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Tienda del Magic Mall


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Elfos. Era un tema sensible para él, pero Gatiux tenía razón. Y no, no era de esos tipos que tenía miedo de admitirlo. Sabía plenamente que su pareja tenía una visión diferente a la suya. Él veía el futuro, enseñaba como leer piedritas y practicaba tarot. Ella tenía sentido común, sabía dónde estaba parada. En definitiva, tenía razón. Soltó una risita ante la solicitud. Podía verse en la Manor con un elfo que lo ayudara con el desayuno.

 

- Podemos ver dónde adoptar uno. No nos vendría mal un elfo que saque a escobazos a Nathaniel cuando decida aparecerse.

 

Sus mejillas se enrojecieron ante el beso de la Malfoy. Luego sonrió de oreja a oreja y solito sintió como ella lo guíaba ante la vitrina con la joya vista.

 

- Eso no está nada mal. Tengo una pulsera con la que haría juego.

 

- ¿Entonces qué esperamos? Recuerda que tienes al Director de Cooperación Internacional a tu lado.

 

Volvió a guiñarle el ojo. Habían celebrado Navidad, el ascenso y el año nuevo en una semana de descontrol. Por su parte, al menos, no recordaba mucho.

 

Ladeó con la cabeza hacia la puerta y la llevó hacia el negocio. Puso la izquierda en el picaporte y empujó con su cuerpo. Un tintineo de la campana anunció su llegada, para luego ser recibidos por una bella caía de nieve mágica. Eran como diamantes, que brillaban sutilmente con el sol de la tarde. El calor de un hogar hacía todo ameno, junto con una decoración de rojos y ocres que mantenían cierto espíritu festivo. Una señora adulta con un peinado hacia arriba los saludó levemente. Orión se acercó y le indicó el pendiente que habían visto fuera de la tienda.

 

- ¡Oh! Hermosa elección.

 

- Ella sabe lo que quiere.

 

La dependiente envolvió la pieza de joyería y escribió el precio en un pedazo de pergamino. Con sutileza se lo ofreció. Orión lo levantó y tragó saliva. Sacó su cartera. No tenía galeones. Miró hacia Gatiux, que estaba chusmeando que otras cosas. Se volvió a la señora.

 

- Esta es mi bóveda. Puede contactar a los duendes directamente.

 

Levantó el pendiente y se acercó a Gatiux. La paró frente suyo y le colocó el pendiente. Fácil, teniendo en cuenta que sus brazos la podían rodear sin problemas. Sus pupilas se dilataron. Estaba viendo lo que más quería en el mundo. Su corazón comenzó a palpitar con fuerza. Tragó un poco de saliva.

 

- Amor, te quería comentar que…

 

Se quitó la boina, dejándola en un mostrador cerca. Hacía tiempo que quería hacer la pregunta. Metió la mano en su bolsillo derecho. Luego en el izquierdo. Suspiró un poco confundido.

 

- Que…

 

Tanteó los bolsillos delanteros del traje. Tampoco, nada. Separó la prenda del cuerpo y buscó en los compartimientos internos. Tanteaba. Tanteaba devuelta. Volvió a los del pantalón. Buscó en los de traseros. En los del frente. Nunca en su vida había abierto los ojos como en esa situación. Su cara pasó de un rosadito leve, cálido, a un rojo feroz.

 

- EHHHhhH Nada, solo si te gustaba el pendiente.

 

En esos momentos, Orión quería gritar, hiperventilarse, quemar el local. Salir de ahí. En los últimos dos meses llevaba SIEMPRE el anillo de compromiso. No entendía qué había pasado. Ok, sí, estaba un poquitito agitado. Con la mano nerviosa la invitó a salir. Se rascaba la nuca. Pasaba los dedos por el flequillo azul.

 

Sintió el aire frio de enero. La fiesta de fin de año. ¡¿Qué diablos había pasado en la fiesta de fin de año?! Él sabía, que ella lo conocía muy bien, así que tenía que blanquear un poco la situación.

 

- Es que me dejé algo importante en algún lugar. ¿Te parece si vamos por un trago a otro lado?

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Soltó una carcajada ante la idea de que un elfo sacara a Nathaniel a escobazos, lo imaginó levantando polvo sobre la madera mientras que el muchacho bailaba sobre sus pies intentando que no lo tocaran con aquel utensilio. Aunque para eso debía ser más rápido que Maida, la cual tenía un sexto sentido para su presencia, y ya le armó una buena la última vez que se le ocurrió asomar la nariz. Más que merecido según los rumores que corrían por los bajos fondos.

Una mujer muy solícita se acercó a atender a ambos. Gatiux se quitó el abrigo y lo dejó en el perchero de pie que se encontraba cerca de la puerta. La mujer que atendía la tienda era todo sonrisa y amabilidad, había notado la posibilidad de que desembolsaran una buena cantidad de galeones y les había ofrecido hasta bebidas calientes para que se tomasen su tiempo. Después de que la Malfoy le indicase lo que quería, la dependienta se había puesto unos guantes blancos de algodón para tocar la gargantilla y mostrarsela a Gatiux más de cerca.

¿Desea probársela?

Oh, sí. Me encantaría.

Mientras Gatiux se ponía la gargantilla, la mujer sacó un espejo de debajo del mostrador y lo giró hacia la banshee, que sonrió al ver lo hermosa que quedaba la gargantilla puesta, con el diamante despidiendo un fino destello en varias direcciones. Tocó el collar con suavidad, observando lo elegante que era. La dependienta carraspeó suavemente para atraer la atención de ambos.

Tengo aquí los pendientes a juego con el collar.

Por un momento dudó, pero no el Yaxley, que asintió y tras intercambiar un par de frases con la señora mientras Gatiux admiraba el collar trajo él mismo los pendientes, colocándoselos con cuidado. Siempre le pareció gracioso cómo un hombre tan corpulento podía llegar a moverse con tanta delicadeza. Le dedicó una enorme sonrisa mientras le miraba embelesada, había sido un regalo maravilloso.

Amor, te quería comentar que… -empezó a decir Orión- Que…

Gatiux asintió para animarle a que terminara la frase. Solo que ésta quedó suspendida en el aire de forma indefinida mientras el Yaxley buscaba de forma nerviosa en todos los bolsillos de su vestimenta. Una vez y luego otra para comprobar que no se encontraba lo que fuera que buscara. Era raro verle tan nervioso. Abrió los ojos igual que hace alguien que se da cuenta de que ha perdido algo.

No había que ser muy lista, tan sólo saber sumar dos y dos. Y más si contábamos con el hecho de que la banshee sabía más de la cuenta gracias a sus otras identidades, esas que se paseaban de vez en cuando por Ottery para beber y no sentirse observada. Ella también abrió los ojos sorprendida, al darse cuenta de que lo que estaba buscando entre los bolsillos era una cajita con un anillo dentro. Él mismo se lo había confesado en una taberna, mientras bebía con una muchacha que distaba mucho de la apariencia de Gatiux, que pensaba hacer la gran pregunta.

(¡Me va a pedir matrimonio!)

Y por primera vez en su vida, aquella palabra no le dio vértigo, ni miedo, ni ganas de salir huyendo en dirección contraria. Durante un segundo se había quedado congelada, sí, pero se sentía preparada para escuchar la pregunta y responder de manera apropiada. Lista para saltar en sus brazos después de decir que sí.

Sin embargo la pregunta no llegó, Orión salió por la tangente preguntándole si le habían gustado los pendientes. Gatiux empezó a sospechar entonces de que a quien le dio vértigo la pregunta era al mortífago, que se arrepintió en el último momento antes de acabar de formular la frase. Se reflejó cierta decepción en la expresión de ella, que se llevó la mano a los pendientes.

Hmmm, sí. Son muy bonitos. Gracias.

Sonrió, pero sin tanto entusiasmo. A él todavía se le veía distraido y nervioso. La dependienta los despidió a ambos, toda sonrisa y amabilidad, que poco pegaba con la tensión que se había instalado entre ambos. Se colocó el abrigo, abrochándose lentamente la cremallera y los botones y después salieron a la calle de nuevo. En ese momento el Yaxley propuso ir a tomar algo, pero no parecía estar allí presente.

- Sabes que nunca le digo que no a un buen trago. Vamos.

«I'm a villain, and villains don't get happy endings.»
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Miro con un poco de mala gana al chico, mas empleados mas competencia, aquello no le gustaba mucho a la Granger, de echo prefería estar sola aunque tuviese mas trabajo pero puesto que no era lo que ella quería tendría que apechugar y poner buena cara.

 

- pues bienvenido seas, siempre necesitamos muchas manos por acá, te presentaría a nuestro jefe pero lo han ascendido a logia y estamos en espera del nuevo nombramiento- dijo dirigiéndose al chico nuevo para despues contestar la pregunta de Ellie

 

- no estoy enterada de esa solicitud pero supongo que esta vendra de los altos mandos, osea, en este caso los miembros de la Logia, tal vez deberiamos buscar a Emmet, el director de este lugar..

 

Se pregunto que clase de pociones querrían los Logia para introducir al mercado mágico. Supondría que las actuales eran suficientes, al menos que tuvieran una doble agenda al pedir eso, se corría el rumor de que algunos de estos magos podrían ser parte de la Marca Tenebrosa pero solo se quedaban en eso, rumores que no podian ser comprobados.

 

- Caminemos hacia la tercera planta, es la única que visitan los Logia, tal vez lo encontremos por ahí y si no pues le enviamos un mensaje, te parece?

 

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De cierta forma le alegra la presencia de Zahil, aún no conoce lo suficiente como funciona la tienda y mucho menos quienes son las personas que están encargadas de realizar determinadas tareas. Ya que, cuando casi cae, se desplazó hacia atrás un poco vuelve a recorrer la pequeña distancia que los separa a los tres. Aunque no tiene problema en escuchar de lejos, prefiere hacerlo de cerca pues al parecer cosas interesantes pueden salir de aquella conversación.

 

Emmet. Le suena aquel nombre pero no sabe de que. Probablemente llegó a leerlo en alguno de todos los pergaminos que revisó cuando apenas comenzó con su cruzada. Espera no olvidar aquel nombre pues debe verificar, durante todo el día la duda caminará en su cabeza ¿Es acaso una persona peligrosa o, por el contrario, es de aquellos en los que se puede confiar?

 

En Eileen y Zahil cree que puede confiar pero tampoco está seguro. Aún, aveces, despierta en la noche sintiendo un dolor que ya no está. Sintiendo el veneno de aquellas cuerdas habiendo sido su pecado tener un patronus parecido al de un hombre muerto.

 

—Estos logias que mencionas ¿Suelen venir a menudo?

 

Él deseas presentarse con alguien de escalafón superior. Quiere que le asignen alguna tarea ¿Qué se supone que hará mientras? ¿Ir a vender a lo loco sin tener idea del procedimiento? Se limita a asentir, es una buena idea ir al lugar al que suelen acudir los jefes, quizá él también pueda enviar un mensaje si es que no se encuentran presentes.

 

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  • 4 semanas más tarde...

Salio al bullicioso Diagon despues de unos dias encerrada en su trabajo, el cabello atado en un rodete que disimulaba bastante bien su falta de aseo, las ojeras delataban noches de insomnio y los boztesos que se le escapaban de vez en cuando las pocas horas de sueño que habia logrado dormir. La nieve ya habia menguado y de vez en cuando una rafaga de calor invadia las callejuelas se notaba que faltaba poco para que la primavera llegara y con ella..... sus alergias, enarco una ceja y se adentro en el concilio por primera vez solo a chusmear aunque el suave tintineo de sus monedas le daban aspecto a niña que queria malgastarlas.

 

Paso la seccion de criaturas apenas hechandole un vistazo su nivel no le permitia tener algo a la moda, y desafortunadamente no podia hacerse cargo ni de una roca, subio de dos en dos los escalones hasta los pisos superiores.

 

-Interesante- dijo sosteniendo un grueso tomo que no recordaba haberlo leido, paso un dedo por la cubierta y observo expectante como si asi lo pudiese leer.

 

Dejo el libro en su sitio y siguio recorriendo el sitio y siguio viendo cosas que le podrian como no, servir. El tintineo se volvio mas insoportable que antes o esa era su impresion.

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  • 2 semanas más tarde...

—Qué espanto, dos años en el Concilio... ¿acaso el hombre no se aburre? —Se preguntaba el ojiverde mientras caminaba por le Magic Mall atando cabos para la fiesta sorpresa que la Logia y los empleados de la Mall le habían preparado al Director del Concilio por cumplir dos año dentro del organismo.

 

Y es que para Keaton era super raro que alguien estuviera en un solo departamento por tanto tiempo, sobretodo en el, que había estado casi en todos los departamentos del Ministerio de Magia. Pero bueno, también parecía que se estaba reformando, pues ya llevaba él seis meses dentro de la Mall y no había renunciado. Era de gane, pero aquella fiesta no era para él, no era para festejar sus seis meses, sino lso dos años, larguísimos, de Emmet. Sería raro, festejarle a alguien dentro de la Tienda, ¿pero dónde más si no? Ahí era donde el vampiro había iniciado su viaje, donde había sido empleado, luego parte de la Logia y finalmente, designado como Director.

 

—Si, definitivamente no hay mejor lugar. Espero Zahil cumpla y traiga el alcohol, digo, de algo habrá servido robarle galeones a Ernest, puede tomarlo como su novatada por ser nuevo Logia —Dijo para nadie en particular el Black Lestrange.

 

En ese momento, Lancy, el elfo doméstico personal del Ravenclaw, aparecía con varias serpentinas mágicas, globos, y un gran cartel que decía "Felices Dos Años, Emmet". El ojiverde entonces, tomó su varita mágica de cerezo y empezó a colocar todo en su lugar, y como ya era de noche, la Mall se encontraba cerrada, podrían darle rienda suelta a todo y echar una canita al aire, porque además, a parte de la sorpresa de la fiesta, Keaton le tenía una sorpresa particular al Gaunt. Pero fue interrumpido debido a que en ese momento, aparecía Zahil con una caja de whisky de fuego, una de cerveza de mantequilla y otra más de vino de Ogden. Cada caja con doce botellas cada una.

 

—Vaya, jefa, si le robamos demasiado a Ernest, ¿verdad? mira que para que alcanzara para treinta y seis botellas... ¿No crees que son demasiadas? Solo somos nueve los que estaremos en la fiesta —Le dijo a la mujer, la cual, lucía espectacular para la fiesta.

 

A Emmet le habían dicho que debería llegar a la media noche porque un integrante de Concilio de Mercaderes Japonés llegaría a esa hora a dejar una dotación de Demiguise para la Trastienda y alguna pociones que se exhibirían pronto en los estantes de las Segunda Planta, y como CIssy tenía un don de convencimiento especial, el Haughton no pudo decir que no. Así que primero debían de estar todos los empleados y Logias para que cuando el DIrector llegara, se llevara esa grata sorpresa.

 

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Aunque en un inicio se sintió mal por tomar el dinero de Ernest no podía ocultar que seria un descanso no poner todo su dinero en el regalo, cuando Keaton les había propuesto aquella sorpresa para el Gaunt ella había sido la primera en levantar la mano y ofrecerse a poner el alcohol, pero cuando le dieron aquella bolsa con los galeones, sintió un poco de descanso. Con ello había comprado prácticamente todo lo que encontró en el Diagon, aunque lo de Ernest no era tanto, ella puso la otra mitad.

 

Una vez que compro el vino, le lanzo un hechizo a las cajas y ahora paseaba con ellas flotando obedientes tras ella mientras llegaba al edificio del Mall. Aquella no era cualquier ocasión, dos años en un lugar era decir bastante, aunque a ella jamas le organizaron una fiesta por todos los años que cuido del Cuartel de Aurores y el de Inquisidores. Pero no se iba a molestar por ello ni se iba a poner de amargosa, por lo que se puso uno de sus vestidos favoritos, negro, de tirantes con un escote V bastante pronunciado, y algunas transparencias en la falda.

 

- oh, créeme, nunca sobra el buen vino, ni el alcohol, y no, no era tanto, tuve que poner la mitad - le contesto, mientras ponía con suavidad las bebidas sobre una barra provisional que habían colocado para poder servir las bebidas.

 

- Esto esta quedando genial, seguro al jefe le va a gustar esto, ¿estas seguro que no sospecha nada?

 

Su elfo entro casi enseguida de ella con otros paquetes, le había enviado a conseguir copas y vasos, para las bebidas y como siempre Polo se había lucido, y no solo entrego todo sino que lo acomodo de manera elegante y se despidió de ella con una reverencia

 

- Quien traera la comida y los hombres? :perv: - pregunto con una sonrisa en los labios.

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Había recibido la notificación acerca de la celebración que se llevaría a cabo en la Tienda del Magic Mall, su lugar de trabajo desde hacia únicamente unas semanas. Después de muchas idas y venidas, y de mucho tiempo alejado de Ottery, había encontrado un trabajo que le gustaba, que le motivaba y en el que esperaba pasar mucho tiempo. Precisamente debido a que el director llevaba mucho tiempo dentro del organismo se celebraba esa fiesta. ¡Dos años llevaba ya! ¡Qué locura! Eso sí que era amor hacia un trabajo, hacia una forma de vida. El Black Lestrange nunca había estado tanto en un mismo Departamento, ni había estado cerca de estarlo.

 

Por supuesto acudiría a dicha celebración. ¿Quién era capaz de decirle que no a una buena fiesta? Era una buena oportunidad para pasarlo bien y para conocer al resto de sus compañeros. Esperaba que hubiese alcohol y buena comida. No conocía lo suficiente al Director, por lo tanto no acudía a dicha celebración por él. Iba por sí mismo para pasarlo bien y para integrarse mejor dentro de ese grupo de trabajadores. Imaginaba que si los otros empleados del organismo habían decidido planificar algo así era porque el director era un buen hombre, un buen jefe, alguien que era capaz de ganarse el cariño de los demás. Esperaba pronto descubrir si realmente era así o si...

 

Están intentando asegurarse un buen sueldo todos los meses... —murmuró mientras se preparaba.

 

Era otra posibilidad, ¿no? Unos cuantos preparando una fiesta al mandamás del Concilio para ganarse su aprecio, su cariño y su bondad a la hora de otorgar los sueldos. Por supuesto no era una acusación, únicamente una posibilidad. No los conocía lo suficiente como para poder juzgarlos. ¿Sería una fiesta preparada desde el cariño personal o desde el interés laboral? Esa respuesta seguramente tendría respuesta muy pronto. Se miraba en el espejo mientras se cambiaba pensando que tenía que intentar ser agradable, no un bocazas. De normal las personas sin pelos en la lengua solían caer mal, por desgracia. Ganarse enemigos un día corriente le daba igual, pero igual tener enemigos en el trabajo a la larga podría jugar en su contra.

 

Acabó de ponerse su túnica de gala de color azul marino. Terminó de peinarse y se miró en su Espejo de Narciso. Ese espejo siempre le aumentaba el ego y le decía lo guapo que estaba. Sonrió. Estaba preparado, sólo hacía falta acudir al lugar. Cuando llegó a la Tienda se dio cuenta de que no era el primero, por suerte. Era de los primeros, aunque esa circunstancia tampoco le gustaba demasiado porque cabía la posibilidad de que tuviese que ayudar en la decoración. Se acercó a las dos personas que se encontraban allí con una pequeña sonrisa de autosuficiencia. Sin mediar palabra se acercó a la mujer, a su jefa, después de mirarla de arriba a abajo y agarró su mano con delicadeza para darle un beso en la misma. Era un caballero y lo demostraba siempre que era necesario.

 

Estás hermosa, un precioso conjunto. —piropeó para luego separarse y centrar sus ojos en el otro individuo. —Como de ti no puedo decir nada bueno mejor no digo nada, ¿no? —cuestionó de manera seria y seca, pero seguidamente sonrió levemente. —Es broma. —no era una broma del todo pero no quería pelea. Le dio un amigable golpe en el brazo al Ravenclaw mientras alternó la mirada entre uno y otro. —¿Necesitan ayuda en algo? —preguntó con una amabilidad que le sorprendió hasta a él mismo.

 

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  • 2 semanas más tarde...

<<No son muchas personas>>. Trató de convencerse a sí misma mientras decidía a último momento si asistir o no a la fiesta que se celebraría en la tienda del Mall para el director, debido a que no estaba del todo segura si era una buena idea ese tipo de celebraciones entre compañeros de trabajo, ¿Qué pasaría si empeoraban las cosas? ¿O si había un accidente o algo por el estilo? Además que suponía que al tratarse de un evento organizado fuera del horario de trabajo no podían despedirla por no asistir o por si pasaba algo, ¿o sí?

 

Finalmente cuando todas las ideas se parecieron aclararse en su cabeza, o al menos de momento, se dirigió a su armario. A decir verdad no tenía mucha ropa “formal” o de la que normalmente usaban para las fiestas, por lo que optó por un vestido azul Francia que había comprado hace años y que nunca le fallaba, con unos zapatos negros que la hacían parecer unos centímetros más alta de lo normal. Se dejó el cabello suelto y unos minutos después apareció en el callejón diagón.

 

Cuando estuvo a unos centímetros de la puerta se arrepintió nuevamente; por lo que tomó aire con fuerza, recordando que probablemente habría alcohol, e ingresó al lugar. No podía negar que de noche se veía completamente distinto y sobre todo con las decoraciones que tenía.

 

—Buenas noches—saludó a los presentes con una sonrisa que esperaba se hubiese notado— ¿Necesitan ayuda con algo?— preguntó.

 

Quizás con algo más de suerte tendría alguna actividad con la cual distraerse y evitar sentirse incomoda ya que no trataba mucho con sus compañeros, de hecho solo los había cruzado un par de veces con anterioridad pero no era cercana a ninguno y eso era lo que la incomodaba más.

 

Miró a su alrededor tratando de ocultar su nerviosismo mientras esperaba una respuesta. <<Ni siquiera te sabes sus nombres>>, al parecer la voz dentro de su cabeza no dejaría de molestarla en toda la noche.

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-Esto será más difícil de lo que esperaba.

 

Contuvo la respiración por un largo rato mientras descendía los peldaños de la entrada a la casona de los Black Lestrange. Su moto voladora, nueva y reluciente, le esperaba a un lado del lindero. Estaba tan acostumbrado a trasladarse al Ministerio a través de la Aparición, que había olvidado lo que se sentía el viento gélido rozando su rostro.

 

Aunque, su nuevo destino no sería la sede del gobierno mágico. Su más reciente cambio, lo había llevado a los confines del Callejón Diagón, a un lugar llamado Magic Mall. Era algo así como un cliente frecuente de la institución proveedora, a tal punto de haberle interesado la labor de empleado.

 

Relájate, sólo es una fiesta. No es como que tuvieras que hacerla de representante británico ante funcionarios egipcios, pensó, montando aquel medio de transporte. Instintivamente, realizó un encantamiento desilusionador, que camufló a la moto y al mago como parte del entorno. Dio una patada al suelo, como si estuviese utilizando una escoba, y emprendió el vuelo hacia Londres.

 

Fue una travesía tranquila, ideal para aclarar sus pensamientos. No tuvo problema en encontrar la edificación, por lo que estacionó el vehículo en un lugar donde esperaba nadie se tropezara por error. Anuló el encantamiento, volviendo a mostrar su atuendo, que consistía en una túnica de gala púrpura, bajo la cual, portaba una camisa de tonalidad menta.

 

La puerta parecía haberse utilizado apenas unos instantes atrás. Debía admitir, la perspectiva de visitar el Mall fuera de horas laborales, le parecía un poco espeluznante. No había nada que perder, ¿o sí? Una vez que se halló dentro del lugar, se maravilló con la decoración. Serpentinas, globos, carteles, todo parecía tan normal ahí, como si ahí la vida tuviera una pizca de tranquilidad.

 

Escuchó la voz de una joven que había entrado, desde luego, antes que él. Le parecía extrañamente conocida; el tono de cabello, la delataba un poco. Se trataba del lugar más inesperado para encontrarse con ella.

 

-¿Romina? -inquirió, dando ágiles pasos para llegar al lado de a quién se había dirigido. Tenía que asegurarse. -Vaya, esto es una sorpresa. ¿Trabajas aquí?

 

Y como no eran los únicos presentes, giró su mirada hacia el resto de los empleados, que parecían enfrascados en los últimos preparativos. Como el ámbito social no era lo suyo, esbozó una media sonrisa, levantando la mano derecha a manera de saludo.

 

-Buenas noches a todos, mi nombre es Eobard. Y sí, soy el nuevo.

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