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Fabricantes de Mentiras (MM B: 95760)


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Llegar a ellos no era nada sencillo, pero el hacerlo solía siempre brindar una respuesta gratificante. Aquellos eran maestros del engaño, verdaderos fabricantes de mentiras (como el propio nombre de su negocio anunciaba), se encargaban de ofrecer soluciones a problemas de a quienes que supiesen encontrarlos, aunque la hazaña valía la pena. A decir verdad, su actividad era un secreto a voces, varios sabían de su existencia, pero muy pocos lograban localizarlos.

La forma más simple era ser recomendados, tanto por uno de los miembros de aquel clandestino grupo como por un cliente anterior, la más compleja era la mera coincidencia o el seguir instrucciones en el aire que difícilmente llegaban a concretarse. El caso era que el servicio brindado por los fabricantes era prácticamente un "lujo", no por el costo ya que se adaptaban al poder adquisitivo de cada uno, sino por las dificultades de llegada ya descriptas.

Por supuesto, no estaba a la vista de cualquiera la fachada del local, había que ser precavidos. Era una anticuada librería la que se mostraba a la comunidad, en la que cualquiera de ellos montaba guardia para evitar intromisiones de extraños. Polvorientos libracos anticuados y ya sin mucho uso, acomodados en estanterías que llegaban hasta el techo, de las cuales importantes telarañas pendían, era todo lo que veían aquellos que transitaban incautos por el callejón.

El frente era de renegridos ladrillos, usual en todos aquellos locales ubicados casi al finalizar el Callejón Diagón, de hecho casi en el inicio del Knockturn. El polvoriento cartel que encabezaba la tienda decía "Libros usados, compra y venta de aquello que ya no te servirá" y era así, lo que se comprara poco serviría. Era el modo de mantener a solas el local, mientras se trabajaba con tranquilidad en su trastienda. Apenas una placa de bronce, desgastada por el tiempo y varios hechizos con ese cometido, daba a quienes llegaban con la pista que aquel era el lugar. Las letras en relieve de aquella placa rezaban: "Fabricantes de Mentiras".

Era eso lo que eran, verdaderos maestros del engaño y la simulación, o de eso les gustaba alardear. Claro estaba que su oficio era complicado, sin embargo las fallas eran pocas. Contaban con muchos empleados, de distintas características, los cuales participaban con gusto de aquellos operativos que casi siempre involucraban un gran despliegue.

¿Cuál era el modo de contratarlos? Para empezar debían serles pacientes, puesto que cada situación era distinta y se necesitaba evaluar los detalles para idear un procedimiento. Quienes querían llegar a ellos debían, tras tener conocimiento de la existencia del grupo, acercarse al local para dejar su pedido en el quinto libro, del décimo estante de la séptima estantería. En la nota debían incluir datos respecto a su persona y los involucrados, así como la familia de la que era integrante, su número de bóveda y demás datos de interés.

Se resolvían problemas de todo tipo, desde simples notas que justificasen faltas al trabajo, hasta situaciones mucho más complejas, que involucraran actuación de varios miembros o empleados y despliegues importantes de todo tipo de indumentarias y elementos. Solo era cuestión de darles tiempo a involucrarse y estar dispuestos a todo para concretar el pedido, sin importar los gastos o pedidos que por aquel fin se hiciesen.

El sitio de trabajo de los fabricantes era amplio, una enorme mesa de trabajo se centraba en una blanca habitación, cuyo piso era de mármol negro, contrastando con el techo y las paredes. Alrededor de la mesa, sillones de alto respaldo se acomodaban a distancias prudentes, de algunos de ellos pendía alguna prenda u objeto olvidado por sus ocupantes. Un biombo al fondo, descolocado teniendo en cuenta la seriedad que la estancia podría haber adquirido de ser una sala de reuniones normal, pero muy acorde a la función que realmente tenían aquellos sujetos.

Un perchero con la más amplia variedad de sombreros se hallaba al lado de aquel biombo, al otro lado del mismo, había un armario cuyas puertas no podían permanecer cerradas debido a la cantidad de ropa que guardaba en su interior. Aquellas piezas de indumentaria no eran las únicas que resaltaban entre la monotonía que la habitación podría haber ostentado. Insólitos objetos se esparcían por el salón, de lo más inesperados: desde utensilios de cocina hasta juguetes e instrumentos musicales.

La mesa que se centraba en la escena era ovalada, de pulcra madera oscura. Sobre ella había cuadernillos y anotadores de diferentes tipos, plumas y tinteros de variados colores y candelabros esparcidos para variar la luminosidad.

Del lado contrario al armario, había una gran chimenea, de mármol blanco y usualmente encendido. Una vasija de arcilla, con símbolos anticuados que la adornaban, contenía los polvos flu, necesarios para poder trasladarse desde ella hacia donde fuera necesario. No era raro ver gente entrar y salir a aquel sitio, con vestimentas estrafalarias y fuera de contexto, pero todo allí tenía su lógica. De hecho, de lógica todo se trataba.

PROPIETARIOS

~ Elvis F. Gryffindor — (Expediente)

~en busca de propietarios~

STAFF (equipo de trabajo junto a propietarios)


Caleb Dixon
Anciano de 87 años. Fue un mago casado, con tres hijos y se dedicó tanto al Ministerio de Magia como a un par de negocios que tuvo en distintos países, entre ellos Francia, España, Bélgica y Alemania. Se convirtió en un gran coleccionista que logró preservar parte de la magia de cada uno de éstos lugares, objetos extraños y cosas que guarda con bastante recelo. Todos sus hijos se desenvolvieron en la vida personal y enviudó de su mujer hacia casi una década. Por lo que se dedica a pedidos especiales con resguardo ante los ojos de las autoridades.
Su postura es encorvada. Lleva unos grandes anteojos, casi no tiene pelo y su frente es tan arrugada como una pasa de uva. Su vestimenta siempre son oscuras pero elegantes, con sombreros largos y puntiagudos. Siempre lleva sus objetos preciados entre todas ésas telas.





Alianza de Comerciantes (equipo de trabajo entre negocios)

~ ☦Catemaco's Magic☦
~ Ottery Fitness
~ ♫ El Canto de Las Sirenas ♫
~ El Trastero
~ Tamesis Park
~ Bratvá
~ Oscurus Books
~ Sweet Mouth
~ *¨^¨* Diagón Palace Hotel & SPA *¨^¨*
~ Ollivander's

 

*Únete a nuestra Alianza.

Editado por Elvis F. Gryffindor

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Llegar a ellos no era nada sencillo, pero el hacerlo solía siempre brindar una respuesta gratificante. Aquellos eran maestros del engaño, verdaderos fabricantes de mentiras (como el propio nombre de s

-¿Mortífaga?- pregunto con burla al Gryffindor.   No era tonta, cerro su mente con la oclumancia por si el mago intentaba buscar información, en ese caso se toparía con grandes muros que le impedirí

Estaba petrificado. Realmente me había tomado desprevenido por toda la situación. Aunque tenía que decir que en otros tiempos me hubiera dolido ver aquella imagen. Al parecer el tiempo había hecho est

Samantha miró a ambos lados de la calle. En el fondo sabía que aunque alguien la viera entrar allí no podrían sospechar nada. Se suponía que era una tienda de libros nada mas, y ella solía comprar libros. Sin embargo, a pesar de todo, quería ser precavida, al final de cuentas así como ella se había enterado de la verdadera función de ese lugar otras personas seguramente también lo sabrían.

 

- Tranquila -se dijo para si misma- tu aquí no tienes problemas con nadie.- Bien sabía que en el fondo esta afirmación no era cierta y su vida en el mundo mágico había sido una innumerable seguidilla de idas y venidas. Sin embargo, lo que la llevaba a pedir ayuda era su antes tan apreciada vida en el mundo muggle.

 

¿De verdad Jack creía que ella estaba haciendo experimentos con seres humanos? Sabía que nunca había tenido fama de muy escrupulosa pero nunca pensó que la creyeran capaz de una cosa así. Sin embargo lo había oído, bueno, no ella. En realidad lo había oído Johnny, pero no tenía por que no creerle.

 

Fue hasta la séptima estantería, contó los estantes. Ahí estaba, el décimo. Tomó el quinto libro y dejó un papel con sus datos, aunque obvió el tema de la familia. Ni siquiera sabía si pertenecía a la familia Ollivander y de todos modos, ellos no tenían nada que ver con su "problema".

 

Volvió a poner el libro en su lugar y se dirigió a la puerta. No tenía idea de que vendría ahora.

 

 

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Mi muñeca ardió. Corrí mis mangas y allí estaba, la pulsera que me indicaba que alguien había entrado en el local y necesitaba atención. Giré sobre mis talones y desaparecí, rumbo al local donde trabajaba en mis tiempos libres. Cuando aparecí, lo hice dentro de una de las salas, solo los propietarios iban a hacerlo, porque de ésa manera, podríamos ir y venir y trabajar desde la clandestinidad.

Cuando salí de entre las pequeñas oficinas, de las cuales eran 3. Y había una gran sala de estar en el fondo, el cual usábamos para debatir entre los que trabajábamos en aquel equipo de personas. Salí y pude ver a dos personas. Uno era el señor Dixon, que se estaba acercando a la bruja rubia, recibiéndola y esperando que la visitante le dijera a qué había llegado. Pero justo había hecho mi aparición, asi que no era necesario.

Señor Dixon, quiere preparar todo atrás, creo que Samantha necesita que hablemos en un sitio más privado —comenté, agradeciéndole al viejo, el cual, se anticipó ante los hechos y fue a acomodar un poco atrás. El último visitante lo había recibido yo mientras les preparaba una taza de café y Caleb le recomendaba algunos clásicos de la literatura americana. El viejo desapareció y miré a Samantha con una sonrisa—. Que bueno volver a verte, Samantha. La última vez no lo recuerdo. ¿Hogwarts? ¿Ministerio? Como sea… ¿En qué puedo ayudarte?

 

@Samantha Sokal

 

 

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  • 2 meses más tarde...

«Caleb Dixon», recita Ellie para sus adentros. Una vez más, sus ojos recorren rápidamente el callejón; la nieve yace bajo la pálida luz de la luna, con sólo un rastro de huellas recientes. Las puertas y ventanas están trabadas, para proteger los negocios del frío. Aquella vieja librería de segunda mano, también aparenta estarlo... pero ella sabe muy bien que no es así. El lugar está abierto, por lo menos para las personas indicadas. Como se lo hizo entender aquel anciano mago, ella es bienvenida ahí. Ahora es una de ellos, es parte del concilio. Pero no sonríe. En realidad, está asustada, no entiende cómo fue capaz de llegar tan lejos. Está jugando con fuego, y si no tiene cuidado...

 

La puerta se abre con un chirrido. Normalmente esperaría a que alguien la atienda, pero la noche es fría y no quiere ser vista en las calles.

 

La reliquia funcionó. Ellie no demoró mucho en, disimuladamente, probarla con Rhiannon y comprobar su historia —aunque logró ver parte de su naturaleza, aquella fatídica noche en que le reveló su secreto—. Oficialmente, reconoció que quedaba en deuda con Caleb pero también que podía tratarse de una persona de fiar, por lo menos en lo que al negocio se refiere. Por eso, está ahí aquella noche. Tiene que demostrar que ella también es una persona de fiar.

 

Bajo el umbral de la puerta, se sacude la nieve de las botas de charol y se quita el grueso sobretodo gris, quedando en una de sus habituales túnicas negras. Por fortuna, el interior se conserva cálido.

 

—¿Hay alguien aquí? —llama, pues no se atreve a avanzar más.

 

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sins don't end with tears, you have to carry the pain forever 

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Los pies de Caleb se detuvieron de golpe y una biblioteca vibró a su lado. Eso provocó que lo mirara extrañado, levantando una ceja. Había estado enfrascado en aquellos pergaminos que había tomado prestado del Cuartel de Aurores, ya que me estaba poniendo un poco al dia. El viejo mago parecía que le hubieran golpeado con una sartén enorme. Movió la nariz, como oliendo y se disipó como si fuera una sombra.

Escuché que se abrió la puerta y eso me obligó a restarle importancia en definitiva de los papeles que ya no entendía de qué eran. Dejé la pluma a un costado y me puse de pie, en el momento que entraba Eileen Moody allí.

Ey, Eileen. Si, soy. ¿Ocurre algo? —pregunté acercándome algunos pasos para quedar en medio de ésa especie de vestíbulo. Aunque no era un vestíbulo. Era una sala pequeña con cientos de libros dispuestos en estantes. Algún que otro objeto decorativo, sillón viejo y unas lámparas que alumbraban todo con una luz blanquecina pero tenue.

Automáticamente pensé que se encontraba en problemas. Por su rostro, parecía que buscaba algo. Luego pensé que se trataba de algo de la Orden del Fénix, ella siendo una Demon Hunter tal vez podía pedir ayuda o la necesitaba. Pero no estaba seguro ahora que me acercaba para saludarla.

 

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Mientras Samantha se encontraba en el lugar vio entrar a Ellie. ¡Por los dioses! ¡Lo último que quería era que la encuentren allí! ¿Y si la bruja escocesa sabía a qué se dedicaban en ese lugar? A Samantha le gustaba pensar que no le importaba lo que la gente dijera de ella, pero su vida muggle era un secreto que no pensaba compartir con cualquiera. Aunque.... no estaba segura de si Ellie conocía su doble vida.

- Elvis -se apresuró a responder con una sonrisa un poco tímida- si. En Hogwarts. fuiste mi profesor de duelo- maldita sea, otro tema mas del que no quería hablar. Eillen Moody no podía enterarse de su problema, Elvis Gryffindor no podía enterarse de su estrepitoso fracaso en la prueba del libro de Fortaleza por culpa de no saber nada de duelo. Cerró los ojos. esperaba que esa visita no se transformara en una pesadilla.

 

- Tengo un problema -le dijo a su ex-profesor. Mejor era ir directamente al grano. - No se si ustedes trabajan también resolviendo problemas en el mundo muggle. pero creo que mi problema podría resolverse con magia.

 

En realidad no solo lo creía, estaba segura. de hecho con unos cuantos hechizos desmemorizantes tal vez se resolviera, pero... ¿cuánto duraría en volver a aparecer? Johnny no solía exagerar, si desconfiaban de ella volverían a hacerlo. Además, quién sabe hasta donde habían llegado las habladurías. Lo que necesitaba era una tapadera, una tapadera permanente.

Miró de soslayo a la Ellie y le dijo a Gryffindor.

¿Podemos hablar en algún lugar donde nadie nos escuche?

 

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Al parecer, había llegado una de las primeras situaciones que tenía que resolver y se estaba interponiendo con una segunda. Aún no estaba seguro si Ellie querría ayuda o solamente iba a comprar alguno de los viejos libros, que para eso lo teníamos como fachada. Miré a mi compañera de bando y luego a Samantha, que se había acercado de más.

Claro que si. Detrás tenemos un sitio para hablar —le comenté con una sonrisa. Movi mi varita y dos estanterías se separaron, dejando un espacio entre sí. Y levanté mi mano, señalando ése recoveco. Cuando Samantha traspasara aquello, la llevaría directamente a una de las salas, donde había un par de sillones y una máquina de café. Me volteé hacia la Demon Hunter—. ¿Te molesta si la atiendo a ella primero? Luego podemos ponernos al dia. Mira…

Mientras esperaba que la rubia se escurriera entre la puerta escondida, me alejé unos pasos. Le indiqué a Ellie que podía sentarse por allí, ver toda la librería de antiguos textos de culturas mágicas y otro relacionado con la Universidad y los Arcanos. La sociedad mágica estaba tan interesados en ellos que cualquier cosa servía para venderlos.

Espérame unos minutos. Si deseas puedo pedirle a uno de mis elfos que te traiga un poco de café o whisky. Ya que el viejo no sé dónde se metió… —murmuré aquellas últimas palabras más que nada para mí, ya que sin razón alguna, Caleb había desaparecido.

Aunque aquello último en realidad yo no lo sabia, porque lo que no iba a darme cuenta era que en cuanto Samantha y yo desapareciéramos de aquella habitación, Caleb iba a ir corriendo para con Ellie. No podía darme cuenta de lo que Caleb había hablado con Ellie en su negocio, el Trastero.

 

@@Samantha Sokal

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Samantha siguió a su ex profesor a través del hueco abierto entre dos estanterías y se encontró en una habitación con sillones y una máquina de café. Suspiró, seguramente no iban a ofrecerle algo más fuerte. De todos modos, tampoco habría servido de nada, el alcohol no la ayudaba a tomar coraje.

 

Se sentó mirando hacia abajo. ¿Cómo empezar? Elvis no la conocía, suponía que sabía poco o nada de ella. Hacía años que no lo veía.

 

-Bueno -dijo al fin- llegó la hora de explicar.

 

Levantó la mirada. No creía que Gryffindor fuera a juzgarla, mas bien era ella la que siempre se juzgaba y se condenaba por no sentirse a gusto en el mundo mágico.

 

- He vivido mas de 15 años entre muggles -comenzó- intentando olvidar que soy una bruja. Hice una carrera, me hice una reputación, tengo amigos y aun conservo mi departamento en el Londres muggle. Y quiero seguir así.

 

Eso era lo más difícil de explicar. Qué quería seguir así, quería seguir viviendo una doble vida. no estaba segura por qué pero tenía la impresión de que en algún momento querría dejar el mundo mágico otra vez y para siempre, y quería estar segura de tener un lugar adonde volver. Su hogar nunca estaría en Ottery o en el Diagon, ya ni siquiera consideraba su hogar a Kronborg. Su hogar estaba en en el St Thomas' Hospital y en el apartamento del Soho.

 

- Volví al mundo mágico porque necesitaba aprender a controlar mi magia luego de ... eh... un incidente poco agradable -siguió explicando. Se sintió culpable de llamar "poco agradable" al hecho de haber matado a una persona sin intención, pero aun no estaba lista para contar toda su vida a nadie. Ni siquiera a cambio de ayuda con su problema. Después de todo, su actual problema no tenía nada que ver con la muerte de su colega en Dublín.

 

- El hecho es, Elvis -tomó aire antes de seguir- que aun conservo mi trabajo muggle. Pedí una licencia para hacer una investigación ya que paso mucho tiempo en el ministerio de la magia y en clases, y tengo un par de negocios acá. Pero mis conocidos están sospechando. Y obviamente, no sospechan la realidad, sino que sospechan... y comentan... que estoy cometiendo un acto ilícito -no estaba segura si debía contar que algunos sospechaban que estaba haciendo experimentos con seres humanos.

 

Miró a los ojos a su ex profesor de duelo.

 

-No puedo desmemorizar a nadie porque no sé hasta dónde llegó el rumor. Pero tengo que acabar con eso. Sino la que estaré acabada seré yo -terminó.

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  • 1 año más tarde...

Un gesto de lado se dibujo en su rostro, se alzo el cuello verde por sobre la capa negra, trataba de mantenerse calmado pero la verdad que estaba emocionado y eso tal vez era un problema menor, pero se sumaba a sus otros problemas. El peliverde se puso guantes de piel de dragón oscuros, por precaución se quito todos los objetos mágicos adquiridos en la vinculación con los libros mágicos y los coloco en el bolsillo interno de su capa oscura. En sus manos solo se dejo el anillo de su enlace con Cindy, además de su reloj de pulsera de plata, consideraba que acudir a aquel local, no era riesgoso, ya anteriormente había escuchado de la existencia de ese local en especial, algo fácil para un inefable, pero ahora con la guerra, la situación había cambiado, esperaba el ojimiel no hallar el local destruido por las innumerables explosiones mágicas o los proyectiles búlgaros...

 

Tardo parte de la mañana volver a encontrar la ubicación, aquel pequeño letrero sobre la puerta de acceso donde solo aclaraba que era compra y venta de libros usados, detalle que le gusta al Dracony, ¿vería a su amigo? era muy difícil tener aquella certeza, pero de igual forma acudió, tiene bien recordar lo mucho que le ayudo antaño, de cuando el chico cursaba Hogwarts, le contaría de sus nuevas clases y de sus interesantes locales, si... había mucho que compartir.

 

El hombre cercano a la puerta, le miro con curiosidad cuando el muchacho peliverde entró al local y solo inclino la cabeza en un saludo mudo para aquel vigilante, luego avanzo por el interior, sin duda de a donde ir, pues ya lo sabía y coloco su pedido en el quinto libro, del décimo estante de la séptima estantería. En la nota incluía datos respecto a su persona y los involucrados, así como la familia de la que seguía siendo integrante, más por requerimiento que por otro motivo, su número de bóveda y demás datos de interés. Deposito el libro de nueva cuenta en el estante y como su asunto esta por terminado, se alejo campante y caminando salió del local pensando en que quizá tardaría tiempo en recibir algún comunicado, pero es un mago paciente... bastante y hay otras actividades que lo tienen entretenido, así que se marcho sin gran apuro.

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Si aquel negocio ya pasaba totalmente desapercibido con la fachada tan negra como una noche oscura de invierno, entonces ahora con la capa de polvo que cubría cada centímetro iba a ser totalmente invisible. Hacia meses que Fabricante de Mentiras no abrìa la puerta ante los clientes. Aunque decir clientes era demasiado porque ya casi nadie entraba a un local a comprar librios usados. Pero la fachada había servido siempre. Había entrado en un golpe de ansiedad cuando me había enterado de los ataques búlgaros a la comunidad británica, pero al llegar y ver que todo estaba en orden, me había tranquilizado.

 

Solamente me había encargado de llamar a Caleb para que regresara después de unos meses de vacaciones. El viejo servía de buen recepcionista porque aumentaba las cualidades de aquel negocio y el objetivo que era alejar a todos los que no necesitaban de mis servicios. Abrimos las ventanas, la puerta y aireamos todo un poco. Cuando estaba detrás, acomodando algunas cajas viejas y colocando algunas nuevas, pude escuchar que delante habia movimiento. Hubiera pensado que tan solo era alguien que quería perder el tiempo perdiéndose emtre aquellas hojas viejas y sucias, pero el sistema me alertaba que era un cliente.

 

Acomodé el cuello de mi tunica y me encaminé hacia la parte de adelante. Pude ver un joven de cabello verde, único. ¿Era él? Carraspeé mi voz y avancé hasta la mitad de aquella falsa recepción.

 

Joven Antoni... creí que recién llegaba. ¿Me llamó?

 

Expliqué y llamé la atención del chico que de alguna manera (y no sabía cómo) había entrado a Fabricantes de Mentiras y había requerido de los servicios de aquel lugar. Iba a preguntarle cómo se haía enterado de aquel sitio y quién había sido la fuente que lo había revelado pero era demasiadas preguntas al recién llegado y no quería avasallarlo. Avancé unos pasos hacia él y estiré mi mano para estrechársela. Miré a Caleb y le guiñe un ojo.

 

¿Nos puedes hacer un café, Caleb? Me imagino que te quedas... ¿No? —comenté, esperando que éste me explicara a qué estaba allí. Luego miré a mi alrededor—. Disculpa éste desorden. Justo llegas en el momento que volvimos abrir las puertas después de algunos meses —expresé seriamente.


@@Anthony Ryvak Dracony

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