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SLE I | Fecha 2: Tutshill Tornados vs Montrose Magpies


Martin N Roses
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 SUPERLIGA EUROPEA I

FECHA 2

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2 de junio, 4:30 PM. Sofía, Bulgaria.

El estadio de quidditch construido a las afueras de Sofía era una obra arquitectónica maravillosa. Si al mismo se le sumaba de fondo las hermosas vistas que ofrecía Vitosha, el macizo montañoso que bordeaba de un lado a la capital búlgara, la perfección parecía rozarse. Como si fuera poco, los magos y las brujas de todo el continente europeo se habían trasladado de forma multitudinaria en señal de apoyo al renovado torneo: la Superliga Europea, su primera edición. Desde el Reino Unido e Irlanda venía una multitud que competía con los propios búlgaros locales que asistían al estadio; la razón era evidente, tanto Tutshill Tornados como Montrose Magpies eran parte de la fiesta.

El primer partido enfrentaba a los locales Vratsa Vultures frente a Montrose Magpies. Para fortuna de los escoceses, la victoria se había sentenciado tras la captura de la snitch: 80 a 30. Un día después, en el mismo recinto deportivo y con Vitosha una vez más de testigo en el horizonte, los equipos británicos se medirían entre sí. El árbitro, encargado de impartir justicia, era un alemán que rozaba los dos metros de estatura y poseía una contextura que inspiraba temor. Sus cabellos rubios iban cortados casi al ras y la ausencia de barba denotaba los cuarenta años que poseía.

Karl Müller era su nombre y en aquellos instantes se dirigía al centro del campo llevando consigo la legendaria caja con las cuatro pelotas del deporte mágico más maravilloso de todos. Las capitanas, frente al severo alemán, se saludaron como lo establecía el protocolo del torneo continental. Desde lejos se notaba la competitividad que poseía la una con la otra; tampoco era algo que pudiera sorprender a nadie, puesto que se trataba de dos equipos que competían de tú a tú en la liga doméstica todos los años y con un gran historial de títulos peleados.

Juego limpio y nada de protestas —dijo secamente Karl Müller, mirando a ambas mujeres.

Un instante después, abrió la bendita caja y las dos bludgers cobraron vida propia. Mientras tanto, la quaffle, aún en manos del árbitro, avizoraba a los seis jugadores que en aquel momento estaban rodeando al árbitro.

Que comience el juego. —La quaffle fue lanzada hacia arriba y el partido dio inicio.

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Turno 1

 Un nuevo partido había iniciado. Apenas parecía ayer cuando las Urracas habían logrado aquella aplastante derrota ante los campeones locales, y en el cuerpo parecían haber pasado tan solo unas horas, sin embargo, el equipo estaba unido y con ganas de continuar. La adrenalina recorría las venas de cada uno a tal punto que en sus rostros se veía la euforia, así como en todos sus movimientos. 

La nariz de la Gryffindor había sido sanada mágicamente, aunque algunos tonos morados aún quedaban como vestigio del que había sido un golpe inesperado pero muy preciso. Esperaba estar más alerta en caso de enfrentar una situación similar.  

Llegó el momento y todos montaron en su escoba, miró a su alrededor esperando las miradas decididas de todos los que la acompañaban: y allí estaban, listos para otro gran juego. 

La quaffle voló por los aires dando inicio al partido, todos los cazadores se dispusieron a tratar de atraparla, pero Mica fue más rápida, captando cómo la pelota rebotaba en un par de manos antes de que ella pudiese llegar a tomarla con seguridad y alejarla de los rivales. Pronto, voló hasta una posición más segura y buscó con la mirada a su compañero asiático, lanzando hacia él la primera quaffle que podría ser gol. Solo esperaba que Kenzo pudiese imitar alguno de los lanzamientos demostrados en el partido contra los búlgaros. 
 

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La tribuna que había asistido a ver a los Tutshill Tornados, era impresionante, el color azul rondaba por todas las tribunas altas. Jeremy Triviani, en su partido debut, estaba muy emocionado por representar aquellos colores. Se había sumado al equipo inglés al poco tiempo de volver del exilio que lo mantenía lejos de Londres. En las practicas se había reencontrado con caras familiares y también con nuevas personas. 

El viaje a Bulgaria le daba la oportunidad de alejarse nuevamente de los problemas del Mundo Mágico Ingles y vivir la experiencia de ser un jugador semiprofesional en la Liga Europea de Quidditch. Un nuevo comienzo en la vida del vampiro. La ovación fue completa en el estadio a la hora del primer pitido que daba comienzo al partido. 

Rápidamente las urracas se hicieron con la quaffle para tomar la delantera. Jeremy acelero la escoba teniendo siempre a visión la Bludger, con toda la intención de dar un buen golpe en dirección al oponente cuando fuera el momento indicado.  Este llego al momento que la jugadora Mica le paso a un oriental (Kenzo) la quaffle y Jeremy aprovecho ese cambio de manos para darle con toda la fuerza posible a la Bludger, en dirección al cazador del equipo contrario. 

-¡Boom! –Gritó al momento que la pelota daba en el blanco, dejando casi sin brazo a Kenzo y haciéndole perder la quaffle. Por el otro lado, un golpeador (Noe) quiso darle a la guardiana de los Tornados, Maida, y no lo consiguió. La Yaxley logro evadir el golpe -¡Bravoo Maida! 
 

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Si había algo que estaba mal en la liga, era el hecho de que hubiera tan poco descanso entre partido y partido. No entendía la necesidad de tanta rapidez si solo eran tres equipos. Hacia apenas un par de horas habían logrado ganarle a los Vratsa Vultures en el primer partido de la temporada. Para ser la primera vez que jugaban juntos en una competición internacional lo habían hecho de maravillas. Aunque algún que otro error les habían costado tantos en contra. El siguiente rival eran los Tutshill Tornados.

La guardiana se colocó frente a los aros para protegerlos tal cual había hecho el día anterior. Los cazadores de ambos equipos estaban listos a ir por la Quaffle y comenzar el ataque. Por suerte, Mica había sido la más rápida y sin dudarlo paso la Quaffle a su más letal cazador, el japonés Kenzo. Desafortunadamente para el joven, el guardian del otro equipo impacto a una bludger que le dió de lleno al cazador. Luego de eso y una protesta al árbitro el primer penal del juego había sido pitado.

Luciana bufó. Parecía que sería costumbre esto de tener que atajar penales apenas comenzado el partido. La cazadora de los Tutshill Tornados se puso en posición y la pelirroja, en una breve fracción de segundo voló hacia su aro lateral derecho deteniendo fácilmente el intento de gol. Esta vez estaba más confiada que en el partido anterior. Rápidamente paso la Quaffle a sus cazadores para que consiguieran la primer anotación del partido.

 

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Turno 6 - Rol de guardián. (Roleo por Maida)

 

Jeremy vio la confianza en la sonrisa de Maida cuando logró esquivar la tramposa Bludger y volvía a posicionarse entre los aros para atajar todas las pelotas que le mandaran. Voldy quería que así fuera. Cabía destacar que la bruja había agarrado una gran seguridad al levantar vuelo sobre la escoba y ya no se notaba que tuviera problemas de estabilidad. De hecho, demostraba un equilibrio envidiable que cualquier acróbata de circo, mataría por tener. 

El primer penal a favor de los Tornados levanto el griterío de las gradas. Jeremy festejo levantando el bate y arengando a la bulliciosa multitud. Mosquito, la astuta cazadora de su equipo, lanzo el penal que fue atajado por Luciana y una protesta desmedida contra el árbitro se llevo un nuevo penal, esta vez en contra de los tornados. 

-¡Que ca***o! –Gritó el vampiro hacia el arbitro, mientras veía que Maida, como su guardiana, se preparaba para atajar la quaffle del cazador Kenzo. 

Jeremy quedo impresionado cuando la Maida empezó acelerar la escoba para lograr hacer la famosa Double Eight Loop, atajando la Quaffle que el cazador Kenzo lanzaba en dirección al aro lateral. El público estallo en festejos para la Guardiana de los tornados. La quaffle volvía a estar en juego. 
 

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Primer turno especial de buscador.

A su corta edad, Kalevi aún se preguntaba cómo había conseguido una plaza en el equipo ¡parecía un sueño hecho realidad!, aunque y a pesar de sus habilidades para montar la escoba, era claro que su padrino, ex mandatario inglés y hoy presidente de uno de los partidos políticos más influyentes del mundo mágico, había movido cielo mar y tierra para que su consentido sobrino tuviese una oportunidad con las ligas superiores del deporte mágico más alocado de todos los tiempos. De eso ya había pasado un año, tan solo doce meses para que lo llamasen a primera división y ahí estaba él, cabello rebelde, antiparras, algunas protecciones y el uniforme celeste de los Tutshill tornados

Suspendido sobre su escoba de la Comet Trading Company y formado junto al resto de sus compañeros, fijó sus verdes ojos en la caja que acababa de abrir el árbitro- un hombrón de dos metros que le recordó alguna de las amistades de su tío y el temor reverencial que representaban- observando como las bludger salían disparadas cuan cañones de barco pirata, de esos que había leído en un libro de cuentos que le había regalado Aaron, titulado: Las Crónicas de Enaria, y la pelotita dorada extendía sus delicadas y revoloteadas alas para blandirlas a mil por hora y perderse por el campo de juego. La Quaffle fue lanzada y el partido dio comienzo con una rápida reacción del equipo rival. 

Las ovaciones ensordecían los zumbidos de las escobas, las pasadas por los costados casi rosando los pliegues que ondeaban la guardia del joven buscador, y los gritos fueron aún mayores en el momento que una de las cazadoras de Montrose Magpies pasaba la quaffle a uno de sus compañeros; la bludger pasó a medio metro de Kalevi quien siguió la trayectoria, admirando por sobre su hombro el golpe que la dura bola daba en uno de los brazos de un mago con rasgos orientales. Su tío, como él llamaba a todos los mayores (y todos eran más viejos que él), parecía haber pegado a esa bludger con una efectiva y apasionante intención de lesionar al rival... el joven Rosier no lo culpaba ¡el quidditch era un deporte hostil!

Nunca vio si Maida había conseguido evadir el golpe de la misma bludger, que como el tenis de los muggles, un golpeador de las urracas había dirigido en su contra. Sin embargo, la efusiva sorpresa de alivio en los rostros de quienes alentaban a los Tutshill Tornados, le dieron a entender que todo iba de maravilla para su equipo. 

De pronto y entre que se cobraban los penales concluyendo en un marcador sin anotaciones, la snitch dorada zumbó velozmente muy cercano a Kalevi quien pudo mirar como aquella diminuta bola, en comparación a las demás, se perdía entre el público...

-Ahí estás chiquita...- murmuró el joven mago para acechar su cometido ¡cuando de pronto! la buscadora de las urracas pasó rápidamente por su lado blandiendo algunas mechas locas de su cabello.

Apegando el pecho a su escoba y estirando las piernas hacia las posaderas de base, quiso lancharse cuan flecha detrás de su rival cuando sintió un fuerte golpe en el costado derecho bajo el brazo, lo que le hizo dar tres vueltas al eje que sujetaba con firmeza, viendo todo de pies a cabezas por un par de segundos como si estuviese dentro de una lavadora. Chistó el remesón y llevó su mano al lugar afectado por la bludger para finalmente bufar una mueca de desprecio al golpeador de los Montrose Magpies. No había logrado siquiera avanzar un centímetro y los abucheos de su hinchada recriminaban la acción del golpeador... Al menos seguirían alentándole. 

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Turno Especial de Buscador 1.

Prácticamente no había lugar para festejos ni desconcentración. Un día después de la primera victoria frente al equipo búlgaro, Auxerre de Rune y sus queridas Urracas debían enfrentarse a los siempre difíciles Tornados. El partido había comenzado friccionado y sumamente equilibrado: luego de un ataque directo por parte de los suyos y un penal para cada equipo, el juego continuaba igualado en 0.

Mientras el mago de cabellos blancos volaba en su Barredora 11 con soltura y acompañando a los demás cazadores, una estela blanca y negra pasó por su lado a toda velocidad. Se trataba de su familiar lejana, Helene Bellerose, la buscadora del equipo. Al parecer acababa de vislumbrar la pequeña pelota alada y dorada, que, dicho sea de paso, había logrado capturar en el día anterior.

«Tú puedes, Helene. Vuelve a atraparla, esta vez será aún más importante.»

Pudo notar, con el rabillo de uno de sus ojos, que Helene estaba sacándole algo de ventaja al inexperto y joven buscador de Tutshill Tornados. Es más, también notó cómo parte de aquello se debía al golpe preciso que Sophie Elvira Mackenzie, una de las golpeadoras de Montrose Magpies, que había llegado a destino.

El trabajo de equipo que estaban teniendo las Urracas hasta el momento rozaba la perfección. Auxerre esperaba que la suerte continuara de su lado y que las protestas desmedidas no fueran tantas.

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Turno 7

 

La jugada inicial no había salido como quería, ni Vizcacha, ni Ardía ni ella habían logrado ser tan ágiles como Mica. Eso le molestó y dirigió una mirada hacia el ruso, de hecho hubiera hecho lo que el capitán de Slitherin una vez, arrebatarle el bate y lanzar la bludger contra la Gryffindor. Pero aquello recién empezaba y se suponía que ella era profesional. Claro que una profesional con Estados alterados.

 

Vio moverse a Mica y lanzar la quaffle a Kenzo. Ahora la cosa estaba en manos de los golpeadores y el guardián. Madre mía y su guardiana era nada más y nada menos que Maida, contuvo la respiración mientras la jugada pasaba.

 

Y pasó tan rápido, Jeremy lanzó su bludger contra Kenzo y el japonés no fue capaz de esquivarla así la quaffle quedaba en sus manos de regreso, pero la golpeadora rival intento bajarle los dientes a Maida quien con astucia y velocidad evadió a tiempo. Y ahora se venía un penal, con el rabillo del ojo vio a Aedis prepararse. ¿Y por qué hacía eso? Su actitud les valió un penal, Maida volvía a protagonizar. 

 

Las jugadas de los buscadores la distrajeron unos segundos pero obviamente la sonrisa casi se le borra hasta que el golpeador de su equipo se convirtió en su jugador favorito. Pero hasta de volar en los demás Ahora era cuestión de moverse a todo lo que da e intentar recuperar esa quaffle y meter un gol.

 

 

Se movió con la mayor agilidad posible, sosteniendo la escoba con la zurda y se lanzó con toda para atrapar la quaffle y pasando entre cazadores rivales y propios se deslizó con ella en la mano, alejándose de todos, hizo un rápido movimiento y viendo libre a Aedis la lanzó hacia ella.

 

 

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TURNO 8

El partido había tenido un inicio bastante intenso, dos penales y peligro de gol en menos tiempo del que habían tardado en subirse a sus escobas y comenzar el juego. Uno de los penales lo había disparado ella, y probablemente por culpa de los nervios del debut en la liga fue que se vio traicionada por sus propias habilidades. El otro penal fue atajado de forma magistral por la guardiana de los Tornados, y no pudo evitar largar un grito de euforia -y que se había mezclado con alguna palabra malsonante- por tal maniobra.

Mosquito, como estaba acostumbrada a ser nombrada la capitana de los Tutshill Tornados -le habían hecho creer que el apodo se debía a su apariencia delgada y pequeña, pero ella sospechaba que se trataba de una forma de decirle "molestia"-, vio la excelente atrapada de quaffle de su compañera Darla, una mujer un poco extraña a su gusto pero rápida, así que le servía al equipo, y se puso en posición, a la espera de que fuese a ella a quien le pasara la pelota. 

Y así fue, cuando llegó hasta ella, Aedis lanzó la quaffle de un puñetazo al aro central, con tal fuerza, que el guardián no había tenido oportunidad de atajarla. En ese momento vio venir una bludger de frente y le bastó con hacerse a un lado rápidamente para que no le golpeara. Habían marcado el primer tanto para los Tornados.

-- ¡MALDITA SEA, ELIZABETH! --rugió al momento en que la golpeadora provocaba otro penal en contra para su equipo.

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~ Mosquito ~          Ianello 

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Turno 10

¿Por qué habían penales en el Quidditch? ¿En el fútbol? ¿En la vida? Maida sujetaba su escoba con dedos sudorosos pensando que en cuestión de segundos su equilibrio dependería únicamente de sus piernas y estas, temblaban. Sé que a la mayoría de personas no le asusta el Quidditch, pero para la búlgara aquello era como hacer paracaidismo porque se le cruzó la idea en una borrachera o algo.

Encima le tocaba atajar un tiro de Kenzo que se veía con hambre de anotaciones, una de dos, o atajaba con todo lo que daba su anatomía o se caía de la escoba y acababa su carrera deportiva lo antes posible.

Y créanme, la segunda idea le resultaba muy tentadora

Nada, cuándo pasaron los segundos indicados se apoderó de la ojiazul un instinto de supervivencia que luego anotaría en algún lado. Si no intentaba al menos atajar el penal, su equipo la comería viva.

Se lanzó a todo lo que le dió el cuerpo al lado lateral y, estirando además los brazos, cerró los ojos y se encomendó a San Voldy para realizar un truco del que no era tan consciente, haciendo molinetes alrededor de los aros y finalmente, atajar la quaffle.

¿Funcionó?

Cuando presionó entre sus dedos la quaffle, abrió los ojos. ¡Funcionó! Había atajado el penal sin caer de la escoba en el intento, eso era lo realmente importante. Con nerviosismo evidente le sonrió al jugador más cercano, con el pésimo tino de que esté, era Kenzo. Apretó los dientes y se obligó a no disculparse, tenía que tener más ambición para ganar.

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