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Libro de la Sangre - Octubre 2021


Darla G Dumbledore
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Kimberly observó con detenimiento aquella planilla que le habían hecho llegar. Aún se preguntaba por qué había aceptado llevar adelante aquella encomienda. La Potter Black le había dicho que los tiempos difíciles hacían necesarias medidas desesperadas. Bueno, eso era verdad, pero ¿qué relación guardaba eso con partir a enseñar a Uagadou?

La rubia dobló la hoja  con la breve lista de alumnos, lo cual era una suerte porque no era conocida precisamente por su paciencia con los estudiantes. Más bien por su mano dura para con las neófitas, pero esa era otra historia. Ahora le tocaba enseñar a esos dos magos y a la bruja cómo se utilizaba el libro de la sangre. Vaya compromiso. Sus ancestros habían firmado en el Siglo XVIi el acuerdo para aprender aquella magia, las leyendas contaban que Scarlet había estado presente allí, pero eso poco importaba ahora.

La Black avanzó por los pasillos de la universidad consciente de que algunos de los uzzas y sus miembros la observaban con malos ojos por los tatuajes de runas que había sobre su piel, cosa que a ella poco le importaba. El lugar elegido era uno de los jardines más alejados en donde un gran lago circular daba origen a un río de aguas azulinas. Kim salió por la puerta lateral del edificio tallado en la roca y encaminó sus pasos hacia aquella ubicación.

Deteniéndose en la  planicie de roca rodeada de abundante vegetación gracias al lago extendió su diestra e hizo un suave movimiento, tres pequeños pergaminos con dos simples líneas, la dirección de aquel pequeño vergel y el nombre del libro. Tras una nueva floritura los tres pergaminos se convirtieron en pequeñas aves que volaron al encuentro de sus tres alumnos. @ Lord Cubias  @ Ludwig Malfoy  @ Monica Malfoy Haughton

Esperó pacientemente y a medida que fueron apareciendo les dio la bienvenida con una reverencia, para finalmente saludarlos a los tres juntos.

—Bienvenidos a unos de los libros más interesantes pero peligrosos a la vez, mi nombre es Kimberly Black y trataré de guiarlos a través de este recorrido en que la sangre nos permite dominar, pero a la vez nos exige algunos “pequeños” sacrificios —paseó su mirada por el trío sintiendo sus esencias y el delicado palpitar de uno de ellos —espero que también les resulte interesante pero sobre todo que aprendan a manejar esta magia Uzza, a mi raza le costó un buen sacrificio obtener el consentimiento de los magos y brujas africanos del siglo diecisiete para obtener esta magia, pero a ustedes solo les costará algunas gotas del preciado elemento.

Caminó despacio en un silencioso ida y vuelta hasta extender su zurda, pensando Daga del Sacrificio.

—Muy bien, ¿qué habéis podido averiguar de esta arma? Tened en claro que solo invocarla es no verbal, para todo lo demás debemos recitar un pequeño encantamiento, así que tratad que no los silencien, porque os quedará de adorno en la mano y solo podréis utilizar un hechizo del libro “Maldición”, generareis el efecto de una suerte nefasta para vuestro rival, ya que su siguiente acción no será ni bien pronunciada ni bien pensada con lo cual solo obtendrá una ridícula versión del hechizo original sin efecto sobre nadie.  Os escucho —finalizó la rubia, esperando la respuesta de sus alumnos, mientras giraba el arma en su mano.

 

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Editado por Darla Potter Black
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Muy poco tiempo había pasado desde que Ludwig Malfoy y su hermano Cubias habían trabajado por conseguir el libro de la fortaleza, juntos se habían enfrentado a una difícil prueba que hubiera sido imposible pasar sin los anillos y el amuleto que les fueron entregados. Ahora el rubio estaba más que maravillado intentando perfeccionar los nuevos hechizos que había aprendido pero a la vez ansioso y hambriento por mejorar y adquirir muchos más conocimientos y hechizos. Fue por eso por lo que en cuanto pudo decidió comprar el siguiente libro, el de la sangre.

Desde que lo adquirió estuvo bastante intrigado por el nombre de aquel libro, no solo eso, era mucho más grande y pesado, era claro que el contenido de dicho documento superara por mucho al libro anterior por lo que decidió investigar un poco más al respeto pues deseaba sobresalir en sus clases y a la vez avanzar rápidamente para ser un mago con una reputación y un nivel mágico insuperable. Una vez terminadas sus investigaciones se preparó nuevamente para irse a Uagadou y descubrió que sus hermanos Cubias y Mónica también estaban inscritos en el mismo libro pues los tres recibieron el mismo documento con la localización del lugar donde se llevaría a cabo la clase.

Para el Malfoy que resultó curioso que tres hermanos que compartían la misma sangre estuvieran inscritos en esa misma clase, posiblemente solo era una coincidencia pero ya no estaba seguro sobre que esperar. Ofreció llevarlos en su alfombra voladora pues sería un viaje largo y cansado, estando los tres juntos les sería mucho más ameno el viaje además de que en cada oportunidad que tenía quería utilizar aquel objeto que le había salido bastante caro.

Una vez llegaron pudieron localizar el jardín donde se llevaría la clase, era majestuoso y hermoso, el rio que lo rodeaba era tan cristalino que parecía ser un espejo y el pasto parecía una hermosa alfombra de color verde, no cabía duda que aquella escuela tenía un gusto por demás excelente y siempre sorprendía a sus estudiantes con los paisajes y ecosistemas que contenía. Una vez llegaron se encontraron con la mujer que sería su mentora, el Malfoy pudo ver en su mirada algo diferente así como descubrir que no era una guerrero Uzza. Kimberly se presentó y dio a conocer una pequeña introducción al curso en la que como había intuido, consistía entre muchas cosas en sacrificar sangre.

Fue una introducción corta pues a los pocos segundos hizo aparecer en su mano izquierda una daga la cual pudo reconocer como la daga del sacrificio, se veía mucho más grande y filosa que en el dibujo del libro e incluso tuvo miedo de ser cortado por su puntiagudo extremo. Kim hizo una pregunta y el levantó la mano para contestar -  esa es la daga de sacrificio si no me equivoco – comentó -  con ella podremos hacer el ritual de sangre para conectarnos con otra persona, de esa manera ambas personas quedarán unidas y el daño que reciba una, también lo presentará la otra – bajó la mano y decidió guardar silencio esperando a que alguno de sus hermanos agregara más información a la solicitada, el rubio estaba ahora más que emocionado por poder comenzar a utilizar dicho objeto.

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Recién empezaba a dominar los nuevos conocimientos y habilidades del libro de la Fortaleza y Cubías ya se veía envuelto en nuevo periplo, esta vez con el afán de dominar el libro de la sangre, cuyo nombre al solo pensarlo ya resultaba intimidante y sobre todo intrigante. 

Lo que ya empezaba a resultar cotidiano era la presencia de su hermano Ludwig, quien también aparecía en la lista para cursar el conocimiento, era evidente que ambos ambicionaban dominar todas las artes que les fueran posible, eso había sido así desde siempre. La verdadera sorpresa esta vez era encontrar también entre los listados a Mónica Malfoy, lo que significaba tener a tres hermanos en una misma situación. 

-Ahora sí te vas a dignar a compartir tu pedazo de tela- comentó Cubías dirigiendo sus palabras al rubio de su hermano. El ojinegro había llegado al punto de encuentro en donde ya se encontraba Ludwig luciendo su lujosa alfombra voladora, esta vez a diferencia de la última, tuvo la descencia de ofrecer un viaje compartido. 

Tras la llegada de Mónica los tres Malfoy partieron rumbo al sitio establecido en la convocatoria de clase. Fue en un abrir y cerrar de ojos que llegaron a los campos de la universidad, o eso fue lo que le pareció a Cubías, que esta vez había pasado dormido más de la mitad del viaje.

Al llegar, el trio se mantuvo junto y avanzaron así hasta el lugar donde ya los esperaba la que estaría encargada de impartir los nuevos conocimientos, era alguien de quien Cubías no tenía ninguna referencia -¿Kimberly Black?- susurró para sí mismo el ojinegro al escuchar la presentación. 

Sin embargo, no hubo tiempo a penas de acomodarse, pues la maestra de inmediato arrancó con la sesión, parecía tener prisa en ello, tanto, que tampoco esperó demasiado tiempo para hacer la primera pregunta, era como si intentara de entrada determinar la disposición de sus nuevos estudiantes.

Ludwig fue el primero en responder a la pregunta, Cubías pensaba que su hermano a veces se comportaba como un sabiondo, pues era normal que tomara la delantera en cuestiones de ese estilo.

Por un momento el ojinegro guardó silencio esperando no tener que abonar nada a la respuesta, pero al observar que el silencio se adueñaba de la situación decidió intervenir. 

-Entiendo que hay algunas palabras de invocación para utilizarla "Immolo oppugnare e Immolo ad protegendum, el uso de ellas depende si se quiere utilizar la daga para proteger o para agredir, según entiendo, aunque me gustaría profundizar más al respecto- agregó Cubías con el afán de intervenir en aquel momento de silencio. 

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- Debo decir que nunca había montado en una de estas – admitió justo cuando salía de la alfombra que mágicamente los había llevado hasta allí en un vuelo que le había resultado más cómodo de lo que inicialmente hubiera pensado-, y creo que con esta demostración me he hecho totalmente fan de ellas. Creo que te copiaré y nada más pueda me acercaré al Concilio de Mercaderes para buscar una igual – sonrió hablándole a Lud.

Era extraño para ella estar entre dos de sus hermanos a la vez, pues durante su vida nunca había sido especialmente unida a su familia. Sin embargo parecía que aquello había cambiado desde hacía varios meses en los que, ya fuera con uno o con otro, había pasado más tiempo junto a ellos del que podía recordar los últimos veinte años y por muy extraña que se sintiera le encantaba aquella nueva vida.

Cuando estuvieron frente a la mujer que haría las veces de instructora fueron los dos hermanos varones los que hablaron primero. Mónica por su parte los escuchó mientras observaba detenidamente la daga que Kimberly mantenía en su mano, llevando su mente hasta lo que había aprendido de forma teórica al leer el contenido del llamado libro de la sangre. Llevaba tanto tiempo con aquel libro en su poder que le había dado tiempo casi a memorizarlo por completo y, aún así, había cosas que se le escapaban.

- ¿Me pueden arrebatar la daga? Y en caso de hacerlo ¿Puedo invocar otra sin que eso me suponga un problema? - ya lo comentado por sus hermanos había sido lo suficiente preciso como para ella no tener que agregar nada, aún así aquel hecho le daba curiosidad ¿Sería igual que la katana que durante muchos años había poseído como ángel caído de la marca tenebrosa?-. Soy Mónica, por cierto y estos son mis hermanos, Ludwig – dijo señalando primero al rubio-, y Cubias – terminó finalmente, señalando al de negros cabellos-. Discúlpelos, ya que ninguno ha usado la buena educación recibida para iniciar esta clase.

Sonrió de forma silenciosa, pues no es que le importara demasiado que no se hubieran presentado, pero le encantaba la idea de poderlos molestar un poco durante aquella jornada. Se pasó las manos sobre la blusa blanca estirando las invisibles arrugas que creía tener y se remangó las mangas hasta el codo buscando su propia comodidad. Llevaba unos pantalones verde oscuro y unas botas de cuero negro hasta la rodilla. El cabello, totalmente recogido en una coleta alta, le dejaba libre el rostro de posibles distracciones ¿ Que tan interesante sería aquella clase?

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Kim contuvo una sonrisa al ver levantar la mano al rubio que había llegado a la clase. Si algo que no esperaba es que la misma terminara siendo como una lección de grado y sin embargo allí se encontraba con un aplicado mago que le respondía con bastante certeza, aunque incompleta, su pregunta. Por la forma en que observaba a sus compañeros de clase notaba que el hecho se debía seguramente a que, aunque rápido, no pretendía ser quien se luciera por completo.

—Muy bien, para invocarla debes pensar su nombre “Daga del Sacrificio” y cómo has dicho una de sus funciones es vincularnos con alguien a quien queremos compartir nuestro dolor y sufrimiento, ¿no creen que es mejor que un crucio? Claro, eso si eres masoquista o por lo menos si estás dispuesto a que tu sangre también corra.

El otro mago había intervenido, la Black notaba cierto parecido en el trío, aunque le recordaba una interacción muy particular, quizás… pero no importaba mucho, por el momento.

—Correcto ¿Señor? —respondió al segundo hombre que había hablado, —sí, si queréis utilizar la daga debéis pronunciar  dichas palabras, probad invocarla… os hará falta para practicar… desde ya… —esperó a que el pelinegro o hiciera, sin perderle de vista para luego continuar —si buscas proteger a alguien, como has dicho, debéis pronunciar “Immolo ad protegendum”  y no necesitáis cortaros para recibir el daño en su lugar, ya bastante tendréis con recibir ese daño, así que solo pronunciad las palabras y decid a quién protegéis —hizo una pausa, esperando a ver si le habían entendido antes de  proseguir

Sin embargo antes de continuar explicando fue la mujer la que habló y con bastante atino los presentó a los tres. Su mirada se volvió hacia ella y sonrió,  le gustaba su estilo, le recordaba al suyo propio, con la diferencia que los pantalones de Kimberly eran de cuero negro, como las botas y aunque llevaba camisa blanca, mantenía las amplias mangas abrochadas en los puños y el chaleco, también de cuero, abierto dejando ver los botones de madreperla de la camisa.

—Muchas gracias Señorita Mónica, respondiendo a su pregunta, claro que no, la magia Uzza es más poderosa que eso, la daga pertenece al mago invocador, será solo vuestra como lo es su varita,  no te la pueden arrebatar, ni con magia,  nadie puede robárselas con un  accio, no la pueden desaparecer con evanesco, ni cambiar con un morphos. La magia Uzza no es débil, recordadlo siempre. Mi consejo, invocadla cuando sepáis que la vais a usar y en un duelo la podréis utilizar en  tres oportunidades, claro que como caballeros y damas que somos, podremos utilizar su magia en una sola de las acciones de cada “turno” de dicho duelo.  

Hizo una nueva pausa observando a los dos hombres.

—Volviendo a las funciones de la daga, como mencionasteis,   cuando queréis dañar a alguien debéis recitar las siguientes palabras mientras os cortáis “Immolo oppugnare” —hizo una breve pausa y con una sonrisa en los labios apoyó sobre la manga de su camisa blanca la daga —he dicho cortar, pero también la podéis clavar, pero recordad, el daño es para ambos y ambos necesitaréis un episkey o un curación para reparar el daño… grave…  que habréis infligido, al objetivo y a vosotros

 —Inmolo oppugnare Ludwig —agregó mientras se clavaba la daga en el antebrazo, observando al rubio y luego al de los cabellos oscuros,  preguntándose cuál de los hermanos sería el primero en reaccionar, pensando en un curación para sanar su propia herida —por cierto, gracias por ayudarme en la práctica —dijo mientras pensaba si tendría que utilizar un episkey para curar la herida que había causado en el brazo de Ludwig o en el de alguno de sus hermanos, a la vez que les dedicaba a los dos hombres un guiño con un gesto algo perverso.

 

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Editado por Darla Potter Black
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Mientras sus hermanos contestaban e interactuaban con Kim el Malfoy esperó pacientemente, pese a que siempre le había gustado sobresalir, no deseaba opacar toda la clase y esperaba que tanto Mónica como Cubias también aportaran a la par. Por su parte, la profesora tenía una mirada extraña y algo espeluznante asimismo mientras movía aquella daga con la mano izquierda llegó a ser intimidante, por un momento incluso deseó que la ocultara pues ya no podía escuchar lo que decían los demás.

Lo siguiente que ocurrió fue algo totalmente impredecible, aquella mentora agarró la daga desde la empuñadura y se la enterró en su antebrazo mientras pronunciaba aquellas palabras. La mirada de aquella mujer indicaba que estaba disfrutando del dolor que se causaba mientras la sangre comenzaba a brotar de su herida. Esto no fue lo peor, de la nada un dolor inmenso apareció en el brazo del rubio, cuando volteó estaba lleno de sangre y el escozor punzante no se retiraba. La herida se había abierto exactamente en el mismo lugar que Kim se había autoinfligido.

-Que demonios – fue lo único que pudo decir el rubio, la sangre salía a borbotones y no quería gastar energías discutiendo, el dolor era insoportable y estuvo a punto de curarse pero al ver los ojos de su mentora entendió que todo era parte de su manera de enseñar, arrancó un pedazo de tela para hacerse un torniquete y esperó instrucciones. Estaba molesto por la manera en que lo habían utilizado como conejillo de Indias pero esperaba que al menos aprendiera de todo.

Le hizo falta tomar un par de minutos para razonar y comentar sobre el daño recibido, era claro que aquella persona deseaba aplicar sus conocimientos de un modo diferente pero a la vez efectivo, el rubio nunca olvidaría ese hechizo pues le sería de gran utilidad en algún duelo. A la vez estaba listo para continuar aprendiendo.  

Editado por Ludwig Malfoy

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Podemos usarla en tres oportunidades, ¿Pero la Daga desaparece en un periodo puntual? Es decir, puede que la invoque en cierto momento (turno) de mi duelo pero que no la use en los tres ataques (turnos) posteriores… ¿Tiene la daga una… caducidad, por aquí decirlo? - sabía que en ciertos momentos le podía ser útil, ¿pero qué pasaba si en vez de usar la daga se veía abocada a usar otros conjuros? La curiosidad de Mónica siempre le había servido como ventaja en sus aprendizajes.

Lo que ocurrió posteriormente fue del todo inesperado. Nada más detectar que Kimberly se dañaba a a sí misma supo que uno de ellos tres sufriría las consecuencias por lo que la negra varita de ébano ya estaba lista en su mano diestra. Quizás la única mujer de los tres hermanos actuara lenta o fuera Ludwig el que lo hiciera muy rápido, la cuestión es que cuando pudo notar que era él el herido, ya se había curado solo.

- Ya veo que la parte practica empieza desde ya en esta clase – murmuró entre dientes mirando un momento a quien hacía las veces de profesora-. ¿Nosotros también podemos hacerlo? - preguntó claramente en todo de amenaza. Tenía el ceño fruncido pues el olor de la sangre de su hermano aún inundaba sus instintos, provocando cierto choque en su cabeza.

- ¿Estás bien? - preguntó al rubio en voz alta.

Pensó claramente «Daga del Sacrificio» e inmediatamente en su mano libre, la izquierda, se hizo presente un arma no muy grande pero cuyo filo era mucho más que peligroso. Era totalmente dorada, diferente físicamente a la que Kimberly había invocado pero con las mismas características mágicas.

- ¿A qué llamamos “daño grave”? - cuestionó mirando de nuevo a la mujer que los guiaba y manteniendo la daga en alto. 

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Las presentaciones no eran cosa que importara mucho en aquella clase, tampoco la teoría iba alejada de la practica, pues a pesar de que la maestra se tomó el tiempo de explicar la funcionalidad y efectos de la daga, no tardó mucho en aplicar los efectos en una víctima. Ludwig fue el seleccionado, y Cubías no pudo evitar poner cara de sorpresa al ver que la herida que la misma Kimberly se ocasionada le había provocado también daños equivalentes a su hermano. 

El rubio se aplicó un torniquete pero eso no iba a ser suficiente para mermar los daños graves, sin embargo, una palabra suya bastaría para sanarlo -Curación- pensó Cubías dirigiendo el efecto hacia su hermano, aquello le aliviaría del dolor y las heridas. Pero fue entonces que surgió la duda en la mente del ojinegro.

Mientras Mónica hacia lo suyo invocando también la daga, Cubías aprovechó el momento para tratar de solventar la duda que le había surgido. -Maestra, por un momento pensé en invocar la daga y  decir "Immolo ad protegendum Ludwig" y de esa manera trasladar los daños de Ludwig hacia mi persona, ¿hubiese sido efectivo hacerlo así o hay una manera diferente de utilizar el hechizo para proteger a alguien?-

Al ojinegro le había quedado muy claro la manera de dañar a alguien con la daga, pero no así la manera de proteger, pues le parecía una magia muy avanzada y hasta cierto punto complicada de dominar, por lo que a su pregunta inicial agregó. -¿Puedo trasladar cualquier daño a mí persona? podríamos atacar a Mónica y probar- agregó Cubías con cierta picardía y  aguardó la respuesta de la profesora mientras ansiaba poner en práctica él mismo los efectos de aquellos conjuros sangrientos.

 

 

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La rubia puso en blanco sus ojos mientras Cubias aplicaba un curación para sanar la herida que ella le había infligido en  su hermano. Mientras tanto la hermana del mago realizaba una pregunta que le pareció interesante.

—Oh señorita Mónica, excelente, usted ha encontrado un bello “hueco” en el libro, cuando los vampiros hicieron que los Uzzas firmaran la autorización de la copia del libro jugaron con ese detalle, toda  magia suele durar tres turnos seguidos ¿no? Pues aquí el transcriptor se olvidó de limitar la magia y lo que no se prohíbe explícitamente pues…  quizás más adelante una comisión lo descubra, mientras tanto… yo aprovecharía ese hueco… por lo menos mientras se pueda... —la sonrisa en los labios de Kim era más amplia y sincera, le guiñó un ojo a la bruja.

—Y sí, Señor Cubias, si alguno de ustedes dos lo hubiera deseado —dijo mirando esta vez con seriedad a Mónica y Cubias —podría haber utilizado el inmolo ad protegendum para recibir el daño en el lugar de su hermano, pero creo que he sobreestimado el amor filial —dijo la rubia dando un paso al frente y tocando el hombro del mago recién herido —lamento que la enseñanza sea tan directa pero es una forma clara de aprender lo que podrás hacer de ahora en más.

Había colocado la daga en el cinturón de su pantalón y podría decirse que incluso aquello le daba más aspecto más extraño, casi  más de pirata que de profesora, se siguió paseando entre los alumnos y su mano izquierda dio una palmada sobre el hombro de Cubias, intentando no reír porque la llamara maestra, sentía que ese título le quedaba algo holgado.

—Llámame Kimberly por favor, y bueno, con la daga pronunciar ese encantamiento es la única forma de defender a otra persona, la otra defensa sería sin ella, si tú puedes intercalar algún hechizo que impida que la persona lance el inmolo oppugnare, con un confundus  haría que no se pudieran herir  ni el invocador ni el objetivo, si le aplicas un absorvere le impedirías herirse al quebrarle los huesos de la mano con que sostiene la daga, ahora si fuera un silencius mmm… ahí la herida podría ser autoinfligida pero no afectaría al objetivo en realidad… mmm… en serio, cuánto amor filial —le  que dedicó una  media sonrisa a Cubias, por la consulta sobre su hermana para seguir caminando entre ellos  y luego posar su zurda  sobre el hombro de Mónica, dejando una flor de lis roja como la sangre y del tamaño de la palma de su mano sobre su piel a la vez que pronunciaba un encantamiento.

—Obedire —pronunció con voz clara y mirando a los ojos a la bruja que tenía frente a ella —la Marca de Sangre que te acabo de hacer es un efecto que te obliga a hacer lo que yo quiera, en este caso, a no atacarme, pero no puedo obligarte a causarte a ti misma ninguna herida sangrante que requiera episkey.

Dio unos pasos alejándose del grupo y mirándoles a los ojos con una sonrisa algo más relajada, e intentando  convencerse de no ser tan dura con los aprendices.

La marca de sangre se logra si consigues tocar a tu objetivo, un objeto que él porte o haya portado, —sonrió y luego miró al hombre de los cabellos oscuros —el hechizo afecta a criaturas e invocaciones que puedas tocar, siempre que no sean ofuscables, puedes detener su ataque y volverlas contra su creador o alguien más o hacer que te defiendan —se encogió de hombros —pero ya sea que las toquéis a ella o  a su invocador funcionará contra las criaturas y si además tuvierais el nivel suficiente [45] afectarías a criaturas ofuscables como el demiguise. Claro que no siempre en un duelo vais a tener oportunidad de tocar tan fácilmente a vuestro rival, aunque si por algún motivo podéis aplicar accio sobre algún objeto que él perdiera…

—Fuera de un duelo, esa marca os dejará con un siervo a vuestra disposición por unos minutos nomás pero que recibirá telepáticamente vuestras órdenes por el vínculo en vuestras mentes pero no os confundáis, en un duelo afectará una sola acción de vuestro rival  y no dejará marca alguna como la que he dejado yo en la piel de Mónica.

—Por cierto, bonita daga… lástima que ya no la puedas utilizar para atacarme, quizás para defender la próxima vez a alguno de tus hermanos —dijo observando el arma que había aparecido la mujer con sincera admiración para luego responder a su otra consulta con voz tranquila —Daño grave es aquel que con un episkey o un hechizo similar ya está curado [-30 PV], si fuera crítico ya necesitaría más hechizos de sanación porque el daño es mayor  y si fuera leve le sobraría con un episkey que hasta podría esperar para sanarse ya que el daño no es tan grande aunque sí existe y debe curarse para que no empeore con el tiempo.

—¿Alguna otra duda o queja hasta aquí? —los observó con una sonrisa, quedaba aún hablar del juramento de sangre y recordarles lo que les había dicho del efecto del único no verbal del libro, todo eso antes de lanzarles en un duelo uno contra otro para demostrar que a pesar de su salvajismo, algo le habían prestado atención —ahh, casi lo olvido, sí señor Cubias, usted o su hermano pueden  atacar a su hermana si lo desea…

Era consciente de que eso era lanzar un fósforo en un balde de combustible, pero bueno, había sido idea del mago... y de última, si ella era lo bastante rápida, sería él quien necesitara que lo salvaran de la herida que su hermana le pudiera provocar ya que ella ya tenía la daga en la mano. 

 

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Editado por Darla Potter Black
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Todo comenzó a dar vueltas para el rubio quien se sentía cada vez más mal, su corazón latía rápidamente y su piel estaba más pálida que de costumbre, el torniquete que se había realizado había sido de poca utilizad pues ahora en el piso se encontraba un charco de sangre. Estuvo seguro que pronto se desmayaría por lo que las dudas que expresaba Mónica simplemente no podían entrar en su cabeza, el solo deseaba ser curado. Fue así hasta que su hermano logró emplear la curación en el. Sus signos vitales se estabilizaron y poco a poco su estado mental volvió a ser alerta.

-Gracias por la ayuda – comentó tratando de volver a recuperar el hilo de la clase. Habían varias dudas que también tenia pero prefirió poner atención a la explicación que daba la vampira en aquel momento. Así que podía proteger a alguien más con aquella daga pero tenía una duda – supongo que para proteger a alguien se debe de intercalar la daga antes de que la otra persona reciba el daño, de otra manera no servirá de nada ¿cierto?

Posteriormente vio como ella ponía un poco de su sangre sobre el hombro de su hermana y la hechizaba para impedirle atacar, era maravilloso el poder de aquel libro pero sabía que en batalla sería algo diferente ya que acercarse al enemigo en un duelo o redada era casi imposible sin embargo podía intentarlo con objetos que hubiera tocado el enemigo con anterioridad. Poco a poco iba entendiendo los beneficios de aquel libro y la manera en que podía servirle de provecho.

Acto seguido Kim terminó de explicar y les dijo que incluso podían atacar a la Malfoy en caso de desearlo, no era una orden pero debía de aprender a usar el arma si quería sacarle provecho en batalla, pensó en la daga de sacrificio y de inmediato el objeto apareció en su mano, era más ligera de lo que aparentaba aunque su filo se veía bastante intimidante – estoy seguro que con esto podría cocinar unos buenos filetes – luego miró a su hermana Mónica y dijo – en verdad lo siento prometo compensártelo pero necesito aprender a usar éstas arma Immolo oppugnare – dijo las palabras y decidió enterrar la daga en su abdomen, el dolor era insoportable y la sangre nuevamente comenzó a salir, decidió que no esperaría mas tiempo para recuperarse de sus heridas por lo que utilizó curación y sus heridas sanaron por completo.

-Tengo una duda que podría resultar un poco tonta, ¿si decido clavar la daga en uno de mis ojos, el oponente también quedaría imposibilitado para ver apropiadamente?

@ Darla Potter Black  @ Monica Malfoy Haughton  @ Lord Cubias

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