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Prueba Libro del Equilibrio - Julio


Bakari
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Ladrón de huesos

Su risa macabra podría helarle la sangre a cualquiera. El ladrón de huesos había sido un mago respetado de Suecia en su época, rondaba los 60 años más no le temblaba el pulso a la hora de matar. Padre de familia, reconocido sanador y alquimista, con apellido de renombre, todo un señor. Un verdadero golpe para la sociedad aristocrática fue la noticia de su demencia, tras haber perdido a su amada esposa y único heredero a manos de un grupo de antiguos magos que experimentaban con personas de la más noble y pura casta; se creía que según la magia que albergase el mago o bruja en su interior, de las cenizas de sus huesos al ser consumidos por fuego legendario se obtenían propiedades inimaginables. 

Y aunque su familia no fue la única que sucumbió antes aquellas atrocidades, de la noche a la mañana, el ladrón de huesos se encargó de cazar a los magos más poderosos y comprobar su teoría. 

Con total éxito, las arenas del hechicero fueron descubiertas ¿Pero a qué costo? —¿¡A QUÉ COSTO!?— Gritó el hombre, que parecía pelearse consigo mismo. 

Tenía la mirada perdida, lo que le hacía ver aun más desquiciado, mientras las antorchas danzantes le iluminaban el rostro. Aun así recuperaba la lucidez con cualquier mínimo movimiento que Matt hiciera, no lo perdía de vista, estaba esperando que él atacara primero para caerle con todo el peso de su locura. Un muggle trastornado era una cuestión ¿pero alguien como Seamus Finland, alias, el Ladrón de huesos? mejor sería que Blackner tuviera cuidado. 

—No te llevarás lo que es mío. 

Rugió.

 

REGLAS

  • No existen los límites de tiempo entre respuesta y respuesta. Por tanto, la regla de hechizos impactados desaparece.
  • Duración del duelo: Del 18 al 27 de Julio.
  • Nos guiaremos por las reglas Nuevas de duelos existentes.
  • Lista de Hechizos (con especial énfasis en el Libro del Equilibrio)
  • Están prohibidos los Off y las ediciones. Consultas, dudas o sugerencias, al topic del libro.

@ Matt Blackner

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Sentí como el suelo se abría de golpe a pocos pasos de mi, a mi espalda. Ni siquiera me giré para mirar, ya que no creía que @ Bakari  se hubiera librado de caer...demasiado repentino, demasiado espacio como para poder esquivarlo a tiempo. Desde luego, aquel mago debía estar esperando desde hacía tiempo. Cuanto habría escuchado?

 

Quise echar mano del pequeño frasco de cenizas, pero estaba demasiado lejos como para poder lanzárselas a la cara y que le afectasen. Tenía que guardarlos para una mejor ocasión, asi que en lugar de eso, alcé la varita y la agité sin dudarlo, apuntándola al tronco del mago. "Semillas de Hielo" pensé, mientras el rayo, de color azul pálido, era expulsado, directo a impactar en su torso. Eso, en teoría, debería dejarlo congelado, y por tanto, paralizarle...era la primera vez qeu lo utilizaba, pero debería funcionar.

 

Además, eso me daría margen para moverme por aquella especie de estancia, porque más bien parecía una cavidad excavada en la misma montaña con el paso del tiempo y los agentes erosivos naturales. MI objetivo era alejarme de aquel borde hacia lo qeu parecía oscuro vacío, y eliminar la probabilidad de que terminara yo también cayendo al vacío. Mientras me movía, noté los gritos constantes de aquel hombre.

 

Parecía mayor, y por su ropa, era alguien qeu en otros tiempos había ostentado un estatus de reconocimiento y alta estima en la sociedad, alguien a quien la gente respetaba y pedía consejo y ayuda cuando estaba en problemas, pero que por azares del destino, había terminado allí...en medio de la nada, coleccionando una montaña de cenizas.

 

- Creo qeu tampoco es exactamente tuyo, Rey de las Cenizas - contesté, mientras caminaba sin perderlo de vista. En el cinturón, a la espalda, tenía preparada la Daga del Sacrificio. Si era necesario, echaría mano de ella.

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Ladrón de huesos

—¡Flechas de fuego! Pensó.

Cuando Blackner envistió contra él para dejarlo completamente congelado, el mago loco arremetió con sus pensamientos activos y sin mover los labios. Una andanada de filamentos rojizos brotaron de su varita con dirección a Matt, si lo alcanzaban quemarían su ropa, su piel y hasta sus intenciones de ganarle. El hechizo empleado era una invocación, por lo tanto al momento de crearse ocuparía el mismo tiempo que las semillas de hielo en atravesar los ocho metros que los separaban para impactar. Ambos estarían en desventaja, aunque su rival necesitaría más que una simple curación para sacarse las llamas de encima si no quería morir, intención primera del ladrón de huesos para que nadie supiera de su escondite.

—¡He pasado toda mi vida persiguiendo a estos poderosos magos! Las cenizas de sus huesos me pertenecen ¡Yo los maté! su magia es de mi propiedad, ni tú ni nadie podrán arrebatarme la gloria..

Luego de gritar esto el rayo gélido impactó de lleno en su pecho volviéndolo una estatua de hielo por el resto del turno. Aun así se veía desquiciado, sus alaridos parecían un eco que rebotaba en la caverna montañosa e intentaba picotear a Matt como una bandada de pájaros carroñeros. 

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- Fortificum! - exclamé, apuntando al suelo. De golpe, un muro formado por la misma piedra grisacea que componía el suelo de aquella gruta se alzó delante de mi, apenas tres metros de ancho y un par de alto, pero lo justo para que las flechas ardientes se estrellaran directamente contra él, librándome de un buen problema. 

 

Escuché los gritos, la risa desquiciada del mago mientras el rayo le impactaba, congelándole, pero dejando la resonancia de sus desquiciados gritos aun rebotando por toda la cueva. Salí desde detrás de mi escondite, caminando hacia él para acortar las distancias. 

- Ni su magia, ni sus huesos te pertenecen. Son de las familias y de sus seres queridos.

 

Observé que en el suelo, a su alrededor, las cenizas relucían igual que en el pequeño bote de cristal, solo que cien veces más. 

- Detritus - murmuré, mientras una fina capa de niebla salía de mi varita, recubriéndome. No iba a dejar que utilizara la arena contra mi...prefería ir protegido. - no me obligues a matarte. - advertí. Solo lo haría una vez. La siguiente, iría a por todas.

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Ladrón de huesos

Matt Blackner había flaqueado. 

El mago comenzó a reír con fuerza, una fuerza que nacía desde su estómago y emergía por su garganta hasta salirle por la boca. Estaba loco y amaba su locura así como había amado a la familia que le hubo sido arrebatada. Las flechas de fuego habían sido invocadas al mismo tiempo que las semillas de hielo, rayo e invocación se cruzaron en el camino y fueron a impactar en sus respectivos objetivos con un único detalle: El hechizo que Matt había empleado solo servía para neutralizar criaturas y aunque el ladrón de huesos poseía un instinto animal, ya, seguía siendo humano. 

—¡Arena de hechicero! 

Pensando aquello dio una patada a las montañas de arenilla que le rodeaban, complementando la acción con una ventisca mágica. El efecto causaría ceguera en el joven que se escudaba no solo detrás de una pared sino detrás de un detritus. Nuevamente, al haberse producido un intercambio de daños entre el rayo y la invocación, las flechas de fuego lo quemaron justo antes de que el Fortificum surgiera del suelo; podía oler a quemado desde donde estaba, pues como Matt no había apagado el fuego su piel ya poseía quemaduras de grado peligroso. 

—Si eso es todo lo que tienes, acabaré contigo ahora mismo. 

Sentenció. 

@ Matt Blackner

 

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Me estaba volviendo blando, o solo más descuidado de lo qeu debería? El muro se levantó, cierto, pero mientras aquella niebla me recubría caí en la cuenta del dolor, unido al olor a quemado, como en esas películas muggles, donde los hechos no ocurren hasta que el dibujo mira hacia abajo, y entonces, cae. Algunas flechas habían logrado impactar, asi que las arranqué.

- Aquamenti - murmuré, quedando empapado, pero al menos ayudó a que el fuego dejara de propagarse.

 

El dolor de las quemaduras era distinto...ni lacerante, ni punzante...era como un hormigueo que te ponía de los nervios. "Curación" pensé, notando como, no sin cierta dificultad, el hechizo surtía efecto y sanaba las quemaduras ayudaba.

Vi pasar a mi alrededor la arena del hechicero, pero el detritus me protegía de sus efectos. Asi que con un ligero gruñido, avancé un paso, alzando la varita como repetí ante el árbol, en el exterior, observando el brillo rojo intenso que despedían las flechas mientras atravesaban el aire.

- Flechas de fuego.

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Ladrón de huesos. 

Bakari apareció detrás del mago loco lanzando una estocada mortal que plasmó en el rostro de este una mueca deforme de dolor. Lo último que vio el Ladrón de huesos fue su cúmulo de magia, un cementerio de hechiceros poderosos vueltos cenizas a su alrededor. Matt había cometido algunos errores pero seguía con vida, cosa que tranquilizó sobre manera al Uzza aunque debería hablar seriamente con él sobre su desempeño con la varita. Maniató al hombre muerto —pues nunca se sabe— y caminó en línea recta para acercarse a su pupilo herido. 

—Cantar de Eleboro.  Murmuró. 

Rápidamente Blackner recuperaría la vista que las arenas de hechicero le arrebataron puesto que el detritus protege al mano de rayos e invocaciones más NO de efectos, por consiguiente tanto el ataque que usó su contrincante como, por ejemplo, un morphos le habrían causado daños significativos. 

Le tendió una mano desapareciendo, con otro movimiento de su varita mágica, la muralla detrás de la que se escondía, para que pudiese pararse. Un fortificum es, como se debe enseñar en Hogwarts, una pared sólida que sirve para resguardar al mago o bruja que la invoca; hacen falta dos hechizos destructivos como un sectusempra para hacerla añicos. Por lo tanto, las flechas de fuego que brotaron de la varita de Matt no hicieron más que chamuscarla, no habrían impactado en el ladrón de huesos puesto que el fortificum tiene una duración de tres turno y solo había cumplido uno completo

—El Ministerio de magia ya viene en camino, vámonos.

Sentención dejando allí el cuerpo, ambos necesitaban descansar. 

@ Matt Blackner

 

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