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Libro de los Ancestros - Mayo 2021


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Aphophis descansaba cerca de mi. Nkuku preparaba los alimentos. En cambio yo, estudiaba los presagios en el fuego.

Levanté la mirada. Aphophis buscaba mi atención. Parecía dormido, más sin embargo, estaba mucho más despierto de lo que muchos lo estarían jamás. Rugió elevando una intensa llamarada al cielo.

Conocía el sentimiento. Nuestras mentes estaban conectadas, Nuestro destino también. 

Nkuku trajo los alimentos. En silencio comí. Tampoco era muy necesario mefisr palabras junto a mi fiel sirviente. Nkuku era lo único que podía contener mi animo en el momento preciso.

Escuchar los pasos de los aprendices no ayudo en nada a como me sentía. A mis más de 190 años perdí la esperanza de que sirvieran para algo. Si estaba allí era por compromiso, porque había dado mi palabra, sin embargo, led había advertido que no me importaría matar a los incompetentes o quienes no valieran la pena. Ellos, los directores, habían aceptado.

El fuego se hizo mucho más intenso reflejando exactamente lo que sentía.

Terminé los alimentos. Acaricié a Aphophis prometiéndole que si no valían la pena se los daría de almuerzo. En cambio, el dragón me miró con asco. Sonreí ante su respuesta...

-Yo no como porquerías...

 

@Mica Gryffindor @Hessenordwood Crouch

Editado por Niko Uzumaki
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Por fin había llegado el momento de continuar con sus aprendizajes. Los últimos meses se había dispuesto a aprender cuanto le fuese posible respecto a la ancestral magia que brindaban los Guerreros Uzza, y así lo estaba haciendo. Sin dudarlo, se puso en marcha, no necesitó demasiados preparativos. Sabía que estaría cómoda con los los sueltos pantalones de lino negro que llevaba, así como con aquel top que se pegaba a su cuerpo pero le daba gran libertad de movimiento a sus brazos. Solamente procuró destrenzar su largo cabello castaño, pues no quería irrespetar a quien impartiese su clase. Sabía muy bien que tan solo los Guerreros podían entre ellos llevar el cabello recogido de aquel modo, y ella estaba muy lejos de estar a la altura. 

Pronto, se encontró cerca de donde pudo observar a Gahíji comiendo. Conocía al Uzza de clases anteriores y sabía muy bien que no tenía el mejor genio. Así como también sabía que se trataría de una clase desafiante, de eso no cabían dudas. Se mantuvo a cierta distancia, a la espera de que le hiciese alguna señal de que podía acercarse o seguirlo. Procuró apartar la mirada de donde el tutor y su dragón se encontraban, si había aguardado todo aquel tiempo hasta continuar sus aprendizajes, podía aguardar lo que demorase una cena.

Sus verdes ojos se dispusieron a explorar el nocturno cielo. Las estrellas la atraían más cada vez que las miraba. Sabía que en ella había gran cantidad de secretos, presagios e incluso deseos de quienes los pedían al mirarlas. Sonrió en silencio perdida en su pensamiento silencioso, recientemente había cursado el conocimiento de Astronomía y solo la había inspirado a saber aún más... era un asunto pendiente. 

Se distrajo del cielo unos momentos para comprobar que tenía con ella el Libro correcto y sus objetos: así era. Puso la daga en la cintura de su pantalón,  colgó de su cuello el amuleto y el frasquito y se colocó el anillo, ya había aprendido nunca dejar de portar los objetos que adquiría con los libros, al menos no durante las clases. 

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Quintel Guillam

Se sintió inusualmente enfermo, así como no lo hacía desde un largo tiempo; el camino que la pista lo lleva hacia donde se supone que puede encontrar al guerrero Gahíji no ha sido desafiante ciertamente, nada que hubiera retrasado a cualquiera tal vez, pero no se enferma por eso, ni tampoco por las posibles pruebas que este nuevo conocimiento les hará hacer frente, no lo hace por ahora, esto era, mas bien, un sentimiento de culpa, lo que más agobia al aprendiz y se refleja en una pequeña arruga en la frente de su joven rostro.

Por supuesto que esto no es como si estuviera escapando de casa sin el permiso de sus padres para pasar la noche en un pub con alguna identificación falsa en su bolsillo, tampoco está planeando un delito, un mitin social o alguna de esas actividades que Benjamín Whisper pueda encontrar como delictivas o de mal gusto, sin embargo, durante años ha sido adoctrinado bajo los matices de una antigua civilización ahora extinta, ¿podría esto considerarse desleal a sus orígenes si había hecho aun lado (tan solo un poco diría él) parte de ese viejo mundo para hacerse de todo ese nuevo poder? 

Ahora, a casi la mitad de su preparación dentro de la magia guerrera, no está seguro de como es que los Dioses puedan interpretar sus acciones en esta era y, tal desprendimiento espiritual, lo agobia. En su espalda, el peso del libro de las Auras y los objetos mágicos que carga el zurrón parece aumentar cada vez más conforme avanza en la oscuridad de la noche, pero aun así, él no se detiene.

A pesar de ello, se siente mucho más preparado que la última vez que se atrevía a encarar a un guerrero para conseguir un vínculo de magia guerrera. Era consciente de que tal vez se estaba preocupando por algo que ahora no era tan importante como lo era el encuentro con el guerrero.

Aún las estrellas brillan apasionadamente en el cielo cuando finalmente los ve y los alcanza; hay algunos cuerpos más en compañía del Uzza, así que se acerca hasta ahí, con el mismo cuidado con el que ella se ha detenido a contemplar la nube celeste sobre sus cabezas como alguien que es cautivada por el conocimiento y el misticismo y, con la misma paciencia con la que el guerrero termina su cena, Quintel aguarda junto a ella con su pálida mirada paseando a lo largo del cuerpo de un dragón. 

Era estimulante. El viaje hacia el conocimiento de los ancestros habría de comenzar, y Quintel (o más bien Ehécatl) se pregunta si habría algo de todo esto que pudiera aportar aunque fuera un poco, de alguna manera, a su propia antigua civilización, o si es que tal vez podría hacer algo por ellos con todo esto.

¿Qué es lo que sucederá ahora?-, pregunta con una voz que parece la de una criatura, y no lo hace directamente al guerrero, o a la bruja junto a él, aunque si alguno responde él igualmente estará agradecido por ello.

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Palmee el hocico de Aphophis. Ya conocía el interior de sus mentes. Probaría fuerzas y debilidades. Probaría qué tan bien entrenados estaban y si valía la pena prestarles un mínimo de atención. Ya conocía la respuesta. El fuego jamás miente. El augurio era claro.

No utilizaría al dragón esta vez. 

-Si están aquí es porqué sobrevivieron a sus maestros anteriores -observe sus ojos- sin embargo, nada garantiza que en está oportunidad sea así... 

Creé el Fulgura Nox. Les hice señas. Nkuku nos acompañaría.

~ 0 ~ 0 ~ 0 ~

Llovía. Pasamos de un terreno seco y estéril, a uno mucho más humedo y con más vegetación. Escuchaba el ruido de las cascadas caer. El río estaba crecido. Tendríamos que navegar en aquellas canoas a través del río. Una para mí y mi sirviente. Una, para cada aprendiz.

-Iremos por el río hasta el destino preparado -instrui- deben saber que hace mucho tiempo nadie a estado aquí y que a los guardianes de este lugar nobles agradará nada que entremos en sus terrenos, pero eso es algo obvio.

Una vez montados en las canoas comenzamos con el camino. Cada vez íbamos más rápido. Esquivaba algunas rocas mientras navegabamos por el caudaloso río, el cual gracias a la lluvia era mucho más peligroso.

-Deben estar atentos ante cualquier ataque, supongo que al menos habrán abierto el libro y sabrán la teoría -dije- el Kansho es una poderosa daga de un acero tan afilado que es capaz de partir diamantes con un pequeño roce, está daga no es un juego y no es para nada parecida a la daga del sacrificio -adverti- Absorbe la magia y retiene los hechizos para ser usados en el futuro, así no tengan el nivel adecuado.

Parecía mentira. Casualidad o Suerte. Justo en el momento en que finalice la explicación, los ataques comenzaron. Rayos como sectusempras y muchos otros venían a nuestro encuentro.

Qué tan rápido se adecuará a los aprendices a la situación? qué tan rápido pensaría para defenderse o más bien para reaccionar ante aquellos ataques?
 

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Siguió en silencio al guerrero, quien aparentemente tampoco era de muchas palabras. Ya había sido instruida tiempo atrás por el Uzza y su trato no había variado desde entonces. Lo entendía: no eran compañía deseada ni lo serían, sin embargo aquel tratado con Merlín los mantenía de algún modo atados a enseñarles. No le agradaba generar eso en el pueblo Uzza, pero todo poder adquirible y puesto al servicio de la Orden del Fénix era necesario en aquellas épocas. 

Pronto, la vegetación y el clima más húmedo los rodeó, junto con aquella lluvia que los acompañó durante todo el viaje. El sonido de caídas de agua era tranquilizante, e interrumpía el silencio impuesto por su mentor.

Por fin, oyó por primera vez en aquel recorrido la voz de Gahíji, quien les advertía los peligros que podrían encontrar, mientras les indicaba abordar las canoas que aguardaban en el crecido río. Se subió con mucho cuidado, puesto que no quería que su natural torpeza quedara expuesta, por suerte la canoa tan solo se movió un poco pero se mantuvo estable. Se sentó y comenzó el viaje junto con los demás, poniendo toda su atención en cada uno de los obstáculos que podrían encontrarse mientras avanzaba por aquellas aguas. 

Escuchó atentamente la explicación del Guerrero, a pesar del sonido del agua su voz resonaba con claridad. Comprendió el uso de aquella daga y se sintió ansiosa por utilizarla, deslizó su mano libre sobre ella, justo al tiempo que veía los primeros rayos aparecer en su dirección. Sus reflejos fueron rápidos, la blandió defendiéndose, notando cómo los ataques se desvanecían al chocar contra el acero. Miró sorprendida, aferrándose con fuerza al arma, procurando no desviar su atención de los distintos sitios de donde provenían los rayos. 

Fueron segundos, pero era tal cantidad de ataques que temió que su canoa se voltease ante algún brusco movimiento. Por fortuna, las aguas los llevaban con prisa y pronto estuvieron alejados del punto de partida de dichos ataques. 

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Quintel Guillam

No sabe donde es que han aparecido con exactitud tras cruzar el portal, pero a pesar de que el clima era menos sereno ahí se sintió cómodo desplazándose en aquellos lugares húmedos y lleno de vegetación. Se deslizó con familiaridad entre la maleza tratando de no perderle la pista al grupo, de algún modo, aunque no sabe donde están, se siente como volver a casa. Lo que no necesariamente era algo bueno, o no algo que el quería. 

El viaje en canoa en el rió también fue bien recibido por el brujo y, aunque el clima era tormentoso para sugerir un viaje tranquilo, tampoco es que fuera del todo una tarea difícil, así que luego de subirse a la canoa decidió que, en todo caso, lo mas difícil habría sido seguir de cerca la barcaza del guerrero con aquella corriente feroz y errática en la que se había convertido el rió. Sobre los sonidos de las aguas, y de aquello que los rodea escabulléndose por entre las sombras de la ribera del rió, se podían escuchar las instrucciones (o advertencias) del guerrero Uzza.

Instintivamente, hizo lo propio y conjuró, fue suficiente con tan solo pensarlo -kansho- para que el arma se materializara en su mano. Kansho pesa mucho mas de lo que hubiera esperado, también es mucho mas grande (cree) pero aun así se aferra a la empuñadura de plata con firmeza contrastando el color tostado de la piel de sus manos con la brillante plata, y al igual que el entorno natural, siente que lo tiene dominado (al  menos el agarre). En un desliz, se dice a si mismo que esto estaba convirtiéndose en una de esas cacerías entre tribu que sus pueblos practicaban hace años, cuando no eran los únicos escondidos entre las selvas. Aunque él nunca habría sido del tipo guerrero en esos tiempos.

Y no le alcanza el tiempo para contemplar los demás detalles de orfebrería en el objeto mágico antes de que la primera ráfaga de rayos busque impactar contra ellos tras la explicación del guerrero. Es casi suerte, diría, pero se conoce bien desarrollado en reflejos como para saber moverse justo a tiempo, aunque siendo honestos la mayor parte del trabajo lo esta haciendo Kansho absorbiendo hechizos casi con voluntad propia. Era impresionante, pero incluso ahora, mientras se salva de no caer de la canoa tras absorber un potente sectusempra de último momento, no se da el tiempo justo de admirar para comprender del poder del arma sino en mantenerse de pie para impedir otro ataque que esquiva con un salvaguarda mágica y que se estrella en la corriente del río salpicándolo en el proceso. 


Supongo que obsistens hubiera resultado  mejor-, se dice.


Sintió un inusual calor naciendo desde la empuñadura del objeto mágico que le hormigueaba hasta el brazo. Cuando los ataques comienzan a cesar, se da cuenta de que no ha terminado de entender del todo el completo funcionamiento del kansho. 


Señor Gahíji, maestro-, llama al guerrero cuando un rayo mas pasa por encima de su cabeza. Quizá no era el mejor momento para tener dudas, pero las tenía. —Señor, ha mencionado antes que Kansho absorbe la magia y retiene los hechizos para ser usados en el futuro, el texto en el libro dice que es capaz de absorber un ataque mágico y devolverlo inmediatamente; ¿eso quiere decir que ese futuro es inmediato? ¿o es posible que Kansho pueda retener hechizos por mas de una acción o turno durante una batalla? De poder hacerlo ¿como es que se devuelve el hechizo? ¿basta con tan solo pensarlo y arrojarlo?

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Esquivé sin ningún inconveniente los ataques. De una u otra forma aquello no era obstáculo para mí. El escudo que debería utilizar para protegerme de los ataques lo utilizaba mi fiel sirviente.

Mire adelante. Aunque no podía percibirlo aún sospechaba que aquello no terminaría bien pronto. la velocidad iba en aumento. Al mirar de reojo podía notar el movimiento de los aprendices. si bien ambos habían utilizado el Kansho como esperaba que hicieran en tal situación. no habían devuelto los ataques. Observé a mi fiel sirviente quien sabía perfectamente lo que estaba pensando y sintiendo y por ello, él, estaba controlando el temperamento que solía tener.

La joven Gryffindor como siempre estaba callada, analizando la situación. Había actuado de la misma manera las veces que clases le había dado, en cambio el otro aprendiz había llamado nuestra atención con su comentario y pregunta.

-Si, pudo utilizar otro tipo de magia -dije- se supone que para llegar aquí debe haberla dominado, sin embargo, es obvio que preferiría que utilizarán las herramientas de este libro.

La corriente se hizo más rápida y peligrosa.

-Respondiendo su incógnita como debe haber leído en el libro nuestra definición nos indica que en batalla como estamos en este momento el o los hechizos se devuelven de manera inmediata cómo bien usted menciona -instrui- y no creo que deba pensar en arrojarlo o lanzarlo, más bien todo sería cuestión de apuntar y confiar, no cree? -pregunte- imaginé que un haz de luz golpeé un espejo, este sin más se devuelve, es el mismo proceso en este caso.

El tiempo se acababa y el camino también.

-Espero no les moleste nadar a menos que se les ocurra algo mejor, nos acercamos a una gran caída de agua -observé a Knunu- cuidado con las pirañas, serpientes acuáticas y otras criaturas -informe a los aprendices.

Salte...

~ 0 ~ 0 ~ 0 ~

En la orilla al menos por el momento todo era calma.

-Ahora que parece que tenemos un poco de paz y se están secando aprovecharé para continuar con las explicaciones -observe sus ojos preguntándome si valía la pena todo aquel esfuerzo por mi parte-  La vara de cristal hace que la varita mágica del mago crece hasta convertirse en una vara o bastón de un material mágico irrompible con apariencia de cristal, cuyo aspecto y color serán diferentes según el mago que la invoque, lo que quiere decir que no hay 2 varas de cristal iguales y está técnica o hechizo puede imbuir de poder un rayo, convirtiéndolo en efecto

Aguarde. Había silencio. O más bien, se escuchaba el sonido de la cascada. Los atacantes y defensores de estás tierras pérdidas seguramente llegarían pronto.

-Practiquen invocando su cara de cristal 
 

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Por fortuna ninguno de aquellos hechizos impactó en la Gryffindor, pero tampoco se atrevió a atacar con ellos, sino que solo la utilizó a modo de defensa. A fin de cuentas, no tenía idea de quiénes eran los atacantes, seguramente fuesen los habitantes de aquel sitio y ella una simple invasora. Su compañero insinuó utilizar otro hechizo para poder evitar los ataques como una alternativa mejor, pero su maestro descartó la idea, ya que estaban allí para poner en manifiesto los aprendizajes del nuevo libro. 

Las aguas parecían tomar mayor velocidad y tornarse peligrosa para las canoas que intentaban mantener a flote. La propuesta del Uzza fue algo que no esperaba pero no tenía alternativa, el sonido de la caída de agua se escuchaba cada vez más próximo. Saltó, siguiendo a su tutor...

Agradeció haber llevado su anillo de amistad con las armas, al meterse en las aguas se concentró en él para intentar calmar a cualquier alimaña que pudiese atacarla. Funcionó, y pronto estuvo a salvo. 

Una vez fuera del agua, apuntó su ropa para secarla mágicamente, mientras el Guerrero hablaba sobre las varas de cristal. Siempre se había fijado en aquel elemento que los Uzza y magos más avanzados en sus aprendizajes utilizaban, eran imponentes y definitivamente muy poderosas. Asintió tranquilamente, comprendiendo todo lo que Gahíji les había indicado. 

Alzó la varita y pronunció con tranquilidad "Vara de Cristal", notando cómo su varita comenzaba su transformación, alargándose y volviéndose mucho más gruesa, tomando un color verde esmeralda muy brillante. La apoyó en el piso a modo de bastón. Aguardó mientras contemplaba asombrada aquel mágico elemento. Era verdaderamente bellísimo. 

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Así que, según la aclaración de Gahíji todo este tiempo habían estado regresando los ataques recibidos con la ayuda de kansho, que ideal, se habría perdido de eso solo por el hecho de que los rayos en contra de ellos venían de todas direcciones unos tras otros que, hasta cierto punto, era difícil diferenciarlos. Afortunadamente (por que no puede decir que fue solo cosa de habilidad, aunque tampoco que no hubiera algo de eso), habían repelido los ataques con el mayor éxito. O al menos lo suficiente para llegar a la siguiente parte de la práctica.

Asintió al guerrero con entendimiento, el había hecho la misma analogía del Espejo, sin embargo, pensó que tal vez, la magia de Kansho, en otras circunstancias podría haber sido mas compleja.

No ha pasado mucho tiempo realmente desde que los ataques terminaron (seguramente por que se han acercado a la caída de agua) para recibir nuevas instrucciones. Algo mas bien cautivado con la acción del guerrero de arrojarse de su canoa, el brujo apenas pudo prepararse para saltar igualmente. La caída no era tan larga aunque si tormentosa, y desde luego no menos peligrosa, Quintel se aferró a sus armas mágicas, pensándose que podría apoyarse nuevamente en la ayuda de algún otro amuleto mágico para librarse de esto, considerando las advertencias del longevo hombre sobre la peligrosidad de estas aguas y lo que pensaba antes sobre usar otras técnicas.

El salto fue algo mas torpe que el del guerrero, pero consigue con éxito un clavado casi limpio salvo por su intención de rebuscar finalmente el amuleto volador que colgaba de su cuello. Aterrizó cuidadosamente sobre el agua, pero igual se hundió con pesadez. Ahí abajo, los rayos del sol se cuelan entre espacios cristalinos del agua y hacen resaltar a kansho que aun sostiene con fuerza en su mano. Era aun mas precioso que antes. El arma desapareció de su mano de pronto y como si el tiempo recobrara su marcha nuevamente Quintel comenzó a nadar hacia afuera del agua con velocidad, tratando de evitar a las criaturas peligrosas, protegido con su varita mágica.

Afuera el aire es mucho mas húmedo que antes, seguramente por toda esa cantidad de agua que ahora escurren sus ropas. Pero no hay en realidad mucho tiempo para pensar en ello, Gahíji ha continuado con las explicaciones, esta vez refiriéndose a la popular entre los Guerreros, vara de cristal.

Finalmente había llegado a esto, ¿sería capaz? El brujo apenas aflojó el agarre de su varita, le contempló en mano sin aun haber invocado el equipo, recordando el momento justo en su larga vida cuando la adquirió. Era un objeto sencillo pero airosa, Quintel piensa incluso que contrasta físicamente con él, ella (su varita) es de clara madera de ahuehuete, con elegantes y suaves bordes por la empuñadura, es robusta del mango y se adelgaza sin torceduras hasta la punta, es extremadamente rígida y con un núcleo de escama de micrurus. Si se lo piensa, su arma mágica parece mas bien de alguien como Benjamín. Eso por supuesto, no es para nada malo.

—Vara de cristal-, conjura entonces, con una media sonrisa confianzuda en su rostro una vez que puede y sabe reconocer su varita entre un millón, ¿cómo podría ser mas única ahora? Pero sucedió. La magia solo tardó un poco mas que sus palabras en actuar, pero el brillo osciló a lo largo del objeto, de un color plateado como sus ojos por el centro y un profundo negro en las orillas, como una especie de aura no buena. Se tranquilizó cuando finalmente termina de equiparse con ella, y el resultado era aun mas asombroso que esa transformación.

Ahora es cristalina, parece frágil, pero la forma en la que ha crecido la hace parecer mas peligrosa que antes, no puede imaginarse el como, pero lo sabe, sabe que lo es. En la tranquilidad que habían conseguido luego de aquella práctica con kansho, se dedicó a meditar solo un poco sobre esta magia, y lo tremendamente fuerte que es.

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