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Libro del Caos


Khufu

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Sentado bajo uno de los árboles de aquel vergel observaba en silencio el horizonte mientras una brisa movía las hojas sobre su cabeza y hacía correr la arena del desierto por el borde de aquel oasis que había elegido para enseñar a sus alumnos. Su vara de cristal descansaba apoyada junto a su cuerpo curtido contra el mismo tronco rugoso. Los años habían pasado pero a pesar de ello, con cicatrices y todo, se podía decir que aquel guerrero conservaba su esencia perfecta.

Un ave surcó los cielos siendo apenas visible su contorno al venir desde donde surgía el sol, al acercarse a donde el Guerrero Uzza estaba fue descendiendo hasta que fue claro se trataba de un halcón que dejó caer sobre la palma extendida del mago un pergamino enrollado. Khufu deshizo el nudo de la tira de cuero que sellaba el escrito mientras el ave se alejaba hacia el pequeño lago ubicado en el oasis de setenta metros cuadrados. La clara y sabia mirada del mago recorrió el escrito, no había demasiada información y juzgar a la gente por sus nombres no era algo a lo que él estuviese acostumbrado. Cuando llegasen allí los analizaría mejor.

Se puso en pie, sacudiendo el polvo y arena de sus pantalones y con su vara en la mano conjuró cinco piedras del tamaño de un dragma, las cuales transformó en trasladores que aparecerían donde estuvieran sus futuros alumnos. Sobre cada una de ellas se grabó un nombre: Apep , esperaba que los estudiantes supieran entender a qué se los citaba y porqué. Cuando pronunciaran el nombre del dios egipcio activarían el traslador hacia el lugar en que él los esperaba. Un destello azul marcó la desaparición de las rocas en busca de sus futuros discípulos.

El guerrero se mantuvo de pie, apoyado ahora en su vara de cristal, observando hacia el horizonte una vez más, a la espera de la llegada de los que esperaban fueran dignos aspirantes para obtener los conocimientos que el Libro del Caos les podía dar. Una nueva ráfaga de viento atravesó el lugar, sacudiendo su cabello trenzado, su barba blanquecina y su pantalón suelto de lino, era imposible decir si el suave temblor en su cuerpo había sido causado por sus dolencias o por el propio viento.

 

@@Mica Gryffindor

@@David James Dumbledore

@@Juv Macnair Hasani

@@Hessenordwood Crouch

@@Rory Despard

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Rory realmente no se encontraba listo para la clase. Sobre la mesa, tenía la copia del libro de la magia uzza vinculada al caos, pero como todo lo que implicaba un uso mucho más fuerte de lo habitual de la magia, sus temores por la nula formación recibida lo llenaban de inseguridades. En la soledad de su habitación, cerró los ojos, y buscó en su interior, el sentido del deber que lo estaba empujando a asumir algo que por sí mismo no era capaz de afrontar, y que tenía que ver con la guerra en la que se había involucrado.

 

Con el bando, que ahora encabezaba.

 

De repente, una piedra apareció de la nada, con unas pocas letras escritas. Rory reconoció en él, el nombre de un antiguo dios pagano egipcio y no tardó en dilucidar que debía tratarse del llamado del uzza para la clase. Todavía se cuestionaba, hasta que punto no estaba sacrificando sus propios principios cristianos, enrendándose en una magia cuyo origen no terminaba de reconocer, lo que significaba el riesgo de involucrarse con poderes ocultos y prohibidos, ligados al maligno.

 

Pero si no hacía al menos el intento ¿de qué manera podía considerarse un verdadero hombre de fe? Convivir con la tentación del pecado era una tarea de todos los días, de la que no podía escaparse ni en sueños (y vaya que lo sabía bien, porque sus sueños últimamente evocaban deseos extraños con cierto conocido), y al menos tenía el consuelo, esta vez, de que si podía proceder adecuadamente, aun si el camino era torcido, ganaría a cambio el poder para proteger a los que más lo necesitaban. Y a los que quería.

 

El recuerdo del llanto de Luna, todavía lo atormentaba. Y aunque ella no lo hubiese pedido, su compromiso de estar presente en toda circunstancia para ella, se mantenía firme, igual que su resolución de acompañarla en el infierno que estaba abrazando para proteger el legado de su padre y de su familia.

 

Poniéndose de pie, alistó con unas últimas cosas una mochila. Su crucifijo colgaba en su pecho, junto a varios de los artilugios uzza de los libros a los que se había vinculado con anterioridad. Sabía que las tierras de esas gentes eran en extremo calurosas, asi que llevaba una ropa ligera, cómoda para tener soltura en sus movimientos, y lo suficientemente fresca como para que el calor no sumara una dificultad adicional en su entrenamiento.

 

Apep — leyó y de inmediato un brillo azulado rodeó a la piedra. Impresionado por la muestra de magia, haciendo a un lado sus dudas, terminó por tomar con convicción el objeto.

 

Unos segundos más tarde, con el estómago revuelto, se encontraba en un espacio por completo distinto. A la sombra de un árbol, el uzza aguardaba su llegada, y suponía, la llegada de otros más. Había en él una cierta aura que intimidaba al instante, por lo que Rory solo se limitó a hacer una reverencia frente al hombre, y ni siquiera se presentó.

 

Suponía, que de necesitarlo, ya el profesor se los exigiría más tarde que temprano.

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El Caos podía ser denominado como una fuerza sumamente poderosa y destructiva, ella lo conocía a la perfección. No por nada su vida siempre iba marcada por situaciones que estaban íntimamente ligadas con esa clase de sentimiento o mejor dicho sensación, jamás le daba del todo un significado definitivo. Solamente se limitó a observar la roca que apareció dentro de la mesita de noche en su habitación de la Torre Negra, curiosa forma de contactar poseían algunos guerreros Uzza. Nunca cuestionaría dichos métodos, pero le causaba curiosidad saber que clase de poder poseía ese objeto.


De un tiempo a la fecha, dentro de ella millones de dudas comenzaron a despertarse de forma irremediable. Una más alocadas que las otras, pero siempre derivaban en la misma situación, dando por sentado que daría con la causa que las generaba tarde o temprano. Ahora su atención debía estar enfocada al ciento por ciento en la clase del libro del caos, dar pasos seguros dentro del terreno donde se encontrarían con su profesor. Solo esperaba que no desearán intentar incinerarla de nueva cuenta— No ha sido tan malo a decir verdad—terciando una lóbrega sonrisa. Analizaba todos los amuletos, alianzas y objetos que acompañaban aquel tomo.


— Esta vez, no me pillarán desprevenida—calzándose cada uno de los objetos, esperada darles el mejor uso sin duda. Cambiando su ropa por un par de pants y una remera corta, no olvidaba usar unos cómodos convers. Los tenis siempre daban la agilidad que se necesitaba a la hora de emprender una carrera o realizar movimientos que requirieran emplear la rapidez en ellos. Anudando en su cintura una chamarra, posiblemente la usaría como vendaje improvisado o para cubrirse del inclemente sol. No se imaginaba a que sitio le llevaría aquella roca, pero confiaba que el mismo estaría plagado sin duda de aventuras y retos que se podría llevar gratas memorias.


Antes de que lo olvidará, no perdió más tiempo enviando un cuervo en lugar de una lechuza. Deseando que su novio James no deseará cocinarlo también, porque le estaba agarrando el gusto a cocinar cosas extrañas y ante todo, probar carne que no precisamente ella catalogaría como "comestible"Picotea la ventana hasta que la abra, pero luego de eso emprende el vuelo de regreso. No esperes ninguna clase de respuesta por su partele aconsejo a su mascota. No deseaba tener una baja considerable dentro de su colección de aves. Después de eso centro su atención en el sirviente que le miraba con sus ojos saltones.


— Ya sabes lo que tienes que hacer—indicó a su elfo domestico— Cuidar el fuerte y no dejar de darle de comer a mis pequeños bebés—la orden era explicita y directa. Colgándose la mochila al hombro, enfilaba sus pasos hacia la ventana— Volveré lo antes posible—guiñándole un ojo se dejo caer al vacío. Justo antes de chocar contra el suelo, desapareció tras apretar con fuerza la roca que destello de forma cegadora, pronunciando aquella palabra—Apepcayendo como un gato de pie en medio del desierto. Tosiendo aclaraba su garganta, esperando no haber causado la molestia del hombre que estaba sumido en sus profundas cavilaciones.


— Macnair—se presentó dando a conocer solamente su apellido. Ya tendría tiempo para darle a conocer un poco de su persona, aunque no le quedaba duda de que el podría ir bien sacando algunas conclusiones respecto a la Nigromante. Impaciente porque el resto de sus compañeros dieran la cara, ya que le interesaba bastante que la clase arrancará pronto.

Editado por Juv Macnair Hasani
Soy de la sangre del dragón ♦ Sinister Blade ♦ No te mostraré misericordia
monsjuv2021
¿Qué serías capaz de ofrecerme que valga el precio de mis recuerdos?
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No era por pretensión, pero a alguien como Ehécatl aprender de la magia antigua y ancestral se le daba bastante bien, si no era nata por lo menos resultaba más natural que el resto de la magia que ha tenido que aprender tanto en Ilvermorny como en Hogwarts, como si fuera lo suyo, como si él estuviera hecho de esto aun cuando conoce perfectamente su propio origen. Seguir el camino de la magia guerrera Uzza no había sido más fácil desde luego, eso le había quedado más que claro después de liquidar cara a cara cada uno de los primeros volúmenes de magia guerrera.


Los vínculos no eran fáciles de conseguir, pero aun así, había creído que estaba preparado para continuar y como siempre tendría que recurrir a toda esa experiencia y sabiduría que ha heredado de sus ancestros y Dioses a través del enlace que ha mantenido con Scared todo este tiempo.


La roca apareció frente a él con una destellante luz azul mientras aun riega los Alhelí amarillos que el demonio ha pedido que plante al rededor del estanque en la heredad de los Ollivander como regalo para la llegada de la señora Evans, e inmediatamente sabe de que se trata. No puede asegurar como, pero lo sabe. Y aunque se ha mentalizado para este momento luego de dejar la última de las inscripciones en Uagadoud, lo cierto es que de pronto no está seguro de si realmente va a conseguir vincularse esta vez con la magia del caos.


El libro del caos es un ejemplar complicado, lo ha estado leyendo durante las noches los últimos días y él no es capaz de entender del todo como funciona esta magia, tan particularmente diferente a lo que ha estado aprendiendo antes de los guerreros Uzza.


Debo irme-, su afirmación aunque se escucha convencida y segura no consiguió que el hombre más alto despegase la mirada azul de la pantalla del celular.


Imposible, estás a medio turno-, respondió tan rápido como sus dedos tipeaban sobre el teclado. Seguramente atendiendo otra venta en NY a larga distancia.


Si, pero es importante. Veras Hess yo…-,


Esto también es importante. Me hubieras avisado con tiempo, ¿ahora quién tendrá listo el jardín para la bienvenida de Evans?-, finalmente Hessen levantó la mirada, pero en lugar de dirigirse a él observó con ojos entrecerrados el jardín a medio diseñar.


Podrías intentarlo, he visto que te llevas bien con las plantas-, sonrió divertido y el gesto en blanco que recibe por parte del demonio delata que lo ha atrapado esta vez. —Y pareces gustarle a ellas también.


Largo de mi vista, Guillam-, responde secamente, volviendo su vista al monitor del celular. —Pero no voy a pagarte por estas horas de ausencia.


Ha estado cargando las cosas necesarias para esto en su mochila desde que la espera comenzó, después de todo siempre era así como los uzzas se movían ¿no? nunca estaba de más ser precavido, así que debía ser cuidadoso y no comportarse como el chaval que parecía ser, con apenas diecinueve años encima (físicamente).


Una vez fuera de los terrenos de la familia se detiene dubitativo, aun sosteniendo con firmeza la roca en sus manos piensa en si es que debería volver a casa antes para avisar de su ausencia. Él no ha dicho nada a Benjamín sobre su preparación de magia Uzza, no es que se lo guardase como un secreto, tampoco podría decir que tramaba algo malo, ni mucho menos sospechaba que Benjamín se oponga a su crecimiento, pero entonces, ¿por qué lo mantenía en secreto?


Un sentimiento de culpa lo inunda luego de recordar la última vez que ha visto al rubio,

pero había ya hecho un esfuerzo grande de su parte para formarse por cuenta propia en la magia guerrera uzza que no dejaría pasar esta oportunidad ahora. No dejará que esto le afecte para hacerse de estos nuevos poderes. Además, las intenciones de Quintel para con Benjamín siempre eran buenas, él nunca podría...


¿A donde hay que ir esta vez?-, pregunta para sí mismo antes de inspeccionar nuevamente la roca en sus manos. —¿Apep?-, habla con su fea voz, con esa pronunciación que no parece tener solo un acento, si no la mezcla de algo que involucra no sólo culturas diferentes, sino también épocas distintas. Y cierra los ojos con la misma fuerza con la que aprieta de la roca en su mano y sobre su pecho.


Al instante que sigue el intenso calor es lo único que puede sentir envolviendolo rápida y agradablemente, al menos eso consigue aminorar mas pronto las náuseas que provoca utilizar un traslador, y al abrir los ojos lo primero que encuentra es el rostro rígido de a quien no le cuesta reconocer como un guerrero Uzza, pues sus vestimentas eran bastante evidentes; en su simpleza y escasez parecían estar mucho mejor preparados que cualquiera que intentase presentar una prueba ante ellos.


Hola, soy Quintel Guillam, maestro-, saluda con ánimo jovial al guerrero y también con una de esas reverencias pomposas que Whisper le ha enseñado a hacer.


Y luego retrocede un poco, solo un par de pasos, cuando se da cuenta de que no está solo con el guerrero.


Hola, ¿no estoy interrumpiendo nadas aún, cierto?-, pareció de pronto nervioso al observar a los demás ahí, cargando sus amuletos y aparentemente mucho más preparados que él para esto, pero tampoco se deja intimidar. —Nunca he estado en una preparación como esta en compañía de tantas personas-, admite casi en un susurro cerca de alguno de ellos, como si esperara a que el guerrero realmente no lo escuchara. —Espero que no sea por algo malo.

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La vida de la Gryffindor en aquel momento se asemejaba demasiado a lo que los muggles llamaban “Montaña Rusa”. En su tiempo entre ellos había conocido una, se trataba de una estructura gigante que utilizaban a modo de diversión, aunque parecía más un método de tortura que un juego, realmente. El punto era, que así era su vida.


Había pasado de vivir su momento más triste, a encontrar cierta estabilidad emocional, para luego encontrarse plenamente feliz, aunque regresaba a los momentos de tristeza a menudo. Era difícil pensar que ambos sentimientos podían coexistir, y apenas unas semanas atrás lo hubiese creído imposible. Sin embargo, había logrado darle un nuevo sentido a su vida en los brazos de un caballero que día a día le demostraba que había mucho más por vivir.


En medio de todo ese vértigo, intentaba concentrarse para adquirir todos los conocimientos que le fueren posible, sobre todo aquellos que la hiciesen crecer en el mundo de los duelos y batallas. Siempre había sido de vital interés para ella el estar entrenada con respecto a ello, estar lista para defenderse y proteger a sus allegados, así como para luchar por su bando las veces que hicieran falta.


Recientemente se había anotado para adquirir los poderes pertenecientes al Libro del Caos. Sabía que representarían un nuevo e importante desafío, sin dudas. Fue así como, al momento de recibir aquella piedra ya estaba lista y a la espera de lo que le tocase realizar. “Apep” leyó en voz baja, notando como se activaba el traslador. Buscó entonces su morral y se lo puso antes de tomarlo y dejarse trasladar.


No fue la primera en llegar a la clase, aunque supuso que no sería la última al notar que una de sus compañeras de la clase anterior ya se encontraba allí, la misma cursaba junto a su pareja y así que pensó que el chico no tardaría en sumarse.


Mica, vestía pantalones y una blusa de tela de lino muy fina, ambas de color blanco. Calzaba zapatillas de lona, cómodas y sencillas, al mismo tono de su ropa. Llevaba el cabello atado en una cola alta que despejaba su rostro. Contempló con sus verdes ojos a los presentes y se mantuvo en silencio, esperaría a que el Uzza les diera la palabra para hablar, si éste así lo pedía. Mientras, solo aguardaría a que todo comience.

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Estaba mirando por la ventana de su habitación distraído con sus propias preocupaciones. En los últimos meses había logrado adquirir tres dragones, pero le apenaba tenerlos en la Reserva Mágica. Tenía ganas de poder llevarlos a cualquier lado, hacer grandes cosas con ellos. Tenía tres, cada uno más guapo y hermoso que el anterior. Distraído, tenía la mirada perdida hasta que un cuervo que se acercaba volando le llamó la atención. Lo miró sin perderle de vista.

 

El cuervo se acercó lo suficiente como para comprobar que la ventana estaba abierta, pues el mago estaba allí cómodamente apoyado. En un movimiento inesperado, el cuervo se dio la vuelta y se marchó por donde había venido tan rápido como había aparecido. El joven arqueó una ceja sin entender muy bien qué clase de comportamiento era ese en un animal de esas características, pero no le dedicó mucho tiempo a pensarlo. Tenía asuntos más importantes de los que preocuparse.

 

Nadie podía negar que se estaba esforzando por convertirse en un mago más poderoso de lo que jamás hubiese soñado. Últimamente no hacía otra cosa que aprender conocimientos y vincularse a libros de hechizos que cada vez resultaban más letales, pero también más caros. Su economía sufría cada vez que tenía que acudir a adquirir uno de ellos, pero merecía la pena. Sabía que pronto le avisarían, siempre lo llamaban en días similares.

 

Al contrario de lo que ocurriría en las ocasiones anteriores, esta vez estaba completamente preparado. Llevaba consigo todos los anillos y todos los amuletos puestos, preparado para cualquier circunstancia que pudiera suceder durante su aprendizaje. Si su teoría se cumplía, ese mismo día debían de avisarle, así que estaba preparado con la intención de ser uno de los primeros en llegar. De nuevo, optaría por un vestuario completamente deportivo.

 

Esperaba alguna carta o algún mensaje, pero lo que aparecía en su habitación fue una piedra. Extrañado se acercó para mirar de qué se trataba y comprobó que traía unas palabras escritas. ¿Qué era eso? ¿Tenía que ver con la clase del Libro del Caos que esperaba comenzara más pronto que tarde? Algo le hizo sospechar que sí. Asegurándose de que lo llevaba todo puesto, agarró su varita de la mesita para observar mejor aquello que había llegado.

 

¿Qué narices significa Apep? —preguntó en voz alta. No hubo respuesta, pero sí que hubo una reacción. La piedra se convirtió en un traslador. Era la hora. Lo agarró y unos segundos más tarde se encontraba en el lugar donde el Guerrero Uzza y sus compañeros en aquel aprendizaje esperaban. Sus intenciones de llegar el primero no sirvieron para nada, o mucho se equivocaba o era el último. Los viajes en traslador nunca eran agradables, pero pronto se encontró perfecto.

 

Se acercó hasta ellos para saludar. Un rostro familiar, un rostro ya visto visto anteriormente y dos personas a las que veía por primera vez. Sería interesante.

 

¿Ya estamos todos? —preguntó colocándose cerca de la Hasani y dejándole un leve roce con la mano a modo de saludo. Volvían a encontrarse.

 

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El primer alumno había llegado, pelirrojo, con un aire irlandés, una seguridad que no estaba seguro el mago realmente sintiera y unos modales relativos, había hecho una reverencia frente al anciano Uzza pero no había pronunciado palabra, manteniéndose a la espera de lo demás. El crucifijo en su cuello le llamó la atención, él había visto en el pasado la cruz ankh pero hacía muchas décadas o centurias quizás, que no conocía a un verdadero hombre de fe.

No le evaluó mucho más porque un nuevo alumno hizo acto de presencia, esta vez fue una mujer que con elegancia y aspecto rozando lo muggle y lo exótico puso pie en el oasis llegando como caída del cielo. No podía negar que los magos seguidores de Merlín tenían actitudes de las más extrañas y variadas, lo cual quedó claro al presentarse solo con su linaje familiar, aunque para algunos eso tenía un cierto mérito.

No ha terminado de evaluar a la rubia frente a él cuando un joven adolescente hace su aparición, con el ímpetu de quien es joven y quiere aprender. Ese era un hecho que tendría que demostrar, por su acento podía dilucidar que no tenía las mismas raíces que el resto. Su reverencia sin embargo había tenido la misma pomposidad que la del pelirrojo. El joven es verborrágico y arranca un carraspeo a la garganta del Uzza.

—Guarda tus ansias joven Quintel —pronuncia mientras hace su aparición un nuevo discípulo, otra mujer, pequeña y robusta

Al contrario del muchacho de los ojos claros la bruja no dice nada, ni se presenta, ni saluda, y sin embargo en ambos se nota el deseo de adquirir conocimientos. Kufhu se pregunta si ese grupo de magos y brujas realmente está preparado para lo que él les va a transmitir, ¿serán dignos de vincularse con el libro del Caos? Pronto, con la llegada del último alumno espera que lo puedan demostrar, otro amante de los deportes muggles.

—Ahora que se ha dignado a utilizar el traslador sí lo estamos —respondió secamente al comentario antes de introducirse de pleno en la clase.

El alto guerrero posó su pálida mirada en cada uno de los alumnos que habían ido llegando al oasis seleccionado para darles la clase. Un hombre, acostumbrado como él al estudio y al conocimiento siempre le había parecido que dejar al azar la suerte de este libro era algo que iba más allá de su aceptación. Los magos que se aventuraban a jugar con la suerte y la magia debían en verdad tener un temple extraordinario, o eso esperaba de ellos. Ni siquiera poner en juego el tercer ojo tenía sentido con esa ruleta rusa que el libro que enseñaba ese día significaba.

—Sean bienvenidos, espero más que excelencia de parte de vosotros al manejar este libro que pone en juego vuestra suerte y vuestro destino —volvió a recorrer con la mirada a los presentes, buscando ver en ellos algún signo de debilidad que debiera corregir —invocar las fuerzas del Caos es someterse al puro azar, ya sea en un duelo, el asalto al enemigo o en la vida mágica diaria, sin embargo será vuestro nivel mágico quién determine cuántas veces podáis tentar a la suerte. Los de más nivel podrán manejar dos veces ese azar en un día y los de un nivel inferior solo una vez, el azar no es algo con lo que se pueda jugar sin consecuencias.

Caminó con paso lento alrededor de los cinco magos y brujas, observándolos con detenimiento. Había fuego en ellos, un cierto potencial, que él estaba dispuesto a hacer brotar hasta que el conocimiento estallara como un volcán. Esperaba que sus discípulos fueran dignos de lo que se les estaba por enseñar o ese mismo volcán de sabiduría los consumiría como la lava a los habitantes de Pompeya.

—Hemos empezado con la misma suerte quizás, cinco son ustedes y cinco son las fuerzas que podemos invocar, cuatro ruedas que traen las fuerzas del poder, del tiempo, de la fortuna y del caos, la quinta no es una rueda de fuerza sino la invocación de los propios señores del caos —fue tocando los hombros de cada uno con la vara de cristal y frente a ellos comenzó a flotar una esfera plateada.

—Lo que debéis notar de diferente en este libro respecto a los otros es que no trae ni amuletos, ni anillos, ni frascos u objetos que se le parezcan, solo dados —hizo una pausa reflexiva, los estudiantes tendían a engalanarse como novia el día de su boda con los objetos de los libros, pequeñas muestras que canalizaban el verdadero poder de lo que les transmitía —ahora iréis eligiendo cada uno, una de las ruedas o a los señores del caos, cuando lo hagáis la esfera frente a ustedes se transformará en aquel objeto que les permita invocar la fuerza elegida. Espero que me digáis el porqué de vuestra elección y yo os contaré sobre la versatilidad de dicha fuerza, los pro y los contras de dicha elección.

Se detuvo con un suave temblor de piernas frente a ellos y se cruzó de brazos, tras dejar que la vara de cristal se ofuscara mientras el tatuaje de su brazo pareció reptar suavemente y cambiar unos segundos de forma, o quizás fuera pura imaginación y sombras provocadas por el sol. Cruzado de brazos sobre su encanecido y marcado pectoral, esperó las elecciones de los alumnos, el tiempo para él no era nada, pero esperaba que demostraran que sabían aprovecharlo.

—Recordad ser sabios en la elección, rápidos para la misma y que ninguno puede repetir la fuerza o los señores del caos ya elegidos por su compañero —el viento volvió a sacudir las arenas del lugar y los vellos de su piel se erizaron con la magia que comenzaba a surgir, no necesitaba provocarse un dolor de cabeza para ver que había potencial, pero también había mucho para dominar —recordad que la rapidez en la varita es necesaria, pero la rapidez mental para saber reaccionar a la adversidad o la fortuna que el caos puede provocar es mucho más necesaria aún, todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos como en una tirada de dados y la suerte es una dama que necesita mucho más que mimos para sonreírle a quién la busca en el azar.

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— La buena fortuna suele ser caprichosa—sentenció mirando al Uzza a los ojos. Aquella explicación disipaba algunas de las dudas respecto al poder que albergaba el libro del Caos. Estaba en lo correcto al pensar que desde que se creo el mundo esa fuerza, no servía para nada más que causar devastación y penurias en el mundo. Era sensato verlo desde esa perspectiva, porque para una persona como ella era bien sabido lo que el Caos, le provocaba al verlo desatado por sus propias manos— Cuatro ruedas y la quinta fuerza invoca a los entes del Caos—asintió recordando su lectura sobre ese dato en particular. Sintiendo la mano de su pareja cerca de la suya, le daba una ligera caricia con sus dedos sobre la palma de su mano.


Le gustaba compartir con él esa clase de conocimiento, creciendo al mismo ritmo, aprendiendo todo lo necesario para ser más poderosos de lo que cualquiera pudiera imaginar. Eran competitivos y deseosos de incrementar la fuerza y valentía que les corría por las venas— Solo me asalta una duda, ¿Qué sucede cuando ambos magos son del mismo nivel mágico?, ¿La suerte es equitativa o le beneficia más a uno dejando en franca desventaja al otro?— las interrogantes escaparon de sus labios como lo hacen las flechas de un arco, al ser disparadas por un ágil tirador. De un momento a otro se estaba volviendo demasiado curiosa respecto al tema de las ruedas de poder y todo lo concerniente a los señores del Caos.


— Dos dados, solo dos. Vaya manera de tentar a la suerte en realidad—apretaba el par en su mano. La elección para ella estaba hecha desde antes de llegar a ese sitio, siempre sintió una peculiar fascinación por los demonios. Aquellos seres que eran capaces de invocar el fuego y sembrar el terror con ese elemento que era capaz de dar vida, pero con la misma facilidad la quitaba— El Señor del Caos es mi elección, creo que tengo mucho en común con el. Podría dar más detalles, pero prefiero que con la sabiduría que posee me de su punto de vista sobre mi elección y ¿por qué cree que lo he elegido?—le sonreía curvando una fina línea en sus labios. La elección de sus compañeros, le hacía esperar por gratas sorpresas que no tardaría en materializarse delante de ellos.


La esfera delante de ella destellaba con fuerza, dándole paso a la criatura que invocará momentos antes. Tenerle ahí delante de ella, despertaba un poder que jamás en el pasado experimento, aquella fuerza que le haría cometer los actos más desalmados y atroces dentro y fuera del mundo mágico. Era como una bomba atómica recién activada, lista para ser usada en el momento propicio. Sus ojos admiraban aquel ser, deleitándose con la imagen que le obsequiaba con esa mueca enmarcada por una frialdad que helaría la piel de cualquiera. Pero no la de ella, no existía nada en el mundo que le generará temor, salvo una cosa pero la mantendría en secreto costará lo que costará.


—Mi suerte parece acompañarme sin duda—quedando en silencio, les daba el espacio necesario a sus compañeros para hacer lo suyo. Sin perder el vista al demonio que trajera tras la petición de Khufu. Confiando en que le gustaría mucho aprender todo lo que el tuviera para enseñarles, aferrándose a la idea de que al irse de ahí tendría más poder y lo emplearía sin duda alguna en alguna batalla que pronto se desataría dentro del mundo mágico.

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monsjuv2021
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No se equivocaba. A los pocos minutos, llegó el caballero que cursaba junto a la subcapitana de Jupiter Justice. Era evidente que era una pareja con la que se cruzaría en ocasiones reiteradas. Parecía que seríamos cinco aquella vez, faltando una de las muchachas que cursaba hasta entonces con el grupo. ¿se habría arrepentido? Aparentemente así era, porque apenas el último arribó, el Uzza decidió comenzar la clase.


La Gryffindor estaba realmente sorprendida e interesada por las palabras del Guerrero. Sabía poco sobre ese nuevo libro, pues esperaba cada clase para aprender directamente “de la fuente”. Le resultó inquietante saber lo azarosos que eran realmente los poderes que brindaba, siendo tan solo cuestión de suerte el hecho de que perjudiquen o ayuden en cada situación. No dependería del invocador, sino de su suerte de ese momento.


Eso le generaba, al mismo tiempo, una sensación de temor y adrenalina con la que podría lidiar tranquilamente. Si estaba allí, a fin de cuentas, era para experimentar y probar. En el peor de los casos, se anticiparía a posibles situaciones futuras no tan provechosas. El Guerrero caminaba y los miraba a los ojos mientras hablaba, con una convicción y notorios conocimientos.


Sintió el toque de la vara de su profesor, y vio formarse delante de sí una esfera plateada. El instructor continuó explicando que, dado que eran cinco, deberían elegir cada uno una de las Ruedas o el Señor del Caos, que eran los posibles poderes que el libro brindaba. La curiosidad era una de sus características, defecto y virtud al mismo tiempo y dependiendo de la ocasión.


Juve escogió en primer lugar, prefiriendo a al Señor del Caos, la respuesta más arriesgada según el criterio de la Gryffindor, así que escogió el siguiente que llegó a su mente y el que mayor interés le estaba mostrando en ese momento.


-Rueda del Caos, será mi elección -dijo con voz firme, notando cómo la bola plateada que flotaba frente a ella iniciaba su transformación.

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Ya sabe, lo bueno se hace esperar. —comentó el australiano.

 

Como siempre, estaba confiado en sus posibilidades para vincularse a un nuevo libro de hechizos que le hiciese progresar. Su ambición había crecido en los últimos tiempos de una manera imparable. Estaba preparado para enfrentarse a cualquier reto que se le pusiera por delante y no tenía ninguna intención de rendirse. Las últimas clases que había cursado resultaron ser más peligrosas de lo esperado, pero aquello era motivo de alegría. El riesgo siempre le había fascinado más de lo que debería.

 

No podía negar que hasta ahora la suerte y el azar habían estado de su lado. No hacía mucho tiempo que había ganado el premio gordo de la Lotería Navideña, confiaba en que su suerte no se hubiese gastado. Desde hacía tiempo presumía de ser un hombre afortunado, aquella clase le serviría para demostrar si sus palabras eran ciertas o, si por el contrario, estaba más que equivocado. También le había ido muy bien en el Quidditch, aunque eso más que suerte se llamaba calidad.

 

Aquel libro no tenía amuletos, ni nada parecido. Por un lado pensó que era mejor así, pero desde lo que le había pasado en su última experiencia, se pondría todos los amuletos que tenía cada vez que fuese a vincularse con un libro. Había cometido un grave error una vez, pero no pensaba hacerlo dos veces. En aquel volcán aprendió la lección y en la actualidad estaba demostrando que así era. Escuchaba con mucha atención al Guerrero Uzza porque todo lo que decía le parecía más que interesante.

 

¡Le tocaba elegir! Estaba dudando entre dos opciones, ambas demasiado obvias.

 

Rueda del poder. —pronunció. Era el momento de que la esfera comenzarse a transformarse en aquello que le permitiría invocar la fuerza elegida. No se le olvidaba que también tenía que dar las razones por las que había hecho esa elección, así que no se demoró en decirlo. —Elijo la Rueda del Poder porque una de las principales razones por las que estoy aquí es esa, en busca de poder. Siempre que buscamos aprender un nuevo conocimiento, una nueva habilidad o incluso cuando compramos un objeto... lo que estamos buscando es poder. Puede ser que el poder lo signifique todo. —esa era su explicación.

 

Ahora solamente faltaba que el Guerrero Uzza le explicase cuáles eran los pros y los contras de la decisión que había tomado, así como de la decisión que tomarían el resto de sus compañeros. Prestaría mucha atención a las palabras que tuviera que decirles porque, aunque en ese momento creía que la Rueda del Poder era la mejor opción, quizá cuando supiese más sobre todas cambiaría de idea. Estaba deseoso y puede que ansioso, así que esperaba que se diesen prisa en elegir.

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