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Castillo Evans McGonagall (MM: B 97458)


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Caminé a hurtadillas por el pasillo para llegar a la cocina del castillo, mi hogar. Hacía bastante tiempo que no lo visitaba por lo que lo extrañaba mucho. Y obviamente extrañaba a toda la familia y amigos del mundo mágico.

 

El silencio sepulcral era normal en la Evans McGonagal, aunque hubiera gente deambulando por sus pasillos, como yo por ejemplo. Por eso esperaba ver a alguien, aunque sea a mi elfina. Es que también traía un hambre...

 

Estaba preparandome un sandwich de jamón cuando escuché unos pasos que se acercaban.

 

-Señorita Ania, qué bueno verla por aquí de nuevo- exclamó Brina emocionada.

 

-Brina, tanto tiempo ha pasado- sonreí -¿dónde estan todos? Hay que convocarlos para una reunión. ¿me haces el favor?- pregunté finalmente antes de darle el primer mordisco a mi comida.

 

-Claro, ya vuelvo.

 

Brina desapareció en busca de las personas dentro del castillo y yo me quedé disfrutando de mi sandwich.

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El reloj marcaba las diez de la noche. El viento había puesto en fuga los nubarrones de lluvia. En el amplio cielo brillaban, tímidamente, unas cuantas estrellas. Si bien el ruido del viento al golpear con los cercanos árboles continuaba nervioso, ya se había desvanecido la amenaza de tormenta.

 

Aún no se acostumbraba al frío clima europeo. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había pisado dicho continente. Y por supuesto, que no había mejor sitio para volver que su propio hogar. Caminó por los elegantes y bien cuidados jardines del castillo, pasando su mano por los arbustos bajos, sintiéndose nuevamente vivo, con ganas de comerse al mundo, ¡como si aún fuese un jovenzuelo!

 

Se sentó en una de las bancas del jardín, de cara a una de las fuentes. Tenía la necesidad de estar a solas para saborear a sus anchas, sin interrupciones exteriores, los recuerdos que le traían aquel sitio. Encendió un cigarro aspirando su humor.

 

Los recuerdos eran, en su inmensa mayoría, insignificantes, triviales, naturalmente. E inefables. Muchas aventuras había vivido, pero ya se le hacían eternas luego del exilio en el que había estado. Dando tumbos por sitios inimaginables.

 

Fue hace mucho tiempo, cuando pasaba a diario por esos jardines, y apenas rozaba los veinte años, la etapa más extraordinaria de su vida. Época de lucha, batallas sangrientas, lealtad, compañerismo, entre otras cosas que recordarlas, hacía que un doloroso nudo se le formara en la garganta. ¡Cuánto tiempo había pasado desde aquellos días!

 

Se puso de pie, y con algo de dificultad emprendió camino hacía la entrada del castillo. Tocó dos veces la puerta, cuando de inmediato fue abierta. Ahí estaba Mavado, quizás ya no era un elfo importante para la familia, pero seguramente el pequeño ser fue el primero en enterarse de la presencia de su amo en los predios del castillo.

 

-- Bienvenido a su hogar, amo...

 

Saludó secamente el elfo doméstico, con una leve reverencia e y abriéndole paso a Elessar para que entrase. Él correspondió con una palmadita en la coronilla del elfo, y avanzó hasta el salón central. ¿Dónde estarían sus hijas? todo lucía extrañamente ordenado, en su sitio, como si él nunca se hubiese marchado. Estaba en casa.

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Que Dios se apiade de mis enemigos, porque yo no lo haré...


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  • 4 semanas más tarde...

Después de tomar el frasco con los recuerdos de Bel soltó un suspiro amargo, era un suspiro melancólico y sabía que ahora era el final de la travesía. Guardó el frasco cerca de su corazón dentro de su abrigo, pensaba que era el lugar indicado en donde podía permanecer algo tan valioso y se aferraba a la idea de que si aquellos recuerdos iban a ser una especie de alivio a la partida de ella, él tenía que conservarlos.

 

¿Como explicarle a Kutsy todo aquello? A esas horas ella seguramente ya se encontraba dormida plácidamente creyendo la mentira que le había tenido que dar, podía sentir su calma aún estando tan lejos de ella pero algo lo hacía sentir culpable. Esa noche se estaba comportando como protector de Bel, pero también se sentía un tanto egoísta al compartir con ella esa aventura. Pero en serio, ¿quién más podría con la misión? Ethan estaba seguro de que solo su poder era el que lo hacía apto para esa noche.

 

Cuando llegaron al castillo Evans respiró profundamente el aire invernal, era el vestigio de los últimos días de invierno y eso provocaba en él un sentimiento de abandono aún más fuerte. Observó el castillo y sintió una punzada en el pecho, tenía que ser fuerte pero tan solo quería salir corriendo de ahí llorando como un niño pequeño hacia brazos de su madre. El nudo en su garganta apretaba cruelmente dejándolo casi sin aliento, tuvo que aclarar su garganta un par de veces esperando que con eso se aligerara su dolor sin embargo se desesperaba al no poder reponerse.

 

-¿Por donde comenzamos?-Preguntó bajando la mirada mientras la seguía.

 

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Dos horas quedaban, antes de que amaneciera, cuando llegamos hasta los jardines del Castillo Evans McGonagall, gracias a la magia de Ethan.

 

"Algunas cosas pueden mostrarse sin tener que decirlas en voz alta"

 

La forma como se había construido mi relación con Ethan eran un ejemplo de ello. Alguien a quien había salvado la vida porque me había sido confiado su resguardo como mi estudiante, compartiéndole en el proceso mi secreto de pertenecer a la Orden del Fénix. Pensar en eso, me recordaba a la propia relación establecida con mi padre, Boss Elessar, y el resto de familiares del castillo Evans McGonagall. A veces los actos revelaban más que las palabras, o las volvían innecesarias.

 

La silueta de los enormes muros del castillo contrastaba con el cielo levemente iluminado por la luna llena. Nos movimos en silencio, todavía yo apoyada en Ethan, todavía pensando en que estaba regresando al lugar donde mi travesía por Ottery había comenzado, con una carta de Elessar.

 

¿Dónde estaría Rina, la sagaz hermana mayor que me había abierto las puertas del castillo? ¿Dónde Alphonse? Mientras íbamos por el sendero, con las estatuas de alabastro como rígidos cómplices, pensé también en todas esas batallas donde a menudo las figuras habían terminado sirviendo para crear morphos o mosntruos de todo tipo.

 

Y todas las veces que el castillo había tenido que ser reconstruido.

 

Toda esa violencia, las decapitaciones de elfos, los muros salpicados de sangre, la marca tenebrosa flotando sobre el castillo Evans McGonagall casi de forma permanente, porque todos los días alguno de los miembros se convertía en blanco de sus ataques. Para quien viniese a Ottery hoy, todas esas historias sonarían a invento.

 

Comenzaba a creer con firmeza que era mejor que fuera así. Que suficiente había sido que toda una generación se contaminase de culpa, enfermedad, muerte y desolación, en una lucha de bandos que habían terminado por desaparecer de un momento a otro.

 

Las puertas del Castillo se abrieron, y P-ko se abalanzó sobre nosotros, con los ojos arrasados en lágrimas.

 

- Por Merlín querida, son las cuatro de la mañana- alcancé a decirle, y a ella le bastó una mirada para evaluar que no me encontraba nada bien- por favor, si puedes traer algo de comida y bebida para Ethan, te estaré muy agradecida.

 

Ella no protestó, pero en sus facciones se dibuajaba la contrariedad de no querer cumplir mi petición y solo permanecer a mi lado. Pero así, a regañadientes, se volvió a la cocina.

 

- Tenemos que ir a la torre sur, mi torre.

 

Mis "pequeños tesoros" se encontraban allí: objetos de todo tipo, fotografías, prendas. Cada una guardaba un significado especial y las había ido acumulando a través del tiempo. Alzando el brazo, le indiqué a Ethan la ruta más rápida para llegar hasta allí. Según mi percepción, podríamos terminar con todo eso sin molestar a nadie más.

 

No contaba con que alguien ya se había percatado de nuestra presencia.

 

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Un elfo había aparecido ante ellos con cara de preocupación, no la culpaba, los elfos a veces formaban parte de ellos como ningún otro ser y al final eran ellos quienes tenían más lealtad con los magos que nadie más. Needles era aparte de su protector como un padre para Ethan, era el único que se atrevía a regañarlo y a corregirlo si es que se lo merecía aparte era el único que lo nombraba por su segundo nombre lo cual lo hacía en extremo cercano al demonio.

 

Sabía que de la comida y bebida que llevaran hasta él no iba a tomar nada, tenía el estómago revuelto y la boca seca debido a lo que vendría después. Trató de sonreír mientras ayudaba a Bel a caminar por la propiedad, jamás en su vida había sentido tanto peso sobre los hombros y eso lo inquietaba ya que tenía que ser fuerte.

 

-Bel...-Musitó deteniendo su andar, la miró y soltó un suspiro hondo.

 

-Yo de alguna manera se lo que pasará, lo siento dentro de mi y a pesar de que quiero ayudarte una parte de mi también quiere detener todo y sacrificarme para que seas tu la que continúe. No me mires así, soy egoísta y para mi no se le puede llamar mundo a un lugar en donde tu no estés... maldición tienes tanto por vivir y tanto por hacer que me duele en el alma el saber que después de esta noche tu... ni siquiera me atrevo a ver esa parte de tu futuro. Solo quiero agradecerte por todo lo que has hecho por mi, eres quizá la persona que más respeto en este mundo y aunque después de esto ya no estés presente en mi vida quiero que sepas que haré que cada día te sientas orgullosa de mi.-Sus ojos se nublaron en lágrimas, un demonio de su jerarquía teniendo ese tipo de sentimientos era una rareza que solo ocurría cada mil años.

 

Sin decir más volvió a centrar su vista en el camino, sentía que alguien los observaba pero no tenía tiempo para ponerse a investigar sobre aquel espía. El llegar a la torre de la bruja era lo único que importaba en ese momento.

 

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- Nada de sacrificarte por mí. Cumpliremos esta travesía de todas maneras.

 

¿Pero de qué manera? Viendo allí, al orgulloso y autosuficiente Ethan, quebrarse en llanto producto de un dolor tan hondo al que no alcanzaban mis palabras, me cuestioné si no debía haber empezado ese camino sola, para que no tuviese que ir viendo mi paulatino desgaste. ¿Por qué cuánto más fuertes eran los lazos, más sencillo podía ser provocar daño a los demás? sosteniéndome torpemente de sus hombros, me coloqué de puntillas para depositar un beso allí en la húmeda mejilla, limpiándole con el dorso de mis manos las finas lágrimas que habían caído.

 

- ¡Yo siempre voy a acompañarte tonto!- le increpé con una sonrisa mientras llevaba su mano a la altura de su propio corazón- aquí, cuando cierres los ojos, me vas a tener para ti. Y en el amor de Kutsy, y el de tus hijas y el calor de este castillo, pues perteneces a mi familia. Y eso nunca va cambiar, esté o no yo presente.

 

Egoísta él ¿qué quedaba entonces para mí? Consumida por esa maldición que aunque no había buscado, si había dejado que avanzara, pues me ponía a salvo de sentimientos que en realidad tenía que haber tenido el coraje de afrontar de forma más valiente. Ahora, ciertamente era tarde para arrepentirme, pero ¿en verdad ya no quedaba más por hacer? ¿habíamos fallado? ¿Por qué Ethan no quería ver en mi futuro?

 

- ¿Qué has visto Ethan? ¿Qué has visto que yo no sé?

 

No alcanzó a responderme porque en ese instante el amuleto que me había hecho comenzó a emitir una luz tan potente que quedé enceguecida unos segundos. Para cuando el resplandor desapareció, no había rastros del anillo, y nada colgaba del collar plateado.

 

"¿Estás lista para dejar todas tus memorias?"

 

La voz atornillaba directo a mi mente, pero negué con la cabeza con desesperación. Todo el recorrido de esa noche me había esclarecido respecto a cómo todo ese cúmulo de historias vividas me hacían ser quien era. Si lo dejaba atrás ¿en qué me convertía? Tenía que haber otra forma que no significara perder eso.

 

- ¿Por qué yo? ¿Por qué escogiste que me sucediese esto a mí?- grité hacia el cielo, hacia esa voz venida de ninguna parte, y comencé a girar en círculos hasta que caí de rodillas en el suelo.

 

No quería olvidar. Ni el olor a lavanda de los vestidos de Meryen, o el aroma dulzón de las tartaletas que preparaba Sunar en la cocina de La Madriguera. No quería, nuevamente, que me fueran arrancados los recuerdos de Ashley Atkins, recuerdos que había cedido para obtener el poder del libro del Equilibrio, y que a medida que mi mente había sido despojada de historias, habían comenzado lentamente a volver. Los más dulces recuerdos de un amor realizado, vivaz y despreocupado, que me había hecho feliz aun cuando la despedida había sido amarga, tan amarga como para que mi patronus cambiase de forma.

 

"Yo no lo escogí. Tú lo pediste. Para cumplir tu más anhelado deseo"

 

Levantándome, empecé a caminar hacia la torre. Podía sentir el agarre de Ethan, sujetando mi muñeca, y volviéndome a él, recordé de pronto.

 

El origen de todo.

 

La noche oscura, y el pedido que había hecho hacia el cielo estrellado, de que si había una sola forma de que mi carga maldita pudiese ser arrancada de mí, permitiéndome quedar embarazada, aunque fuese una sola vez, aceptaría a cambio lo que fuera. Lo que fuera.

 

Bien decían que jamás debía solicitarse tales cosas, a los dioses o los demonios, puesto que era ponerte en sus manos, de la forma más ilusa posible. Stolas, capaz de ver por en lo profundo de mi corazón había jugado su carta definitiva.

 

Y yo, apostadora terrible, había perdido estrepitosamente.

 

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El día había resultado más inusual, de lo normal, sin embargo el ser madre de dos pequeñas jamás dejaba de revisar los indicios del viento, el cielo o la luna que aunque no puede verse en las horas de luz, siempre está presenté. Y aquel día algo andaba realmente mal, había muchas perturbaciones que Emma, parecía estar lideando con interpretar y manejar la energía que distrpcionaba el ambiente. De ahí que dejará que pasará casi todo el día al lado de su padre, al cual había notado distraído.

 

Pero la situación no mejoró, al anochecer la pequeña rubia se sintió aún más inquieta que sin que su padre lo notará, la hice descansar, llevándola a un punto donde nada podría tocarla. Para cuando Ethan volvió a la habitación, deje que la calma que necesitaba el llenará nuestra habitación, le sonreí y di un beso a su mejilla poco antes de que Needles hiciera su aparición y me dijera que mi esposo había sido llamado por un asuntos de trabajo.

 

Una vez el elfo salió de la habitación, Dunkel salió de entre las sombras, me entregó una capa de color negro, cambie mi vestimenta con uso de mi varita en un vestido de color azul marino -debe darse prisa -me apremiaba -me haré cargo de las señoritas y por favor...-sus ojos saltones me miraron fijamente mientras me colocaba la capa -tenga mucho cuidado -sus palabras en mi mente mientras recorría los alrededores del castillo para pedirle a la pareja de lobos que salvaguardaran mi hogar y moradores.

 

Parecía que siempre llegaba tarde... porque cuando aparecía en el lugar donde Ethab había estado, su presencia se difuminaba mientras un sentimiento de tristeza crecía un poco más. La reserva hizo que mi corazón diera un vuelco al percatarme que tenían en común cada destino...-Bel - sin pensarlo me dirigí al castillo Evans. Ese lugar que era más que mi refugio, pero mientras más me acercaba más acongojada me sentía, ¿qué estaba ocurriendo? Me pregunté cuando pude distinguir entre la oscuridad de la madrugada a Ethan acompañado de...Bel, pero parecía débil. Quizá acercarme a su lado en un primer momento pero un dolor agudo en el pecho me detuvo por lo que los seguí a cierta distancia.

 

-¿De qué habla? -Fue lo único que pude articular mientras los observaba a ambos sin comprender del todo bien las emociones que me embargaban.

 

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Sentir esa punzada en su pecho no era normal, algo andaba mal con su amuleto y quizá se trataba por estar tan sensible. Se sentía débil, abrumado y desesperado por tratar de salvar a alguien que por propia voluntad había intercambiado su alma por un deseo; era doloroso el ver una bruma en su mente referente al deseo pedido, no se atrevía a ver más allá y estaba seguro de que esa visión la guardaría para siempre para él mismo.

 

El amuleto ya no pendía del cuello de Bel, sintió una cubetada de agua helada en la espalda. Había fallado terriblemente al concentrarse en otros pensamientos, ahora sentía terror, un terror que lo inundó y no lo dejó respirar. Sus sentidos se desconectaron por unos segundos, su vista se nubló y tuvo la sensación de estar cayendo por un gran pozo sin fondo hasta que la presencia de su esposa lo sacó de ese cáos.

 

Tomando a Bel con cuidado y ayudándola en su andar volteó la cabeza hasta toparse con Kutsy quien los miraba con sorpresa sin saber lo que pasaba.

 

-Kuts...-Susurró.

 

¿Así iba a ser? Ellos dos iban a ser los que presenciaran juntos el destino de Bel que ya nadie podía cambiar, ellos dos iban a ser los últimos que ella tuviera en sus memorias y era injusto. Al final de todo, ¿quien era Ethan como para tener dicho honor? La desesperación comenzaba a perjudicarlo de más.

 

Una vez que Kutsy los alcanzó ya se encontraban en la torre, sin dudarlo la tomó de la mano y de inmediato sus sentidos se relajaron. Kutsy era en si su calma y quizá el destino la hubiese llevado hasta ellos para ser un salvavidas, la última luz que quizá les diera esperanza.

 

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El chirrido de los goznes de la puerta abriéndose de par en par rompió el tono de las voces susurrantes en la oscuridad e hizo que saliera de mi aturdimiento para ver directamente a los ojos a mi ahijada.

 

Kutsy estaba allí, observándome directamente y tomada de la mano de Ethan. Su vestido de un azul oscuro parecía mimetizarla con el contorno y en su rostro una sombra de duda se dibujaba.

 

- Pasen conmigo por favor. Allí en lo alto, podré explicarles lo sucedido.

 

Me había secado las lágrimas,subitamente consciente de que merecía toda esa carga por haber caído tan fácilmente en la tentación de ese maldito demonio. No. Así sintiera que se me estrujaba el corazón a límites insospechados por causa de que el olvido se llevara todo lo vivido a cambio de mi deseo, necesitaba estar bien con ellos en esos últimos momentos.

 

Darles recuerdos bonitos que pudiesen llevar por mí. Darles las gracias a través de ello por su compañía en un momento tan decisivo.

 

Las antorchas iban encendiendose conforme avanzábamos por la estrecha escalinata de piedra. Podía escuchar la voz de Stolas musitando a mi oído toda clase de diatribas a mi simpleza y debilidad humana,pero decidí ignorarle y seguir adelante,hasta que llegamos a la única habitación existente en lo alto de la torre.

 

- Son los primeros a los que muestro este lugar- dije mientras la nostalgia se apoderaba de mí al notar las cosas que allí estaban- y probablemente sean los únicos.

 

Docenas de fotografías mágicas adornaban las paredes, y eran como una sucesión visual de mis aventuras en Ottery: Desde una foto sonriente donde abrazaba a Shedder Malfoy y alzábamos juntos la Copa de las casas acompañados de otros alummos de los Dragones de Lancashire, a otra de Neos sentado en una butaca con una copa de licor y una ruma de papeles sobre el escritorio. Una fio de Gomita comiendo papas fritas y otra más de Madeleine y Paú compitiendo en el Batrek. Incontables fotos del trio Evans y las FAK en varias partes del castillo también podian verse, así como a Kirara junto a un bello unicornio, el viejo bosque de los dioses de los Stark retratado por ser la última morada de mi prima Pandora y el salón pequeño de los Moody donde había estudiado fallidamente junto a Ellie y Mel y visto por última vez a Catherine.

 

Una Athena sonriente iluminada por luces variopintas en lo que reconocí como el tercer piso del Casamenteras Evans era el preludio de una larga de vistas de eventos, matrimonios y toda clase de reuniones.

 

- Un montón de fotos de fiestas ¿no? - dije riendo en un vano intento por disipar la tristeza que envolvía la situación- creo que si tenemos unos genes predispuestos a eso. ¡Miren! Esa es la foto de su boda. Lucen tan estupendos.

 

Fiestas clandestinas, en el castillo y en otros tantos lugares. Había también baules que guardaban invitaciones, prendas y una que otra chuchería más.

 

Con una señal de la mano apunté a la mesa redonda, único mobiliario aparte de la cama adoselada, invitando a Ethan y Kutsy para que se acercaran. Era de madera simple pero era la primera cosa que mi padre Boss Elessar me había regalado. Y sobre ella, tres portaretratos descansaban.

 

En el primero la foto de mi prometido de la juventud. En la segunda mi familia de la heredad al completo (incluyendo a sus revoltosas inquilinas) y en la tercera la fotografía de Ashley Atkins, rubia y sonriente mostrandome el dije de fénix del mismo tipo que yo portaba el dia de nuestra graduación.

 

- Dejaré todo esto atrás porque sería doloroso que permanecieran conmigo sin que yo pueda reconocer lo que cada uno significa- volviéndome a la pareja tomé aire antes de formular mi petición- ¿lo custodiarían por mí?

Editado por Bel Evans

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Llevando de la mano a su esposa siguió hasta una habitación en donde Bel fue la guía, por sus palabras quizá era una habitación en donde los recuerdos más importantes de ella se agolpaban y al entrar recibió un aire familiar. Extrañamente sus sentimientos de nostalgia fueron disipados debido a las múltiples fotografías alegres que ahí se encontraban, podía reconocer a distintas personas en aquellas fotos y todo era tan maravilloso ante sus ojos que le costó reconocerse en la foto del día de su boda. Tomó esta observando primero el marco, era el mismo que habían dado como recuerdo a sus invitados y una sonrisa se hizo presente ante tal memoria.

 

-Bueno mira nada más la sonrisa flamante de Kutsy... debo decir que te veías hermosa, cariño.- Comentó a su esposa aunque en realidad cada día de su vida la veía hermosa, era un cuento de nunca acabar.

 

El recordar su boda también le trajo recuerdos de su fiesta de compromiso en donde Bel se había enterado de su condición de demonio, a partir de ese día se volverían inseparables y con un objetivo en común; Kutsy. Ambos por separado había jurado protegerla de las adversidades y a pesar de haberse separado de ella un par de meses la distancia no fue lo suficientemente poderosa para poder dañar su amor. Ahora comprendía que su esposa también lo había unido con quien al final resultaría ser su madre biológica, no podía estar mas que agradecido con ella por eso.

 

Centró su atención en la mesa que Bel había señalado a Kutsy, pudo observar los detalles de las fotos y después al escucharla alzó la vista a ella. Custodiar, ¿que no era eso en lo que él era especialmente bueno?

 

-Si tu deseas que así sea lo haremos con gusto, creo comprender que estas son las últimas memorias y las que van a ser de mayor anhelo para Stolas...- Comentó sintiendo de nuevo el nudo en su garganta, soltó la mano de Kutsy y se apresuró a tomar a Bel en un abrazo.

 

Sentía que en cualquier momento ella se desvanecería en el aire y se quería negar rotundamente a eso, odiaba las despedidas y desde el comienzo de esa noche sabía que esa misión lo era. Se estaba despidiendo de Bel y cada segundo dolía más, a pesar de todo se juró no llorar... quizá estuviera a punto de fallar en su juramento.

 

-No quiero hacerlo peor de lo que ya lo es pero en serio es lo más horrendo que he vivido. El no poder hacer nada por ti me ha destruido por completo, perdóname.- Musitó cerrando fuertemente sus ojos sin separarse del abrazo.

 

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