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~ Mansión Riddle ~


Anne Gaunt M.

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Grelliam M.

La gente cosecha lo que siembra. No puede pensar en una expresión mejor que represente toda esta situación, tanto para él y, aunque no los conoce, está casi convencido de que también lo es o será para ellos que se reúnen en este lugar, que de apoco se comienza a ocupar con personajes que de buenas a primeras no es capaz de recordar si alguna vez ha visto sus verdaderos rostros o si conoce sus nombres y, en cambio, ahora se encuentra aquí como uno de ellos o algo semejante a eso. Porque ciertamente es muy pronto para decirse a sí mismo que es uno de ellos, que piensa igual o parecido, o si es que puede encontrarle un sentido real a los ideales con los que inicialmente se ha construido toda esta organización, en lo que se ha transformado con el paso del tiempo y la forma en esencia que cada uno de sus líderes ha sabido otorgarle. ¿Hacia qué dirección los llevaría Arya Macnair entonces?

Ha entrado a la mansión Riddle silencioso como lo es siempre, se ha escabullido y mezclado entre la gente ahí reunida sin intentar capturar la atención de nadie. No lleva tanto tiempo aquí como para haber presenciado la salida de quien encabezaba a este grupo de personas con anterioridad o para siquiera conocer su trabajo más allá de los alarmantes encabezados en los periódicos, pero de solo escuchar su nombre puede decir que conoce de quién se trata. Aunque no sabe si hubiera tenido el mismo placer de servirle tanto como lo hizo en su escaso tiempo de inquisidor. No obstante, hoy al grupo mortífago lo representa una entidad que es desconocida, pero no menos apreciada, no por nada debía estar a la cabeza ahora, algo o alguien la ha puesto en ese sitio tan importante y aunque se lo cuestiona, el por qué es ella, aprovecha que sigue siendo aún un espectador y observa mejor, con pálidos ojos, que la gente a su alrededor dice mucho más de quien pudiera ser.

Las diferencias de ideas sobre su nuevo líder no son de extrañarse. Hace mucho que no puede juzgarse a sí mismo como una persona perceptiva, mucho menos empática, pero entiende por lógica, el por que tal vez es que Arya está siendo cuestionada en silencio por la mirada de algunos y custodiada por aquellos que le responden con la misma aparente lealtad con la que se repiten esa frase una y otra vez; Semper Fidelis. Pero ¿a quien o que exactamente hacen ese juramento? ¿A Arya? ¿A ellos mismos? 

Las preguntas son inevitables, no porque dude, él ya no hace esas cosas, sin embargo, no puede evitarlo, el querer saber, saciar la inquietud que le provoca la falta de entendimiento.

Un frío sobrenatural recorre su cuerpo adolorido sentado en el suelo de la mansión Riddle donde ha permanecido todo este tiempo recargado sobre un delgado muro de madera observando y capturando para sí mismo este encuentro, se estremece una vez más cuando los vidrios se rompen tras la proclamación de Arya escarchando el suelo a su alrededor con el cristal e hilando promesas de sangre a través de ellos, pero no se detiene y continúa sumergido en su cavilación. 

¿Quienes eran en realidad estas personas y por que les entregaba ahora lo último que le queda de cordura y existencia? Después de tanto tiempo de resistirse, él finalmente ha decidido solo seguir lo que considera que es verdaderamente racional y natural. Era demasiado simple como eso, su brújula moral podría estar descompuesta, sin embargo, ¿qué puede estar mal con ellos si es que su comportamiento es una total semejanza de lo que se ha transformado esta comunidad Inglesa? Son solo una consecuencia más. Cansadamente, como si lo hubiera vivido otras veces, escucha lo que cada quien tiene que decir y aunque no encuentra todavía el como, está de algún modo seguro de que ellos, son algo que le tiene que suceder a este mundo para que pueda seguir funcionando. No pueden ser algo del todo malo entonces, sino más bien necesarios. Sobre todo ahora que los tiempos eran inciertos.

Se mueve entonces, aun sentado en el suelo, arrastrándose apenas para alcanzar un trozo de vidrio que ha caído cerca de él, pero que no lo ha lastimado todavía y admira a través del cristal roto entre sus manos el olor de la sangre de otros. El valor de la sangre en estos días le parece casi tan insignificante que no puede creer que éste sea el mayor voto de lealtad que puede ofrecerle a Arya Macnair. 

Absorto en la imagen entre sus manos, incapaces de herirlo así mismo en nombre de otros y con los oídos ensordecidos por sus propios pensamientos, puede percibir el interés que acentúan las palabras de los participantes en la reunión. Su interés estaba puesto en el ministerio y su nuevo líder, el cual además tiene entendido que se declaraba a sí mismo como un colaborador activo de la Orden del Fénix. Tan solo imaginarlo su boca se tuerce en una sonrisa distorsionada por las cicatrices de su rostro, la idea era casi clara en su mente; lo mejor que pudo haber hecho esa persona para realmente ayudar a su gente era simplemente no haberse entrometido. Aunque es muy temprano en el amanecer como para asegurarlo, pero ¿qué es lo que espera el mismo pueblo sometido que él haga por ellos? 
 

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El bullicio en la parte externa de la reunión era inevitable tanto como insoportable, es decir, Maida entendía que había demasiado ego en en ADN de algunos mortífagos, pero a algunos se les toleraba ese detalle, a otros no, tenían que probar que merecían tenerlo. A sus ojos, Kamra no debía siquiera cuestionar la estancia de Hisy en el recinto, ni tenía el derecho, ni tenía los galones necesarios para hacerlo; pero claro, por otro lado, ella no iba a mover un solo dedo ni a favor, ni en contra, a lo mejor con esa discusión de cariocas se ganaba el respeto de los antiguos. A lo mejor, agallas no le faltaban. Medios sí, agallas no. Arya se mantenía en silencio, y se preguntó entonces si estaba por ejercer alguno de los métodos más curiosos de los líderes y mandarlas callar con un hechizo, clara, contundente, sin derecho a réplica. 

Una Macnair en el poder interno de la Marca no era algo que le sorprendiera, le gustara, o no le gustara. A lo mejor no tenía que ver con el apellido, ni siquiera con la longevidad dentro del bando. La bruja había llegado ahí en busca de un motivo, de un pretexto para no salir de la mansión Riddle dando un portazo, porque, después de todo, ¿quién era ella? La sobrina de Orión, la prima de Aaron, la alguien de alguien. Se había acomodado demasiado bien en el lugar de ser la sombra de alguien y recién ahora le estaba pesando. Años atrás el futuro de la comunidad mágica le importaba tres pepinos, a lo mejor seguía sin importarle demasiado, pero las personas que ella creía proteger con su existencia ya no estaban y eso la había dejado así, casi catatónica. Presionando sus labios para concentrar la atención en eso y no en llorar, en no verse débil. Cualidad que no se le permitía a un mortífago, a un Black, a un Yaxley a un Triviani. Sin darse cuenta, parada donde estaba, se cruzó de brazos y suspiró largamente.

— Bueno, ¿y cuál es el siguiente paso? ¿Tomar el Ministerio por la fuerza? ¿Retomar las máscaras y los incendios provocados? —preguntó a la líder, a todos y a nadie, como si continuara frente al espejo de la Manor—, ¿Por qué seguimos aquí?

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Una sonrisa se dibujó tenue en los labios del holandés cuando vio a la custodia izquierda de Arya desenfundar la varita. Puede que ella no reconociera a mago pero él a Sagitas si; tenía una memoria bastante buena, en parte gracias a Baphometh, y recordaba perfectamente su cabello purpura corriendo por algunas de las habitaciones y laberintos de la Mansión Adler. Pretendía levantar la varita y enviar otro mensaje con destino a la Lugar Teniente cuando sintió la presencia de alguien más, demasiado cerca a él. Otra Macnair se las había arreglado para moverse entre las sombras lo suficiente para estar a escasos metros.

—Sybilla —susurró al tenerla cerca y respondió sin verla aún—, si te cuento mi secreto, tendré que matarte.

El mensaje había llegado a su destinataria y desde donde se encontraba percibía a la perfección como se enrojecían sus mejillas, lo cual siempre le había parecido algo demasiado tierno. El verde esmeralda de sus ojos era lo único que desentonaba con el rojo de su rostro y su cabello. Cuando la pelirroja bajó la mirada y siguió con la habitual tertulia del líder recién proclamado, se pudo volver hacia Sybilla, a la cual repasó de arriba a abajo, cerciorándose de no omitir ningún detalle de su apariencia. Llevó la mano derecha hasta la cintura de la Macnair, justo donde el bordé de su pantalón oscuro terminaba y daba paso a la blusa blanca semi-translucida que de forma sutil pero sugerente dejaba ver un cuerpo perfectamente tonificado, y la acercó hasta él.

Confío en que lo hará bien —susurró delicadamente a la altura de su oído derecho luego de dejar un delicado beso en la mejilla a manera de saludo—. Lleva toda su vida preparándose para un reto como este. Además, es una Macnair, ¿no?

Sintió le tibio contacto de la piel de Cissy sobre el brazo y contrario a lo que habría hecho normalmente, extendió la extremidad rodeándole el torso y acercándola hacia el suyo propio lo suficiente para sentir el sutil aroma a lavanda que emanaba de su piel. Su cabeza era un completo desastre de emociones encontradas y voces atropelladas que parecían entablar una guerra. Baphometh estaba bajo control.

Pero no es @ Arya Macnair la que me preocupa, si no los que la rodean —preguntó a la mujer que tenía entre los brazos—, sé que llevo bastante tiempo afuera pero... ¿Ex Orden del Fénix protegiendo a la Líder de la Marca? Creo que ya he visto todo.

No había estado más equivocado nunca.

 

@ Ericen  @ Rhiann Macnair R.

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Esperaba la respuesta de Arya sobre aquel hombre desconocido para mí. No parecía serlo, sin embargo, para @ Rhiann Macnair R. , quien parecía más atenta a mi reacción que a la suya. Me permití arquear una ceja al sentirme sorprendida por su confusión. ¿Es qué... dudaba... de algo...? La verdad es que aún no había podido cruzar ninguna palabra con ella desde que entré en el bando y menos desde que ascendí al lugar de alto rango que ocupaba en este momento. ¿Qué le sucedía a ella? Siempre habíamos sido amigas, tal vez había hecho algo que a ella no le había parecido correcto.

La llegada de Xell interrumpió mis pensamientos y la mirada se dirigió a ella. No sabía cómo expresarle mi agradecimiento por su apoyo constante y su empuje hacia el bando, cuando yo había perdido el rumbo. Así que, intenté sonreírle aunque ella sufría, como todos, el dolor sobre la marca que había generado la Líder. El orgullo de verla presente quedó diluido con la entrada de @ Helike R V PB  quien, además de llegar tarde, pasaba del protocolo que estábamos siguiendo y lo rompía sentándose y poniéndose a beber, como si el hecho de que estuviéramos presentando a la nueva líder, no fuera con ella.

-- Presenta tus respetos, ilusa -- le dije, en voz entre dientes, aunque sonó más fuerte de lo que hubiera pretendido, en el silencio del acto solemne que seguíamos. -- Tú no me das órdenes. Si tengo la varita fuera, es mi problema y pronto será el tuyo como no te calles. ¿Es qué no ves que estamos reunidos ante la nueva líder del bando, sobrina? ¡Inclínate!

Era evidente mi enfado, que hubiera sido ante cualquier mortífago que se hubiera presentado así, como si nada e ignorando lo que hacíamos, pero el hecho que fuera mi ex-nuera con la que siempre encontraba un motivo con la que enfadarme, me hacía fruncir más el ceño. Arya pareció indicarme que todo iba bien con aquel hombre y desfruncí la cara, algo más relajada, aunque lanzando alguna que otra mirada aún furibunda a mi sobrina.

-- Semper Fidelis -- repetí tras ella.

Permanecí lo más impasible posible, aún cuando ella mencionó la pérdida del Ministerio. Apreté con fuerza el labio superior con los dientes, de manera que no se viera, aunque el ligero sabor a sangre me cercioró de la mini-lesión que me había auto infringido por ello. Me culpaba, sí, ¡maldito fuera El Predicador! Su afirmación que la Orden del Fénix protegía a aquel religioso me sorprendió ligeramente, pero después, el desdén se reflejó en mi cara. ¡Qué bajo habían caído, defendiendo a un muggle para un puesto mágico! Demasiada apertura ideológica para mi gusto.

Noté que no todos los presentes admitían la figura de Arya como líder. Volví a mostrarme impertérrita, aunque mis ojos se quedaban con la cara de los posibles miembros problemáticos. Nadie debía de ir en contra de ella si queríamos permanecer unidos. Parecía mentira que yo estuviera pensando en eso, con lo rebelde que era, pero en tiempos difíciles, es mejor juntar las barcas para pescar que utilizar sedales en solitario, si queríamos llegar a algo. La figura de Maida parecía estar en este grupo. Juve, sin embargo, también estaba a favor de Arya, algo que me tranquilizó. Creía mucho en ella como para verla como una enemiga, así que, por ese lado, también me relajé.

Kamra, a pesar del encontronazo en el exterior, también estaba de acuerdo con el ambiente en general en contra del ministro religioso y sus palabras eran sensatas. Le sonreí bajo mi máscara y me alegré poder contar con su apoyo. En los inicios de cualquier mandato, lo peor es encontrar a los que aún no creen en la líder entrante. Arya les demostraría a todos que se podía confiar en ella. 

Suspiré, no sólo había gente que estaba en contra de Arya sino que además, sentí susurros en contra de que una ex-odefa estuviera en un alto rango junto a la líder. El pasado siempre nos persigue a todos. Al igual que Arya, yo también debería demostrar que era una persona confiable y que mi rango me obligaba a una fidelidad absoluta al bando, como si aquel año pasado entre ellos no hubiera sido bastante.

<< Semper fidelis >>, pronuncié de nuevo tan bajo que no se me oyó, aunque quien supiera saber leer los labios no tendría  ninguna duda de lo que  había dicho.

 

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    -Me gusta estar viva... de nuevo... Así que quizás sea una conversación para cuando vuelva a ser inmortal- susurré a Crowley.

    El intercambio de miradas con Sagitas se había vuelto casi un juego en medio de aquella sala que, por un momento, había quedado sumida en el más profundo de los silencios, primero debido a que Arya los había obligado a todos a inclinarse y, luego, porque ella había comenzado a pronunciar su discurso. ¿Nadie había notado que yo no me retorcía de dolor ni me inclinaba? Sería un enorme misterio para los que sí me habían visto, pero yo poseía un secreto que otros darían la vida por obtener: Arya me debía; ella me había destruído y reconstruído y, al usar su propia sangre en el proceso, había sellado un lazo que, bajo ningún punto de vista, podía poner a una Maestra Antari por debajo de una Discípula. En ese sentido, Arya parecía no poder someterme... pero ella poseía otros métodos mejores, ambas lo sabíamos, algunos que incluso había utilizado alguna vez en su vida contra mí.

    Sentí el brazo de León firme tomando mi cintura y casi había olvidado que aún era humana, porque el pequeño tirón me desequilibró un poquito y mi cuerpo terminó pegándose al de él, sintiendo esa calidez que emanaba. Fruncí el ceño, un poco confundida por un instante, cuando mi habilidad de legeremante se activó por sí misma y sondeó a Crowley... Pero lo que había allí, en aquella cabeza, era confuso. Me costó mucho volver a la realidad del momento, salir de aquel laberíntico torbellino de pensamientos que bullían de forma desigual, apabullante, y centrarme en lo que estaba aconteciendo. Arya pronunciando sus palabras aún, Sagitas gruéndole a quien me pareció era Helike.

    -Semper Fidelis- pronuncié y me volví hacia León-. En efecto, es una Macnair- fruncí los labios. Había algo en la forma en la que lo había dicho que me supo a que me estaba poniendo a prueba. Y, ahí estaba, la pregunta que León había querido pronunciar con aquello de que Arya era una Macnair y las dudas sobre sus elecciones-. Creeme... no has visto nada aún- mi voz fue un susurro demasiado bajo y me incliné hacia atrás para poder ver a León a los ojos mientras hablaba-. Están pasando cosas que se nos escapan. Las lealtades ya no son lo que antes... las cosas cambian, mutan. Me temo, León, que tendrás que quedarte un poco más con nosotros para apreciar realmente lo que está sucediendo en este momento con la Marca Tenebrosa- rocé mis labios contra su barbilla y luego sonreí, viendo que Sagitas parecía haberse quedado totalmente absorta en mí y en Crowley-. No sé qué hace Potter Blue con nosotros, pero la conozco hace demasiados años como para creer que ella sea akguien a quien temer. Es poderosa, sí, pero tiene ciertos principios que no pondrá en peligro- sonreí a la pelivioleta de forma medida y luego volví mi cabeza hacia mi derecha, unos cuantos metros más allá, donde un mago se encontraba sentado en el suelo de la mazmorra.

    -Vaya... lo que nos ha traído la tormenta- murmuré, mirando al mago lleno de cicatrices. Lo había visto ocasionalmente en el Ministerio, más él y yo no habíamos cruzado palabra. Sí me era extraño verlo en aquella reunión. La marca había sido tatuada en él de forma muy reciente.

    -¿Cómo está Mía?- pregunté entonces a León, viendo que seguía con su mirada fija en mí.

    @ Ericen @ Hessenordwood Crouch @ León Crowley

    Editado por Rhiann Macnair R.

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    Abrió y cerro los ojos al ver aparecer aquella cabeza en el aire...segunda ocasión en que el latoso fantasma de Wilson, me cuestionaba porque no acudí al llamado...--¿Cuál llamado?-- Volví a preguntar. Era claro que me imaginaba de que se trataba pero me gusta hacer hincapié en que mi actual condición, era imposible sentir el ardor de la Marca...esto esta siendo una molestia y un problema.

    Gemí en protesta porque de nuevo iba a llegar tarde...estoy pensando que ya el "jueguito" a durado bastante, ya va siendo hora de buscar la solución. Pero sería después de la reunión. La distancia la acorte flotando hasta la mansión Riddle, atravesar los muros sin problema me permitió encontrarme el salón donde se concentraron las y los compañeros. Pero ahora se encontraba una nueva Líder, seguí en mi invisible presencia en ademan de recargarme sobre el muro. Ericen está al lado de Arya, el otro mago no lo recuerdo pero su mirada es de alguien que no duda ni muestra debilidad. 

    Algunos rostros son conocidos, a muchos ni siquiera tenía idea si son o no novatos, mejor era no demostrar curiosidad, ya el tiempo se encargaría de darme más información. Hay quienes no pueden evitar crear roces entre ellos, pueda que sea su manera de "pasar el tiempo", solo los miro, aunque no me preocupa como terminen. Me recuerda a aquella bruja extranjera en el Ministerio, que solía decir: "Se les ha subido la mosca a la nariz" la sola imagen me provoca risa, pero no emito señas de lo gracioso de mi recuerdo.

     Se alza una voz preguntando si marcharemos al Ministerio Mágico..."¡Rayos!...y yo sin poder usar mi varita...¿Seguirá activa esa alarma que suena al detectar entes fantasmales?...lo más seguro es que no, después de todo, cada nuevo Ministro organiza todo a su parecer...

    Ryvak decide quedarse un poco más, pero ahora siente la urgencia de averiguar que sucedió en aquella ocasión en que el Bando fue atacado por sorpresa y él perdió más que la pelea.

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    ᅠᅠApareció en medio de los jardines de la Mansión Riddle, sus cabellos castaños se mecían con la fría brisa de otoño que reinaba en Inglaterra y mientras sus pasos se hacían cada vez más marcados en el césped, la oscuridad que se desprendía de su vestido rápidamente comenzó a disiparse como niebla entre los árboles. La bruja regresaba a los rincones más recónditos de su hogar o lo que alguna vez llamó como tal. Muchas cosas habían cambiado en su ausencia, los años acrecentaron problemas y como consecuencia, requirió de mucho esfuerzo, recomponer las piezas dentro de su cabeza. Lo había perdido todo, y al mismo tiempo, lo había ganado todo. Años habían pasado, y sabía que, la manera más descarada de volver, era en medio de una revolución... pero venga, ¿acaso sería una Macnair si no causara alboroto su regreso?
     
    Con un rápido movimiento por parte de su mano derecha, abrió las puertas de la Mansión y sin esperar recepción alguna, se sumergió por aquellos largos y oscuros pasillos, siguiendo el hilito de voces que tiraban de ella sin siquiera escocerle la Marca en plenitud. Eso sí, había un hilo en particular que jalaba a su corazón, a su alma y a su razón. Era aquella conexión, que sabía, que mientras más cerca se encontraran, más desgarrador significaría verse cara a cara. El taconeo resonaba contra la madera, emanando aquel eco fantasmal de un muerto viviente emergiendo de los confines del Averno. Y antes de hacer su entrada final, se quedó cual sombra, oyendo el murmullo de traidores, subestimando la capacidad de una mujer que lo daría todo para mantenerlos a salvo. Aquello le hirvió la sangre, pero no iría a causar un escándalo... aún.

    ¡Vaya, vaya, vaya! Buena noche a todos, al parecer mi invitación fue devorada...

    Irrumpió de golpe mientras iba haciéndose paso entre los presentes, su rostro yacía cubierto por la máscara Mortífaga, aquella que creyó abandonaría para siempre y que hoy, por obra del destino, volvía a portar con orgullo. Enseñando su perfecta dentadura blanquecina, fijó su venenosa mirada en algunas personas, y antes de revelar su identidad, se acercó a @ Arya Macnair

    Semper Fidelis.

    La miró a través de la máscara, y antes de dejarse derrotar ahí mismo por los frenéticos latidos de su corazón, con ayuda de su varita, esfumo su 'protección', dejando al descubierto aquel fino rostro de porcelana que tanto le caracterizaba. Sus ojos expresivos y llenos de vida, parecieron sonreír en conjunto con sus labios. Sin embargo, no la abrazó ni la tocó... sabía que el respeto que ella pudiese entregarle a su hermana, en aquellos momentos, serían cruciales para darle la fuerza que sabía le faltaba. Pik no estaba con ella, con ellas. Su ausencia escocía, pero Juliette había decidido volver, y esta vez, no la volvería a abandonar.

    He vuelto.

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    Lo había visto, luego de aquella noche en los calabozos de la Torre Negra, sabía perfectamente que tras mi ascenso y la partida de Aaron el bando se vería dividido entre aquellos que depositaban su fe ciega en mi y quienes cuestionarían mis métodos ¿Pero quién no? los que poseían buena memoria podrían ver en mis ojos el atisbo de vida que dejé en La Orden del Fénix, mi mente carecía de recuerdos aunque sospechara del pasado, habían sido antiguas y poderosas Líderes las que se encargaron de borrarlos para preservar la seguridad de sus miembros; Black quiso creer que no se equivocaba conmigo como lo hizo con Elvis. Una punzada me atravesó el costado.

    Flanqueada por dos magos de renombre, para mi, inflé el pecho y desanudé los siseos que intentaban confundirme antes de que se transformasen en la nociva voz de Pik. 

    La visión había sido clara, aunque al compartirla con Mael éste no estuvo muy convencido de a qué se refería. Sumergí los pies en un mar completamente negro, la oscuridad lo consumía todo a mi alrededor. En un momento dado, las aguas se separaban —¿Me entienden?— olas revoltosas arremetían contra mis rodillas intentando hacerme caer, gotas saladas me salpicaban el rostro y caían como lágrimas por mis mejillas. Despertaba cubierta en sudor, con la varita en la mano queriendo asesinar todo lo que se moviera a mi alrededor, más siempre lo supe, sería difícil el trayecto de ahora en adelante. 

    Doliendo las miradas, los desdenes y demás, alcé mmi varita, la marca tenebrosa se retorcía sobre piel tan blanca. Di la señal, tanto @ Ericen  como @ Mael Blackfyre  copiaron mi accionar. 

    —Sonorus. Exclamé, me oirían desde las habitaciones hasta centímetros de la entrada secreta a la mansión subterránea. La noche nos protegía, así como los encantamientos que la bruja Lugarteniente hubo lanzado luego de su conversación con Hisy. Pues sí, yo lo sabía todo en aquellas inmediaciones. 

    —Esta noche que nos precede advertiremos nuestro regreso ¡Lo he visto! pero no todo lo que brilla es oro, resulta casi imperativo que el llamado de La Marca Tenebrosa hará resurgir hasta al último de sus enemigos... Sí, oyeron bien y saben a quiénes me refiero, se los ha visto, sin ir más lejos ¡Fenixianos confesos ante la comunidad mágica irrumpiendo en mi propia morada, la casa de los Macnair! 

    Casi escupí las palabras finales, con desprecio. Una falta de respeto

    —Alcen sus varitas, Mortífagos, pues de aquí en más saldremos a recuperar lo que es nuestro— y aunque en parte me refería al ministerio, mis palabras e intenciones remitían a cosas puntuales —A lo largo de la historia, desde la primer caída de nuestro Señor tenebroso, Lord Voldemort, el Ministerio y sus distintos departamentos se han encargado de arrebatarnos objetos importantes y preciados. Libros antiguos, joyas, varitas, pergaminos, todo lo que se consideró "maldito" fue expropiado. Pues hoy lo recuperaremos..

    Del brazo de mi túnica voló al centro de la sala un rollo de pergamino lo suficientemente extenso como para darle una vuelta y media a la cintura de cualquiera de los presentes. Un chasquido de dedos y éste reveló los apellidos de Aurores y allegados que, supuestamente, habían sido designados guardianes. Y mientras todos leían y reconocían en algunos casos su propio apellido o el de algún familiar, amigo o cónyuge, Ericen y Mael susurraron al unísono, una y otra vez, hasta que apuntando con la varita en la dirección del techo me les unía.

    —...Ascendio!

    El suelo bajo los pies comenzó a vibrar, los cristales temblaban temerosos a partirse, una densa nube de polvo se desprendió de la mueblería. La tierra se abría como una madre en plena labor de parto dejándonos resurgir. Los hechizos anti oídos indiscretos protegería el ascenso de la mansión que, con el poder de tres fuertes magos, se colocó en medio de un jardín verde a medida que los escombros se transformaban en ceniza y colmaban el cielo de nubes grises —pronto llovería sobre Londres— los árboles crecieron, la cerca delimitó la salida y con completa majestuosidad La Mansión Riddle era bañada por una plateada luz de luna. 

    Sería el sello de mi legado, devolverle la gloria al bando. Y mientras sostenía los cimientos, los Lugartenientes avanzaban para dar los toques finales. Quien quisiese unirse era bienvenidx, pues así terminaríamos más rápido con el interior.  

     

     

     


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    No se me escapó que aquel desconocido (no dudaré en saber su nombre, ¡por Merlín!, odio no poder llamar por su nombre a la gente y aquel desconocido se estaba tomando demasiadas licencias para ser un nuevo en el bando) tomaba a Cissy por la cintura. Sin poder evitarlo, busqué a Hades entre la gente de la reunión, aunque desconocía su máscara y no podía saber si estaba o no aquí. Mi amiga me sonreía y, aunque estaba confusa con lo que sucedía en su rincón, sentí cierta sensación de aceptación y de complicidad, algo que me agradó y me relajó un poco. No mucho. Aquella reunión estaba siendo tensa en conjunto. Además, sentí el frío de una presencia fantasmal cerca y yo, de momento, sólo conocía a mi marido Jack, alguien que dudaba estuviera cerca, después de la pelea porque no le gustaba mi ascenso en el bando. No lo malinterpretemos, Jack no estaba de acuerdo ni con uno ni con otro bando, sólo conmigo; pero le molestaba el riesgo que corría en este bando tenebroso, adquiriendo un rango de lugarteniente, temiendo que ese orgullo para mí acabara en algún ataque a la mansión,  poniendo en peligro a los niños. Como si él fuera el único que pensara en Ithilion, Akira o Elentari.

    Había un fantasma y me sentí pura ignorante de la Mansión Riddle y de las pertenencias de la Marca, a pesar de llevar ya un año en el bando. Tal vez demasiado ocupada en el Ministerio como para investigar locales y lugares y anécdotas del bando... Pero ahora, en medio del silencio, otra persona se acercaba a nosotros. Más bien dicho, se acercaba a Arya.

    -- ¿La conoces? -- le susurré. 

    Por su reacción supuse que sí conocía a aquella muchacha de piel de porcelana y de ojos tenebrosos, cuando se sacó la máscara. Otra desconocida, otra a quien mantener en la memoria. Me disgustaba no conocer a los miembros del bando que había jurado proteger. Eso tendría que acabar pronto, debía aprender nombres y máscaras para saber quienes eran y acudir a su llamada en cuanto tuvieran algún problema. En cierta manera, era lo que había asumido al aceptar aquel rango de Lugarteniente. ¿Quién iba a confiar en mí, sino, de ser unos desconocidos para mí? Tenía que solucionarlo y se acercaba el momento. Arya hizo el gesto y miré a @ Mael Blackfyre , esperando que él estuviera tan atento como yo.

    La líder ordenó subir las varitas y yo lo hice al instante, apoyando su acción. El "Ascendio" costó, uní mi hechizo al de ella y sentí que Mael hacía lo mismo. Entre los tres, conseguimos, unidos, hacer lo que parecía imposible: lzar el bando al exterior, fuera de los sótanos en la que se hallaba escondida. Con ello demostrábamos nuestro apoyo sin dudas a la nueva líder Arya Macnair para levantar el bando y estar ahí siempre de sustentación, de puntal con el que dirigir el bando. Mi rostro buscó entre los que estaban presente y me fijé en todos, en los que apoyaban a la líder a levantar el edificio y sacarlos a la luz de la noche plateada; en los que dudaron por un instante en sacarlo y pareció que lo hacían por inercia, más que por convencimiento; en los que parecieron mirar a otro lado e incluso en los que le miraban a la cara, sin hacer el mínimo esfuerzo por enarbolar la varita; pero, sobre todo me quedé con los rostros que faltaban, aquellos que ni se habían dignado venir para mostrar o no su apoyo a Arya.

    Fue un esfuerzo de conjunto. Sonreí, orgullosa de los presentes que habían levantado su varita junto a la nuestra. Seríamos un gran bando y empezábamos ahora; en este momento, la nueva hora de los mortífagos.

     

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    Su cuerpo se materializó delicadamente dentro de los jardines de la mansión. Relajó los músculos del cuerpo y examinó el terreno. Al parecer las cosas se encontraban tal y como ella las recordaba o al menos eso era lo que parecía. Después de un largo viaje, sentía enormes ganas de ver a los suyos. Podía sentir el olor a césped recién cortado, quien estuviera a la cabeza aquellos días había logrado mantener el orden que aquella gran mansión demandaba, situación que la relajaba bastante. 

    Comenzó a dar pasos rápidos pero decididos, se abrió paso por la puerta principal hasta explorar unos cuantos pasillos que a pesar del tiempo lograba reconocer perfectamente como las palmas de su mano. Un ligero tono de voz resonó en sus oídos, voz que se le hacía sumamente familiar, al tono comenzaba a unírsele otras voces que no lograba identificar del todo, situación que la hizo arrugar un poco la frente. Siguió aquellos murmullos hasta dar con ellos, al parecer habían varios cuerpos ahí reunidos. 

    Intentaba ferbilmente evitar que los latidos de su corazón a un ritmo anormal la desconcentraran, respiró hondo discretamente mientras  se abría paso entre los presentes.

     

       Bueno, su peor pesadilla ha llegado finalmente   Exclamó dirigiendo su mirada hacia Arya, que al parecer, las noticias que había recibido eran ciertas y eso la llenaba de orgullo al verla.

      Siento la demora, pero saben que llegar a tiempo no es mi estilo  

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