formar una rampa resbaladiza o al menos lo suficientemente segura como para que el impacto no lo mate.

 

Se puso de pie rápidamente y empezó a correr, pero nuevamente pateó algo y esta vez fue una espada romana que estaba clavada hacia arriba. Un temblor empezó a sacudirse en un par de metros a la rotonda y desde el techo cayeron grandes pedruscos con intención de matarlo (una vez más). Liam presionó todos los amuletos del libro de la fortaleza al azar y memorizó el efecto de la Salvaguarda Mágica que había usado pocas veces en su vida. Automáticamente las piedras cayeron pero no le tocaron un sólo centímetro de su organismo.

 

—Genial. Así que realmente debo sangrar para obtener este libro —se quejó.

Editado por Liam Hawthorne

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Las cosas que se avecinaban, estaban por poner a Keaton y a Liam en varios predicamentos, básicamente porque ambos magos debían de actuar lo más rápidamente posible para no morir en el intento de conseguir los Conocimientos del Libro de la Sangre. Mientras caminaban a aquel destino, Hades les explicó a sus alumnos cuál era su misión en aquel momento, y para el Ravenclaw se le hizo enormemente totno sencillamente buscar un busto con cualidades mágicas. <<Lo que hay que hacer para ser más poderosos>> se dijo para si el ojiverde y siguió el camino.

 

Llegaron de nueva cuenta a una bifurcación, donde, ahora si, el Ravenclaw se separaría de Liam. El Hawthorne había elegido el camino de la derecha, por lo que el Karkarov iría por el izquierdo. Estaba seguro de que La Marca de Sangre hecha por Hades los mantendría vinculados a él, por lo que si el vampiro deseaba llevarlos de nuevo con él, seguramente lo harían. Tras caminar unos cuantos metros, el pelinegro sintió un mal presentimiento, y dicho y hecho, al dar el siguiente paso, sintió cómo el suelo se abría y caía en picada veinte metros al fondo de una fosa. Keaton apretó con fuerza el Amuleto Volador que lo hizo planear y disminuir la velocidad de la caída. Sin embargo, ahora tenía que lidiar con aquellos palos puntiguados del fondo.

 

—¡Confringo! —Dijo el vampiro desde las alturas, observando como aquellas estacas se hacían añicos. Cuando el vampiro aterrizó, lo hizo con elegancia encima de una pila de madera destrozada, sin embargo, pisó mal y trastabilló un poco —¡Demonios! —Maldijo haciendo un ademán extraño con las manos para evitar caer.

 

Siguió su camino, pero tan pronto como lo hizo, pisó un túmulo que accionó de nueva cuenta unas compuertas desde algún lugar en el techo. De inmediato un centenar de espadas se dirigían a él, y con rapidez, pensó en un Salvaguarda Mágica, el cual lo hizo intangible, teniendo por efecto que las espadas lo atravesaran sin causarle daño. Cuando se hubo librado de todo aquello, siguió su camino. pero a los pocos minutos, volvió a toparse con obstáculo. Varias bestias estaban allí decididas para dañarlo. Keaton no lo podía creer, ahora tendría que poner en práctica casi todos los hechizos del Libro del Aprendiz de Brujo. Tocó su Anillo de Amistad con las Bestias, pero parecía que las criaturas aquellas no se rendirían así se sencillo.

 

—¡Orbis Bestiarium! —Dijo y un aro de color dorado salió de su varita para controlar a una de aquellas bestias. Esta tenía por orden atacar a las demás. Pronto, el camino estuvo libre, pero el aro que controlaba aquella bestia, se esfumó —¡Sectusempra! —De inmediato el animal cayó herido y Keaton estaba de nuevo a salvo, pero ¿por cuento tiempo?

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El vampiro se mantuvo en silencio, en un segundo estaba allí y en otro no, por decirlo de alguna manera. Observo como cada uno de los chicos tomaba un camino diferente, quizás deseaban encontrar aquello antes que el otro, el, sin embargo, tenia una misión muy diferente. Ladeo la cabeza, era obvio que no podía estar en 2 lugares a la vez, por lo que debía decidir como proceder, ya que era posible que ambos alumnos lo necesitaran en algún momento, pero de ayudarlos no se estarían probando a ellos mismos, además si habían llegado hasta allí quería decir que dominaban el libro de la fortaleza y que de una u otra forma ambos debían probarse así mismos usando aquella magia sangrienta. Se pregunto ¿cuál de ellos seria el que daría el primer paso?

 

Dio unos cuantos pasos e intento reconocer el sitio o si había algún camino secreto, no había estado en el coliseo desde hacia mucho tiempo, desde un día de san Valentín, si un lugar demasiado raro para una cena romántica pero aquel lugar era el favorito o uno de ellos de aquella persona.

 

Su memoria era mala, de eso no había dudas pero sabia perfectamente que aquellos pasillos a parte de trampas escondían secretos que nadie o casi nadie había desentrañado, por lo que decidió hacer eso, descubrir alguna cosa, con suerte encontraría a Liam y a Keaton mas adelante.

 

****************

 

El lugar donde se encontraba estaba oscuro, él se mantenía escondido entre las sombras, tal como solía hacer muchas veces. Mantenía su varita entre sus níveos dedos y la daga del sacrificio en la otra esperando, en algún momento tanto el Hawthorne como el Ravenclaw debían pasar por allí o encontrarse en aquel punto. ¿Les diría que estaba allí?, negó con la cabeza, más bien, ya conocía la respuesta de antemano, de ser necesario si ellos no lo habían hecho ya tendría que obligarlos a usar aquellos poderes.

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Si no fuera porque no tenía idea de cómo usarlos, Liam ya habría aprovechado la cantidad de nuevas modalidades que poseía el Libro de la Sangre. Sin embargo, hasta no pasar la clase debía valerse de los conocimientos aprendidos previamente. Con la varita en alto e invocando su primer Lumos, empezó a caminar reviendo las heridas proyectadas en su cuerpo a causa de la caída y pasándolas por alto por la minoría de las mismas.

 

Recorrió la cueva subterránea buscando algo que se aproximara a la descripción del profesor, pero ni siquiera los escombros que cada tanto pateaba al pasar se hacían similares. Intentó varias veces con un Accio, pero tampoco logró un efecto conciso. Empezaba a perder la cordura y en cualquier momento estaría saliendo de allí tan rápido que como había entrado.

 

Entró en un aura de oscuridad que erizó rápidamente su cabellera, pero le restó importancia teniendo en cuenta que el lugar estaba repleto de trampas y esa podría fácilmente tratarse de una nueva. Bufó repetidas veces como intentando concentrarse en tanta masa azabache pero apenas sus vista de vampiro pudo ayudarle a enfocar mejor sin ser exactamente la solución al problema. Por otro lado su varita continuaba proyectando luz, pero por alguna razón la luz iluminaba hacia atrás y no de manera contraria.

 

¡Impedimenta! ¡Expulso! —La agilidad de sus florituras lo salvaron de ser proyectado en varios trozos por las flechas que caían desde el techo. Una roca bastante gigante había sido disparada hacia arriba junto con las demás flechas, impulsada por la magia del segundo hechizo, pero el impacto de vuelta se hizo un poco más atrás. Su oído captó que el golpe no había sonado como si se tratase de un material de roca común y corriente, así que retrocedió.

 

Lumos —volvió a conjurar, intentando en vano que de esa forma la luz se intensifique. Claramente lo que había tomado como defensa a las flechas no era una roca ni un escombro, sino que se trataba del mismísimo busto de Cesar. Sus cejas se alzaron al mismo tiempo y una brisa de tranquilidad recorrió su rostro—. ¿Es todo? ¿Era esto?

 

Pasivamente se acercó a tomarlo pero la mente le indicó que Keaton también podía estar cerca y en busca del mismo objeto, entonces sus cejas se fruncieron. Él debía ganar, él lo había encontrado primero y merecía llevárselo al profesor, sin embargo no era demasiado probable que el antiguo antepasado de su familia le cediera el puesto ya que ambos estaban ahí por la misma razón. Apuntó con su varita dispuesto a encontrarlo, pero en cuanto la movió rectamente notó un segundo rostro en escena que, alumbrado por el Lumos, pertenecía a Hades.

 

El vampiro captó al instante lo que traía entre una de sus manos y sus labios curvaron una sonrisa maliciosa. No sabía exactamente cómo usarla pero algo había leído, así que haciendo honores literalmente al Libro de la Sangre, tomó la daga que sostenía Ragnarok y se infringió una puñalada bastante profunda, moviéndola diagonalmente para derramar la mayor sangre posible.

 

Immolo Oppugnare —siseó en simultáneo, con la mirada fija en el bulto, protegiéndolo por si aparecía su compañero. Automáticamente la misma herida empezaría a tallarse en el abdomen del contrario pero con la diferencia de que nada físico tendía la culpa—. Lo siento, pero no me gusta que se copien de mi tarea —volvió a susurrar, hacia al aire esta vez.

 

¿Lo estaba soñando? ¿El aura de aquellas bifurcaciones cambiaba su personalidad? Cualquiera podía ser posible, pero lo cierto era que había atacado a su compañero y nadie podía culparlo exactamente de cometer lo ilícito cuando la situación amedrentaba para cosas así. Cualquiera de los dos podía morir por pisar mal una simple baldosa y si a Liam se le ocurría por primera vez usar uno de los elementos verídicos del libro algo de coherencia debía llevar.

 

De cualquier manera, le entregó el busto a su profesor y aguardó una respuesta referente, mientras recurría al poder de Curación que otorgaba el Libro de la Fortaleza para sanar la herida abierta del estómago.

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