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Castillo Evans McGonagall (MM: B 97458)


Syrius McGonagall

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Edward

 

 

Dos pares de manos fueron la ayuda que necesitó para ponerse en pie. Las centenares de canicas lentamente comenzaron a desvanecerse, despejando poco a poco el pasillo de piedra. –Gracias – fue lo primero que dijo a sus salvadoras, una era su madre y la otra su prima Ania.

 

-¿Ania? Tanto tiempo – por un momento se olvidó del incidente del huevo y enfocó toda su atención en la bruja -¿Cómo has estado? –

 

-Si también era dorado – con que no había sido la única victima de aquellas bromas, huevos dorados repartidos por toda la casa y cada vez que alguno desprevenido lo tocaba liberaba una inocentada.

 

Miró el brazo de su madre donde varias marcas verdes brillantes lo cubrían -¿Aun no se te ha salido? Dale tiempo… las canicas lentamente se están desvaneciendo – o eso esperaba, no parecían ser bromas con riesgo de vida, el bromista no quería hacerles daños solo se estaba divirtiendo con ellos.

 

-También es April Fools –recordó a sus compañeros –lo único que podría agregar es que antes de encontrarme con el huevo vi pasar algo… pequeño pero muy rápido, fue una mancha borrosa que recorrió el pasillo en un segundo, no me dio el tiempo siquiera para distinguir su color pero después de haberla visto pasar me encontré con el huevo –era evidente que aquella figura tenía algo que ver con todo aquello pero ¿Qué era?

 

La discusión no pudo continuar porque una serie de gritos y risas ascendieron desde el vestíbulo de la entrada al castillo –Otra victima – sonrió el ojiazul

 

Los cuatros bajaron hacia el primer piso donde el griterío era más fuerte, siguiendo las voces y risas estridentes se encontraron con el origen de todo aquel escándalo. Un mago y una bruja luchaban contra lo que parecían ser monos de papel o mas bien la mujer luchaba pues el hombre solo de destornillaba de la risa con la escena.

 

Un pequeño mono de papel paso corriendo cerca de ellos llevando en sus manos el sujetador de la bruja. –Monos pervertidos – conteniendo la risa el pelinegro sacó la varita y apunto a las degeneradas criaturas – Immobulus –

 

El efecto fue inmediato, las figuras de papel cayeron al suelo privadas de movimiento. Se apresuró junto con su madre y prima a poner en pie a Melrose.

 

 

@ @ @@Ania Evans Weasley

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Ni siquiera sabía cómo es que había llegado a aquel corredor, aunque no podía quejarse ya que era su culpa no estar tan familiarizada con aquel castillo. Sus constantes idas y venidas habían mermado su poco conocimiento del vasto lugar por lo que siguió deambulando hasta toparse con una serie de cuadros en el que destacaba uno en particular.

 

La mirada acerada que Pandora Evans regalaba a sus “vecinos” era algo nuevo para Lily, especialmente si recordaba la última vez que le había visto, el día de su boda cuando su madre le había entregado el retrato en miniatura del que había sido su padre. Así que con cautela e intentando no interrumpir del todo la animada chachará se acercó hacía la pared, tocando con las yemas de los dedos el fino marco.

 

- Tanto tiempo… madre – susurró más para sí, intuyendo que aquella mujer de cabellos azules le escucharía. - ¿Breve período, dices? – contestó con sarcasmo mal disimulado antes de fijar la vista en la pálida tez de su interlocutora.

 

No sabía si reír o llorar, o si por el contrario marcharse y dejarle hablar sola sería una respuesta ante aquella infame pregunta, sin embargo, opto por morderse el labio inferior mientras una pequeña sonrisa se formaba en la comisura de su boca.

 

- ¿Por qué? – Inquirió desviando la mirada que comenzaba a empañarse - ¿Por qué nadie me aviso de lo que te pasó? – inquirió con cierto reproche. – Tan mala hija fui que todos creyeron que no valía la pena decirme – afirmó con las cejas fruncidas y una expresión de dolor palpable en su níveo rostro. – No sabes cuánto te necesite cuando Tom se marcho… cuando estuve a punto de abortar al ser enviada al pasado por una demonio… cuando Maximilien nació en España y por poco moría del shock y depresión…

 

Un amargo regusto invadió su boca al terminar de decir aquello, puesto que no le gustaba mostrarse tan vulnerable, y menos aún frente a aquellos cuadros chismosos que harían de su relato el hazmerreír del castillo en cuanto ella se marchara.

 

Paciente espero la respuesta de Pad*** distrayéndose un poco en el guardapelo de lapislázuli en su cuello.

 

 

 

 

 

*** P.s. BTW Para mí siempre será Padosa :rolleyes: :rolleyes: :rolleyes:

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-Edward- exclamé mientras me abrazaba a mi primo -Estoy mucho mejor en comparación a la última vez que vine- respondí sonriente.

 

Asentí ante la pregu ya de mi tía y pide notar que efectivamente las canicas estaban desapareciendo de a poco, así también la música iba bajando el volumen y el humo era cada vez menos denso. Entonces me percaté de que era una broma en la que todos habíamos caído y empecé a reírme imaginando como había sido la caída de Edward y la sorpresa de tía Bel.

 

-Entonces es una broma- me sostuve por el pequeño hombro de mi pobre elfina.

 

-Nosotros también caímos- dijo ella con su voz ronca nada divertida y eso me hizo reír aún más.

 

-Rayos Brina, caímos en una broma y vaya broma.

 

Mientras reía escuché que el Evans dijo que había otra víctima y corrimos hacia las voces, grande fue mi sorpresa cuando vi a dos personas en el corredor. La escena era demasiado cómica y no pude aguantar mi risa al ver a la mujer en el suelo y los monos con su sujetador.

 

- ¡Por Merlín!- dije entre carcajadas y me recoste está vez por el hombro de mi tía, sentía adolorido el estómago de tanto reirme así que tuve que inclinarme sobre el levemente mientras seguía riendome y mis lágrimas que ya brotaban de mis ojos dejó notar que ya no podía más con tanta risa.

 

-Basta por favor- decía mientras Edward se deshacía de los monos.

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Mel notó enseguida que los monos no le hacían más cosquillas. Todavía resoplando a la par que Richard agitaba su caja toráxica en incontenibles sacudidas de hilaridad aunque ya guardando silencio, tomó agradecida la mano amiga que le ofrecían para poder incorporarse. Había conseguido mantener la túnica por muy poco, pero lo del sujetador ya no tenía arreglo. El mono (al parecer) líder, lo tenía sujeto en alto en su diminuta manita, delatando el color blanco y modelo de copa con bordes de blonda. Mortificada, Mel intentó ignorarlo, yendo enseguida a recuperar su varita de un mono cercano.

 

―En serio, muchas gracias ―fue lo que dijo entre dientes para Edward, antes de alejarse.

 

En cuanto tuvo a Meows entre sus manos, la varita soltó un sonoro estornudo (su varita solía hacer eso seguido), lanzando al aire un montón de chispas. Debido a ello, Mel tuvo que esperar todavía unos segundos antes de agitarla para hacer desaparecer el maldito sujetador. Sólo entonces, volvió a dirigirse al resto.

 

―¿Qué fue eso?

 

Su tono, era más bien resignado. Entendía que había caído en alguna clase de broma, pero mandar monos pervertidos le parecía que era pasarse cuatro pueblos. Si éstos hubiesen llegado a arrancarle la túnica...

 

El pensamiento hizo que dirigiese una fugaz y furibunda mirada a Richard. Sin embargo, Mel no era persona de guardar o desarrollar rencores. Se plisó la túnica, se aseguró de desaparecer a los monos también y soltó un suspiro, intentando parecer normal.

 

―Sólo veníamos de visita y nos topamos con todo esto ¿saben? Era un huevo enorme y dorado el que nos aguardaba aquí en la entrada ―otro suspiro― aunque... vimos una sombra que pasó a toda velocidad luego de entrar... uhm... no estoy del todo segura pero...

 

Mel frunció el ceño ¿sería que sonaba como una loca o no lo había imaginado en realidad?

 

 

Pandora S. Evans McGonagall

Cuadro del pasillo

 

La figura en el cuadro, a pesar de ser pequeña, es capaz de demostrar expresividad: lo que su rostro delata es dolor.

 

―Siento mucho que hayas tenido que sufrir por mi causa ―la mirada de Lils, le recuerda a su vez la mirada que Madeleine le diera en su lecho de muerte. Hay una mezcla de resentimiento y pesar en ello. Culpándola a ella y a sí misma―. No te culpes por lo que ha pasado, fue una decisión que tomé con egoísmo ―aunque sus palabras están cargadas de sentimientos viejos y arraigados, no se mueve de su asiento y por un instante, aparta la vista hacia las llamas que titilan en la chimenea de una esquina del cuadro, antes de devolver la vista y continuar―. Así que justamente por eso, deseo tener esta charla contigo, no quiero que seas infeliz.

 

Sólo entonces Pandora se incorpora, llevando todavía entre sus manos el cáliz con la sangre. Es curioso, porque no necesita tales cosas para sobrevivir en su actual situación. De hecho, es un cuadro por lo que ¿es Pandora o tan sólo un fragmento de lo que ella fue? Aún así, toma un sorbo antes de seguir paseando por el cuadro, arrastrando la capa y la túnica oscuras por la alfombra persa.

 

―Sé que debí protegerte pero fui débil ―recuerda todavía cómo había caído en la torre derruida de los Evans McGonagall. Había perdido el sentido de sí misma por completo, luego de haber atravesado un largo pasillo en ruinas y haber visto el reflejo de príncipe Godric en el espejo. Mucho antes de eso, el demonio Mordred había ya convertido su cuerpo vampírico en el de una niña debilitada y temerosa pero todavía dependiente de la sangre, atada por la tentación de tener al fin una posibilidad de morir y no tener que vivir su inmortalidad, así como el mentirse a sí misma, diciéndose que Mordred la amaba y que entonces más valdría dejar de una vez por todas una existencia de seiscientos años que muchas veces le había resultado funesta― no tuve en cuenta cuánto las amaba.

 

No se refería sólo a ella o Madeleine. Ania, la propia Catherine... todas habían tenido sus propias vidas y ella no había tenido la fortaleza para continuar al lado de todas ellas. Incluso con su hermano, Richard. Él había aceptado la verdad desde muy pequeño, de aquello que sus padres eran en realidad, unos asesinos y no magos de bien. Pandora, por el contrario, se había negado a creerlo hasta el final.

 

―¿Me odias Lillian? ―preguntó entonces la figura del cuadro volviéndose, con la copa sostenida con ambas manos, una tomando la vase y la otra haciendo de soporte a un lado― Quiero poder ayudarte ―explicó con brevedad―, no importa si me odias antes o después, siempre que puedas estar bien con ello y ver hacia adelante. La vida humana... ―sus palabras se asfixiaron por un instante, como si hubiera perdido el sentido de lo que iba diciendo― es corta ―concluyó.

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Remando en nuestro ataúd, volveremos, volveremos

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Y… si, ¿daba la vuelta? Me cuestione mientras mis pasos siguieron andando sin poder responder a esa pequeña interrogante que llevaba semanas torturándome. ¿Por qué me resultaba tan difícil dar la vuelta y marcharme? ¿Por qué? Me repetí internamente conforme la cercanía al que fuera mi hogar en muchas ocasiones dejaba claro que está vez no huiría, incluso cuando una parte de mi lo deseaba, secretamente.

 

Con un suave movimiento negué mi propio desazón ante las repuestas que había obtenido al estar fuera de todo ese mundo. Una vez más reí por lo graciosa que debería verme ante los que pasaban a mi lado, pero en realidad eso poco me importaba. Había llorado, me había perdido, destrozado, callado, negado, humillado… Y mil cosas más por seres que al final no deseaban ser salvados, pero jamás había visto mi rostro detenidamente en el espejo.

 

Cuando finalmente estaba frente a la puerta de aquel imponente castillo, recorrí con la mirada la entrada y no pude evitar divisar a unos pasos de mí un huevo dorado, tan brillante y llamativo que recordé un viejo adagio: “La curiosidad mato al gato”. Mordí mi labio inferior por breves segundos antes de estirar la mano derecha y rozar con la yema de los dedos lo que seguramente terminaría siendo una mala idea.

 

Y no me equivoque…

 

Un grito agudo escapo de mis labios carmesí al tiempo que una gruesa liana, salida de quien sabe dónde, me había atado de piernas y manos. Llevándome a su antojo al interior del terreno de la familia Evans, sólo era capaz de gritar y forcejear por la tan inesperada bienvenida. –¡Ayuda! –Conseguí proferir justo cuando esa misma enredadera cubría mi boca y me dejaba a su merced.

 

Y por más que intentos por zafarme de aquella extraña situación en la que estaba, no lo conseguí hasta que el piso bajo el vestido magenta, desapareció y fui a dar directamente al único cuerpo de agua presente en la propiedad, un ¡no! Ahogado murió en mi garganta… Mi cuerpo quedo cubierto por agua y sólo fui capaz de ver el cielo sobre mí.

Editado por Kutsy Stroud Lenteric

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Edward

 

 

-Todos y cada uno de los presentes hemos caído en esas bromas… misma estrategia un simple pero llamativo huevo dorado colocado de tal manera que se ve totalmente fuera de lugar y llame la atención una vez que alguien llegue a rozar su superficie… bueno ya vimos lo que pasa – suspiró el pelinegro.

 

-Por lo menos ese o eso no ha repetido las bromas, premio por el ingenió – sonrió Edward mientras se guardaba la varita en el bolsillo del pantalón –Tenemos que buscar la forma de atraparlo… es muy veloz para siquiera saber de que se trata pero algo se nos va a tener que ocurrir, no podemos continuar así – no serían los primeros ni los últimos en caer en aquella trampa.

 

Y como si alguna especie de destino irónico lo estuviera escuchando un grito desgarrado de auxilio llegó desde el patio seguido después por un fuerte SPLASH.

 

-La piscina – un escalofrío recorrió su espalda antes de que todos salieran corriendo al exterior.

 

El sol ya se encontraba alto calentando todo con una agradable tibieza que prometía un día espectacular pero nadie tenía ojos para admirar la mañana. ¡Alguien se hundía dentro de la piscina!

 

Llegaron apresurados hasta el borde de la misma, alguien mas rapido que el ojiazul logró hacer emerge mediante magia a la bruja. En aquel momento Edward no la pudo reconecer pero una vez estuvo acostada sobre el césped verde del jardín y el se encontraba agachado a su lado tratando de liberarla de las cuerdas que la tenían inmovilizada la reconoció.

 

Era Kutsy la madre de su ex novia Andrómeda, sabía que a su vez era ahijada de su madre por eso no le sorprendía verla en aquel lugar.

 

-¿Te encuentras bien? –preguntó a la bruja preocupado –Se están pasando de la raya… esto ya dejó de ser gracioso podría haber muerto –razonó en voz alta.

 

 

@@Kutsy Stroud Lenteric @ @@Ania Evans Weasley

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Escucharla no aliviaba su pesar. Desde que Bel no había querido contarle el “accidente” o lo que hubiese sido que pasara con ella, la sensación de abandono y culpa no le habían dejado. Ella había sido el último ejemplo a seguir con el que contaba después de la partida inesperada de su madre adoptiva, por lo que al regresar con Maxi en busca de ese amor maternal solo la tragedia le había recibido.

 

- ¿Infeliz? - musitó apartando la mirada azulada en la chimenea que se encontraba en aquel cuadro – Tengo un hijo por el cual velar, y aún me quedas… tú –susurro volviendo a tocar el marco con las finas yemas de sus dedos.

 

Sabía que se engañaba a sí misma tomando en cuenta que aquel cuadro solo era una reminiscencia de lo que Pandora Evans había sido, de la humanidad que le había rodeado siempre…

 

- A decir verdad, se que nos amabas – devolvió, tratando de sonar sincera – Y es por eso que estoy aquí, para saber si realmente tu me odias a mi por haberme alejado, por no haberte hecho caso, por perder el tiempo con alguien que al final no lo valió – esperaba que aquella mujer de cabellos azulados siguiera igual de receptiva, porque incluso volver a mencionar el nombre del padre de Max aún le costaba.

 

Entendía lo que Pad decía y a lo que se refería y la verdad es que esperaba que la simple acción de prestarle atención ante toda aquella bola de cuadros chismosos respondiera su pregunta.

 

- ¿Ayudarme? – Pregunto un tanto sorprendida, clavando su mirada en la de su interlocutora - ¿Cómo puedes ayudarme? La vida humana es corta pero por más perdidos que estemos… siempre vale la pena seguir adelante, no importa cuando desolador sea.

 

Un sabor amargo repto por su garganta, sin embargo mantuvo el control impasible de sus facciones.

 

 

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Editado por Lillian Potter Evans

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Aquel ataque de risa había durado unos largos minutos, mi cara estaba roja como un tomate y mi abdomen dolía horrores pero por fin me había calmado. La bruja, Mel, ya había recuperado su varita y los monos habían desaparecido. Yo respire profundamente y me acerqué a los recién llegados para saludar.

 

-Hola Mel, soy Ania, mucho gusto- le saludé con un beso en cada mejilla antes de dirigirme a Richard, que al igual que yo acababa de recuperarse de un ataque de risa -Tio Richard, tanto tiempo- le sonreí y luego lo saludé de la misma manera que saludé a su acompañante.

 

Estábamos analizando los recientes acontecimientos cuando escuchamos un grito proveniente del patio y todos corrimos hasta el lugar.

 

-¡Kutsy!- dije en un hilo de voz preocupada por mi mejor amiga, había aparecido en la piscina, y mi primo tenía razón, podría haber muerto, las bromas ya no eran graciosas.

 

Ayudé a Kutsy a incorporarse y luego pedí a Brina una toalla y ropa seca.

 

-Aquí tienes, espero que te quede mi ropa- le sonreí - no te abrazo todavía porque estas mojada- le expliqué a la pelinegra con una mirada pícara, bromas que sólo nosotras entendíamos - me alegra verte, ya no te alejes- dije la última frase con un tono de reproche y luego hice puchero - bueno, cambiate mujer que no quiero que te me enfermes justo Ahora.

 

Deje que Brina la acompañara y luego me dirigí a los demás presentes -tenemos que parar esto, no puede seguir así, tenemos que hacer algo, tienen idea de cómo podemos atrapar a esa cosa que deja los huevos?- pregunté

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Si bien la sensación del agua cubriendo mi cuerpo no resultó tan desagradable, ni mucho menos sentir la ropa mojada contra la piel… Lo que realmente me había detenido por un momento el corazón fue la posibilidad de que aquella liana me arrastrara al fondo de la piscina, sin embargo, sabía que estaba en la Evans y eso jamás permitirían ocurriera. Si en algo se caracterizaba esa familia era su predisposición a ayudar tanto a los suyos como los que no lo eran.

 

Así qué me relajé y disfruté de la vista que el agua me otorgaba, aunque esta fue corta ya que mi cuerpo fue arrastrado fuera del alcance del agua, para ser puesto sobre la hierba. Me tomó algo de tiempo reconocer el rostro del mago que había venido en mi auxilio. No podía creerlo, era Edward, aquel joven que cortejara a Andrómeda, –mi hija–, pensé antes de responder a sus preguntas –gracias –dije primeramente dejando que mis pulmones disfrutaran del aire puro que me rodeada.

 

Y sí, estoy bien –miré su rostro, el cual me arrastro a recuerdos que ya no dolían y tampoco importaban –¿Quién…? –No pude terminar de formular mi pregunta por la calidez y la preocupación de una voz que sencillamente jamás olvidaría –estoy bien –reí, quizá presa del shock, no lo sabía, o tal vez porque su presencia confirmaba que mi regreso traería consigo cosas muy buenas –te prometo jamás volver a desaparecer –añadí cuando la pequeña elfina me ofrecía una toalla.

 

Me alejé sólo un par de metros y después, tras meditarlo, me quedé quieta mirando a los presentes, antes de que la pequeña criatura me insistiera, una vez más, a continuar mi marcha hasta los aposentos de mi amiga, decliné su petición, –¿Brina, cierto? –Le cuestioné, al tiempo que me inclinaba a su lado y le susurraba –te importaría traer la ropa aquí –Brina me miró con desconcierto primero a mí y luego a Ania que hablaba con los demás familiares –por favor…–le pedí con una sonrisa.

 

Volví nuevamente a la escena del crimen, ya que en realidad se discutía sobre que mi “bienvenida” no había sido del todo divertida si no más bien peligrosa –¿quizá deberíamos buscar una gallina gigante? –solté de pronto, cuando Brina aparecía, con ropa nueva y me la entregaba –espero que no les importe, pero si gustan cerrar los ojos me cambiaré justo aquí… –dejé que la toalla que me cubría callera al piso y me quité el vestido esperando que me dieran un poco de privacidad –no es por nada pero no deseo volver a encontrarme con un nuevo huevo dorado –dije como quien no quiere decir que tiene miedo.

 

@@Ania Evans Weasley @@Syrius McGonagall @ @

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Mientras compartia en la cocina de los Evans McGonagall con @@Syrius McGonagall , paso algo a mucha velocidad cerca de donde estabamos. Syrius lentamente se acerco a aquello, luego me aproxime yo. Se trataba de algo parecido a un huevo.

 

Luego de un buen rato de tratar de entender, nos dimos cuenta que se trataba de una broma. Bel también se acercaba a corroborar aquello.. Luego Lilian y así poco a poco algunos Evans se reencontraban.

 

Hablando de reencuentros, mi hermana hermosa Ania llegaba también. Al verla mis ojos se alegraron, hacia bastante tiempo que no le veía y fue una hermosa sorpresa que nos reencontráramos aquí en nuestra casa.

 

-- ania hermana! Que gusto! Como estas?-- le dije a la hermosa mujer y me acerque, bese su frente y tome sus manos.

 

@@Ania Evans Weasley @@Kutsy Stroud Lenteric @@Lillian Potter Evans @ @

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