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Edicto #2 sobre la Educación en las Escuelas Mágicas


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Conferencia de prensa.

 

Lucia Riddle, reportera de la Radio, La Voz Alternativa del Mundo mágico.

 

-Así como lo escuchan mis queridos televidentes. – Comenzaba a reportar tras una cámara mágica de televisión, la cual le pertenecía a la corporación que había fundado Darius Licaón [Lycan]. –La Sra. Ministra “legitima” Sagitas Potter Blue ha comenzado sus políticas xenofóbicas, discriminatorias y sobre todo de gran hipocresía ¿acaso no recuerdan que fue ella quien atacará al mimos Aroon Black Lestrange?- Hace pausa. Y clava su mirada en lo que acontecía.

 

En ello un nuevo edicto ¿Quién lo firmaba? ¿Acaso entre tanta disoluciones de los ministros era posible que Wizengamont siguiera exitiendo? Entonces la Riddle siguió con su palabra, mientras que reportaba.

 

-Y como nuevamente, el régimen opresor de la Potter Blue traerá un caos, todos lo estamos escuchando, y observando las medidas opresoras, por lo que llamo a la conciencia, ya le hemos advertido, que para que exista la paz debe tenerse la aceptación, y con el régimen militar dado por la payasa de circo, digo la ilegitima ministra de magia británica.- En ello la transmisión se comienza a perder.

 

En ello tras la sombra, comienza aplaudir Azrael. –Perfecto Riddle.- Y se voltea el mago, quien solo se escucha su voz, pero él había sido el causante de interrumpir la transmisión, pero para cuando reaccionaba Riddle él ya no se encontraba, solamente se había esfumado, la reportera molesta se marcha del lugar.

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 ♥♥♥♥♥ Azrest♥♥♥♥ 

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"Yo, Sagitas Ericen Potter Blue, en condición de Primera Ministra Mágica de Inglaterra, elegida por voto popular en septiembre del 2020 y, por tanto, con derecho a la toma de decisiones para el Bien d

Decir que todo aquello era un pandemonio era quedarse malditamente corta. Darla se detuvo a observar su rostro en el reflejo de la ventana. La charla en el despacho de Sagitas había sido demasiado int

(bajo la identidad aún de Sybilla Macnair, no porta máscara alguna)   Xell y Matt se batían a duelo cuando llegué y una pila de escombros cayó abrúptamente del techo de la estación por el es

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Matt le había dado la razón en cuanto a que debía detenerse si no quería que se volvieran en su contra. Escuchaba atenta sus palabras, diez años hacia adelante y ¿cuántos hacia atrás? Parecía que querer jugar con el tiempo se volvía un pasatiempo para ella. Sonrió cuando Helike mencionó que al fin alguien la entendía, sin embargo la tensión que había en el aire la hacía mantenerse ella misma casi al borde de la silla junto a su primo. Una vez más se preguntó qué tanto se habría perdido por estar alejada de su familia.

 

—El Departamento de Seguridad puede ocuparse de que nadie te moleste —comentó Darla como respuesta a Helike, sonriéndole y volviendo a mirar al frente como si no hubiera ofrecido cubrir un delito —no tenemos espacio en Azkaban para vampiros —dijo encogiéndose de hombros viendo a Sagitas con la mayor inocencia del universo.

 

—La maldita seguridad está reforzada, tu cuñado se encargó de eso —gruñó Darla molesta recordando las cámaras de seguridad, la vigilancia constante, y por más que la mayoría de los visitantes del lugar pensaran que los aurores o los inquisidores, como Marck eran est****os, los magos y brujas encargados de la seguridad no lo eran y habían sido escogidos personalmente  entre los más expertos en el tema de seguridad.

 

Y como si quisiera contradecir sus palabras la puerta se abrió y Darla lanzó un juramento por lo bajo hasta que descubrió que el “intruso” era el yerno y secretario de la Ministra Mágica. El mago se dedicó a autoinvitarse a lo que llamó “fiesta”, bueno, ella no lo podía culpar, había pensado lo mismo al llegar. Sean saludaba afectuosamente a sus primos, tanto que por un momento temió que pretendiera abrazarla tal cual había hecho con Xell, pero se limitó a hacer una reverencia hacia ella con lo que, sin querer le arrancó una sonrisa y un gesto con la cabeza. Su pregunta era otra cosa, Darla solo giró a ver a Sagitas.

Editado por Darla Potter Black

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Que no estés aquí no significa que no estés en mi corazón... Te amo Seba

 

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Beaulieu – Sur – Mer, Localidad Francesa, Costa mediterranea, Villa de descanso de la Familia Lever.

El sol de primavera en las costas del sur de Francia estaba a plenitud, el calor empezaba a apremia en aquella ciudad empezando a mostrar la cercanía del verano próximo. Una villa de lujo construida a las orillas del mar y con playa privada brillaba como diamante en medio de aquel poblado. Los Lever habían juntado una gran fortuna durante el siglo XIX por los negocios que el patriarca de la familia había asegurado por toda Europa, haciéndolos una familia bastante acomodada. Quien manejaba la familia en la actualidad era ni más ni menos que la Ministra de Magia de Francia, cosa que ayudaba bastante a sus arcas.  Una silla playera estaba sobre la arena, rodeada de algunas mesas y una gran sombrilla que daba una magnífica sombra, sobre la silla una mujer con un bikini azul marino reposaba con los ojos cerrados. La dama, se tomaba un día de descanso de sus agitados días como Ministra. Una bruja vestida con uniforme de servicio se acerca a ella con una charola de plata y sobre la misma un pergamino sellado.

 

-    Madame Camille a reçu un document important du ministère


Los párpados de la mujer se abrieron con calma y con una sonrisa amable miró a la bruja delante de ella


-Mercí Lena, Vous pouvez prendre votre retraite


La mujer miró con devoción a la semiveela y se retiro tras una reverencia, Ada se incorporó y se puso de pie con aquel documento en sus manos  y lo abrió con calma rompiendo el sello del Ministerio. Al abrirlo empezó a leer con detenimiento todos los párrafos referentes al nuevo edicto de la Ministra Británica, abordaba el tema de la educación y era bastante interesante una risa de satisfacción surco el rostro de la Dumbledore mientras chasqueaba la lengua con alegría.

 

-Tía querida, cada día me sorprendes más… por eso te adoro

 

Susurro con picardía, igual que muchos la pureza de sangre ahora era primordial y por fin se estaba dando algo que debía ser. Camino hacia la casa con pasos calmados pensado en lo que podría causar dicha proclama. 
 

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Días antes del Edicto:

No era de extrañar que la única calmada fuera Xell. Ella había sido una de las pocas que me había escuchado sin preguntar, asintiendo pues, al fin y al cabo, ella conocía todo eso por la conexión que manteníamos como sacerdotisas y como miembros del bando, además de familia. Así, agradecí su silencio mientras el resto de la familia se empeñaba en retarme por mi actitud. Tuve que hacer gran esfuerzo por no quitarme un zapato y tirárselo a la cabeza a Heliké, aunque sí puse una tez adusta ante las manifestaciones de todos, como si yo no hubiera ya dedicado giratiempos y pensaderos para razonar todas las vías posibles de actuación. Tomé aire antes de contestar a Darla.

-- Es "él" y no sabemos nada, no he conseguido saber datos sobre su persona. Es el primer mago de un linaje de muggles, seguramente un gen recesivo porque alardea que hasta la quinta generación de su árbol no hubo ningún mago, y que uno de las sexta generación fue squib, así que viene desde muy lejos que no hay magia en esa familia. Es difícil de rastrear. Por eso he obligado un censo de magos nacidos de muggles. Necesitaba esa información.

Aquí, una primera explicación sobre el primer edicto...

-- Es o será un joven rebelde, pues, años después, apoyará la causa de El Inquisidor. Por eso, he dejado nulo el Estatuto de la Magia. ¡Qué los muggles que se atrevan a meterse con nosotros sepan que no les esperaremos escondidos sino que presentaremos batalla. Nada de protegerles; todo muggle que se atreva a amenazar a mi hijo, ya la Comunidad Mágica, claro, será... finiquitado.

Aquí, una segunda explicación sobre el edicto anterior.

-- No dejaré que ningún muggle pueda estudiar la magia para atacarnos con ella. Ni conseguirán ser magos artificialmente ni nos quitarán la magia que tenemos en nuestra esencia. Ni El Inquisidor ni nadie pueden acercarse a tener objetos o animales que sirvan para sus estudios. Y los que se hagan por los probadores e inventores de nuevas patentes, serán controlados por los inefables dentro del Ministerio. No voy a permitir más pérdidas por gente ajena a la magia.

Instintivamente, me toqué el hombro donde, hacía tiempo, había sido tocada por un dardo que me había privado durante un tiempo de mi capacidad de hacer magia. La había recuperado, sí, pero también me había radicalizado con todo lo sucedido y con todo lo que iba a suceder.

-- Nadie ajeno a la familia accederá a Ithilion. De momento -- e hice un movimiento de agradecimiento a mi sobrina silenciosa, -- Xell se está haciendo cargo de la educación del niño, algo que nos podemos permitir porque aún le quedan tres años para ir a Hogwarts.

La crítica de Darla, aunque dicha en tono suave, me dolió. Bajé un poco la cabeza.

-- Si no es así, ¿cómo, Darla? Dime cómo. No sólo estoy protegiendo a mi hijo. También protejo a la Comunidad Mágica inglesa, aunque nadie parezca darse cuenta de mi compromiso con todos. Es preferible perder ciertas libertades que no caer en un libertinaje impropio que la haga desaparecer. No soy Voldemortriana, ni Grindelwalista, sólo soy una madre preocupada. Y no sé hacerlo de otra manera. -- Ahora miré a Matt, quien apoyaba a su prima. Negué y solté un pequeño berrinche.-- ¿Y a mí qué el enfado de los squibs, mestizos, hijos de muggles...? A mí me importa una cagarruta de Dragón Chino que se casen o tengan hijos. Sólo les pido que se anoten en un censo. Sólo eso, un papelito. ¿Es qué es pedir tanto? Ni que se fueran a morir por firmar ese papel y tener un carnet que...

Intenté tranquilizarme, eran familia y habían venido a ayudarme, no a que soltara mi mala baba por la boca. Intenté, lo aseguro, pero después vino Matt a criticarme por el tema de los estudios del chiquillo y volví a saltar, cual mamá osa que ve peligrar la vida de su osezno.

-- ¡Tú le enseñaste a usar el fuego? Siempre me opuse, ¿lo recuerdas? Y lograste convencerme que tenía derecho a saber y a dominarlo, para no tenerle miedo. ¡¡Y quemará a media Ottery con el poder que tú le enseñaste!! -- Bajé la voz un poco.-- O que le enseñarás. Tú y el fuego y los sellos mágicos...

Negué con la cabeza. Todo era muy difícil y parecía no tener forma de solucionarse.

-- ¡Estás diciendo que hagamos lo que yo ya estoy haciendo! Claro que ha nacido y hay que buscarlo, por eso hice obligatorio el censo de hijos de muggles. Ese chico debe tener ahora diez u once años, por eso estoy obligando a que ningún hijo de muggle entre en Hogwarts... Si encuentro ahora al Nigromante, no dudaría en matarlo ahora mismo, aunque sea un mozalbete. Decidme, ¿en qué se diferencia lo que me pedís a lo que ya estoy haciendo?

Por fin lo había dicho, ese era el origen del segundo edicto.

-- Claro que habrá indulto para quien acabe con él, es un acto de Fuerza Mayor. Y como ya he adelantado, voy a publicar un edicto mediante el cual voy a controlar todas la enseñanza del país y...

La entrada de Sean me interrumpió, pero esta vez no me importó. Le había hecho llamar y me interesaba que estuviera presente.

-- Pasa Sean y toma nota. Voy a publicar ya el segundo edicto, sobre la educación de las Escuelas Mágicas. No veo ningún problema con las que están en nuestro territorio pero me preocupa Hogwarts, en tierras escocesas. Su autonominada Reina ha dictaminado la independencia de ese territorio y se cree que puede impedir el control a la Academia de Magia. Así, -- les hice llegar una copia del boceto al edicto que saldría en breve -- tal vez tengamos que entrar en guerra; intentaré que sea diplomática y que se pueda solucionar de esa manera. 

Señalé a Sean para que supiera que me dirigía a él ahora:

-- Te encargarás de suavizar los ánimos en la conferencia de prensa. Intenta que no sepan realmente la profundidad de las medidas a tomar y que crean que son necesarias. El país se beneficiará con estos controles, eso sin duda. Y procura no exagerar y no darte más poder del que tienes yerno, que a veces me parece que mandas tú más que yo. -- Directa alusión a que sabía que utilizaba su cargo para ciertas fechorías relacionadas con ese "no-sé-cómo-se-llama club de ladrones" al que pertenecía.

Ahora me dirigí hacia Darla con la mirada, contestando algo que ya había dicho antes de que llegara mi yerno Sean.

-- Sí, sé que cuento con una seguridad increíble en el Ministerio y que nadie puede entrar en la primera planta sin ser cacheado por los Aurores que están delante de los ascensores y la escalera. También sé que hay quienes querrán atentar contra mí, pero no cuentan con mis propias medidas personales adquiridas con tantos años de estudio. Es difícil que me pillen desprevenida porque ahora mismo nadie podría tocarme, ni siquiera vosotros. En fin... No os daré cuentas de mis fechorías -- y pensé en los horrocrux que había conseguido crear gracias al nuevo clan al que pertenecía dentro de La Marca -- pero pensar que siempre me guardo un as bajo la manga.

Recogí todo y miré el reloj que había junto a un cuadro de un antiguo Ministro irreconocible ahora con tanta pátina de siglos encima.

-- Sean, búscame un buen candidato para el puesto de Director del Departamento de Educación Mágica. Y llama a la Directora del Departamento de Transportes. Quiero verles en cuanto se publique el Edicto. ¿Quién es ahora? ¿Mica Gryffindor? ¿Es amiga o enemiga?

Intenté recordarlo pero sólo me acordaba de mi primo Elvis Gryffindor, recientemente fallecido. Casi me puse triste pero retuve aquel sentimiento.

-- Sean, haz un resumen de cómo se habrán tomado el edicto en otros países y si van a tomar medidas. De momento, yo creo que Francia me apoyará. Ada es una Ministra genial. A ver qué es lo que piensan en la Comisión Internacional de Magos. Y vosotros, si no tenéis más que decir, se levanta la sesión. Digo... Perdón... Podemos ir a casa y almorzar juntos, en un ambiente más relajado. Aquí en el Ministerio se respira... raro... En verdad que me gustaría que actuáramos juntos en ésto. Confío en vosotros, por eso os he explicado a grandes rasgos lo que sé, lo que hago y porqué lo hago.

 

 

Mica y Elvis, os recibo en otro posteo, que este salió tocho. Perdón por la espera.

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Dias antes del edicto

Aun perdido de que iba todo, me entere de otro nuevo Edicto iba en camino. Uno sobre la educacion. Sin duda un excelente paso a dar....sin duda adoctrinar a las nuevas generaciones haria mas facil todo de cara a un futuro. Pero claro, no es que la Ministra me dejase terminar una cosa para ir a la otra. No que va....ahora tendria que hacer un breve discruso para resumir todo lo que me habia preguntado. Claro, no me hizo gracias que se me saliera el plumero al ser descubierto mandando mas de lo debido. Por suerte Sagitas era bastante indulgente, si acaso un sartenazo y ya esta..asunto resuelto.

-Bien, comencemos por el principio. -dije mientras miraba a los demas. No es que me sintiese particularmete comodo rindiendo un informe de mi labor a toda la familia. Sonrei...y es que pareciamos la Mafia. -Como bien dices, entre el departamento de Seguridad...especificamente Kimberly estamos manejando el asunto Escocia. -me apoye en la pared y continue.- ya se intervino Hogwarts y se movilizaron medios (dementores y algunos aurores) cerca de la frontera...con caracter disuasorio. -Bueno yo mas bien diria caracter intimidatorio- Por lo demas actualmente se negocia con la Reina de Escocia una salida diplomatica al problema...siendo actualmente huespedes nuestros...-Y donde decia huesped queria decir rehenes...casi...

Con eso terminaba el primero punto. Ahora pasemos al segundo.

-Y no te preocupes suegri...tus palabras seran las que seran..pero las suavisare tanto que seran miel al paladar periodistico de eso carroñeros que trabajan en los diarios. -conclui mientras sonreia- Y bueno...en cuanto a la seguridad....tenemos que hacernos ver serio...yo diria que una buena multa...o visita de dementores ayudara a que nadie se vea tentado a entrar aqui como Pedro por su casa....y que conste que con eso no minimizo sus habilidades jefa.....que han de ser muchas...solo que si queremos parecer un Ministerio de justicia y orden en estos tiempo..pues eso tenemos que tener.

Ahora pues ese nombramiento.....y la situacion internacional.

-Este...creo que le cedi esa competencia a @Darla Potter Black, ella se encarga de la promocion y aceptacion de personal. -dije encogiendome de hombros..de una buena me habia librado. Y pues.....muchos paises han acogido con agrado o al menos una aceptacion razonable su Edicto y posteriores medidas. Salvo Egipto que parece querer llevarnos la contraria...y los de Macusa.....pues yo diria que todo marcha viento en popa. De hecho, como usted sabe,  Alemania, Francia y algunos otros paises hemos contactados entre nosotros para crear una forma de actuar conjuntamente contra la amenaza a la comunidad magica. Hasta ahora no se concreta nada....pero creo que pronto lograremos unirnos contra el enemigo comun....el Inquisidor.

Con esto terminaba mi exposicion.

@Sagitas Potter Blue @Xell Vladimir Potter Black @Matt Blackner @Helike R V PB

 

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Porque soy consiente de que mi futuro eres tu: TE AMO!!

 

 

 

 

 

 

 

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Día del Edicto (por fin) : Día de ataques... ¡¡King Cross es destruido!! 

Bufé al espejo. La imagen reflejaba una mujer de pelo negro intenso y una máscara que tapaba parte de su cara. Sus labios, en vivo morado intenso, resaltaban con la claridad de la máscara y la oscura capa de terciopelo con la que me tapaba. Nadie me reconocería, de eso estaba segura. Me contemplé de nuevo un instante antes de salir de la habitación. A esas horas de la mañana, aún no había nadie y pocos elfos estaban en la cocina, así que mi paseo hacia las mazmorras fue libre de miradas. O eso creía yo hasta que sentí la voz furtiva de Harpo, a mis espaldas.

Contemplaba mi nueva adquisición. Pocos sabían que yo era la dueña de aquel... maravilloso y embelesante torbellino que era el Obscurus. Me pertenecía y obedecería mis órdenes. Cerré los ojos, visualicé el destino y extendí mi mano blanquecina y algo más delgada que hacía un par de meses, la cerré en forma de puño y le hablé, esperando que quedara bien claro mi mensaje.

-- Quiero que vayas a King Cross, andén 9 y 3/4, quiero que destruyas el acceso a las vías y que impidas a los magos que puedan usarla. 

Después pensé si habría algo más que decir. Con esa orden, destruía la poca fidelidad a los muggles que podría conservar. Apreté la mandíbula con fuerza e intenté decir algo más que sonara pomposo o mágico o...

-- Disfruta con lo que haces, Obscurus...

Vale, muy acertado no parecía. Fue cuando Harpo interrumpió mis pensamientos encontrados mientras veía irse aquella bola de humo vivo.

-- ¿Está segura, Ama?

Me volví hacia mi elfo. A pesar de la máscara, él siempre me reconocería. Saqué la varita con violencia y le apunté, mirándole a los ojos. No vi miedo, sino pena. Después, toqué mi marca y murmuré un sencillo... "¿Atacamos King Cross?" que sería escuchado por todos los miembros del bando mortífago, por si se animaban. 

-- Tengo prisa, Harpo. Obliga a todos que se retrasen en salir al pueblo. Hoy... habrá movimiento y les quiero en casa, a salvo. Si me busca alguien... Diles que estoy en el Ministerio, en mi despacho. No atiendo a nadie sin cita previa.

Desaparecí, al fin y al cabo, estaba en mis dominios y no debía pedir permiso a nadie para hacerlo. Aparecí delante de King Cross. La gente ya corría mientras se oían gritos en el interior y una mancha oscura se movía por encima. Desde la acera de enfrente, parecía como si un nubarrón entrara y saliera por la cúpula, o como si un enjambre de insectos oscuros se colaran por algún ventanuco o... Es difícil describir un Obscurus en acción.

Esperaba que no tardaran, tenía una reunión pendiente con un candidato a Dirección de Educación y con la Directora de Transportes.

 

 

@ Aaron Black Yaxley  @ Mael Blackfyre  @ Dana Gryffindor  @ Sybilla Macnair  @ Juv Macnair Hasani  @ Orión Yaxley , ay, no me hagáis poner todos los nicks del bando, que no me acuerdo. Debiera haber un @bandomortio para que les llegara a todos.

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Días antes del Edicto y de King Cross (creo)

 

Darla escuchaba en silencio a Sagitas, en parte la entendía, en parte era consciente de que nadie, absolutamente nadie, la entendería. ¿O sería ella que no lograba hacerlo por no tener hijos?  Escuchó el reclamo hacia Matt y lo meditó.

 

—Puedo enseñarle sobre el fuego, sobre que sí es un crisol destructivo también puede rehacer lo destruido pero no así la vida… —bajó la mirada, recordando las palabras del Uzza que le había enseñado, sin saber que días después tendría que recurrir a aquella magia —recuerda que yo he sobrevivido a una hoguera —agregó sin levantar la vista y recordando a Kazuk, era extraño, cada tanto él volvía a su mente, él  y el Van Helsing que la había ayudado tras ayudarla a recuperarse de la hoguera.

 

—¿Y no crees que ese maldito censo sea el que despertar su odio hacia ti y por eso haga eso con Ithilion? —la eterna duda, ¿qué fue primero? ¿el huevo o la gallina? Y por un momento se sintió Luna queriendo transformar el corazón del inquisidor.

 

Cerró los ojos tras la llegada de Sean y los re abrió cuando sintió la mirada de Sagitas sobre ella. Se sentía perturbada, el tiempo corría en su contra y Sagitas parecía tan decidida a todo y ella no sabía si podía permitirle todo…  como fuere, solo escuchaba las palabras de Sean a medias, no había estado feliz porque decidiera lo de Kimberly por su cuenta. Cuando la mencionó finalmente a ella se sobresaltó, era verdad, había hecho eso, ya hubiera querido olvidar eso.

 

Si quieres puedes nombrar a alguien más en mi lugar, puedo supervisar pero así no mezclamos la seguridad con recursos humanos —se apresuró a decir Darla tras que Sean terminara de hablar con su suegra, o más bien con todos ellos, parecían en ese momento un comité resolutorio, aunque actuaban más rápidos que los comités  normales.

 

De hecho yo había pensado en Matt, pero ahora que Helike ha regresado, ella podría ocuparse de evaluar la gente, no sé —dijo la pelirroja aún sin levantar la vista de sus manos, como si en ella tuviera notas de lo que pensaba y decía, pero la realidad es que intentaba hilvanar todos sus conocimientos de hechos y circunstancias. No debía ser imposible rastrear al niño, estaba segura ahora que iban más allá de la muerte y si él tenía su edad educacional ahora. Froto sus cienes en un gesto automático. Debía encontrarlo antes que todos, no tenía la más pálida idea de por qué pero sentía que era su deber.

 

 @ Sagitas Potter Blue

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Que no estés aquí no significa que no estés en mi corazón... Te amo Seba

 

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¡Lo haría! ¿cumpliría con su palabra?. La ministra era sin duda alguna, una bruja de armas tomar. La voz de Nemétona pareció salir desde cada rincón del vestíbulo del castillo Black, lugar donde me hallaba enseñando a mi ahijado las prácticas de un mago amante de la pureza mágica. Atacar Kings Cross decía aquella voz, cantando un susurro de armónica hostilidad; desenvainé la varita para ponerme en guardia frente al joven Rosier, Kalevi era su nombre y no representaba más de trece o catorce años. 

- De pie jovencito, apunta...- lo reté con cierta gracia para animarlo, después de todo era un niño-... ¿primera regla?

- Soy un mago...- soltó con una inmadura determinación. Su muñeca temblaba mientras me apuntaba.

- Eres un mago y el muggle un simple humano...- proseguí el rezo mientras le hacía levitar con un conjuro básico. Este comenzó a patalear sin lograr el control de su cuerpo- ¡concéntrate muchacho!... ¿segunda regla?...

- To...esto...¡ay!...-titubeó y quedó colgado de un tobillo viéndome de revés; las mechas se le mecían de un lado a otro hasta lograr la calma, cruzado de brazos y dado vuelta pero en calma- ¿Quién quiere atacar la estaciones de trenes muggles, tío?...

- ¡Eso no te incumbe!- le dicté mientras ahora lo encerraba entre dos manos fantasmales evitando que adivinara mi posición. Carraspeé mientras recomponía una erguida y serena compostura- segunda regla pequeño Rosier...

- Toujours pur- bufó.

-¡EH!...- le llamé la atención cubriéndolo aún más con las necrohand.

- To... esto. ¡Toujours Pur!- exclamó dichoso después de un pequeño nerviosismo. Su acento francés era perfecto. 

- Somos de un digno linaje, nunca lo olvides. Tercera regla hijo...- le dije con una suavidad única mientras cruzaba la varita sobre el rostro. Una nebulosa fue cubriendo mis facciones hasta darme la apariencia mortífaga. La túnica también cambió sus elegantes telas por una más tosca, apegada al cuerpo y de cortos pliegues que caían recto por detrás hasta la flexión de las rodillas. Unos guantes terminaron cubriendo mis manos mientras daba una vuelta en el aire a mi arma mágica dejando que el chico sostuviese su mango para que la admirara- algún día dejaré que me desarmes Kalevi, entonces el legado será tuyo...

-...Semper fidelis, Caelum...- dijo con cierto asombro. Admiró el arma mágica y la comparó con la suya.

>>Sé fiel a ti, porque ya eres de un linaje de sangre pura. Porque si no eres fiel a tu sangre, entonces no eres digno de tu magia<< dijimos ambos. 

Revolví su pelo y tomando nuevamente mi extensión mágica para envainarla al cinto me consumí entre lenguas de fuego azabache. 

***

La cuarta regla: La magia es el poder de los dos mundos. 

Kings Cross era un caos, la gente corría de un lado a otro mientras una condensada neblina de color negro entraba y salía de la estructura que tenia en frente. Escombros y vidrios saltaban por todas partes, cayendo sobre autos y personas sin cuidado alguno; los gritos y las alarmas del lugar ensordecían el ambiente al cabo que el fuego que me terminaba de dar la forma corpórea con la que me presenté a unos metros a espalda de la Mortifaga. 

- A esto me refería...- proyecté la voz como una ráfaga de susurros. Llegué hasta la bruja y la traspasé tras idear un simple salvaguarda mágica que me permitió volver mi cuerpo intangible. Entonces me detuve a dos pasos de ella y elevé ambos brazos creando un círculo astral que pareció suspender los fragmentos de concreto a nuestro alrededor- ... bien hecho Nemétona. No me olvidaré nunca de tu nombre...- sonreí a ciegas de su visión mientras parecía mirarle por sobre el hombro.

Elevé la varita y vociferé gravemente un Morsmordre. La chispa ascendió lentamente dentro de la cúpula hasta salir disparada un tanto más arriba, explotando en el cielo para cernir el terror con la imagen de la calavera con la serpiente enroscada sobre la clásica estación de nuestro mundo.

 

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Ataque a King Cross (antes de Conferencia de Prensa)

 

Podía jurar que el corazón me habría explotado casi en miles de pedazos, pero especialmente por la adrenalina que me estaba recorriendo por las venas en ése momento. Aquella voz salía de mi interior, era extraño de explicar, sólo se podía sentir. La Marca Tenebrosa tatuada en mi brazo surgió de entre los demás tatuajes que la camuflaban y ardía. Y se notaba más intensa. Era la hora. La neblina negra me cubría por completo y cuando aterricé en el suelo, ésta se esparció en todas direcciones, disipándose.

 

Cuando noté mi alrededor, podía decir que se trataba de un hermoso escenario: la marca tenebrosa brillaba en el cielo intensamente. Por debajo, en lo que quedaba de la cúpula de la estación de trenes, un nubarrón enorme (más oscuro que la noche) se movía con la propia vida que caracterizaba a un Oscurus. Más abajo, a nivel del suelo, vidrios por todos lados, dos figuras encapuchadas, algunos escombros por la calle.

 

Prácticamente habían sabido llevar a cabo el show.

 

Mis ojos observaban cada detalle por detrás de mi máscara, mi apariencia de mortífago como Goldor, tal vez aún no era reconocido aquel nombre. Mi túnica negra, y el resto de mi vestimenta ocultaban mi cuerpo. Y mi varita se encontraba lista en mi mano. Los gritos alrededor sonaban como música para mis oídos y eso me condujo como el néctar de las flores para las abejas. Me moví dando algunos pasos seguros y tomé aire.

 

Levicorpus. Levicorpus.

 

Dos muggles que escapaban del caos se vieron levitados en el aire, sacudiéndose como pescados fuera del agua.

 

Absorvere… absorvere ¿Quieren escapar? —otros dos, hombres adultos, en un intento de salir del automóvil que había detenido al colocarme delante, salieron corriendo pero los tobillos de ambos fueron fracturados y empujados al suelo. Mordí mi labio inferior. Aquello se sentía demasiado bien, era una libertad increíblemente hermosa, hasta el momento que jamás había sentido.

 

Movi mi varita. Estelas de fuego fueron directamente contra el auto. Los autos que se habían detenido por aquella calle pegada a la estación, se estancaron. El fuego empezaba a invadir ésa zona también. Miré de reojo los cuerpos llorosos de aquellos muggles. ¿Durarían mucho?

 

@ Aaron Black Yaxley  @ Sagitas Potter Blue  @ Mica Gryffindor

OFF: Mica, sorry jaja

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Ministerio de Magia -días antes del Edicto - despacho de la Ministra

No había terminado de hablar cuando de sopetón la puerta se abrió de golpe. Su aroma inconfundible fue lo que colmó el vaso de mi paciencia. Fruncí el ceño. Lo último que necesitábamos era más problemas, y Sean causaba más problemas que arreglos (? xD). Pero lo que menos me esperaba era que me saludara de esa manera. No pude evitarlo y me puse de pie.

- ¡Qué sea la última vez que haces eso, la próxima, te arrancaré la garganta! - sentía que se me subía la bilis. Intenté tranquilizarme, básicamente estábamos en el despacho de la señora ministra y lo último que necesitábamos era que yo montase una gorda. Entre eso y el silencio de mi marido que me inquietaba y bastante, había conseguido que mi mal humor, se transformara en ira.

Aunque a pesar de estar de pie, volví a sentarme, no pude evitar reírme ante el comentario de Darla...

- Me alegro, porque acabaría con los guardias de Azkaban antes de que me metiesen en una celda - le lancé una mirada, levantando una ceja. No es que fuese un aviso, pero tampoco era que me dejase amedrentar tan fácilmente- no tienes ni estilo ni para amenazar - bufé por lo bajo.

Pero Sagitas empezó a hablar y me callé. Llevé una mano en mi mentón para escucharla antentamente. Sonreí. Bien, si había indulto al menos tendría las espaldas cubiertas. Saqué un pergamino del bolsillo y la pluma y tinta del morral. Susurré unas breves palabras mientras el instrumento de escritura hacía su trabajo. Con un movimiento de mi varita se selló mágicamente y con un toque, la hice desaparecer. Esperaba que llegase a quién correspondía. En Italia había aprendido útiles hechizos de encriptación. Y a pesar de los susurros y el suave rasgueo de la pluma, lo que estaba puesto en el papel, era completamente invisible para los que estaban en el despachoo. Sólo lo podía leer la persona a la que iba dirigida la carta. Eso evitaba muchas filtraciones y dolores de cabeza.

Escuchando una de sus últimas palabras...

- El Ministro italiano por supuesto no te apoyará, pero yo me las arreglaré para que cambie de opinión. Pero tanto yo, como el Consejo de Erebus ten por seguro que sí. Si las cosas se ponen feas... Bueno, tienes todo mi apoyo señora ministra - dije en tono solemne y con una sonrisa.

- Y sí, demasiada tensión para mi cabeza, que ya estoy empezando a notar los efectos - renegué por lo bajo. Necesitaba reponer energías cuánto antes y sabía que, gracias a los cuidados de mi elfina, me repondría pronto. Y lo necesitaba.

Y antes de levantarme escuché a Sean. Recordé que tenía socios por allá.

- Puedo ocuparme de Egipto si se necesita. Tengo conocidos por ahí, y me deben unos cuántos favores. Egipto he Italia dos países colocados geoestratégicamente - sonreí sin dejar de negar con la cabeza- tendremos una buena oportunidad de acaparar más poder, antes de que la Conferencia Internacional de Magos nos pongan más impedimentos. En Italia aún conservo el poder, pero cómo dije, puedo extender mi influencia y de momento a Egipto...

- ¡De eso nada Darla! -le protesté yo - si piensas que voy a quedarme en la oficina revisando documentos de aceptación de personal para Hogwarts o lo que sea, estás muy equivocada. Además, que yo no sirvo para eso. Puedo traer a alguien del país itálico, pero supongo que aquí la señora querrá a un inglés para hacer el trabajo... Cómo corresponde, por supuesto.

Gracias a quién me avisó lo de los tiempos xDD

Día del Edicto y ataques - Mansión Potter Black, al alba.

La Mansión estaba en completo silencio. Después de calmar a mi pequeña y de arroparla tras colocarle las sábanas, báje a desayunar, el sol todavía no se había levantado pero se notaba que estaba próximo. Había una neblina suave alrededor de la casa. Cómo si fuese una extraña magia protegiéndola. Miré mi reloj mágico y me indicaban las seis de la mañana. Era todavía temprano y todo era paz. Pero era un silencio que agradecía, me daba tranquilidad y calma ante la inquietud que había estado sintiendo en los anteriores días, cuando hablé con Sagitas. Se me hacía raro encontrármela por casa, siendo la Ministra y encima mi suegra. Sólo esperaba y rogara que no fuese demasiado insoportable.

Los elfos aún no se habían despertado y yo con el pijama, me dirigí hasta la cocina a prepararme un café. Cogí lo necesario y preparé un desayuno a base de tostadas y galletas que había hecho días antes. Uno de mis guardias, entró, cogió una taza y se sirvió un poco de café.

- ¿Todo en órden? - le pregunté yo, entre susurros y en un tono cansado.

- Sí mi señora, además, me tomé la libertad junto con Cicerón de reforzar las medidas mágicas de seguridad. Añadí los conjuros que tenemos en la Toscana. Sabe de sobra que nos funcionó bastante bien - y al terminar dio un sorbo a su bebida.

- Bien, las vamos a necesitar por mucho que se crea mi tía que es la Ministra, toda seguridad es poca. ¿Has hablado con nuestra gente? ¿Y con vuestros contactos? - él levanto una ceja y tomó su tiempo para responder...

- De momento, no saben nada de ese hombre que me ha mencionado mi señora, pero a no mucho tardar, quizás sepamos algo más en los próximos días. Sobre lo otro, escribí al Consejo y nos dan su apoyo y aprobación. Después de la limpieza que hizo, bueno, nos le quedó más remedio - rió por lo bajo y yo le acompañé. La limpieza era un término bastante genérico para decir que, se había matado a los hombres más importantes y que se habían opuesto a mí al empezar la guerra. Pero con buenos asesores y consejeros al final, no tardó mucho más de lo que pudiera ser una sangría de lo que había sido- y el resto de las Casas italianas, ya saben lo que les esperab si se intentan rebelar otra vez. No tema Alteza, todo lo que ha hecho es por el bien de la princesa - dijo con una leve reverencia - ¿ordena alguna cosa más?

- Hum, creo que no, pero en mi ausencia, haced turno para resguardar a Elentari, no me fío de la gente de por aquí, quizás tengamos represalias por lo que ha hecho Sagitas y las aguas andan bastante revueltas en éstos tiempos. Ésto trae malos y viejos recuerdos... Al menos que entre Matt a la habitación para cuidar de nuestra hija, nadie más, salvo vosotros dos, tiene permiso para entrar ahí. Puede que Sagitas, ya sabes cómo es cuando se empecina... Además, cuidó a mi hija durante éstos dos años -elevé mis hombros frunciendo el ceño- lo ha hecho mejor de lo que yo lo hubiese podido hacer - terminé en un susurro. Me rasqué en la zona en dónde tenía la marca Tenebrosa grabada. Me escocía esa zona, la verdad, es que días atrás la sentía más viva que nunca y sabía que se avecinaba algo gordo, muy gordo. 

- Y, otra cosa antes de que te vayas...

- Dígame señora - respondió Antinoo diligente.

- ¿Entonces es cierto que mi tía se ha estado reuniendo con mortífagos? -pregunté sin temor a la respuesta, era más sospechas que otra cosa, y más aún como lo había definido mi elfina, mientras le echaba un par de cucharadas de azúcar y añadía más brebaje negro.

- Bueno, no podríamos afirmarlo al cien por cien, pero nuestra gente sí la ha visto reunirse en algunos lugares en dónde se puede decir que se reúne gente oscura...

- Claro, cómo que nosotros no lo somos - solté con una ironía y casi lanzo una carcajada que al final, terminó en tos, Antinoo rió por lo bajo y asintió con la cabeza.

<< se me hace raro, o le pregunto directamente o lo tendré que averigüar por mí misma -bufé- bueno, haz lo que te he dicho, contacta con nuestra gente y con los egipcios, con ellos tenemos negocios importantes así que, quizás puedan persuadir a su ministro para que tomen partido de nuestra situación, a lo mejor con un par de buenas bolsas de galeones debería bastar... Y si no quiere, tan fácil como hacerle un imperius...

Antinoo asintió con la cabeza, el tic tac de un reloj cercano a la cocina (?) se escuchaba, mientras veía a lo lejos, como poco a poco el sol iba asomando y con suavidad, despejando la delicada bruma mañanera. Después de la conversación con mi guardián, vino Cicerón a servirse un poco de desayuno, y se hacía el relevo y mientras, cavilando, me dirigí hasta el salón a descansar un rato, antes de que hubiese más bullicio dentro de la casa. 

 

 

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