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Aventura VI - En las colinas escocesas


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Crazy se levantó de un salto pero al posar los pies esbozó una mueca, que quedó oculta tras el casco de su armadura, al sentir un dolor punzante en el costado. La coraza que había invocado era todavía imperfecta, más débil que la de los Walpurgis más experimentados. Lo había protegido de la lluvia de hechizos, salvándole la vida, pero a pesar de todo había sentido el golpe y probablemente se llevaría un cardenal de recuerdo tras aquella escaramuza. No por primera vez aquel día, pensó que quizás estuviera demasiado viejo para aquello.

- Desde mi punto de vista  - dijo observando a Ságitas - Son los Senescales los que se meten conmigo

- ¿Eh?

La mujer de pelo violeta lo miró sin comprender, obviamente extrañada de hablar con una armadura parlante, mitad invisible mitad bañada en sangre. Crazy le hizo un gesto con la mano izquierda, mientras con la otra movía la varita en un círculo, levantando una pequeña barrera a su alrededor. La bruja siguió la dirección de su gesto y vio que uno de los iluminados estaba lanzando fuego verde y hielo como si fuera un surtidor con patas. Otra media docena de hechizos impactó contra la barrera de translúcido tono sepia que el Malfoy había erigido, y su brillo se atenuó visiblemente, perdiendo fuerza. No iba a resistir muchos más.

- Nos van a fornicar, pero bien  - dijo Crazy, tranquilo a pesar de la lluvia de magia - No sé donde está el resto de los mortífagos, pero son muchos para nosotros

Sagitas asintió, haciéndose cargo de la situación. Echó una mirada de reojo a la barrera, convertida ahora en un fino velo prácticamente transparente.

- Tenemos que llevarnos al Santo 

Se sacó entonces un anillo de oro de la mano con la forma de una serpiente enroscada y lo hizo flotar en el aire, apuntándolo con la varita murmuró un Portus. A continuación lo hizo volar hasta uno de los bolsillos de su compañera.

- Agarra el traslador cuando estés lista, te llevará a donde estaré, si es que no me matan antes

Se giró un instante para observar al grupo de enemigos. Eran más de una docena, y varios de ellos parecían dominar parcialmente algunos poderes del clan. El surtidor humano parecía controlar varios, por lo que supuso que se trataría de uno de los apóstoles. En el centro de la formación, bien protegido, lo observaba con los brazos cruzados y expresión iracunda el propio Santo. 

- Entretenme a ese Senescal del demonio, intentaré agarrar al Santo y largarme...  - emitió un gruñido gutural, notando la bestia desperezándose en su interior -  Si lo logro, usad el traslador para seguirme

Y con un último y brillante fogonazo, la barrera que había invocado explotó hacia fuera, lanzando un furioso torrente de magia que tumbó a los iluminados más cercanos. Crazy saltó hacia delante, recorriendo varios metros antes de que nadie pudiera pestañear, confiando en que esta vez el Senescal no lo hiciera saltar por los aires.

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Bajo sus pies sintió un frio tremendo que heló sus uñas causándole una leve incomodidad mientras veía como aquel individuo se acercaba, tristemente su figura no era muy grata, aunque su mirada perdida de ambos ojos solía confundirle si se le quedaba viéndolos. Empezó a vibrar la tierra de repente quitándole la estabilidad por unos instantes seguidamente apoyo el mortífago su mano sobre una roca para no tabalear ni resbalarse usando las garras y así fijarse al piso. La luz de sus ojos empezó a proyectarse por su cuerpo sutilmente mientras el desconocido hacia lo propio con una luz de energía distinta que lo empezaba a concentrar en sus manos, creando una especie de fuego para lanzárselo hacia el cuerpo en forma constante como si nunca se iba a cansar de tanto movimiento.

Ágilmente apareció Cinthya en su mano para crear una barrera de energía que lo cubría de aquellos ataques después de murmurar -Protego- al no querer exponer su nueva segunda piel a prueba la cual ya tenía puesta, pero tantas bolas de energía iban detonando en su escudo mágico las cuales empezaron a rajar y dejándole grietas hasta romperse. No pudo escapar ágilmente mientras retrocedía de la trayectoria del ataque que golpeando su cuerpo mientras el Black Triviani se cubría con las manos y recibía de lleno de lo que quedaba del ataque sobre su pecho, simplemente arrastrándole hacia atrás unos cuantos metros. –“Em… no dolió” – mencionó sorprendido para sí, mientras se limpiaba sus ropas de tanto polvo que había ocasionado el embiste.

-“Si esto produce aquello, que no haría la coraza completa (?)”-  pensó y quiso sacarse de dudas  evolucionando este caparazón para así ir multiplicando su resistencia mientras  empuñaba nuevamente la varita produciéndose un efecto de la punta de la misma apareciendo un lazo mágico que se ata a los tobillos del otro lycan para tensarlo y hacerle caer de bruces al suelo, aprovechando ocurría esto su cuerpo se convertía en una armadura completa.

Giro su miraba para observa a su enemigo que quizá lo quería probar o habría sido el enviado de alguien que no quería que llegue a encontrarse con el Trovador y sus compañeros. Aun así, necesitaba concentrarse en lo que estaba sucediendo.

Como era de esperarse su contrincante logra liberarse y vuelve a desaparecer esfumándose inesperadamente ante su mirada atenta. “Habrá accionado alguna clase me hechizo o quizá algún mecanismo” imagino el mismo mientras por instinto empezó a correr hacia el lugar del incidente sin encontrar nada o eso le pareció.

Aunque ya le había mencionado que ruta debía ir para poder encontrase con los suyos, no bajo la guardia para avanzar con cautela y apresuradamente dando salto a grandes distancias por todo el recorrido. “Puede que esto sea el comienzo de todo, una bienvenida a lo que nos pueda esperar mas adelante”. Usó su olfato para guiarse nuevamente y encontró un rastro sutil a humo. Supuso que ese sería el sentido a donde debía ir.

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(Sagitas, Rumbo a convertirse en un Senescal de Caronte)

Me sentí satisfecha de mi rana. Quien piense que estoy loca, pues tendría razón, pues le acaricié y hablé en voz baja antes de guardarla de nuevo. Ahora no podía permitirme perderla ni que le pasara nada. Pero la felicidad no es duradera, la voz de Crazy Malfoy me sacó de mi pequeño momento de asueto para devolverme a una realidad mucho más escalofriante. He de reconocer que, si él no hubiera extendido aquel escudo mágico por delante, seguro que habría tenido motivos para recuperar parte de mi alma recién extraída, porque habría caído ante el ataque extraño de hielo que no conocía aún, aunque me sonaba haber leído algo sobre este tipo de magia. No sé porqué, sonreí.

-- ¡Oh, vamos! ¿Por qué crees que los Senescales se meten contigo? Ni que tuvieras pruebas -- contesté, medio en broma, al recordar que aquello había sido un Hielo del Averno. Algún día lo dominaría, estaba segura. -- Gracias...

Tenía razón, allá había demasiados enemigos y nosotros éramos dos. ¿Dónde se habían metido los otros? ¡Diosa Oscura, que no le hubiera pasado nada a Anne! Aunque no era momento de oraciones sino de acción.

-- Vale, buscar al Santo. ¡Oh, no hace falta que me pagues por ayudarte! -- le contesté, al ver que me daba un anillo hermosísimo. Seguro que era una de las joyas de la Familia Malfoy y... ¡Agg, kk! Era un traslador, se lo tendría que devolver...

Varios de aquellos atacantes eran buenos, ahora que les veía atacando y que no les había sorprendido por la espalda, como cuando me hice con el control de sus almas. Eran demasiados; le debía dar la razón a Crazy, de allá sería difícil salir vivos. Lancé unos cuantos hechizos sencillos, procurando evitar los suyos, pensando a cien cómo narices podría salir de ésta sin morir en el intento.

-- "Entretener al senescal de los demonios" -- murmuré entre dientes, con un tono cansino. -- ¡Cómo si fuera tan fácil! Ese sabe tres veces más que yo...

A pesar del gruñido, no me di por vencida, no suelo hacerlo, soy persona de soluciones imprevisibles. Además, ¿quién teme a la muerte teniendo un horrocrux guardado para burlarla? ¿Cómo se puede dominar a un Senecal varios grados más sabiondo que una misma, con un montón de monigotes obedeciéndole?

Sonreí. Dicen que el demonio sabe más por viejo que por demonio, y yo ya llevaba muchas experiencias en este mundo mágico como para acatar las situaciones de forma lineal, como se esperaba.

¿Creían que me iba a esconder? Me levanté de mi protección.

¿Creían que iba a huir? Me acerqué.

¿Creían que atacaría a los peones y después iría a por el Senescal de más grado, para dejar espacio libre a Crazy y su enfrentamiento con el Santo? Bueno, pues eso sí fue lo que hice, por esta vez tendrían razón, aunque a mi manera.

Hice trampas con un Salvaguarda Mágica y conseguí eludir los primeros ataques de los magos a los que me acercaba. Cuando estuve lo suficientemente cerca de ellos, intenté de nuevo el hechizo del Titiritero al pronunciar el Vínculo del Alma. Con eso, conseguí que casi una docena de magos se giraran hacia él, atacándole mientras mi mente luchaba por mantener el control. Tal vez no me había recuperado del todo del primer uso que le di a este hechizo, de gran concentración para su buen funcionamiento. Enseguida sentí el cansancio que oprimía mi cabeza y me causaba un incipiente dolor que crecía en oleadas de palpitaciones.

Vi un círculo esmeralda en las manos del Senescal de más grado y me asusté decidí que era hora de irme, si no quería acabar con mi corta carrera de mortífaga. Metí la mano en el bolsillo y agarré con fuerza el anillo de Crazy, viendo llegar aquella bola hacia mí.

-- ¡Ay, demonios! ¡Qué me...

Desaparecí y, cuando aparecí, golpeé el suelo con mi espalda, con la suficiente fuerza como para sentir que los latidos en las sienes se disparaban.

-- ... dio!

No, no me había alcanzado, pero por poco. Y otra vez, gracias a @ Crazy Malfoy .

-- ¿Te entretuve bastante al Senescal, Jefe? -- le pregunté, tirada en el suelo.

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Un poco pensativo por lo que hace un momento le había ocurrido con aquel individuo, quien le pareció indefenso pero a las finales no tenía por que bajar la guarda con nada en este lugar, ya él mismo tendría que cuidarse la espalda, y hasta que no encuentre al grupo  el velará para cumplir el objetivo. Apurando su corrida entró entre los arboles guiándose paralelamente del camino que lentamente mientras mas avanzaba se iba borrando a su vista hasta que llegando al cause del río detuvo el paso, mirando a ambos lados tratando de encontrar la manera de cruzarlo, el cauce estaba algo rápido como para atreverse a ir nadando o saltando. -"Quizás los arboles me permitan realizar alguna clase de puente"- imaginó mientras hacía manos a la obra, después de observarles un breve instante decide  donde debería provocar los cortes de los mismos. Sus garras crecieron filosas como navajas endurecidas por la coraza usando su fuerte después de caminar con la manos sueltas y colocarse al frente entre el rio y el árbol. Balancea su brazo con precisión midiendo la distancia para dale una buena sacudida con un golpe seco y con esta cortar el tronco de ida y vuelta en forma de V, se escucha un sonido  como si de metal se tratase y este cuan alto era cayo sobre el lugar calculado; hizo lo mismo el siguiente árbol que se encontraba al lado, usando su fuerza mejorada después de haber caído este, empezó a jalarlo para llevarlo no muy lejos hacia el río y hacer con ambos una especie de puente, los levanta y los tira sobre la piedras con cuidado esperando  cauce los encallen mientras  veía  flotar la madera, quedando en el lugar deseado. Tocó si estaba estable su trabajo y subió sobre el mismo haciendo un poco de equilibrio y con ello lentamente paso hacia el otro lado. 

Toco suelo seco con ambos pies y siguiendo su marcha en la dirección deseada. Después de un largo tramo llega hasta un lugar donde ya no había vegetación alta y si muchas rocas de diversos tamaños, al parecer era la entrada de alguna construcción. -"Quizás sea este el lugar donde queríamos llegar" - pensó hasta escucha unos pequeños roedores correr saliendo de una dirección de donde había humo y mientras se acercaba mas ruidos y sonidos de alguna especie de batalla algo lejana.  Mientras mas se acercaba un cuerpos caídos y notoriamente agredidos por la magia de algo o alguien, mientras avanzaba revisaba los cuerpos que se encontraban cerca, esperando encontrar algo que le fuera útil. Al llegar a la loma observa a dos de sus compañeros quien pelaban con alguien el cual no podía notar muy bien, apresura su paso usando su agilidad mejorada usando sus garras para un mejor impulso. Logra notar que solo queda uno de los suyos quien en el suelo retrocedía sentado como si buscaba algo en sus bolsillos. El Black Triviani saltó cuan alto cuanto pudo en esa dirección mientras a lo alto de la caída con varita en mano, para rodar por el suelo ágilmente y apuntando sobre una roca de tamaño promedio la mueve  tarándola de bolada en dirección del individuo para golpearle con la misma y esta le de tiempo mientras corre donde su compañero se encontraba, al coger su túnica la roca impacta el mismo instante el rayo cae sobre Kártajan y este desaparece junto con su compañero a través de un trasladador que nos lleva hacia algún lado para caer  de espaldas sobre el suelo duro. -Auch, eso si que duele - Sentado se coge la espalda donde el rayo le había impactado, poniéndose de pie y mirando a dos de los suyos. 

-¿Y los demás ?.. - manifestó su intriga , esperando ver a los que faltaban.

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Hacía mucho frío, la noche caía sobre los magos y brujas que paso a paso se acercaban a un encuentro cercano con la muerte.

Aún escuchaba las cuerdas del laúd pero se transformaron en ecos lejanos que se perdieron en la niebla que unía las sierras.  No estaba segura cuán preparada estaba para enfrentar a los iluminados y matar ¿o capturar? A Il Santo. Por el rabillo del ojo miré la barqueta y recordé la verdadera misión que me había traído a esa montaña. Apreté con los dedos de mi diestra la varita decidí que lo mejor sería avanzar hacia donde percibía rastros de sangre en el ambiente, no debía quedarme sola.

Solo bastó avanzar unos cinco metros para divisar un valle que se abria a mis pies, la gran colina descendía con una inmensa pradera en la cual el metálico aroma de la sangre se intensificaba. Como criatura de la noche recurrí a las ventajas de mi raza y ocultándome bajo la negra capa avancé entre las tinieblas como un felino al acecho hasta dar con un sonido que me puso los pelos de punta: la melodía de un laúd, acompañada por la presencia de almeno una docena de magos cuyas sanguinarias miradas viajaban al encuentro con quienes parecían ser miembros del bando mortifago.

En cuanto el laúd sonó los magos rugieron como criaturas salvajes y sus extremidades empezaron a crecer, sus espaldas se quebraron y adaptaron la forma de criaturas de cuatro patas... ¿Walpurgis?

Intenté rodearlos pero fue imposible, tuve que esquivar un ataque con salvaguardia mágica volviendome intangible y atravesando las garras mugrientas de uno de ellos. Desaparecí antes de que me tomaran por sorpresa y aparecí 4 metros más adelante para alojarme al suelo y rodar al tiempo que dos de aquellas bestias chocaban sobre mi cabeza. 

¡Presta atención! me dije y con mi varita apunté a una de esas criaturas: -¡Avada kebrada!

La bestia cayó sobre mi cuerpo y me oculte allí abajo con la expectativa de que los mortifagos me hubieran detectado.

Podía sentir como lentamente el iluminado recuperaba su forma humana, bajo su cuerpo le robé un colmillo de la boca antes de que la bestia desaparezca y me aferre a mi varita la cual empezó a brillar de un azul intenso.

Aquél colmillo era mi primer horrocrux.

Las cuerdas del laúd continuaban sonando ¿acaso el trovador los estaba controlando? ¿Se trataba de un senecal? 

 

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Estando al otro lado escuchaba un sonido diferente, que notoriamente no era nada natural, ya que al parecer vendría de alguna clase de instrumento el cual hacia que se acelere el palpitar de su corazón. No entendía que había pasado hasta ahora ni sabia donde estaban pero lo que tenia claro era que debían encontrar a ese Trovador. Seguidamente se percató de un brillo poco natural el que  inundó el lugar provocado por unas fibras que se  entretejían en el lugar, algo muy parecido a la seda de araña que crecía  de la pared contigua hacia el suelo. -Hey... qué es esto? - comentó  su curiosidad a sus compañeros que posiblemente le den una explicación sensata a su duda y estaba sólo. 


El frio de la noche empezó a helar cada vez mas, y felizmente para nosotros eso que dejamos al otro lado del trasladador ya no estaba con nosotros. No sabía bien si esa criatura, el Senescal de más grado era ayudante de nuestro enemigo o fue un acontecimiento que sucedió fuera de lo planeado, la idea es que ya podríamos ir y continuar la búsqueda.

-Pero , ¿Dónde esta el Santo ?-  Recordó y manifestó su duda buscándole a su alrededor. Vió a cierta distancia como @Sagitas Potter Blue se encontraba próxima a otro de sus compañeros  @Crazy Malfoy  quien aparecía de la nada tras una estela de polvo. Corrió hacia ellos si es que necesitaban apoyo de algún tipo quedando como a 10 o 15  metros de distancia dentro de una especie de grieta, la cual empezaba a crecer en su dirección. Hizo que su cuerpo empezara a compatibilizar lentamente con su entorno mimetizándose con el ambiente que le rodeaba, cambiando primero de color su piel seguido de sus ropas. Perdiéndose a la vista mientras seguía acercándose a ella, muy atento prestando atención donde pisaba.

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  • 3 semanas más tarde...

La onda expansiva provocada por la explosión de la barrera mágica tiró por los suelos a los enemigos más cercanos, pero todavía lo separaban de su objetivo una media docena de iluminados y era dolorosamente consciente de que su única oportunidad ante tal desventaja numérica era el factor sorpresa. Se adentró profundamente en su bestia interior, sintiendo al instante cómo su cuerpo aumentaba de tamaño y notando su mente teñirse de una cualidad animal, no irracional pero sí más instintiva. Convertirse en un hombre irbis provocaba que usara mucho menos su vista y mucho más sus otros sentidos, su cerebro le indicaba a través de los olores aquellas zonas libres y a través de los bigotes en su rostro podía sentir cualquier movimiento a su alrededor, incluso aquellos producidos a su espalda. 

A pesar de su tamaño, ya que ahora medía unos dos metros y medio, esquivó al grupo de iluminados como un jirón de niebla flotando en la noche. Silencioso, cubriendo varias zancadas humanas con cada pequeño salto, comprendiendo sin pensar a dónde se movían cada una de las personas que lo rodeaban. A escasos metros pudo divisar el rostro del Santo. Ya no parecía ufanamente despreocupado, sino que lo observaba con furia, el puño brillando con un resplandor esmeralda que prometía una descarga de fuego preparada para cuando se hubiera acercado lo suficiente.

No sabía a ciencia cierta qué poderes de los clanes dominaba aquel fanático, podrían ser varios o incluso todos, pero dudaba que pudiera controlarlos como un verdadero miembro del clan, tras arduas jornadas de entrenamiento con maestros expertos. Fijos todos los ojos en Crazy, una sombra relampagueante y embadurnada de sangre, nadie vio el gran portal Nox que invocó justo detrás del Santo. La trampa estaba en posición.

Los hechizos zumbaban a su alrededor, algunos errando su objetivo por apenas milímetros, Crazy saltó impulsándose con los dos pies y surcó el aire por encima de la última hilera de iluminados, cayendo justo sobre su líder en un revoltijo de fuego y gruñidos, precipitándose ambos por el portal, que se cerró a su espalda como si nunca hubiera estado allí.

Cayeron rodando sobre un sueldo de madera oscura, pateando, golpeándose y esforzándose por colocarse encima de su rival. El Santo era fuerte y su mano derecha le golpeó un costado, helándolo al instante y arrancando del Malfoy un alarido de dolor. Crazy, desesperado, abrazó su mente animal y actuó sin pensar, desprendiendo su armadura y proyectándola hacia delante, esforzándose por adaptarla, por moldearla justo para que...

... Y tan rápido como había comenzado, todo terminó. Crazy rodó un par de metros hasta quedarse tirado boca arriba, jadeante y el Santo cayó inerte al suelo, emitiendo un ruido sordo. La coraza del Walpurgis se había adherido a su cuerpo, rodeándolo e inmovilizándolo completamente, convertida ahora en una carcasa rígida. El silencio se abatió sobre la estancia, que parecía una taberna vacía. Despojada de su jolgorio habitual, era un lugar triste y solitario, repleto de vasos vacíos y muebles desvencijados.

- ¿Te entretuve bastante al Senescal, Jefe?

La voz de Sagitas rompió la quietud y Crazy comprendió que se había desmayado. ¿Cuánto tiempo había pasado? Se incorporó con dificultad, sintiendo un dolor agudo en su costado allí donde el Santo lo había congelado. Su enemigo yacía en el suelo, atrapado en un sarcófago que lo hacía invisible en aquellas partes no ensangrentadas. El Walpurgis movió lentamente la varita sobre él, provocando que la sangre se evaporara, y a una orden mental la armadura se volvió transparente. El fanático le devolvió entonces la mirada, los ojos desorbitados y los labios aplastados contra la barrera invisible.

- No sabía que se podía hacer eso  - murmuró Sagitas -

- Yo tampoco - respondió Crazy -

Concienzudamente modificó la irrompible coraza para que se adaptara hasta el último milímetro del cuerpo de su adversario, dejándole el espacio justo para respirar, y no muy hondo. Finalmente abrió un pequeño orificio en su boca, para que pudiera hablar.

- Nunca me había costado tanto llevar a nadie a una taberna  - dijo Crazy con una sonrisa sardónica -

- Maldito supremacista oligarca, cuando acabe contigo no sabrán distinguir tu trasero de tu cara

Crazy suspiró, mientras se sentaba en una de las mesas desocupadas y retiraba el corcho de una botella de whisky prácticamente vacía. El calor del familiar líquido en su garganta lo animó un poco. Le hizo un gesto con la botella a su compañera de armas, en un ofrecimiento mudo.

- No estoy seguro de si es una amenaza de muerte o un ofrecimiento sexual, ¿Tú que dices Sagis?

- Reíd mientras podáis, mis apóstoles saben qué hacer, el plan está en marcha y vuestra pequeña organización supremacista tiene los días contados

Crazy se limitó a encogerse de hombros y apurar lo que quedaba del whisky. No sería la primera vez que se quedaba sin trabajo.

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