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—No he pensado mucho en el tema —susurra Ellie, frotándose los ojos luego de quitarse los anteojos alfa. Sentada en la silla frente a la mesa, echa la cabeza hacia atrás y cierra los ojos para descansar la vista un momento. Las sienes le palpitan ligeramente, por haber observado tan de cerca aquella poderosa aura mágica.

 

>>Es decir, obviamente este juego de té tiene un poco de esa magia que tienen los relojes de arena y los giratiempos. Te hace viajar en el tiempo, aunque no de una forma literal. También debe compartir la naturaleza de los pensaderos, al ser capaz de tomar estos recuerdos y recrearlos a tu alrededor de forma bastante convincente, haciéndote sentir como si viajaras al pasado. Aún así, el verdadero enigma es la forma en la que entra en tu cabeza para tomar estos recuerdos. Creo que es bastante conveniente que yo haya estudiado y practicando la Oclumancia, porque así no hay mucha interferencia...

 

>>Pero, como te dije, no he pensado mucho en el tema —musita, volviendo a incorporarse en la silla para observar lo que Richard está a punto de hacer. Al ver que éste levanta la mano sobre el juego de té, cree conveniente colocarse los anteojos alfa nuevamente.

 

Sin los anteojos, Ellie habría observado un ligero resplandor, como una capa de barniz azulado sobre la vajilla. Sin embargo, con ellos amplificando el espectro mágico, el resplandor es fuerte... y, lo que irradia la tetera, es tan brillante que se arranca los lentes de la cara, repentinamente convencida de que si observa el fenómeno un momento más quedaría ciega. Cuando alza la vista hacia Richard, se da cuenta de que su visión está interrumpida por molestos puntos de luz y los ojos le arden, como si le hubiesen tomado una foto con el flash casi pegado a la cara.

 

—¿Qué clase de magia es la que tienes? —susurra con la voz ronca, imitando el gesto de Richard y comprobado que nada sucede. En realidad, no tendría que suceder nada, pues Ellie tiene pleno control de su magia. Es capaz de canalizarla con varita (y sin ella, en algunos casos) y, en lo cotidiano, las ondas mágicas que irradia, de la misma forma en que cualquier mago o bruja normal, no perturban otras a no ser que se altere de sobremanera. Por eso es que los niños pequeños suelen tener muchos accidentes mágicos a su alrededor, porque no controlan su magia en base a sus emociones. Pero con Richard... el fenómeno pareciera ser el mismo; sin embargo, no está segura por qué, pero prefiere no hacer preguntas. En cambio, presta atención a los símbolos.

 

Ellie tomó hace poco un curso avanzado de Runas Antiguas. Todavía no ha obtenido su certificado, pero de todas formas intenta echarle un ojo a los símbolos que parecen en la tetera. No obstante, antes de que pueda levantarse a buscar uno de sus libros de la materia, escucha una voz que la deja petrificada.

 

—¿Eres tú, maestra?

 

No es que la voz sea perturbadora, pero no es de ninguno de ellos. Y no proviene del piso inferior o de las ventanas, sino de abajo... de la tetera...

 

—¿Tú...? ¿Tú hiciste esto? —susurra, con los ojos como platos, observado a Richard en espera de una explicación, pues ella no tiene la menor idea de lo que ahora sucede— ¿Ya te ha sucedido? —sin embargo, es incapaz de aguardar por una respuesta. Toma un par de guantes de piel de dragón y, luego de colocárselos, toma la tetera y la levanta a la altura de su rostro. Reconoce en el frente de ella, como dibujado por un trazo de luz dorada, algo que no es una runa: se trata de una ilustración minimalista, que representa a un gato Wampus. Sin embargo, Ellie no se detiene mucho en ello sino que asoma un ojo por el pico del recipiente.

 

—No. Tú no. ¡Déjame!

 

Quizá observó algo, pero no entiende qué es. La única imagen con sentido es la casa de sus padres, en Old Town, y una bandeja llenas de deliciosos y suculentos tablets... Ellie es capaz de cerrar los ojos con fuerza y ocultar esos pensamientos, de modo que las imágenes desaparecen antes de que pueda suceder lo mismo que pasó en la tienda de antigüedades de Melrose y Richard.

 

—Ehm... parece que está molesto.

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Richard sólo se encoge de hombros ante el primero de los cuestionamientos de Ellie. No es necesario que explique su magia para que el inconveniente se cuente a sí mismo, piensa. O, más que inconveniente, tal vez es mejor decir "particularidad". Es la primera vez que Richard se topa con objeto semejante, calibrándolo con su capacidad de arruinar la magia.

 

Las averiguaciones de Ellie aunque algo vagas, son muy útiles y disparan su imaginación enseguida. Si un inefable ha visto brillo semejante en la habitación del tiempo eso sólo puede significar una cosa: magia intensa y real, útil pero ¿es más similar a un pensadero o a un giratiempos? Eso es lo que ahora ocupa sus pensamientos. Después de todo, la diferencia es crucial.

 

Cuando Ellie cae en cuenta de lo que acaba de pasar, Richard vuelve a esbozar su vieja sonrisa torcida. Luego, sacude la cabeza.

 

--No fui yo --aclara, a la par que la mano que ha estado sujetándose cae inmóvil a un lado de su cuerpo--. Me sucedió el otro día en la tienda --su carcajada suena clara y musical--fue mucho más tétrico esa noche.

 

Sin embargo, Ellie no se ha detenido a oír sus palabras y la voz vuelve a oírse. El comentario de ella lo deja pensando pero es más bien el nuevo diálogo que ha conseguido sacarle lo que le sorprende.

 

--Es la primera vez que lo oigo decir algo más --suelta, para después caer en cuenta que ha terminado revelando que ha intentando sonsacar algo en claro de la tetera más de una vez--. Está molesto... ¿eso qué significa?

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Si bien Richard insiste en que él no hizo nada, Ellie no está tan segura. Ella sabe muy bien que todo sucede por un motivo. Por supuesto, es muy probable que él simplemente no sea consciente, pero eso no significa que él no sea el motivo.

 

—¿Qué cosas te ha dicho? —pregunta de inmediato, dejando momentánemente la tetera sobre su escritorio— Mira... no tengo la menor idea de por qué un objeto estaría molesto. A lo mejor quiere a su maestra, no lo sé.

 

Sus ojos, por un momento, se desvían hacia una de las estanterías que están apoyadas contra la pared, donde hay un montón de frascos y botellas. Está segura de que, en algún lugar, tiene por lo menos una dosis de poción agudizadora de ingenio. Un trago y las sipnasis se disaparan. Pero, tras unos segundos, sacude ligeramente la cabeza. Ese es el camino del flojo, del vago, del que no quiere esforzarse, no el que debería tomar una Inefable hecha y derecha que está segura de sus conocimientos y habilidades. Nada de tramas ni atajos para ella, pues en realidad no los necesita.

 

—Creo que tiene alguna forma de conocerte, ¿entiendes? —susurra, sacando de una estantería, en lugar de la poción para el ingenio, una botella de jugo de calabaza y dos tazas de vidrio— Cuando miré dentro... no vi la tetera. Fue como si estuviera viendo algo que está dentro de mi cabeza, como un pensamiento o un recuerdo. Como cuando estás dentro de un pensadero. Me libré gracias a la Oclumancia.

 

Luego de servirse jugo y dejar la botella sobre la mesa para que Richard se sirva, observa nuevamente la tetera.

 

—Ése es un gato Wampus —musita, señalando el dibujo que destaca más allá de las runas y letras—. Esas criaturas pueden hipnotizarte y tienen la habilidad de la Legeremancia... Quizás es una especie de, ehm, ¿metáfora?

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Una metáfora.

 

No es que Richard sea bueno o malo en particular al intentar dilucidarlas, es sólo que no está acostumbrado a lidiar con ellas. Por regla general, solía saber de antemano las cosas antes de zambullirse en ellas y eran muy contadas las ocasiones en donde no tenía un as bajo la manga con el cual jugar en momentos críticos en donde no parecía haber respuesta posible.

 

—Lo que ha dicho en todo momento es "¿Eres tú maestra?", es todo —aclaró con naturalidad— y si con "una manera de conocerme" te refieres a que pueda tener una representación física más allá de la tetera... estoy perdido.

 

No es del todo cierto, puesto que había pensado que quizá podría tratarse de alguna artimaña mental y aquello del wampus, criaturas con las que no está del todo familiarizado tampoco por ser descubrimiento "reciente" para los estándares de Richard, parece confirmarlo. Sin embargo, una artimaña mental o magia cercana a la legeremancia no habrían reunido toda la parafernalia de la que el "viaje" anterior había hecho despliegue.

 

Sin embargo, la idea de la presencia de una criatura mágica en las runas hace que desee intentar algo distinto. Por primera vez, su expresión relajada se torna en aguda concentración y suelta un susurro bajo en pársel; en la lengua de las serpientes, el susurro es una orden: "Descubre tu secreto, ven a mí". Así, el silencio se instala en la estancia y es el propio Richard quien lo rompe, al tomar una de las tazas con jugo de calabaza, cuando cree que ya nada nuevo va a suceder. Es entonces cuando la cabeza de una serpiente, compuesta de material similar al del humo pero de tonos verdosos, asoma por el resquicio de la tetera para luego hacerse más gruesa y notoria.

 

La criatura no dice nada pero algo en Richard, un instinto arraigado de su niñez y alimentado por el sinnúmero de situaciones difíciles en las que se ha visto envuelto, se mantiene alerta. Cree detectar un engaño, aunque no está seguro de qué índole. La cabeza de la serpiente no se comunica; la observa desde el pico de la tetera con interés pero no rompe el silencio. Richard no puede evitar sentir que le oculta algo y no le gusta.

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  • 2 semanas más tarde...

—No sabemos ni siquiera si su representación física es la tetera —repone Ellie, frunciendo los labios—. Lo que quiero decir, es que, quizá, de verdad esta cosa puede conocer a alguien. Como, meterse en su cabeza y extraer recuerdos y, bueno... hacer algo como hizo en Les Antiqués.

 

Ellie decide acercarse un poco más a la tetera. Ella sabe leer runas, aunque no está segura de qué tan buena sea interpretándolas, más allá de su significado literal. Está Perth, que representa algo oscuro y secreto. «Ja, buen comienzo». Isa significa hielo, pero se le asocia con la traición y las trampas. Luego está Hagalaz, que es granizo, pero suele usarse para referirse a tiempos duros y difíciles. Un poco aturdida, por lecturas tan perturbadoras y desesperanzadoras, decide alejarse. ¿A quién conoce que sepa leer Runas Antiguas, pero muy bien? Hobbamock hizo el curso con ella, aunque le parece que él estaba igual de confundido con ella. Quizá podría ir al Ateneo de la Universidad, y buscar al profesor Yaxley, pero entonces piensa que, si Richard no buscó a un experto, es porque es un asunto delicado.

 

Al alejarse, lo escucha. Un siseo...

 

Asombrada, se vuelve hacia el mago, segura de lo que escuchó, pues ella ha estudiado las Artes Oscuras y aquella es una práctica que se relaciona con las mismas. «Es Pársel». Él, como si no se hubiera dado cuenta de su expresión, toma una taza de jugo, rompiendo el silencio instalado en el ático.

 

—Oye...

 

Pero se queda sin palabras cuando, del pico de la tetera, comienza a aparecer algo. No sabe qué es, pero tiene la apariencia de un humo verdoso; poco a poco, a medida que se alarga, se da cuenta de que es una serpiente. Richard está en silencio, inmóvil, al igual que aquella figura. Ellie, en cambio, hace lo primero que se le ocurre: se coloca los anteojos alfa. Bajo los cristales, no hay una serpiente. Sin embargo, de pie y con una mano sobre la tetera, puede ver una silueta oscura y difusa. Una sombra.

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>>No sabemos ni siquiera si su representación física es la tetera<<.

 

Sabe que no ha dicho algo sorprendente pero por alguna razón, esas palabras de Ellie en particular reverberan en el interior de su cabeza. Su intento por concentrarse no parece funcionar, porque aunque frunce el ceño y se esfuerza por no apartar la vista de la serpiente o parpadear, su cerebro cansado no parece llegar a ninguna conclusión. Por experiencias previas, está seguro de que ese pedazo de información que Ellie le ha proporcionado resuena en su cabeza por algún motivo; es su instinto, llevándole la ventaja a su mente, un instinto que recuerda siglos de situaciones peligrosas.

 

A pesar de que Ellie se encuentra más cerca de la tetera luego de su intento de revisar las runas una vez más (aunque a Richard no le dijera nada sobre lo que pudiera haber o no leído allí) nada parece ocurrirle cuando la serpiente ha surgido de la boquilla de la tetera. La atmósfera de la estancia se ha sumido en un silencio tenso, alerta y así como Ellie se cala los anteojos alfa, Richard decide hacer lo primero que se le viene a la cabeza también. Sus manos revolean a su alrededor, trazando una línea roja para formar un círculo amplio, pintada de manera similar al flagrate. A la par y en favor de la velocidad, se ve obligado a soltar la taza, que se hace añicos en el suelo, mas consigue sujetar a Ellie y traerla dentro del círculo a tiempo.

 

Son sólo unos segundos, en donde para poder hacer todo aquello, aparta la vista de los ojos de la "serpiente". Sin embargo, los resultados son claramente visibles cuando alza la vista nuevamente. La figura no es más una serpiente si no una silueta en sombras, que primero parece caminar y luego avanzar en algo similar a un salto, imposible de distinguir para el ojo humano; es como si pusieran fotogramas uno detrás de otro, con la silueta lejana primero y luego tan cercana que está apenas fuera del círculo. Quizá en una situación distinta podría haber parecido cómico pero en medio de la habitación a oscuras y con tantas dudas, es más bien aterrador.

 

Confirmando las sospechas de Richard, la silueta no avanza a partir de allí, si no que parece rodear el círculo y observarlos, causándoles una terrible incomodidad cada vez que sale de su campo de visión pero sin poder atravesar la fina línea roja dibujada por Richard momentos antes.

 

—Dime que ves con esos lentes —masculla entonces Richard entre dientes, intentando moverse lo menos posible y hacer el menor ruido— y te diré lo que creo que sucede aquí.

 

"Al menos, la parte que alcanzo a entender"

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«Quítate los lentes. Quítate los lentes. QUÍTATE LOS LENTES».

 

Pero Ellie está petrificada del miedo. A medida que la sombra se acerca, deja de ser una sombra traslúcida. No podría decir que es una persona, pero definitivamente es un ser. Está cubierto con una larga capa negra con capucha. Quizás podría captar más detalles si se atreviera a escudriñar bajo la sombra que crea la capucha, pero ni siquiera lo intenta, pues está segura de que no es capaz. Aunque sólo la observa de reojo, la visión es grotesca y le hiela la sangre. Ni siquiera se inmuta cuando Richard la hala hacia un círculo rojo que quién sabe cómo rayos ha conjurado sin usar una varita mágica.

 

—Dime lo que ves con esos lentes... —pero ella no quiere mirar. No sabe si Richard es capaz de ver lo que ella, mas sabe que los anteojos alfa pueden ver un poco "más allá" de los ojos humanos. Todo es demasiado nítido y demasiado real. Lo único que quiere hacer es quitarse los lentes y romper esa condenada tetera; sin embargo, ni siquiera de ello es capaz. No puede moverse.

 

—E-esa cosa está maldita... —susurra. Aquel miedo de lo desconocido, tan infantil, tan impropio de una Inefable, le hace recordar su temor irracional a dormir con las luces apagadas, a cómo se petrificaba cuando se quedaba en algún lugar oscuro.

 

Pero, ¿qué más puede hacer, sino intentar ayudar a que Richard la ayude a entender lo que sucede? Se frota los brazos, intentando calentarse, mas es imposible. Levantar el rostro, con aquella sensación de que no vale la pena intentar salvarse, es algo inimaginable... Tan sólo es capaz, sin saber cómo, de alzar la mirada. Puede sentir un abrazo gélido en el corazón, terror. Ni siquiera entiende qué es lo que está viendo, sólo lo siente.

 

—Algo horrible —dice, con un hilo de voz—. Algo podrido. Algo que odia y que atormenta... algo que nos conoce.

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En un impulso, Richard le quita a Eileen los lentes. No se los pone enseguida, si no que espera un momento en que la forma oscura se encuentra cerca y a plena vista. Así es como confirma sus sospechas: con ellos, la forma se ve más nítida y aterradora. Sin embargo, no es algo que Richard no haya visto antes. Al sacárselos, decide tomar un respiro un rato y obliga a Eileen, que no ha salido todavía del shock, a sentarse en el suelo.

 

Milagrosamente, ha mantenido el jugo, así que toma un poco de ello para intentar pensar en algo.

 

--Es un demonio --le explica a Ellie algo fastidiado, sin estar seguro de si le entiende realmente, si capta las implicaciones que eso conlleva. A Madeleine algo como eso le habría fascinado, aunque fingiera estar preocupada. Eileen es harina de otro costal--. Lo que es extraño, porque mi poder arruina la magia, ya no en la misma medida que antes pero debió ser incapaz de convocar una cosa así...

 

Sabe que la clave de todo fue el pársel, pero no sabe qué otra conclusión sacar de todo ello. Más allá de que de seguro la antigua dueña debió dominarlo, no se le ocurre qué tipo de demonio está enfrentando.

 

--Tracé el círculo porque al convocar un demonio, el estar dentro del círculo impide que te hagan daño, así que asegúrate de no sacar ni tan siquiera un trozo de nariz para afuera.

 

¿Qué hacer a continuación? ¿Sabrá Ellie algo sobre cosas malditas de ESE tipo? Es una inefable después de todo pero Richard no está seguro de si realmente podrá ser de ayuda.

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  • 2 semanas más tarde...

Sólo al escuchar la voz de Richard, Ellie se da cuenta de que está sentada en el suelo, abrazándose las piernas y apoyando el mentón el las rodillas, temblando levemente. Puede entender sus palabras pero, a la vez, es incapaz de tomarlas en serio. Ella siempre fue una bruja orgullosa de su capacidad y pasión para aprender y estudiar; actualmente, se considera una hechicera capaz, estudiada, con diversos conocimientos y habilidades... pero, ahora, aquella imagen mental parece derrumbarse. Sí, ha estudiado mucho, mas ¿cuánto ha presenciado? ¿Cuánto ha vivido de verdad?

 

—H-hay un d-de-demonio... —susurra, con un hilo de voz y la mirada clavada en el borde del círculo que la rodea— Hay un demonio en mi tienda. Ay, por las pantaletas de Morgana...

 

Aquello es tan increíble y tan espeluznante, que apenas le da importancia a lo que dice Richard sobre sus poderes. Sería más tarde, intentando conciliar el sueño en caza, que Ellie pensaría en las palabras de aquel peculiar mago: mi poder arruina la magia.

 

—¿Por qué demonios invocaste un demonio? —pregunta, con una mueca de dolor, alzando la mirada hacia el mago— ¡Shite! —suelta de repente. Lo cierto es que Ellie ni siquiera estaba segura de creer en demonios pues, en general, tanto magos como muggles suelen confundir a los mismos con maldiciones. Sin embargo, luego de haber visto lo que vio con aquellas condenadas gafas, no se atreve a cuestionar a Richard. ¿Para qué le mentiría y cómo podría estar engañándola?— He leído que los demonios pueden espantarse, pero ¿dónde demonios vamos a encontrar un conjuro para ahuyentar a un demonio? ¡No es que se consigan en la librería, sabes!

 

«En la biblioteca del Departamento de Misterios».

 

«En tus grimorios».

 

«En el grimorio que te obsequió Ryvak».

 

—Si supiste conjurarlo, ¿no deberías saber echarlo? —susurra con una voz suplicante.

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—Si fuera tan sencillo no te habría mencionado lo que es en primer lugar —alegó, desestimando su comentario enseguida.

 

En realidad, estaba hablando demasiado. Necesitaba pensar y el nerviosismo bastante notorio de Eileen no ayudaba. Richard suspiró y entonces volvió a hablar en pársel con un tono sutil.

 

—The spell comands you to tell me, who you are —su voz es fuerte y persistente, es una orden—. Obey your master.

 

Entonces, el demonio pareció soltar algo muy similar a una risa cascada y prosiguió:

 

I get stronger in the splendor
Of a lucid moon
I'm a creature of the night
All my demons cast a spell
The souls of dusk rising from the ashes
So the book of shadows tell
The weak will always obey the master
Casi podía oír la voz de Eileen preguntando "¿qué está haciendo?" aunque no lo había hecho en realidad. Era más bien lo que él había preguntado la primera vez que se había topado con un demonio y su maestro le había contestado "Los demonios hablan en enigmas o acertijos" su explicación no había tenido mucho sentido al inicio y no fue si no hasta mucho después que él le había dicho "Son engañosos, engatuzan y evaden las respuestas directas; sus palabras son encantamientos. Mira bien lo que ves cuando los ves".
Las cosas habrían salido muy distintas si Richard no hubiese conocido el libro que el demonio había mencionado en aquella enrevesada respuesta para decir quién era sin decirlo en realidad, cumpliendo de esa manera con su "maestro" es decir Richard, su invocador, pero a la par manteniendo su posición de poder ante ellos.
—Mala suerte —el alivio en su rostro no era evidente pero lo cierto era que ya no estaba preocupado como al inicio—. El libro de las sombras es mucho más conocido de lo que era la última vez que surgiste, Belthazor.
La sombra se estremeció como si la hubieran apuñalado. Conocer el nombre de un demonio era la clave para doblegarlo pero no era eso lo que Richard iba a decir. Sólo, salió del círculo y las sombras se desvanecieron. Ante él, sólo había un muchacho de aspecto joven, con una belleza frágil y etérea, el cabello blanco y los ojos verdes. Su expresión envenenada no parecía sincera.
—Vaya, quien hubiera dicho que el gran demonio Belthazor era sólo un muchacho —masculló y el demonio soltó un gruñido abrumador, que no parecía ser capaz de salir de un cuerpo como el suyo—. Sólo que no eres Belthazor... —la expresión del demonio entonces pareció ensombrecerse definitivamente, antes de lanzarse hacia Richard pero era demasiado tarde—. Tu eres Hydel —en aquella oportunidad, el dolor se vio vívido y real; el muchacho se contorsionó en el suelo cuando Richard dijo, sereno y con una sonrisa que era casi de deleite—, y te condeno a mi servicio, durante los años que me quedan, hasta dar con el libro de las sombras a cuya custodia, has de ser entregado cuando tu servicio termine.
Entonces, las sombras se fueron, la habitación volvía a ser una habitación y la tetera brilló con luz tenue. Las runas parecieron desvanecerse y el eco maligno morir. El muchacho en el suelo, sin embargo, no se movió.
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