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Edicto #2 sobre la Educación en las Escuelas Mágicas


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No me equivocaba. Aquella mortífaga tuvo que defenderse del gran animal formado a partir de aquel vagón partido, con lo cual su hechizo me liberó....cayendo el par de metros qeu me había elevado al suelo. El golpe fue doloroso, pero nada queu me matase. Lo que si me sorprendió, para bien, fue la voz familiar de @ Sybilla Macnair ...hacía mucho tiempo, tal vez demasiado, que no la escuchaba, pero fue una gran alegría en ese momento ver a alguien dispuesto a ayudar.

- Tu los has visto? Porque yo tampoco. - contesté - no se donde está nadie, pero no me podía parar a encontrarlos.

 

Lo que me heló fue....fue ver a @ Helike R V PB  que hacía allí? No estaba ni mucho menos en condiciones como para enfrentar la situación, y no podía pensar en enfrentar a los mortífagos si además debía cuidar de ella. La miré sin entender, mientras mi mujer trataba de apelar a mis sentimientos, hablando de nuestra hija, de que me...marchara. Cuando tiró de mi, para evitar aquellos escombros, la miré furioso.

- Crees que soy un inválido? Piensas que no se lo que hago? No voy a salir corriendo, pero tu deberías volver a casa. No estás en condiciones. - contesté, apartando con la varita los escombros. Cissy parecía estar bien. - No voy a ir a esconderme a casa. La niña nos necesita a los dos, aunque... - "aunque tu eso no lo entendieras" pensé para mi.

 

- Necesitamos apoyo, el que podamos conseguir - dije a las chicas. No veía a mi rival, tal vez porque los escombros caían, porque había tratado de huir del animal metálico...a saber. - Helike, ve al ministerio. Busca a Sean, patea traseros, pero trae aqui apoyo. Necesitamos sanadores. Voy a intentar conseguirnos ayuda.

 

Asiendo la varita con fuerza, convoqué mi patronus. El gran lobo azulado se materializó, con su brillo característico.

- Busca a @ Scarlet Akane . Los mortífagos atacan King Cross y necesitamos ayuda, ya.

 

El animal no dudó en echar a correr, recorriendo varios  metros antes de desaparecer, buscando cumplir su objetivo.

- Helike, lárgate. Ve por sanadores y a por la ayuda que puedas conseguir. No me va a pasar nada - contesté, confiado, sonriendo un momento, mientras una tenue niebla surgía a nuestro alrededor. Había convocado un detritus para darle tiempo a desaparecer, protegiéndonos a los tres.

 

En el fondo, no podía olvidar lo que me había llevado hasta allí. El mensaje de Harpo, lleno de nervios y miedo. Sagitas....Ella estaba implicada en todo aquello. Los gritos me hicieron alzar la vista, rotando 180º a mi espalda. La sangre y el llanto no daban lugar a dudas...alguien atacaba en aquel lugar.

"Conjuntivitis" pensé, apuntando con la varita a la figura qeu pasaba, causando todo aquel pánico a su alrededor.

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- ¡por supuesto que no creo nada de eso! -protesté ante sus preguntas- sé que eres un mago genial, pero, de verdad... - le supliqué una vez más pero claro, los dos éramos bastante tercos, aunque una de las frases finales y que no terminó de decir, la capté cómo si lo hubiera dicho en voz alta, bajé la mirada- lo sé... cuando termine todo ésto, si quieres te doy el divorcio, pero antes, tendrás que escucharme - le solté con reproche- y no preguntes, no puedo responder qué hago aquí - le dije, porque conocía perfectamente su rostro. 

Había escuchado unos gritos y a pesar de estar semiprotegidos (?)...

- ¡Inquisicióóóón! - un hombre con un hacha, medio enloquecido, y que no sabía de dónde había salido...

- No me lo eches en cara - desvié mi varita hacia su cara y susurré un avada kedavra. El rayo de luz verde, la maldición le impactó de lleno y le robó la vida. Cayó desplomado al suelo - defensa propia... y no me digas que hay otros métodos, éste es más eficaz. Mira que eres terco, peor que tu madre - bufé, negando con una sonrisa. En eso no había cambiado, aunque su aroma... Bueno, digamos que hacía que despertara algo más de lo que había olvidado hacía mucho tiempo o quizás no tanto. Pero no era momento para intimidades.

- jajaja ¿me crees i******? -dije entre susurros mientras me incitaba nuevamente a irme - si te matan no buscaré tu alma en el infierno - le dije yo renegando por lo bajo- ¿acaso no los veo? Es más, juraría que Xell está aquí, la he notado - llevé la punta de mi varita hasta la nariz, para indicarle a Matt a lo que me refería- he incluso a Sagitas, pero no sé, es raro... raro... es una mezcla de aromas que no consigo descifrar del todo - la Marca me ardía. Sabía lo que tenía que hacer así que, aproveché las defensas de Matt que nos envolvía - haré lo que digas, pero quizás no te esperes grandes ayudas... - le di un beso en los labios y me desaparecí del lugar, pero no fui al Ministerio. Me aparecí detrás de una de las paredes que aún estaban en pie. Con un movimiento de mi arma, pasé una mano por la cara y puse la careta mortífaga, pero ésta también cambió. Si al principio era con líneas rojas, ahora era una máscara blanca de marfil con gotas de sangre.

Mis ropajes mutaron completamente y mostraron una tela oscura con ribetes de plata. Hasta el interior había sufrido cambios. Llevaba no era lo que fuese una cota de mallas, pero sí llevaba un jubón negro con el símbolo de la calavera y unos pantalones negros además de las botas. Puse la capucha y mientras quitaba el alma con un susurro a varios seres que rondaban por allí. Me adentré al interior he intenté vigilar a mi marido para que no notara que había cambiado. Pero no era tonto.

Tenía deberes que cumplir.

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Dana Gryffindor 17 años, recién recibida de Hogwarts. 

El día del edicto.

Con una mano sostenía el periódico en la segunda página donde se desplegaba el edicto impuesto por la actual ministra, en la otra un vaso lleno de jugo de calabaza.

¿Acaso Potter Blue enloqueció? Algo me decía que nada bueno saldrá de esa nueva normativa... Si bien estaba, en parte, de acuerdo no podía evitar pensar en el caos que se generaría ¿Qué medidas tomaría La Orden del Fénix? 

Aún tenía mi currículum en la mochila y estaba camino al ministerio para presentarlo. Analicé detenidamente mis opciones y mire por donde mire la mejor elección era el Departamento de Aurores. Le habían mencionado que una tal Lunática Gryffindor estaba al mando y esperaba que compartir apellido le facilitara una cita con esa mujer.

Estaba apunto de llevar el vaso a mi boca cuando vi cómo se formaban ondas que iban de menor a mayor en su interior y posterior a ello una explosión logró que lo arrojara al suelo.

Al diablo mis 4 knuts. 

Miré al cielo, una enorme serpiente se desplegaba tres calles al norte ¿La Marca Tenebrosa?

Si no me equivocaba allí esta a la estación King Cross... repleta... de... muggles.

Solo unos segundo bastaron para empezar a escuchar espantosos gritos de mujeres, hombres y niños, autos yendo y viniendo a toda velocidad, sirenas de ambulancia, policías y bomberos. Un camión de la armada, gente de la milicia ¿qué rayos ocurría?

Lo que sucedió después aún no me lo explico ¿instinto, tal vez? Pero mis pasos avanzaron calle arriba hasta ver como un grupo de magos empezaban a elevar sus varitas para impedir que nadie entre ni salga de la estación.

Solo 5 segundos bastaron para decidir mi destino y corrí entre medio de dos de aquellos magos aprovechando su incapacidad de moverse a causa del conjuro que estaban realizando.

Yo era una mujer delgada de 17 años que llevaba un vestido suelto floreado, capa escarlata y zapatos del mismo color, nadie me frenaba y menos si estaba decidida a ser Auror. Quería verlos en acción, pero más aún... quería ver mortifagos en vivo y en directo.

El ataque a Hogwarts hacía un año había sido provocado por muggles, se merecían el daño, se merecían lo peor.

Aún tenía la viva imagen de Maia siendo aplastada por la piedra, su cráneo completamente destruido, sus ojos acaramelados totalmente irreconocibles. 

Arrojé el diario al suelo, no me di cuenta que lo tenía encima, esperaba no perder mi bolso, me aferre a la varita.

¿Acaso estaba perdiendo la cabeza? Probablemente tenga que dar explicaciones al volver a casa... un pesado adoquín pasó rozando mi mejilla... si es que regresaba.

Un hombre con un hacha al grito de inquisición, un avada kebrada arrebatandole la vida. Y ellos, las personas con máscara, a la cabeza de aquél escándalo.

Alguien vio mi varita y gritó: 

-¡Muere maldita cucaracha!- al tiempo que me apuntaba con su revólver.

Rápidamente le apunté sin pensar y grité:

-Petrificus totalus- y esa persona cayó dura como una piedra al suelo.

Había una especie de sombra gigante que desprendía un poder impresionante y se deslizaba de punta a punta por la estación. Entonces otro adoquín me dio de lleno en la diestra provocando que arroje al suelo mi varita tras un terrible *crack *.

Estaba perdida.

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(bajo la identidad aún de Sybilla Macnair, no porta máscara alguna)

 

Xell y Matt se batían a duelo cuando llegué y una pila de escombros cayó abrúptamente del techo de la estación por el estallido de la batalla combinado con el Obscurial, al tiempo que Heliké hacía su aparición. "Esposo". Escucharle decir eso todavía me molestaba aunque no sabía bien por qué ya que lo de Matt y yo había terminado hacía más de seis años. Aún así, al forma en la que me miró cuando le hablé me dio a entender que para él yo seguía siendo alguien epecial, tanto como él para mí, aunque ninguno hubiera vuelto a hablarse con el otro.

-Haré el llamado- asentí, mientras convocaba mi propio Patronus plateado: un hurón blanco que salió corriendo entre los escombros y se perdió en el cielo, con el claro mensaje de traer a las autoridades mágicas para asistirnos en la batalla contra los Mortífagos-. Protego- enarbolé la varita para evitar que un rayo de Ix Chel diera contra mí, aunque no iba dirigido exactamente a asesinarme-. Debemos salir de la estación, esto va a derrumbarse- le dije a ambos tórtolos, aunque sabía que iban a ignorarme porque aún quedaban muchas personas, muggles, corriendo por el lugar, intentando ocultarse del Obscurial o de los hechizos de los Mortífagos presentes. Para mi sorpresa, Heliké pareció hacerle caso a Matt y desapareció-. Vamos Matt, hay que sacar a toda la gente que podamos- miré hacia arriba, donde una viga oscilaba peligrosamente sobre nuestras cabezas luego de que su compañera se hubiera derrumbado frente a nosotros.

-Es ahora... o nos matarán- señalé con la cabeza al grupo detrás de Ix Chel, conformado por cuatro mortífagos... y una más que se le había sumado. No reconocía esa máscara, quizá un miembro nuevo y fiel (Helike) que quería impresionar al líder-. Sin apoyo van a hacernos puré...- mi mirada estaba algo vidriosa-. Helike dijo que tienes una hija, yo también... no las dejemos sin sus padres- agregué.

@ Helike R V PB @ Matt Blackner

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Ataque a Kings Cross

Las explosiones por algunos puntos de la ciudad tras la caída de los helicópteros de seguro encendería todas las alarmas de Londres, y así fue. Por la televisión muggle comenzaron a relatar los sucesos, periodistas muggles que no se atrevían a ingresar más allá de tres o cuatro manzanas a la redonda. Las cámaras de los celulares propagaron imágenes de serpientes de fuego, llamaradas y columnas de humo que atemorizaban al resto del mundo. Grababan a seres encapuchados, cual dioses, haciendo estragos por todo el sector. 

-Amor corre...¡corre!...-gritaba a lo lejos una joven veinteañera esperando que su est****o novio dejase de grabar y escapara por el bien de ambos.

- ¡Solo una historia más!... son ellos, son los magos de los que hablaban en la conferencia de la ONU...

-A la mier** la ONU Charles, yo me v....

Una llamarada de fuego la alcanzaba al instante, incinerándola. El tipo solo pudo ver eso cuando otro de los magos había llegado a escena, pues luego fue preso de un azote de concreto que lo mandó a volar más de veinte metros. El chico llegó a dar muerto, con el móvil colgando en su muñeca por una correa de cuero, al costado de refuerzos policiales que evacuaban edificios aledaños a la estación de trenes; rápidamente acordonaban la zona, sin saber que nuestra magia era tan poderosa e imperante que aparecer y desaparecer era cuestión de idearlo en la mente. 

-¡Necesitamos refuerzos, repito, necesitamos refuerzos!...- exclamaba un oficial con un aparato apegado a su boca.

Gritaba por radio al tiempo que sus azulados ojos observaban la pantalla trizada del muchacho. ¡¿De dónde demonios sacaban aquella fuerza bélica?! pensaba mientras oía cada vez más lejos el "...coordenadas oficial, dadme las coordenadas...oficial...¡oficial!"

-Es el fin.... 

***

Caelum conjuraba unas necrohands que lo elevaban mientras extendía los brazos con total confianza y plenitud al tiempo que inspiraba la libertad que tanto anhelaba. ¡Los muggles no eran nada para él!. A unos cuántos metros de la tierra observó a su hijo incinerar unos cuantos humanos, ¡simples humanos sin magia!, mientras parloteaba el hecho de que solo un obscurus estuviese destrozando el lugar. Bufé una sonrisa y sobre las copas de los árboles y tejados varios, admiré las columnas de humo que había dejado la caída de aquellas maquinarias muggles que volaban segundos atrás sobre Kings Cross. 

-...¡Sonorus!...- exclamé con varita al cuello, aumentando considerablemente la voz que en susurros por la apariencia mortífaga, alcanzaría varios metros a la redonda- ¡sed fieles a nuestro poder! ¡sed fieles a la superioridad mágica que creyeron querer controlar! ....¡escóndanse ustedes bajo la tierra y dimensiones que tan solo pueden imaginar!...-quitó la varita de su cuello y la enarboló a su alrededor mientras susurraba un "Fortíficum" tras otro, logrando que varios pedazos de concreto cayesen sobre carros de refuerzo policial muggle. 

De pronto un zumbido arremetió ensordecedoramente el lugar, reflejando en la gélida y gris mirada de Black un avión de guerra que surcó el cielo a gran velocidad; lo siguieron un par más. Observó hacia bajo y vio como una nebulosa de indeterminado color cubría a quien luchaba contra Ix chel, permitiéndome ver el rostro de Macnair entre ellos. Entendí su posición. 

El obscurus finalmente estalló el portal del andén 9 3/4. Un círculo mágico mostraba la dimensión alterna a la estación no mágica, uno que se fue consumiendo como una tela alcanzada por el fuego, hasta quebrar el velo mágico que le protegía. 

-¡Únanse hermanos y hermanas!.... ¡únanse!.... ¡porque la magia nos pertenece!...

Algunos sacaron sus varitas para hacer frente a la represión de los nomajs, más el resto comenzó a desaparecer sin dudarlo. Otros se enfrentaron entre ellos y finalmente estalló una contienda digna del caos. 

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Decir que todo aquello era un pandemonio era quedarse malditamente corta. Darla se detuvo a observar su rostro en el reflejo de la ventana. La charla en el despacho de Sagitas había sido demasiado intensa. No quería hacer de su despacho un hogar pero no había querido retornar a casa ni tampoco a la Dumbledore. Aunque esa escala no podía seguir postergándola, se lo debía a su sobrina, se lo debía a sí misma.

 

Se giró y decidió irse del Ministerio pero de pronto a ella había aparecido un lobo plateado, Darla frunció el ceño, pocas veces había visto ese patronus, no era de alguien de la Orden, sin duda. Cuando habló confirmó sus sospechas, era la voz de Matt

 

«Los mortífagos atacan King Cross y necesitamos ayuda, ya.»

 

Un frío recorrió todo su cuerpo, maldita sea, debía ir, no podía dejarlo solo. Dejó su capa sobre el escritorio y tomó su varita, asegurándose que tenía todos los anillos y demás talismanes de libros y poder. Se apresuró a salir del Ministerio con un aspecto extremadamente muggle, pantalón, botas y una camisa negra como su espíritu en ese momento.

 

Manda gente ya a King Cross, ha habido un ataque mortífago, avísale a Luna —ordenó la pelirroja a uno de los aurores que cruzó en el camino y que se apresuró a obedecerla sin chistar.

 

No supo con quién se cruzó ni le importó, apenas estuvo fuera del Ministerio un sonoro crack marcó su desaparición para reaparecer instantes después en un destruido King Cross. ¿Cómo había pasado eso desapercibido? ¿Acaso podría tener relación con todo lo demás? Como fuere la pelirroja pensó en enviar un patronus pero se contuvo, mordiéndose el labio… no se lo había dicho a nadie pero desde la muerte de Seba era incapaz de invocar uno, y ahora que hubiera necesitado avisar a la gente de la Orden. Hizo una rápida floritura y un papel apareció ante ella, escribió unas rápidas líneas y tras una nueva floritura la nota se convirtió en mariposa y voló hacia donde estaba Mica Gryffindor, al menos eso se lo debía por la frustrada charla.

 

Sin saber qué le esperaba se adentró en las ruinas de King  Cross, varita en mano, viéndose obligada a desmayar a algunos muggles que al verla con varita pensaron que les atacaría. Luego se lo agradecerían, si es que no pasaba algo más y morían allí. ¿Dónde estaba su primo? Una nueva explosión la arrojó hacia atrás con la onda expansiva y el sonido de una voz más que familiar la hizo desear no haber venido.

 

@ Matt Blackner  @ Luna Gryffindor Delacour  @ Mica Gryffindor

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Que no estés aquí no significa que no estés en mi corazón... Te amo Seba

 

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 Ataque a King Cross

 

Tres personas más aparecieron alrededor de donde me encontraba. Mi varita estaba lista ante cualquier movimiento extraño pero aún no había tenido necesidad, más de lo que ya había hecho. El fuego había usurpado varios rincones de alrededor de la estación: había alcanzado algunos autos, incluso algunos cuerpos. Un nuevo mortífago, Matthew, provocó que todo eso aumentara por sus fuegos demoníacos que continuaba desperdigando.

 

Una figura femenina se sumó primero a Matt. Refuerzos. Y luego otra, que lo besó. Las apariciones empezaban a verse por allí. ¿El Ministerio ya se habría enterado? De lo que si estaba seguro era que los muggles estaban acercándose más que la cuenta. Mi madre Shelle me había comentado de las travesías del Inquisidor y al parecer, el miedo ante los magos y brujas se había disipado y ahora se atrevían a quedarse más cerca.

 

La voz de Caelum retumbó a un par de cuadras alrededor. Me animó a mantenerme orgulloso de donde estaba parado.

 

El Obscurus se encargó de destruir King Cross. ¿Por qué la gente se agolpeaba dentro de la estructura?

 

Un golpe en seco hizo girar mi cabeza con mi varita apuntándola. Una muchachita demasiado joven se acercó y esquivó algunos autos. Un muggle la apuntaba con un revolver, pero duró poco porque quedo tendido en el suelo petrificado. Si habría sido una muggle la hubiera dejado. ¡Pero una bruja tan joven!

 

— Mobilicorpus

 

El murmullo solamente fue para mi, pero el cuerpo de la joven de cabello castaño (Dana) se dirigió hacia mi derecha a un metro, esquivando otro adoquín que de haber estado parada allí, le habría partido la cabeza. No estaba seguro si aquel movimiento de salvarla no la habría lastimado más, pero al menos la había salvado la vida, que de no ser por el entorno, era por los muggles que estaban llegando a King Cross algo alterados.

 

— ¿Eres idi0ta niña? ¿Para que tienes tu varita? Quédate aquí o te matarán

 

Tenía que admitir que mi problema era contra los muggles. La vida de todas las brujas y magos de sangre pura eran realmente valiosas. No estaba seguro cuan pura era la sangre de la bruja pero estaba seguro que no podíamos perder ni una gota de sangre a causa de su estupidez. “Accio varita” dije, atrayendo su varita y lanzándosela a un costado de ella. Esperaba que al menos supiera curarse ésa muñeca.

 

Comente el hechizo Morphos con voz clara. La figura de un enorme adulto hipogrifo, tan negro como la noche, se materializó justo delante de nosotros. Se paró erguido, con sus alas estiradas cerca de nosotros y emitió un chillido fuerte. Podría levantar vuelo en cualquier momento. Esa parva de muggles no me gustaba para nada lo cerca que se encontraban. Tampoco los posibles futuras apariciones de los ministeriales. Miré de reojo a la muchacha ¿Qué hacía? El último de los muggles había logrado escaparse, con el tobillo roto. La desconcentración de la bruja novata hizo empezar a enojarme.

 

Avada Kedavra —comenté y uno de los tres cuerpos que levitaban por encima de mi cabeza, cayó inerte al suelo sin vida.

 

 

@ Sagitas Potter Blue  @ Aaron Black Yaxley  @ Matt Blackner  @ Sybilla Macnair  @ Matthew B. Triviani  @ Xell Vladimir Potter Black  @ Dana Gryffindor

Editado por Mael Blackfyre

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"Mobilicorpus" escuché y fui atraída por uno de ellos. Su máscara era maravillosa, ramas de árbol entrelazadas dando forma a un rostro el cual protegía la identidad de su portador. Lo siguiente que escuché fue que me dijo idi*** y no pude refutar sus palabras pues no sabía siquiera qué diablos estaba haciendo allí.

Con la zurda tomé la varita del suelo un simple Episkey en mi cabeza puso el hueso de mi muñeca en su lugar y aunque el dolor persistía ya podía moverla sin inconvenientes. 

Un hombre se elevó por los aires sobre temerosas manos y apenas pude discernir sus palabras, pues los gritos y explosiones de armas y varitas evitaban que mi atención se situara en un solo lugar.

Apareció un hipogrifo de la nada ¿un morphos? Parecía una barrera frente a los muggles... ¿o más bien una trinchera? Esquivé el cuerpo que cayó inerte sobre nuestras cabezas y al ver un dragón de fuego que embestía hacia nosotros empuñé mi varita, ahora con la diestra, y lo primero que se me vino a la cabeza fue utilizar el cadáver del muggle.

-Morphos- dije y cobró la forma de un enorme alce de 2 metros el cual recibió de lleno la llamarada e impactando a solo centímetros de nosotros contra un pilar que amagó con aplastarnos. 

-¡Cuidado!- grité arrojándome contra el mortifago para luego rodar juntos por el suelo tras escuchar el impacto del pilar sobre los adoquines.

Mi respiración era agitada, mis manos temblaban, pero algo me decía que estaba donde debía estar.

@ Mael Blackfyre

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Si hubiera más caos recordaría que es el libro, la pelirroja observó los fuegos malditos, un oscurus y más cadáveres de los que deseaba ver.

 

—¡Fuera de aquí! —gritó apuntando a un par de muggles que aún se escondían en la estación y a fuerza de hacer que todo aquello fuera peor apuntó a una de las pocas paredes en pie —confrigo —la pared cayó y los muggles huyeron por el nuevo camino, alejado del fuego y los mortífagos, o al menos eso esperaba.

 

En realidad si tenía en cuenta el campo de guerra en que se había convertido el lugar poco importaba lo que hiciera, levantó la vista sorprendida al descubrir que los aviones de guerra vendrían sobre Londres. Otra vez. Se detuvo, era mucha la distancia y estaba en territorio enemigo por dónde se viese, se concentró en la mente de los pilotos Ilusionismo, susurró cuando supo que ya podía sentirlos… la energía psíquica que salió de ella la hizo estremecer, hacía mucho tiempo que no intentaba aquello y menos a tanta distancia ni con tantos, en la mente de los ocupantes del avión la orden de regresar a la base sin disparar fue contundente junto con la de proteger la nave y las armas sin dañar a nadie hasta que King Cross estuviera a salvo. Cuando pegaron la vuelta Darla se preguntó a salvo de qué o quién, aquello ya no era nada.

 

Darla giró sobre sí misma, buscando sin seguridad a los magos, una joven había sido salvada por un mortífago, cosa bastante sorprendente para ella. La pureza de la magia atraía a la magia. ¿Cómo podía ella detener a todos aquellos magos y brujas queriendo vengarse de los muggles que les atacaban? ¿Cómo podía convencer a los muggles que los magos no eran un peligro cuando veían lo que los mortífagos hacían? Había escuchado los avada y las palabras de Caelum. No tenía tanto poder para invocar sobre todos el ilusionismo.

 

Avanzó lanzando desmaius a quienes se le interponían y si eran muggles invocaba detritus sobre ellos. Era inútil intentar algo mejor, si pudiera los sacaría de allí pero debía llegar al andén 9 y ¾. Se detuvo en seco, fijando su mirada en las máscaras que brillaban en medio de aquel manicomio. Estaba segura que si no fuera por su primo no estaría allí, por él y porque le habían dado aquel puesto, odio por unos segundos al mago que la había dejado en aquel aprieto. Tienes un bando al que responder, le recordó Scarlet en el fondo de su mente y Darla apuntó hacia el suelo su varita mientras pensaba Guardián el efecto fue inmediato, el cuerpo se puso lentamente en pie, obedeciendo las órdenes de la pelirroja para ayudarla a llegar al centro de la estación.

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Que no estés aquí no significa que no estés en mi corazón... Te amo Seba

 

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Estación King's Cross

Definitivamente todo era un maldito caos. Reconocí a una de las brujas a través de la máscara que hacía tiempo que no veía (Sybill) y que estaba hablando con Matt. No supe porqué, pero un remalazo de celos se me subió por la garganta y me dieron ganas de matarla ahí mismo. No sabía a qué bando pertenecía. Mortífagos, fenixianos o gente del Ministerio. Dirigí mi varita hacia a ella... No iba a permitir que nadie fastidiase mi relación con él...

- crucio - y justo cuando susurraba la maldición ella (Sybill Macnair) había invocado un hurón blanco... ¿fenixiana? aunque era cierto que el que pudiese bien podía invocar uno si tenía un recuerdo poderoso. 

No sabía si le había dado, pero esperaba que sí, había mucho polvo alrededor provocado por los cascotes. Me moví con rapidez. ¿Alguien se acordaría de los malditos guardias? Seguro que nadie lo había hecho, sólo se habían limitado a atacar y ya está...

- Manada de inútiles... - aunque por lo visto no estaban por ahí. Había visto un par de uniformes ensangrentados, pero sabía que esa estación tendría más... Así que, moviéndome con rapidez, maté a un par de muggles que me increparon. Uno con la maldición el otro le retorcí el cuello con mis manos hasta que se escuchó un crack. Su cabeza cayó inerte junto con el resto del cuerpo.

Pronto los divisé...

- ¡Eh, vosotros! ¿Queréis marcha? - lancé una carcajada aguda, que nada se parecía a las que solía soltar. Susurré un imperius y sentí como una calor me recorría a través del brazo hasta la punta de mis dedos, y de ahí a mi varita. Uno de los dos y con la maldición impuesta le indiqué mentalmente "mata a tu compañero y después suicídate " y así lo hizo. Sacó su arma reglamentaria...

- Charles, por amor a dios ¿qué vas a hacer? - miraba a su compañero aterrado - hay que sacar a ésta gente de aquí - miraba asustado a su colega y se escuchó el ruído como de un petardo. Le dio de pleno en el pecho. Al siguiente, apuntó su arma a la sien y disparó el gatillo. Reí por lo bajo.

- Manada de borregos... 

Pero poco o nada quedaba ya de la gente que estaba dentro, tanto pasajeros, como los coches de los trenes, todo estaba destrozado y sentía que Matt estaba cerca... Miré de reojo y reconocí a darla, tapándome con una columna aún intacta, le mandé un mensaje mental. Sabía que le llegaría "protege a Matt". Aunue el deber estaba por encima de todo. Si tenía que llevarme por delante a más gente, lo haría sin dudar. 

Pero por supuesto, se escucharon sirenas fuera. Y lo que parecía el sonido de un rotor de un helicóptero. Quizás estuviesen esperando la oportunidad de entrar, pero ¿magos contra muggles? No tenían muchas oportunidades eso, o que la Orden del Fénix acudiese a defender la estación. Pero tal cosa, parecía que no se atrevían a asomar la cara. 

- valientes defensores -susurré nuevamente con asco. Al menos, la máscara camuflaba mi voz con un sonido ronco. 

A pesar de estar toda vestida de negro, pareció que nadie se fijaba en mí, y lo agradecía... Fui caminando por la pared que aún aguantaba de pie, pero estaba segura que no tardaría mucho tiempo en caerse, cómo la otra. Apunté a uno de los bagones y vi cómo había gente en su interior. Me sorprendió, me miraron asustados. Empezaron a salir a borbotones, pero me extrañaba que aguantasen ahí tanto tiempo. Quizás esperasen que nadie se fijara en ellos...

- confringo - el rayo salió disparado de mi varita, Maat. Dio de lleno en el vagón y éste voló por los aires dos metros. Dio una vuelta sobre sí mismo y tras los gritos, llegó el silencio, aunque tuve que apartarme para que no me cayera una de las paredes que alguien había destruído... 

Quizás fuese el momento de marcharse. Poco había que hacer ahí dentro, pero aún tenía compañeros en ese lugar... Aunque era cierto que, no veía a ningún comandante o alto cargo ahí dentro. 

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