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— Mansión de la familia Rosier — (MM B: 114377)


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──────── HISTORIA FAMILIAR ────────

 

Sabrán lo que nosotros queremos que sepan. A quién sea que le preguntes, te dirá que los Rosier fueron una de las familias poderosas de sangre pura pertenecientes a los Sagrados 28, más influyentes y temidas no sólo por sus prácticas constantes de las artes oscuras, si no que, por su lealtad casi exagerada frente a la ideología de Lord Voldemort y sus vasallos. Sin embargo, un secreto familiar se halla oculto bajo esas capas de elegancia francesa y delicadeza que muestran con tanto esmero a través de sus jardines llenos de rosales. No me interesa que sepan lo que ya saben, lo que conocen ahora en la actualidad. No. Yo quiero que sepan la verdad detrás de las sombras, la verdad de la familia Rosier.

 

Nuestra historia se remonta por allá en el siglo XVII, en la esplendorosa Francia del Rey Sol, cuando se vivió uno de los episodios más oscuros de la historia de la brujería. Más de 300 personas, muchas de ellas de alta alcurnia, demasiado cercanas al rey, fueron inculpadas, por cómplices e impulsores de las más terribles actividades brujeriles. Una mujer, impasible, imperturbable, fue detenida a las puertas de una iglesia. Conocida como la Voisin, fue quemada viva por sus reiteradas actividades lucrativas relacionadas con embrujos, elixires, ritos de magia negra, abortos, asesinatos y envenenamientos. Catherine Deshayes, nacida en la Francia de 1640 y casada con el joyero Antoine Monvoisin, tuvieron a una hija llamada Marie-Marguerite Monvoisin que, a pesar de haberse salvado gracias a su astucia y habilidosa lengua afilada, tiempo después de la ejecución de su madre y muerte natural de su padre, sería encerrada tras las rejas por crímenes parecidos, pero sin un juicio al cual acudir y por el cual ser condenada a muerte.

Marie aprendió de brujería a una corta edad, si bien es cierto, que por sus venas corría un don especial heredado de su madre, también lo era, que, para una época tan ignorante, cualquier habilidad que hiciera a una mujer más inteligente que un hombre era considerado brujería. Volviendo al punto, Catherine, su madre, inició sus actividades como curandera tras la ruina de la joyería de su marido y sostuvo la economía familiar con la lectura del futuro a partir de los rasgos faciales y de las manos. Pero la fama de su madre se fue extendiendo a medida que sus sortilegios y embrujos parecían surtir el efecto deseado. Sus conocimientos de medicina y de hierbas y ungüentos la hicieron famosa hasta el punto de que un reguero de mujeres y hombres acudían diariamente en petición de ayuda. Sin embargo, lo que comenzó como métodos inofensivos que iban en la búsqueda de la ayuda al pueblo, pronto se convirtieron en extrañas fórmulas que hacían desaparecer en incomprensibles circunstancias a aquellos que amargaban la vida de sus desesperados clientes.

Las misteriosas muertes por intoxicación que se sucedían en París en aquellos tiempos hicieron sospechar a la policía de que aquello no podía ser obra de una sola persona ni fruto de la casualidad. El 8 de marzo de 1679, Luis XIV ordenaba la creación de una corte especial conocida como al Chambre Ardente y dirigida por el teniente Nicolás de La Reyne, que intentaría dilucidar aquellos supuestos y extraños crímenes. Tras unas cuantas detenciones, le tocó el turno a La Voisin. En 1679, tras asistir a la misa del domingo, Catherine fue detenida. Durante el proceso, nombres cercanos a la corte del rey provocaron aún más problemas a los investigadores. Uno de esos nombres era el de la favorita del rey, Madame de Montespan, quien, según La Voisin, había sido cómplice de sus actividades demoníacas en más de una ocasión. Sin embargo, aunque aquel secreto se hubo guardado, fue condenada a ser quemada viva el 22 de febrero de 1680, castigo que se cumplió en la plaza de la Grève a manos de un verdugo que muchos afirmaron había sido su propio amante.

La muerte de la Voisin, apodada después, como la reina de las brujas, desató la lengua de los demás acusados. Muchos de ellos volvieron a nombrar a la favorita real, esparciendo historias vergonzosas de pueblo en pueblo, en señal de venganza por lo que el Rey había hecho. Luis XIV intentó sin éxito quemar todas las pruebas inculpatorias contra su favorita, sin embargo, fue un rumor que corrió de boca en boca durante un largo tiempo.

La joven Marie-Marguerite Monvoisin, creció con una creciente ira por la muerte cruel de su madre, y luego del fallecimiento de su padre, creó una pequeña secta junto con varias socias femeninas de Catherine, que comenzaron a causar ruido en varios pueblos pequeños de Francia, concentrando su última bomba en París en señal de venganza. Sin embargo, como era de esperarse, fueron detenidas y recluidas en Belle-Ile-en-Mer, salvándose de un juicio y de la condena a la horca, por la lengua afilada de la hija de la reina de las brujas, que amenazó de tener pruebas irrefutables sobre la colaboración en los ritos satánicos de la favorita del Rey.

Poco se supo de Marie luego de su encarcelamiento, historias de diferentes índoles corrieron con el tiempo, algunas contaban que había muerto carcomida por la locura de sus demonios, en otras que se había convertido en la amante favorita del Rey, también que se había reivindicado y convertido en monja, y así un sinfín de historias. Pero esas, mis lectores, son solo rumores. Ningunos ciertos ni cercanos a lo que realmente ocurrió.

En enero de 1687, las mujeres en Belle-Ile-en-Mer se les concedió pequeños paseos vigilados por soldados en los bosques más cercanos, para que recogieran hierbas e hicieran medicina, una forma de prestar sus servicios de magia blanca al reino de Francia. Sin embargo, en el invierno más largo y oscuro, Marie se separó del grupo y se encontró con un hombre que le cambiaría por completo la vida.

 

El ángel caído Rosier, considerado el demonio patrono de la contaminación del amor y la seducción, uno de los oficiantes de menor rango que escaparon del infierno por sus constantes juegos y desobediencias. Apareció convertido en un enorme cuervo de plumas negras tan brillantes y suaves que no generaban más que deseo por ser abrazadas por ellas, frente a los ojos de Marie, que, ya a esas alturas se hacía llamar la bruja oscura. Miedo no fue lo que tuvo cuando lo vio, algo inimaginable, algo que ni su propia madre pudo alguna vez mostrarle o contarle. Miedo no tuvo, no. Ella se le acercó como una doncella, estiró su mano y palpó con sus dedos percudidos el plumaje del ángel, lo acarició como si fuese un cachorro, le susurró la belleza que veía en sus colores y lo mucho que había esperado por ser encontrada por el ángel de la muerte.

 

Rosier se enamoró profundamente de la bondad y la honestidad de Marie, y la ayudó a escapar a cambio de una cosa; su alma por toda la eternidad. Así fue como Marie pasó a llamarse Morgana, y en conjunto con el ángel, huyeron lejos de Francia y ambos se asentaron al sur de Inglaterra, específicamente en al ahora conocido condado de Wiltshire. Como Rosier era una entidad de los infiernos, tuvo que apropiarse de un cuerpo ajeno, un francotirador estadounidense llamado Victor Talbot que huía de un pasado inquietante que amenazaba constantemente con alcanzarlo (su condición de hombre-lobo), por lo que el ángel, para cubrir la identidad del hombre pasó a llamarse Velkan, y en conjunto con su esposa Morgana, decidieron fundar una familia. La familia Rosier.

 

Es conocedor en la historia que Wiltshire fue un pueblo gobernado por daneses en el año 878, y que a pesar de la conquista normanda que llevaron a la corona y a la Iglesia a esparcir sus conocimientos, sus actos crueles, restos arqueológicos y pruebas contundentes nos indican que los celtas gobernaban sus tierras desde muchísimo antes. Y que ya, a esas alturas de la historia, ya existían familias de magos de alto renombre en una pequeña comunidad mágica a ocultas de las personas ordinarias y que alababan a Dios; los Volant, los Trouche y los Lestrange.

 

Curiosamente todos provenían de la Francia antigua, pero ninguno de ellos supo cuáles eran las verdaderas raíces de este peculiar matrimonio Rosier. Con el paso de los años, la fortuna de ambos creció a pasos agigantados, sus prácticas, conocimientos y compromiso con la seguridad de su pueblo los llevaron a fundar varias comunidades a lo largo de Inglaterra, Escocia, Rumanía e incluso llegando a los Estados Unidos. Ya en esos años existía la conocida escuela de Hogwarts, una que fue fundada por cuatro ejemplares hechiceros que se dieron cuenta de la crueldad del mundo, la crueldad de los que ellos apodaban muggles.

 

Morgana y Velkan, eran demasiados adultos como para asistir a una escuela de Magia, sin embargo, sus roces con las familias de la comunidad les permitieron conocer diferentes criaturas que les educaron en las artes que ellos practicaban de una manera casi arcaica. Aprendieron bastante rápido, se instruyeron en diferentes áreas aún cuando no dejaran atrás ciertas costumbres que los hacían ellos y nadie más. El antiguo señor Ollivander le confeccionó a cada uno una varita especial, ambas hechas de madera ébano, pero con diferentes núcleos, al final de todo, la varita es quién elige al mago, ¿no? Morgana fue tocada por la fibra de corazón de dragón, y Velkan, por las plumas de un fénix.

 

Sus primeros primogénitos fueron los gemelos Razvan y Rasmus Rosier, siguiéndole tiempo después Saxa, Vidar, y, por último, la pequeña Isolde. Todos asistieron a Hogwarts y todos fueron seleccionados en la casa de Slytherin. Si bien existe un rumor de que Isolde estuvo a punto de caer en Gryffindor, las historias se disiparon con el tiempo luego de encontrar en una carta antigua lo feliz que estaba por ser parte de las serpientes de Salazar. Las historias siguieron corriendo, las grandes descendencias, el poder…sin embargo, había algo que Velkan no le dijo a Morgana aquel día en el bosque, y es que entregar su alma no significaba solo una firma en algún libro como se cuenta todo el tiempo, darle tu alma a un demonio, porque eso era, significaba sacrificar parte de tu futuro con sangre, sudor y lágrimas.

 

He ahí el nacimiento de la maldición Rosier. La primera mujer en descendencia jamás podría concebir un hijo, a menos claro, con la única y exclusiva condición, de que fuese procreando con ser tan poderoso como lo era Velkan, y que el primer hijo en llegar al mundo, sería un nuevo ser del infierno. Ese sería el sacrificio eterno, la maldición de los Rosier. Fruto del amor entre Marie y el ángel Rosier, a cambio de protección y poder.

 

Y no necesitan saber nada más, mis curiosos lectores, sólo recordar la fortaleza que corre por las venas de cada individuo que nació de un Rosier. He de recordar que hay más poder en sus almas que aquel que demuestran canalizado a través de una vara de madera. Los Rosier son magos y brujas poderosas, capaz de sacrificar lo que más quieren en la vida todo por causa del amor y el poder.

 

 

 

 

 

 

 

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Morgana & Velkan

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Evan Rosier

Druella Rosier

Minette Rosier

Vinda Rosier

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Juliette Macnair Ficha/Bóveda

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Arman Rosier & Salomé (née Volant).

Hijos del matrimonio

x. Isobelle Rosier

x. Killian Rosier

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Hijos de Isobelle.

x. Juliette Macnair Ficha/Bóveda

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Hijos de Juliette

x. Kalevi Grimsditch Black

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Notas: Usuarios en color rojo son familiares sanguíneos.

Usuarios en color violeta son personajes complementarios, primordiales para la historia.

 

 

 

 

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Servicios Ministeriales.

Conexión a la Red Flú:

  • Conexión a Castillo Black.
  • Conexión a Mansión Macnair.
  • Conexión a negocio Pandora's Box Night Club.
  • Conexión a Hospital San Mungo.


Barrera anti-aparición:

  • Los miembros de la familia pueden aparecerse en la sala principal de la mansión y los jardínes de a su alrededor, a excepción de la matriarca que puede aparecerse en cualquier rincón por la seguridad de los miembros. Cualquier persona ajena aparecerá fuera de los límites de la mansión (rejas forjadas que rodean toda la hectárea).

Bóveda en Gringotts.

 

Mascotas.

La familia no posee aún.

 

Objetos.

La familia no posee aún.

Elfos.


Elfos Personales

Draekh (Elfo de Juliette) - Élu (Elfina de Kalevi).

 

 

Squib's de la familia.

 

Helene (Ama de llaves).

Maggie (Dama de Juliette).

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La curiosidad de Antares era enorme decidió ser primera en ver y saludar a los vecinos nuevos , indecisa entre salir de su coche o no la curiosidad de apoderada de ella , las cajas que desenpacaban la atraían más , demonios quienes son la familia nueva no tenía código postal la fachada hablo por si sola , para ser antigua y de gran gerarquia su aspecto era de terror

 

Familia rosier al mirar el credo de la puerta sabía que era una de las sagradas familias que extraño rosier

Agudizo su vos para saludar no espero respuesta alguna una seña de dedo vasto para que mucho su elfo doméstico trajera un regalo de bienvenida para los vecinos nuevos

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u.u nunca mas un juntos para siempre

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  • 1 mes más tarde...
ᅠᅠLos árboles se agitaban con los fuertes vientos de la tormenta, la noche era cálida pero la lluvia no daba tregua, caía como si el cielo se fuese a desaparecer junto con el retumbar de los fuertes truenos y algunas luces de los rayos a lo lejos. Se sabía que no se detendría en quizá cuantas horas, cuando de pronto un fuerte «clap» enmudeció todo relámpago y estruendo, dejando a una fina y tranquila lluvia cristalina: Ella había regresado.

 

Mantenía la gabardina abierta mientras buscaba entre los bolsillos internos la varita de ébano, la cual deslizó con elegancia hasta dejarla bien firme entre sus dedos; marcó sus pasos hasta llegar a las puertas de su hogar por derecho y nacimiento. Y sin esperar bienvenida alguna, reapareció en medio de la estancia, una que lucía la pulcritud de antaño, con flores blanquecinas adornando cada pequeña mesa o rincón.

 

⸺ Madame Rosier.

 

Una sonrisa se dibujó en sus facciones, giró sobre sus tacones y en cuánto vio el rostro de su viejo amigo, se le echó a los brazos; rodeo su cuello con cariño y depositó un casto beso sobre su mejilla. Sentía una gran vitalidad desde su último viaje al otro lado del mundo, visitar el Cairo y llenarse de esa exquisita cultura le había causado una gran emoción.

 

⸺ Me alegra verte nuevamente, Dróvik. ⸺dijo con sinceridad mientras desataba las cintas de su cabello hasta dejarlo al natural⸺ ¿Cómo ha estado mi hijo? ¿Hiciste lo que te encomendé?

 

Sintió como la sombra guardaba silencio y entonces, el semblante de la bruja oscureció por unos pocos segundos, no necesitaba una respuesta para entender que no había enviado a Kalevi a los Estados Unidos, y que nuevamente, se encontraba en esa espantosa escuela en la que Juliette ya no confiaba. Podía entender más no comprender.

 

⸺ ¿El huargo te comió la lengua?

 

⸺ Kalevi tiene un especial cariño por sus compañeros, en especial por Ambar...⸺al no obtener reacción alguna por parte de la castaña, él continuó, deslizándose por su espalda hasta hacerle frente⸺ ¿Vas a separarlo del mago?

 

La bruja suspiró con cierta molestia.

 

⸺ Dime, Juliette. ⸺carraspeó⸺ ¿Volviste o sólo vienes por tus cosas?

 

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de la mujer, quien tan sólo deslizó su mano por el hombro materializado de su sombra y pasó lentamente por su lado hasta posicionarse a sus espaldas. Se acercó a la oreja mientras sacaba las garras y las enterraba ligeramente en su brazo derecho, debido a su naturaleza demoníaca, era la única que podía lastimar a la sombra; ❛Si vuelves a desobedecerme, te meteré en lo más profundo de Trikodripa❜.

 

Mostró el color rojizo en sus ojos y luego volvió a incorporarse, no perdería su tiempo en pequeñeces, no cuando ya sabía cómo controlar cada uno de sus poderes y emociones. Desapareció entre los pasillos dejando un eco en la estancia que se consumió en segundos, necesitaba ir con urgencia a escribirle al mago en cuestión.

 

⸺⸺⸺

 

Con papel y pluma en mano, comenzó a escribir tranquilamente en el sofá color nieve que daba hacia los ventanales largos de su jardín. EL fuego calentaba la pequeña biblioteca y una tetera flotante, rellenaba su taza de café cada que se terminaba; la bruja soltó todo el aire acumulado, había tanto que contar en un lapso tan corto de tiempo.

 

❛ Sr. Black.

 

He regresado a las tierras inglesas de manera fugaz, y debido a nuestro compromiso con el pequeño Black me veo en la obligación de comentarte mis nuevas decisiones. Podría decírtelas por este medio, pero dada las noticias que me han llegado a través de mis cuervos, no podría revelarte nada que expusiera en peligro a tu ahijado. Mi hijo.

 

Queda(s) cordialmente invitado al Castillo Rosier.

No te atrevas a venir con compañía o te corto el cuello.

 

Juliette Rosier. ❜

 

 

 

 

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taba aburrida, pide un deseo.

Editado por Juliette Macnair

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Aaron Black Yaxley & Kalevi Rosier.

 

Llovía incesantemente. En el castillo Black los charcos de agua ya formaban posones en el jardín, se oía el golpeteo de unas ramas y las gotas deslizar en el ventanal a cuadros, única habitación con luz a esas horas de la noche, un despacho, un salón con una chimenea encendida, un escritorio con papeletas apiladas y un cenicero sin utilizar; algunos libros en la estantería terminaban por decorar el ambiente con un toque de la esencia victoriana. Fue entonces que por el umbral de la puerta abierta entró un avecilla de papel, la cuál se posó sobre la fotografía de Kalevi en su primer año, marco que reposaba sobre el sacado de la chimenea.

 

Yo estaba de pie ante el fuego, oyendo su crepitar y ensimismado en mi propia serenidad. Había asumido un liderazgo del cuál mucho no me creyeron capaz, incluyendo a mi madre y su soberbio carácter- su figura, una bruja de lindas facciones, sonreía ligeramente junto a mi padrino, el viejo Yaxley, y sus demás hermanos y hermanas-. Quise incinerar el recuerdo vivo, pero no lo hallé necesario y si en algún momento de la historia me volviese a encontrar con ella, de seguro sería yo su propio temor.

 

Las sombras bailaban entre las facciones de mi rostro, fiel reflejo de la pura y noble casta de los Black; ahora con una pequeña cicatriz en paralelo al párpado izquierdo y otra muy fina que bordeaba la mitad del cuello como media luna; observé la avecilla acomodar las alas y desarmarse como pergamino abierto, por lo que la alcancé en mis manos y sonreí ligeramente ante su amenaza llevando mi diestra hasta la nuca, lugar donde nacía una delgada franja de cabello blanco, contraste absoluto al castaño que mantenía con vigor y que nacía desde el remolino en mi nuca hasta bajar al cuello en forma recta. Era el cambio que había sufrido tras aprender nuevas artes que me llevaron a crear mi primer horrocrux.

 

-¡Nius!- exclamé en la soledad de la estancia, sabiendo que podría estar a cien metros bajo tierra y que el elfo acudiría a mi llamado. No tardó en aparecer.

 

-Amo...

 

-Despierta a Kalevi, su madre está en la isla y quiere verlo...

 

 

*****

No podía mentirme, le había tomado cariño al muchacho- y es que fuera de que hoy en día presidiera a la noble casta mortífaga, mis principios e ideales eran románticos para con la sociedad mágica, la alcurnia y su conservadurismo- quien ya estaba convertido en todo un adolescente o al menos su carácter si había sido forjado, no a golpes y maltratos ¡no era necesario!, sino que el chico comprendía perfectamente el discernimiento entre la pureza, traición e impureza de la magia. Por otro lado, me veía muy reflejado en él de pequeño. Quizás ya estaba cayendo en sentimentalismos baratos como el oso, patriarca de los Yaxley, pero no. Aún sabiendo que la familia era mi máxima debilidad, no encontraba otra manera de preservar mi propio secreto para la subsistencia de magos y brujas, que no era más que el hecho de educar a las nuevas generaciones sobre nuestra prestancia ante el resto. ¡Eramos superiores! y Kalevi lo sabía.

 

-No he visto a mi madre por mucho tiempo tío Aaron, ¿crees que me reconocerá?...

 

- Kalevi...- sostuve al joven Rosier, quien no me llegaba ni al codo pues era todavía un crío. Esbocé una ligera sonrisa.

 

-No te burles tío, no estoy temeroso de que interfieran mis sentimientos, es solo que...

 

-¡Muchacho!. Cada quien es dueño de sus sentimientos, lo importante es controlarlos y saber que con ellos puedes acaparar la mirada del resto. Solo mantén tu convicción de que deben ser utilizados para preservar a nuestra gente y no regalar los conocimientos a gente que no comprende nuestra cultura...

 

-Al muggle...- murmuró.

 

-Al traidor y al sangre sucia...- agregué en advertencia y tras posar mi mano en su hombro, desaparecimos para reaparecer en los jardines de los terrenos del viejo Armand. Me reflejé en el muchacho cuando éste salió corriendo tras su madre, con la única diferencia que cuando yo era niño y venía hasta acá, no era a mi madre a quien abrazada sino a la de Juliette.

 

@@Juliette Macnair

 

OFF: Soy de los primeros en postear, que emoción(?) ! *O* jajajaja. No te pierdas ¬¬ ! con éste rol al menos jajaja

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ᅠᅠTenía las manos entumidas en frío y ni el calor de la chimenea lograba disipar los temblores que surgían más por los nervios que por el hielo de la habitación principal; caminó tranquilamente hasta depositarse frente al espejo y observó, detenidamente, cómo sus facciones habían regresado, esa vitalidad jovial, la inocencia de Rosier que en algún curso de su vida creyó perdida. Sonrió con cierta nostalgia, y es que a pesar de verse a si misma convertida en lo que era hace tantos años, sabía perfectamente que no era ni una migaja de la verdad oculta en su interior.
Oyó el golpeteo en su puerta, no hizo falta escuchar el aviso del elfo, sentía cómo su corazón se agitaba velozmente, ella sabía quién era la única persona encargada de provocar dicha reacción con el solo hecho de pisar los jardines; su pequeño lobo.
Frotó sus palmas una última vez, acomodó las ondas de su cabello y volvió a cubrir su piel desnuda, esta vez, con un largo chaleco azulino que le pasaba los glúteos. Al salir de la habitación, le hizo un gesto a Draekh para que no comenzara a tartamudear y bajó las escaleras con maestría, casi como si saltara tres escalones a la vez ⸺cosa que no pasaba. La elfina del mago apareció en un rayo y le siguió bien de cerquita, tal parecía, que la luz y la buena vibra inundaban la casa con la sola presencia de su hijo.
Lo esperó fuera de la puerta, con las manos reposando sobre su abdomen y en cuánto lo vio correr, se agachó quedando de cuclillas al tiempo que extendía todo lo que podía sus brazos; sujeto al joven contra su cuerpo, enterró su nariz en su cabello, olfateo su aroma, depositó varios besos en el costado de su cabeza, apretujo sus huesos, lo impregnó en su alma.

 

⸺ Mi pequeño lobo, cómo te extrañé. ⸺murmuró por fin, con los ojos bien cerrados y sólo cuando Kalevi se removió entre sus brazos, la bruja decidió soltarle; agradecía que mantuviese esa cercanía con ella a pesar de sus ausencias; él mago depositó sus manos en el rostro de su madre, y apretujó sus mejillas con cariño para luego depositar un beso en su frente.⸺ Mira nada más, te has convertido en todo un muchachito...

 

Miró de reojo al Black.

 

Ya soy un joven, madre. ⸺contestó con la voz más ronca y se volvió a separar⸺ También te eché de menos.

 

⸺ Un joven. ⸺repitió con un deje de melancolía y volvió a incorporarse, deslizó sus dedos por la curva de su barbilla y terminó de darle el afecto que el pequeño lobo merecía; prestó atención al hombre.⸺ Aaron.

 

Habló con seguridad pero sin llegar a ser demasiado hostil, sentía cierto recelo hacia él, no porque no confiara en la protección que le brindaba a su hijo, era más una especie de temor por las influencias que hubiesen provocado en Kalevi. Estaba de acuerdo con la preservación y el cuidado de la sangre mágica, pero no quería que el moreno se volviera sanguinario, frío...

 

Su ceño se frunció un poco y sólo cuando se percató de que Kalevi le jalaba de la manga, y le hacía un gesto de ❛¿De verdad, mamá? ¿No lo vas a abrazar?❜, carraspeó y caminó tranquilamente al encuentro del Black. Se detuvo a solo centímetros, observó detenidamente sus ojos, inspeccionando, intentando colarse en el fondo de su alma y encontrar a su Aaron, sólo cuando él le dedicó una sonrisa, ella se abalanzó con más delicadeza a sus brazos.

 

⸺ Dije sin compañía. ⸺soltó el regaño contra su oído y luego rozó la punta de su nariz por su piel hasta depositar un beso contra su mejilla, llevó su mano derecha al mentón del mago y lo presionó con cariño como hace tantos años.⸺ Sigue con vida señor ex Ministro de Magia, con varios rasguños...⸺hizo hincapié a sus cicatrices y luego susurró⸺ admito que te ves más atractivo.

 

Giró sobre sus talones e hizo un gesto con sus manos para que pudieran pasar a la Mansión, en la puerta, la squib que trabajaba por y para Juliette les esperaba dispuesta a tomar sus abrigos y a cumplir cualquiera de sus caprichos. La bruja esperó en el umbral a que todos entraran, y luego de un chasquido para cerrar la protección, volvió a la oscuridad del hogar.

 

A-Amo Kalevi, que alegría verlo.

⸺ ¡Kalevi!

 

Murmuraron con emoción tanto Draekh como Élu, mientras se daban pequeños empujones con los codos y movían sus orejas de un lado a otro; Juliette dejó que su hijo tomara las riendas en el asunto y se alejara a atacar los panecillos de la cocina, para luego volverse al mago e invitarle a pasar a la biblioteca de Armand, su querido y difunto abuelo.

 

⸺ Hice algunas restauraciones, conservé todos los documentos, escritos, investigaciones y libros de mi abuelo, incluso hay vestigios en algunas páginas de anotaciones que mi propia madre hizo.

 

Comentó con la mano apuntando a diferentes rincones de la estancia.

 

⸺ También es una de las habitaciones más seguras de toda la Mansión, nadie puede oír lo que se hable aquí y es por eso que te he traído...

 

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Editado por Juliette Macnair

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Aaron Augustine Black Yaxley

 

Cuando el muchacho se abalanzó contra su madre sentí cierto resquemor, un resentimiento celoso de no haber tenido el mismo cariño cuando tenía su edad, cuestión que duró un par de pasos mientras me encaminaba sereno al reencuentro con la bruja; los pliegues de la túnica victoriana ondeaban al compás de mi determinante andar y las manos se sujetaban con aire solemne por mi espalda. Posicionado tras Kalevi, encontré la mirada de Juliette y esbocé una sonrisa ligera que fue correspondida con un abrazo que me dejó estupefacto. Brazos abajo, demoré un par de segundos hasta que finalmente reaccioné y le cobijé torpemente con el perfil hundido en su cabellera. El fresco aroma me recordaba a Isobelle.

 

-¿Debería haber dejado al chico en casa?...- bromee mientras miraba hacia ambos costados, demostrando que no venía con nadie más. Entonces la bruja presionó mi mentón, provocando que ladease el rostro pues tampoco estaba acostumbrado a tales muestras de afecto- no ha sido fácil, me han llegado rumores de que una vez terminado el mandato buscarán cualquier cosa para llevarme a juicio mágico...hay brujas y magos que jamás comprenderán la supremacía que ostentamos por el simple hecho de practicar magia...- acoté, queriendo sonreír ante su comentario, más solo atiné a llevar un mechón de su cabello por detrás de la oreja-... y sí, las heridas que fueron hechas con magia oscura o la mala intención sobre ella, siempre dejan marcas...- agregué mientras holgaba el cuello prusiano de mi túnica, mostrando otra fina linea que bordeaba el cuello en una medialuna- ¿entramos?...

 

Una mujer extendió sus brazos para que depositara cualquier pertenencia, pero yo iba sin abrigo; sin embargo agité la varita apuntando a mi ahijado, quien si llevaba puesta una segunda prenda la cual cedió cuando el muchacho echó los brazos hacia atrás para hacerla levitar hasta las manos de la squib. Un par de elfos aparecieron para darle la bienvenida al chico, haciéndome pensar que la suerte la tenía de mi lado, pues si se criaba allí, terminaría siendo algún símil de un Lovegood; no obstante, no se alejaba de mi realidad con Nius, independientemente de lo odioso que yo fuese con mi elfo. Omití comentarios y enseñé una mueca sorpresiva y de pocos amigos al par de criaturas cuando Kalevi se adelantó al salón y Juliette le siguió detrás. Fue entonces que la bruja me guió, desviándonos del camino que seguiría el joven Rosier, para entrar en la estancia donde solía encontrar al viejo Armand.

 

Las bibliotecas parecían intactas y casi en el mismo orden que hace veintisiete años atrás, cuando visité por última vez los terrenos de la familia de Juliette. La mecedora donde solía sentarse el padre de Isobelle se encontraba en el mismo rincón, junto a la elegante chimenea, que al igual que antes, parecía nunca extinguirse. Un cuadro tapado con la más fina de las telas, se ubicaba en medio de dos bibliotecas.

 

-El anciano era un verdadero filántropo de la sociedad mágica, aún recuerdo nuestras conversaciones y del como me advirtió que la magia y su balance eran propios de la historia. Circundante- comenté mientras me detenía a ver un par de escritos con su firma- también me sugirió estudiar en Durmstrang, pues siempre criticó la poca objetividad que tenían en Hogwarts para la enseñanza de sus pupilos. Él creía que por mucho que estudiaras defensas contra las artes oscuras, no había mayor protección que estudiar las mismas artes oscuras...y tenía razón; el viejo tenía razón...- sostuve con ambas manos en los bolsillos de mi túnica mientras alzaba la mirada hacia la estantería de libros, repleta desde el suelo hasta el cielo de la habitación ¡cientos de ejemplares!; entonces palpé el objeto que llevaba conmigo, una pertenencia oscura, elaborada con el más vil de los actos- tengo algo para ti...

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ᅠᅠAsintió a las palabras del mago cuando le oyó mencionar uno de los pasatiempos favoritos de su abuelo; filantropía. Cosa curiosa, muchos vestigios de demonología y artes oscuras, que aunque no le sirvieron de nada, conservaban sus tapices brillantes y bien en alto, ocultos de cualquier luz para no ser encontrados. Su varita se deslizó por su manga y con algunas florituras en el aire, hizo que las copas de cristal se elevaran en conjunto con la botella llena de whisky.

 

Juliette observó detenidamente cada movimiento del hombre, deteniendo su esmeraldina mirada en la grisácea de Black para luego, de una manera sutil, curvar sus labios hasta formar con ellos una sonrisa nostálgica. En esa habitación, sin nadie mirando, parecía que él volvía a ser el joven que conoció alguna vez y mejor aún, el hombre que la siguió por las cuatro estaciones.

 

⸺ Él era un visionario, entendía la importancia de conservar a nuestra gente y de mantenerlos a salvo. ⸺murmuró tajante al tiempo que agarraba la copa ya servida y dejaba reposar sus manos tranquilamente a la altura de su abdomen.⸺ Hogwarts solo ha demostrado lo que siempre fue, me causa gracia que siga fanfarroneando que es la escuela más segura del mundo.

 

Caminó lentamente por el piso de mármol hasta quedar enfrente de una escultura que hacía juicio perfectamente al rostro de Alejandro Magno, una reliquia que Juliette sabía escondía más que una cara bonita. Deslizó las puntas de sus dedos por las facciones blanquecinas, y luego sacudió el polvillo al frotar el índice con el pulgar.

 

⸺ Hay tanto que no se enseña en las escuelas. ⸺murmuró cual serpiente⸺ Nuestra fuente de poder es mucho más fuerte que una vara de madera agitándose con descaro por los aires...

 

Hizo una pausa para dar un sorbo a la bebida y prosiguió.

 

⸺ Escucha, Aaron, creo que el Instituto Durmstrang le hará bien a Ka...

 

Tengo algo para ti. ⸺le interrumpió.

 

La bruja calló de golpe en cuánto él tomó el hilo de la conversación, ¿lo habría hecho a propósito? ¿acaso fue él quién impidió el traslado de su hijo a tierras Escandinavias? Sintió por un momento como el calor subía por su cuerpo, si no tenía cuidado las pequeñas llamaradas se convertirían en venas para posterior inyectar sus ojos de sangre.

 

Sin embargo,

mantuvo la calma.

 

No vio el objeto más sintió su oscuridad, como si fuese una espesa sombra danzando por los muros, esperando ser alcanzada y de esa forma devorar a quien osara a dañarle. No entendía por qué Black tendría ese tipo de regalo para ella, ¿creería que por el simple hecho de ser demonio le gustaban las cosas oscuras? Un poco, tal vez. Y si...¿habría encontrado una nueva piedra primigenia?

 

⸺ Espero que sea algo que no nos haga viajar por el tiempo, otra vez. ⸺tronó tantito su cuello para expresar su incomodidad⸺ Los vestigios de esa pequeña aventura aún recaen sobre mí, algo que por supuesto he de hablar ⸺arreglar⸺ con mi querida hermana...

 

Presionó su mandíbula.

 

⸺ ¿Qué es?

 

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Editado por Juliette Macnair

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Aaron Augustine Black Yaxley

 

Y sin darme cuenta, tal vez por la importancia del acto o la revelación del mismo, tomé sus dos manos entre las mías observándole fijo sin mostrar más que un rostro de facciones maduras y reticente de emociones. Sentía que se lo debía, pero más que eso, le creía capaz de cuidar celosamente uno de los artefactos más oscuros que una persona como nosotros pudiese poseer; metí la mano en el bolsillo de la túnica y saqué unos anteojos de sol, sencillo objeto pero de gran importancia por lo que contenía; Una mirada tormentosa y gris, se escondía en el reflejo de los cristales ante la tenue luz de la estancia. Sin ser precisamente la mía, era una perfecta revelación y versión de mis característicos ojos.

-Una parte de mi alma...- murmuré mientras observaba el objeto, sin observar aún, alguna reacción en ella- un horrocrux...- solté con cierta nostalgia y entonces cerré sus manos en aquellos lentes- No quiero saber de ello, no quiero sentirlo cerca, no quiero estar pendiente de una debilidad...- sentencié, extendiendo la mano para alejar la copa flotante de whisky de manera sutil. Fue entonces que me acerqué hasta la ventana- no pretendo morir aún. El gobierno de Sagitas seguramente querrá enjuiciarme y de estar condenado a muerte, sé que no moriré...- sostuve con determinación mientras me volteaba hacia ella, manos atrás y mentón altivo- haré un horrocrux con la misma ministra de magia de ser necesario, pero el primero, el hilo del cual penderá mi existencia, deberás mantenerlo oculto y lejos de la vil curiosidad de quien desee verme muerto...

 

Si algo tenía claro, era el hecho de que jamás cedería ante las objeciones de brujas y magos por desconocer la pureza de la sangre que nos consagraba con gran distinción respecto del muggle. Instauraría una política dura y de febril oposición al gobierno de Potter Blue, conjunto a todo aquel que sea considerado un traidor a nuestras costumbres o un indigno por naturaleza. No buscaría el ostentoso poder que una vez hubo tentado al señor oscuro, ni tampoco sería tan directo como lo fue Gellert, sino más bien, ocuparía la honorabilidad política para aferrarme a lo que más amaba en éste mundo; mi sangre.

 

Extendí la mano para alcanzar la copa una vez que pasé por su lado mientras me acercaba a la bruja y le ofrecí el brazo.

 

-Hace mucho que no recorro éste lugar, ¿me daría un paseo madame Rosier?...- consulté con una genuina sonrisa en el rostro. Luego recordé lo que me había dicho- ¿Qué decías sobre Kalevi?...

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  • 4 semanas más tarde...

⠀⠀

El tacto de las manos de Aaron, aunque agradable para ella, le tomó por sorpresa. Su mirada se alzó para buscar la grisácea del hombre, pero al no ver su atención, comenzó a sentir cómo los latidos de su corazón comenzaban a retumbar fuerte en sus oídos. Sostuvo con sus finos y fríos dedos las manos del contrario, esperando pacientemente a que le revelara lo que ocultaba entre sus telas.


Y entonces...


No comprendió enseguida por qué le regalaba unos simples anteojos de sol, más luego de las palabras certeras del Black, todo pareció apagarse a su alrededor. De pronto, el aire de la biblioteca no pareció suficiente para ambos y tuvo que tragar para comprobar que seguía respirando. Instintivamente quería llevar sus manos contra el pecho, alejarse de aquel objeto, sin embargo, siguió ahí. Con el mentón en alto, los ojos al frente y el aura bien dura.


Una debilidad que tu mismo creaste. ⸺no pudo evitar pronunciar esas palabras, tal vez, por el recelo de sentir que era traicionada y cambiada por un mero objeto. Cuando el mago se alejó de ella, solo entonces, llevó la vista a los anteojos y de esa forma los inspeccionó detenidamente. Era algo inofensivo por fuera, pero ella, dada su capacidad de demonio, podía sentir el grito del alma que Aaron arrebató antes de su destino. ⸺ ¿Cuándo fue que cambias....⸺se detuvo⸺ No permitiría que algo te pasase, y sé que no soy la única.


Con sumo cuidado se acomodó los anteojos en el cabello, como si fuese un simple cintillo y ella, la portadora de algo tan no-maj. Se quedó en medio de la nada, esperando a que él fuese quien llevara las riendas de la conversación, aún debía de digerir algo tan intenso como eso, pero al mismo tiempo, sabía que tarde o temprano, él cometería un pecado como aquel. Aunque claro, jamás esperó que le confiara a ella algo tan preciado para él.


Tengo una duda...¿debo tomar los anteojos como una proposición de matrimonio, señor Black? Creí que seria más elegante viniendo de ti. ⸺entrecerró la mirada verdosa mientras sus facciones mostraban una seriedad atemorizante, y luego de ver su molestia, la bruja soltó una risita y le presionó juguetonamente el mentón.⸺ Hablando en serio...no te voy a pedir que no lo vuelvas a hacer porque sé que no me escucharás, pero, intenta cuidar eso que tienes dentro, porque es lo más valioso que un ser humano como tú tiene.


Dijo con la mirada perdida en los ojos del mago, hablándole con una honestidad tan genuina, que sintió cómo el ambiente entre ambos se hacía uno solo. Ella mantenía una fuerte conexión con Black, una que sabía duraría toda una vida y por ende, verle fragmentar su alma de esa forma, parecía dolerle. Quizá era el hecho de perder la poca inocencia albergada en él, o sentir que se había alejado de sus brazos para siempre.


En fin.


Hizo un ademán con el mentón para que continuaran y se aferró a su brazo con bastante dulzura, abriendo las puertas de la biblioteca al fin y sonreír orgullosa al no ver ninguna criatura curioseando tras bambalinas. Les había educado bien. Comenzaron a caminar, entonces, pasillos adentro, donde Juliette lo llevó a su parte favorita de la Mansión; los jardines llenos de rosales y otras peculiaridades.


Estuve en Bulgaria. ⸺comenzó a decir.⸺ Me encontré con un viejo conocido, quien es muy cercano al actual director del Instituto Durmstrang y accedió a mover el sistema para darle un cupo a Kalevi. ⸺soltó sin más y detuvo su andar para poder ver a Aaron a los ojos.⸺ Cuando levantaste el manto, los no-maj atacaron Hogwarts, mi hijo pudo morir entre todos esos escombros...y además, no quiero que tenga roces con los traidores a la sangre. ⸺llevó una mano a su abdomen y lo presionó con cuidado⸺ Es lo único que tengo y que quizá tendré en la vida, no quiero perderlo.




@

Off. Lentito pero seguro, no me mates.

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  • 1 mes más tarde...

...Es lo más valioso, que un ser humano como tú, tiene...

 

Aquella frase había mantenido el silencio que nos acompañó hacia los jardines, sintiendo como la bruja se aferraba a mi brazo y yo, por inercia de un cariño innato, le sostenía también de su mano. No cabía duda que los cuadros de brujas y magos, todos de un linaje puro como eran los Rosier, nos observaban con la añoranza de un vínculo familiar desde siempre. Tal cual como alguna vez lo insinuó indirectamente el viejo Armand o como aquellas veces, que Isobelle me invitaba a tomar el té. Más yo sobrepasaba de tal manera mi cariño hacia la bruja, en un afecto tan especial, que tenía miedo de perderle. De que la dañasen por mi culpa... ¡Qué egoísta era!... le había entregado uno de los mayores pesos que cualquier ser mágico pudiese tener, un objeto tan oscuro pero que a su vez figuraba una relación tan estrecha como lo era ser custodio del alma. Pero así era forma en la que demostraba mi querer; no conocía otra...

 

-...¿Juliette?...- murmuré, llamándole para ver si prestaba atención mientras apreciábamos una bandada de pequeñas aves colorinches atravesar nuestro frente para posarse de rosal en rosal. ¡Una veintena de ellas!, con diversos colores en sus plumajes- ... confío en ti ¿sabes?. Creo que no se lo he dicho nadie, al menos no en un acto como éste...- le dije al tiempo que volteaba solamente mi rostro para observar sus ojos una vez más. Luego miré nuevamente a las avecillas, en especial a una con tonalidades azulinas y tornasoles. Entonces hablé-... cuida de mí alma. Prácticamente tienes mi vida en tus manos...

 

¿Qué tan cierto era aquello?. La brisa del mágico jardín balanceó algunos cabellos e hicieron revolotear a las aves una vez más. Lo cierto era que era un mago bajo la mira internacional de otros gobiernos mágicos y a su vez, se comentaba que el Inquisidor junto con los muggles buscaban a gente como nosotros para desbaratar de una sola vez a la sociedad de brujas y magos, ¡destruirnos!, logrando que como humano, dudase de si la caída del velo mágico fue la mejor decisión que pude haber tomado; cuestiones que en definitiva, solo mostraba con ella, con la joven Macnair que tenía a mi lado.

 

-No perderé a Kalevi...- le dije en forma determinante mientras me encaminaba hacia el bajo, lugar donde los mismos rosales y otros arbustos de mediano tamaño, conformaban un pequeño laberinto. Miré por sobre mi hombro y le invité a caminar por allí-... y como están las cosas hoy en día por nuestro mundo, no te dejaré criarlo lejos de las costumbres que lo mantendrán con vida el día de mañana. El chico es una proyección de mis principios y créeme cuando digo que le he enseñado bien... no dejaré que nadie más que yo, le enseñe sobre nuestra gente...- manos atrás, miré a la bruja; seguramente creería que le estaría robando a su hijo, pero la verdad es que no hacía más que devolver un preciado gesto tal cual como su madre y su abuelo habían hecho conmigo- ... jamás te lo negaría, y él tampoco lo permitiría. Es un muchacho fuerte y cuando tenga el discernimiento necesario, le daré mi apellido. Será un Black y morirá como uno...

 

Y así lo haría, pues el chico se había ganado su lugar en el castillo y de paso, había demostrado ser apto para que aprendiese todo lo que yo había vivido. Como yo de otros o de lo que pude haber tomado de Gellert y Tom, Kalevi sería una versión mejorada del culto a la supremacía mágica. No éramos tenebrosos, pues esa calificación no era más que un presumido prejuicio de la sociedad que aún no comprendía que el derecho natural y el poder por sobre otros, era de nosotros, los aptos para la magia. Y que dentro de esa línea, la jerarquía debía mantener a los puros en la cabeza.

 

@@Juliette Macnair No hay problema amika! jajaja. Vuelve a la MT :P #insistente jajajajaja

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