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Conmemoración del 232 aniversario de la Revolución Francesa


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La noche era preciosa, el verano estaba en su apogeo, el cielo estaba claro y estrellado, el clima era perfecta para la celebración del importante hecho para todo el pueblo Francés tanto mágico como no mágico. La revolución Francesa se había gestado por el despotismo de los monarcas absolutista franceses para con su pueblo y tanto los magos como los muggles habían luchado codo a codo para acabar con la represión que sentían a causa de unos dirigentes a quien no les importo el dolor y sufrimiento de sus gobernados. Pocos conocían a profundidad la participación de los magos y brujas franceses en la revolución, pues al estar ellos bajo el temor de ser descubiertos y ser procesados por brujería, vivían escondidos de los muggles y eran víctimas también de todos los atropellos que vivieron bajo el gobierno. Cansados de todo aquello se unieron a sus compatriotas franceses y lucharon hasta lograr la toma de la Bastilla, hecho inicial de la revolución, una fecha como hoy hace 232 años, razón por la cual todos los franceses magos y no magos celebran con orgullo esta fecha de unión.

En cabeza de la Ministra francesa y con motivo de la revolución se hace la inauguración de la nueva sede de la Embajada del ministerio de asuntos mágicos de Francia en Londres, con la correspondiente posesión de su nueva embajadora y la nueva directora del departamento de cooperación mágica internacional, además de la presentación en sociedad del viceministro de Magia Francés. Pará esto se ha realizaría una cena de estado en donde toda la clase política de Inglaterra y mandatarios de Europa se reunirán para celebrar estos acontecimientos. Las invitaciones había sido repartidas por Europa a los mandatarios y personajes prestantes de la comunidad mágica.

 

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Las instalaciones físicas habían sido elegidas por la ministra y el viceministro para que fueran propicias para los eventos y todas las actividades relacionadas con la diplomacia en ese País. Era por eso que habían escogido un antiguo Castillo inglés con espacios amplios y rodeado de jardines para que fuera la nueva embajada. Dentro del edificio tops estaba adornado como el Palacio de Versalles en París, con el estilo propio de los galos para poner en el lugar su toque personal.

 

La cena de estado sería llevada a cabo en la réplica del salón de los espejos y se había adecuado una mesa larga, de forma que todos los comensales ocuparán la misma mesa y ninguno se viera desplazado al no estar en la misma mesa que los anfitriones. Los cubiertos de plata y la vajilla francesa estaba dispuesta en la mesa para que los invitados disfrutarán de los manjares de la cena, el menú había sido uidadosamente diseñado para evitar la festividad del aniversario de la revolución. Los platos de la noche eran basados en la gastronomía de la época, la entrada era pan baguette cortado en rodajas con queso camembert horneado con nueces y tomate Cherry. La sopa era la soupe parmentier, una sopa hecha en todas las regiones de Francia que se preparaba para combatir el frío y el hambre, se hizo popular en la época de la revolución porque la cebolla y las papás eran lo que más abundaba en aquella época. El plato fuerte estaba conformado por cordero: Carré de cordero. Una preparación del costillar del cordero servido con verduras asadas y papa confitadas en aceite de Romero. Pará finalizar se había preparado un postre llamado tarta Ópera, llamado así en honor a la Opera de Garnier. Acompañando Las comidas vinos Franceses blanco y tinto según la predilección del comensal para acompañar su cena.

 

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Estaba todo preparado para la gran noche ahora solo era esperar que uno a uno llegasen los invitados a la exclusiva celebración. Era maravilloso compartir en este momento, en especial con mi equipo de trabajo, el trabajo que habíamos realizado juntos era muy agradable, esta orgullosa de ellos. 

 

 

 

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Ministre de la Magie Français // 🌙 Dulce asesina by Mael


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    ¡Mi primera fiesta oficial! Estaba orgullosa, eso no podía negarlo, pues en casi un año de mandato en el Ministerio de Magia, aún no había acudido a una fiesta WD7Sdyi.jpg nacional o internacional. De acuerdo que mis actos políticos no eran un buen informe para acudir a celebraciones y actos masivos, supongo que por eso me alegré tanto que Ada, mi homóloga en el Ministerio francés, me invitara a celebrar la Fiesta Nacional. Aunque eso de que fuera la Toma de la Bastilla y con las aterradoras consiguientes cabezas colgando...

    En fin, que no soy una tiquismiquis y me es igual celebrar una cosa u otra, con tal de poder intimar con más miembros políticos. Así, me metí en el baño. ¿Cuánto tiempo hacía que no estaba un buen rato bajo la ducha? Siempre corriendo, siempre de un lado a otro, siempre apareciéndome allí o allá, perseguida por mis guardaespaldas, aurores protectores que me seguían aunque no quisiera. Hoy, ahora, estaban abajo, en la sala principal, sirviéndose de los elfos que les atendían en su descanso mientras yo intentaba relajar los nervios bajo un chorro de agua templada. Me hubiera gustado estarme horas y horas, sin embargo, el Deber me llamaba y salí pronto de allá, pues aún me quedaba mucho por arreglarme.

    -- ¡Jack! -- grité, mientras me aplicaba un hechizo secador al pelo. -- ¿Estás listo? ( @ Matt Blackner )

    Supongo que mi vozarrón se oiría en toda el edificio. Nunca me daba cuenta de la potencia de mi voz, aún sin usar el Sonorus. Sonreí mientras me recogía el pelo y me maquillaba, muy suave. Los colores bien marcados, sólo para cuando trabajaba en el Circo. La imagen del espejo sonrió y me dijo que estaba muy guapa y le sonreí, coqueta. Adoraba aquel espejo que me había regalado un Emir árabe en una de sus visitas a Inglaterra.

    -- ¡JACK! El espejo me ha soltado un piropo -- volví a gritar.

    Me puse el vestido y bufé, seguro que no podría comer nada en la Cena de Estado porque se marcaría, de tan ajustado que me quedaba en las caderas. Después me puse el tocado y el espejo volvió a decirme que iba muy elegante. No le hice caso, buscaba mi bolsito.

    -- ¡¡JACK, JACK, JAAAAACK!! Vamos, hombre, que no quiero llegar tarde. ¿Has visto la invitación? A ver si la pierdo y no podemos entrar...

    La guardé en el monedero de mano y miré alrededor. Jack estaba elegante también, a mi lado.

    -- Bueno, ya es de noche y hace buen tiempo. ¿Vamos en el carruaje con los aethonats, mientras me cuentas cositas al oído? -- Sí, estaba cariñosa. Era mi presentación en la sociedad francesa y, además, iba a mi lado el Primer Damo inglés. ¿Se decía así? Estaba muy orgullosa de mi marido y me encantaba ir con él a mi lado.

    Salimos y, con nosotros, todo el grupo de aurores que nos perseguían hasta al lavabo. Les sonreí aunque es mejor que no diga qué pensé por dentro de su presencia. Al menos, en el carruaje que surcaba el cielo estrellado guiado por mis propios aethonats, íbamos solos y pudimos hacer... carantoñas. Pronto llegamos a la Embajada Francesa. Desde el aire, era una mansión preciosa. Me atusé el pelo para poner todo en su sitio y, antes de salir por la puerta que me abría un empleado francés y me saludaba en su idioma, avisé a Jack en un tono de aviso.

    -- Cuidadito con los otros fantasmas. Me han dicho que estará Maria Antonieta y esa señora era muy descarada.

    Y después del aviso, salí a territorio francés. Un hombre con un frac negro me saludó y no me enteré de nada.

    -- Bonne nuit a usted también, mileido. ¿Dónde está mi sobrina? ¿Puedo verla ya?

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    Un enorme espejo estaba situado en aquella habitación frente a él una dama rubia con un hermoso vestido púrpura, largo entallado a su cuerpo que revelaba sus formas, un escote profundo en la espalda que llegaba hasta la cintura y revelaba el extremo de un tatuaje en su piel una "J" en letra gótica. El cabello recogido delicadamente sobre la cabeza.

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    La sonrisa estaba dibujada en su rostro por la velada, deseaba que todo fuera perfecto pues el equipo se había esmerado por realizar todo con la mayor exactitud para que fuera un evento singular. Dejo aquella habitación en en el cuarto nivel del edificio y se  encontró con el pasillo con una escena romántica:  un par de fantasmas estaban en un rincón hablando, la joven fantasma se reía mientras el caballero le recitaba un poema. Blanquee los ojos mientras veía aquella escena, me acerque y mire a la reina María Antonieta.

     

     

    - Votre Majesté n’oubliez pas que la fête sera au premier étage et nous avons la présence des deux. 

     

    Dirigí ahora la mirada directo al conde Von Fersen, sonreí de ver sus ojos llenos de picardía, como ver a un niño cometiendo una pilleria. 

     

    -Nous vous attendons également au dîner du comte

     

     

    Sonreí mientras pensaba en la escena que acababa de presenciar, el amor verdadero al parecer si transpasaba los límites de la vida, ojalá el amor que sentía lo hiciera, lance un suspiré y baje con tranquilidad las escaleras esperando que el viceministro estuviera ya esperándola para recibir a los invitados. Ciertamente no estaba nerviosa, pero se encargaría de que todos estuvieran cómodos y bien atendidos: esa era su finalidad, porque deseaba que Francia logrará el apoyo Europeo y tener las alianzas fuertes y duraderas que siempre habían tenido con los demás países.  

     

     La ministra tomaría la cabeza de la mesa y a su derecha la “mano de hierro de Francia”, apodado así por la efectividad de los resultados del viceministro y sus proyectos con el Ministerio. Tras el ministro a su lado derecho la Emperatriz Austriaca relucíria como joya, era una de las aliadas más cercanas de Francia. Al lado izquierdo de la Mandataria Francesa estaba asignado el lugar de la Ministra de Magia Británica, Sagitas quien era también muy cercana a la Dirigente gala. A su lado estaba la nueva embajadora de Francia, Madamme @ Helene Eloise Bellerose  junto a ella @ Hannity Ollivander Evans la nueva directora del departamento de cooperación mágica internacional. Los invitados llegaban a la mesa a su lugar asignado acompañados de un mesero quienes los llevaban hasta su lugar.

    Ahora sólo esperaba la llegada de cada invitado, logre ver un carruaje volador conducido por Aethoans y logre ver salir de allí a la Ministra Británica y a un fantasma que le seguía, debía ser su  famoso esposo. Ella se veía reluciente, espere a que llegasen al edificio y le bese las mejillas. 

     

    -Bienvenida a la embajada Francesa Tía, es un placer recibirte. Monsieur Jack espero se encuentre cómodo en nuestra celebración podría encontrar interesante hablar con nuestros invitados especiales. 

     

    Un mesero se acercó para llevarlos a su lugar y sonreí

     

    -Tia el Serveur les llevará a su lugar de la cena, yo les acompañaré en un momento 

    Les indique el camino para que siguieran a nuestro salón de los espejos, yo esperaria a recibir a nuestros invitados. 

     

    @ Sagitas Potter Blue

    @ Matt Blackner

    Editado por Ada Camille Dumbledore

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    Un fantasma no necesita tanto tiempo para arreglarse. Asi que mientras Sagitas se arreglaba, yo me encargaba de dar una vuelta por la mansión, comprobando qeu Ithilion cenaba, que el carruaje estaba preparado, qeu Harpo y sus elfos lo tenían todo controlado. Incluso tuve tiempo para pasar por la habitación de nuestro hijo mayor, a medio preparar mientras mecía a nuestra nieta, dudando si acudir o no. No era alguien muy sociable y menos en los últimos tiempos.

     

    Fue la segunda tanda de gritos de Sagitas la que me hizo levitar hasta ella, dibujando una sonrisa nada más verla. La acompañé hasta el carruaje, qeu tirarían los aethonants de la mansión. Como fantasma no lo necesitaba, pero me encantaba ir con ella. Viajar. Y tener tiempo a solar para...comentar....ciertas cuestiones entre nosotros.

     

    - Tranquila, mujer. Si algún fantasma francés trata de seducirme clamaré por tu ayuda para que me rescates. - bromeé, atravesando el lateral del transporte para salir al exterior. En seguida, un señor vestido de negro se nos acercó. A juzgar por su acento, no solo era alguien local, sino también, seguramente, era un trabajador en aquel evento.

     

    Esperé a que Sagitas saludara a la ministra de Francia, (su sobrina según me parecía escuchar) para más tarde, seguirla hasta la que sería nuestra mesa.

    - Crees que podremos quedarnos por aquí un par de días? - pregunté, distraido. Sin querer, atravesé a uno de los camareros, un chico muy joven que se estremeció al notar la sensación de agua atravesándote.- un poco de calma...podríamos hacer un visita relámpago hasta la Pettit Potter Black... - propuse. Unas mini vacaciones, a solas, sin aquellos aurores que parecían seguir en el exterior rondándonos.

     

    - Por cierto, este viaje es de trabajo o de placer mi querida esposa?

     

     

     

     

     

     

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    La Potter Black se sentía algo confusa mientras veía el vestido extendido sobre la cama, acababa de salir de la ducha, aún con la rojiza cabellera húmeda. Se sentó en la piecera, envuelta en un mullido toallón, pensativa. El vestido era, según le habían dicho, de Zuharir Murad, de gasa tornasolada de un tono azul agrisado, a ella se le antojaba verdoso. No podía negar que adoraba las perlas y lentejuelas con que estaba bordado el corset del escote y le encantaba la caída y el corte sirena del entallado. Lo que no le agradaba demasiado era una cola que tenía el vestido y que estaba segura terminaría enganchada en absolutamente todo, si bien lo había modificado con magia para ocultar en él su varita, mejor no preguntar cómo ni dónde y seguro terminaría haciendo algo similar con la pobre cola.

    Finalmente la bruja se puso en pie y tras secar sus cabellos, dejándolo suelto con delicadas ondas, se puso el vestido y completó el look, con unas altas sandalias verde agua metalizada y un anillo en el que encapsuló con magia todos los de las habilidades y libros que tenía, lucir collar le parecía inadecuado, no quería atraer más la atención a su escote, ya bastante incómoda se sentía por tener que cumplir con la invitación. Darla se sentía obligada a cumplir con Ada, la Ministra Francesa, miembro de la Familia Dumbledore, familia a la que ella se había unido ayudando a su prometido quien en su momento había sido el patriarca. La bruja no sentía que tuviera la misma relación con la hija de su sobrina del corazón, la madre de Seba, que con su hija la Ministra, pero no podía dejar de agradecerle cómo la había acogido en su mansión tras la muerte de Seba.

    Por eso tenía ahora en su mano aquella invitación marrón y dorada que parecía picarle en la mano al no poder  negarse a asistir. No lo hacía obligada, del todo, pero ella detestaba los eventos sociales tan burocráticos, el tener que asistir con traje de cóctel. ¿Qué demonios era eso? Había dudado y revuelto su placard eligiendo vestidos utilizados en otras ocasiones y revisado revistas con vestidos cortos y largos sin saber cuál sería el correcto. Esa fue la única vez que su elfina reaccionó y puso el grito en el cielo, la ropa parecía ser lo único que sacaba a Lualú de su trance sufriente por Dash. Por eso, tras una discusión que había ido desde que no quería parecer una astronauta con un vestido gris plata ni una golfa con un corto vestido rojo, había elegido ese, aún a regañadientes por la cola.

    Cuando al fin se decidió a partir, se despidió de sus elfos cuya mirada aprobatoria y sus deseos de buena suerte agradeció, para luego desaparecer con un crac que se replicó en las afueras del castillo inglés elegido por los franceses para ser su nueva embajada. Todo a lo grande, pensó mientras se acercaba a la entrada, con un sobre coqueto en la mano, que odiaba, aunque venía bien para tener las manos ocupadas, lo único que hacía que entrara algo allí era el hechizo extensor, aunque lo más valioso estaba oculto en su ropa.

    Como miembro de la Seguridad Inglesa había enviado filas de aurores a acompañar a la Ministra Inglesa, no le importaba que Sagitas protestara por todo, si la  debían acompañar al baño, iría ella misma si fuere necesario y con los vestidos que usaban las mujeres estaba segura que sería necesario, ¿cómo demonios podía moverse cómodas con tantos tules o tan estrechos pliegues o falta de ellos que cedieran?

    —Allá vamos —murmuró resignada, caminando elegantemente hacia la entrada dejando a su paso una estela de perfume frutado con toques de vainilla y azahar.

    Editado por Darla Potter Black

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    Pestañeó un par de veces y dirigió los orbes cristalinos hacia el espejo, donde dio un vistazo rápido a su atuendo. Había escogido un vestido en color verde botella bastante sobrio y apropiado para aquel evento tan diplomático: de escote barco y estilo tubo, el vestido de tela georgette remarcaba con justa elegancia su figura sin recargar o exhibir demasiado. Lo había preferido de largo hasta un poco más debajo de la rodilla y con la espalda descubierta, lo que le confería un detalle coqueto al atuendo. Piedras y bordados con perlas cargaban los hombros de este, que eran visibles dado al suave recogido que llevaba la castaña en el cabello.

    Aunque la invitación había especificado que el código de vestimenta era de cóctel, sabía con demasía que los invitados pondrían en práctica la elegancia francesa tan renombrada con la que eran conocidos en sociedad. Supo que no podía echarle menos ganas, sobre todo porque sabía que era su presentación oficial y habría muchos ojos que estarían fijos en ella, lo que en realidad le ponía un poquito nerviosa. Cuando decidió que estaba lo suficientemente presentable, salió del vestidor y buscó a Leonid, quien se encontraba ultimando los detalles de su propio atuendo. Sonriéndole ampliamente, se acercó a él con cariño y no pudo evitar sentirse agradecida al pensar que se había convertido en su hogar y su familia, sin lograr imaginar a nadie más con quien deseara más estar compartiendo aquel momento.

    —Que elegante y guapo se ve hoy, Monsieur.—  Alabó, dirigiendo los dedos hacia la corbata de su chico, dándole los últimos toques al nudo. Adoraba la visión del ruso en traje formal y se deleitaba cada vez que podía verlo así. —Deberíamos partir en unos minutos, vamos a llegar perfectamente a tiempo. — Se estiró nada más un poco para depositar un amoroso beso en los labios del pelirrojo y suspiró, sintiendo una oleada de energía recorrerle la espina dorsal. Estaba ansiosa, algo nerviosa pero muy emocionada sin duda ante la realización que precedió aquel magnánimo evento que estaba por darse lugar. Siempre había tenido sus metas claras en cuanto a lo que deseaba lograr en la vida, y había sido bastante inflexible con ello, pero verlo allí materializado al fin, le causaba una extraña mezcla de emociones.

    Arribaron hacia la elegante locación en la que funcionaría la embajada de Francia, sin poder dejar de notar el detalle y minuciosidad que Ada había puesto para que todo el evento saliera impecable. Fueron recibidos con agilidad por uno de los encargados del protocolo, quien de inmediato se encargó de ubicarlos. —No está nada mal la nueva oficina, ¿verdad?—  comentó sonriente hacia su acompañante, mientras ambos eran anunciados y guiados hacia el interior del elegante recinto. 


    Inconscientemente, Bellerose se aferraba a la mano de Leonid a medida que avanzaban por la estancia y eran guiados hacia el interior del evento, donde ya seguramente se encontraban varios de los invitados. El corazón había empezado a latirle a mil por hora y aunque en el exterior no se le notaba, la ansiedad había empezado a acrecentarse.  

    @ Syrius McGonagall

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    La embajada estaba localizada en una prestigiosa zona de Londres, era una villa de campo inglesa del siglo XVIII de estilo gótico, que había sido construida en Twickenham, Londres, por Horace Walpole. Las características góticas añadidas al edificio central como torres y almenas en el exterior y una decoración elaborada en el interior para crear "oscuridad" para adaptarse a la colección de objetos antiguos del diseñador había dado un ambiente perfecto para las obras de la colección del Ministerio y esculturas de artistas mágicos franceses.

     La verja de entrada estaba distante de la entrada principal del edificio que estaba rodeado por muchos jardines y árboles. El camino hasta la entrada estaba hecho con adoquines que le daban esa apariencia clásica de antaño. Los invitados recorrían aquel camino y cruzando el umbral de la puerta, que estaba hechizado, les dejaba entrar a un recibidor amplio donde la Ministra personalmente les recibía. No era muy común eso, pero ella prefería recibir a los invitados para que se sintieran acogidos y no en una simple fiesta diplomática, era una forma de realmente darles la bienvenida a tierra Francesa en Londres.

    Una elegante mujer ingresó al. Edificio su cabello rojo era el marco perfecto para un rostro niveo, de inmediato supe quien era, mi cuñada @ Darla Potter Black . Era talvez la primera vez que la veía tan hermosa y descubrí ciertas cosas en su físico que me hicieron pensar en porque mi hermano se había prendado de la Vampira.

     

    -Cuñada que gusto recibirte – bese sus mejillas – no puedo dejar de decirte lo espléndida que te ves con ese vestido, gracias por venir a acompañarnos este día.

    Apenas había hablado y el espectro de Luis XV casi se sobrevino sobre nosotras, al parecer el fantasma también había visto que la hermosura de la Potter Black era singular

     

    - Majestad, esta dama no esta disponible así que por favor busque a Madamme de Pompadour y que vayan a salón de los espejos, en la cena adoráremos sus historias.

     

    Dije adulándolo para que se apartará. Uno de los meseros se acercó con su chaquetón gris corbatín y guantes blancos.

     

    - Por favor guíe a la señorita al salón de los espejos, donde esta la Ministra Británica y su esposo. Les alcanzo en unos minutos cuñada. Disfruta la velada.

     

    Me quede viendo como iban hasta el pasillo que dirigía al gran salón de los espejos con una sonrisa en el rostro. Mire de nuevo la verja de la entrada y note a una pareja acercándose : Eran @ Helene Eloise Bellerose y Leonid. La nueva embajadora y su pareja ja se acercaban tranquilamente a su nuevo hogar. Había sido toda una casualidad que después de nuestro estudio escolar nos encontráramos de nuevo en el ministerio. Ahora ella como miembro de mi equipo sería nuestro contacto con directo con Gran Bretaña. Sonreí al verla entrando al edificio.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Editado por Ada Camille Dumbledore

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    Me miré al espejo, tratando de colocar bien la corbata. Tenía la sensación de que estaba torcida...o tal vez, era simplemente qeu estaba nervioso. Seguramente ambas cosas eran ciertas. No me gustaban demasiado los acontecimientos sociales, más aun cuando son a gran escala, o con invitados tan importantes...Pero había recibido la invitación, y toda la familia había sido invitada...en algún momento tenía que hacer acto de presencia.

     

    Con un suspiro, tomé la chaqueta que completaba el sencillo traje negro elegido para acudir al evento. Antes de irme, fui a comprobar que la niña estaba bien, ganándome la regañina de Harpo, que casi parecía más ansioso que yo por abandonar la mansión. Él y Fenrir se encargarían de todo, asi que simplemente salí al exterior de la Potter Black, arrancando la moto con un movimiento fluido.

     

    Para cuando llegué, los invitados entraban al lugar del evento en pequeños grupitos, tal vez parejas, familiares que acudían juntos...abroché los botones de la chaqueta y me aproximé hacia el lugar, sintiendo cierto nervio en el estómago. Sagitas y Jack ya debían estar por alli (si no habían aprovechado para escaparse, claro). Esperaba qeu al menos hubiera alguien conocido en la fiesta...empezaba a pensar qeu no era buena idea presentarme en aquel evento. Demasiado tiempo sin relacionarme con gente.

     

    Lo mejor era atravesar las puertas y no pensarlo demasiado. Dejé de lado los jardines y pasé al interior, donde las voces daban a entender que, los pequeños grupos que había visto al llegar, comenzaban a organizarse en corrillos, charlando, compartiendo ideas y anécdotas.

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    Era una noche de verano especial, por alguna razón, que ella no recordaba, le parece que hay algo similar a lo que ha vivído, aunque no tan importante como esto, ahora ella es la directora del Departamento de Cooperación Mágica Internacional Francés ¿quién lo hubiera dicho? 

     

    En aquella vieja habitación que actualmente alquilaba en el callejón Diagon y que provisionalmente se había  convertido en una especie de lugar seguro para ella, aunque no podía evitar sentir un vacío al no poder estar en su hogar, la Heredad, la joven rubia terminaba de arreglarse para la ocasión, se sentía tan extraña de que en cierta forma sus padres tal vez no pudieran estar presentes junto a ella en esta nueva clase de aventura... Daba una mirada al pasado, no le gustaba hacerlo, pero se percataba de lo mucho que había cambiado su vida después de aquella reunión en el Pink Palace y todo lo ocurrido después, suspira, sabe que Crouch esta enterado de lo que pasó aquella noche en el piso, su piso y de lo que ella aún no es capaz de recordar, pero ahora no tiene más tiempo que perder en tratar de recordar algo, o buscar más en sus recuerdos, no esta noche tenía que centrarse en la realidad y enfocarse en el nuevo cargo que adquidiría.

     

    Había decidido hacer un pequeño cambio en cuanto a su cabello, lo había cortado en algo que llamaban tipo pixie, a fin de cuantas podría hacerlo crecer con alguna poción o algún hechizo, se había  maquillado de una forma narural, lo que hacía que su aspecto pálido y enfermizo no se notara para nada, al contrario, lucía radiante y hermosa como en tiempos anteriores a aquella especie de secuestro en Armenia.

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    Su vestido de seda, blanco con pedrería de un lado de la falda y un escote pronunciado en la espalda hacía lucir su bella figura, no necesitaba accesorios adicionales, por tanto solo fue acompañado simplemente con zapatos negros en punta, lo suficientemente altos, que disimulaban su baja estatura, en esos momentos le hubiera gustado heredar por lo menos un poco de la altura de su padre.

     

    Sonrió, seguramente la invitación le había llegado a ambos, pero no guardaba esperanza alguna de que estuvieran, aún así sabía  que estarian orgullosos de ella.

     

    No tardó mucho en desaparecer del callejón y encontrarse  en el lugar donde tendría lugar el evento, sin duda la ministra y el vice ministro habían tenido a bien el lugar adecuado, elegante. La rubia se encaminó  a la entrada, pero un brillo perlado en los jardines la hizo redirigir su dirección, no era nada menos que votre Majesté Luis XVI, parecía aflijido por alguna razón, tal vez la perdida del reinado, al igual de su cabeza, en vida, era lo que lo tenía así. 

    -Y a-t-il quelque chose que cet humble mortel puisse faire pour vous, votre majesté?

     

    El fantasma solo negó y se alejó de los jardines traspasando las paredes hacía el castillo y probablemente, eso cree ella, fue por la presencia de la reina María Antonieta flotando junto al conde Von Fersen. Suspiré, su  y me dirigí a la entrada principal, el evento comenzaría pronto y ella debia estar lista junto con los demás miembros del ministerio Francés. 

    Editado por Hannity Ollivander Evans
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    Leonid Evans.

     

    La puerta del vestidor se abrió y el mago levantó la mirada del nudo de la corbata con el que estaba luchando para encontrarse con una visión que le robó el aliento y le arrancó una sonrisa. Observó encantado como la francesa se acercaba hasta el envuelta en un hermoso y sensual vestido que no hacía más que volver aún más hipnótica el aura propia de su naturaleza, estaba radiante. 

     

    -Y usted está preciosa señora embajadora - le correspondió con una sonrisa el cumplido mientras estiraba un poco el cuello para que su novia pudiera terminar de arreglar la corbata, una vez la semi veela finalizó el nudo el pelirrojo llevó sus manos a las caderas de la bruja mientras se fundían en un cariñoso beso. 

     

    -Te amo - comenzó diciendo una vez terminó el beso pero aún manteniendo la corta distancia del precioso rostro de Helene -No sabes lo orgulloso que estoy de tí - continuó mientras elevaba su diestra y dejaba una tierna caricia en la mejilla de la ojiazul - Y todo esto que te esta pasando, te lo mereces completamente - el mago terminó aquel íntimo momento con la mujer que amaba con un beso. 

     

    No es que fuera necesario que lo exteriorizara con palabras, Leonid estaba seguro que la Bellerose tenía muy presente lo que que ella representaba para él y lo que aquel momento tan especial para la bruja significaba para el ojiazul. Eran una pareja muy unida y cualquier logro era sentido y celebrado por ambos pero el pelirrojo sintió que tenía que decir aquellas palabras en ese momento. 

     

    Una vez listos ambos partieron rumbo a Inglaterra donde una ceremonia en honor a la Toma de la Bastilla sería también la celebración donde harían oficial el nombramiento de la francesa como nueva embajadora por Francia en Gran Bretaña.

     

    Por una vez el clima británico parecía querer honrar el verano francés y celebrar el día patrio regalándoles un día completamente despejado, con un brillante sol enmarcado en un cielo completamente celeste que prometía una cálida y agradable jornada. 

     

    Y bajo aquel marco se alzaba el castillo, porque no había otra forma de describirlo. Leonid no esperaba para nada aquello, se había imaginado una linda casa, quizás de dos pisos en el centro de Londres pero no un palacio inglés rodeado por una esmeralda campiña que se extendía hasta el horizonte, aquel lugar era enorme. 

     

    Escuchó el comentario de la castaña a su lado y sonrió mientras se volvía a ella - Amor esto es gigante, no se como vamos hacer para limpiarlo - bromeó antes de recorrer el camino de adoquines bordeado por árboles verdes y dorados y fuentes de mármol y piedra que llevaba hasta la entrada del castillo. 

     

    -Amor - apretó la mano que la bruja que tenía entrelazada con la suya para llamar su atención - La Primer Ministra - le advirtió mientras la gobernante se acercaba hacia ellos para recibirlos en la entrada.

     

    @ Helene Eloise Bellerose  @ Ada Camille Dumbledore

     

     

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