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Black asintió a modo de respuesta. Claro que confiaba en ella y confiaba en su criterio para hacer las cosas. A partir de ese momento se sintió internamente más tranquilo, como si hubiesen reparado algo que hasta allí, luego de verla en lágrimas, había tambaleado. Se alegró.

 

Un minuto más tarde Mica se reincorporó, bajándose de la cama con elegancia y caminando hasta el sitio donde el mago de cabellos negros tenía todo tipo de ropas. Verla alejarse de espalda fue todo un deleite para él, la desnudez de Gryffindor la hacía apeteciblemente sabrosa. Se contuvo de decirle algo, mordiéndose la lengua pero la mirada grisácea delataba cada uno de los pensamientos que se habían formado en su mente. Era hermosa.

 

La propuesta a continuación, una vez que la bruja había tomado una camisa blanca de él y se disponía a abrochársela, le pareció sensata a Black. Volvió a asentir y tomó la mano de la bruja. Se dispuso a recuperar un pantalón negro y limpio, resguardado en el mismo sitio de donde la bruja había escogido la camisa. Descalzo y con el torso desnudo, ¿qué más daba? Aquel era su castillo y estaba en una compañía perfecta como para ponerse más exquisito.

 

—Tendremos que encontrar las cocinas —dijo por lo bajo entonces, con un gesto reflexivo. A pesar de llevar unos cuantos días en aquel lugar y de sentirlo deliciosamente propio, le costaba recordar aún ciertos puntos importantes del castillo—. Se encuentran en el ala sur, señorita —acotó al recordar el detalle.

 

Tomando la mano de Gryffindor, Black sonrió y salió de su habitación. Avanzaron por los pasillos y dejaron el ala este para llegar a la otra parte del castillo. Los decorados antiguos eran reconfortantes, transmitiendo una sensación de calidez a pesar del normal frío exterior del invierno inglés. No pasaban nada de frío con todos los encantamientos de protección de temperaturas que tenía el castillo.

 

—¿Qué deseas comer? —En la cocina de la antigua vivienda había, al menos, una docena de elfos domésticos reordenando las cosas y cocinando otras. Había muchas cosas para escoger y una más rica que la otra. Se limitó a la elección de Mica, mirándola a los ojos, a aquellos esmeraldas que lo cautivaban en exceso para su fortuna—. Carne, quiero carne —dijo cuando llegó su turno. Además tomó una jarra de vino y sirvió dos copas. La bebida, a su entender, sin ser una de sus predilectas era muy sabrosa. Casi tanto como Gryffindor, pero no debía engañarse, no había nada más sabroso que ella.

 

 

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HISTORIA DE LA FAMILIA El ejército del Rey de Francia Felipe Augusto, perseguido por la coalición, llegó a Bouvines con el fin de atravesar el puente del río Marque. Los cristianos tenían prohibido

El negro dragón del miedo alzó su cabeza cuando escuchó lo que Riuu dijo a la joven humana. Incrédulo sobre aquella actitud del niño -¿Qué has dicho?¿Acaso ni siquiera consideras lo que yo te he adver

Frederick resopló al notar que Riuu deja de acariciar su cuello, está receloso de la humana que ha llegado, el niño se siente seguro frente a ella alejando su temor de un principio y por eso el dragón

Él tomó su mano, aceptando la propuesta. Lo observó mientras cubría su parte inferior, dejando a la vista su fornido torso y, en él, los tatuajes que tanto le gustaban. Al verlo solo deseaba volver a deslizar sus manos por su bonito cuerpo, era una sensación constante de querer demostrarle todo lo que le provocaba. La visión era realmente maravillosa.


No pudo contenerse de reír al escuchar que no recordaba con exactitud dónde se encontraba la cocina, le divertía intentar imaginar cómo habría hecho para sobrevivir hasta ese momento, aunque imaginaba que la ayuda de los elfos había sido imprescindible. Finalmente, pareció recordar el ala correcta en que se hallaba el sitio que estarían buscando, y se pusieron en marcha.


Era realmente lindo caminar tomada de su mano. Dejar que él la guíe, por aquel castillo inmenso que pronto podría convertirse en su hogar. La invadía una alegría que parecía no parar de crecer, como una especie de burbuja que crecía en su pecho hasta llenarla por completo.


La cocina era amplia y en ella unos diez o más elfos iban y venían ocupados en sus labores. Martin le preguntó qué deseaba comer, ella no había pensado en eso hasta el momento y no tenía idea de cuáles podrían ser los platillos que se solía disfrutar en el sitio. Lo miró desorientada antes de aventurar una respuesta.


No lo sé ¿pastas? – a pesar de que fuese una pregunta, notó cómo un elfo se ponía a preparar lo que había mencionado. El Black prefirió carne y otro elfo se puso en marcha.


Notó cómo él tomaba una jarra y dos copas. Ayudó a sostener las copas para que él pudiera llenarlas, antes de aventurarse por una puerta que daba a la cocina, presuponiendo que se trataría del comedor. Así fue. Sonrió por su hallazgo y se estiró para besar su mejilla.


Me gusta mucho tu casa dijo alegremente mientras se sentaba en una de las sillas más cercanas.– Se parece a ti, está envuelta de misterio y, al mismo tiempo, te hace querer conocer más y más. alzó la copa hacia él, sin dejar de sonreírle– ¿Algún motivo por el que quiera brindar?



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Hélène Eloïse Bellerose

 

La francesa observó al niño sin dar crédito a lo que los ojos claros veían. El dragón parecía estar en perfectas condiciones y le miraba con recelo. Parecía que quería proteger al niño, que estaba aún bastante confundido. Sin desmontar del caballo y sin atreverse a acercarse más, la castaña decidió que lo mejor sería interrogar a sus visitantes desde lejos, no quería alterar a la bestia y darle un motivo para freírlos vivos.

 

—Entonces...¿ ha sido un accidente que cayeras en esta propiedad? —Inquirió, aún impresionada de la facilidad con la que habían cedido las salvaguardas mágicas. Claro estaba que no se habían levantado pensando en que un dragón las iba a cruzar, ni mucho menos. Los inspeccionó con ojo crítico una vez más, decidiendo que quizás no eran una amenaza después de todo y que su presencia se trataba en efecto de un accidente.

 

El niño había llamado Frederick al dragón y había mencionado que lo estaba montando como un jinete. Honestamente impresionada por la hazaña del muchacho, la curiosidad le llevó a preguntarse cómo había logrado domesticar una bestia de semejante tamaño, siendo que éstas estaban clasificadas como altamente peligrosas según el ministerio de magia. Su rostro alterado por la tensión inicial empezó a suavizarse de a poco al entender que el intruso era tan solo un niño perdido y que lo más temible de su intromisión era sin duda el gran dragón que le acompañaba.

 

Aunque el sentido maternal de Bellerose no estaba para nada desarrollado, sintió una necesidad fraternal de ofrecerle protección. ¿Tendría familia? ¿Dónde estaban sus padres?

 

Supongo que estarás cansado, y seguro Frederick también... Si gustas un plato de comida caliente, puedes quedarte un rato. —Invitó, sin saber exactamente cómo proceder. Nadie le había preparado para una situación tan peculiar como aquella.

 

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Editado por Kassandra Weasley
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El castillo de Rune a pesar de tratarse de su nuevo hogar aún le resultaba repleto de misterios y hasta un laberinto por momentos. La llegada a las cocinas no había estado libres de dudas, pero sí reconocía el camino desde allí hasta el comedor principal ubicado en el ala sur. Con la elección de Mica por la pasta y las carnes asadas de Black, junto a las copas repletas de vino, la pareja tomó asiento en la enorme mesa familiar.

 

Se trataba de una hora impropia para cenar con formalidades, merodeando en el reloj la medianoche. Por ello poco importaba que las únicas prendas de ambos se tratasen de una camisa blanca algo larga para Mica y de unos pantalones negros para el mago. Con los platos elegidos y tras un perfecto servicio de los elfos domésticos del castillo, comenzaron a disfrutar.

 

Las sillas eran cómodas a pesar de los elaborados detalles en el respaldo y los apoyabrazos. Asimismo la decoración en tonos azules y celestes no sólo se limitaba al mantel de la mesa sino a todo el lugar. La alternancia de los colores con una bonita madera que lo revestía todo, se le antojaba a Black una combinación preciosa. Además, en una de las paredes, resaltando de forma evidente, se hallaba el blasón familiar del linaje de Rune. Para Black era otra de las cosas que le agradaba. Lo desconocía hasta que puso pie por primera vez en el castillo en Francia, cuando Amicia se lo presentó.

 

—Me alegra que te guste el castillo —respondió Black. Miraba a Mica a los ojos esmeraldas como hipnotizado por ellos y sonrió ante el comentario posterior. ¡Si ella supiera que hasta para él era un misterio, por momentos, aquel lugar! Pero descubrirlo y familiarizarse junto a ella, sería todo un hermoso desafío que anhelaba resolver—. Sabes que puedo ser un libro abierto si es de tu interés. —Guiñó un ojo con picardía y después descendió con su mirada para observar la camisa—. Me gusta cómo te queda.

 

Estiró su mano libre para tomar la de la bruja por encima de la mesa.

 

—Por tu brillante participación en el partido —dijo sin reservas—. Porque tu aceptación a permanecer aquí sea algo que disfrutes y disfrutemos. —Había alzado la copa de vino y acababa de estrecharla con la de Mica, produciéndose, de forma inevitable, aquel tintineo de vidrio contra vidrio—. ¿Qué otro motivo te gustaría agregar? —Lo dijo expectante, contemplando aquella belleza que tenía enfrente.

 

 

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Sonrió al escucharlo, claro que era “un libro abierto” para ella, había respondido a cada una de sus preguntas y le contaba sobre su vida con total sinceridad. Sin embargo, sabía que siempre habría algo más por conocer y, en cada oportunidad, el Black la sorprendía con una nueva historia. No se cansaría nunca de escucharlo, quería saber cuanto fuera posible de él.


–¿Te gusta? –preguntó divertida ante el comentario y el guiño del caballero– puede que decida quedármela, entonces –agregó mordiéndose el labio. No podía evitar perderse en esos ojos grises, le gustaban tanto…


Tomó la mano de Martin, entrelazando sus dedos con dulzura. Los motivos propuestos para el brindis ampliaron su sonrisa. Golpearon las copas dos veces: la primera por el partido y la segunda por su decisión de quedarse, se sentía tan halagada y mimada por cada detalle que por momentos le parecía más parte de un sueño que de la realidad.


–¿Motivos? Todos los motivos que tengo los tengo frente a mí en este momento. –no pudo evitar ponerse de pie, aún con la copa en una mano y sus dedos entrelazados en la otra. Caminó hacia él y se sentó con cuidado en su regazo. – Por el hombre más maravilloso, y por la historia de amor más bonita. Te amo, Black. –chocó la copa contra la de él antes de beber un pequeño sorbito de vino.


Tras robar un fugaz beso, regresó a su sitio en la mesa. Su corazón latía con prisa, como en cada momento a su lado. Se sentó frente a su plato y tomó el tenedor, recién entonces dándose cuenta de que tenía hambre. Probó la comida preparada por los elfos del castillo, estaba deliciosa, llevaba tiempo sin probar bocadillos así. Esa era su primera cena juntos, en ese castillo enorme que sería su hogar desde ese momento, sin dudas sería un momento que atesoraría siempre.



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Frederick resopló al notar que Riuu deja de acariciar su cuello, está receloso de la humana que ha llegado, el niño se siente seguro frente a ella alejando su temor de un principio y por eso el dragón del miedo vuelve a perder tamaño, eso no le gusta a Frederick, para él es preferible que le teman, así como conservar su gran tamaño... cosa que ahora no ocurre. Baja su cabeza, lamenta no tener sitio para esconderse.

 

Riuu pone su brazo flexionado por la nuca mientras responde a la joven castaña, ella tiene también ojos azules, además de parecerle una joven bonita y agradable, la ve sobre aquella criatura que luce un porte majestuoso, no recuerda haber visto una igual antes... pero entonces deja ese detalle para centrarse en la charla con ella.

 

—Lo siento.... no me di cuenta que Frederick estaba demasiado cansado, creo... creo que fue mi culpa... no estaba en mi plan caer aquí, tampoco hacer daño a los árboles... claro que tampoco tenia en mente que Frederick se lastimará, por suerte su piel es fuerte y yo estoy contento de que esté bien. — Riuu abrió sus brazos y con ellos rodeó la cabeza del negro dragón del miedo al mismo tiempo que le tranquiliza— No te “esponjes” que todo va bien, anda Frederick, se buenito ¿si?

 

El niño lo acaricia con intención de que su acompañante baje su desconfianza, lo cual no ocurre de inmediato, el negro dragón del miedo lanza otra de sus habituales advertencias:

 

—Es una desconocida, cuidado Riuu, no es bueno hablar con desconocidos, puede ser peligroso... pero, pero...¡Riuu!¿Porque nunca me haces caso? — El niño sonriente se peina el cabello color borgoña mientras el dragón vuelve a “perder” tamaño... Frederick rodea sus ojos rojos pues Riuu habla y actúa con más valor.

 

—Me encantaría, en verdad que suena muy bien lo del plato de comida y a Frederick le caerá bien descansar, aunque esté algo temeroso porque no te conocemos y bueno, yo soy Riuu... ¿quien eres tú? ¿El bosque es tuyo? Me gustaría poder arreglar lo de esos pobres árboles...

 

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Había pocas cosas que le gustaran más que sentirla en su regazo. Por eso, cuando giró alrededor de la mesa, sin soltar su mano, y luego la bruja tomó asiento allí, él se limitó a disfrutarla. Las palabras de Mica fueron una caricia en lo más profundo de su ser, amaba a aquella mujer, no tenía ningún tipo de dudas y era evidente que ella también lo hacía.

 

—Te amo, señorita —respondió a apenas unos centímetros de sus labios. Juntos bebieron su copa y luego se besaron. El contacto fue fugaz pero con una intensidad que empezaba a conectarlos como las propias miradas, ese contacto que Black tanto disfrutaba y que tanto le provocaba.

 

Luego de observarla regresar a la silla y sin contener clavar su mirada gris en la desnudez de sus piernas, el mago de cabellos negros volvió a su atención al plato que tenía ante sí. Tomó los cubiertos y empezó a comer aquella carne asada y condimentada que tanto le gustaba. Los elfos domésticos habían hecho un trabajo excelente y él les estaba agradecido.

 

Cuando hizo una pausa y volvió a beber un sorbo de vino, contempló a Mica y sin evitarlo, recordó algo que surgió en su mente.

 

—¿Al final la celebración de los jugadores se postergó? —Black imaginaba que en caso de necesidad, los buscarían a ambos con un sencillo pero efectivo patronus. Si bien en un primer momento la idea de asistir a un evento de tales condiciones luego del partido no le parecía la mejor idea posible, no desmerecía la ocasión tras haber compartido con Mica aquella velada.

 

Se mostró pensativo al respecto y en ese instante un par de elfos aparecieron en el comedor principal del castillo para traer dos nuevas botellas de vino.

 

—O nos tienen mucha fe o piensan que vamos a emborracharnos en base a vino —dijo Black sin poder evitarlo. Sonrió a la bruja de forma elocuente, para que ella lo cuente—. Te ves maravillosa —insistió. Sus oscuros cabellos castaños, su mirada esmeralda, aquellas sutiles pecas que bañaban sus mejillas… Le gustaba todo.

 

 

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Hélène Eloïse Bellerose

 

La castaña observaba al imponente dragón con el rabillo del ojo, no queriendo perderle de vista. Debió suponer que no era agresivo ya que hasta el momento no había hecho ningún ademan de atacar, pero pudo pasar porque aún se encontraba algo aturdido luego de aquel estrepitoso aterrizaje. La situación era de por sí tan atípica, que no podía evitar plantearse mil y un preguntas, intentando hacer sentido por sí misma sobre lo que estaba sucediendo.

 

El joven invitado aceptó quedarse un rato y recuperar fuerzas, no sin antes sentirse un poco mal por el estado de los árboles que yacían en el piso de cualquier manera. Hélène barrió el entorno con los orbes claros y negó con la cabeza, restándole importancia.

 

—Nada que una pequeña floritura de varita no pueda resolver... —Afirmó con confianza. Desenvainó la varita de caoba, sacándola con cuidado de la bota de montar que calzaba y con un delicado movimiento, empezó a restituirlo todo a su estado original.

 

—Y aquí no ha pasado nada. —Uno a uno los árboles regresaron de nuevo a sus bases, como rebobinando la escena en cámara lenta.

 

Vio al niño abrazar a la criatura y pudo percibir que el lazo que los unía era mucho más fuerte de lo que jamás podría llegar a entender. Los dejó tener su momento, por un breve instante inclusive el dragón le pareció menos intimidante, pero se recordó que no podía confiar ciegamente y prefería mantenerse en alerta.

 

—Hélène Bellerose, y bueno, el bosque es de la familia. —Comentó con una sonrisa orgullosa. El haber reconstruido la propiedad con sus propias manos (y la de sus primos) le hacía valorar completamente cada detalle, hasta del último árbol. —Acabas de caer en la residencia de la familia de Rune.

 

—Ehmmm... bueno, el castillo es grande pero no sé si lo suficientemente grande como para guarecer un dragón... —Comentó, dudando sinceramente que el gran reptil pudiera caber por la puerta. —No sé qué te parezca, puedo llamar al guardabosques para que adecúe un espacio para Frederick en las pesebreras y lo ponga lo más cómodo posible hasta que se recupere, eso sí, tendrá que prometer no comerse a ninguna de las criaturas...

 

Se sintió un poco absurda pidiendo aquello, ya que era un poco irracional esperar que un dragón no se dejara guiar por sus instintos, pero al ver lo calmado que era con el niño quiso creer que en efecto la conexión del mítico animal con Riuu lo iba a hacer posible.

 

@@Riuu

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El negro dragón del miedo alzó su cabeza cuando escuchó lo que Riuu dijo a la joven humana. Incrédulo sobre aquella actitud del niño -¿Qué has dicho?¿Acaso ni siquiera consideras lo que yo te he advertido?- pregunto el dragón- Así... ¿nomás aceptas y ya?- Desilusionado bajo la cabeza y de sus ojos fluyeron un par de lágrimas, se suponía que el debía evitar que Riuu realizara cosas que le pusieran en peligro, riesgo o derivar en inconvenientes, pero le estaba costando mucho trabajo hacerse oír, Riuu tomaba las cosas a la ligera, como si no necesitara de él, Frederick se estremeció... tal vez... tal vez pasara pronto lo que dijo el guardián a Riuu : “Ese dragón del miedo es tuyo, siempre lo ha sido, la vida te lo cedió pero cuando aprendas a utilizar lo, serás capaz de pasar a aprender las cosas importantes de la vida”. El negro dragón del miedo se sintió angustiado ¿Acaso Riuu llegaría a dejarlo cuando ya no lo necesitará? Frederick no desea quedarse solo...

 

—No puedes confiar así en los desconocidos, recuerda lo qué pasó con ese mago de cabello oscuro, te quito aquella joya azul y tu elegante atuendo... no todos son de confianza. —Argumentó Frederick que busca ser útil para el niño y asegurar que sigan juntos.

 

El niño dirige su mirada de Frederick a la bonita joven, está un poco confundido, sabe que Frederick siempre busca protegerlo, pero el dragón es también demasiado precavido, por lo que opta por hacerle una promesa:

 

—Nos quedaremos solo un momento, el necesario para que recuperes tus fuerzas y puedas volar.

 

Salteado aquel momento entre ellos, Riuu prestó atención a la joven castaña, desde su nombre, hasta aquello que Riuu tenía de curiosidad sobre el lugar.

 

—Su bosque es maravilloso, seguro que eso ya lo saben, mmmm tu nombre es algo diferente a lo que imagine, pero es bonito. La familia Rune, ese nombre me gusta mucho. No te preocupes por Frederick, solo necesito alimentarlo yo, no come nada más, ni criaturas, ni hombres, ni nada por el estilo... es complicado de explicar ¿sabes? Es algo intangible, ya lo dijo aquel guardián, así que no será problema mientras descanse.

 

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Su atención estaba en el Black, su mirada iba y venía al plato de comida, haciendo su mejor esfuerzo por no manchar la camisa que, involuntariamente, le había prestado. Era un momento simple, pero perfecto. La tranquilidad del castillo, la compañía de él, y aquellos sentimientos que parecían querer instalarse en ella para siempre; todo era disfrutable y armonioso.

Tuvo que pensar unos instantes ante la pregunta que su pareja acababa de hacerle, el partido de quidditch parecía tan lejano que apenas recordaba la idea de Venus Victory de juntarse a celebrar. Era una propuesta que había transmitido al Black justo antes de partir hacia el castillo. Ella en ese momento no imaginaba qué planes tendría el caballero, y mucho menos que una vez llegada a su nuevo hogar no tendría ganas de salir de él nuevamente, al menos no esa noche.

-–Nunca aclararon en dónde sería… –respondió pensativa– a decir verdad, dudo mucho que nos extrañen allí, podemos organizar una celebración en cualquier otro momento, supongo. – Creo que mis expectativas para el resto de la noche están más bien puestas en continuar en tus brazos y dormir a tu lado –confesó y sonrió tímidamente.

Algunos elfos llegaron con más botellas de vino y él insinuó que una de las posibilidades podría ser que quieran embriagarlos.

–¿Así los tienes instruidos para cuando llegas con una chica a casa? –sugirió divertida– Vas a tener que avisarles que esos tiempos son parte del pasado y que ya no necesitas embriagar a tus citas… –dejó escapar una risa tranquila, sin cambiar el modo de mirarlo, con profunda ternura. –Tu eres maravilloso– respondió a su cumplido, dejando por un momento el tono bromista.

Rellenó las copas de ambos para continuar la comida, pronto ambos platos estuvieron vacíos, pero aquello no culminaba la velada. Los elfos se llevaron la vajilla, dejando solo la bebida.

–¿Qué planes tiene para mañana el Director de Deportes? –preguntó antes de dar un sorbo a su copa de vino. Era la primera vez que se planteaba cómo sería el día siguiente. ¿O acaso era mejor que se marchase para no interferir en sus planes?

 

@@Martin N Roses

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