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Desamor de Seducción Eterna


Kahlan Blackthorn
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Era relativamente sencillo romper el corazón de un mago o bruja en mil pedazos, trozos que quedarían desparramados por el suelo. Pero de los males el menor a decir verdad, ¿Qué era ese hueco que quedaba en el pecho?, cavidad que sería imposible de llenar con un nuevo órgano vital. Pero ese secreto estaba resguardado dentro de la morada de cupido, aquel angelillo que solía lanzar flechas para pillar desprevenidos a todos aquellos que sintieran alguna clase de atracción o posible enamoramiento. Casi siempre daba en el blanco, salvo las excepciones en las que sus emparejamientos causaban más dolores de cabeza que el grito de una mandrágora.

 

— No se puede ser tan perfecto, al menos no como yo—se levantaba el cuello de su camisa azul celeste. Iba ataviada para la ocasión, luciendo un traje sastre acompañado por unas botas negras como la noche. El porte y la elegancia siempre eran su sello personal, mujer que destilaba maldad por cada uno de los poros de su piel. Echando un vistazo al mapa que estaba sobre la mesita de noche, observaba los corazones negros que señalaban el camino.

 

Tal y como lo hacías las lozas amarillas dentro del cuento del mago de Oz, pero en este ocasión el mago no era nada más que un charlatán alado y rechoncho. Mala pasada para ser ejecutada el mes que se celebraba el día del amor y la amistad. San Valentín siendo empañado por las tretas de un par de magos que lograron secuestras al dueño de tan interesantes flechas, irían en su búsqueda para intentar salvar el 14 de Febrero— Deben ir a un bosque, cruzarlo y después ascender por una montaña plagada de doxys—la voz de una mujer brotaba del trozo de papel. Era extraño como llegará a sus manos, porque no recordaba haberlo tomando de una tienda de antigüedades o algo parecido.

 

— Detalles a considerar— terciaba una media sonrisa en sus labios, para ella nada era fuera de lo común. Siempre le encontraba una explicación a todo o sabía como sacarle la vuelta las situaciones inesperadas. Calzándose una mochila al hombro, recordaba llevar consigo ese frasquito tan peculiar y especial. Las pociones eran su fuerte, cuando se trataba de emplearlas para causar alguna clase de daño o sacarse de encima alguna molestia innecesaria para su entorno personal. Justamente tenia a alguien en la mira, pero no revelaría nada al respecto, porque los golpes dados por sorpresa suelen ser los que más profundo calan.

 

Saliendo de su oficina en Hogwarts, no tardo en enviar una parvada de lechuzas. Anudada en la pata de cada una de ellas, portaban una misiva redactada con la pulcra caligrafía de la Nigromante. El sitio de reunión sería el estado de Quidditch de la escuela, ahí el espacio era adecuado para colocar una fila de escobas mágicas. Hacia tiempo que no sobrevolaba los aires, pero era la oportunidad de rememorar sus años como golpeadora del equipo de Slytherin.

 

— Este juego va a ser bastante divertido—cambiando su atuendo por uno más apropiado para la ocasión. Dando unos cuantos toques con su varita, ahora portaba unos pants pegados y una remera que dejaba a la vista su trabajado vientre marcado por unos cuadritos bastante coquetos a decir verdad. Esperaba la llegada de sus compañeros tutores, además del profesor de introducción a la magia y los alumnos que serian los protagonistas principales de esa aventura.

 

El juego estaba por comenzar, el tiempo corría y el desamor estaba a nada de ser desatado dentro del mundo y estropear una de las festividades esperadas por los enamorados y aquellos que para su mala suerte no podían pasar de ser el mejor amigo o fiel confidente.

 

@@Adrian Wild @@Matthew B. Triviani @@Syrius McGonagall @@Evan Smith @@einar @ @@Dennis lestrange @@Eva Harton @@Rebecca Franklin

Editado por Zoella Triviani
Cuando eres tan grandiosa como yo, es difícil ser humilde 
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¿Has sido completamente sincero alguna vez en tu vida o mientes desde que naciste?
 
 
 

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    Eva estaba interpretando la mano de Rebecca para conseguir anotar todas las posibles características que la ayudarían a leer de forma correcta su destino. La Quiromancia era una rama inestable de la asignatura Adivinación, pero al ser parte del TIMO, Eva estaba estudiándola para sacar una buena nota. Llevaba un horario pintado en colores donde dividía las asignaturas para tomarse el trabajo de estudiar los posibles temas que abarcarían las pruebas que tendrían durante dos semanas. Eran dos evaluación, una practica y otra teórica, y debían estudiar para ambas.


    -Tu destino esta muy ligado al mío…puedo leer que estas mal de la cabeza y que tu corazón me pertenece -Se burlo mientras le daba un beso en la palma de la mano - Debo tener dos líneas del corazón en la mía -Aventuró mirándose su propia mano -Si, veo dos líneas del corazón, una es la mía y la otra percibo que es la tuya -Continuó fabulando antes de reírse y tomarle el rostro entre las manos para darle un ligero beso en los labios - Sacare un troll en esta asignatura.


    Harton soltó a su esposa para pasar a enrollar los pergaminos de Adivinación. Estaban en la biblioteca del castillo y llevaban unas tres horas consecutivas estudiando sin tomarse un descanso, mas que para ir al baño. La concentración de Rebecca era el problema que llevaran tanto tiempo, puesto que las silenciaran cada pocos minutos y Eva había tenido que interceder para que no las expulsaran del lugar por hablar. La Franklin se la pasaba sacando temas que no tenían que ver con lo que intentaban repasar, y como la castaña también le tomaba trabajo prestar atención a ciertas materias aburridas, le costaba mantenerse enfocada en los libros.


    -Esta bien, mejor volvamos a estudiar encantamientos -Abrió el libro donde tenia marcado los encantamientos de congestión - Nómbrame un encantamiento de congestión y sus características -Pidió mirándola con el semblante serio - Es la mas fácil, empieza con E-la ayudó previo a romper en carcajadas mirando la confusión de su rostro -No, basta. No me estas ayudando ¿Cómo llegare a ser una auror si no apruebo el TIMO? -Sonrió viendo como dos lechuza les interrumpía la conversación apoyándose sobre la mesa -Lleva una nota -Quitó una de las notas que llevaba la lechuza en la pata y se dispuso a romper el sello para leerla -Nos piden que vayamos al campo de Quidditch... pongámonos en movimiento -Comenzó a guardar los útiles en el bolso, dejándole a Rebecca la tarea de devolver los libros prestados, mientras ella limpiaba la mesa y la esperaba en la entrada.


    En el camino al campo de Quidditch fueron conversando sobre la rareza de los animales fantásticos que habitaban el bosque prohibido, en muy poco tiempo, aquel pedazo de tierra se había convertido en la parte favorita de Eva dentro de los terrenos de colegio. Sus paseos diarios por el bosque le permitía disfrutar de la naturaleza y desconcentrarse de ser una hechicera a tiempo completo, además de estar a solas con su esposa sin interrupciones de ningún tipo. Dentro del campo de juego, se encontraron con una mujer, que Eva imagino que era la instructora de vuelo, y una lineal de escobas puestas sobre el suelo.


    -Llegamos muy temprano... -"o somos las únicas invitadas" pensó Eva cruzando una mirada de desconfianza con su esposa. Los monstruos siempre estaban escondidos bajos formas atractivas. Se puso un paso delante de Rebecca - ¿Jugaremos Quidditch, instructora? No tengo los conocimientos para volar sobre una escoba -Confesó suspirando por la contradicción que le suponía tener que admitirlo.




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    Rebecca estaba escuchando las interpretaciones que su esposa hacía de las líneas de su mano. Trataba de no reírse pero la Harton le hacía difícil la tarea. Era claro que la Quiromancia no era el fuerte de la castaña pero Beck admiraba el esfuerzo de su esposa por al menos tratar. Era tan dedicada, tan organizada y estricta en sus horas de estudio, mientras que, por todo lo contrario, ella era mas dada a la improvisación, confiando en que los dioses pondrían en su camino las herramientas para hallar cualquier respuesta.


    Eso no significaba que la mestiza no pusiera de su voluntad para aprender, pero la observación y la práctica eran el único método que funcionaba para ella. Los libros le provocaban siempre un dolor terrible de cabeza, y por ello trataba de aprovechar las horas de estudio de Eva para así escuchar sus lecturas, aunque en ocasiones, como ahora, Rebecca tenía dificultades para mantener la concentración, sobre todo en el tema de la adivinación que contenía tantos misterios y detalles interesantes para explorar, y se lo pasaba desviándose hacia ellos.


    Lo harás bien, mi amor —la animó, cuando escuchó sus predicciones evaluativas y comenzaba a enrollar los pergaminos que tantas veces había leído con resignación —. Lo que pasa es que te saturas con información y esto de la adivinación es más de usar tu instinto. Interpreta las estrellas —aconsejó, mientras miraba su propia palma —, es como interpretar las constelaciones del cielo, pero en tu mano.


    Sus palabras parecieron no dar en ningún blanco. Eva quiso retomar el repaso de encantamientos y Beck reviró los ojos suspirando con fastidio. No sabía cuántas horas llevaban allí pero parecía un eón, incluso en un par de ocasiones había intentado que la expulsaran de la biblioteca pero la Gryffindor siempre lo evitaba. Al escuchar su pregunta se le quedó mirando con confusión, totalmente saturada de información. Tendría que usar su último recurso: mentir y escaparse al baño por quinta vez.


    —Te diré cómo... dejando que yo haga las preguntas y tu dando las respuestas, no al revés —le respondió, criticando su método de estudio. No le sorprendió en nada escucharle mencionar que deseaba ser auror, aquélla profesión era todo lo que su esposa había estado buscando. Beck incluso se decía a ella misma que Eva sería una auror excelente.


    La respuesta a sus plegarias mentales llegó en ese momento. Un par de lechuzas interrumpieron entrando por una ventana cercana y se posaron en la mesa de ellas. Rebecca tomó la nota que decía su nombre y leyó lo que su esposa ya le avisaba. Una sonrisa se extendió por los labios de la mestiza, que no necesitó que le dijeran dos veces para regresar los libros de consulta y salir rápidamente de la biblioteca en dirección al campo de quidditch junto a la Harton. Beck casi iba saltando, hablando con más ánimo sobre bestias mágicas.


    —... te juro que escuché claramente el ronroneo de un motor —le decía, cuando llegaban finalmente al campo de quidditch —. No lo estoy inventando —agregó, al ver el semblante escéptico de la castaña —. Estoy pensando en dos posibilidades: hay un animal autómata salvaje en el bosque, como los que se les escapan a los hijos de Hefesto, o alguien va por el bosque en una carcacha al que le hace falta un cambio de aceite... y lo voy a encontrar.


    Rebecca se detuvo a revisar visualmente el panorama del campo, advirtiendo la presencia de una sola bruja que les esperaba. Al fijarse en ella la mestiza pudo darse cuenta de que era atlética, pero tenía cara de no saber disfrutar nada. Sus ojos aguamarina intercambiaron miradas con los de su esposa. Tenían la costumbre de no fiarse de nadie desconocido de buenas a primeras, y aquélla actividad estaba completamente fuera de horario e itinerario, sin mencionar que sólo parecían estar ellas invitadas.


    A pesar de todo la Franklin sonrió a la bruja desconocida mientras Eva daba un paso adelante y confesaba su poco conocimiento sobre el vuelo de escobas; parecía muy obvio que aquélla sería la actividad que harían, con tantas de ellas dispuestas en el suelo, a no ser que realmente fueran para barrer el campo lo cual no era probable. Rebecca agradeció que aprender a volar no fuese consultable en un libro, por lo que ya estaba emocionada por intentarlo.


    ¿Podemos tomar una de ellas? —consultó, apuntando hacia las escobas —. Así podríamos calentar un poco en lo que... ehh... ¿los demás llegan? —aventuró, esperando una respuesta positiva. No importa si no sabían volar en escoba, tenían la experiencia con el vuelo y adaptarse a otro tipo de vehículo le parecía pan comido —. Por cierto, ¿quién es usted? —interrogó, curiosa.




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    • 2 semanas más tarde...
    La profesora no estaba respondiendo las preguntas, parecía estar teniendo un lapsus de pensamientos consigo misma. Eva se sintió incomoda por la falta de reacción que llegaba a mostrar con su aire ausente. Ahora dudaba que haber respondido la misiva yendo al lugar fuera la forma acertada de pasar el día. Podría haberse quedado estudiando, junto a Beck, para terminar de repasar todo el extenso y complicado temario de los TIMOS. Miró a su esposa, previo a estirar una mano en el aire para activar que una de las escobas del suelo para que volara a su mano. Repitiendo el movimiento que les había visto hacer a los jugadores de Quidditch pertenecientes a su casa. La escoba, en efecto, se alzo de inmediato hasta la mano de la mestiza. Permitiéndole sentir la vibración de la madera contra el tacto.


    -Espero que no le moleste si empezamos a calentar, mientras esperamos... algo -Avisó previo a subirse sobre la escoba y dar una patada para elevarse en el aire.


    La sensación de volar sobre una escoba era extraña para Eva, que de donde provenía, solía hacerlo a voluntad o sobre el lomo de un pegaso. Esa cuestión no le impidió disfrutar estar en el aire y de poder dar un par de vueltas esperando a que su esposa se elevara. Acelero la cometa 260 para sentir la brisa en el rostro y sonrió sacando la varita de su bolsillo para apuntar la maleta que contenía las pelotas del partido y dejarla en libertad solo las bludger. Las dos pelotas se alzaron buscando derribar a las dos chicas.


    -Ten cuidado, sirena -Advirtió a la Hufflepuff, reflejando una mueca divertida en el rostro y virando en el aire para esquivar una de las bolas negras.


    Inicio la carrera dejando que la pelota la siguiera e intentara derribar de la escoba. Eva no tenia miedo a caer, ni aunque la altura pudiera matarla, estaba segura que podría impedir morir en un impacto contra el suelo utilizando algún hechizo que frenara su caída. Con los metros de altura en los que estaba podía quedarse tranquila que tendría tiempo de sobra para pensar alguna maniobra que le salvara la vida. La ironía de morir en una caída no le causaría ni un poco de gracia a su padre.


    -Inmobulus -La bludger quedo congelada en el aire - Depulso -El encantamiento lanzo la pelota negra sobre Rebecca a pedido de Eva. La mestiza descendió para volar debajo de su esposa en caso de que realmente las pelotas consiguieran derrumbarla de la escoba.

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    Ni el Señor D nos ignora tanto como éstos profesores —murmuró Beck a su esposa por lo bajo mientras se acercaban a la hilera de escobas que se hallaban sobre el césped. La única ventaja para la castaña era que le habían dado la excusa perfecta para escapar de la biblioteca y despejarse de tanta información acumulada. Al ver el semblante de su esposa podía ver que, contrario a ella, le hubiera gustado seguir las horas estudiando para el TIMO. Que afortunado había sido para la Franklin ser dos años menor que Eva o habría tenido que soportar sus esquemas de estudio también en el instituto.


    Observó a la Harton colocar una mano sobre una escoba haciendo que por arte de magia (xD) ésta volara hasta su mano. Rebecca le ofreció una sonrisa y una expresión con la miraba que se traducía como "presumida" antes de intentar la misma maniobra ella misma. No funcionó. La castaña frunció el ceño pasados unos segundos en los que la escoba no mostraba intención alguna de levantarse hasta que comenzó a vibrar sobre el césped... y nada. Respiró hondo y volvió a intentar. La escoba no estuvo en su mano hasta el quinto intento.


    Ya un poco fastidiada, Beck pasó una pierna por encima de la escoba y observó a su esposa dar vueltas en el aire. Talento nato. Una digna hija del amo y señor de los cielos. En cambio ella... estaba un poco preocupada, y sentía que la escoba lo podía percibir ¿era posible?. Era genial volando sobre Pegasos, pero jamás había intentado hacerlo en otro vehículo. Si ya le era difícil hacer que la escoba se levantara del suelo para ir a su mano, cuanto más lo sería para hacerla volar con ella encima.


    No importaba, la Franklin estaba resuelta al menos a intentarlo. Golpeó el suelo con los pies y para su sorpresa la escoba se elevó; era un poco incómodo, más aún si fue elevándose en el aire de forma irregular, como si de alguna manera estuviese abusando del acelerador y el freno. Poco a poco fue tomando altitud, y más de una vez tuvo que hacer un esfuerzo para no irse de lado y recuperar el equilibrio sobre la escoba. A su alrededor, Eva volaba como una experta.


    ¡¿QUEEE?! —gritó, escuchando la advertencia de la Harton sin lograr entender. De pronto, algo pasó volando como un bólido por su lado, haciendo que la escoba vibrara y se sacudiera casi haciéndole caer de ella —Por el maldito tárta... —no terminó la frase al levantar la vista y ver cómo su esposa le arrojaba una de aquéllas locas pelotas de quidditch. La escoba no respondió, por lo que la única forma de evadirla para Rebecca dejarse caer lo suficiente para quedar suspendida de la escoba con una mano. Le tomó como veinte segundos volver a auparse porque su escoba no dejaba de moverse.


    La castaña no quería decepcionar a Eva. Tampoco pedirle ayuda porque ya sabía lo impaciente que era cuando intentaba enseñarle alguna cosa que a Beck no se le daba naturalmente, pero le era un poco frustrante no poderle seguir el ritmo para hacer que lo disfrutara como realmente debía hacerlo. Volvió a respirar profundo y se concentró en despejarse de toda su inseguridad. Tomó el palo de la escoba con suficiente firmeza pero deshaciéndose de la rigidez, entonces se inclinó hacia adelante y comenzó a volar con más velocidad. Funcionaba. La escoba ya no daba frenones ni tampoco se sacudía con cualquier corriente de aire, e incluso pudo esquivar una de las bludger que había ido directo hacia ella en la revancha.


    Buscó a Eva con la mirada y notó que sobrevolaba el espacio bajo ella. Rebecca se percató que había estado todo aquél tiempo pendiente de su vuelo, y le sonrió para mostrarle que todo estaba bien. Añadió más velocidad y al llegar a los aros de marcación de puntos hizo una curva y voló en pendiente hasta posicionarse a un lado de su esposa. A lo lejos, la silenciosa instructora seguía sola en el lugar en el que la dejaron.


    ¿Crees que alguien más venga? —preguntó, teniendo que realizar una maniobra para evitar ambas bludgers que casi impactaban con cada una.



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    La brisa acariciándole el rostro era una de las sensaciones mas placenteras que Eva estaba sintiendo en ese momento. Otra de ellas, era ver con orgullo como su esposa lograba controlar la escoba, a pesar de lo cerca que había estado de caer. Había logrado esquivar la bludger y vuelto a subir a la escoba para descender con mas confianza hasta posicionarse a su lado. La mestiza le sonrió logrando conservar la mirada burlona, sin que se notara el amor desbordante que su esposa le hacia tener casi con cualquier cosa que compartieran.


    -No lo se, mi amor -Respondió mirándola unos segundos antes de vigilar las pelotas que volaban cerca - Esto nos esta quitando tiempo de estudio -La molestia empezaba a notarse en su tono de voz. No es que la idea de volar no le causara diversión o una buena distracción, sino que la sensación de que fuera una trampa, al ver que no llegaba nadie mas, sonaba cada vez mas fuerte para Eva - No creo que venga nadie mas. Tal vez deberíamos volver a estudiar. Volveré a meter las bolas en la maleta y nos largamos de aquí. Espérame abajo, necesitare de tu ayuda.


    Hizo una voltereta esquivando las dos pelotas que venían cruzadas previo acelerar la cometa para emprender un ascenso rápido hasta el cielo llevándose las dos bludger persiguiéndola detrás. Podía sentir como su escoba empezaba a vibrar producto del esfuerzo por mantener la velocidad. Inexplicablemente Eva comprobó que de las ramitas empezaban a echar humo como si fueran un motor que estaba descomponiéndose.


    -Por los dioses -Dijo Eva empezando el descenso en picada. Podía ver a su esposa esperándola donde le había indicado, así que apuro aun mas a la escoba para llegar hasta ella. A unos metros empezó a desacelerar la velocidad esperando que alguna de las dos pelotas la impactara. Podía contar mentalmente los metros que le faltaban para llegar al suelo cuando el zumbido de las pelotas le indico que estaba casi sobre su espalda, Eva giro el cuerpo para apuntarlas con la varita.


    -Inmobulus -Repitio dos veces para que las pelotas quedaran congeladas y pudiera tomarlas con las manos mientras se bajaba de la escoba -Vámonos de aquí, mi amor -Terminó de ajustar las correas de las pelotas en su posición y se acerco a la mujer de prendas cortas - Nos veremos en otra oportunidad instructora, le agradecemos la invitación al partido... pero comprenderá que con el TIMO tan cerca necesitamos toda las horas disponibles para estudiar sin distracciones. Esperemos encontrarnos en otra oportunidad.


    Eva volvió a colocar la cometa 260 en el mismo lugar de donde la había sacado. Espero que su esposa hiciera lo mismo antes agarrarla de la mano y emprender el camino a la salida del estadio. El sol aun estaba alto y al contario de lo que pareciera con los alumnos bien abrigados, no hacia tanto frio para dar una vuelta por el bosque.


    -¿Vamos a ver a Admolos? -Preguntó refiriéndose al centauro joven que habían conocido hacia poco tiempo en uno de sus paseos por el bosque - Podemos convencerlo de que nos enseñe a ver el destino en el fuego.



    Editado por Eva Harton

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