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Departamento de Deportes y Juegos Mágicos ~ 10:00 AM

 

Aquella mañana la planta del departamento se movía con una actividad inusual a la considerada normal en los últimos tiempos. Era de público conocimiento que la guerra mágica había alterado la normalidad de los deportes mágicos. El quidditch, el más popular de los deportes entre los magos, no era la excepción.

 

Conforme pasaban los meses, las demandas cruzadas de los clubes y jugadores, por la incapacidad de pago de los primeros afectando la normal vida de los segundos, iba en franco aumento. Para colmo un nada despreciable número de fanáticos se encontraba enloquecido por la ausencia de su deporte favorito. La crisis era generalizada, alcanzando al propio Ministerio de Magia y el área de deportes no era la excepción.

 

Pero no todo podía ser oscuro. No. La necesidad de dejar atrás aquel desolador panorama había hecho que el mismísimo director del popular departamento pasase noches enteras desvelado, maquinando opciones y contactando a un variopinto grupo de interesados y especialistas.

 

Black al fin tomó asiento. Se encontraba en su cómodo despacho, adornado por unas cuantas fotos de éxitos deportivos de la historia del Quidditch. Del lado derecho de su escritorio tenía, además, una foto propia atrapando una snitch dorada de sus tiempos de buscador. Del lado izquierdo, por el contrario, había una nada despreciable pila de pergaminos. Algunas cosas archivadas y viejas, sin importancia, estaban juntando una gruesa capa de polvo. Frente a su mirada gris se hallaba una hoja con una caligrafía sumamente pulcra. Aceptaba los términos de la reunión.

 

—Quiero que todo esté en orden para cuando lleguen mis invitados —habló con su voz grave y pausada, para que su subordinado lo entendiera. Un instante después, unos cinco sillones de cómodas dimensiones aparecieron detrás del escritorio, al otro lado de donde el mago de cabellos negros se encontraba.

 

El piso del despacho resplandecía de pulcritud y la iluminación que entraba por la ventana a sus espaldas le hacía un juego similar al de un grupo de cazadores coordinados para anotar.

 

Black se encontraba satisfecho pero no por eso menos nervioso. Al fin y al cabo, aquella reunión implicaba muchas cosas para él y todos los grupos de presión que le rodeaban. Jugadores, dueños de los equipos, fanáticos y seguidores, el propio Ministerio…

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Departamento de Deportes y Juegos Mágicos ~ 10:00 AM   Aquella mañana la planta del departamento se movía con una actividad inusual a la considerada normal en los últimos tiempos. Era de público con

Volvió a tomar su lugar, frente al Director de Departamento. Todos los presentes parecían de acuerdo en que el Quidditch debería regresar y sus ideas estaban bastante orientadas. La Gryffindor estaba

Luna Gryffindor Delacour- Empleada del Cuartel de Aurores.   Había recibido aquella carta en donde la invitaban a participar del debate sobre la vuelta del Quiddicht a Inglaterra, aquello le supond

Llevaba muchísimo tiempo sin acercarse al Ministerio de la Magia, y aquella visita le traía muchos recuerdos. Atrás habían quedado sus años de Auror, en los cuales había compartido departamento con personas muy queridas, muchas de las cuales hoy ya no se encontraban cerca. Era imposible para ella no recordar a su mellizo, quien había sido un jefe atento y riguroso durante casi todo su tiempo como empleada ministerial.

Aquellos días parecían lejanos, incluso parte del pasado de alguien completamente diferente. Habían sucedido en su vida tantas cosas hasta el momento, que el esbozo de tales momentos le despertaba una nostalgia muy intensa. Por fortuna, esta vez sus pasos no se dirigían hacia el Departamento del que había sido empleada, sino hacia el de Deportes, con lo cual se ahorraría muchas lágrimas.

La invitación le había despertado curiosidad apenas la había recibido. Pocos sabían de su interés por el Quidditch, el cual había surgido en años recientes. Si bien no era buena en ninguna posición de juego, le gustaba pensar que poco a poco lograba mejorar como buscadora. Le agradaba mucho aquel puesto, sentirse libre en su escoba mientras recorría una y otra vez el campo de juego… la brisa, la velocidad, la adrenalina de aquel momento en que se divisaba la pequeña pelotita plateada. Era una pasión que guardaba para sí misma.

No obstante, conocía la situación actual del deporte en el territorio, y le resultaba de gran importancia la convocatoria para poder revertirla. Llegaba puntual, así que caminaba tranquilamente, sintiendo tan solo sus pasos resonando en los amplios pasillos. Vestía una túnica larga de color gris oscuro que ocultaba sus negras botas. De su cuello pendía una mascada color verde musgo, más a modo de adorno que de abrigo. Llevaba su cabello suelto y libre, no había logrado dejarlo prolijo como le gustaba.

Cuando llegó al sitio de reunión, golpeó suavemente la puerta antes de abrirla con suavidad. Conocía al Director de departamento, era su compañero de bando y uno de los primeros en ayudarla a recobrar la memoria.

-Permiso, buenos días- saludó, ingresando con algo de timidez al notar que era la primera en arribar.

Editado por Mica Gryffindor

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El caos continuo en un país era un gran enemigo contra los pequeños negocios, sobretodo de aquellos que no eran de primera necesidad sino más bien de diversión. Mundus Quidditch, fue uno de aquellos negocios destinados a su desaparición aunque la desaparición de casi todos sus dueños pudo haber contribuido a su cierre. Sin embargo, el mago sabía que habían otros asociados al deporte que estaban a punto de quebrar debido a la suspensión de partidos e incluso de temporadas de Quidditch por la guerra mágica seguida por los diversos incidentes asociados al Inquisidor.

Resultaba algo inapropiado que Goderic, por su estado como presidente de magia de Estados Unidos, se presentase a aquella reunión. Por lo anterior, se había visto obligado a utilizar una poción multijugos y hacerse pasar por un Miembro honorario de la Unión de Quidditch para la Administración y Mejoría de la Liga Británica y sus Esforzados. Unión que había conocido gracias a Edmund, con quien compartía propiedad con su negocio.

El interés del mago por revivir o tomar contramedidas para la situación actual era, en gran medida, únicamente impulsado por su gusto por el deporte y la nostalgia que le traía. ¡Qué buenos y agradables tiempos aquellos de su juventud cuando jugaba Quidditch! Incluso había formado parte de un equipo llamado Weird Wizards. Todavía guardaba la snitch que había capturado la única vez que jugó de buscador mientras reemplazaba a un compañero que había tenido que ausentarse debido a un confuso incidente.

Debía aceptar que aunque la mayor parte de su tiempo jugando la pasó en la posición de cazador, si pudiese volver a participar en un partido más o menos informal lo haría como buscador. No era tan joven pero seguía siendo ágil y audaz como para no ser vencido por una simple snitch. Sin embargo, sabía que era poco probable que pudiese hacerlo... ¡era presidente de Estados Unidos! si tuviese que pudiese jugar a algo, eso sería Quodpot y no Quidditch.

Moverse dentro del Ministerio hasta llegar al Departamento de Deportes y Juegos Mágicos, no le fue difícil ya que conocía bastante bien la estructura interna del lugar. Observa a una espalda femenina entrando al lugar de reunión, acelera sus pasos para tratar de llegar antes que la puerta se cierre nuevamente aunque sabe que es una misión imposible a menos que utilice magia como Phantom pero ¿para qué? Además, iba con una identidad encubierta y no podría utilizar hechizos de bando.

Se alisa la capa oscura que cae sobre sus hombros y se peina un poco su cabello rojizo cobre. Golpea suavemente la puerta para anunciarse aunque no espera respuesta antes de entrar.

Buenas tardes, — saluda con una voz algo tímida pero ronca a los presentes.— mi nombre Andrew Smith.

Coloca énfasis a su nombre, resultaba lógico que el Director conociera su verdadera identidad, por lo que esperaba que aquel simple recordatorio siviera para que el mago actuara en consecuencia con su disfraz.

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Su figura se apareció en una de las chimeneas que franqueaban el largo pasillo que daba paso al Atrio del Ministerio de Magia. Apenas eran unos minutos luego de las diez de la mañana, y sin embargo el tráfico en toda la explanada del atrio era, esperablemente, alto. Varios memorándums surcaban el aire varios metros por encima de las decenas de cabezas que se movían en distintas direcciones, perdiéndose en elevadores, pasillos y escalinatas, en dirección a destinatarios desperdigados por todo el ministerio. Con prisa, a sabiendas de que llegaba tarde, se abrió paso entre la multitud hasta llegar a los elevadores, tomando el más vacío de todos cosa de llegar al séptimo piso lo antes posible.

 

El Departamento de Deportes y Juegos Mágicos ocupaba prácticamente la totalidad del nivel y, en virtud de que los efectos de la caída del estatuto aún eran más que perceptibles, no había demasiado tránsito en sus pasillos. Hasta donde el Weasley sabía, lo cual estaba limitado a todo lo que decía el memorándum de la Ministra de Magia, no había ningún evento a nivel local, nacional o internacional planeado para los próximos meses, mucho menos actualmente, por lo que era de esperar que fuese el departamento con menor movimiento actualmente. Era la esperanza de todos en el Gabinete de la Ministra, sin mencionar de la comunidad mágica, que la situación cambiase favorablemente lo antes posible.

 

Nathan salió del ascensor a paso rápido, rebuscando en su bolsillo por un trozo de pergamino y una pluma. Con una caligrafía apresurada, pero lo más prolija posible, garabateó una nota para Sagitas que salió volando tras un toque de su varita. La misma notificaba a la Ministra de que había acudido a la reunión, y que le emitiría un informe lo antes posible.

 

A pesar de no haber visitado aquel Departamento en mucho tiempo, sus pasos lo llevaron inconscientemente hasta la oficina del Director, quien había concertado una reunión con diferentes figuras del Quidditch nacional y, hasta donde su entendimiento llegaba, unos cuantos funcionarios ministeriales que tenían el interés (y, más importantemente, el poder) de hacer aquel deporte una realidad en el corto plazo. La amenaza de lnquisidor ciertamente permanecía viva, y sin embargo debían encontrar la forma de retomar aquellas cosas que los unían como comunidad en tiempos donde todo parecía cernirse sobre lo que los separaba.

 

Suspiró, esperanzado, de que aquella reunión fuese tan productiva como esperase. Momentos más tarde, y con la guianza de un asistente, se encontró a sí mismo dentro de la oficina del Director. Martín y Mica eran ciertamente rostros conocidos de la Orden del Fénix, pero había un tercero al cual no conocía.

 

Buenos días, señor Black. – saludó, tendiéndole la mano para que la estrechase mientras dedicaba un asentimiento a los otros dos, a modo de saludo. – Probablemente se pregunte que hago aquí. Vengo en calidad de Asesor de Economía Mágica de la Ministra de Magia; no es ninguna novedad que el Quidditch mueve grandes masas, y digamos que tenemos un gran interés en el flujo de dinero que sus planes podrían significar.

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Se había enterado de una reunión que se llevaría a cabo en el Departamento de Deportes y Juegos Mágicos. Hasta hacía un breve periodo de tiempo ese había sido su lugar trabajo en el Ministerio de Magia Australiano haciendo las labores de Director. No podía dejar pasar la oportunidad de acudir. Sentía un inmenso amor al deporte que tantas alegrías le había dado a lo largo de su vida, por lo que haría todo lo que estuviese en sus manos para ayudar a que el juego volviese a reanudarse en las Islas Británicas; su segundo hogar.

 

Tenía una breve experiencia como director, pero amplia como jugador tras una carrera profesional que había sido fructífera en su país natal. Todavía estaba al tanto de las exigencias que los jugadores pudieran poner, pero también era consciente de lo que buscaban los políticos. De ser necesario podría servir como una especie de intermediario entre ambas posiciones, que normalmente podían verse opuestas.

 

Lo que estaba claro era que no acudiría en representación a su país. No acudiría bajo el título de Ministro Australiano, eso quedaba en un segundo plano en esos momentos. Estaba para colaborar, para aportar ideas y sugerir soluciones a los problemas que pudieran presentarse. Pero tampoco era tonto, si surgía la posibilidad de un enfrentamiento amistoso entre las selecciones de su país natal y su segundo país o, un partido entre un equipo de su liga nacional y un equipo británico, la aprovecharía.

 

Mientras se dirigía al lugar donde se llevaría a cabo la reunión iba pensando en algunas de las jugadas más famosas que había hecho a lo largo de su vida. Había jugado como cazador. Sus momentos más felices habían sido defendiendo los colores nacionales de su país a pesar del fracaso deportivo que había supuesto el Mundial de Quidditch en el que había pertenecido. En Gryffindor también se lo había pasado muy bien, siempre había sido una prioridad antes que los estudios.

 

Ya estaba llegando...

 

Pronto se dio cuenta de que no había sido el primero en llegar, cosa que agradecía. Ser el primero significaba que te quedabas a solas con el organizador y eso suponían varios momentos de silencios incómodos hasta que más personas fuesen entrando. Con paso firme recorrió los últimos metros que le faltaban. Llevaba una túnica oscura, elegante a la par que formal. Tragó saliva antes de entrar definitivamente mientras escuchaba las últimas palabras de uno de los que habían llegado primero que él.

 

El dinero... —suspiró. —El dinero arruina el deporte. —lamentó. Sabía de la importancia que tenía el dinero, gracias a el podían hacerse grandes eventos pero también provocaban apuestas ilegales, jugadores a los que pagaban para que jugasen peor, jugadores que se iban del equipo que los había visto crecer por uno donde les pagaban más...

 

Había que aprender a convivir con ello, qué remedio.

 

—Buenos días —saludó con una breve sonrisa a todos los presentes. —Dumbledore, ex-jugador de quidditch. —dijo para presentarse. De momento esos eran los únicos datos que le importaba dar.

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Las llamas verdes del fuego de la chimenea se apagaron cuando el mago de cabellos castaños salió de ella, frente a él sus dos guardaespaldas habían salido primero de la chimenea para serciorarse de que todo estaría seguro. El mundo había cambiado mucho tanto muggle como mágico en especial, provocando así que todos desconfiaran de todos y que el cuidarse la espalda no era mero refrán de advertencia. Kraven se limpió de su saco negro algunas partículas de polvos flú, que habían quedado en su ropas tras el viaje desde Alemania a Londres, caminó detrás de su seguridad mientras algunos magos y brujas británicos les miraban sorprendidos y curiosos, claro su seguridad llevaba trajes militares Magicos del Alemania. En la entrada al Atrio y que daba paso al interior del ministerio estaba un guardia de seguridad esperando nervioso y preocupado por los Alemanes.

 

--Buenas tardes, motivo de su visita-- Dijo el auror con notoria inexperiencia en su juventud, tan jóvenes eran reclutados para aurores en Inglaterra.

 

--El señor Von Alexandros fue invitado por el director del departamento de deportes Magicos en persona aqui está el permiso.-- Entonces su seguridad entrego al joven el pergamino con el sello del director y con una magia claro estaba que solo los ingleses leían entre ellos.

 

--Todo en orden señor pero solo puede acceder el señor Von Alexandros ustedes deberán esperar aquí --

 

Cuando sus guardaespaldas iban a protestar Kraven les detuvo y entro en el ministerio abotonado su saco mientras era revisado por magia por otro joven seguridad del ministerio. A medida que avanzaba y entraba en los ascensores Kraven recordaba cuando trabajaba alli, antes de saber su origen e incluso tener el puesto que ostentaba. Al llegar al piso donde se ubicaba el departamento, escuchó voces alegres y casi con emoción de los trabajadores como si estuvieran trabajando con normalidad sin que las acciones actuales del mundo afectarán su labor. Kraven paso desapercibido cuando llego al lugar de la reunión. Ya dentro estaban personas que no conocía pero que tendrían que ver con el deporte que tanto quería.

 

-- Disculpen la intromisión, ¿Estará el director del departamento de deportes y juegos mágicos? Me llamo Kraven Von Alexandros y fui el organizador del mundial de uidditch.-- Por alguna razón Kraven omitió su rango de Canciller creyendo que si revelaba sus intereses en el Quidditch sería un poco mejor para la reunión.

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Después de haber esperado un tiempo y tras mi regreso al hogar a mi mundo al cual si pertenezco y no al mundo de muggles donde realmente son muy primitivos y algo tontos por así decirlo; fui aceptada como una aprendiz en el ministerio, más específicamente en el departamento de misterios, quería aprender todo lo posible y de esa forma poder ser una bruja más poderosa.

 

Al regresar al mundo mágico desconocía muchas cosas, al principio me sentía un poco perdida pero al pasar de los día ya estaba nuevamente acoplada y al tanto de lo que había sucedido en su ausencia; las cosas habían cambiado bastante, pero lo que más me afectaba era el hecho de que ya no hubiera más quidditch, eso fue al totalmente inesperado, hubiese preferido que ya no hubiera otras cosas, pero el Quidditch era algo que me distraía y me divertía mucho; A pesar de no practicarlo y ni siquiera intentarlo practicar; pero al ver a los jugadores de grandes equipos con sus atléticos cuerpos haciendo jugadas riesgosas y soportando golpes, lesiones y caídas era algo que disfrutaba. La verdad era cruel y la ausencia me había quitado algo que realmente amaba.

 

Pero tocaba que aceptar la nueva situación y añadiendo lo que estaba sucediendo era mejor estar tranquila y a la espera que volvieran aquellos juegos.

 

Cierto día al llegar al ministerio a comenzar mis actividades como aprendiz, utilice una de las chimeneas para llegar, al salir de aquellas llamas verdes, pude apreciar a un mago acompañado de dos guardaespaldas, camino cerca de ellos mientras escuchaba como un auror no deba seguir a los acompañantes del mago, y alcance a oír que se dirigía al departamento de transportes a una reunión, algo que me causó gran curiosidad.

 

- Buenos días - dije pasando a uno de los guardias.

 

Llegue hasta los ascensores pensativa " será posible que esta sucediendo algo en ese departamento. Me encantaría que se pudiera solucionar lo del quidditch"

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La espalda del mago se encontraba apegada al respaldo de su cómodo sillón detrás del escritorio. Permanecía derecho, con los brazos a ambos lados y con los dedos entrelazados. Esperando. De repente la primera persona de la lista que Black esperaba irrumpió en el despacho.

 

—Adelante —murmuró con seriedad el mago, y luego se percató de quién era—. Parece un poco extraño tanta formalidad, pero hoy no queda otra opción —le agregó por lo bajo a Mica.

 

Además de una compañera de la Orden del Fénix excelente, Mica Gryffindor se había convertido en una de sus principales confidentes dentro Inglaterra. Por si fuera poco, también le interesaba el principal deporte mágico, aunque hasta el momento no había dado el salto al mundo profesional. O al menos esa era la información que tenía él.

 

De a poco fueron llegando los demás invitados. Primero fue un hombre de cabellos rojizos e identidad falsa, que Black reconoció y saludó con disimulo. Se trataba de Andrew Smith, quien en realidad no se llamaba así y ocupaba el cargo de presidente de magia en Estados Unidos. Su presencia era importante porque Black deseaba tener con él una importante alianza a futuro, fomentando el quidditch en Norteamérica a raíz de la migración masiva de los británicos con destino a aquellas tierras.

 

—Bienvenido, Nathan. Siempre es buena señal que temas complejos sean estudiados con variadas miradas. La tuya, naturalmente, será importante y muy valorada. —Mientras decía aquello, vio llegar a otro hombre que al parecer tenía una opinión casi opuesta a la ofrecida por el experto en economía del Ministerio—. Bienvenido, Dumbledore —dijo Black en dirección al recién llegado—. Entiendo su visión, pero hoy por hoy el dinero es lo que permite la profesionalización de la actividad.

 

Dicho aquello vio como el recién llegado tomaba asiento y una nueva personalidad se sumaba al despacho. Por la forma de hablar, el mago de cabellos negros intuyó que se trataba de un alemán. Además creía reconocerlo como un jugador o ex jugador de la Liga Británica.

 

—Adelante, Kravos. Bienvenido. —Tenía en claro que había sido aquel mago uno de los responsables del último mundial de quidditch. Su presencia allí le parecía a Black importante porque podrían aclarar varias situaciones que hasta el momento desconocía, como la suspensión en pleno transcurso de la competición.

 

Mientras realizó una pausa para que terminaran de acomodarse, escuchó en el pasillo una voz femenina. De todos modos, creyó oportuno desde ese momento dar por iniciada la reunión.

 

—Sé que es de público conocimiento que el mundo mágico actualmente es un caos. Pero creo fervientemente que el quidditch puede ser, al menos en cierto grado, un remedio para encausar las cosas y calmar las aguas enrarecidas. Es por esto que los he invitado a todos, sin importar el puesto que ostenten actualmente, porque es importante afrontar la situación con muchas miradas diferentes. —Hizo una leve pausa, evaluando los rostros de los presentes—. El quidditch detenido está en crisis, pero es el propio quidditch el que nos puede ayudar a salir de una crisis aún mayor. —Estaba convencido que era una herramienta muy potente.

 

Llegado a ese punto, Black se recostó de nuevo a su sillón, enderezando su espalda. Asintió entonces a los presentes, permitiendo que fueran ellos quienes pudieran expresarse al respecto.

Editado por Martin N Roses

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El dinero lo arruina todo, señor Dumbledore. – contestó sin más el Weasley, sin poder esquivar el deje de desdén que el comentario del muchacho le había provocado. No estaba seguro de si había sido malintencionado o no, pero humilde como era Nathan tomaba gran orgullo en su trabajo, y el trajín de los últimos días le había dejado poca paciencia para comentarios no constructivos como aquel. – Guerras y holocaustos han sucedido por dinero, y sin embargo aquí estamos, es lo único que mueve al mundo. Encuentre usted algo mejor y será mejor persona que todos nosotros. – procedió a tomar asiento en una de las sillas que estaban frente al escritorio del director.

 

Martín tomó la palabra rápidamente, de seguro para disipar la incomodidad que había quedado cuasi-tangible en el aire tras sus palabras. Ya había pasado prácticamente un año desde los acontecimientos que los habían llevado a todos al caos, y casi un semestre desde el fin de la administración del Black Yaxley que no solo los llevó a él sino que poco había hecho para repararlo incluso cuando hubo pruebas incontrovertibles de que había sido la decisión incorrecta, y sin embargo el aún no lograba acostumbrarse: su trabajo fluctuaba todos los días a causa de él, pero el permanecía casi tan sorprendido como el primer día.

 

La Ministra de Magia me pidió que haga un análisis en busca de formas de reactivar la economía. Estamos frente a una situación inédita puesto que gran parte de los puestos de trabajo se han mantenido a pesar de la crisis, y eso ha hecho que la gente gane pero no gaste, por lo que ha habido un gran potencial de ahorro. La gente está ansiosa por gastar, sin mencionar el hecho de que están ansiosas por cualquier tipo de evento que ofrezca un atisbo de normalidad.

 

Se paró a sí mismo con cuanta gracia pudo... no quería ponerse técnico; no era por lo que el resto de los presentes estaba allí.

 

Te lo digo en términos simples, Martin. Si eres capaz de poner esto en marcha, será un éxito rotundo y un salvavidas a la economía.

 

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Sonrió levemente, notaba a Martín un poco más rígido de lo normal, pero comprendía totalmente que aquella reunión requería un carácter formal respecto. Sabía que todo el asunto era importante y haría lo posible para demostrarle su apoyo. Sonrió y se dirigió al asiento que le correspondía en la mesa, a la espera de los demás convocados.

Permaneció en silencio contemplando la llegada de los demás. Detrás de ella llegó un caballero al que no conocía, un tal Adam, al que no logró identificar. Procuró ser discreta al observarlo, mientras trataba de asociarlo con alguien conocido… pero sin éxito. Enseguida se presentó un rostro por fortuna conocido para la Gryffindor, lo saludó con un movimiento sutil de cabeza y trató de disimular el gesto que quiso asomar a su rostro a la hora de oír el cargo que ostentaba.

Se sumaron otros desconocidos al recinto. Uno de ellos, David, emitió un desafortunado comentario hacia Nathan, quien no se quedó callado ante sus dichos. Era evidente que ambos sujetos pensarían distinto y no iban a llegar en lo inmediato a un acuerdo. El restante, un tal Kraven, que dijo haber organizado el último mundial de Quidditch.

Su mente trabajaba en una forma extraña, no estando acostumbrada a reuniones con demasiada gente, trataba de incorporar las identidades de todos los presentes, queriendo asociarlos a rostros ya conocidos. Pero le era imposible.

A cada uno de los presentes, el director del departamento les dirigió un saludo atento, invitándolos a ubicarse. Cuando estuvo a punto de comenzar a hablar, la Gryffindor escuchó fuera una voz femenina que parecía estarse acercando al recinto. Procurando no hacer ruido para evitar interrumpir, y haciendo a su compañero un gesto de que siguiese hablando, se acercó a la puerta para indicarle a la dama que prosiguiera el camino y se sume, que estaba a tiempo.

Mientras regresaba a sentarse, escuchó lo que Martín tenía para decirles. Era verdad, el Quidditch podría significar un escape para la comunidad mágica, un “pensar en otra cosa” en medio de aquella crisis. Le incomodó un poco el comentario respecto a la economía, pues no sentía que era el tema a tratar. Había muchas actividades que podrían destinarse a ese fin, y no sentía que fuese necesario poner al deporte en ese sitio.

-Que la Ministra, si quiere evitar una crisis, evite generarlas- soltó sin poder contenerse -acá estamos hablando de algo diferente, de la gente, de generar estímulos positivos, no de darle dinero a la Ministra para que esté contenta- completó la frase, de igual modo ya se había excedido.

 

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