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Decir que la relación madre e hija no era convencional entre ellas era quedarse cortos. Comenzando porque Luisitha parecía vivir huyendo de cuanto desastre armara. Luisitha Calamidad era madre por cuestiones biológicas más que emocionales, aunque eso no impidiera que Maida se sintiera como la princesa delicada que ella no había criado. Eso de andar matando mafiosos o huyendo de chanzas no era lo suyo, pero suponía que justamente para protegerla de esas cosas, había sido enviada a estudiar tan lejos cuando pequeña. Así que irse a los jalones y corriendo de la taberna, era sólo uno de los pocos días "tradicionales" en aquella relación parental.

 

Maida, enfermiza como ella sola, llegó desbocada a las puertas de lo que parecía ser un Centro de Rehabilitación. ¿Por qué se había detenido ahí? Con Lu jamás se sabía, la peliazul podía haberlo planeado antes de pisar Inglaterra, como podía haber aprovechado un golpe de suerte, como resultase, la menor de los primos Yaxley, se aferró a una de las bancas de la entrada y se dedicó a tomar algunas bocanadas de aire.

 

¿Qué se supone que... —no, pero el alma no le daba para continuar—, ¿eres consciente que podemos aparecernos?

 

Tenía las manos sobre el pecho y la miraba confundida. Tampoco hacía falta tanta ciencia para ocultar asesinatos muggles, y, su mamá solía estar envuelta en líos con muggles. A menos que haya decidido cambiar de opinión y ahora sí, meter a todos en un problema en el mundo mágico.

 

¿Qué pasó? ¿A quién hay que internar o qué? —lo que realmente admiraba de toda ese escena, era que ella siguiera viéndose impoluta y sin preocupaciones— Mamá, ¿ estás bien?

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Decir que la relación madre e hija no era convencional entre ellas era quedarse cortos. Comenzando porque Luisitha parecía vivir huyendo de cuanto desastre armara. Luisitha Calamidad era madre por cue

llorando como una niña agité mis brazos, deseaba que aquella pequeña criatura me alzara entre sus brazos cosa que se negaba a hacer. Refunfuñando siento una tela cubrirme y mojarme para luego nublar m

Entrecerré mis ojos, una figura conocida estaba a escasos pasos míos y reía muy parecido a mi hermano - MAthejkasjk - ¿que dije? Sentía pesada la lengua, y los parpados amenazaban con cerrarse. Intent

iba cargando, dos baldes de agua por todo el C.R.A.A. estaba pensados, y vaya que costaba llevarlos pero debía bañarlos. Debía bañar a mis hermanos. ¿Donde es que estaban? Los largos pasillos del centro de rehabilitación me confundían, todos iguales con esos simples colores en las paredes. Abrí una puerta, y una mujer gritaba amarrada en una cama - Ups - Fue todo lo que pude decir para cerrarla he ir por otra.

Un largo pasillo me encontré, y caminé hasta la puerta del fondo. Al abrirla encontré la oficina de la doctora Latreenah. Sonreí, aquí guardaba sus más poderosas posiones para los más desquiciados del lugar, y sus drogas de consumo propio.

Cerré la puerta, y empecé a abrir cajón por cajón intentando conseguir algo. Un frasco, un frasco con pastillas violetas fue lo que encontré. Lo tomé y lo introduje en mi bolsillo para cerrar todo y salir rápidamente de ahí. Tomé las cubetas y corrí con cuidado, botando agua en el camino empapando cada pasillo por el que pasaba.

Llegué a la sala común, donde aún inconsciente estaba Jeremy en el suelo, tomé la cubeta y la vacié sobre él - Hueles horrible - Le dije, dejando caer la cubeta contra su cuerpo. Tomé la otra, y me fui a la planta donde estaba Matthew, y le lancé la poca agua que quedaba en la otra cubeta - Listo, ya rocié las plantas - Dejé caer las cubetas y me fui a sentar, tomé dos pastillas del frasco y me las tragué. Esperando a que efectos podría darme.

 

 

 

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Editado por Sagitas Potter Blue
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El alter ego de Matthew.

 

Estaba completamente mojado, su rostro se palpo de rabia y no entendía por que estaba lloviendo dentro de C.R.A.A ¿Acaso no habían reparado la gotera del techo? a final de cuentas tenían unos elfos demasiado inútiles a cargo de las personas... Un ruido de lata se escucho mientras las gotas caían desde las puntas de la palmera, saco su cabeza por el costado de la maceta y ahí estaba... ¡Una cubeta! dio un pequeño gruñido y se levanto. Sacudió la bata que llevaba puesta en ese momento buscando que se secara, pero no, no lo logro. Blandió su varita y vistió una nueva, una bata blanca, que media hasta un poco antes de sus rodillas, un estetoscopio sobre su delgado cuello y gafas de disfraz, con un bigote y una nariz super grande.

 

Esperaba que su hermana no se diera cuenta de quien era, ya que aquellas pastillas que tenia en un frasco de cristal parecían ser una especie de somníferos. Encogió sus hombros y jugo con sus dedos con una risa por lo bajo, con ambas manos arreglo su chaqueta y se acercaba a ella, moviendo los brazos exageradamente y con un caminar bastante chistoso.

 

 

ejem llevo su puño serca de sus labios mientras fingía acomodar su garganta. ¿Que hace aquel cadáver en la sala? ¿acaso no te han enseñado que deben ir para el sub-suelo? le dijo y miro la hora en su reloj de bolsillo. Ya es la hora de su almuerzo... Ademas, ¿¡Aquí también esta la gotera!?

 

Patricia, alter ego de Matthew.

 

¡Otro conejo! ¡Denle otro conejo! dio un salto ¿Otro conejo? se pregunto Patricia en los adentros del gitano.

 

Patricia por momentos se apoderaba de la mente, emociones y accionar del joven Triviani. Se encontraba rozando la locura, estaba con una sonrisa tan dura que le dolía mandíbula... Casi no tenia movimiento y su ojo derecho palpitaba, su humor era demasiado bipolar. Simplemente; a veces amaba a todos, era una cuestión de crear paz... Y por otras, solo asesinaba, haciendo a Matthew el culpable de sus fechorías. Patricia era asi, estaba realmente loca y aparecía cuando tenia ganas.

 

¡Hola! saludo a la calva. ¡Ay, un cadáver! llevo ambas manos a su rostro y mordió su labio inferior dando un pequeño grito agudo sacudiendo sus manos. ¿ME LO PUEDO QUEDAR? porfiiiiiisssss. Levanto su tono de voz.

 

Cuando ella tomaba el control, la voz gruesa del gitano se afinaba y su rostro cambiaba totalmente.

 

¿De que se murió? ¿Es contagioso? movió su cabeza hacia atrás y lo señalo con el dedo indice.

 

 

 

 

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"Encuentras mis palabras oscuras. La oscuridad está en nuestras almas ¿No crees?"


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Jeremy se levantó del suelo como si nada ocurriera. Tenía las pupilas dilatas y la escleróticas completamente negras, por lo que el iris azul era apenas un circulito muy pequeño. La sonrisa ampliada al por mayor, mostraba todos sus dientes. Ni siquiera se había dado cuenta que estaba empapado de agua ni el golpe de la cubeta sobre el cuerpo. Estaba pletórico.

 

No tanto como Matthew y el sin fin de emociones con muecas que pasaban por su cara. Aquello parecía un loquero. Hasta la pelada estaba… ¿Durmiendo? ¿Había mezclado pastillas con el alcohol? Madre mía. Lanzando un alarido, Jeremy busco lo más cercano para comer. Si. Estaba descontrolado. Hundió los dientes en un enfermo muggle y llenó toda su boca de la mugrienta sangre impura. Pero cuando hay hambre, no hay pan duro.

 

Al terminar de exprimir como una naranja la desgarrada garganta del muggle, lo lanzó a un costado para seguir su camino como si nada. Tenía el ambo blanco cubierto de sangre, y cada paso dejaba una huella de ella. Se acercó a Matthew más precisamente a su oído para hablarle.

 

-¡Tienes la ropa mojada! -Le gritó como para dejarlo sordo de repente.

 

Luego se echó a reír más de lo normal con una risa estridente nada similar a la suya. Pateo con mucha fuerza el sillón donde Zoella dormía para despertarla y tirarla si era posible. Luego empezó a zarandear como un muñeco de trapo a Matthew/Patricia de las solapas de la bata blanca.

 

-¡Tenemos que buscar las piezas de la llave rota! -Continuó a los gritos - ¡Las partes están escondidas por acá! ¡Abre el cofre de los tesoros! ¡El papel lo dice!

 

Delirio al mil por mil. O por lo menos, el éxtasis que sentía el vampiro en aquellos momentos, eran en parte de él y en parte de algo más oscuro que había llegado a afectarlo. Los Trivianis corrían peligro a su lado.

 

 

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Si, estaba consiente de que podía aparecer tan rápido como desaparecer, también sabia que era una bruja y que podía solucionar en un tiempo todos sus problemas con un estilizado menear de su muñeca, pero las cosas habían cambiado y su identidad estaba en crisis. Tal vez estaba loca, o estaba en medio de una crisis emocional cuyo inicio y final estaban tan difusos como sus habilidades. Ya no se sentía segura con una varita en su mano, ni estando acompañada de otro ser mágico, ni de ninguna criatura viviente en realidad.

 

Dos semanas. Dos semanas ya habían pasado desde aquel terrible suceso que la tenía en medio de aquella crisis.

 

Miró a su hija a un lado de la banca con las manos en el pecho y no supo bien que hacer o que decir. La verdad es que había cambiado, era una adulta ahora, se veía tan capaz, tan madura. A pesar de que los años pasan, como padre nunca te desapegas de la imagen de tus hijos la primera vez que llegan a ti; sus pequeñas manos y grandes ojos iluminados con el asombro de quien a penas a llegado al mundo. Y de pronto los ves allí, frente a ti, independientes y llenos de grandes promesas.

 

¿Qué pasó? ¿A quién hay que internar o qué?... Mamá, ¿ estás bien?— Sonrió y su mirada se hizo borrosa de repente, al tiempo que sus mejillas se humedecían incontrolablemente. su fachada de tranquilidad se había quebrado.

 

—De verdad que te has vuelto una mujercita increíble— No había que ser un genio para notar que Maida no tenía una mínima idea de lo que estaba pasando, pero para hablar con sinceridad, Luisitha tampoco tenía una idea exacta. La tomó de las manos sintiendo la calidez de sus dedos en comparación a los suyos, tan delicadas y suaves, acariciadas con la bondad de la juventud y las acercó a su rostro dándole un beso en ellas.

 

—Has venido a dejarme aquí—Procedió con voz temblorosa y un nudo en la garganta.

 

En ese momento, como si un interruptor hubiese hecho clic en su cerebro, cambió su postura. Soltó sus manos, se secó el rostro rápidamente y se alejó un poco, desviando la mirada hacia un espacio vacío como si temiese incluso ver a su hija, encogió sus brazos y apretujó sus dedos entre si de forma inquieta, totalmente paranoica.

 

—Creo que mereces por lo menos una explicación antes de irte, pero no quiero...— Dudó por un segundo si continuar y sin embargo tuvo la certeza de que su secreto estaría a salvo con ella —Creo que he perdido el control de mi magia...—

 

 

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¿Se había vuelto una qué? ¿Qué había venido a dejarla a dónde? Maida giró el cuello instintivamente y casi pudo ver la silueta de su tío dibujarse entre los arbustos, es más, pudo oír el eco de una risilla macabra por ahí. Claro, dos segundos más tarde tuvo que conceder que eso sólo había sido producto de su imaginación y sus ojos tuvieron que centrarse en su madre. Si, una mujer de la que poco o nada sabía en los últimos años, y que había decidido que su visita formaría parte de un programa de intervención del que Maida no estaba notificada. Menos mal estaba sentada, porque seguramente si las palabras la cogían de pie, se desplomaba. El rápido repiqueteo de su corazón se calmó al sentir sus manos cobijadas por las maternas. Era un intercambio bastante di símil, pero la confortaba igual.

 

Había esperado tenerla al frente miles de veces en los últimos meses, había mucho que contar y algunas dudas internas que aclarar, dudas que quizá sólo a ella pudiese confiarle, sin embargo, estaba ahí, incapaz de contarle nada y encima, a punto de ingresarla a una clínica para tratamiento del tipo psiquiátrico. Se le estaba antojado volver a cursar el Libro de la Fortaleza, eso seguramente era más sencillo. Alzó su rostro, ¿estaba llorando? ¿Y por qué no lloraba ella? Ah si, ya recordaba, el shock.

 

Si es sólo eso, creo que estamos en el lugar adecuado —dijo entonces sin perderle la vista y tratando de ordenar las palabras—, pero, haremos cuánto este en nuestras manos para ingresar y salir juntas de esto. Y cuando suceda lo segundo, te vamos a poner una orden que te impida salir del Reino Unido en al menos un año —sonrió para que la amenaza no se sintiera tan seria, aunque lo deseara con el alma—, y tampoco se vale pedirle ayuda para escapar al tío Orión, que no quiero pagar el seguro de un inmueble como este.

 

Suspiró y se puso de pie, esta vez, segura de no desplomarse en cuestión de segundos. Caminó lo suficiente para tomar a Luisitha del brazo y enderezarla un poco hacia los arbustos.

 

Te prometo que si hay rastros que cubrir, lo haré por ti —susurro cómplice. En los últimos años, se había dado cuenta que por lealtad a los suyo, no era tan benevolente como se jactaba al inicio, y desaparecer a algunos cuantos por el bienestar de su madre, era quitarle un pelo a un gato—. Además, necesito que estés bien por si un día, me toca escoger vestido de novia. Supongo que no quieres que tu única hija mujer se case en un saco de papas, ¿o si? Pero tranquila, ese día aún está un poco distante, no corremos prisas.

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Cerré mis ojos mientras sentía como mi cuerpo comenzaba a flotar, las luces se volvían más tenues y los sonidos más distantes. Los parpados me pesaban, pero no lo suficiente para cerrar completamente mis ojos. Un conejo apareció frente a mi, bastante grande y vestido con una bata. Gritaba algo que no lograba escuchar. Cerré mis ojos y sólo pude mandarle a callar un par de veces.

 

- Es el cadáver de mi hermano, y no, es mio - Gruñí mientras me acomodaba en el incomodo sofá - Murió de... ¿De que murió? - Me pregunté en un tono bajo mientras fruncía el ceño - ¡ah si! Murió por querer ser inteligente y leer - Reí, mientras volvía a recostar la cabeza del respaldar del sofá. Comencé a tararear, una melodía inventada por mi hasta que un exquisito olor a sangre atravesó mis fosas y un estruendoso sonido fue escuchado por mis oídos. Abrí lentamente mis ojos hasta que sentí una sacudida del sofá, gracias a la gran patada que le propinó el rubio.

 

- ¡Oye! ¿Que carajos te pasa? - Pregunté, mientras me paraba sobre el sofá. Lo vi sacudir al castaño y comencé a saltar sobre los cojines mientras gritaba - ¡Pelea,pelea,pelea,pelea! - En una de esas, mi pie se fue haciéndome desparramarme de cara al suelo. Me levanté y quedé sentada en el suelo, a punto de llorar por el gran golpe como si de una niña de cinco años se tratara.

 

Subí la vista, para ver a mis hermanos aún pelearse. Mientras yo, con los ojos llorosos me iba gateando hasta donde uno de los elfos estaba. Cual bebé, le pedí a la pequeña criatura que me alzara en sus brazos y me arrullara.

 

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  • 1 mes más tarde...

Patricia socializando.

¡Oh no! era un nerd. sostuvo su abdomen y hecho a reír.

 

Parecia ser que todos dentro de este establecimiento estaban locos, incluido sus mismos dueños... ¿Acaso no existen controles sobre estas cosas? que c****** estaba haciendo el Ministerio de Magia... Bueno, como siempre seguramente estaban en asuntos más importantes, o los Triviani nuevamente habían sobornado a las autoridades, si, los sobornaron ¡SEGURO!

 

¡QUE ESTAS HACIENDO! empezó a gritar y patalear mientras la loca tiraba de su bata.

 

Estaba mojada, y ahora siendo arrastrada por todo el lugar intentando secar el fluido que recorría el suelo, quien sabe si realmente era agua o eran cosas extrañas sustraídas del subsuelo (?) todo culpa de Jeremy, él había pateado el sillón donde el gorila de Zoella dormía y ahora ella se la habia agarrado conmigo. No es justo, pensaba Patricia, por lo que algo debía hacer.

 

Se quito la bata en intentos desesperados y corrió hasta detrás de un paciente con camisa de fuerza, que estaba parado en una de las esquinas, con la mirada perdida de tanta droga, medicamentos... Lo sujeto e intento lanzarlo hacia donde ellos estaban, lo quería usar como objeto para golpearlos; ¡ERA UNA PERSONA PATRICIA! grito Matthew en su interior mientras esta lo revoleo...

 

Ups... llevo su mano a la boca y rio por lo bajo.

Oigan, yo quiero el cadáver, ¡Me gusta coleccionarlos! grito. ¿Quien me va a detener? ¡lo vi primera! ya luego buscamos tu llave, lo prometo... revoleo sus ojos y cruzo los dedos por detrás de la espalda.

 

 

 

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Nadie notaba la importancia del mapa que los llevaría a un tesoro de valor incalculable. Bueno… eso pensaba Jeremy, pero estaba poseído por algún ente endemoniado que le alteraba el organismo. Los ojos del vampiro se veían negros por la completa abertura del iris. No se notaba su característico color azul. Su cuerpo aún no había cambiado en nada, ya que el ser interno estaba obsesionado con la llave.

 

-¡Maldito inútil! -Grito soltando la bata que antes llevaba a Matthew. ¿O Matthew llevaba a la bata? :o La cuestión era que había querido darse a entender con su hermano por medio de la violencia.

 

No funciono. Con aquellos dos, las cosas simplemente nunca funcionaban como debían hacerlo. Zoella en el suelo lloraba por un golpe y Jeremy aprovechó aquello para lanzarle la bata en la cabeza pelada. Su mal genio pedía que se ahogara con ella, pero no se podía matar a una vampiro de forma tan fácil.

 

Camino para ir a atrapar al gitano que se alejaba. Su objetivo nuevo era darle una paliza hasta que lo ayudará a encontrar la llave del tesoro. Un paciente atado como un matambre se precipitó hasta el Askar que lo devolvió con una fuerte patada en la cintura desde donde venía para que aplastara al lobo.

 

-¿Vas a huir por toda la institución, Matthew? -Le preguntó antes de escuchar las mentiras que decía - ¡Yo te detendré! ¡Lloraras sangre y me serviré una copa de ella!

 

No continúo porque de repente se sintió explotar de furia. Corrió para arremeter contra el Triviani de forma violenta. ¿Quería aplastarlo? Sí, claro. Lo que no sabía es que Patricia estaba en la superficie tomando el control del gitano.

 

 

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Patricia socializando.

¡SI! ¡ATRAPAME SI PUEDES! gritó como una loca esquizofrénica, para chocarse con la pared pocos metros después.

 

Se encontraba en el piso, ahora con ambas manos en su espalda y las rodillas a medio flexionar... Levantó su diestra y la elevo hasta su frente, para apretarla con poca fuerza, demostrando que le había dolido un poco el golpe. Aun asi, Patricia sentia los dolores que Matthew pudiera tener, era su cuerpo. Se incorporó de manera rápida, trás ver que el hermano del gitano estaba aún tras de ella, bueno, él creía que era su hermano, pero la realidad es que Patricia había tomado su cuerpo para jugar un rato, tenían un desequilibrio mental casi igual.

 

¿Sangre? volteó su cabeza, casi en 180° al escuchar esa palabra y luego, copa. ¡Se donde podremos encontrar sangre! exclamó emocionada.

 

Para algo tenían los elfos, ¿no? Patricia se metió en los recuerdos del gitano y de ahi saco una receta, como preparar vino de sangre de elfo... Según él, era delicioso, pero algo arriesgado si el departamento de Criaturas Mágicas estaba por ahí metiendo sus narices y evaluando la condición de aquellos seres mugrosos.

 

No tienes de qué preocuparte, nadie vendrá a fijarse el estado de los elfos, si ni siquiera ven el estado de los pacientes. soltó encogiendo los hombros, nadie le había preguntado, ¿o si? pero ella lo aclaró de todas formas.

 

Parecía un demonio viniendose sobre él, Jeremy corrió y se avalanzo sobre el cuerpo de Matthew, se le formo una sonrisa pervertida, al ver que el rubio estaba en proximidad de su cuerpo, eran deseos de Bayzard, no de ella... Pero cuando él despertara podría recordar lo que hizo con su hermano (?). En qué pensaba Patricia, ¡AH POR EL TESORO! gritó levantando ambos brazos y agitandolos mientras huía de Jeremy. ¿A dónde se dirige? no tenía idea, nadie sabía donde estaba la llave, ni el mapa, ni el tesoro... Tendremos que interrogar pacientes, ellos deben saber algo. se detuvo bruscamente y su hermano lo embistió, tirándolo al suelo.

 

 

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