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¡Multiverso! 30 años hacia el futuro. Imperialismo NO mágico.


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Supervivencia

 

El Museo de la Magia en Nueva York había sido erigido sobre los cimientos de la imponente edificación del MACUSA; su derrumbe había acabado con una larga y dura guerra, una contienda de treinta años, ¡décadas que se habían llevado consigo a cientos de brujas y magos!, quienes a su vez, habían enfrentado la extinción en numerosos campos de concentración a nivel mundial. Ya nadie hablaba sobre colegios de magia y hechicería o de varitas que pudiesen levantar un campamento de quidditch en menos de diez minutos, ¡mucho menos sobre criaturas asombrosas o bandos rebeldes! estos últimos, posiciones naturalmente opuestas que a pesar de una tregua ligera, parecieron no poder contra el implacable instinto de supervivencia de quienes habían demostrado la peor careta, egocentrismo innato de quien pudiese superar al ser humano ordinario, el muggle. 

Según se comenta entre algunos supervivientes, los no mágicos habían utilizado hostilmente a algunas aves mágicas y unos pocos magos o brujas, para desmemoriar pueblos y ciudades (para que noten lo que un poco de magia podía lograr ante un millar de personas) con la finalidad de olvidar hostilidades y proezas de algunos hechiceros y hechiceras de renombre. El innombrable, el famoso director de Hogwarts, los poseedores de reliquias mágicas, líderes de movimientos políticos, defensores de la democracia mágica... ¡todo había sido borrado de la faz de la tierra! 

Por su parte, algunos castillos como Hogwarts o Mahoutokoro, eran hoy en día simples atracciones turísticas sin un ápice de magia en sus paredes. Por ejemplo, el temor invadió de tal manera al emblemático colegio que nunca más mostró siquiera una ventana hacia la sala de menesteres. Destino similar había sufrido el Ministerio de Magia británico, que en definitiva, no resultó ser más que un hueco bajo tierra con poderosos hechizos de expansión, cuestión que a pesar de su dificultad, la alianza no mágica había logrado interceptar, siendo en la actualidad, una estación más de los metros de Londres. 

¿Qué sería de los grandes magos y brujas de las últimas generaciones? ¿Sobrevivieron?... ¿Qué sería de la magia?...

***

-Son veinticinco dólares... 

Un joven de aparentemente unos 23 años observaba el frontis del museo mágico estadounidense.

-¿Cuánto? disculpe...

- Veinticinco dólares...- volvió a repetir la mujer tras el cristal de la boletería mientras que con el lápiz apuntaba a una hoja impresa pegada hacia el exterior. 

Cita

Adultos y Jóvenes (18>80) : $25USD
Adulto Mayor (75+) : $15USD
Niños (12 a 17) : $15USD

El tipo acomodó su jockey y llevó la mano hasta su cartera para sacar una tarjeta que mostró con una sonrisa de júbilo mientras la cajera reventaba un chicle globo con desgano y estiraba los dedos por un huequito a ras del mesón. A quienes figuraban bajo membresía les cobraban la mitad de lo que estuviese sujeto su tarifa. 

-Kalevi Bogd...

 

-Bogdanova, Kalevi Bogdanova- replicó el muchacho. 

- ¿Rumano?- consultó la tipa.

-Búlgaro- contestó él sonriéndo intrépido mientras la cajera cotejaba si había parecido con la foto que le aparecía en el sistema tras cobrar la tarifa- ¡Soy yo!- exclamó con una innata y divertida estupidez quitando el jockey para una mejor apreciación. Su cabello mantenía un corte de moda y apto para su cabello liso y sedoso mientras que sus ojos verdes eran todo un misterio. Volvió a dibujar media sonrisa- No soy mago...murieron(?)

-Adelante...- le respondieron de mala gana.

-¡Gracias!

-¡hey! ¡tu tarjeta ... (Oh cierto, ¡gracias!)... ¡Tú boleto!...(Lo siento, gracias)...

Inserte ticket bajo el lector

 

OFF: Rol libre para soltar los dedos ^^

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Supervivencia   El Museo de la Magia en Nueva York había sido erigido sobre los cimientos de la imponente edificación del MACUSA; su derrumbe había acabado con una larga y dura guerra, una c

Celeste. Una joven de apenas diecisiete años se encontraba mirando el museo desde una cuadra de distancia, titubeando sobre su siguiente movimiento. Desde que tenía uso de razón le habían prohibi

Elizabeth King- Bruja que se hace pasar por artista itinerante muggle y hace trucos en las ferias   Estaba escondida para que nadie la viera, llevaba semanas en su casa de campo pensando en

Elizabeth King- Bruja que se hace pasar por artista itinerante muggle y hace trucos en las ferias

 

Estaba escondida para que nadie la viera, llevaba semanas en su casa de campo pensando en cómo hacer una revuelta y devolver su magia a las personas que la necesitaban urgentemente, era de las pocas brujas que había podido escaparse alegando que sus familiares eran muggles y escondiendo su varita mágica en un cofre para que ninguno de los muggles pudieran encontrarla, su baúl tenía un hechizo que cuando ibas a buscar la varita te olvidabas de para que habías venido, había tenido que presenciar como vilmente los no-maj tomaban en su poder todo lo que conocía como mágico, desde ministerios, pasando por San Mugo, mansiones y tantos locales de comida más que ahora estaban siendo usados como mera atracción muggle, gruñí por lo bajo enfadada y sintiéndose sin fuerzas para seguir luchando, ¿qué era lo que pensaba hacer? ¿una revuelta mágica en un mundo que ya no tenía magia y en donde muy pocos magos y brujas existían? era una total locura y si no era una locura era suicidio en masa o al menos, era su final sin ninguna duda. 

 

Nunca imaginó estar viviendo una situación como esa, pero en el fondo de su alma sabía que se lo merecían, por todos eso magos de sangre limpia que se consideraban inferiores a los muggles, ¿donde estaban ahora? seguramente que olvidados de su magia como debería de haberle pasado a ella si la hubieran encontrado por supuesto, había logrado pasar inadvertida para ellos y ahora vivía como una muggle más, simulando que no era una bruja y haciendo todo sin varita mágica, se había convertido en una persona que luchaba a las sombras pero de día, de día era una actriz callejera que actuaba en varias obras de teatro y hacía reír a más de uno, trabajaba en la feria que supuestamente era propiedad de los muggles, sintiéndose algo mal por todo lo que había tenido que comer, pensó en que sentirían si supieran que sus trucos de magia y sus polvos eran magia pura y sonrió satisfecha por haberlos engañado una vez más, total era una artista itinerante que no tenía futuro, ni pasado y mucho menos tenía a donde ir, se había quedado sola en el mundo y se haría pasar por muggle al menos hasta que otra idea se le ocurriera por supuesto. 

 

Pero en esos momentos estaba en la casa de campo pensando y pensando en que hacer acontinuacion, ¿qué acto mágico haría esta noche? ¿haría desaparecer un tigre o un gato? había pedido que le trajeran ambos animales y ninguno parecía alegrarla del todo, ¿qué haría en un mundo sin magia? además de ser una actriz con poco o nulo talento para los trucos y hacer reír a varios muggles con trucos de magia, alegando ser una artista de poca monta que actuaba por unos pocos pesos, no tenía otra razón para haberse quedado más que por puro deseo de no haber dejado jamás el lugar o al menos, por no saber a donde correr o ir más precisamente. 

 

Allí ya no era Luna Gryffindor Delacour, ahora era Elizabeth King, de la dinastía King, una aristocrática con dinero y poder, hija de un banquero de renombre y muy famoso por cierto, esa era su identidad muggle y su boleto a un mundo que se le antojaba del todo extraño e incierto por demás, la atracción la esperaba para hacer su gran show y acto, así que tendría que apurarse y decidirse rapido esta vez, siempre se le hacía cuesta arriba elegir cual truco haría para encantar a su audiencia y si bien, siempre había funcionado, la costumbre de salir a la batalla de la bruja nunca se había extinguido del todo y se preguntaba cómo lograba engañarlos del todo y si podría seguir haciéndose pasar por una simple artista muggle itinerante mucho tiempo más.  

 

Cuando logro decidir el truco se apresuró a ir a la atracción muggle que la esperaba a media cuadra de su casa, no le costó nada llegar hasta allí y mascullando un juramento por tener que ir caminando en lugar de aparecerse, le sonrió a la señora que estaba en la boletería y paso rápido para poder armar su show cuanto antes mejor, saludo a sus colaboradores al pasar y les contó de su sábado mientras terminaba de armar todo el diálogo que ese día iba a decir, aquel día iba a ser interesante y divertido o al menos, esperaba que fuera ambas cosas por igual. 
 

Muchas chispas salieron de quien sabe donde, un conejo en una galera, una señora cortada por la mitad y muchos fuegos artificiales más hacer levitar a las personas, además del consabido diálogo que siempre preparaba le salvaba las papas del fuego cuando no sabía que hacer, siempre aparecía una idea o otro chiste que contar, las atracciones mágicas seguían andando y ella sonrió pensando que ese día sería muy especial y que ganaría mucho, solo debía de seguir simulando ser una simple artista callejera que hacía trucos con sombreros y contaba chistes a su audiencia muggle y estaría salvo, porque el pensar lo contrario no era lo que solía hacer siempre y ahora vivía mucho más en paz y tranquila que años anteriores, realmente adoraba hacerse pasar por muggle y lamento que esa idea no se le hubiera ocurrido muchos años antes porque se hubiera ahorrado más de un dolor de cabeza.  

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Anna Sebastián

 

La mujer de cabellos castaños se encontraba sentada  en una banca del parque, leyendo tranquilamente un periódico neoyorquino. Su mirada castaña recorría línea tras línea de los obituarios, buscando un nombre en particular, hasta que finalmente lo encontró

 

Cita

Querido Richard. El eterno descanso ha llegado al fin a ti, tus seres queridos te cuidaran en el viaje final que les has precedido. Los que te amaron sabrán llegar al antiguo mausoleo guiados por la magia de tu amor. RIP. H.L.A.J. Por siempre tuyos junto a SA y KB.

 

La mujer sonrió y cerró el periódico, apoyándolo sobre sus rodillas, mientras se echaba atrás apoyándose relajadamente en la banca del parque. Su mirada se fijó en los árboles algunos metros frente a ella cuando susurró para sí misma.

 

—Así que sí están vivos y llegaron aquí.

 

La verdad es que se alegraba de leer aquello, su viaje desde Londres había sido meses atrás, en su momento, cuando todavía trabajaban en la estación del subway. No había sido un problema conseguir un trabajo allí, el musculoso especialista en cerámicos. La llave había abierto a pesar de que el Ministerio no estaba allí, había más en aquellas habitaciones ocultas de lo que jamás había encontrado, todo un laberinto de cuartos secretos, algunos de los cuales habían absorbido la magia del Departamento de Misterios. De hecho muchos de aquellos pasajes correspondían a las desaparecidas salas de dicho Departamento.

 

La castaña lanzó un suspiro y se puso de pie, guardando el periódico en su cartera, la cual llevaba colgada del brazo, como una dama antigua. El mundo había cambiado, sí, muchos adelantos, muchas pérdidas. Pero había aún gente amante de lo retro, por eso no era extraño ver a una mujer de mediana edad, luciendo ropas de mitad de principios del siglo XXI, vintage les llamaban ahora, que gracioso.

 

La mujer se detuvo y miró un ave que dio un rápido vuelo cerca del final del parque. Por un momento había creído que podía ser una lechuza, un búho. Giró y observó el camino que había dejado atrás y volvió a fijar su vista entre los árboles. Debió ser su imaginación se dijo y siguió adelante, afinando el oído y todos sus instintos, no la podían sorprender, no pensaba dejarse atrapar, pero solo apresuró su paso tras mirar el reloj en su muñeca izquierda, como quien se da cuenta que llega tarde a su cita.

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Que no estés aquí no significa que no estés en mi corazón... Te amo Seba

 

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Estire por momento mis manos temblorosas y flacas hacia el fuego que recien habia prendido. Por un momento me calente los huesos para sentarme...y mejorar las condiciones del festin que tocaba hoy. Menu: Asado de rata a la pobre. Sentado sobre el frio suelo de una alcantarilla me deique a mover mi cena sobre una parihuela algo rustica que habia creado, lo malo es que mendigando entre cestos de basura mas modificados por la actualidad para un reciclaje mas eficiente....no habia tenido tiempo de encontrar el aliño perfecto para ese plato. Eso si..encontre un medrugo viejo de pan...que acomode en uno de los bolsillos de mi chaqueta raida por el tiempo.

Como lucia ahora despues de 30 años??....pues como un pordiosero comun y corriente. Despues de los ultimos sucesos y al ser figura visible del Ministerio bajo Sagitas me habia puesto en la mira de todos.....asi que tuve que enterrarme....muy bien enterrado para que nadie me encontrara. Perdi contactos...perdi familia..perdi estatus...y ahora era solo..."El ratas". Habitante de las cloacas y alcantarillas de Londres. Algunos podria tacharme de loco.....y tal vez por mi apego a la soledad pudiese ser, pero el brillo en mi mirada delataba otra cosa. Gritaba en el anhelo de otra oportunidad de subirme al tren de la magia...magia que ya solo quedaba en el uso...cada vez menor de la varita que conservaba celosamente entre huesos y escrementos de algunas de mis convecinas.

-Venga....no protestes....y no...no es canibalismo -dije dirigiendome a la rata que chillaba a mi lado mientras con sus patitas halaba mis harapos. Momento en cual saque una migaja de pan y se la di. - Esto es supervivencia Sagitas, asi que no chilles mas por Aaron.

Si...a veces para conservar la humanidad que uno lleva dentro tiene que socializar....asi fuese con ratas...y darle nombre al menos y en este caso tocaba a personas significativas de mi pasado. Que conste que ya algunas ratas...cuyos nombre no mencionare por honor a sus memorias....ya habia pasado por mi arte cheff del asado. Por suerte Sagitas no era la unica colega rata que me quedaba...pero si la unica que se atrevio a pedir pan..a riesgo de parecer que la engordaba.

Y asi hubiese transcurrido esa tertulia si algo....bien raro no hubiese sucedido. De hecho ni en los primero años habia pasado. Un cachibache de aquello implementados para acceso no autorizados habia comenzado a funcionar...o sea alguien....habia entrado en alguna seccion del Ministerio..que no habia sido descubierto....y por ende convertida en parte del metro. Claro...no es que pudiese asegurar que el suceso hubiese  ocurrido en ese mismo instante...pero aun asi...y es lo que trajo nuevos brios a mi cuerpo fue saber...que alguien de los de aquella epoca....estaba rondando por esos lares.

Asi que sin mas...tome la rata a medio hacer dejandole un mordisco y a Saguitas para ponerla en mi hombro....entre mis largos cabellos blancos (si..ya no hay que preocuparse por las canas.) todos enredados y churrosos.

-Vayamos pues al encuentro....del pasado...en este futuro -sonrio...y por suerte sin espejos o notarian que me falta algun que otro diente. Tomo la varita y la guardo en un bolsillo. No...nada de varitas por ahora.

 

 

 

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Porque soy consiente de que mi futuro eres tu: TE AMO!!

 

 

 

 

 

 

 

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Celeste.

Una joven de apenas diecisiete años se encontraba mirando el museo desde una cuadra de distancia, titubeando sobre su siguiente movimiento. Desde que tenía uso de razón le habían prohibido visitar cualquier lugar mágico histórico, y sólo cuando llegó a la edad de doce años le contaron acerca de su pasado. Era hija de una bruja y un mago, por lo que se sorprendía mucho de no tener en su cuerpo una sola gota de magia. No creía que las actitudes de los muggles hubieran hecho tamaño efecto en la genética y esa duda siempre la llevo a pensar en realizar las cosas que sus padres le prohibían con respecto a estos lugares. Celeste tenía los ojos como su madre y los gestos de su padre, sabía, por una tía abuela que siempre andaba pegada a un vaso de whisky, que habían sido personajes importantes en la última guerra entre los muggles y los magos, sin embargo, en protección de lo que quedaba de su familia se autoexiliaron por todo ese tiempo y finalmente la criaron a escondidas de todos.

¡Ay, ya! —se reprochó a sí misma y caminó lo que quedaba hasta llegar a la boletería.

No es que iba a sacar conejos de sombreros delante de la señorita, no podía. Aunque quisiera. Cada acto que tomaba, traía consigo la mirada orgullosa de su padre quién había mantenido en su sangre la rabia de haber perdido y las ganas de vengarse en cuánto tuviera la oportunidad y el terror en los ojos de su mamá, una bruja que si pudiera, viviría debajo de una roca, en algún búnker dónde no tuviera que relacionarse con nadie nunca más. Y eso, a veces, incluía a su padre. Eran una pareja extraña ellos, cuando se querían, se querían y mucho, pero podían pasar largos períodos de tiempo distanciados el uno del otro, aunque compartieran el mismo lecho. Celeste era la única hija de ambos. Su madre tenía un hijo mayor y su padre algunos más. Ella no había conocido a ninguno, dos estaban muertos y el resto desparecidos, así que creció como única hija del ¿matrimonio? No, sus padres no se había casado. Tampoco sabía su apellido real, se hacían llamar Smith, un apellido inglés común, pero la misma tía abuela indiscreta le había contado que los apellidos de la familia guardaban una historia envidiable en el mundo mágico. ¿Encontraría las respuestas en aquel lugar de Estados Unidos?

Lo único favorable para ella de que sus padres ya no usaran la magia y ella no dejara ningún rastro mágico, era que realmente estaba escondida de ellos. Quiénes pensaban que estaba arreglando sus papeles para ingresar a la universidad al año siguiente. Las reglas eran claras para Celeste: nada de magia, nunca.

Una bendición haber nacido muggle.

Sin embargo, ¿qué tan probable era que de dos familias mágicas importante saliera una muggle? ¿Qué tanto podía ser muggle si sus padres eran magos reconocidos? ¿Era posible que los muggles hubieran podido cortar todo rastro genético en la raza mágica? ¿O es que a Celeste se le había prohibido de otra manera conocer su magia? Y es que, squib podía ser, pero, ¿100% muggle? Gracias tenía que dar la madre de Celeste que su hija fuera curiosa pero no supiera realmente dónde buscar.

Ahí estaba, caminando en el vestíbulo principal del Museo, fascinada con algunas cosas que se contaban en las paredes, un poco petrificada por tanta información. 

¿Qué pensaría Maida Black Yaxley si supiera que su hija andaba merodeando por el Museo de Magia? Si, yo también me la imagino caída en medio de su sala, desmayada. 

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Anna Sebastián

 

Anna llegó a su casa, un pequeño departamento en el centro de Brookling, saludo a unos niños que corrían como siempre por la planta baja, tomó su correspondencia del buzón que le correspondía y se dirigió hacia el antiguo ascensor. El traqueteo metálico acompañó su viaje hasta el séptimo piso, una vez allí buscó en su cartera sus llaves y abrió el departamento señalado con la letra C, para luego cerrarlo meticulosamente con varias trabas.

 

Aunque aún era de día la mujer encendió las luces y verificó que las ventanas del estrecho departamento estuvieran seguras, una vez que hizo aquello dejó sobre la mesa la correspondencia y un boleto que sacó de su bolsillo. Había comprado un ticket a Londres en una de las terminales de autoservicio en cuanto se había asegurado que la primera camada de viajeros había llegado a salvo a Estados Unidos.

 

La Señora Sebastián, viuda, de 55 años se miró al espejo del cuarto de baño, desarmando el pequeño rodete que se había hecho en la mañana para ir a su trabajo en unas oficinas del centro neoyorquino. El rodete no había terminado de desarmarse cuando los cabellos habían recuperado el largo y rizado rojizo habitual, el rostro en el espejo ya no reflejaba las arrugas típicas de la edad ni los ojos tenían la tonalidad celeste que la dama lucía con coquetería de forma habitual.

 

Lo que sí lucía igual solo que ahora más amplia era la sonrisa de la vampiresa, Darla sacudió sus cabellos, de vez en cuando, algunas noches y esa tarde en particular, necesitaba recordar quién era ella. Llevaba demasiados años fingiendo ser alguien más gracias a la metamorfomagia y a las mañas del clan de Akane que habían conseguido pasaportes y partidas de nacimiento falsas desde el primer momento en que había parecido que todo estaba perdido hacía años atrás.

 

La pelirroja se miró al espejo durante un largo rato, quizás fueron más de los que pensaba antes de recuperar el rostro y la cabellera castaña con algunas canas de Anna Sebastián. Era hora de regresar a casa, al menos ese fin de semana. Claro que su hogar, sus pertenencias, todo lo que había significado algo para ella estaba en un lugar más seguro y oculto gracias precisamente a la red de espionaje que conformaban las vampiros del clan Akane, pero allí, por ahora, no podía regresar aún.

 

Anna salió del baño, con los cabellos aún húmedos, envuelta en una cálida bata y se dirigió a la cocina a prepararse un té, luego se pondría a revisar la correspondencia y preparar la valija para su viaje del fin de semana. Tenía una prima de su marido que visitar en Londres había comentado a sus compañeros de trabajo.

Editado por Darla Potter Black
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Que no estés aquí no significa que no estés en mi corazón... Te amo Seba

 

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A quienes asistían de manera regular a los museos de magia los vigilaban más de cerca, a veces les seguían y otras los cazaban. La alianza del imperialismo no mágico, una red internacional que en las últimas tres décadas se había especializado en lo que ellos denominaban, caza de brujas (independiente del sexo claro), estaban preparados tanto física como estratégicamente para reducir a los sobrevivientes mágicos en menos de tres minutos; era poco lo que se enseñaba al mundo sobre ellos- si entrar era difícil, mantenerse en el ruedo lo era aún más- mucho menos sobre sus cabecillas o jefaturas, podía ser el simple vendedor de diarios que paseaba toda la mañana en bicicleta o un seal de la marina estadounidense. 

El suero de Genetics había sido el primer paso para reducir a la población mágica, solo uno de los tantos que se crearon luego de la primera contienda en Reino Unido, luego en Francia, Alemania, pasando por el continente asiático y finalmente extendiéndose como un letal virus que obligó, a tantas brujas como magos, a revelar sus cúpulas de invisibilidad ¡su magia!; Fue un suceso histórico para toda la humanidad. Al principio y cuando ya comenzaron a someter a los usuarios de varitas, armas que por supuesto les confiscaban, los usaron como si fuesen el animal más apaleado del circo. En ocasiones les dejaban usar sus extensiones mágicas (fiscalizados por más de una treintena de armas reducidoras) para hacerlos pelear cuan gladiadores de épocas pasadas... sin duda alguna no fue grato para un buen número de hechiceros. 

Lo siguiente en las últimas dos décadas había sido delirantemente caótico, pero por sobretodo muy triste, ya que con la intención de reducir aún más la población mágica y así evitar futuras rebeliones, a los sin magia no se les ocurrió nada mejor que comportarse como lo que eran, entes con un ego sin sentido, cuestión que les hizo promover lo que algún día juraron jamás repetir. Los campos de concentración comenzaron siendo atracciones turísticas para los nomajs y muggles con más dinero en el bolsillo- a veces eran reuniones de caza en hectáreas y hectáreas de campo abierto, mientras que otras, simples trucos de magia a la fuerza-. Sí que hubieron simples humanos que apostaban por los derechos indistintamente de la condición mágica o no, que tuviese su prójimo. Por ello jamás hubo cuestiones televisadas ni mucho menos el promover delitos de índole sexual; no eran unos desquiciados sino tan solo personas que no tenían la habilidad de hacer desaparecer un conejo... el miedo se los comió y actuaron como siempre, poniendo el pie encima. 

A los grandes exponentes de los últimos tiempos, siempre y cuando no se hayan salvado claro estaba, los habían encarcelado o al menos eso les comentaban a sus familias, padres, hijos y hermanos quienes poco creían en las comunicaciones del muggle. Algunos pasaron por muertos y de otros jamás se supo ¡ni siquiera cuando decían que habían escapado!. A los museos habían llegado pertenencias, como el sombrero seleccionador que se encontraba de gira por Estados Unidos junto con algunas reliquias mágicas que enseñaban pertenecer a viejos fundadores, no solo de Hogwarts, sino de otras instituciones de magia y hechicería. Varitas, escobas, calderos, pociones, libros, criaturas y cuantos pudieras imaginar, había en los museos...claramente con una seguridad que te mantenía a diez metros de distancia de lo que fuese. Lo único que permitía probarse eran los dulces mágicos para que el muggle probara sus efectos, más aún jamás se enseñaron sus recetas. 

El mundo muggle había ganado paz y pudo controlar lo que ellos consideraban como amenaza...

***

Pequeñas grabaciones describían algunos artefactos cuando ibas entrando en habitaciones del museo o te posicionabas por más de diez segundos frente a algún objeto. Algunas cosas flotaban, otras intentaban escapar desde simples cajuelas se cristal pero cuyas paredes podrían soportar una bomba capaz de destruir un continente- los muggles no eran tontos, se protegían- y así también algunas criaturas que parecían estar tristes si le admirabas bien o les conocías desde que llegaste al mundo...

-Pobre...-susurró Kalevi al observar un duende de cornualles sentado en un rincón de su cajuela, sin ánimos de lograr una sola travesura-... algún día amigo, algún día...

Los susurros del muchacho iban acompañados de miradas previsoras por si alguien estuviese escuchándolo pues tampoco es que pudiese tener libertad de usar un anillo para oídos indiscretos. La magia era controlada. Sin embargo él no estaba allí para empatizar con la lástima de sus pares mágicos o con lo que creció los primeros diez años de su vida, el ahijado de Caelum buscaba algo más, un indicio que le permitiese saber si su padrino seguía vivo... 

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Elizabeth King - Bruja que se hace pasar por artista itinerante muggle -

La bruja devenida en artista había tomado la identidad de Elizabeth King y ahora vivía en compañía de sus amigos muggles, su mansión había sido confiscada así como sus cosas y ella figuraba como muerta, Luna Gryffindor Delacour, ya no existía para nada y a menos que hubieran tenido posibilidad de conocerla, era imposible que alguien supiera quién era, sobretodo porque ahora se vestía menos ostentoso que antes y pasaba desapercibida así.

Su camisa blanca y su pantalón negro de oficina, sin embargo era de calidad y buena tela, mismos que ella había roto en el bajo un poco para que parecieran andrajosos y no de buena cuna, pero algunas cosas la delataban, como su brazalete de lobos negros y su consabido dije de leones ensartados con una gran G en su interior.

Pero como para quienes trabajaba solo era baratijas, nunca nadie había notado aquello y ella había escondido la foto de sus padres adentro, a sabiendas de que ni Elvis ni Annick a estas alturas estarían vivos y preguntándose porque el destino la volvía a poner en tan difícil situación. 

 

Pasaba por una artista que hacía trucos, como desaparecen pañuelos, conejos en galeras y chispas rojas y dorados por doquier, le gustaba la parte de las chispas porque la hacían sentir en casa y querida, era su forma de honrar a su familia a quienes creía muertos sin remedio y sospechaba que realmente lo estaban, no queriendo admitir que leía el diario muggle buscando sus nombres en los obituarios una y otra vez y aliviandose de no encontrarlos para nada. 

 

Siguió haciendo trucos en la feria muggle hasta que se hizo de noche, adoraba ver reír a todos esos niños y niñas muggles, se preguntaba porque nunca había querido tomar algún trabajo muggle y se odio por no haber seguido estudiando más, quizás así tendría otro trabajo muggle en lugar de aquel, pero no sé quejaba en lo absoluto, en secreto estaba estudiando periodismo y algunas materias de literatura, pasando por muggle mucho más que antes así y teniendo una coartada perfecta para seguir teniendo escondido dentro de esos libros cosas mágicas, que si caían en malas manos podría ser letal para ella, por eso lo tenía muy bien escondido para que nadie lo viera en lo absoluto. 

 

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Killian

La luz de los tubos de neón que surcaban el techo volvió a titilar una vez más. Habían sido casi cinco minutos, si sus cuentas no fallaban, desde la última vez que lo hizo, y siete minutos desde la vez anterior a esa, diez desde la previa, quince desde la anterior, media hora desde la última que lograba recordar. No pasaría mucho tiempo hasta la próxima vez, tampoco, probablemente no más de cuatro minutos. Aún recordaba la última vez que los habían cambiado: cuando la puerta de la pared se había abierto, una corriente de aire extremadamente fría se coló desde las escaleras que quien sabía a donde llevaban. La vez anterior a esa, un aire caliente y húmedo había invadido la habitación.

¿Acaso ya era verano nuevamente?

Ciertamente, a Killian no le hacía diferencia. El concepto de las estaciones era prácticamente imaginario para ella: en su habitación, nunca hacía frio ni calor, la temperatura estaba perfectamente regulada para su necesidad y comodidad. Aquello era algo que ciertamente le producía mucha curiosidad, puesto que no había nada allí que generase calor o frío, y sin embargo los libros que Frenja le traía decían que la energía no se crea ni se destruye, sino que se transforma. Entonces... si el calor era energía, y esta no podía ser creada, ¿de dónde venía el calor?. Otro capítulo de su libro de física decía que la energía también podía perderse... disiparse, sin necesariamente eliminarse. Termodinámica, si mal no recordaba.

Múltiples veces le había preguntado a Frenja sobre ello y múltiples veces ella había ignorado su pregunta. Fue tan sólo hacía unos años que le dijo que conocería la respuesta a ello cuando fuese el momento adeucado, pero nunca le había dicho cuándo sería ese momento, ni qué tenía que pasar para que lo que sea que lo hiciese "adecuado" lo hiciese. Killian pensó que su décimo cumpleaños sería eso: ciertamente ya no era más un niño, ¿verdad? Y sin embargo, el día había llegado y pasado sin respuesta alguna.

La misma omisión había recibido ante otras preguntas: ¿Frenja, por qué no puedo ir contigo? ¿Frenja, qué hay arriba, en la superficie? ¿Frenja, quién eres tú? ¿Frenja, acaso he hecho algo para estar aquí?. Esas y tantas otras preguntas más se perdieron en el tiempo, sin respuesta alguna. A decir verdad, la única vez que había logrado una respuesta interesante de parte de la mujer fue cuando le preguntó qué era la magia. Había leído de ella en un libro de biología, que caracterizaba como 'casi-mágicos' a los procesos que mantenían a una persona con vida. Curioso al no haber leído esa palabra con anterioridad, husmeó en su diccionario, pero la palabra no estaba allí. Entre Magenta y Magistral no había nada más que una mancha de tinta borroneada, como si hubiese habido un error de impresión.

Incapaz de satisfacer su curiosidad, le preguntó a Frenja sobre esa palabra, mostrándole el libro en el que aparecía. 

Ya habían pasado años desde entonces y, sin embargo, Killian aún recordaba como su rostro quedó blanco como el papel, como la sonrisa desapareció de sus labios y como Frenja se llevó el libro para no devolvérselo nunca más.

 

--

 

Si sus cálculos eran correctos, y en efecto habían pasado seis meses desde la última vez que cambiaron los focos del techo, pronto sería su undécimo cumpleaños. 

¿Acaso obtendría respuestas?

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Elizabeth King- Bruja que se hace pasar por artista itinerante muggle- 

Siguió haciendo trucos hasta que la media tarde dio paso a la noche y sus jefes decidieron cerrar el lugar para volver otro día, de repente escucho la sirena que más temia escuchar en el mundo entero.

 

A diario pasaban guardias a cerciorarse de que ningun artefacto mágico y ningún mago o bruja estuvieran allí escondidos, pasaban dos veces por día con sus fusiles y sus armas cortas, empuñandolas como si fuera escudos contra el mundo. 

 

Ella se mantenía quieta y los saludaba alegremente hablándoles sobre lo que había hecho en el día y parloteando Féliz como si de una muggle común y corriente se tratara, pero por dentro estaba más asustada de la cuenta y un sudor frío le recorría la espalda, esperando el momento de estar tranquila otra vez.

 

Suspiró habiendo pasado "la revista" como le decía ella y camino lentamente hacia su casa sin percatarse de que los guardias habían atrapado a alguien que gritaba que no era bruja y que alguien le había puesto esa foto en su cartera por error, pero de nada sirvieron sus gritos, porque igualmente se la llevaron sin remedio.

 

Si los guardias en vez de romper en dos la foto, la hubieran visto se hubieran dado cuenta que la chica era peliroja y tenía ojos azules, pero claro nadie se fijó en la foto y así Elizabeth pasó la peor prueba de su vida, pensando que estaba protegida por alguien más, alguien que ella ni conocía si quiera.

 

Camino normal pasando por los demás guardias, pero apenas se vio lejos de los policías, echó a correr como loca sin pensarlo si quiera dos veces, corrió como nunca antes deseando llegar a su casa para estar sana y salva por fin. 

 

Sólo se quedó quieta y tranquila cuando abrió su departamento, subió el ascensor y abriendo la puerta con manos temblorosas, se tiro en el sillón blanco sintiéndose a salvo por vez primera y suspirando agitadamente, de veras que tenía que tener más cuidado y no hacer alarde de nada, mantenerse sin que nadie la vea y pasar desapercibida lo mejor que pudiera, siempre sería su forma de escapar y esa forma la salvaría de una muerte segura y de ese extraño tónico que te sacaba la magia, algo que esperaba que jamás le tocará a ella y espero poder seguir pasando desapercibida mucho tiempo más. 

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