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Proyecto Genetics S.A


Jeremy Triviani
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Ni bien termino de cerrar el trato con accionista japoneses dentro de un enorme, vacío y espeluznante deposito en las callejuelas de Londres, el vampiro desapareció del lugar con rumbo al Ministerio.  Tenia una cita, o mejor dicho, iba a tener una cita con la Jefa del Departamento de Seguridad, la señorita Darla Potter Black, antigua colega de bando, compañera de equipo en Quidditch actualmente y enemiga en sus ratos libres. Una combinación explosiva que le traía dolores de cabezas cuando solían encontrarse. 

-Buenas tardes, tengo una cita en el Departamento de Seguridad -Dijo Jeremy con apenas una sonrisa en el rostro y entregando su varita. Debía recordar que aquel lugar era ajeno a sus labores desde hacia tiempo.

-Cedro 13cm, núcleo de corazón de dragón y es flexiblemente flexible -Comentó el mago antes de entregarle la placa de visitante y devolverle la varita - Segundo Piso. 

-Gracias -Jeremy no tardo en perderse entre gentío para ir en dirección a los ascensores. Tenia prisa y poca paciencia para terminar con ese compromiso. Odiaba lo tedioso que se volvía resolver la burocracia tan solo para llenar sus arcas de dinero. Pero, en aquel caso, valía la pena el esfuerzo. Todo fuera para hacer funcionar el inicio de un imperio de modificaciones genéticas en animales, muggles, elfos, y cualquier cosa viva que se pusiera a disposición ... o fuera obligado a ello. 

Lo mas notable, era que Jeremy tenia un enorme proyecto que funcionaria para reducir la cantidad de convictos que atestaban las celdas de Azkaban. Como si fuera poco, el vampiro contaba con respaldo de inversionistas para montar todo el circo antes de que el gobierno ingles tuviera que poner algún galeón. Luego de los resultados, que serian muchos y en un plazo de tres meses, el Triviani sabia que pudrían llegar a un buen arreglo de dinero y poder. 

-Tanto tiempo, Darla -Saludó irrumpiendo en la oficina sin tocar la puerta - No creo que me hayas tomado en serio cuando te dije que pronto nos veríamos, y así es. Lamentablemente. Tengo unas cuantas cosas que quiero hablar contigo -El vampiro se sentó y con su varita invoco sobre el escritorio de la bruja una bandeja de plata, dos vasos de cristal y un coñac - No me dirás que estas ocupada para un viejo amigo ¿O si? -Preguntó con voz fingidamente afectada. 

 

@ Darla Potter Black

Editado por Jeremy Triviani

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El día hubiera sido lo mejor del mundo, sí, claro, ¿a quién quería engañar? Desde el último tiempo estaba convencida que todo lo que ocurría era un verdadero desastre. Sí, el día no era lo mejor del mundo, ni siquiera antes de la llegada sorpresa. Había estado revisando archivos, cada nuevo edicto implicaba un nuevo registro o más bien pilas de registros de reclamos, manifestaciones, pequeños atentados. Pero ahora no importaba, apiló todo a un lado en el momento en que la puerta se abrió y descubrió quién venía a “molestarla”.

—Jeremy, ¿qué diablos haces aquí? —no era el mejor día no, se detuvo y escuchó lo que el Triviani le decía, era verdad, cuando se habían enfrentado en las cocinas de la gala lo había dicho, suspiró, esperando no tener que volver a sacar a Edelweiss para darle una lección. Lanzó un bufido.

—Sí… lamentable… ¿Qué quieres? —frunció el ceño cuando él tomó asiento varita en mano —ponte cómodo cuando quieras —miró la bandeja que había aparecido entre ellos y luego a él mientras hacía su patético intento de parecer compungido.

—¿De verdad Jeremy? Dudo te den ningún premio de actuación por esto… —se echó hacia atrás en el asiento. Observando al rubio frente a ella, lanzó un suspiro, no podía creer cuánto había “crecido” desde que lo había conocido, siendo aspirante de la Marca. Sin poder evitarlo sonrió, por un momento se sintió extrañamente reconfortada al recordar su pasado. Extraño, más que extraño.

—Sí te dedicaré tiempo, ¿viejo amigo eh? —extendió su brazo para tomar la botella de coñac y destapándolo sirvió en ambas copas —¿y bien? ¿Qué es exactamente lo que quieres? —tras dejar la botella en la bandeja, tomó su copa y la llevó a sus labios recostándose de nuevo en el asiento, observando al mago mientras disfrutaba del aroma del coñac, girando delicadamente la copa entre sus dedos frente a su rostro.

@ Jeremy Triviani

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Una parada de cuervo de hielo surcaba el firmamento, estas criaturas pertenecían a un oscuro mago que había ordenado a muchos horrocrux rondar por el mundo, para así ser sus ojos, oídos y vos en diferente parte del mundo, por esa razón es que se encontraba exparcida y ningún otro ser las podía controlar. Esto era clave el motivo de su uso, en ese sentido era clave para las intenciones de su creador. 

Y fue así, que una de las tantas pardadas observa movimiento extraño de Japón, esos magos que le gustaba guardar tanto el respeto y demás cosas relacionada a la tradición o el honor, algo que el mago a quién esos seres obedecía no le agradaba mucho, aunque el aspecto de conseguir aliados comerciales es otro interés para él. Entonces Lycan aparece vistiendo una ropa oscura como la noche, sujetando su vara de cristal y pasando tres veces el amuleto por el corazón. 

 

-Caudex-

 

Sentencia y provoca que el mago japonés pierda su Magia. 

 

-Incancerus-

 

Lo sujeta con tres cuerdas, se acerca a él y lo toma del hombro, luego desaparece a rumbo desconocido, este indagaria con Yamato Chijiro sobre ese rumor de una empresa desconocida o clandestina Japón asociado a los Triviani. 

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-Por Voldemort, Darla, podrías ser un poco más diplomática conmigo -La regaño el vampiro tomando el vaso de coñac con una mano y llegándolo a degustar con un pequeño trago, sin apartar los ojos de su interlocutora - ¿Sabes lo que me costo autoconvencerme para venir? -Preguntó con una mueca volviendo a dejar la bebida sobre el escritorio - Mucho, pero aquí estoy esperando que nuestra amistad pase a ser mucho mas amplia. 

Jeremy sabia que no podía ir de primer momento con pedidos y exigencias. Le gustaba hablar para distender el ambiente, apelando a la relación que habían tenido años anteriores, que si bien no había sido la mas cordial, el Triviani la recordaba con un sentimiento muy cercano al cariño. Pensar que habían pasado años desde esos tiempos, le hacia sonreír. ¿Qué era el tiempo para un vampiro? Solo un conjunto de horas que se repartían en amaneceres y anocheceres.

-Déjame decirte que en estos tiempos políticamente tormentosos, siempre es bueno tener un salvoconducto a casa -Comentó Jeremy viéndola a los ojos - Quiero tener el honor de ser el tuyo para cuando lo necesites, ¿Estas de acuerdo? -Sonrió brevemente - Piénsalo, Darla, no me lo respondas ahora, tomate unos días para meditarlo -Había llegado el momento. Con un movimiento de varita una carpeta con muchas hojas escritas a maquina y ampliamente detallada, apareció frente a la pelirroja - Quiero hacerme cargo de eliminar las alimañas de Azkaban y para eso necesito los permisos de Seguridad del gobierno para que me respalden y poder trabajar tranquilo. Mis socios tienen mucho interés en ver que cosas podemos crear con el... material mágico desperdiciado. Además, permíteme decirte, no le costara un solo Knut a la banca. 

Jeremy intuyo que alguna cosa iba a pasar un segundo antes de que un Chuck apareciera a un costado de ellos. El elfo tembloroso no podía quedarse quieto en el lugar. El miedo que le tenia a su nuevo amo era un tan grande que no podía ni mirarlo a los ojos. 

-Se...señor -Tartamudeó - Hu... hub... hubo u...un... inci...cidente con con los so...so... 

-¡Largo! -Jeremy no estaba para estupideces.

-Pe pe pero... am... amo... 

La mirada de Jeremy fue suficiente para que el elfo obedeciera de inmediato. ¿Qué podía ser tan importante? El vampiro descarto darle vueltas al asunto mucho mas tiempo. Aún no había cerrado el trato. Había documentos que firmar. 

 

@ Darla Potter Black

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La Potter Black lanzó un bufido, ¿por qué querría ella ser más diplomática con el hombre que jamás lo había sido con ella? La realidad era que su relación había sido una montaña rusa, siempre al borde del colapso y los gritos, lo gracioso es que, a pesar de todo, ella era capaz de apreciar, en el fondo, uy pero muy en el fondo, al rubio que estaba sentada frente a ella. Lo escuchó y una ceja se levantó ante sus palabras, había cosas que no le importaba disimular delante de él. «Mira que allí está la puerta» estuvo a punto de decirle cuando hizo mención a que le había costado autoconvencerse de ir.

—Mirá vos, que mal, que pena que debas “convencerte” para dar un paso a ¿una mayor amistad? —no podía evitar el tonito irónico mientras revolvía la copa en su mano, observando aún al vampiro. ¿Cómo nunca habían terminado matándose con el carácter de ambos?

Claro que la referencia al salvoconducto a casa la hicieron contener la respiración, lo miró a los ojos ¿acaso insinuaba lo que ella creía? No se dio cuenta cuánto había contenido la respiración hasta que soltó todo el aire de golpe. ¿Por qué simulaba respirar delante de él? por costumbre suponía. Asintió, mientras llevaba el vaso a sus labios, sí, lo tenía que pensar era… en esos tiempos tormentosos, claro… sus ojos habían bajado y observaban el borde de la bandeja por eso al instante notó la voluminosa carpeta que había aparecido.

—¿Ahora te dedicas a la desinfección? —se burló pero no por eso dejó de prestar especial atención a lo que él le estaba presentando, apoyó el recipiente de vidrio sobre la bandeja y con un dedo movió las hojas del documento, como si no quisiera mancharse. Por un momento sintió que se lo estaba proponiendo al miembro incorrecto del Ministerio, se sintió casi como si ella fuera una de las negociantes de aquel loco lugar.

—¡¡Demonios!! —rugió Darla levantando de golpe la varita que había aparecido en su mano y apuntaba al elfo junto al Triviani. Definitivamente iba a matar a alguien de la Seguridad Mágica, si un maldito elfo podía entrar a su despacho ¿quién más podría hacerlo?

—Jeremy, voy a matarles a ti y a tu elfo si esto vuelve a suceder, te lo juro —gruñó, con los ojos destellando chispas de todos colores, bueno, más bien rojas y verdes, la inestabilidad de las dos almas en el interior del cuerpo de la pelirroja.

Incluso antes de que ella estuviera a punto de asesinar al elfo y que el mago le respondiera echó a su elfo y éste se fue… Darla tomó nota, había dejado un bache en la seguridad de su despacho, había pensado en el acceso fácil de sus elfos y ahora se encontraba con que cualquier elfo podría ingresar al lugar. Se echó para atrás y miró los papeles, en su mano aún tenía la varita y como si fuera humana su respiración recobraba poco a poco la estabilidad. Estaba tan acostumbrada a fingirse viva que por momentos olvidaba que no lo estaba.

—¿Y tú qué ganas? Nadie lo hace gratis, y eso es casi lo que ofreces Jeremy… —sus ojos, ahora de nuevo de tonalidad marrón se posaron sobre él, se sentía cada vez más lejos de ese mundo y sinceramente le interesaba más la oferta que le había hecho que la que tenía sobre el escritorio. Pero debía saber en qué la quería involucrar. ¿Importaría algo ahora que todo estaba por cambiar… o no…? Que jugada más loca que podía llegar a ser al final.

@ Jeremy Triviani

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Varios días atrás

Triviani arribaba a Londres luego de largos meses alejada de gran parte de la comunidad mágica. Sus asuntos en Italia habían tomado más de lo previsto y ahora regresaba tras finiquitar aquello que boicoteaba sus negocios, o más bien sería aquellos quienes derrumbaban sus pequeños negocios en su país natal. Donde lamentablemente (o para su suerte) sus testaferros pagaron las consecuencias de los actos de la bruja. Zoella volvía y parecía aquella joven mujer que fue al llegar a Londres años atrás, con su cabellera negra y lisa que volvió a crecer luego de tanto tiempo, cabellera que llevaba por los hombros y decoraba aquella calva que llevaba y la había caracterizado dentro de la marca por hacerse tributo (según ella) a Lord Voldemort. 

Maquillaba sus peladas cejas en el espejo del baño del avión, que anunciaba la llegada al aeropuerto del lugar. La bruja había perdido las costumbres mágicas y se había mezclado entre los muggles para evitar llamar la atención. Se colocó sus lentes de sol una vez verificó que su maquillaje estuviera perfecto y salió a su asiento donde observó parte de la ciudad inglesa a la que aterrizaba. Sopesó el llamar a uno de sus hermanos, pero descartó la idea en cuanto el avión se detuvo frente a la puerta de embarque.  Tomó su equipaje de manos y bajó tras los pasajeros, acomodó el cubrebocas de su rostro, prenda que ahora la mayoría de los muggles llevaban tras la pandemia por la que el mundo había pasado pero de la que el mundo mágico seguro se había librado. 

Observó su reloj, que marcaba recién las 7 am de aquel día, muy temprano para muchos pero perfecto para ella. Tomó su equipaje y salió a tomar un taxi que la dejaría cerca de Ottery St. Catchpole, cuyas calles siempre le gustó recorrer a pie, admirando las diferentes arquitecturas que poseían las familias magicas que habitaban el lugar. Quitó sus lentes y cubrebocas y caminó con aquellas ropas que acostumbraba, sus jenas negros ajustados junto a una blusa oliva suelta y sus típicos tacones de aguja que resonaban en el asfalto. Observó varias caras que para ella eran desconocidas y arrastró su maleta junto al bolso de mano sobre ella, olfateando el lugar en busca del aroma que ansiaba volver a oler.

Esperaba que Jeremy estuviera en el castillo, sabía que al verlo las peleas que solían tener los últimos meses que estuvo volverías, y aunque lo negaba eso era algo que siempre le había gustado, observar el rostro enfurecido del rubio le provocaba cosas que en este lugar son ilegales leer pero que ya sabrás que son *guiño guiño*. Pensó en Matthew y quiso volver a reunirse con él, quien sabe y quizás podrían tener aquel trio sepsual que siempre soñaron tener como vivencia entre hermanos. 

Se rió por lo bajo de sus pensamientos y comenzó a silvar mientras se movía entre las calles del lugar.

 

@ Jeremy Triviani

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Jeremy había captado en los ojos de Darla un breve interés cuando nombro lo del salvoconducto a casa. Fue breve, pero ahí estaba el interés de la bruja. No tardo mucho en enmascararlo con burla antes de que el maldito elfo les arruinara el momento, y la bruja ya volviera a su típico comportamiento de amenazarlo con un asesinato brutal. El vampiro se limito a sonreír y levantar las manos para mostrarle las palmas, en una señal de calma.
 
-Tranquila, Darla. Ya sabes que los elfos cuentan con poderes que hasta el día de hoy desconocemos. Ellos rompen las reglas de la magia a cada instante. ¿Qué tipo de protecciones tienen estas paredes?
 
El Triviani sabia que era improbable que la bruja le informara los sistemas de proteccion con los que contaba la oficina, por lo que se tomo ese pequeño lapso de tiempo en el que ella pensaba como mandarlo al ca***o, para beber un trago de la bebida hasta dejar el fondo vacío. Luego volvió a sonreír de costado, mientras se acomodaba en el incomodo silloncito de visitas.
 
-Buena pregunta -Admitió - El proyecto tiene una prueba de tres meses a costo cero, luego cuando los resultados estén a la vista, y estemos todos contentos, les proveeremos del servicio a un fantástico e inigualable precio -Jeremy volvió a mantener la mirada de la bruja - Una muy pequeña fracción de las ganancias, estarán destinadas a mi, pero no es un agregado al presupuesto -Agregó rápidamente - sino que ya esta incluido en un trato con mis socios. Ellos son los que proveerán la mano de obra y los protocolos sanitarios que correspondan... mi trabajo es cerrar el trato y que puedas aprobarlo para que trabajemos legalmente y sin problemas. Solo necesitamos un papelito firmado.
 
Jeremy sabia que era mucho mas eso. Inmiscuirse dentro del sistema carcelario de Azkaban era considerado un gran y peligroso paso en su vida. El gobierno siempre estaba atento a todo lo que pudiera ocurrir allí dentro. Era un pilar importante dentro del poder político mágico. Pero al Triviani no le interesaba la política, ni el poder que tenían aquellos muros salitrosos. Él tenia una historia muy personal que superar dentro de esa institución.
 
 
 
 
Días atrás.
 
-Repítemelo de nuevo, creo haber dicho que no quería recibir malas noticias-Dijo Jeremy volteando a ver con gesto de mal humor al tembloroso Chuck.
 
-Llegó la ama Zoella -Repitió el Chuck con las pupilas dilatadas de terror.
 
-Bien -Jeremy cerro el Vuelapluma que estaba leyendo y lo lanzo contra la pared - ¡Maldita mujer! -Gritó enardecido - Chuck, ve con Pyro. Hace mucho que no le damos alimento.
 
-Pe...pero...ammo.
 
-Es una orden.
 
Jeremy se puso de pie y desapareció inmediatamente de su despacho en la sala privada del castillo para aparecerse frente a la fuente de entrada a la imponente vivienda Triviani. Le sorprendió ver a la impostara con cabello largo, barbijo y lentes de sol. Una bruja poderosa convertida en una muggle común que había perdido el rumbo de sus negocios.
 
-Llegas en mal momento, Usurpadora. Hay cosas que el tiempo no logro cambiar en ti -Saludó sacando su varita y apuntándole al pecho - ¿Cómo se llama el lugar donde nos conocimos? ¿Qué año fue? ¿Cuál fue la primeras palabras que te dije?
 
Jeremy tenia que saber si la usurpadora, aun tenia acceso a la memoria de su difunta hermana. Necesitaba extraerle un recuerdo perdido y no tenia forma de hacerlo si la bruja no era quien decía ser. Tampoco podía invocar a la verdadera Zoella con magia negra, siempre estaba el peligro de retornar a su plano, el ente malvado que la había asesinado.
 
-Si quieres pasar al castillo solo tienes que responderme -Avisó mostrando que sus colmillos empezaban a descender - De lo contrario, ya es tiempo de que mueras.  
 

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Días Atrás...

A la distancia vislumbró la silueta de su hogar, donde pudo percatarse de una pequeña cabeza observándola desde una ventana antes de desaparecer segundos más tardes. Estaba segura de que era un Chuck que avisaría de su repentina llegada. Respiró profundo, reconociendo el aroma del rubio y sonrió bajo el tapabocas, estaba segura de que él la recibiría con la misma actitud que tenía los últimos meses que compartieron como familia. La antes calva caminó con tranquilidad hasta cruzar las rejas de la imponente vivienda, donde un enojado Jeremy le recibió. Se acercó lentamente hasta donde él le esperaba parado y escuchó las preguntas que esté vociferaba.

Soltó una risa por lo bajo y retiró el tapabocas junto a los lentes para peinar su flequillo - ¿Donde quedó tu caballerosidad, hermano? Al menos ayúdame con las maletas antes de empezar con tu fastidioso dramatismo de la "usurpadora" - soltó haciendo comillas con sus dedos luego de dejar las cosas dentro del bolso que colgaba bajo su brazo. Negó suavemente y observó los oceánicos ojos del mago para transportarlo con el uso de la Legilimancia a 1947, en Italia, a ese bar del que preguntaba - Burdel "Case Chiuse", 1947. No dijiste mucho esa noche, solo tomaste mi mano y me invitaste unos tragos luego de preguntar mi nombre - la Triviani recordó la melodía que ese día tocaba justo cuando observó al ruso y empezó a tararearla.

¿De verdad crees que si no fuera la autentica Zoella recordaría todo? Se supone que cuando mueres te llevas tus memorias y recuerdos. Ya madura - espetó para tomar sus cosas y pasar por su lado como si nada - Y esos colmillitos más que darme miedo, me calientan. Y dudo que quieras provocar eso - ronroneo cuando ya se encontraba a sus espaldas. Arrastró su equipaje hasta las escaleras donde con un movimiento de su varita la envió a su habitación. Subió sin importarle que Jeremy estuviera a sus espaldas y entró a la vivienda.

- ¡Chuck, tráeme un vaso de ginebra! - pidió para encaminarse al sofá donde se descalzó y montó sus pies en la mesita de café frente a esta. Esperó al Triviani, a quien le tenía una pequeña propuesta de negocios, ya la bruja había escuchado que buscaba inversores, o eso le dijeron sus espías en Londres hace unos días. Y la femina pretendía proponerle una buena suma a su hermano por algunas acciones.

 

@ Jeremy Triviani

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  • 2 semanas más tarde...

Las palabras de Jeremy no habían ayudado a calmarla pero debía reconocer que el Triviani tenía razón, la magia de los elfos, aunque muchos los despreciaran, era muy poderosa. Con un tronar de sus dedos eran capaces de mover cosas, incluyendo personas y es verdad, podían trasladar personas de un lugar a otro sin usar más que su propia magia sin una varita para canalizarla, casi como los antiguos magos africanos.

—¿En serio Jeremy? No te voy a estar contando la magia que utilizo para defender mi oficina, *****, buen chiste te mandas para romper el hielo —bufó, sabiendo que en el fondo seguramente había tanteado si la pescaba desprevenida o distraída, vaya cara la del mago.

Finalmente, como si hubiera sabido que de lo otro nada obtendría el rubio comenzó a explicarle la propuesta con más detalles. Tres meses gratis, un precio inigualable y un servicio fantástico. Sí, aquello parecía más una propuesta para el antiguo secretario de la ministra que para la directora de seguridad, pero ¿quién permanecía en su puesto por ahora? Una sonrisa apenas perceptible apareció en los labios de la pelirroja.

—Un pequeño porcentaje ¿eh? Piensa en que disminuya un poco entonces Jeremy, porque para ese pequeño papelito firmado esté a tu disposición vas a necesitar ceder un poquito de tus ganancias, Señor Protocolo Seguro —dijo la vampiresa, disfrutando enormemente de pellizcar en ese punto que sabía sensible del clan Triviani, las ganancias.

—Y bien, ¿qué piensas de esa pequeña contrapropuesta? Porque el gobierno también debe una pequeña compensación para dejarles utilizar sus fuentes ¿no crees? Siempre existe un canon y mmm tú sabes —¿a qué jugaba? No era el estilo de ella, pero en ese momento y con esa compañía es lo que le venía a la mente.

 

@ Jeremy Triviani

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